Despues de una segunda y muy corta residencia en Madrid, aprovechada en

observaciones importantes, debia volverme á Paris por la via de Burdeos,

recorriendo de paso lo mas importante del nor-oeste de España. La vía

directa hácia Valladolid era la mas natural; pero debia aprovecharla con

una ligera desviacion, á fin de visitar el _Escorial_, monumento que los

Españoles han denominado la _octava maravilla_, titulo sobre cuya

justicia no quiero disputar con ellos.

La gran carretera que comunica á Madrid con las provincias situadas al

occidente-norte de la Sierra de Guadarrama, baja por el pié del

Palacio-Real, monumento que, si de cerca no me pareció de mucho gusto,

tiene de léjos una majestad incuestionable. Madrid quedaba atrás

asentada sobre sus colinas desnudas, y la diligencia rodaba por la

márgen derecha del _Manzanares_, riachuelo que se ha hecho célebre en

1859 por un escandaloso proceso ministerial, que solo ha servido para

hacer comprender á los Españoles que el código penal no alcanza en su

país hasta las regiones del poder, sea presente ó pretérito.

A la izquierda íbamos viendo (yo iba en compañía de tres jóvenes

Peruanos que deseaban también visitar el Escorial)--íbamos viendo, digo,

un inmenso parque perteneciente al marido de la reina, llamado el

_Pardo_, que hacia vivo contraste con la desolacion de los demas

terrenos que rodean á Madrid. Al mismo tiempo teniamos á la derecha (en

las márgenes del Manzanares, sombreadas por larguísimas hileras de

árboles corpulentos que terminan los jardines del palacio), un curioso

espectáculo. Centenares de lavanderas, ó acaso mas de mil, estaban

establecidas allí, levando ropa en las orillas, entre hileras y

laberintos de estacas, perchas, _ranchos_ de forma primitiva y

construcciones de piedra y madera á estilo de embarcaderos ó muelles,

destinadas á favorecer todos los trabajos de aquellas pobres gentes. Una

multitud de pequeños canales, semejantes á los de irrigacion, sirven

para distribuir y mantener ó hacer salir las aguas en todos los

lavaderos que no están situados sobre las orillas mismas del riachuelo.

La vista de aquella escena me interesó, haciéndome reconciliar un

_poquito_ con esa casa reinante que tiene monopolizados para el placer

los sitios mejores, y que se olvida casi totalmente del pueblo, en tanto

que aloja en un palacio sus mulas reales y sus caballos de sangre azul.

En efecto, las lavanderas de Madrid gozan de la proteccion especial de

la reina, y es ella quien ha costeado los rústicos aparatos ó lavaderos

donde ganan la vida esas pobres mujeres, trabajando al sol y á la

intemperie. Aquello vale bien poco, pero al ménos es de aplaudirse la

intencion.

A medida que la diligencia va subiendo las faldas de la serranía, el

paisaje toma un aspecto mas y mas severo, melancólico y desolado. Donde

quiera lomas escarpadas, sin vegetacion ninguna, enormes peñascos

graniticos, de tinta oscura, campos desiertos y sumamente

accidentados,--ausencia de poblacion, de cultivo y de vida. Todo aquel

país tiene mucha semejanza en su aspecto general (aunque no en las

especies de sus malezas ni en su estructura geológica) con las altas

regiones llamadas _páramos_, tan tristemente hermosas en las cordilleras

de los Andes. Apénas llamaban la atencion algunas canteras de piedra y

los trabajos de nivelacion que se hacian para el ferrocarril del

_Norte_, que debe ligar á Madrid con Bayona, pasando por el Escorial,

Valladolid, Búrgos é Irun. Fuera de Madrid no se ve sino el desierto: un

mar de rocas,--la soledad y el abandono.

Así, apénas merecen mencion los cuatro pueblos miserables que median

entre el del _Escorial-de-arriba_ y Madrid (_Aravaca, Rosas, Galapagar_

y _Escorial-de-abajo_) con una poblacion total de 1,500 habitantes. _El

Escorial-de-arriba,_ término de la via en diligencia, contiguo _al Real

sitio de San Lorenzo_, apénas cuenta 1,510 vecinos que, vegetando en la

mayor pobreza, solo pueden _rumiar_ lo que les dejan los viajeros y

curiosos que van á visitar la famosa obra de Felipe II. Si las cercanías

de aquel pueblo son bellísimas y el aspecto exterior de los edificios

(todos de muros de granito) ofrece una engañosa apariencia de bienestar,

la realidad es bien triste y el contraste irritante.

Aquellos 1,500 vecinos viven en la mayor pobreza, sin un rincon de

tierra que cultivar, sin hallar siquiera donde recoger alguna leña para

su hogar. Aires purísimos, inmensas canteras graníticas sin valor y

aguas deliciosas y abundantes,--he ahí todo lo que tienen á su

disposición aquellos contempladores de la grandeza real. Pero como hasta

ahora no se ha demostrado la posibilidad de que ningun cuerpo viviente

se mantenga con aire, agua y rocas graniticas, resulta que los vecinos

de la «Octava maravilla» viven poco mas ó ménos muertos de hambre, sin

que les valga la protección de San Lorenzo. Decididamente un _real

sitio_ es una mala vecindad en España.

Lo que allí se llama el «Real sitio do San Lorenzo» es en verdad un

paraíso,--un oásis encantador de verdura, corrientes bulliciosas,

lustrosos rebaños y primores, en medio de una vastísima soledad de

peñascos y lomas estériles. Los parques y las dehesas del Escorial

tienen una frescura que arrebata al viajero, encantado con la

contemplacion del panorama que se desarrolla á sus piés, hácia Madrid,

por las faldas ondulosas ó abruptas de la Sierra de Guadarrama. Todo lo

que puede ser cultivable ó aprovechable de algun modo en aquellas

eminencias; pertenece á la casa real. Lo _demas_ á los vecinos de los

dos Escoriales, tan bien librados los unos como los otros.

Así como las fronteras nacionales tienen sus jefes de aduana sin cuyo

_pase_ no es posible entrar, el real sitio de San Lorenzo posee un

interesante personaje (nada antipático por cierto) sin cuya compañía es

de todo punto inútil, si no imposible, visitar los monumentos, los

jardines y demas bellezas del lugar. Ese personaje es un ciego, llamado

Cornelio, de reputacion mas que europea, anciano muy bondadoso y atento

y de una memoria prodigiosa apesar de sus setenta y seis años. Cornelio

es el guia ó _cicerone_ obligado de todo el que visita el palacio del

Escorial. El siglo XIX lo encontró ya privado de la vista, y durante

cincuenta ó mas años el pobre ciego ha recorrido por lo ménos quince mil

veces todos los claustros, salones, galerías, escaleras y patios del

inmenso edificio, y relatado dia por dia los mismos hechos y las mismas

cosas á centenas de miles de curiosos visitadores. Él ha conversado con

los reyes y príncipes, los generales y diplomáticos, los sabios y

eruditos, los artistas y estudiantes, los viajeros de todas clases y de

todos los paises civilizados. Cornelio ha servido de guia á Prescott y

Washington Irving, á Victor Hugo y Alejandro Dumas y á personajes

innumerables.

Aquel anciano singular es una enciclopedia en su género. Tiene tan

prodigiosamente desarrollada la memoria, como el tacto y el oido (á

virtud del hábito y de la falta de la vista), que conoce muchas veces

las nacionalidades por el acento, aún respecto de razas muy lejanas y

heterogéneas,--porque recuerda cómo hablaban el Ruso tal y el Griego

cual, este Americano y aquel Escandinavo ó Aleman, mucho tiempo ántes.

Inmediatamente que supo mi orígen, me preguntó por todos los Colombianos

que habian visitado el Escorial, y muy particularmente por el señor José

Ignacio París, el colonel Joaquín Acosta Y otros sujetos muy notables

que no existen.

Cornelio tomó un baston y echó á andar con el mayor desembarazo en

direccion al palacio y convento del Escorial, situados en una eminencia

que domina todo el panorama. Cárlos V legó á Felipe II el encargo de

consagrar la memoria de la batalla de San Quintín por medio de un

monumento que, bajo la advocacion de San Lorenzo, sirviese de mausoleo á

los restos del emperador-fraile que tanto conmoviera al mundo. Felipe II

encomendó la obra á los famosos arquitectos Juan de Herrera y Juan

Bautista de Toledo, y, á fuer de rey _piadoso_, quiso que no solo se

construyese un palacio admirable, sino tambien un esplendido convento y

una iglesia maravillosa. Para hacer mas vivo el recuerdo de San Lorenzo

se dió á esos monumentos la forma general de una parrilla, símbolo del

suplicio del Santo.

Supongo que el lector no se prometerá la descripcion detallada de ese

colosal monumento, repleto de primores artísticos, tarea que exigiría un

grueso volúmen y sólidos conocimientos de arte. No me es posible

detenerme sino en algunos de los rasgos mas salientes. Para que se tenga

una idea general baste saber que el edificio en masa, comenzado en 1563

y terminado en 1584, y que dió ocupacion á los mas eminentes artistas de

la época, es integramente de granito, constituyendo una mole inmensa y

formidable dividida en varios cuerpos. El palacio, que hace frente á

tres grandes edificios accesorios (construidos para el servicio de los

ministerios cuando la Corte residia allí), se comunica con ellos por

medio de un estupendo subterráneo, que por sí solo es una obra de gran

mérito.

El palacio propiamente dicho tiene: 16 patios, 9 torres, 76 fuentes, 80

escaleras y 10,032 puertas y ventanas, de las cuales 1,110 exteriores.

El patio principal está dominado por la gran fachada que mide 744 piés

de longitud, formándose allí una gran plazuela cuadrilonga; miéntras que

por la fachada del sur el otro patio mide 580 piés. Esa fachada (llamada

de _los Reyes_) es por sí sola un monumento admirable. Aparte de sus

obras de arquitectura, llaman allí la atención las estatuas de San

Lorenzo y los reyes bíblicos (David, Salomón, Isaías, Josafat, Ezequiel

y Manasías), cuyas cabezas y manos son de mármol blanco de Carrara, los

cetros y coronas de bronce dorado y los cuerpos de granito. Cada una de

las siete estatuas, de un bello trabajo, tiene 8 piés de altura, y todas

ellas salieron de un solo trozo de granito, sobrando bastante material

aún. Por eso el escultor (Bautista Mornedro) hizo escribir en la portada

estos _versos_ macarrónicos alusivos á la bienaventurada piedra:

«Dichoso _canto_

Que dísteis

Para seis reyes y un santo,

Y sobró para otro tanto.»

El conjunto del edificio corresponde en lo general á los órdenes jónico

y dórico, aunque en la fachada de los Reyes y el altar mayor de la

iglesia están combinados los cuatro órdenes de la arquitectura del

Renacimiento. La iglesia es, en pequeño, una primorosa imitacion de San

Pedro de Roma, con un lujo de ornamentacion que sorprende y seduce, y

mil trabajos de escultura y pintura que arrebatan y embelesan

sucesivamente. Hay allí frescos deliciosos que le dan al recinto un no

sé qué de celestial y sublime, impresionando profundamente. Compónese la

iglesia de tres naves, en un conjunto de forma casi cuadrada,

dominándolo una soberbia cúpula, y terminándolo un coro alto que sé

prolonga en una galeria circular hasta rodear el altar mayor. El

cimborrio tiene la considerable altura total de 351 piés, rematando en

una cruz de bronce de 913 kilógramos de peso, que reposa en una enorme

bola de bronce dorado tambien, con 7 piés de diámetro y 1,662

kilógramos de peso. Todo en este monumento tiene las proporciones de lo

colosal y suntuoso. Ademas de los 42 bellos altares de la

circunferencia, cada uno de los cuales está cuajado de obras maestras de

arte, el altar mayor, todo de bronce dorado al fuego, es de una

magnificencia y finura prodigiosas.

La Biblioteca es una de las joyas mas valiosas del Escorial. Ademas de

sus interesantes colecciones de libros (que exceden de 40,000 volúmenes)

contiene como 10,000 manuscritos, algunos de ellos preciosísimos por su

especialidad ó por sus obras de arte. Son muy notables: un _Koran_

tomado al sultan de Marruecos por D. Pedro de Lara;--un _Devocionario_

de Felipe II, en hojas de pergamino;--otro de Isabel la Católica, en

papel vitela, y un _Códice_ aleman (de Espira) que contiene los cuatro

Evangelios, todos admirables como obras de caligrafia y miniatura, en

que se revelan al mismo tiempo una increible paciencia y una maravillosa

habilidad y finura de pincel y pluma. Toda la techumbre de la Biblioteca

contiene bellos frescos, y de los muros penden algunos retratos

históricos muy estimables.

Si la techada principal, la iglesia y la Biblioteca tienen mil

preciosidades, la grande escalera del palacio es un famoso monumento,

notablemente por los gigantescos frescos históricos que representan la

batalla de San Quintin en Francia y los personajes mas importantes del

Escorial, como Cárlos V, Felipe II, etc. Un asombroso laberinto de

escaleras, galerías y salones, en que sería fácil perderse, permite

llegar al fin á los departamentos reales ó del _Palacio_ propiamente

dicho. Allí cada salon y cada aposento es un museo, donde se ha reunido

cuanto el arte puede haber producido de mas bello, delicado y primoroso

en España, desde la época en que el monumento fué construido, ya en

materia de pintura y escultura, ya en cuanto á tejidos artísticos

(tapicería), dorados, ebanistería, cerrajería, etc.

Así, las piezas corresponden á cuatro clasificaciones generales: unas

que son galerías de pinturas; otras que ostentan principalmente sus

tapicerías superiores; otras notables solamente por sus frescos; y otras

en fin (especialmente los aposentos de la reina) donde se admiran mil

primores en madera, marfil, nácar y metal, en los muebles finísimos, las

puertas y ventanas, los pavimentos, etc. Es incalculable el valor de

tantas maravillas, cuya sola mencion exigiría muchísimas páginas, sin

hacer resaltar por eso lo que hay de admirable en tantas obras de arte.

No se sabe qué apreciar mas entre tantos cuadros de Rafael, Parmesiano,

Reni, Murillo, Ribera, Cano, etc., tantas preciosas tapicerías flamencas

pintadas por David Teniers, ó por Goya, nacionales; tantos tesoros de

ebanistería; tantas riquezas en frescos superiores y prodigios de todas

clases. La sala de las _Batallas_, cuyos enormes frescos (pintados por

Granelli y Fabricio) carecen absolutamente de perspectiva, son

sinembargo muy interesantes por su asombrosa variedad y riqueza de

detalles y figuras, que trazan la historia de las batallas de D. Juan II

de Castilla contra los Moros de Granada, y de Felipe II contra los

Franceses en la ciudad de San Quintin y otras de Francia.

Para que se tenga una idea de la inmensidad de riquezas consumidas en la

ornamentacion del Escorial, me bastará indicar un hecho. Las cuatro

pequeñas piezas llamadas «aposentos de la reina», repletas de

_filigranas_ de todo género, mesas de pórfido, oro, nácar, carei, etc.,

y cuyos muros están cubiertos de tela de razo bordado de oro, han

costado 28 millones de reales de vellon (1,400,000 pesos fuertes) en lo

relativo al ornato nomas. No sería exagerado calcular que todos los

objetos de arte (arquitectura, pintura, jardinería, etc., etc.) que

constituyen el material del real sitio de San Lorenzo, han hecho

consumir por lo ménos 250 millones de pesos fuertes. Los _reales sitios_

son las vorágines profundas del tesoro español.

Durante muchos años el Escorial ha estado casi completamente desierto,

aunque no descuidado, en los meses en que la Corte no reside

allí,--gracias á la supresion de los conventos. Pero recientemente la

piadosísima reina (que desea con ardor tener contento á Dios) ha

restablecido el convento, á despecho de la ley, de un modo indirecto,

mediante una comunidad, muy curiosa y original, de clérigos seculares

sometidos á una regla que, segun las malas lenguas, tiene íntimo

parentesco con la de San Ignacio de Loyola. Esa comunidad disimulada diz

que tiene por objeto el cuidado de la biblioteca y de todos los primores

del edificio. Nada hay que extrañar en la piadosa maniobra de la reina,

puesto que su primer ministro, el Mariscal O'Donnell, le ha dado el

ejemplo de un buen sistema, declarando á las Cámaras que su Ministerio

_no moriría de empacho de legalidad_.

El panorama que se registra desde los balcones del palacio, mirando

hácia abajo, es bellísimo. La vista abarca todas las faldas de la

Sierra, cuyas crestas coronadas de nieve brillan magníficamente; reposa

con placer sobre los hermosos bosques y prados del inmenso parque, y se

deleita en la contemplacion de los lindos jardines y las espléndidas

alamedas que circuyen la _casa del Príncipe_, como de los suntuosos

patios y terrazas del pié del palacio, cuyas fuentes arrojan

graciosamente sus aguas saltadoras entre grupos de arrayanes

artísticamente cultivados. Aquel horizonte es de una poesía triste y

solemne en lo lejano,--deliciosa y risueña en los cuadros de verdura y

trabajos de arte mas inmediatos.

La segunda maravilla del Escorial es la _casa del Príncipe_, encantadora

quinta ó palacio campestre á donde se baja por una grandiosa alameda,

entre parques suntuosos, sombríos y ricos en flores y perfumes. Ese

edificio, cuyas formas son graciosísimas, es un museo de incomparable

valor, desde la entrada hasta los mas recónditos aposentos. Es indecible

lo que hay allí de tesoros en pinturas (de todas las escuelas del mundo

y con mucha abundancia de obras maestras), en esculturas de todos

estilos,--ya en mármol, ya en marfil, pasta de arroz, carey, nácar,

etc.,--en tapicerías y trabajos de ebanistería, bordados, doradura, etc.

Un artista podría vivir años en aquel santuario de primores, sin

cansarse nunca, sino al contrario deleitándose con la suprema embriaguez

de la admiracion. No hay un artista eminente de cuantos han brillado en

el mundo en los últimos ocho siglos, que no tenga allí su representante.

Asi, puede decirse que si el Escorial es admirable, sobre todo por su

grandeza, la Casa del Príncipe le sobrepuja en muchos de los mas

delicados objetos de arte.

La contemplacion de todas esas maravillas me sugirió algunas reflexiones

penosas respecto de España y aún de la civilizacion en general. La

península española es, sin disputa, despues de la italiana, el país mas

rico en monumentos y objetos preciosos de bellas artes, pero es tambien

uno de los mas profundamente atrasados (en Europa) en esa labor vigorosa

de la civilizacion que se refiere al desarrollo del bienestar social. Su

industria es á sus museos lo que su literatura científica á su amena

literatura. Pocos pueblos han hecho tan hermosos versos y con tanta

abundancia como el español; pero pocos están tan atrasados como él en el

conocimiento de las ciencias físicas y matemáticas, morales y políticas.

Así, donde quiera resalta en España el vivo contraste de un inmenso

adelanto artístico, ya _pretérito_, y un lamentable atraso presente, en

la agricultura, las fábricas, el comercio, las ciencias, las artes mas

comunes, las comunicaciones, el gusto, las costumbres, etc.

¿Cambiará en breve esa situacion?

Todo lo hace esperar, puesto que los ferrocarriles y telégrafos, los

bancos y sociedades de crédito, y muchas otras nuevas empresas están

produciendo excelentes resultados, en reducida escala, y van

trasformando la faz social del pais.

La España comprenderá que los museos y todas las maravillas de arte no

pueden tener importancia sino como lujo ó refinamiento de la

civilizacion, debiéndose pensar primero en los trabajos que aseguran la

prosperidad económica, intelectual y política. Antes de fabricar los

adornos de la casa conviene hacer la casa misma, sólida, barata y

cómoda.

* * * * *

Un pobre vecino del Escorial se encargó de conducirme por una ruta

trasversal al pequeño pueblo de _Guadarrama_, miserable caserío de 380

vecinos, á fin de tomar allí la diligencia que gira de Madrid á

Valladolid. El buen hombre me atavió un troton mas duro que las piedras,

que cargó conmigo con la mejor voluntad de que es capaz un rocin; y por

su parte se echó á andar á buen paso, caballero en una yegua de humor

apacible y dócil, encajado entre las maletas y el baúl que componian mi

modesto equipaje.

El tal castellano-nuevo, sencillo, honradote, pero con ciertas puntas de

malicia epigramática que distinguen mucho al español casi en todas las

provincias, me hizo no solo tolerables sino agradables las tres horas

del trayecto, siguiendo una hermosa pero inútil carretera que costea las

eminencias y ásperas lomas de la falda oriental de la Sierra. Contóme de

cabo á rabo todas las crónicas municipales de su vecindario, las

disputas permanentes del Ayuntamiento y los vecinos con los

administradores del real sitio, las miserias de los habitantes, su modo

de vivir y sus alegrías en las épocas en que la Corte reside en San

Lorenzo. Esta cronista, hablando sin amargura y con honrada sencillez,

hacia, sin pensarlo, la acusacion de todo un pueblo contra sus

gobernantes. La voz de aquel rústico labriego, resonando en los peñascos

escarpados, en la oscuridad y en el silencio de la noche, me

impresionaba profundamente, haciéndome reflexionar en el inmenso y

secular drama de la civilizacion cuyas escenas, aunque infinitamente

variadas en la forma, presentan en definitiva el mismo espectáculo de

lucha: pueblos víctimas, y soberanos victimarios de una manera ú

otra....

Eran las diez y media de la noche cuando me apeaba pidiendo la

hospitalidad en una de las posadas principales del _puerto_ de

Guadarrama, punto donde se produce la mas profunda abra de la serranía

para dar paso entre las dos Castillas. Hube de pasar por la cocina para

poder penetrar hasta mi dormitorio. Molido por el troton y casi aterido

de frio, quise esperar el sueño en un rincon de la cocina, donde al

derredor de un gran fogon estaban agrupados cinco ó seis castellanos

departiendo sobre las cosas del dia mas importantes para ellos. Caras

curtidas por el sol y el viento, severas pero simpáticas, de ojos

inteligentes, expresivos y un poco burlones; un acento mesurado y

sonoro, y de correcta pronunciacion en lo general, y un aire de

benevolencia y honradez, distinguian á esos rústicos hijos de la Vieja

Castilla. Sus pantalones cortos, ligados á las polainas muy modestas, en

dos de ellos, haciendo juego con la chaqueta de paño burdo y el sombrero

de anchas alas, armonizaban con el vestido de los otros, casi totalmente

cubierto por el sayal ó manta de lana parda ó amarillenta.

Cuando me acerqué al grupo campechano se discutia sobre alimentacion, y

las opiniones eran unánimes en condenar las papas (que en España llaman

_patatas_) como indignas de la especie humana. Efectivamente, en todo el

país las papas son miradas generalmente con tal desprecio que tienen su

aplicación preferente en la ceba de los cerdos.

El pan, las habas, las judías (ó frisoles), el tocino y sobre todo los

garbanzos, constituyen la base general de la alimentacion popular. El

vino tiene un consumo relativamente muy reducido. Acaso el pueblo

español es el mas frugal de los de Europa, alimentándose principalmente

con legumbres y granos. De seguro que es el primero en sobriedad.

La conversacion rodó luego sobre los ferrocarriles, y fué entónces

cuando me interesó mas, probándome el buen sentido de aquellos

labriegos. Uno de ellos, que por mucha fortuna había ido á la _Corte_

recientemente (la _Corte_ es el nombre enfático de Madrid), contaba que

se había _embarcado en la máquina_, para ir hasta Valdemoro á una

diligencia.

--Vamos, ¿y es cosa de quedarse uno _pasmao_, como cuentan? preguntó uno

de los departidores.

--Ca, hombre! si aquello es lo que hay que ver, respondió el viajero

feliz.--¡Qué correteo de máquina, por Cristo!

--¿Y asusta el embarcarse?

--Pues ya! Al comenzar la carrera da resoplidos y _jumea_ como un horno

encendido; pero luego es el gusto. No es mas que abrir y cerrar un ojo,

y héteme Usté al fin del viaje.--Eso es como cosa de encantamiento.

--Pues ni mas ni ménos. Barato y ligero, como quien vuela.

--Diantre! que no tengamos otro igual por estos cerros de Dios!

--Ya vendrá, que lo están haciendo de Madrid á Francia, y la máquina nos

pasará por entre las barbas, como, quien dice.

--Pues no les arriendo las ganancias á los posaderos y muleteros. El

mayoral de la otra casa sé hará sacristan si quiere yantar judías y buen

tocino.

--Quién dijo tal! Usté no entiende el cuento.

--Pero si todo pasará tan de ligero, quién se ha de apear en Guadarrama!

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 38 / 45 段