II.

Hechos de guerra ocurridos durante aquel invierno en Grecia. La armada

de los atenienses se apareja para el viaje a Sicilia.

En aquel invierno los lacedemonios con toda su hueste salieron al campo

en favor de los corintios, entraron en tierra de los argivos, robaron y

talaron mucha parte de ella, y trajeron muchas vacas y ganado, y gran

cantidad de trigo que les tomaron.

Después hicieron sus conciertos y treguas entre los argivos que estaban

en la ciudad, y los expatriados que pasaron a la ciudad de Orneas con

la condición de que los unos no atentasen contra los otros durante el

tiempo de la tregua, y esto hecho, regresaron a sus casas.

Poco tiempo después los atenienses regresaron con treinta naves, en

las cuales había setecientos hombres de pelea, y se juntaron con los

argivos saliendo de esta ciudad todos los que eran aptos para tomar

armas, y juntos fueron contra los de Orneas. El mismo día que llegaron,

tomaron la ciudad, aunque la noche anterior, los de dentro, viendo que

el campo de los enemigos estaba bastante lejos de la ciudad, tuvieron

tiempo para salvarse todos. Los argivos, a la mañana siguiente,

hallando la ciudad abandonada por los habitantes, la derrocaron y

asolaron, regresando después a sus casas.

Los atenienses, que habían ido con ellos, se embarcaron y navegaron

derechamente hacia la villa de Metone, que está situada en los confines

de Macedonia, donde embarcaron también otros muchos soldados, así de

los suyos como de los macedonios, y algunos de a caballo, que estaban

desterrados de su país, y vivían en tierra de los atenienses. Todos

juntos entraron en las tierras de Pérdicas, y las robaban y talaban

cuanto podían.

Sabido esto por los lacedemonios, mandaron a los calcídeos que moran

en Tracia, que fuesen a socorrer a Pérdicas, lo cual rehusaron hacer,

diciendo que tenían treguas con los atenienses por diez días. Pasó así

el invierno, que fue el decimosexto año de esta guerra, que Tucídides

escribió.

Al principio del verano regresaron los embajadores que los atenienses

habían enviado a Sicilia, y con ellos algunos egesteos de los

principales, que trajeron sesenta talentos de plata, no labrada,

para la paga de un mes de sesenta naves que pedían de socorro a los

atenienses.

Estos egesteos y los embajadores fueron admitidos en el Senado, y

al darles audiencia delante de todo el pueblo, propusieron muchas

cosas para poder persuadir a los atenienses de su demanda, y entre

otras fue la de afirmar que tenía su ciudad gran copia de oro y

plata, así en el tesoro público como en los templos, aunque no era

esto verdad. No obstante, a sus ruegos y persuasiones, el pueblo

les otorgó la ayuda de sesenta naves que pidieron y gran número de

gente de guerra, y nombraron tres de los principales de la ciudad por

caudillos de aquella armada, que fueron Alcibíades, hijo de Clinias;

Nicias, hijo de Nicérato, y Lámaco, hijo de Jenófanes, con pleno

poder y autoridad bastante; a los cuales encargaron que primeramente

socorriesen a los egesteos contra los selinuntios; después, si viesen

sus cosas prósperas, procurasen restituir a los leontinos en su

estado, y finalmente, que en tierra de Sicilia hiciesen todo aquello

que consideraran convenir al bien y aumento de la república de los

atenienses.

A los cinco días celebrose nueva reunión en el Senado para ordenar lo

necesario, a fin de que la armada pudiese partir muy pronto, y proveer

las cosas precisas para los capitanes. Entonces, Nicias, uno de los

nombrados para aquella empresa, aunque contra su voluntad, porque

entendía haber sido determinada sin consejo y razón, solamente por

codicia de conquistar toda la isla de Sicilia, y que además conocía

cuán difícil era la empresa, pensando apartarles de este propósito,

salió en medio delante de todos y habló de esta manera:

Historia de la guerra del Peloponeso (2 de 2) · 第 22 / 76 题