Como se ve, Cádiz remeda un barco inmenso flotando entre dos bahías,

sacudido por las ondas en todas direcciones. Si la situacion hace de esa

ciudad la mas bella y poética población de España, su interior, sus

curiosidades y sus tradiciones la hacen tan interesante como simpática y

graciosa. Cádiz es una ciudad de origen muy antiguo, pues fue una

colonia fundada por los Tirios. Los Romanos la conquistaron dos siglos

antes de la era cristiana, y en todos tiempos ha tenido la doble

importancia de plaza mercantil y de guerra. Si hoy es la primera plaza

fuerte de España, erizada de castillos y defendida en todas direcciones,

como plaza mercantil es muy inferior á Barcelona. Mientras que la

capital catalana y Málaga, Valencia, Alicante y Gibraltar le disputan

el tráfico que gira hácia el Mediterráneo, Sevilla, Coruña, Santander y

Bilbao le hacen competencia del lado del Atlántico. Su poblacion, que en

tiempo de la dominación española en América no bajaba de 100,000

habitantes, hoy está reducida á poco mas de 70,000.

Cádiz me interesaba por sus tradiciones bajo todos aspectos. De allí

salieron las mas importantes expediciones españolas, tanto en la época

de las colonizaciones emprendidas sobre el Nuevo Mundo, como durante la

terrible guerra de la independencia de «Colombia,» Méjico, Perú, Chile,

Buenos-Aires, etc. La libertad colombiana no tuvo en ninguna parte

enemigos tan implacables como en Cadiz, residencia de la famosa compañía

que tuvo el monopolio del comercio entre Europa y varias colonias

hispano-colombianas. Y cosa singular, que prueba cuánto los intereses

del monopolio influyen en la política de las naciones!--esa misma

población gaditana que tan cruda guerra hiciera á la revolución del

Nuevo Mundo, era en la misma época el refugio de los patriotas españoles

y el arca de salvación para la nacionalidad de España, en su heroica

lucha contra Napoleón y el despotismo.... Cuántos males ha sufrido el

pueblo español, por no haber comprendido desde entonces que la causa de

la libertad y del derecho era la misma en España que en Colombia, y que

los patriotas de uno y otro mundo debían aliarse como hermanos en vez de

hacerse la guerra!

Otros recuerdos me asaltaban en Cádiz. Aparte de sus defensas heroicas

contra los Ingleses, en 1626, 1772 y 1797, y contra los Franceses en

1811; aparte también de sus interesantes episodios políticos, su

constitución liberal de 1812 y la heróica revolución de 1820 encabezada

por Riego y Quiroga, Cádiz me hacia recordar que allí había nacido ese

feroz brigadier Enrile, _pacificador_ de espantosa memoria en mi patria;

y que allí murió miserable, hambriento y lacerado por mil amarguras, en

el fondo de un calabozo, el ilustre y generoso Miranda, guerrero de la

revolución francesa y mártir de la independencia colombiana, tratado por

unos con suprema ingratitud y por otros con una fría crueldad!

La faja de altas murallas (dobles y aún triples en algunas partes) que

rodea completamente á Cádiz, tiene una circunferencia de 7,500 varas

españolas. Así, por donde quiera que el viajero pretende buscar una

salida tropieza con una masa enorme de piedra, soldados y cañones,

viendo al pié las ondas espumosas del océano estrellándose con violencia

en los bancos de arena y los peligrosos arrecifes que avecinan la isla y

sirven de asiento á castillos y fortificaciones. Si la vista sobre la

bahía es pintoresca y variada, la que se tiene sobre el océano, al sur y

sud-oeste, desde el paseo de la «Alameda» es de una majestad imponente.

Desde el primer momento, Cádiz me habia ofrecido muchas semejanzas de

aspecto con la ciudad de Cartagena en «Nueva Granada». _Semejanza_ no es

el término propio: es no sé qué _analogía_ vaga en la configuracion de

la isla y las bahías, en la estructura exterior de la ciudad; algo de

muy armónico en el estilo de las fortificaciones, en la atmósfera y el

cielo. Al recorrer el hermoso paseo de la Alameda, las plazas y las

calles, y observar las gentes allí, la comunidad de tipo me pareció

evidente. En cada elegante gaditana creia ver una hija de Cartagena: el

acento, los modales, la soltura, el garbo lleno de gentileza y _dengue_,

el ojo negro y dulce, la sonrisa de adorable coquetería, la tez de un

moreno suave y pálido, el andar mesurado y señoril, la amabilidad y la

franqueza insinuante, y un no sé qué de voluptuoso en el vestir, en las

formas delicadas pero expresivas y en el juego del inevitable

abanico,--todo contribuia á producirme una ilusion que me hizo pensar en

la patria.

El sol se hundia como una brasa fulgurante en las ondas de un horizonte

infinito; la Alameda estaba poblada de paseantes y habia por do quiera

una encantadora animacion. El escenario parecia una gran canasta de

flores flotando entre los remolinos de un torrente. El mar producia al

pié de las murallas sus formidables chasquidos, lanzando nubes

instantáneas de espuma, miéntras que centenares de paseantes vagaban por

en medio de las arboledas y los lindos jardines de la «Alameda», casi

bajo los balcones y las celosías de las espléndidas casas que dominan

los malecones y terraplenes. Los techos reverberando,--los pintorescos

balcones verdes y azules,--las altas y elegantes azoteas de estilo

morisco,--los arbustos cuajados de flores y perfumes,--los grupos

animados de una poblacion en que se veian tipos muy variados,--los

mármoles resplandecientes de las casas mas lujosas,--los lejanos

castillos destacándose sobre las ondas,--las montañas, confusas en

lontananza,--el mar encrespado y sacudiéndose bajo su manto de luz

crepuscular,--el sol, enorme por un efecto de óptica, como bañándose en

el océano,--la brisa agitando suavemente los árboles,--el cielo de una

hermosura extraordinaria;--todo aquello me llenó de encanto, de

embriaguez, dejándome en el alma una hondísima impresion que nunca

olvidaré.

El tiempo me faltaba para hacer observaciones detenidas. España es un

país que no puede ser bien estudiado en ménos de tres años, y yo solo

pódia disponer de tres meses para recoger impresiones, reparando en las

cosas mas salientes é importantes. Ningun monumento me pareció en Cádiz

digno de especial atencion bajo el punto de vista artístico. Lo que hace

de esa ciudad una poblacion interesante es su posicion, su conjunto, su

estilo particular de construcciones, su aire social, sus recuerdos

históricos y su valor económico.

Cádiz, que tanto habia decaido como plaza mercantil desde que perdió la

explotacion de Colombia, comienza á recobrar su animacion, gracias á las

nuevas líneas de vapores, á notables mejoras en las vias de comunicacion

hácia el interior de la Andalucía, y al despertamiento económico que ha

tenido España desde 1855. Sus exportaciones consisten en sal, aceite,

vinos, frutas secas y otros artículos andaluces;--es una plaza

importante de escala y depósito, y fabrica algunos objetos de bellas

artes, así como los de aplicacion á la marina. La pesca le procura

considerables utilidades. Asentada sobre una roca viva, ya que le faltan

las aguas corrientes las tiene superiores en sus vastas y numerosísimas

cisternas. Posee hermosos hospitales y un gran número de institutos de

enseñanza, beneficencia, crédito, comercio y navegacion.

Desde luego que el clima, la influencia de la dominacion morisca y el

gusto español, han determinado en Cádiz el mismo género de

construcciones que en casi toda la península y especialmente en las

Andalucías. Asi, las calles son en lo general ó en su mayor número

angostas y sombrías, tortuosas, desiguales y llenas de capricho. Pero

hay allí un sello particular de elegancia y gusto que no se encuentra en

ninguna otra de las grandes ciudades españolas, exceptuando á Sevilla.

Se siente un vivo placer al recorrer casi todas las calles de Cádiz, ó

al reposar bajo la espesa sombra de las magníficas arboledas de las

plazas de «San Antonio» y de «Mina». Aparte del interes que excitan los

corrillos de gentes de todas condiciones y las tiendas elegantes llenas

de curiosidades, donde quiera se camina de sorpresa en sorpresa al

recorrer las mejores calles, las que no empedradas ricamente

embaldosadas.

Por todas partes los graciosos balcones, las discretas celosías, veladas

en su interior por finos cortinajes, tras de cuyos pliegues se alcanzan

á ver medio escondidas algunas caras primorosas como apariciones

ideales; los aéreos miradores de cristal, empinados caprichosamente

sobre los techos; las ventanas con enrejados de hierro curiosísimos; las

vastas azoteas adornadas de jarrones con flores y pequeños arbustos

bañados por el sol y agitados por las brisas marinas. Pero nada tan

curioso, tan deliciosamente bello y suntuoso como las casas de los mas

ricos propietarios, en las principales plazas y calles, verdaderos

palacios de hadas, de un orientalismo encantador. En todas ellas una

portada magnífica de mármol ó rico jaspe, trabajada con esmero; un

zaguán que parece la antesala de una suntuosa habitación, con el

pavimento y los muros de mármol, el techo estucado y la puerta interior

de soberbios cristales con labrados de arabescos y bellos colores. La

puerta está siempre abierta durante el dia. Os acercáis, y un criado

desciende la escalera al punto y os invita con la mayor atención á

visitar la casa, aunque la familia esté presente. Si aceptáis, el

propietario (algún opulento negociante) se presenta, y con una obligante

cordialidad casi irresistible,--al ver que sois extranjero--os repite la

invitacion, os ruega que subais, os pregunta si quereis tomar un

refresco, etc.

Yo había visto espléndidos palacios y suntuosos hoteles en Francia, en

Inglaterra, en Barcelona y Madrid; pero no tenia idea de casas tan

preciosas, tan romanescamente orientales como las que visité en Cádiz y

Sevilla. Pasais adelante del zaguan, y os encontrais en un patio

cuadrado y claustrado, en cuyos cuatro costados se levanta el edificio,

cubierto por una alta cúpula de cristal que lo hace parecer un

invernáculo. A los lados, en el piso bajo, se ven los vastos salones

destinados á los negocios ú oficinas del propietario; en el fondo hay un

elegante pasadizo que conduce á los patios interiores (los verdaderos

_patios_), destacándose á los lados, ya en caracol, ya en ángulos

rectos, las escaleras monumentales que conducen á los tres, cuatro ó

cinco pisos de la casa. Desde la base hasta la cúpula de cristal se

proyectan en todo el interior del patio-salon tantos órdenes de balcones

continuos y claustrados cuantos pisos tiene la casa. No hay un pavimento

en ese patio cubierto (que es como la sala central), en las escaleras,

los balcones interiores y todas las piezas del edificio, que no se

componga de soberbias baldosas cuadradas de mármol blanco y azul, ó

negro ó jaspeado; no hay un balcon, una puerta, una baranda que no tenga

mil arabescos y primorosas molduras de un gusto exquisito; no hay una

pared que no esté ricamente estucada y labrada. Cada _patio_ tiene en el

centro una preciosa fuente de mármol con surtidores que refrescan el

aire, y en todo el recinto se ven grandes jarras de gaspe, de porcelana,

etc., conteniendo arbustos delicados, macetas de jazmines, rosas y

claveles, naranjillos en flor, enredaderas ó parásitas, que embalsaman

aquella atmósfera embriagadora. Se cree uno soñando con algo de los

_Cuentos orientales_; y para que el deleite sea completo para el amador

de bellas artes, cada patio de esos tiene unas cuantas estatuas de

mármol y ostenta en sus muros diez ó doce hermosos cuadros de pintura.

La luz del sol, cayendo verticalmente á medio día, ó entrando debilitada

por la parte baja, prodúce los mas extraños efectos de brillantez, de

sombra y claro oscuro; y por la noche, cuando el interior está

iluminado por el gas, ese museo-jardin en cuyo centro murmuran las aguas

del surtidor, es de una hermosura arrebatadora. Es allí donde se reúnen

las familias, se reciben las visitas y se goza en las tertulias

domésticas, durante las horas mas calurosas en los meses de estío,

cuando no tiene la preferencia la azotea.

En Cádiz el mármol está prodigado en todas partes. En los grandes

hoteles, en los numerosos y espléndidos cafés, en los teatros, las

iglesias, las plazas y todos los monumentos hay un lujo de pavimentos

que admira. El café de «Apolo», uno de los mas bellos y originales que

he conocido, divierte y llama la atención al viajero, y da una idea del

carácter ardiente, cordial, voluptuoso y expansivo de la población

gaditana. Durante las primeras horas de la noche, las plazas de San

Antonio y Mina (la primera sobre todo) y las grandes calles adyacentes,

tienen mucha animacion y ofrecen los mas curiosos cuadros de costumbres.

Las mujeres de Cádiz son generalmente bellas, picantes y atractivas:

eso, y la condición mercantil de la ciudad, hacen la desgracia de ellas

en las clases mas expuestas á debilidades y seducciones. Así, la

prostitución tiene en Cádiz proporciones que espantan. Es inaudito el

número de mujeres desgraciadas en ese género de establecimientos de

corrupción, y de _expertas en la infamia_ que especulan con la dirección

de esas casas, que son la ignominia de las sociedades europeas.

Contáronme cosas qué me aterraron, y anécdotas respecto de personas de

la _alta_ sociedad que, al ser ciertas, darían una idea muy triste de la

moralidad gaditana. No quiero creer todo lo qué se me dijo por algunas

personas; y sinembargo llevé de Cádiz, bajo ese aspecto, dolorosas

impresiones.... Mucho podría decir sobre lo que he observado en las

grandes ciudades españolas; pero el asunto es repugnante y escabroso, y

el mundo colombiano, por fortuna, no conoce ciertas cosas que es mejor

que ignore siempre. Hay tantos sofismas en la civilización

europea...tantas miserias que deshonran el progreso y hacen aveces tener

vergüenza de lo que hace la humanidad.... En España hay un contraste

singular: la religion no es libre: el que no es creyente católico no

puede tributarle culto á Dios;--pero la prostitucion no solo está

legitimada por la ley, sino que la autoridad la reglamenta y dirige con

esmero!

Bastaría para juzgar de la organización de ese país (cuyo pueblo tiene

admirables cualidades características y graves defectos de educación) el

hecho simple de estos dos contrastes: la ley especula con el juego por

medio de las _loterías_, pero restrinje el _trabajo_ inocente y fecundo;

mantiene y dirige la _prostitucion_, pero oprime la _conciencia_ y

condena a prisión al que distribuye la Biblia y los Evangelios sin las

notas del padre Scio!!

* * * * *

Apesar del interes que podía tener la ciudad de Jerez, como población

fuerte y gran centro de producción vinícola, teníamos mas vivos deseos

de navegar el bajo Guadalquivir desde su desembocadura hasta Sevilla.

Preferimos, pues, esa via, pero ántes de embarcarnos quisimos conocer

las interesantes poblaciones vecinas á Cádiz. Tomando un coche y

saliendo del recinto de la ciudad por la carretera que conduce á Jerez,

es fácil visitar a San Fernando, Puerto-Real y Puerto-Santa-María.

El paisaje, si se mira hácia el continente, es monótono, por la igualdad

del terreno y la naturaleza de los cultivos; pero es pintoresco y

animado, si se tiende la vista del lado del mar, sea para reparar en los

astilleros de la bahía, donde hay bastante movimiento, sea para echar

una rápida mirada á las extensas salinas de San Fernando, cuya

produccion es muy considerable y ocupa á un gran número de trabajadores.

La sal está monopolizada en España, probablemente para probar á Dios una

infinita gratitud por haber rodeado de mares á la península española.

Ese monopolio (que le produce al Estado una fuerte renta, no obstante el

contrabando) proporciona á los Españoles las inestimables ventajas de

comer la sal de sus inmensas costas muy cara y mala, sin que por eso

dejen de hacer su negocio los especuladores en grande que explotan el

_estanco_ de sales.

La ciudad de San Fernando, separada de Cádiz por fortalezas, murallas y

un gran foso marítimo que corta la isla de Leon, está situada hácia el

extremo de esta, que se liga al continente por dos puentes. En las

cercanías hay numerosos huertos de frutales, y por todas partes se

revela en las vastas salinas, los artilleros y las fábricas, la

naturaleza de su produccion. Sus elementos principales son: la sal, en

muy fuerte cantidad (que se exporta), tierras metalóideas, encurtidos y

objetos de fundición y de marina, como de artes y oficios. La situación,

de la ciudad es curiosa, por la forma que tiene el canal semi-circular

que la rodea del lado del continente y que determina la isla. Tal parece

como si dos largas y angostísimas bahías ó lenguas de aguas marinas

fuesen á chocarse y confundirse bajo los puentes de _Zuazo y Chiclana_,

que dan paso hácia el interior del pais.

San Fernando tiene semejanzas generales con Cádiz en su estructura

exterior, y el aspecto es poco mas ó menos análogo. No tiene otra

particularidad que su observatorio astronómico, que es muy inferior al

de Cádiz, tan famoso en la geografía española y colombiana. La población

de San Fernando alcanza á unos 17,000 habitantes, generalmente

laboriosos y ocupados en rudos trabajos de fabricación y artefactos. Los

innumerables ventorrillos ó casas aisladas que avecinan á San Fernando

del lado de Cádiz tienen un aspecto original y pintoresco; es allí donde

se aglomeran los millares de obreros que trabajan en el astillero de la

_Carraca_ y en muchas fábricas de las cercanías, formando en algunas

horas del dia multitud de grupos tan animados como curiosos. Al pasar

por en medio de ellos se siente un fuerte olor de brea, sal y otras

materias que revelan desde el primer instante el género de ocupación de

estas gentes.

El astillero de la Carraca, especie de población flotante y sólida al

mismo tiempo, que se compone de buques, almacenes y vastos talleres,

ofrece un cuadro muy interesante, no tanto por el mérito del

establecimiento cuanto por el aire de los trabajadores, los edificios,

etc. Es en ese astillero, situado en la bahía, cerca de las salinas,

como á 1,200 metros de San Fernando, donde España tiene una de sus

mejores fábricas navales. Allí se construyen buques de guerra, y aún de

comercio á veces, de todos tamaños y condiciones, y se hace el carenaje,

así como se trabajan en grande escala lonas para velas, jarcias,

cordajes, etc. Millares de obreros trabajan constantemente en ese punto

de la bahía y su vecindad, ya en la fabricacion naval, ya en la

explotación y fabricacion de la sal. Después se extienden en varias

direcciones muchas obras de fortificación, que son en cierto modo los

baluartes de Cádiz y del fondo de la bahía.

Puerto-Real, situado en la costa continental, en el fondo de la bahía,

es una bonita poblacion de 5,000 almas. La vecindad de la embocadura del

Zurraque (al sur) confundido ya con un brazo de mar, y del Guadalete,

que entra al norte, en el rincon de la bahía; la estructura moderna de

las calles y las casas (generalmente simétricas) y de su muelle y su

puerto llenos de pescadores de mariscos y bateleros cargando agua; el

cuadro que forman á los dos lados, equidistantes, él astillero de la

Carraca y el del «Trocadero» (de uso mercantil) que está al poniente

sobre la bahía; la animacion de las gentes y la gracia de los huertos

vecinos y las casas de campo,--todo eso contribuye á hacer de

Puerto-Real una poblacion pintoresca y alegre. Aquel es el lugar de

paseo y descanso para los ricos gaditanos, muchos de ellos poseedores de

casas y quintas de recreo en ese punto de la costa española.

«Puerto-Santa-María» es mucho mas considerable. Demora, como he dicho,

en el fondo de un pequeño golfo (al nor-oeste de Puerto-Real) cuyas

aguas están separadas de la bahía de Cádiz por la península ó lengua de

tierra donde se encuentra el «Trocadero». Santa-María, que dista unos 14

kilómetros de Jerez y 21 de Cádiz, es el término de la carretera de

Sevilla, y por allí pasa el ferrocarril recientemente concluido. Desde

allí se extiende un terreno de imponderable riqueza en viñedos

esmeradamente cultivados (así como otros muchos frutales), sea del lado

de Jerez, hácia el interior, sea por la costa, en la dirección de Rota

(el país del famoso _tintilla_) y del bajo Guadalquivir. La distancia

entre Santa-María y Puerto-Real es tan corta, con el Guadalete de por

medio, que en realidad la primera parece pertenecer tanto á la bahía

misma como al golfo mencionado. Sus comunicaciones principales con Cádiz

se sostienen por medio de vapores que salen de un buen muelle y cruzan

la bahía constantemente.

Santa-María es una bella población, con mas de 21,000 habitantes, con

mucha actividad y movimiento agrícolas, industrial y mercantil. Yace á

la falda de una colina, dominando la márgen derecha del Guadalete, y

está literalmente rodeada de huertos y viñedos. Tiene numerosos

institutos públicos, bastantes fábricas (principalmente de excelentes

licores, encurtidos, sombreros y jabon), y aparte de su fuerte

produccion de vinos, cultiva muchas artes y oficios. La estructura

general es buena, notablemente su hermosa calle llamada _Larga_. Se ve

allí el tipo de las poblaciones andaluzas, activas y laboriosas en lo

general, donde no se revela casi nunca ningún síntoma de miseria ó

decaimiento.

* * * * *

El tiempo nos faltaba para continuar la excursion. Así, entramos á un

pequeño vapor costanero y volvimos á Cádiz. Debíamos partir para Sevilla

al día siguiente, y aprovechamos la segunda noche que nos quedaba

visitando un teatro y algunos cafés. Nada de particular en el teatro,

elegante y bien concurrido (porque el pueblo español es muy apasionado

por los espectáculos que impresionan fuertemente ó hacen reír); pero

hallamos, cómo en casi toda España, una farsa cantada á trozos, con el

nombre de _zarzuela_, y las consabidas _evoluciones_ coreográficas de

estilo francés,--pestes insoportables que van haciéndole perder su

originalidad y su gracia al teatro español. En vez de una buena comedia

ó un buen drama (como hay de sobra en España) el público tiene que

tragarse como puede una opereta bufa de mal gusto, que degrada al mismo

tiempo á la comedia y la ópera.

En desquite, el café es en todas las ciudades españolas un elemento

social sumamente curioso. Para un habitante del norte de Europa nada

puede ser mas desagradable quizas; pero para un hijo del mediodía ó de

Hispano-Colombia, con instintos de expansion y sociabilidad, la escena

tiene muchos atractivos. Ya he dicho, al hablar de Barcelona y Madrid,

lo mas digno de atención acercada los cafés en España. Como el espíritu

de las poblaciones es enérgicamente liberal en todas las grandes

ciudades españolas, y muy particularmente en las Andalucías, el

_café_,--elemento de expansión franca y libre, de discusion y de

censura,--es mucho mas importante aún en Cádiz, Sevilla, etc., donde la

opinion liberal saca de él todo el partido posible. El piano (mueble

infalible en los grandes cafés) contribuye á despertar los ánimos y

aumentar el bullicio de los centenares de parroquianos,--sirviendo no

pocas veces de instrumento epigramático, segun el humor de los

concurrentes. Es muy frecuente el manifestar allí las tendencias de

oposición al gobierno nacional, de aversión al gobierno francés, etc.,

haciendo ejecutar (con aplausos estrepitosos y unánimes) ya el _himno de

Riego_, ya la _Marsellesa_, ú otra pieza que entrañe una fuerte alusión

política.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 33 / 45 段