V.

Discurso de Nicias a los atenienses que, de nuevo y por medios

indirectos, procura impedir la empresa contra Sicilia.

«Varones atenienses, puesto que os veo de todo punto determinados a

hacer esta guerra de Sicilia, será cosa útil y necesaria saber de qué

modo y manera la queréis poner en ejecución, y por eso al presente os

diré lo que entiendo se debe hacer en esto.

»Según presiento y he sabido por oídas, vamos contra muchas ciudades

muy poderosas, las cuales ni son sujetas las unas a las otras ni menos

desean mudanza en su estado de vivir, porque esto es propio de aquellos

que, estando en servidumbre violenta, desean pasar a otra mejor

vida, por donde no es verosímil que de buena gana quieran trocar su

libertad por servidumbre, y que de libres se hagan nuestros siervos y

súbditos. Además en esta isla hay muchas ciudades pobladas y habitadas

por griegos, de las cuales todas, excepto las de Naxos y Catana, que

podrán ser de nuestro bando por el deudo y parentesco que tienen con

los leontinos, no veo otras ningunas de quien nos podamos confiar y

estar seguros.

»También hay siete ciudades que están muy bien provistas de todas

las cosas necesarias para la guerra, tanto y más que la armada

que allá enviamos, especialmente Selinunte y Siracusa, contra las

cuales principalmente vamos. No solo cuentan con mucha gente de

guerra y flecheros y tiradores, sino también con gran número de

barcos, numerosos marineros que los tripulen y mucho dinero, así

de particulares como del tesoro público y común que guardan en los

templos, y sin lo que tienen en sus tierras, pueden armar algunos

bárbaros que les son tributarios.

»En lo que más nos aventajan es en la mucha gente de a caballo que

tienen, y en la gran cantidad de trigo en sus propias tierras, sin que

tengan necesidad de irlo a buscar a otra parte, siendo, pues, necesario

para ir contra tan gran poder, enviar no solamente gruesa armada, sino

también muchos soldados, si queremos hacer buena resistencia a los

suyos de a caballo, que se opondrán a que tomemos tierra.

»Además, si las ciudades por temor a nuestra armada hacen alianza unas

con otras, y se juntan contra nosotros, no teniendo otro socorro en

aquellas partes sino el de los egesteos, no veo cómo podamos resistir

a su gente de a caballo, y sería gran vergüenza que los nuestros fuesen

obligados a retirarse por las fuerzas de los enemigos, o comenzar

esta empresa tan livianamente que, al llegar, tuviéramos que pedir

ayuda para rehacer y fortificar nuestro ejército, siendo mucho mejor

que desde luego fuésemos bien apercibidos, con buen ejército y todas

las otras cosas necesarias que en tal caso se requiere, pensando que

vamos a tierras muy lejos de las nuestras, donde nos será preciso

hacer la guerra, no en igualdad de condiciones ni en ventaja nuestra,

y también que no hemos de pasar por tierras de amigos o súbditos ni

de otras gentes a quien antes hayamos socorrido y de las cuales

podamos esperar ayuda, o provisiones de vituallas, ni de otras cosas

necesarias como se encuentran en tierra de amigos, sino que pasaremos

siempre por tierras y señoríos extraños, y que con gran trabajo en los

cuatro meses de invierno podremos recibir nuevas de los nuestros ni

ellos de nosotros. Esta es la razón en que me fundo para deciros que

debemos enviar buen número de gente de guerra, así de la nuestra como

de la de nuestros súbditos y aliados, y también de los peloponesios

si podemos haber algunos por amistad o por sueldo, igualmente muchos

flecheros y tiradores de honda para poder resistir a su gente de a

caballo, y no pocos barcos de carga para llevar vituallas y otras

cosas necesarias. Asimismo gran cantidad de trigo y harina, y muchos

molineros y panaderos que puedan siempre moler y hacer pan, para que

hallándose en partes donde no sea posible navegar, tenga el ejército lo

necesario para mantenerse, porque yendo tan gran multitud de gente no

será bastante una ciudad sola para poderla recibir y sustentar.

»Conviene, pues, que vayan provistos de todas las cosas necesarias

lo más y mejor que sea posible, sin confiarse en los extraños, y,

sobre todo, de dinero, porque lo que los egesteos dicen de que nos

tienen allá reservada gran cantidad, creed que es promesa y no obra.

Si partimos de aquí sin ir bien apercibidos de gente y vituallas, y

de todas las otras cosas necesarias, atendiendo a lo que nos prometen

los egesteos, apenas seremos poderosos para defenderles y vencer a los

otros.

»Dispongámonos para ir a esta jornada como si quisiésemos fundar y

poblar una nueva ciudad en tierra extraña y de enemigos, y ordenar

las cosas de modo que desde el primer día que entremos en Sicilia

procuremos ser señores de ella, porque si faltamos en esto, no cabe

duda de que tendremos a todos los de la isla por enemigos.

»Conociendo esto por las sospechas que tengo, me parece que debemos

consultar bien primero y procurar siempre conservarnos en nuestra

felicidad y prosperidad, aunque es muy difícil, siendo como somos,

hombres sujetos a las cosas mundanas, y por eso querría partir para

esta empresa, de tal suerte, que confiase de la fortuna lo menos

posible, y estar tan bien provisto de todo lo necesario, que no

fuese menester aventurar nada. Esto es lo que me parece más seguro

y saludable para la ciudad y para nosotros los que debemos ir como

capitanes de la armada, y si alguno ve o entiende otra cosa mejor, le

entrego desde luego mi cargo.»

Historia de la guerra del Peloponeso (2 de 2) · 第 25 / 76 题