Trátase de la isla de Sicilia y de los pueblos que la habitan, y de
cómo los atenienses enviaron a ella su armada para conquistarla.
En este invierno[4] los atenienses determinaron enviar otra vez
a Sicilia una armada mucho mayor que la que Laques y Eurimedonte
condujeron antes con intención de sojuzgarla, no sabiendo la mayor
parte de ellos la extensión de la isla y la multitud de pueblos que la
habitaban, así griegos como bárbaros, y por tanto que emprendían una
nueva guerra no menor que la de los peloponesios, porque aquella isla
tiene de circuito tanto cuanto una nave gruesa puede navegar en ocho
días, y aunque es tan grande, no está separada de la tierra firme más
que unos veinte estadios[5].
Al principio fue habitada Sicilia por muchas y diversas naciones,
siendo los primeros los cíclopes y los lestrigones, que tuvieron
solamente una parte de ella. No sé decir qué nación era esta ni de
dónde fueron, ni a dónde pararon, ni sé otra cosa más que lo que los
poetas dicen, y los que de estos tienen noticias. Después fueron los
sicanos los primeros que la habitaron, los cuales dicen haber sido
los primitivos moradores y que nacieron en aquella tierra; mas se ve
claramente lo contrario, siendo en su origen iberos, llamados sicanos,
del nombre de un río que está en Iberia, llamado Sicano, y que echados
de su tierra por los ligures, se acogieron a Sicilia, la cual, por el
nombre de ellos, llamaron Sicania, pues antes se llamaba Trinacria, y
aun al presente los de aquella nación tienen algunos lugares de dicha
isla a la parte de occidente.
Después de tomada Troya, algunos troyanos que huyeron de ella por temor
a los griegos, se acogieron a tierra de los sicanos, donde hicieron su
morada, y así troyanos como sicanos fueron llamados élimos, y habitaron
dos ciudades, a saber: Erice y Egesta.
Tras de estos fueron a morar allí algunos focenses de los que, a la
vuelta de Troya, arrojó una tormenta a las costas de Libia, desde donde
pasaron a Sicilia.
Cuando los sicilianos fueron de Italia, siendo lanzados de allí por los
ópicos, como es verosímil y dicen comúnmente, pasaron en dos bateles
con la marea, aprovechando el tiempo oportuno para ello, porque el
pasaje es muy corto. Parece claramente que debió suceder esto, porque
aun hoy día hay sicilianos en Italia, la cual fue así nombrada de un
rey de Arcadia llamado Ítalo.
Estos sicilianos pasaron en gran número, de manera que vencieron en
batalla a los sicanos, obligándoles a retirarse a la parte de la isla
que está hacia el mediodía, y con esto mudaron el nombre a la isla,
llamando Sicilia la que antes llamaban Sicania. Porque a la verdad,
ocuparon la mayor parte de los buenos lugares de ella, y los tuvieron,
desde su primera invasión hasta que los griegos llegaron, por espacio
de trescientos años. Aun ahora tienen lugares mediterráneos que están
hacia las partes de Aquilón.
Durante este tiempo los fenicios fueron a habitar una parte de la isla
en algunas pequeñas islas allí cercanas para tratar y negociar con los
sicilianos; mas después, habiendo pasado muchos griegos por mar a la
isla, dejaron la navegación, avecindáronse en la isla, y fundaron tres
ciudades en los confines de los élimos, que fueron Motia, Solunte y
Panormo, confiados de la amistad que tenían con los élimos, y también
porque por aquella parte hay muy poco trecho de mar para pasar de
Sicilia a Cartago. De esta manera, y por tanto número de diversas
gentes bárbaras, fue habitada la isla de Sicilia.
Los griegos calcídeos que salieron de Eubea al mando de Tucles, fueron
los primeros que allí arribaron, fundando la ciudad de Naxos, y fuera
de ella edificaron el templo de Apolo Arquegeta, que allí se ve hoy
día, donde, cuando quieren salir fuera de la isla, hacen primeramente
sus votos y sacrificios.
Un año después de la llegada de los calcídeos, el corintio Arquias, que
procedía de los descendientes de Hércules, fue a habitar aquel lugar
donde al presente está Siracusa, habiendo primeramente lanzado de allí
a los sicilianos que la tenían, y estaba entonces aquella ciudad toda
fundada en tierra firme, sin que la mar la tocase por ningún punto.
Mucho tiempo después se acrecentó la parte que entra dentro de la mar,
que ahora está cercada de muralla, la cual, por sucesión de tiempo, se
pobló en gran manera.
Siete años después de fundada Siracusa, Tucles y los calcídeos salieron
de Naxos, expulsaron a los sicilianos que habitaban en la ciudad de
Leontinos, y la tomaron, y lo mismo hicieron en la ciudad de Catana,
de donde lanzaron a Evarco, que los de la tierra decían había sido el
primer fundador.
En este mismo tiempo Lamis fue de Mégara para habitar en Sicilia y
asentó, con la gente que llevaba para poblar, junto a un río llamado
Pantacias, y un lugar nombrado Trótilo. Desde allí pasó a habitar con
los calcídeos, en la ciudad de Leontinos, y por algún tiempo gobernaron
la ciudad juntamente; mas, al fin, por discordias y disensiones le
echaron de ella, y fue con su gente a morar a Tapso, donde murió.
Muerto Lamis, los suyos abandonaron la comarca, y mandados por un rey
siciliano nombrado Hiblón, que había entregado la tierra a los griegos
por traición, vinieron a morar a Mégara. Del nombre de este rey fueron
llamados hibleos, y doscientos cuarenta y cinco años después que allí
llegaron, los expulsó un rey de los siracusanos nombrado Gelón.
Antes de esto, cerca de cien años después de establecerse allí, fundó
la ciudad de Selinunte Pámilo, el cual, siendo echado de Mégara, que
era su ciudad metrópoli, con los otros de su nación creó esta colonia.
La ciudad de Gela fue fundada y poblada por Antifemo, natural de Rodas,
y Entimo, de Creta, según afirman todos comúnmente que trajeron cada
cual de su tierra cierto número de pobladores con sus casas y familias,
cerca de cuarenta y cinco años después que Siracusa se comenzó a
habitar, y pusieron nombre de Gela a aquella ciudad a causa del río que
pasa allí cerca, que es así llamado, y la edificaron donde antes estaba
asentada una villa cercada de muros llamada Lindios.
Pasados ciento ocho años después, los de Gela, dejando su ciudad bien
poblada por los dorios, fueron a habitar la ciudad que ahora se llama
Acragas, al mando de Aristónoo y de Pístilo. La llamaron así de un río
que pasa por ella que tiene este nombre, y establecieron el gobierno y
estado de la ciudad según las leyes y costumbres de su tierra.
La ciudad de Zancle primeramente fue habitada por algunos corsarios
que vinieron de la ciudad de Cumas, que está en la región de Ópica.
Mas después, como aportase allí gran multitud de otros griegos, así
de Calcis como de la tierra de Eubea, fue llamada Cumas, y venían por
caudillos de estos griegos, Perieres, natural de Cumas, y Cratémenes,
natural de Calcis. Llamábase antiguamente aquella ciudad Zancle,
porque está asentada en figura de una hoz que los sicilianos en su
lengua llaman _zanclon_. Estos de Zancle fueron después echados de su
ciudad por los samios y por algunos otros jonios que, huyendo de la
persecución de los medos, pasaron a Sicilia.
Poco después Anaxilas, que era señor de los de Regio, los lanzó de
allí, pobló la ciudad de gentes de diversas naciones y la llamó
Mesena[6], del nombre de la ciudad de donde él fue natural.
La ciudad de Hímera fue fundada por los zancleos, los cuales, al mando
de Euclides, de Simo y de Sacón, la poblaron de cierto número de sus
gentes. Poco tiempo después llegaron muchos calcídeos, y gran número de
siracusanos, lanzados de su ciudad por los bandos contrarios, llamados
milétidas, y por la mezcla de estas dos naciones se hizo un lenguaje
compuesto de dos, a saber: la mitad calcídeo, y la mitad dorio; la
manera de vivir fue según las leyes y costumbres de los calcídeos.
Las ciudades de Acras y de Cásmenas los siracusanos las fundaron
y poblaron; Acras cerca de setenta años después que fue habitada
Siracusa, y Cásmenas cerca de veinte años después de la fundación de
Acras.
Unos ciento treinta y cinco años después de fundada Siracusa, los
siracusanos fundaron y poblaron la ciudad de Camarina, capitaneados por
Dascón y Menécolo; pero a muy poco tiempo, habiéndose los camarineos
rebelado contra los siracusanos, sus fundadores, los expulsaron estos
de la ciudad; y andando el tiempo, Hipócrates, señor de Gela, habiendo
cogido prisioneros algunos siracusanos, consiguió por rescate de ellos
esta ciudad de Camarina, que estaba desierta, y la pobló. Poco después
fue otra vez destruida por Gelón: y a la postre reedificada y poblada
por los de Gela.
Poblada y habitada la isla de Sicilia por tan diversas naciones
de bárbaros y griegos, los atenienses intentaron invadirla, a la
verdad, con intención y codicia de conquistarla, aunque lo hacían
so color de dar socorro a los calcídeos, sus amigos y parientes, y
especialmente a los egesteos, porque estos habían enviado embajadores
a los atenienses, para demandarles socorro y ayuda, a causa de cierta
diferencia que había entre ellos y los selinuntios por algunos
casamientos, y también por los límites. Los selinuntios habían
recurrido a los siracusanos, como a sus aliados y confederados, y
estos impedían a los egesteos el paso por mar y tierra. Por ello los
egesteos habían enviado a pedir socorro a los atenienses, trayéndoles
a la memoria la amistad antigua y alianza que habían hecho en tiempo
pasado con Laques, capitán de los atenienses en la guerra con los
leontinos, rogándoles que les enviaran armada para socorrerles. Para
más inducirles a ello, les exponían muchas razones, y la principal
era, que si dejaban a los siracusanos realizar sus proyectos, después
echarían de su tierra a los leontinos y a sus aliados, y por este medio
serían señores de toda la isla, sucediendo después que los siracusanos,
por ser descendientes de los dorios que están en el Peloponeso, y haber
sido por ellos enviados a poblar Sicilia, acudirían en socorro de
los peloponesios contra los atenienses, para disminuir y destruir su
poder y señorío. Aconsejaban, pues, a los atenienses que para evitar
aquellos inconvenientes, sería muy cuerdo enviar con tiempo socorro a
los egesteos, sus aliados, y resistir al poder de los siracusanos. Para
ello les ofrecían proveerles de todo el dinero que les fuese necesario
para la guerra.
Estas amonestaciones de los egesteos, que hacían muy a menudo a los
atenienses, expuestas al pueblo de Atenas, fueron causa de que este
determinara enviar primeramente sus embajadores a Sicilia, para saber
si los egesteos tenían tanto dinero para la guerra como ofrecían, y
además para ver los aprestos de guerra que poseían e informarse del
poder y fuerzas de los selinuntios, sus contrarios, y del estado en que
se encontraban sus cosas, lo cual fue así hecho.