XIII.

Los siracusanos, después de nombrar nuevos jefes y de ordenar bien sus

asuntos, hacen una salida contra los de Catana. -- Los atenienses no

pueden tomar Mesena.

Después que los siracusanos sepultaron sus muertos e hicieron las

exequias acostumbradas, se reunieron todos en consejo, y en esta

asamblea Hermócrates, hijo de Hermón, que era tenido por hombre sabio

y prudente y avisado para todos los negocios de la república, y muy

experimentado en los hechos de la guerra, les dijo muchas razones para

animarles, diciendo que la pérdida pasada no había sido por falta de

consejo, sino por haberse desordenado; ni era tan grande como pudiera

razonablemente esperarse, considerando que de su parte no había sino

gente vulgar y no experimentados en la guerra, y que los atenienses,

sus enemigos, eran los más belicosos de toda Grecia, y tenían la guerra

por oficio más que otra cosa alguna. Además les había dañado en gran

manera los muchos capitanes que tenían los siracusanos que pasaban de

quince, los cuales no eran muy obedecidos por los soldados.

Empero si querían elegir pocos capitanes buenos y experimentados, y

mientras pasase el invierno reunir buen número de gente de guerra,

proveer de armas a los que no las tenían y ejercitarles en ellas en

todo este tiempo, podían tener esperanza de vencer a sus contrarios a

tiempo venidero con tal que juntasen a su esfuerzo y osadía, buen orden

y discreción, porque hay dos cosas muy necesarias para la guerra: el

orden para saber prevenir y evitar los peligros, y el esfuerzo y osadía

para poner en ejecución lo que la razón y discreción les mostrase.

Díjoles que también era necesario que los capitanes que eligiesen,

siendo pocos como arriba es dicho, tuviesen poder y autoridad bastante

en las cosas de guerra para hacer todo aquello que les pareciese

necesario y conveniente para bien y pro de la república, tomándoles el

juramento acostumbrado en tal caso, y por esta vía se podrían tener

secretas las cosas que debían ser ocultas, y hacerse todas las otras

provisiones necesarias sin contradicción alguna.

Cuando los siracusanos oyeron las razones de Hermócrates, todos las

aprobaron y tuvieron por buenas, e inmediatamente eligieron al mismo

Hermócrates por uno de tres capitanes, y con él a Heráclides, hijo

de Lisímaco, y a Sicano, hijo de Execesto. Estos tres nombraron

embajadores para rogar a los lacedemonios y a los corintios que se

unieran con ellos contra los atenienses, y que todos a una les hiciesen

tan cruel guerra en su tierra misma, que les fuese forzoso dejar a

Sicilia para ir a defender su patria, y si no quisiesen hacer esto que

a lo menos enviasen a los siracusanos socorro de gente de guerra por

mar.

La armada de los atenienses que estaba en Catana fue derechamente a

Mesena con esperanza de poderla tomar por tratos e inteligencias con

algunos de los ciudadanos, mas no pudieron lograr su empresa porque

Alcibíades, sabiendo estos tratos, después que partió del campamento

y viéndose ya desterrado de Atenas, por hacer daño a los atenienses

descubrió en secreto la traición a los de la ciudad, que eran del

partido de los siracusanos, los cuales primeramente mataron a los

ciudadanos que hallaron culpados, y después excitaron a los otros del

pueblo contra los atenienses, y todos a una opinaron que no fueran

recibidos en la ciudad.

Los atenienses después de estar trece días delante de la ciudad, viendo

que el invierno llegaba, que comenzaban a faltarles los víveres, y

también que no podían lograr su propósito, se retiraron a Naxos, donde

fortificaron su campo con fosos y baluartes para pasar el invierno, y

enviaron un trirreme a Atenas para que les mandaran socorro de gente

de a caballo y dinero, a fin de que al llegar la primavera pudiesen

salir al campo con su gente.

Por otra parte los siracusanos durante el invierno cercaron de muro y

fortalecieron todo el arrabal, que está a la parte de Epípolas, para

que, si por mala dicha, otra vez fuesen vencidos en batalla, tuviesen

mayor sitio donde acogerse dentro de la cerca de la ciudad. Además

hicieron nuevas fortificaciones junto al Olimpieo y el lugar llamado

Mégara, y pusieron gente de guarnición en estas playas. Para más

seguridad construyeron fuertes en todas las partes donde los enemigos

pudiesen saltar en tierra contra los de la ciudad.

Sabiendo después que los atenienses invernaban en Naxos, salieron

de la ciudad con toda la gente de armas que en ella había, y fueron

derechamente a Catana, robaron y talaron la tierra, y quemaron las

tiendas y pabellones que los atenienses habían dejado de cuando

asentaron allí su campamento, y hecho esto regresaron a sus casas.

Historia de la guerra del Peloponeso (2 de 2) · 第 33 / 76 题