Eran las seis de la mañana cuando llegábamos á Loja, después de haber

cortado las primeras gargantas suaves ó inflexiones de la Sierra-Nevada.

Excepto en Suiza, no he visto nada mas pintoresco, en clase de pequeños

paisajes de encantadora frescura, que el cuadro que rodea á Loja. Es una

ciudad bastante considerable, pues cuenta mas de 17,000 habitantes, y

dista unos 45 kilómetros de Granada y 56 de Málaga. Sus producciones

agrícolas son las generales de Andalucía; pero es notable por su

fabricación de paños y papel. Es el país de las aguas por excelencia,

deliciosas y abundantísimas. No solo tiene mas de doscientas fuentes

públicas y particulares, sino que se llegaron á contar ahora siglos, en

su término, mas de 5,000 vertientes. La población, fea, desigual, sin

gracia, triste y bastante sucia, hace un raro contraste con los

alderredores. Situada sobre dos colinas separadas por el Jenil, con la

mayor parte de su masa en la margen izquierda, la dominan casi por todos

lados los contrafuertes de la Sierra, y ofrece una vista deliciosa hacia

una gran porción de la Vega de Granada.

El sol comenzaba apenas á producir sobre las crestas nevadas sus

primorosas reverberaciones; una ancha faja de nieblas ceñía los cerros

vecinos por la mitad, dejando en descubierto las eminencias con sus

enormes peñascos de granito, y las bajas colinas, la ciudad y los

vallecitos profundos y tortuosos del Jenil, frescos, verdes, floridos,

cuajados de molinos y fábricas, de huertos primorosos y de hileras y

grupos de álamos blancos y otros árboles enhiestos. La tierra parecía

regocijarse, saludando al sol andaluz y á su admirable cielo con un

concierto de armonías y una voluptuosa evaporación de aromas delicados.

Después de Loja, el camino sigue ascendiendo y caracoleando por entre

bellas colinas bien cultivadas hácia el corazón de la Sierra. El viajero

colombiano que recorre los caminos que cortan las Sierras españolas, no

puede menos que sonreír con desden, al recordar que hay en Colombia

perezosos fatalistas que creen que los Andes han condenado á la

incomunicación á los pobladores de muchas comarcas montañosas del Nuevo

Mundo. Al ver lo que se ha logrado, en punto á ferrocarriles y

carreteras, en las regiones de los Alpes, los Pirineos y las Sierras de

España, yo me decia: «No; los Andes, lejos de ser obstáculos, son el don

mas prodigioso que Dios haya otorgado al Nuevo Mundo, y el pueblo que

sepa aprovecharlos será el mas feliz de la tierra. Con voluntad y dinero

_todas_ las regiones de los Andes son susceptibles de admitir cuantas

carreteras y ferrocarriles pueda necesitar el movimiento social.»

En medio de aquel océano de cerros desnudos, de colinas caprichosas, de

altas y pequeñas planicies y de abismos inmensos, circulan sin riesgo

ninguno las diligencias por una excelente carretera. Tal parece á cada

momento, á la vuelta de un recodo brusco, que va la diligencia á salvar

un precipicio saltando de un cerro á otro, según es de accidentado el

terreno. Así se anda de sorpresa en sorpresa. No he visto nada tan

_romántico,_ tan ásperamente hermoso y triste como aquellas reducidas

planicies de la Sierra-Nevada, que parecen lechos de lagos disecados

hace muchísimos siglos. Al entrar en el _recinto_ de una de esas

planicies, vastísimos salones de pavimento de esmeralda entre muros

colosales de hierro y estaño, se cree que no hay salida posible hacia

adelante. La vegetación es de una tristeza poética, pues todo el suelo

está cubierto de plantaciones de trigo y otros cereales, ó legumbres,

sobre cuya alfombra se destacan de trecho en trecho, gigantescas,

sombrías y majestuosas, esas encinas de verdura perpetua llamadas en

España _alcornoques_, cuyas ramas producen el corcho. Esos árboles son

numerosísimos allí, como en todas las alti-planicies de las Sierras

españolas, y son objeto de un comercio relativamente considerable. La

naturaleza, previendo que el hombre inventaría la botella como un

segundo _vientre_ para guardar el vino, ha poblado la tierra de

_alcornoques_ en las planicies superiores á las faldas donde crece la

generosa vid. Si todos los _alcornoques_ que vegetan en el mundo

produjeran siquiera para _corchos!_...

Al derredor de esos sencillos cuadros de verdura se levantan en

completa circunferencia estupendas moles de granito del aspecto y la

tinta mas singulares; todas abruptas, ásperas; con arrugas y grietas

enormes,--unas cenicientas y opacas, otras del color del estaño con un

brillo triste, otras negras ó pardas,--presentando los mas curiosos

juegos de luz y sombra, según la inclinación del sol; y ya redondeadas

en las cimas, ya en picachos extravagantes, en agujas ó conos truncados,

ó en filas circulares y dentelladas que remedan estupendas coronas de

hierro. Y encima de esas cabezas desnudas y esas moles de formas

sorprendentes sin estratificación ninguna visible, descuellan

perpendicularmente á lo lejos, como lámparas de plata y diamante

pendientes del cielo, los altísimos lomos y las cúpulas entrecortadas de

los nevados de la Sierra. Aquello es de una hermosura suprema, que

convida al artista á la contemplación y desafía toda descripción....

Las _ventas_ se habían sucedido (y por cierto que «no quisiera

acordarme» de una cierta tortilla hecha con aceite rancio, como se usa

en España, que me duró entre el paladar y las fauces mas de una semana);

habíamos salido del centro de la Sierra, y comenzábamos á descender por

entre un inmenso almácigo de cerros y colinas prodigiosamente

complicados y entrelazados. La región de las encinas había terminado, y

cruzábamos la de las faldas y los planos inclinados donde se hace un

extensísimo cultivo de la viña. Es tanto como decir que bajábamos del

cuello de la botella (el _corcho_) á su vientre embriagado (las _uvas_)

Se comprende cuan enorme será, la producción de viñas en la provincia de

Málaga, casi toda dé un terreno arrugadísimo por sus montañas desnudas,

con solo ver que aún en las mas pendientes lomas y las profundidades y

faldas mas escabrosas la tierra está cubierta de viñedos.

De repente, al volver un alto, recodo, el horizonte se abrió á nuestra

vista, sin que ninguna eminencia interrumpiese el inmenso panorama.

¡Asombrosa hermosura la que nos aguardaba! En el fondo el valle, las

costas y la ciudad de Malaga; más adelante los desiertos

resplandecientes del Mediterráneo estrechado por dos continentes; á lo

lejos, visibles solo con el auxilio del anteojo, las montañas azules

del África, vagas, entrecortadas y confusas, hacia la costa de Tetuan; y

todo cubierto por un cielo azul claro precioso é iluminado por un sol

casi tropical: el magnífico sol africano! Aquello se contempla, se

admira con supremo arrebato y luego con profundo embeleso; pero no se

describe.... Yo sentía que mi corazón palpitaba sobre una eminencia de

los Andes, en presencia de una pampa-océano....

* * * * *

Bajo el punto de vista artístico y el intelectual, Málaga es una ciudad

de escasísimo interés. Allí no reinan sino la industria y el comercio, y

los recuerdos históricos apenas se revelan, con relación á la época de

los Arabes ó Moros, en la estructura general de la ciudad, en algunas

artes tradicionales, en muchos rasgos curiosos aunque de poca

importancia, y sobre todo en el mar y el cielo. En efecto, el mar y el

cielo de Málaga hacen pensar á cada instante en África, cuya atmósfera,

bañando con sus ráfagas ardientes las costas españolas, es como un

vínculo de unión entre esos dos semi-continentes que se saludan desde lo

alto de sus montañas rocallosas por encima del Mediterráneo.

El valle en que reposa Málaga, encuadrada entre el mar y los últimos

estribos de la Sierra, es muy reducido. Ensanchado sobre la costa en una

circunferencia como de 20 kilómetros, se prolonga hácia el occidente por

entre cordones de cerros, en una muy angosta vega que surcan el

_Gundalhorce_, pequeño rio que corta la llanura á poca distancia de la

ciudad, y el _Guadalmedina_, que la divide, corriendo trabajosamente por

un lecho de arena fina, variable y que se presta á las inundaciones por

la excesiva depresión de sus orillas ó anchas playas. La llanura es un

hermoso huerto, vista desde las montañas que dominan á Málaga. Allí no

solo crecen mil árboles frutales, la opulenta viña y todas las

producciones de la fértil Andalucía, sino que se cosecha el algodon, el

tabaco y mucha cochinilla, crece y prospera la caña de azúcar, y podría

creerse que se siembra sobre un pedazo de la tierra africana.

Del lado del oriente la costa se extiende en una faja angosta y de

líneas curbas y caprichosas, en la direccion de Vélez-Málaga y Motril.

Al norte la ciñen y dominan los complicados contrafuertes de la

Sierra-Nevada, y al occidente se destacan mil eminencias que erizan todo

el terreno, en dirección á Cádiz, por la línea de la Sierra de Ronda,

donde se encuentran las mas sorprendentes formaciones geológicas, así

como notables curiosidades sociales. Ronda tiene la fama de ser una

pequeña ciudad muy curiosa, en la provincia de Málaga. Si esta cuenta

una población de 451,406 habitantes (la sétima en España en ese orden),

su activa capital tiene 94,289, inclusos sus egidos. Málaga es uno de

los grandes centros del liberalismo en España, como Madrid, Barcelona,

Sevilla, Cádiz y todas las ciudades de movimiento social activo. Donde

quiera que el comercio, la industria ó la acción política dan lugar á

una fuerte vitalidad social, el sentimiento popular se inclina hacia la

libertad y el progreso. El conservatismo no tiene sus fortalezas en

España sino en las ciudades donde reinan la inmobilidad y el silencio.

Los alderredores de Málaga contienen innumerables jardines y muy bellas

y valiosas haciendas, donde se ven casas de campo de una notable

elegancia, y algunas de riqueza artística. En la vega marítima del

Guadalhorce hay preciosas plantaciones de naranjos y limoneros que hacen

recordar los primores de la Huerta de Valencia. Es increíble el consumo

que hace la Europa del fruto ó las esencias ácidas y aromáticas de

aquellos bosques de limoneros. Al derredor de los huertos, los jardines

y las haciendas y fábricas del valle, se suceden en anfiteatros cortados

las colinas cuajadas de viñedos. La riqueza y variedad de esas viñas es

asombrosa (en comparación de las dificultades del terreno), pues no solo

se hace una inmensa produccion de vinos blancos, tintos y anaranjados,

mas ó ménos aromáticos y agradables, cuya fama es universal, sino que se

obtienen en abundancia esas famosas uvas especiales para la preparación

de las exquisitas _pasas_. Debo decir, en obsequio del popular adagio,

que me costó trabajo beber buen vino y conseguir buenas pasas en Málaga.

Casi una tercera parte de la ciudad se compone de nuevas construcciones,

en lo general espléndidas, muy vistosas por sus numerosos balcones y

celosías ó gabinetes volados, verdes ó azules, sus pavimentos de mármol,

sus grandes enrejados de fierro, sus alegres azoteas y sus miradores de

estilo oriental. En la parte nueva las calles son espaciosas y limpias,

abundan los grandes hoteles y cafés, se notan la comodidad y el gusto, y

no se encuentra verdadera semejanza material con las ciudades interiores

de España. La famosa _Alameda_ es una espléndida calle-paseo, donde

abundan los árboles gigantescos, las fuentes, las estatuas y los canapés

de granito, entre dos filas de elegantes edificios. Asi mismo, las

construcciones que dominan los muelles ó avecinan el puerto, relevan, el

progreso del buen gusto y la vitalidad de las ciudades marítimas.

Pero la gran masa de la ciudad, de construcción antigua, es un laberinto

de callejuelas incomprensibles en el primer momento, oscuras, muy

estrechas, generalmente sucias, llegando algunas a un grado de

inmundicia increíble. Allí las construcciones caprichosas,

extravagantes, bárbaras sobre toda ponderación, semi-morunas,

semi-españolas, entre cuyas moles se agita sin cesar, en la estrechez y

estrujándose sin lástima, una numerosa y activa poblacion de los tipos

mas heterogéneos. La elegante y hermosa malagueña (las mujeres son allí

muy lindas en gran número) se pasea visitando los ricos almacenes y las

tiendas de modas y curiosidades, sacudiendo con una gracia inimitable el

abanico de ébano, de nácar ó de sándalo con graciosos adornos y ricos

paisajes; y seduce por la gracia de su andar, desembarazado pero digno.

Y no menos llama la atención por sus _dejos_ y picarescos aires

la...malagüeña de menor cuantía,--tipo que media entre la _manola_ y la

_griseta_,--vestida con telas de colores vivos, con la cabeza

descubierta, vivaracha y provocadora, guiñando el ojo con peligrosa

habilidad, morena y rosada, rolliza y tentadora como uno de esos

racimos maduros de rosadas uvas que produce el pais.

Al mismo tiempo hormiguea en las calles un enjambre de obreros toscos y

brutales, vestidos con abandono, de marinos de todas las naciones, de

comisionistas afanados á caza de clientes, de negociantes inquietos

entregados exclusivamente á la fiebre de la especulacion, de soldados de

franjas amarillas, pasablemente ociosos, de carreteros y vivanderas

haciendo una algarabía de todos los diablos, de algunos semi-majos y

toreros de estilo de matamoros, y de pillos de todas edades que abundan

siempre en las ciudades mercantiles, con su numeroso acompañamiento de

andrajosos mendigos que son inevitables en casi todas las ciudades

españolas.

El gran movimiento de Málaga no proviene únicamente de su fuerte

producción de vinos y demás artículos de su agricultura, por valores

considerables. Malaga es, por su posicion y la naturaleza del terreno de

toda la provincia y las vecinas, el puerto obligado de Granada, Jaen y

parte de las comarcas de Córdoba, y de las poblaciones que demoran del

lado de Ronda como del de Vélez-Málaga. Aparte de esos motivos de

centralización de un vasto comercio, Málaga tiene una producción fabril

ó manufacturera de bastante importancia y bien variada. Allí se fabrican

sederías y muchos tintos, algún azúcar, varios tejidos, sombreros,

máquinas y objetos de fundicion, jabones, encurtidos, loza, etc.,--se

trabajan mil objetos de arte, como lindos abanicos, bustos de yeso muy

delicados y otras curiosidades de mano,--y se hace una vasta preparación

de frutas conservadas y destilaciones. Málaga es, sin disputa, la

segunda ciudad mercantil de España, pues solo Barcelona le es superior.

Málaga, tan rica en industrias, tan comercial y fuerte en la producción

de vinos[4], es una ciudad pobre en monumentos. El único que merece

atención, todavía por acabar y rodeado de tristes y menguadas

callejuelas, es la catedral. Pertenece al estilo del Renacimiento, del

órden compuesto, y aunque su fachada es una obra muy notable, su torre

magnífica y de muy buen gusto es por sí sola un monumento. El interior

del templo, compuesto de tres hermosas naves, es verdaderamente

grandioso por sus formas generales, pero carece en sus pormenores de

valor artístico, en lo que hace á pinturas y esculturas, y no hay

nobleza en las condiciones arquitectónicas. Deben exceptuarse los techos

de las naves que son muy hermosos, enteramente de piedra y con muy

buenos relieves, y el vasto coro central, cuya sillería posee riquísimas

esculturas en madera, y cuyos dos órganos colosales son de mucho mérito.

La vista que ofrece el panorama de Málaga es soberbia, cuando se le

contempla desde las alturas contiguas donde se encuentran el fuerte de

la _Alcazaba_, que se conserva medio arruinado, y las ruinas del antiguo

castillo de _Gibralfaro_, obra moruna que estuvo situada á mayor

elevacion y se comunicaba con aquel fuerte. Desde allí se admira un

cuadro de hermosura triste y majestuosa, si se tiende la vista sobre el

Mediterráneo, las lejanas costas africanas y las serranías españolas,

pero risueña y alegre, si solo se considera la ciudad y su puerto y el

vecino valle. El mar, tan majestuosamente monótono cuando rodea sin

contraste una de esas ciudades flotantes, formas admirables de la

civilización, que se llama un buque, es un tesoro de primores y

sorpresas cuando sirve de marco á una costa. Pero en ninguna parte tiene

tanta hermosura y tan sublime poesía como en los estrechos de la Mancha

y Gibraltar, donde las ondas con su incesante movimiento, sus

resplandores vagos é inasibles, su población flotante y sus elocuentes

rumores, parecen continuar en cierto modo, mas bien que interrumpir, el

espectáculo de vitalidad que se manifiesta en la tierra. Ese gran drama

del mar, permanente en su _espíritu_, pero variable en sus formas hasta

lo infinito, es un misterio supremo que seduce, fascina, embarga los

sentidos y obliga á meditar.

Pero en aquel estrecho del Mediterráneo la seduccion es mas poderosa que

en ninguna otra parte, por el contraste de las razas y civilizaciones

que se ven frente á frente al traves de ese valle movedizo, casi siempre

atormentado por terribles tempestades. Al ver sus movimientos se imagina

uno que cada onda trae en sus pliegues alguna revelacion, alguna queja

de ese mundo misterioso, exuberante de calor, de fuerza, de vida y de

barbarie que se llama el África.... ¡Extraño fenómeno! Apenas una ancha

fosa marítima separa esos dos continentes (ó semi-continentes) y

sinembargo su distancia moral es inmensa! El Nuevo Mundo, tan léjos de

Europa y tan colosal, ha avanzado infinitamente mas en la civilización y

la libertad, es decir, en la posesión de la conciencia ó la personalidad

y la noción de la justicia, que esa estupenda península del viejo mundo

en cuyo seno vegeta en la barbarie la gran raza de Cham. ¿Por qué ese

contraste? ¿Es por culpa de la raza negra nomas ó principalmente?

¡Triste es decir la verdad! Es que la humanidad blanca ha trabajado

durante muchos siglos, por la explotación de la esclavitud, en mantener

á la humanidad negra en la barbarie!

El puerto de Málaga, aunque reducido, poco abrigado y muy defectuoso por

los bancos de arena que arrojan á su seno las borrascas del

Mediterráneo, está siempre poblado de numerosas naves de todas las

naciones, y allí tocan todos los vapores que hacen el servicio de las

costas españolas y africanas, y que giran entre el Mediterráneo y el

Atlántico. El movimiento de buques, de marinos, obreros y mercancías le

da al puerto un aire de alegría y un interés que agradan al viajero; y

sinembargo no se siente el deseo de permanecer allí por muchos dias,

como en Granada ó Sevilla. Se comprende y reconoce el mérito comercial é

industrial de Málaga, pero su población y la masa general de sus gentes

no inspiran simpatías.

Al llegar á Málaga nos habían registrado los diminutos equipajes, no

obstante que veníamos del interior del pais, y nos hablan hecho exhibir

los pasaportes! En eso hay, al ménos aparentemente, mas rigor en España

que en Francia. España es el país clásico de las formalidades ridiculas

y enfadosas, sin que por eso se evite el contrabando en inmensa escala,

ni dejen de prevaricar los funcionarios subalternos. Debíamos partir

para Cádiz, despues de una corta residencia en Málaga, y sinembargo fué

preciso hacer visar los pasaportes por la Gobernación, y llenar una

fórmula en el despacho de la _Sanidad_. Es como si para _trastear_ de un

barrio á otro hubiese que pedirle licencia al Alcalde y comprobar que se

goza de buena salud. Los gobiernos llevan á veces el espíritu

reglamentario hasta la estupidez.

Eran las ocho de la mañana y el vapor que debia conducirnos á Cádiz,

tocando en Gibraltar, se balanceaba suavemente hacia la salida de la

pequeña ensenada de Málaga, lanzando por sus dos altas chimeneas rojas

sus espesas columnas de humo, que la brisa desbarataba en ondulaciones

caprichosas arrojándolas sobre los arbolajes y las vergas de los

numerosas fragatas mercantes que estacionaban en el puerto. El puente

del vapor se iba llenando con la población heterogénea de pasajeros que

se dirigían á distintos puntos de las costas españolas y francesas y á

Amberes, Rotterdam ó Hamburgo. El capitán, tipo vigoroso y simpático,

marino frances _pur-sang_, pasó revista á su equipaje, y hallándolo

completo, asi como su lista de pasajeros, hizo levar anclas. En breve

Málaga, tan pintoresca vista desde el mar, desapareció, y comenzamos á

navegar hacia Gibraltar.

* * * * *

CAPITULO IV.

* * * * *

EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.

A bordo.--El golfo de Algeciras.--Escenas de la tarde,--La ciudad de

Gibraltar.--Situación y comercio.--La fortaleza.--Delante de Tarifa.

El cielo, de un azul pálido, tenia una limpidez admirable, y el sol

brillaba con todo su esplendor meridional, produciendo sus

reverberaciones en la moviente superficie de las ondas como la imagen de

un incendio intermitente y fascinador. El Mediterráneo estaba tranquilo,

y una brisa tibia y deliciosa rizaba sus menudas olas, cual si millones

de ondinas estuviesen peinando y encrespando suavemente la inmensa

cabellera del gigante dormido. Las barcas pescadoras vagaban dispersas,

pareciendo de léjos como gaviotas errantes rozando apénas las espumas

trasparentes y azulosas que el juego de las ondas producía. Los

viajeros, divididos en grupos sobre el puente del vapor, contentos y

comunicativos, como todo el mundo en un vapor cuando no se sufre el

mareo, jugaban ajedrez ó dominó, contaban anécdotas de viajes, ó

hablaban con interés de los sucesos de Italia donde la guerra había

comenzado. Algunos, perezosamente reclinados, leían novelas y fumaban;

otros dormían cabizbajos, apoyados en la baranda á la sombra del toldo.

Yo disertaba con mis dos compañeros franceses sobre la historia de

España, su porvenir, y el destino de ese mundo de fuego--el África--que

nos enviaba sus ráfagas fortificantes.

Hacia la tarde teníamos á la vista, á corta distancia, dos poblaciones

que asomaban sucesivamente sobre la costa española, en situaciones

pintorescas: _Marbella y Estepona_. La primera, de origen moruno,

graciosamente asentada al de la _Sierra-Blanca_, es una villa de unos

6,500 habitantes, perteneciente á la provincia de Málaga, no poco

industriosa, con bastantes fábricas, productora de vinos y azúcar, y en

general de los mismos frutos agricolas que Málaga. Estepona yace hácia

el nordeste de la _Sierra-Bermeja_, que desciende sobre la costa, toda

surcada desde Málaga hasta Cádiz por contrafuertes y estribos de

numerosas sierras. Estepona tiene mas de 9,000 habitantes, y su

industria y producciones son análogas á las de Marbella.

A las tres de la tarde veíamos muy distintamente ese estupendo y curioso

peñón de Gibraltar, cuyo nombre es un epigrama para los Españoles, que

hace tan importante papel en el mundo europeo, tanto por su

significación militar y mercantil como por su geografía, y que,

correspondiendo á su misterioso y providencial destino, como centinela

de Europa vigilando al Africa, ejerce una extraña fascinación sobre el

viajero que lo admira. En efecto, es tan particular la forma de ese

gigantesco peñasco, y concurre de tal modo á multiplicar el efecto la

configuracion que tiene allí el estrecho y la del golfo de Algecíras,

que mientras mas se mira la mole y mas se acerca uno, ménos se comprende

su verdadera posición. Tal parece (al que no está habituado) que á

medida que se cambia de posición ó dirección, el peñasco varia también

de aspecto, presentando siempre la misma faz, pero bajo reflejos y

sombras diferentes. Es al llegar á la entrada misma del golfo de

Algeciras que se tiene la idea exacta de aquella península de granito,

avanzada en punta hacia el sur y bruscamente empinada como un castillo

ciclópeo, cual si quisiese al mismo tiempo penetrar en el flanco de la

tierra africana y hundir su parda cabeza en el éter para lanzarle á

Europa las primeras reverberaciones de un cielo abrasador.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 31 / 45 段