especulacion. Ha establecido en la orilla del Guadalquivir algunos de
esos asilos de verdura, resultando que los estorninos han fundado allí
su domicilio y sus almacenes de depósito. Pero como el señor marqués no
ha trabajado por la sola comodidad de los ladrones alados, sus agentes
espían los momentos en que aquellos están ausentes en sus expediciones
filibusteras, y les roban las olivas depositadas, que le producen al
señor marqués un valor considerable en aceite. De ese modo el noble
sevillano fabrica aceite de todos los olivares de la comarca, sin tener
que cultivar ninguno. Probablemente el marqués considera que, siendo
cosa corriente aquello de que «ladron que roba á ladron tiene cien dias
de perdon,» no hay inconveniente en aplicar el principio á los pájaros
literalmente. Sin duda que el buen hidalgo no ha caído en cuenta de que
al procurarles asilo á los inocentes estorninos se hace instigador y
cómplice de los _olivicidios,_ en provecho personal exclusivo.
Pero hay algo mas curioso en el asunto. El señor marqués no se contenta
con servirse de los pájaros para producir aceite sin tener olivares,
sino que perpetra la ingratitud inaudita de vender ó arrendar el derecho
de hacer en sus tierras la caza de esos mismos pájaros que trabajan por
cuenta de él, caza que le produce al señor marqués en ciertos meses del
año una utilidad mas que regulareja. Estos hechos, que son auténticos,
me dieron mucho en qué pensar. El señor marqués y _sus_ estorninos me
parecieron representar el sistema económico de casi todas las sociedades
humanas.
Donde quiera las masas ignorantes, obrando por instinto y necesidad de
conservacion, hacen el papel del estornino: trabajan sin descanso, y
despues de mil fatigas álguien (que les tiende una trampa) se aprovecha
de las olivas, con la diferencia de que el salario del obrero no es el
fruto de ninguna expoliacion; y despues de perder ese fruto, no falta
quien le haga la caza.
El señor marqués me ofrecia la imágen de los gobiernos que, despues de
explotar el trabajo de las masas, mediante los impuestos inicuos, los
monopolios, etc., hacen la caza á sus estorninos humanos para
convertirlos en soldados ó presidiarios y mandarlos á morir. Cuántos
poderes hay en este mundo que viven del comunismo, á estilo del
honorable señor marqués de las _Olivas_ y conde de los _Estorninos_!
Hácia las cercanías de Córdoba las montañas de la Sierra toman un
aspecto interesante, tanto por sus formas como por sus curiosidades y
vegetacion. Los cerros empinados, de formacion granítica en lo general,
se suceden en varias proporciones; las altas colinas están cubiertas de
olivares hasta la region de la Sierra poblada de encinas, y en las bajas
laderas y los vallecitos se extienden en abundancia los viñedos. Al cabo
se ven las torres y la masa general de Córdoba de un estilo casi
completamente oriental; y en tanto que se distingue sobre una alta
montaña el famoso convento de _San Jerónimo_ (fundado sobre las ruinas
de un alcázar morisco) y algunas ermitas solitarias de capuchinos, se
empiezan á sentir los ricos perfumes de los huertos y jardines que
rodean á Córdoba, preparando el ánimo del viajero á las impresiones que
produce esa capital de un famoso reino arábigo.
* * * * *
La provincia de Córdoba, la décima octava en el órden de la poblacion,
cuenta 361,536 habitantes, la mayor parte distribuidos en pequeñas
poblaciones, como sucede generalmente en los paises fértiles y casi
exclusivamente agrícolas. Apénas cuenta esa provincia tres centros
sociales de alguna consideracion, á saber:
Córdoba, con 43,000 habitantes;
Montilla, con 14,654, célebre por haber sido la cuna del famoso capitan
Gonzalo de Córdoba, y por sus renombrados vinos cuya energía espirituosa
reanima la de otros vinos andaluces;
Aguilar-de-la-Frontera, de pintoresca situacion, con 11,836 habitantes.
Córdoba tiene una posicion abierta y desembarazada, con vastos
horizontes. Está situada á la márgen derecha del Guadalquivir, en el
centro de una llanura, casi al pié de los montes «Marianos»,
contrafuertes de la Sierra-Morena, rodeada de bellos paisajes
melancólicos y batida por aires libres y saludables. La _Corduba_ de los
Romanos, fundada por ellos segun parece, no solo ha sido una de las mas
famosas sino tambien de las mas considerables ciudades de la vieja
España. Fortificada por los Romanos, que la rodearon de murallas, los
Godos la conquistaron en 572, y á su turno los Moros, en 692, conducidos
por el famoso Abderraman, fundador del califato de Occidente. Los Moros
restablecieron las murallas y dotaron á Córdoba de todos los bellos
monumentos que embellecieron la residencia de la corte de los
Ben-Omeyas; pero la ciudad fué en gran parte destruida por las huestes
de Fernando III de Castilla, al rescatarla en 1236.
Hoy la antigua capital de ese reino morisco no es en su gran masa sino
un gran poblachon,--fea, triste, casi solitaria y en muy notable
decadencia respecto de su pasado. Sus murallas están en ruina (de lo
cual no hay motivo para lamentarse) y en medio de los escombros crecen
los naranjos y granados como para mantener la poética tradicion del
mundo oriental que yace allí convertido en osamenta y polvo. Sinembargo,
se conserva en todo el aspecto de la ciudad el aire arábigo, tanto por
la estructura de las calles y del conjunto de las casas, como por las
formas de los monumentos mas notables, la naturaleza de fabricacion y
cultivo, y sobre todo la fisonomía de la raza.
Córdoba es por excelencia una ciudad pretérita--un santuario de
recuerdos múltiples, pero orientales principalmente. Excepto la estacion
del ferrocarril, que hace pensar en lo porvenir, todo lo demas incita á
dejar vagar el espíritu en la region de lo pasado. Si, subiendo á la
alta torre que domina el gran patio de la mezquita-catedral, se
contempla toda la ciudad y sus campos vecinos, el espectáculo es bello
pero triste. Cada objeto es una evocacion. Las murallas, en mucha parte
romanas, hacen recordar que Córdoba fué la patria de los dos Sénecas y
Lucano,--como lo fué muchos siglos despues de Góngora (que ha servido de
modelo á tantos _escribidores_, que no escritores), de Céspedes,
Zambrano y otros hombres notables. Si se observa la catedral, se
recuerda á su fundador Abderraman, lo mismo que al reparar en el famoso
puente del Guadalquivir, obra del siglo VIII. Y si se tiende la vista
sobre la multitud de iglesias y conventos que pueblan la ciudad, y sobre
las sombrías arcadas de la Plaza-Mayor, se reconoce el genio español que
ha presidido á los destinos del país desde los tiempos de la reconquista
en el siglo XIII. Donde quiera algo del sello de cuatro civilizaciones
sucesivas modificando mas ó ménos profundamente la fisonomía social. Y
con todo, el tipo que predomina es el mas útil, el mas social, el mas
industrial: el arábigo,--porque ninguna dominacion fué tan fecunda ni
comprendió tan bien las necesidades de la vida como la morisca. Hasta en
la vegetacion de Córdoba predomina ese tipo. Hay allí algunas palmeras
antiquísimas que son verdaderos monumentos. Una de ellas pasa por haber
sido plantada por Almanzor. Los siglos han pasado por encima de sus
flotantes penachos, y estos al balancearse murmuran todavía las leyendas
de la época oriental.
¡Extraña ciudad para el que observa en su primer viaje las condiciones
de la arquitectura y la estrategia morisca! Córdoba es un vasto
laberinto de callejuelas estrechísimas, tortuosas, enredadas, tristes,
desiertas, empedradas con guijarros y orilladas por casas pintorescas
unas y cuajadas de balcones y celosías, otras desmanteladas ó como
truncas; y un laberinto de plazuelas mezquinas é irregulares, de
iglesias y conventos, de murallones y patios de aspecto desolado,
rodeado de jardines y huertos, de escombros y cortijos. Un bello paseo
público, una plaza con pretensiones de elegancia, algunas casas de
estilo moderno y uno ó dos periódicos,--he ahí lo que en Córdoba da
alguna idea de la vida actual.
El tipo de la raza hace un vivo contraste con el de la ciudad. Donde
quiera, en la segunda, la soledad, el abandono (excepto en el paseo
público de extramuros); en tanto que en la raza se ven la vida, la
robustez, la hermosura, el desembarazo y la viveza de imaginacion. Es el
mismo tipo sevillano, aunque un poco ménos expansivo y jovial.
Fisonomías ardientes y poéticas, pero con un no sé qué de cadencioso en
el andar y en las formas y la expresion, de mas árabe, de mas soñador
que en Sevilla, donde el movimiento comercial y social ha producido mas
sensibles modificaciones. Las mujeres son generalmente bellas, pero de
una hermosura algo severa, que seduce sin irritar, que atrae con
encanto. La curiosidad y la pereza son bastante generales. No es posible
dar un paso en la calle sin que las graciosas caras femeninas y las de
las viejas noveleras asomen en las ventanas, las celosías y rejas de
fierro, atisbando al forastero que pasa. En los meses de calor, despues
de la comida (que se hace generalmente á las dos de la tarde), cada hijo
de vecino duerme la siesta, y por cierto no corta. En eso concuerdan las
costumbres canonicales de la España católica con las dulzuras de la
pereza oriental.
A decir verdad Córdoba no es hoy interesante sino por su agricultura y
sus objetos de arte. La industria, que en otro tiempo fué tan
considerable, está hoy reducida á algunos tejidos de seda, hilo y lana,
muy subalternos pero de estilo bastante gracioso, varias pequeñas
fábricas de papel, etc., bellos trabajos de joyería y platería y una
preparacion valiosa de aceitunas. La produccion de Córdoba es
considerable en frutos agrícolas, especialmente el aceite, los vinos y
trigos. La cantidad de aceite que centraliza Córdoba es verdaderamente
enorme, y tanto que su trasporte ha sido el objeto principal del
ferrocarril que conduce á Sevilla y Cádiz. De cualquier lado que se
tiende la vista se ven las montañas vecinas, las llanuras, las vegas y
colinas cubiertas de inmensos olivares, viñedos y trigales, pero siempre
los primeros en mas vastas proporciones. Casi está por demas el hacer
mencion de las numerosas crias de caballos que le han dado tanta
reputacion á Córdoba. Los caballos cordobeses merecen sin duda esa fama,
en cuanto á su fuerza y valor, su brio y resistencia y la belleza
relativa de sus formas; pero en lo general carecen de suavidad de boca,
y léjos de ser delgados y de contornos ligeros tienen una redondez que
no me parece graciosa.
* * * * *
Desde luego que, al hablar de los monumentos de Córdoba, su admirable
mezquita ó catedral, fundada en 692, ocupa el primer lugar, y casi puede
decirse que es todo lo importante allí. El gran puente de diez y seis
arcos, sobre el Guadalquivir, no es interesante sino por su antigüedad y
su orígen, pues carece de atrevimiento y gusto. El Alcázar está en
escombros, quedando apénas los hermosos y vastos jardines bastante
abandonados. Los demas objetos curiosos lo son mas bien por obras de
arte español que como monumentos moriscos.
La mezquita con sus accesorios ocupa una vasta extension: es un
grandioso edificio cuadrado, con diversas fachadas y de singular
sencillez en su conjunto. La gran portada morisca del _Perdon_, cuajada
de arabescos y situada bajo la torre de construccion española, da
entrada á un espléndido patio claustrado, que pueblan centenares de
antiquísimos y corpulentos naranjos. Mide ese patio 100 metros de
longitud y 65 de latitud, y en sus claustros ó galerías abundan los
relieves y otras curiosidades artísticas. Del patio se penetra á la
Mezquita, cuya portada monumental y principal da sobre la calle. Es
profunda la impresion que se siente al visitar por primera vez esa
mezquita bautizada ó convertida en catedral católica, monumento único en
su especie en Europa, admirable en todos sentidos y de una imponente
majestad sombría. Ni la Alhambra, ni el Alcázar de Sevilla, ni la
Giralda, ni otro monumento de la arquitectura sarracena, revelan en
España con tanta energía esa tendencia á lo poético y maravilloso y á lo
grande en la sencillez de concepcion y formas, que distinguió las obras
de los Moros en la península.
El edificio en su totalidad tiene diez y seis puertas de entrada usual;
la mezquita propiamente dicha mide 620 piés de longitud y 440 de
latitud. Compónese de un conjunto admirable de naves con calles de
columnas cortadas en ángulos rectos, de modo que hay diez y nueve naves
longitudinales y veinte y nueve trasversales, produciéndose un asombroso
laberinto de columnas que semejan los mástiles equidistantes de un
bosque de gruesas palmeras. De ese cruzamiento ó multiplicacion de naves
de igual latitud y formas absolutamente armónicas, resultaba un total de
850 columnas, en la época en que el templo era una mezquita. De esas
columnas mas de 400 procedieron de Jerusalen, Egipto, Numidia, etc., y
son de ricos mármoles de colores y preciosos jaspes; las demas, muy
inferiores en calidad, salieron de las canteras de la provincia de
Córdoba ó de Granada. ¡Imagínese el maravilloso efecto que produciría
esa mezquita llena de moros é iluminada por 400 lámparas que tenia, sin
que la vista fuera interrumpida en ninguna direccion, fuese recta ú
oblicua!
La trasformacion de la mezquita en catedral le ha hecho perder mucho de
su belleza al monumento, porque fué mutilado y adulterado en sus mas
grandiosas proporciones. Los altares católicos y capillas construidos en
el centro han destruido completamente la inmensa perspectiva de todo el
conjunto de naves; han suprimido muchas columnas y naves reemplazándolas
con bastiones de malísimo gusto; y han deteriorado por precision los
admirables artesonados de la techumbre y los preciosos é innumerables
arabescos que adornaban las arcadas en herradura soportadas por las
columnas. En su época morisca, el templo tenia en cedro primorosamente
trabajado todos los techos de las naves; hoy no son sino de yeso, sin
estucos siquiera.
En parte de compensacion, hay en las construcciones exóticas (algunas de
ellas completamente imitativas del arte sarraceno) mil preciosidades de
escultura en madera y yeso que llaman mucho la atencion. El templo tiene
hoy cincuenta y tres capillas laterales, y ademas, en el centro, el coro
y diez y nueve altares. Nada mas extraño que el contraste que hacen allí
las construcciones del Renacimiento en el centro y al lado de tantas
obras del estilo oriental,--no obstante la supresion de los pintorescos
azulejos que tanto caracterizan los muros y pavimentos de las
construcciones moriscas.
En cuanto á los pormenores, los verdaderos primores del monumento están
en tres capillas: la del _Koran_ (que era como el sagrario de los
Moros), la de los _Reyes_ (adyacente al coro) y la del _Cardenal_. La
primera es admirable por sus mosáicos primorosos, y contiene entre mil
arabescos los símbolos sencillos de la religion mahometana. La de los
_Reyes_, obra de imitacion, contiene maravillas de escultura oriental en
sus estucos, su techumbre de yeso y colores á estilo de la Alhambra, y
sus arabescos finísimos. La del _Cardenal_ es notable por los bellos
cuadros del infatigable y fecundo pintor andaluz Palomino, representando
la conquista de Córdoba y el martirio del Santo-patrono, y por dos
hermosas Vírgenes debidas al pincel de Torrado.
La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una
floresta de columnas de mármol cruzándose en un laberinto que da la idea
de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas
perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos, á cuya
sombra murmuran las aguas de las fuentes.... Admirable religion aquella,
reducida á la creencia en Dios _uno_, sin intermediarlos, el
espliritualismo en la fe, la nocion del paraíso, y el sentimiento del
amor, de la fraternidad y la igualdad,--religion que se revela en una
arquitectura de la mas cándida simplicidad! Extraño fenómeno el de una
religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos
orientales á un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad
y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la
mujer! Pero extraña tambien la persecucion secular que le han declarado
á esa religion varias sectas que, llamándose cristianas, ni han sabido
ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras
apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la
mujer!
La mezquita-catedral nos impresionó tan vivamente á mis compañeros de
viaje y á mí, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de
visitar las demás curiosidades de Córdoba. Entre estas es notable la
admirable y monumental escalera de mármol, con soberbias molduras, que
existe en la _Escuela-Pia_, casa que fué de los Jesuitas. Viajando en
Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido
colegios sus alojamientos han sido espléndidos; lo que prueba que su
decision por el lujo ha sido hábilmente secundada por una industria bien
productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices
especuladores del mundo.--Tambien llaman la atencion: la capilla del
hospital de _San Francisco de Asis_, la casa del duque de _Almodobar_,
la del conde de _Torre-Cabrera_, y la torre octógona, morisca, de _San
Nicolas._
Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Córdoba, el
de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: él no admite sino
convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio
de la division del trabajo está, pues, aplicado allí á la beneficencia
con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor
á los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de
estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas
construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.
La torre de San Nicolas no tiene interes, y las casas aristocráticas que
he mencionado no llaman la atencion por su exterior, sino por obras de
arte interiores,--unas de bella imitacion de lo morisco, otras dé
pintura española y curiosidades de museo, y algunas del género
tradicional, peculiares á las dos familias. Es de notarse que el duque
de Almodobar (marqués de la Puebla) es descendiente del rey Boabdil,
cuyo busto se ve en el escudo de armas muy ostentoso del noble andaluz.
Acaso no hay un país donde la aristocracia sea tan inofensiva, en lo
general, como en España. Los nobles hacen mucha ostentación de sus
blasones, pero eso es todo lo que tienen de aristócratas.
Después de visitar lo mas curioso de Córdoba y asistir á las escenas
públicas (teatro, paseos, mercados, etc.) que podian iniciarnos algo en
las condiciones del tipo social, debíamos continuar la peregrinacion.
Mis dos amables y cumplidos amigos franceses debían volverse a Cádiz
para ir á visitar algunas ciudades de Portugal. Yo tenia que volver á
Madrid y atravesar la Vieja Castilla y el país vascongado. Nos dimos
cita para encontrarnos en Burgos ó Bilbao,--cambiamos algunos abrazos
muy cordiales, y tomamos direcciones opuestas. La diligencia volvió á
servirme de prisión desde Córdoba hasta Madrid, en un trayecto de 350
kilómetros, despues de haber dado la vuelta á las Andalucías. Faltábame
conocer el trayecto de Córdoba á Baylen, punto donde se confunden las
dos grandes carreteras andaluzas ántes de penetrar en las encrucijadas
rocallosas de la Sierra-Morena.
La via sigue constantemente el valle y la direccion del Guadalquivir,
por entre numerosos cortijos y vastas plantaciones en que alternan los
cereales, las viñas y las hermosas moreras que dan alimento á los
gusanos de seda, con los interminables olivares. Donde quiera, en un
grandioso horizonte limitado por las sierras Morena y Nevada, se
desarrollan bellísimos paisajes, ora en las montañas escalonadas y los
cordones de colinas suaves, ora en vastas llanuras y en las ramblas y
quiebras ondulosas que se producen hacia el Guadalquivir. Cerca de la
venta de Alcolea se atraviesa el rio por un inmenso y magnífico puente
de piedra y mármol negro, de diez y seis arcos, obra monumental de mucho
mérito, debida si no me equivoco, á Cárlos III.
Aunque todo el país se ve completamente cultivado y bellísimo, y de
trecho en trecho se ven ricas dehesas pobladas de rebaños, nada llama
tanto la atencion en esa fertilísima comarca como los olivares,
verdaderamente prodigiosos. Se andan leguas y leguas y la carretera
cruza siempre por en medio de plantaciones de ese género que parecen
infinitas. Muchos son los propietarios que allí poseen veinticinco,
cuarenta, cincuenta mil y aún ochenta ó cien mil olivos, lo que
representa valores muy fuertes, puesto que cada árbol que fructifica
vale tres duros por lo menos. A eso se agrega que, antes de la época en
que la planta comienza a producir, se cultiva con viñas ó cereales el
terreno intermediario en las inmensas calles de olivos. Es inexplicable
el abandono con que en Colombia se ha descuidado la aclimatación de ese
árbol (en los terrenos de una temperatura média de 28 grados
centígrados) que ofrecería excelentes resultados. El olivo es un árbol
muy resistente y que produce su fruto durante muchos años. En Colombia,
donde la tierra es tan barata y exuberante, hay ménos inconveniente en
esperar durante algunos años que la fructificación comience, tanto mas
cuanto que el terreno podría ser aprovechado entre tanto con el cultivo
intermediario del tabaco, las legumbres, tal vez el algodon, etc.
En el tránsito de Córdoba á Baylen se ven todas las montañas vecinas
(estribos de la Sierra-Morena) completamente cubiertas de bosques hasta
una grande altura y en inmensa extension. El viajero se siente muy
sorprendido al saber que aquellos bosques interminables--monótonos y
tristes pero de gran valor--no son otra cosa que olivares. Las Sierras
de Córdoba son un mar de verdura gris sobre otro mar de mármol y
granito. En el espacio de 100 kilómetros que media entre Córdoba y
Baylen no hay sino tres poblaciones ó villas: primero _Pedro-Abad_, á
poca distancia del Guadalquivir, con mas de 2,200 habitantes,
agricultores y pastores, que viven dulcemente en amistad con las ovejas,
los bellos potros y los gusanos de seda;--después _Villa-del-Rio_ (que
cuenta 3,400 almas), pueblo no solo agricultor sino fabricante, pues
hace tejidos de paños burdos y mantas y sargas de uso popular, situado
graciosamente en las faldas de algunas colinas y á orillas del
Guadalquivir;--y por último, _Andújar_ (que tiene el título de
_ciudad_), poblacion muy risueña y activa, con mas de 14,000 vecinos, y
perteneciente á la provincia de Jaen.
Un antiquísimo y largo puente de mampostería, de quince arcos, muy
descuidado, da acceso á la ciudad de Andújar, situada á la márgen
derecha del Guadalquivir, en el centro de una hermosa y fertilísima
llanura toda cultivada. Algun esmero en la conservacion de las arboledas
y los huertos cercanos indica un cierto grado de progreso en los
vecinos. Andújar no es solo un centro agrícola importante: es tambien
una ciudad industriosa, con numerosas fábricas de loza y muchos otros
artículos notables, así como telares de paños burdos, llamados
_estameñas_ y _sayales_, que sirven para el vestido común.
Al salir de Andújar la via se va alejando del Guadalquivir y
aproximándose mas á los bajos cordones de colinas y cerros que se
desprenden de los estribos de la serranía. Poco á poco el terreno se
hace mas onduloso y quebrado, hasta comenzar en Baylen la subida para
cortar la Sierra-Morena. Las Andalucías terminaban para mí, y al dejar
ese país de fecundos recuerdos, de actividad y pasiones ardientes, de
amor, de arte, de poesía y de costumbres tan especiales y encantadoras,
sentí una positiva tristeza, como si al salir de la Sierra-Morena
hubiese de dejar de sentir las palpitaciones del corazon de España.
Mas adelante, al resumir mis impresiones de viaje por la península, diré
lo que pienso de las Andalucías en general. Por ahora sigamos nuestra
ruta, pasemos por Madrid, y si el lector tiene la bondad de seguirme,
penetremos en la Vieja Castilla.
* * * * *
SEXTA PARTE.
DE MADRID A PARIS
* * * * *
CAPITULO I.
* * * * *
EL ESCORIAL.
La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un _Real-sitio._--El ciego
Cornelio.--San Lorenzo.--La _Casa del Príncipe_.--Algunas
reflexiones.--Una escena de costumbres castellanas.