Discurso de Nicias a los atenienses que, de nuevo y por medios
indirectos, procura impedir la empresa contra Sicilia.
«Varones atenienses, puesto que os veo de todo punto determinados a
hacer esta guerra de Sicilia, será cosa útil y necesaria saber de qué
modo y manera la queréis poner en ejecución, y por eso al presente os
diré lo que entiendo se debe hacer en esto.
»Según presiento y he sabido por oídas, vamos contra muchas ciudades
muy poderosas, las cuales ni son sujetas las unas a las otras ni menos
desean mudanza en su estado de vivir, porque esto es propio de aquellos
que, estando en servidumbre violenta, desean pasar a otra mejor
vida, por donde no es verosímil que de buena gana quieran trocar su
libertad por servidumbre, y que de libres se hagan nuestros siervos y
súbditos. Además en esta isla hay muchas ciudades pobladas y habitadas
por griegos, de las cuales todas, excepto las de Naxos y Catana, que
podrán ser de nuestro bando por el deudo y parentesco que tienen con
los leontinos, no veo otras ningunas de quien nos podamos confiar y
estar seguros.
»También hay siete ciudades que están muy bien provistas de todas
las cosas necesarias para la guerra, tanto y más que la armada
que allá enviamos, especialmente Selinunte y Siracusa, contra las
cuales principalmente vamos. No solo cuentan con mucha gente de
guerra y flecheros y tiradores, sino también con gran número de
barcos, numerosos marineros que los tripulen y mucho dinero, así
de particulares como del tesoro público y común que guardan en los
templos, y sin lo que tienen en sus tierras, pueden armar algunos
bárbaros que les son tributarios.
»En lo que más nos aventajan es en la mucha gente de a caballo que
tienen, y en la gran cantidad de trigo en sus propias tierras, sin que
tengan necesidad de irlo a buscar a otra parte, siendo, pues, necesario
para ir contra tan gran poder, enviar no solamente gruesa armada, sino
también muchos soldados, si queremos hacer buena resistencia a los
suyos de a caballo, que se opondrán a que tomemos tierra.
»Además, si las ciudades por temor a nuestra armada hacen alianza unas
con otras, y se juntan contra nosotros, no teniendo otro socorro en
aquellas partes sino el de los egesteos, no veo cómo podamos resistir
a su gente de a caballo, y sería gran vergüenza que los nuestros fuesen
obligados a retirarse por las fuerzas de los enemigos, o comenzar
esta empresa tan livianamente que, al llegar, tuviéramos que pedir
ayuda para rehacer y fortificar nuestro ejército, siendo mucho mejor
que desde luego fuésemos bien apercibidos, con buen ejército y todas
las otras cosas necesarias que en tal caso se requiere, pensando que
vamos a tierras muy lejos de las nuestras, donde nos será preciso
hacer la guerra, no en igualdad de condiciones ni en ventaja nuestra,
y también que no hemos de pasar por tierras de amigos o súbditos ni
de otras gentes a quien antes hayamos socorrido y de las cuales
podamos esperar ayuda, o provisiones de vituallas, ni de otras cosas
necesarias como se encuentran en tierra de amigos, sino que pasaremos
siempre por tierras y señoríos extraños, y que con gran trabajo en los
cuatro meses de invierno podremos recibir nuevas de los nuestros ni
ellos de nosotros. Esta es la razón en que me fundo para deciros que
debemos enviar buen número de gente de guerra, así de la nuestra como
de la de nuestros súbditos y aliados, y también de los peloponesios
si podemos haber algunos por amistad o por sueldo, igualmente muchos
flecheros y tiradores de honda para poder resistir a su gente de a
caballo, y no pocos barcos de carga para llevar vituallas y otras
cosas necesarias. Asimismo gran cantidad de trigo y harina, y muchos
molineros y panaderos que puedan siempre moler y hacer pan, para que
hallándose en partes donde no sea posible navegar, tenga el ejército lo
necesario para mantenerse, porque yendo tan gran multitud de gente no
será bastante una ciudad sola para poderla recibir y sustentar.
»Conviene, pues, que vayan provistos de todas las cosas necesarias
lo más y mejor que sea posible, sin confiarse en los extraños, y,
sobre todo, de dinero, porque lo que los egesteos dicen de que nos
tienen allá reservada gran cantidad, creed que es promesa y no obra.
Si partimos de aquí sin ir bien apercibidos de gente y vituallas, y
de todas las otras cosas necesarias, atendiendo a lo que nos prometen
los egesteos, apenas seremos poderosos para defenderles y vencer a los
otros.
»Dispongámonos para ir a esta jornada como si quisiésemos fundar y
poblar una nueva ciudad en tierra extraña y de enemigos, y ordenar
las cosas de modo que desde el primer día que entremos en Sicilia
procuremos ser señores de ella, porque si faltamos en esto, no cabe
duda de que tendremos a todos los de la isla por enemigos.
»Conociendo esto por las sospechas que tengo, me parece que debemos
consultar bien primero y procurar siempre conservarnos en nuestra
felicidad y prosperidad, aunque es muy difícil, siendo como somos,
hombres sujetos a las cosas mundanas, y por eso querría partir para
esta empresa, de tal suerte, que confiase de la fortuna lo menos
posible, y estar tan bien provisto de todo lo necesario, que no
fuese menester aventurar nada. Esto es lo que me parece más seguro
y saludable para la ciudad y para nosotros los que debemos ir como
capitanes de la armada, y si alguno ve o entiende otra cosa mejor, le
entrego desde luego mi cargo.»