Esto es precisamente lo que mas resalta al recorrer el salon que

contiene únicamente obras de Murillo. Los veintitres cuadros que forman

esa coleccion fueron elaborados durante un encierro voluntario á que se

condenó el piadoso artista, asilado en el convento de capuchinos de

Sevilla. Es bien sabido que Murillo nunca empezaba una obra sin haber

comulgado, lo que prueba cuán hondamente lo impresionaba el sentimiento

religioso. La soledad era su mejor elemento, porque ella le infundia ese

recogimiento supremo que les diera su carácter de beatitud casi

inimitable á todas las creaciones del gran artista sevillano. A este

propósito es digna de mencion una obra superior de Herrera el viejo, que

se ve en el primor salon. Es un _San Hermenegildo_ admirable, hecho en

su calabozo por aquel pintor, condenado á perder la mano por haberle

dado un bofeton á cierto clérigo. Sin duda el artista comprendía muy

bien todo el valor de su mano _en capilla_, puesto que produjo una obra

sublime que le valió el perdon. Casi siempre las mas grandes

producciones del genio han nacido en momentos críticos y en las sombras

del recogimiento.

Casi sería inútil, y acaso pretensioso, hacer una eleccion cualquiera

entre los veintitres cuadros de Murillo, que valen mas de quinientos mil

pesos, al decir de algunos conocedores. Todos son á cual mejor.

Sinembargo, el cuadro que representa el milagro de _San Francisco de

Asis_ es acaso el mas vigoroso como obra de pincel ó labor. Como obra dé

inspiracion, nada seduce tanto como la _Adoracion de Jesus_: la figura

de la Virgen es de una expresion de pureza y gozo celestial

insuperables; y el candor, la sencillez, la sorpresa inocente de los

pastores, que atisban al niño con curiosidad infantil, son inimitables.

Acaso sea necesario mencionar tambien, como creaciones soberanas, el

mendigo del cuadro de _Santo Tomas de Villanueva_, un _San Félix de

Cantalicio_, una _Concepcion_ (el estudio predilecto de Murillo) y una

_Asuncion_, tipo que muy raros artistas han logrado imitar ó revelar con

sus verdaderas condiciones.

* * * * *

Que el lector me perdone si le invito aún á visitar otro museo

interesantísimo, simple porcion de ese vasto, complicado y preciosísimo

museo de mil formas que se llama Sevilla.--Hablo de la Iglesia de la

_Universidad_, que el extranjero visita con profundo placer. Allí hay

una numerosa coleccion de tumbas interesantes bajo todos aspectos. Entre

las diez que sobresalen se ven las del duque de Alcalá y su mujer,

fundadores del edificio, y de otros nobles castellanos célebres en la

historia, que son verdaderos monumentos por el gusto de las formas, el

mérito de los mármoles y el primor y la riqueza de los relieves, los

bustos ó cuerpos y demas esculturas. En clase de esculturas religiosas

hay un _Cristo_ de Montañez, tan asombrosamente superior que por sí solo

vale por un museo; así como un _San Ignacio de Loyola_ y un _San

Francisco de Borja_ (del mismo artista), que son estatuas admirables. El

_San Ignacio_ principalmente parece haber realizado el ideal supremo del

arte que puede animar el mármol, la piedra ú otra materia, y darles un

lenguaje elocuente y una mirada profunda. Toda la historia de la

Compañía de Jesus parece surgir _a priori_ de esa frente marmórea y ese

ojo ardiente y fascinador que sondea y medita.

En cuanto á pinturas de la capilla, el altar mayor y los muros laterales

contienen obras verdaderamente maestras de Roelas, Pacheco, Alonso Cano

y otros artistas que tuvieron justa celebridad en España. Es bien digno

de notar que el arte de la pintura ha corrido siempre parejas con el

movimiento caballeresco y religioso de los pueblos. Entre las sociedades

europeas el pincel parece haber reinado siempre al lado de la espada y á

la sombra del capuchon. Italia, España y Francia,--los pueblos mas

guerreros y mas exaltados ántes en el sentimiento religioso,--han

revelado su historia en los lienzos con singular energía. España es un

país inmensamente rico en pinturas, porque ha tenido exuberancia de

conquistadores y frailes.

Sinembargo, pocas ciudades tienen en la península el privilegio que

posee Sevilla. Madrid, Barcelona, Cádiz, Búrgos, etc., son esencialmente

españolas. Valencia es medio morisca, pero muy inferior en cuanto al

arte á las dos ciudades andaluzas mas notables. Córdoba es casi toda

morisca. Toledo esencialmente compleja, pero dejando predominar el arte

gótico y el greco-romano en sus principales monumentos. Solo Sevilla y

Granada tienen la singular ventaja de revelar simultáneamente, por sus

obras artísticas, las mas completas manifestaciones de diferentes y aun

opuestas civilizaciones. Pero todavía Sevilla es en eso muy superior á

Granada. Sevilla mantiene juntas y vivas, con singular energía, todas

las tradiciones orientales, así como las pruebas del arte latino y del

gótico en obras superiores.

* * * * *

Todavía mencionaré un monumento en extremo curioso, que es una de las

obras de estilo morisco mas interesantes en ese arte de la escultura

plástica y pintoresca que los Moros tenían tan avanzado en el siglo XIV.

Me refiero á la _Casa de Pilato_, edificio curiosísimo que hoy pertenece

á los duques de Medinaceli. Se asegura que esa casa es una del

reproducción de la que habitara en Jerusalen el famoso juez que dejó á

los togados y políticos el modelo de la _habilidad_ que consiste en

_matar y lavarse las manos_, Cuentas que un caballero cruzado español,

al volver a Sevilla de la guerra santa, quiso perpetuar la memoria de

sus campañas en Palestina y para eso mandó construir la _Casa-Pilato_

conforme al modelo traído. Sea cierta ó no la tradición, ello es que la

casa no revela en sus obras de arte sino el estilo arábigo florido (el

mas avanzado), que no podía haber sido conocido en los tiempos de

Cristo, y que apenas se iniciaba en los de las Cruzadas. Pero la

cuestión no nos importa a los curiosos, que debemos limitarnos á

observar y recoger impresiones.

La famosa casa del cruzado sevillano tiene dos patios, el primero común

y sin obras de arte, y se compone de dos pisos, con galerías

superpuestas, en forma de claustros. El patio interior, perfectamente

cuadrado (forma general en la arquitectura oriental), está todo

pavimentado con bellas y grandes baldosas de mármol negro y blanco, y

tiene en el centro una primorosa fuente que hace juego con cuatro

estatuas romanas colocadas en las esquinas. Las galerías están

sostenidas por veinticuatro columnitas, también de mármol, de mucha

gracia y ligereza, y en todo el derredor se ven en los muros los bustos

de los emperadores romanos muy bien trabajados. Si en los pavimentos de

las galerías y la parte inferior y central de las paredes brillan los

primorosos azulejos (que son los _mosaicos_ del arte oriental), en la

parte superior hay un gran lujo de arabescos ó relieves, blancos y de

colores, que imitan ó reproducen los primores plásticos y los bellos

estucos de la Alhambra y el Alcázar,--siempre serviles, sin originalidad

ó variacion notable, pero siempre graciosos. Por último, al derredor del

patio, sobre las galerias bajas, se hallan cuatro salones cuyos

azulejos, arabescos y artesonados son de mucho gusto por la ejecución

esmerada y el colorido. Lo demás de la _Casa de Pilato_, aunque mas ó

ménos curioso, llama poco la atencion, siendo de notarse que la

distribucion del edificio es de extrema sencillez.

* * * * *

Sevilla es una ciudad célebre por muchos motivos, entre otros por los

hombres eminentes ó personajes históricos que ha producido. Allí

tuvieron su cuna los emperadores romanos Adriano y Teodosio, el ilustre

Las-Casas, los pintores Murillo, Herrera (el viejo) Roelas y Pacheco, el

famoso historiador Herrera, llamado el _divino_, y los poetas Rioja y

Jáuregui. De allí partió Magallanes para hacer su primer viaje al

derredor del mundo, en 1519; y Sevilla le disputa á Granada la cuna de

Lope de Rueda, tan ilustre actor como escritor dramático; especie de

Molière español.

Cada uno de los nueve arrabales de Sevilla es notable por algún

monumento ó fábrica importante. Pero el de _Triana_ es de una

especialidad puramente social. Está ligado á la ciudad, como he dicho,

por un hermoso puente colgante, que interrumpe ó sirve de límite á la

navegación del Guadalquivir marítimo. Sus muelles hacen frente á los del

puerto principal de Sevilla, así como á las fortalezas que dominan el

río y la estación del ferrocarril que conduce á Córdoba. Si las primeras

calles de Triana que avecinan al puerto tienen la estructura general de

las de la ciudad, al avanzar hacia el interior de ese arrabal se

encuentra el aspecto complejo de la vieja España y de las _poblaciones_

gitanas. Triana es la residencia de todos los gitanos de Sevilla, cuya

suerte se parece bastante á la de los judíos en Roma, en Praga y otras

ciudades europeas. Así como en estas hay un _Ghetto_ ó barrio donde los

israelitas viven ó vegetan, confinados en unas partes (como en Praga) ó

proscritos y cruelmente tratados (como en Roma), los gitanos tienen su

_Ghetto_ en cada ciudad de España, sin habitar nunca los demás barrios.

Pero hay una diferencia muy sustancial. El judío es proscrito en Europa,

especialmente en Roma, por espíritu de persecución é intolerancia, ó por

tradición ó costumbre; en tanto que el gitano no es en España objeto de

persecución. Él se confina a un solo barrio, se proscribe á sí mismo,

por espíritu de raza (orgullo, resentimiento é interés en el

aislamiento); y por eso se ve á los gitanos formando una comunidad

aparte, lo mismo en Madrid (hacía la puerta de Toledo), que en Granada

(en el Albaicin) y en Sevilla en el arrabal de Triana. Aquí se revela

quizás con mas energía uno de los rasgos distintivos del gitano. En

Granada es casi natural la arquitectura subterránea de esa raza, porque

el terreno parece indicarla en el Albaicin. Pero en Sevilla no se

comprende en el primer momento por qué razón los gitanos siguen el mismo

sistema (aunque notablemente variado en la forma), no obstante que el

terreno de Triana es enteramente llano. El aspecto de las calles es

tristísimo. Raras son las casas que tienen un piso alto; casi todas son

muy bajas, con puertas y ventanas mezquinas, pequeños patios desiertos,

paredes y techos lamentables que revelan suma pobreza y abandono. Las

calles, malísimamente empedradas, están desiertas por lo regular, y al

andar por ellas apenas se oye el ruido subterráneo de objetos metálicos

ó del martillo del zapatero remendón,--ó se ve muy rara vez alguna cara

femenina, en una ventana, ó un pequeño grupo de muchachos sucios en un

zaguán ó un patio, tristes, pobremente vestidos y con fisonomías

repelentes y ásperas en lo general.

Es rarísima la casa de gitano que no tiene un piso subterráneo que se

registra desde la calle. La puerta da inmediatamente sobre una especie

de sótano (que es el lugar de trabajo), sea por medio de un pequeño

zaguan inclinado, sea por medio de una gradería casi abrupta. Las

habitaciones que están al nivel de la calle sirven para dormitorios y

demás usos; las profundas ó cavadas en la tierra contienen los

obradores, talleres y fraguas. Evidentemente hay en los Gitanos una

tendencia á la vida subterránea, que no se concilia en apariencia con

las costumbres nómades. Hasta en el modo de preparar los alimentos el

gitano se sirve de hoyos cavados en la tierra,--procedimiento ingenioso

que se presta al misterio y favorece el rápido cocimiento de las

sustancias animales y vegetales. Acaso haya algun principio etnológico

que determine esas tendencias á lo subterráneo; pero la explicación mas

sencilla me parece estar en la naturaleza de la industria y las

costumbres de los Gitanos. Raza de herreros y estañadores y de gentes

que no tienen una nocion regular de la idea de la propiedad,

tradicionalmente habituadas á los fraudes, los robos rateros, las

mistificaciones y los procederes hipócritas,--los Gitanos han

comprendido sin duda que sus habitaciones debían ser apropiadas á la

ocultación y el disimulo. Así, cuando llevan vida nómada, sus hogares

cambian de la noche á la mañana, en cuanto al lugar, y son siempre

establecidos en los sitios mas solitarios; y cuando se ven forzados á

una residencia fija construyen sus habitaciones del modo menos

ostensible, á fin de burlar la vigilancia social.

Nos habían dicho que en el arrabal de Triana veríamos cuadros curiosos y

animados de la población gitana, que es bastante numerosa. Pero no

encontramos sino tristeza, soledad y silencio. Acaso escogimos mal la

hora ó el día para satisfacer nuestra curiosidad. Lo que sí pude obtener

con seguridad fue la conviccion de que en el pueblo español no hay odio

ni preocupacion ninguna respecto de los Gitanos (raza que me parece

mucho ménos incorregible de lo que generalmente se piensa); pero que no

se hacen los esfuerzos convenientes para producir una asimilacion ó

fusión completa. Hay muchos gitanos católicos en España, y sinembargo se

les ve persistir en sus hábitos de aislamiento. Y lo mas curioso es que

los gitanos _católicos_ (que lo son por el bautismo y sin conciencia

ninguna de las doctrinas cristianas y católicas) se distinguen en España

por la brutalidad de su fanatismo, en los momentos de exaltacion

religiosa. Eso prueba que el fanatismo es siempre compañero de la

ignorancia, y que toda la fuerza de los tartufos consiste donde quiera

en el dominio que ejercen sobre las masas bárbaras que obedecen

maquinalmente al impulso que se les da. El mundo no se librará de los

conflictos religiosos sino el día que haya desaparecido de las

sociedades «el elemento bárbaro». Por eso se comprende el horror con que

los tartufos explotadores de la religión miran toda tendencia hacia la

instrucción y educacion de las masas. * * * * *

Sevilla no es solo un centro comercial y agrícola de primer órden en

España: es tambien una ciudad fabricante en vasta escala, aunque poco

manufacturera. Las grandes fábricas, llamadas propiamente

_manufacturas_, que en otras ciudades europeas reúnen á centenares y aun

millares de obreros y dan al consumo enormes masas de productos, no

existen en Sevilla, donde la maquinaria (como en casi toda España) está

muy atrasada todavía. Lo que hay allí es la pequeña fabricacion y el

artefacto, cuyos productos son muy considerables por razon de la masa de

trabajadores y la multiplicacion de los talleres. Allí existe una

organizacion de trabajo en detall que produce resultados visibles. Como

el establecimiento de una pequeña fábrica no exige un tren costoso, es

muy accesible á los hombres de la clase media y aún á los obreros la

adquisición de uno ó mas telares, un taller ú obrador, y por lo mismo se

hace mas fácil que en las ciudades manufactureras el paso de la

condición de obrero á la de maestro, empresario ó propietario. Con la

pequeña fábrica ú obrador las aglomeraciones de obreros son muy

reducidas, el artículo trabajado es frecuentemente mas correcto y

artístico, la moralidad gana, el artesano ú obrero tiene interes en la

obra y trabaja en su propio hogar, y su bienestar es mayor y acaso menos

expuesto á las crisis comerciales que afectan á las manufacturas en

grande. Ademas, el obrero tiene mas independencia y dignidad trabajando

por su cuenta ó en escala reducida.

Los economistas en lo general (acaso olvidándose bastante de los

intereses de la moral por atender de preferencia á los de la riqueza)

han llevado hasta la exageracion el entusiasmo por las manufacturas. La

economía de produccion, que disminuye el precio de los productos y en

definitiva favorece á los mismos obreros, les ha hecho desatender

ciertos intereses de la moral (pureza, dignidad é independencia del

obrero) que se ven seriamente comprometidos en las grandes fábricas. No

pretendo examinar aquí una cuestión económico-moral tan importante; pero

sí haré notar la observacion hecha respecto de las poblaciones obreras

en Europa. En las ciudades principales de España, así como en las de

Suiza, en Lyon y otras de Europa, cuyos mas valiosos productos son el

resultado de la fabricacion en detall, he notado mas independencia y

bienestar, mas dignidad y sentimiento de personalidad en el obrero, que

en las ciudades estrictamente manufactureras donde las grandes

aglomeraciones de máquinas (humanas y de fierro) tienden á sustituir la

fuerza colectiva en la producción á la fuerza individual ó limitada á

pequeños grupos de obreros. Acaso sean otras las causas predominantes;

pero el hecho es patente, y lo cierto es que en España, donde la gran

fábrica es muy rara (exceptuando unas pocas ciudades catalanas), la

noción de la personalidad es profunda y general en el pueblo.

Sevilla, como he dicho, es una ciudad artista y artística por

excelencia, y sus industrias lo revelan enérgicamente. No hay una calle

donde no se vean numerosos talleres y obradores de escultura

(principalmente en yeso), de pintura, de joyería y platería, y de toda

clase de objetos curiosos. Allí se fabrican por valores muy

considerables armas, herramientas y todo lo que corresponde á la

quincallería, instrumentos de música (especialmente las elegantes y

finas guitarras y bandolas), gran cantidad de telas y artefactos de seda

y lana, sombreros, etc., etc. La produccion de loza fina es

considerable, y se hace notar bastante la de pieles curtidas, que imitan

los bellos tafiletes y cueros marroquíes. Sevilla, como centro agrícola

de la baja Andalucia, hace fuertes exportaciones de aceite y vinos, y

centraliza grandes valores en granos y frutas de todas clases. Es

incalculable el desarrollo agrícola, industrial y comercial que puede

alcanzar España, y particularmente las provincias andaluzas, el día que

en ese país se renuncie al régimen inepto del egoísmo (que se traduce en

prohibiciones y monopolios), y se acepte el libre cambio con todas las

regiones del mundo.

* * * * *

No contábamos con mucho tiempo para hacer un estudio detenido de

Sevilla. Pero las impresiones recogidas en pocos días bastaron para

hacernos simpatizar vivamente con la metrópoli andaluza, tan poética y

original, tan pintoresca en todo. Ella es interesante tambien como

centro de vida intelectual y de beneficencia. Posee una considerable

biblioteca, una sociedad económica, un liceo, varios institutos notables

de enseñanza y artes, una caja de ahorros en prosperidad, y como diez y

seis hospitales, hospicios é institutos de caridad y beneficencia. Por

demás es decir que las iglesias abundan, como abundaron fabulosamente

los conventos. Creo haber contado como ciento doce edificios religiosos,

entre iglesias, conventos, capillas y oratorios, lo que prueba que en

Sevilla no se han pasado jamas hambres en lo relativo al pasto

espiritual. Al contrarío, en esa materia se ha pecado en España por la

gula, resultando indigestiones seculares.

Sevilla tiene una circunferencia total (con los arrabales) de 25

kilómetros, y sus murallas, que todavía resisten algo á la acción del

tiempo, cuentan mas de sesenta torreones y trece ó catorce puertas mas

ó ménos considerables. Se numeran hasta quinientas sesenta y cuatro

calles y sesenta plazas; los cuarteles abundan, por desgracia, pero

siquiera abundan tambien las fuentes públicas y el agua no falta en

ningun punto. Aparte de muchos monumentos de interes mas ó ménos

subalterno, de todos los estilos y usos, citaré los dos teatros de la

ciudad y la espléndida plaza de toros. Los sevillanos se jactan con

razon de tener la mejor plaza de toros de España, y la Vírgen mas

opulenta, en su catedral. Mejor les estaría tener una Vírgen pobre y

carecer de toreros y de un circo que no puede tener mejor nombre que el

de _matadero espléndido_.

Contáronme cosas fabulosas sobre el lujo de ostentacion que se despliega

en Sevilla en la Semana Santa, coincidiendo con la gran feria sevillana.

Entónces, miéntras que la gente de _tono_ hace prodigios en las

procesiones para ponerse á la altura de la opulencia inaudita de la

Vírgen, los majos y las manolas ostentan en la feria todo el lujo de sus

vestidos pintorescos, sus armas, cabalgaduras y aperos de montar. Cada

clase hace las cosas á su modo; pero confieso que las vanidades de la

feria me parecen mas excusables que las de las procesiones. Cristo y la

Vírgen deben de incomodarse mucho en el cielo, al ver el modo como se

les adora _públicamente_ en la tierra.

* * * * *

CAPITULO VII.

* * * * *

EL GUADALQUIVIR.

El primer tren de Sevilla a Córdoba.--Un marques comunista.--La

provincia de Córdoba,--Aspecto de la capital;--su poblacion y su

estadística.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.--De Córdoba a

Baylen;--Andujar.

Eran las siete de la mañana cuando tomábamos el tren del reciente

ferrocarril que pone en comunicacion a Córdoba con Sevilla. Por primera

vez se iba á ensayar el trayecto comprendido entre la pequeña ciudad de

Lora, no muy lejana de Sevilla, y Córdoba. Asi, aunque el tren era

irreprochable en la primera seccion ya en servicio, se redujo, desde

Lora hasta Córdoba, á un wagon de tercera clase, en que los empleados de

la administracion de la empresa tuvieron la bondad de darnos cabida.

Como los rieles estaban recientemente asentados y exigian rectificacion,

nuestro gran wagon (que parecia una arca de Noé, llevando gentes de toda

clase en la mas democrática confusion) saltaba y corcoveaba á cada

momento como diez potros indómitos juntos, cosa que nos divertia y

asustaba alternativamente.

La via corre al principio por una hermosa y vasta llanura, á la

izquierda del Guadalquivir, por entre numerosas casas campestres,

extensas plantaciones de hortalizas y cereales, olivares todavía

recientes, prados y barbechos donde pacen los rebaños de ovejas, y

algunos preciosos bosquecillos de granados que tenian el aspecto mas

encantador por sus formas elegantes y sus rojas y lindas flores. Lora es

una pequeña ciudad de 8,000 habitantes, situada á corta distancia de la

via férrea, y que va adquiriendo importancia á virtud del ferrocarril.

Mas adelante se atraviesa el Guadalquivir y la via lo costea

constantemente hasta muy cerca de Córdoba, de manera que se le tiene

siempre á la vista.

El rio, generalmente con orillas bajas, de cauce poco profundo, arenoso

y turbio, no tiene navegacion ni posee la hermosura que se le supone de

antemano. El terreno, generalmente llano en el valle y encuadrado entre

cordones de cerros bajos ó altas colinas, se presta á los paisajes

risueños; pero la ausencia de árboles en las márgenes de las praderas

(sino es en rarísimos puntos) hace desapacible ó monótona una comarca

que podría ser bellísima en su totalidad. Sinembargo, hay de trecho en

trecho paisajes primorosos, por el juego de las colinas con el valle,

las vueltas y revueltas del rio, algunas arboledas y varias formaciones

geológicas muy interesantes (como la del cerro y castillo arruinado de

_Almodovar_) que corresponden á los contrafuertes de la _Sierra de

Córdoba_, que hace parte de la Sierra-Morena.

Desde Sevilla hasta el frente de _Palma_ el ferrocarril toca

sucesivamente en la ciudad de Carmona y tres pueblos pequeños, Lora,

Guadalabar y Peñaflor, ofreciendo bellos puntos de vista y dejando

registrar un inmenso campo de olivares, viñedos y cereales. Pero al

pasar por en frente de Palma el paisaje que se admira es hermosísimo. Se

ven á lo lejos las altas colinas á cuyo pié demora Palma, en un

delicioso valle á orillas del Guadalquivir y del Jenil que se le reune

allí. Tal parece como si el Jenil le trajese á esa poblacion las

seducciones y los encantos de la vegetacion de Granada. En efecto, Palma

es un inmenso huerto, escondida literalmente como está entre bosques de

naranjos, granados y limoneros, de cuyos frutos hace un comercio

considerable.

En un trayecto del Guadalquivir observamos una notable aglomeracion de

cañaverales y arboledas que nos llamó la atencion por su objeto.

Contáronnos que un cierto marqués, propietario del terreno, hacia una

compleja y singular especulacion, mediante el auxilio de las bandas de

_estorninos_, pájaros sumamente abundantes en el pais. Parece que los

estorninos andaluces profesan opiniones comunistas en alto grado y las

practican con mucha sagacidad. Su _política_ industrial consiste en

devastar (reunidos por centenares de miles) los inmensos olivares del

valle del Guadalquivir y las montañas vecinas, robándose las olivas de

los árboles, que trasportan á lugares lejanos para establecer grandes

depósitos de prevision y vida comun. Pero el estornino gusta

particularmente de los sitios húmedos y sombríos, como los cañaverales y

bosques de las orillas del rio.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 36 / 45 段