un modo abrupto y severo sobre la márgen derecha del Tajo, cuyo angosto
valle queda interrumpido al pié de la ciudad, al sur. Altas colinas
graníticas se alzan en un cordon semicircular del oriente al sur,
rodeando por esos lados á Toledo. Al noroeste se desprende de otras
colinas semejantes, que dominan el Tajo á uno y otro lado, una angosta
lengua de tierra, como un istmo rocalloso y ondulado, que se liga con el
asiento de Toledo. El Tajo, llegando al norte de la ciudad y al oriente
de ese istmo, se precipita como un torrente en la abra profunda que
separa la montaña de la ciudad del cordon rocalloso del E.S.E.; rodea la
basa gigantesca de Toledo, haciendo un círculo casi completo, y vuelve
sobre el norte, como á buscar su propio cauce, lamiendo al poniente los
cimientos graníticos del istmo que liga la península fluvial de Toledo
con los cordones de cerros del N.O.
De ese modo, Toledo está incomunicada topográficamente por todos lados
ménos uno, teniendo á sus costados los profundos abismos del Tajo, que
desciende con suma rapidez por entre rocas estupendas tajadas casi
perpendicularmente. Ademas, en la cima de la inmensa roca donde reposa
Toledo, hay siete eminencias ó montículos desiguales, cubiertos de
edificios, plazas y calles. De ahí resulta que la ciudad tiene el
aspecto de una estupenda fortaleza, sin que su fisonomía pueda ser
abarcada con la vista, en su totalidad, por ningun lado. Toledo domina
todos los contornos, pero ningun punto domina á Toledo.
Para llegar, pues, á la ciudad por cualquier lado es indispensable, ó
pasar por uno de los puentes de _Alcántara_ y _San Martin_, ó penetrar
por la puerta de _Visagra_, que da sobre el istmo del noroeste. De todos
modos es preciso escalar ó trepar la montaña. Y en la ciudad misma, como
los siete montículos hacen muy desigual el terreno, es forzoso subir ó
bajar, por cualquiera calle que se tome, en una especie de círculo
vicioso que hace de Toledo la mas extraña poblacion. No puede tenerse
idea cabal, sin conocerla, de un laberinto semejante. El hombre mas
experto, el de la mas prodigiosa memoria de localidades, se perdería en
Toledo, sin el auxilio de un guia, al volver la segunda esquina de una
callejuela.
Casas desiguales y de construccion tosca y antiquísima encajonan todas
las calles, dándoles un aspecto lúgubre y siniestro, como si se
anduviese por los ásperos é irregulares senderos de una montaña. El
extranjero, al volver cada recodo, se hace la ilusion de que le espera
una celada morisca en alguna de las mil encrucijadas que se complican y
enlazan en la mas enredada trabazon. Donde quiera empedrados atroces,
murallones irregulares, repechos, ángulos y curvas indescriptibles que
desafían al mas hábil matemático por su ausencia de figuras
determinadas. Las mil callejuelas se cruzan, se bifurcan, se redondean,
se cuadran, se confunden, se rodean á sí mismas, se detienen
repentinamente en rincones sin salida, ó se prolongan en los mas
extravagantes pasajes, trazando una red indescriptible. Cuando cree uno
haberse alejado 500 metros de un punto, segun lo que ha marchado, se
encuentra en la direccion opuesta, á veinte pasos de distancia,
completamente desorientado. Aquella ciudad, esencialmente morisca en sus
detalles de ese género, parece haber sido combinada para las emboscadas,
los combates de guerrillas y las defensas inesperadas y formidables.
El orígen de Toledo carece de historia, pues es atribuida su fundacion
á razas diferentes, y no se conoce la época precisa de su aparicion. Los
Romanos la hallaron muy respetable ya, le daban importancia y la
hicieron capital de la provincia _Carpetana_. Conquistada por los Godos
en el siglo VI la hicieron capital de su corte y sus dominios. Dominado
el país en el siglo VIII por los Sarracenos, fué tambien el asiento de
los vireyes moros, y despues la capital del poderoso _reino de Toledo_.
Por último, recobrada en el siglo XI por el rey castellano Don Alfonso
VI, fué todavía la capital de los monarcas españoles, hasta que en el
siglo XVI trasladó Felipe II su corte á Madrid. Desde entónces comenzó á
decaer Toledo, aislada y sin industria, no obstante su condicion de
metrópoli de la iglesia católica en España.
* * * * *
No habiendo pasado en Toledo sino tres dias, que son suficientes para un
viajero que no es artista, apénas pude recoger impresiones rápidas.
Toledo es interesante por su tipo social y su mérito monumental; pero el
primero me importaba mas que el segundo, tanto mas cuanto que adolezco
de una completa ignorancia en materia de arquitectura, pintura y
escultura. Por lo mismo no puedo emitir _juicios_, so pena de copiar lo
ajeno (_arte fea_ en que estoy ménos versado aún que en _bellas artes_),
y solo indicaré las _emociones_ sentidas.
Toledo carece absolutamente de industria. Es una ciudad muerta ó por lo
ménos paralizada. Lo único que allí llama la atencion en lo económico es
la famosa fábrica de armas, situada á la márgen derecha del Tajo, al
poniente del istmo que he descrito. Me fué imposible visitarla, porque
estaba cerrada en esos dias con motivo de la Semana Santa, que los
pueblos españoles y sus análogos celebran con la ociosidad. Supe
sinembargo, que las armas toledanas eran de las mismísimas condiciones
que las de lejanos tiempos. Los siglos han pasado por encima, sin que
los forjadores se hayan dado por notificados, pues hoy los
procedimientos de fabricacion son los mismos que ahora cuatrocientos
años, sin que los productos hayan mejorado notablemente. La vieja España
machaca el acero con los mismos martillos. La civilizacion moderna no ha
llegado sino hasta la estacion de ferrocarril, al pié de Toledo. De ahí
para arriba.... ¡cuidado con tocar las telarañas!
En Toledo todo lo que es monumental es interesante y curioso; todo tiene
un tipo especial, que no se encuentra en ninguna otra ciudad española
con igual energía, aún en Valencia, Sevilla, Córdoba y Granada. Donde
quiera se ven alternando las construcciones góticas y las moriscas, así
como algunas del Renacimiento, resultando de esa promiscuidad los mas
curiosos contrastes.--Me detendré en los mas notables monumentos nomas,
que son las joyas de esa ciudad donde corrió la infancia de Quevedo y
yacen los restos del favorito ahorcado Don Alvaro de Luna, del poeta
Moreto y del historiador Mariana.
La catedral es, sin disputa, uno de las mas grandiosos templos católicos
de Europa. Todo es allí gigantesco, severo y sombrío, como las mas
típicas catedrales góticas. Si las formas exteriores y casi todo el
conjunto del edificio pertenecen á esa arquitectura majestuosa, hay
muchos detalles sinembargo, como la famosa capilla _Muzárabe_, que
corresponden al estilo morisco, por haber estado la catedral sujeta á
cambiamientos sucesivos. Su espléndido pavimento de baldosas de mármol
blancas y azules; sus cinco naves atrevidas sostenidas por ochenta y
cuatro columnas colosales; sus veintitres capillas cuajadas de oro y
ricos ornamentos; sus tres enormes rosetones y setecientas cuarenta y
siete ventanas ogivales ó circulares cubiertas de vidrios primorosos de
colores pintados al fuego; los mil adornos de las columnas y de las
setenta y dos bóvedas de las naves, de una ligereza superior; la
magnificencia de las sillerías del coro, cuyos bajos relieves son
admirables; el esplendor de los _tesoros_ ó joyas que pertenecen al
templo; los ecos profundos de los órganos, repitiéndose en mil senos de
piedra; la solemne oscuridad del recinto; los preciosos cuadros de
pintura que adornan los sombríos muros; y el hormigueo de la multitud de
piadosos y curiosos, circulando como átomos bajo la estupenda mole:
todo eso hace de la catedral de Toledo, el juéves santo, un monumento
que asombra, impone, embelesa y hace enmudecer....
Allí se comprende todo el poder de la fe, que no solo inspirara á los
artistas de la Edad media, sino que les diera á sus pueblos-obreros la
fuerza titánica para levantar esas montañas labradas de granito y piedra
comun, cuajándolas de primores que revelan toda la tenacidad paciente de
una creencia y las extravagancias de la supersticion. Allí se comprende
tambien la fuerza de propaganda que ha tenido el catolicismo en otros
tiempos, mediante la poderosa fascinacion ejercida sobre las
muchedumbres por la majestad de los templos y la pompa soberana del
culto[2].
Yo comparaba la inmensa riqueza encerrada en el «Tesoro» de la catedral,
con la profunda miseria de las clases inferiores de Toledo, ciudad que
vegeta en el aislamiento, sin industria, comercio, ni agricultura
importante, y me decia con tristeza: «¡Qué bien haría la Vírgen de esta
catedral si, imitando á Isabel la Católica, no ya para descubrir un
mundo sino para resucitar á Toledo, destinara sus joyas de valor
fabuloso para un ferrocarril que comunicase á esa imperial ruina con
todos los pueblos del magnífico valle del Tajo!» De cada catedral de
España, sin contar mas que los valores de lujo, puede salir un
ferrocarril; pero no hay riesgo de que salga nada, sin que por eso
falten las entradas.
Sin contar catorce conventos suprimidos de frailes, y veintitres de
monjas, Toledo tiene ademas de la catedral veinte iglesias parroquiales,
nueve capillas públicas y seis _muzárabes._ Asi, pues, los habitantes no
alcanzan para las iglesias. Despues de la catedral, las mas notables
como monumentos son: _San Juan-de-los-Reyes_, _Cristo-de-la-luz_, el
_Tránsito_ y _Santa María-la-blanca_;--las dos últimas, antiguas
sinagogas. Es curioso observar que en Toledo habia durante la dominacion
moruna seis iglesias, llamadas _muzárabes_, donde los cristianos
mantenian públicamente su culto, con expreso consentimiento de los
Moros. Parece que aquellos _bárbaros_ infieles eran amigos de esa
iniquidad de la filosofía moderna que se llama _tolerancia religiosa_.
La Inquisicion española les pagó mas tarde á los Moros esa tolerancia en
muy buena moneda....
Los reyes de España tenian la costumbre piadosa de celebrar sus triunfos
militares con la ereccion de iglesias, ora se tratase de los Sarracenos,
ora de los Portugueses ú otros enemigos. A la victoria de Toro, obtenida
contra los de Portugal, debe su existencia la preciosa iglesia de _San
Juan-de-los-Reyes_, de un gótico florido delicioso, mandada construir en
1476 por Fernando é Isabel; como se debe al triunfo de Don Alfonso VI,
conquistador de Toledo á fines del siglo XI, la importancia de la
curiosísima capilla denominada _Cristo-de-la-luz_, donde se ofició la
primera misa despues de vencidos allí los Sarracenos. Llaman la atencion
en lo exterior de la iglesia de los _Reyes_ una multitud de grilletes,
cadenas y otros instrumentos de prision, pendientes de los muros para
recuerdo de los mártires de España, pues todos esos fierros les fueron
aplicados en Granada á los prisioneros que estuvieron en poder de los
Moros.
Si la iglesia, de una sola nave, formando cruz latina, es de suma
elegancia y bella ornamentacion, el claustro no es ménos interesante,
apesar de sus escombros, provenientes de un terrible incendio en 1809.
Es curioso un enorme trozo de mosaico excelente que yace casi abandonado
en el zaguan. En el piso alto llama la atencion un museo de cuadros de
pintura, comenzado en 1840, compuesto de 730 cuadros y establecido
justamente en la celda del famoso cardenal Jiménez de Cisneros, primer
novicio del convento allí fundado.
_Cristo-de-la-luz_ es una curiosísima miniatura de _iglesia_, cuyo
mérito está no solo en el orígen y la antigüedad sino tambien en sus
proporciones singulares. Mide aquel juguete de mezquita bautizada unos
18 piés de largo sobre 14 ó 15 de ancho, con la altura proporcionada, y
es de estilo byzantino-arábigo, con tendencias en algunos detalles á la
transicion del primer al segundo período del gracioso arte sarraceno.
Seis navecillas cruzadas en opuestas direcciones, de tres en tres, y
sostenidas por cuatro columnitas de granito, muy toscas, en que reposan
arcos en forma de herradura, constituyen la bóveda, que se divide en
nueve cúpulas casi microscópicas, todas diferentes, aunque análogas en
su estilo. Si se pudiera arrancar y trasportar con sus cimientos aquel
juguete de arquitectura morisca, podría figurar en el mejor museo de
antigüedades como una joya de inapreciable valor.
La iglesia llamada hoy _Santa María-la-blanca,_ abandonada y desierta,
fué una elegante sinagoga, construida hácia fines del siglo XI por los
judíos de Toledo; corresponde á la época de transicion ó segundo período
del estilo árabe; y tiene adornos y formas interiores de un gusto
delicioso. El techo es un precioso artesonado de cedro, y todo el cuerpo
está dividido en cinco naves; siendo el total un cuadrilongo que mide
como 80 piés de longitud por unos 62 de anchura y 50 de elevacion en el
centro. Sostienen la techumbre 32 columnas octógonas, estucadas, en
cuatro filas iguales, y sobre sus capiteles se alzan 28 arcos en
herradura, con bellos arabescos, los cuales apoyan otros órdenes de
columnitas preciosas, pareadas, que soportan inmediatamente los
artesonados. Estas construcciones, que me eran enteramente desconocidas
(si no es en fotografías), tenían á mis ojos un encanto infinito, y me
hacian evocar mil recuerdos de la historia de los pueblos orientales,
leidas en los años de mi primera juventud. Bajo el pavimento mismo hay
subterráneos profundos que guardan los restos de muchos israelitas.
¡Cuánto no me hacia meditar sobre las peripecías de la humanidad el
abandono de aquel antiguo santuario de una raza que, perseguida durante
diez y ocho siglos por todos los pueblos en inmensa y atroz gavilla, ha
regenerado al mundo en el siglo XIX, con el poder de sus enormes
capitales y su actividad industrial y comercial, poblando á la Europa
de Bancos, ferrocarriles, almacenes y fábricas! Los israelitas se han
vengado de los pueblos perseguidores, dándoles el progreso y la
prosperidad y organizando el crédito....
No ménos curiosa, aunque de proporciones muy distintas, es la otra
sinagoga, llamada hoy iglesia del _Tránsito,_ construida á mediados del
siglo XIV. Don Pedro el Cruel no lo era mucho, segun parece, con los
judíos ricos, y le permitió á su famoso tesorero y favorito, Samuel
Levi, la ereccion de aquel bello santuario de la religion israelita. Su
única nave sostiene un precioso artesonado; los muros son de un
delicioso estuco, adornados con lindos _azulejos_ en mosaico, y labrados
con los mas primorosos arabescos del tercer período de la arquitectura
árabe, completamente andaluza. Aquella sinagoga se asemeja por muchos de
sus pormenores á un espléndido salon de la _Alhambra_ ó del _Alcázar_ de
Sevilla.
Basta de iglesias para el paciente lector. A propósito de Don Pedro el
Cruel, es notable por su interes histórico y sus sombrías proporciones
la casa ó palacio que habitara en Toledo aquel salvaje coronado. Es un
edificio informe y pesado, que da la idea de los calabozos y causa
cierto estremecimiento al viajero que conoce algo las viejas historias
de la vieja España. Aparte del admirable escombro del _Alcázar,_ son
interesantes en Toledo: algunas de sus puertas monumentales, que dan
acceso á la ciudad por caminos en caracol, sostenidos por estupendos
murallones; el magnífico puente de _Alcántara,_ de un solo arco y todo
de granito; y el colegio militar, edificio que fué convento y en cuya
fachada, capilla, claustros y escalera monumental puede admirar el
viajero una multitud de objetos de arte muy interesantes.
Por lo demas Toledo es en su totalidad un inmenso y complicado
monumento. Allí todo es curioso y singular, todo llama la atencion y
obliga al extranjero á detenerse á cada paso. En cada calle, en cada
esquina, en cada portal ó muro, balcon ó ventana, se ve algun objeto
precioso para el anticuario, sorprendente para el viajero que por
primera vez recorre una ciudad tan especial como aquella. Aquí se da
con un trozo de mosaico precioso, una bella baldosa de mármol, un busto
raro de piedra ó una inscripcion histórica; allá con una ventana ogival,
un balcon morisco, un curioso mirador, un torreon gótico ó un escombro
lamentable. Toledo es el cementerio magnifico de dos civilizaciones, de
dos razas; cada edificio es una tumba y cada puerta ó muro contiene un
epitafio....
Apresurémonos á hablar rápidamente de esa maravilla pretérita que se
llama el _Alcázar_, para acabar con lo monumental y mostrar al lector
algunos rasgos de la fisonomía social de Toledo. Esa admirable ruina
está situada al lado oriental de la ciudad, sobre una eminencia,
dominando al mismo tiempo á Toledo y las profundidades del Tajo. Los
cimientos y diferentes cuerpos y fachadas del Alcázar datan de épocas
muy distintas. Fundada en el mismo sitio una fortaleza romana, despues
goda y en seguida árabe, el conquistador de Toledo, Alfonso VI, varias
veces mencionado, le dió mas grandiosas formas, haciendo gobernador del
castillo nada ménos que al heróico Cid campeador. Muchos reyes mejoraron
sucesivamente el famoso fuerte, hasta que Cárlos V resolvió demolerlo en
casi todas sus construcciones superiores, conservando solo una fachada
gótica, los sótanos y los formidables cimientos. Felipe II terminó la
obra, invirtiéndose en ella los cincuenta años trascurridos de 1534 á
1584, y trabajando allí los mas eminentes artistas, como Villalpando,
Covarrubias y Juan de Herrera. En 1710 fue incendiado el admirable
palacio-fortaleza por las tropas aliadas que luchaban contra Felipe V en
la guerra de sucesion. Restaurado con esmero, incendiáronlo á su turno
en 1810 las tropas francesas invasoras, dejándolo reducido á un sublime
escombro. Hoy no quedan sino los muros interiores y exteriores, los
torreones rotos, las cuatro espléndidas fachadas, los sótanos y
cimientos; sin techumbres ningunas, despedazados los arcos que ligaban
los muros, vacíos los huecos de los balcones y todo en ruina.
!Pero qué ruinas! Aquello es imponente y grandioso como una montaña
desnuda, de indestructible granito y de ladrillo durísimo. Al vagar en
medio de aquellas masas colosales, por esas enormes escaleras de
piedra, sobre tantas bóvedas de inaudita fuerza y audacia singular, y en
los oscuros abismos de los inmensos subterráneos (que en un tiempo
abrigaron regimientos enteros de infantería y caballería), se siente uno
poseido de un respeto profundo por el genio de los artífices, y
adquiere, interrogando los ecos de esas formidables obras, la idea
completa de una civilizacion terrible, fundada en la fuerza y el
antagonismo artificial, de cuyo seno ha nacido, por uno de esos
prodigios del divino misterio del progreso, la nueva civilizacion que
tiene su solo principio en la libertad y la justicia.
El _Alcázar_ es un cuadrado de 200 piés por lado, que presenta cuatro
fachadas diferentes, espléndidas, que no obstante cierta armonía general
corresponden á diversos estilos de arquitectura, predominando el del
Renacimiento. Una de las fachadas, la mas antigua, es gótica por su
carácter general, aunque por sus detalles, posteriores, es del mismo
Renacimiento. Cuatro torreones gigantescos, en los ángulos, encuadran el
edificio, dándole aspectos diferentes segun el lado por donde se le
contempla. Se compone de tres cuerpos ó pisos, sin contar el de los
sótanos, que se ve por un lado. El interior es de una esplendidez que
arrebata, á pesar de su estado ruinoso. Los estupendos sótanos, de aquel
palacio-fortaleza podian contener millares de soldados, de prisioneros y
caballos, los víveres, y municiones y armas en grande escala; en fin,
toda una fuerte guarnicion ó pequeño ejército, capaz de resistir por
largo tiempo el asedio. Un inmenso subterráneo conducia desde el fondo
de aquella montaña artificial hasta la márgen muy lejana del Tajo, á una
gran profundidad, para poder dar de beber á las caballerías, coger agua
del rio, etc., etc. Tal era de grandioso el sistema de arquitectura de
la vieja España, que ha dejado en todas partes los mas soberbios
monumentos.
* * * * *
Nada mas curioso que el espectáculo de las plazuelas y callejuelas de
Toledo, durante la procesion del juéves santo. Aunque naturalmente se
escogen para el paso del Cristo y de la Vírgen las calles ménos
_imposibles_, el acompañamiento eclesiástico y popular tiene que pasar
por las mas grandes crujidas para hallar salida por aquellos pendientes
y endemoniados pasadizos al aire libre. Todo el mundo se estrecha, se
codea, se pone en prensa y estrangula, resultando de la confusion y los
apuros los mas curiosos contrastes en los mil grupos que se agitan entre
aquellos desfiladeros. El lujo suntuoso de la gran dama madrileña ó
toledaña, cubierta de terciopelos, de ricos encajes y de joyas, tiene
que frotarse allí contra la capa raida de paño ya pelado, un tiempo
carmelita claro y luego de un amarillo mugriento inescrutable, que es el
ornamento indispensable del toledano,--obrero, tratante ó mendigo, así
como del manchego y todos los habitantes de las dos Castillas.
En Toledo faltan absolutamente en las clases inferiores esos atavíos
pintorescos, de colores vivos y cortes caprichosos, que se ven en
Valencia, en Sevilla y otras poblaciones ménos impregnadas de los usos
castellanos. En Toledo todo es triste, y el hombre de alguna comodidad,
como el menestral y el mendigo, tienen todos un aire de vetustez, de
tristeza, de ruina y de miseria que los hace sombríos á los ojos del
viajero. Cuando vagaba yo en medio del largo y complicado tumulto de la
procesion, arrebatado en todas direcciones por una onda de capas
amarillentas y mantillas negras, me parecia asistir á un carnaval de la
muerte. Sobre mi cabeza, á uno y otro lado, veia los bajos balcones
repletos de mujeres y niños, con aire de aplastar á los transeuntes
cayendo como enormes racimos; miéntras que el aspecto de las calles y la
movilidad de los sombríos grupos tenian no sé qué semejanza con las
menudas olas y los grupos de rocas negras, en el seno de un arrecife,
agitándose desordenadamente en un dia de borrasca.
Las bandas de mendigos pululan y circulan allí por todas partes,
asediando al extranjero sin tregua. Rendido de luchar con las masas
movientes en la procesion, fuí á sentarme en un banco de piedra, á la
sombra de algunos árboles en la plaza principal, llamada del _Horno de
Bizcochos_. Tenia sed y compré unas naranjas. Cayéronme al punto, en
gavilla cerrada, siete ú ocho muchachos hambrientos, de los mas
cercanos, pidiéndome cada cual una naranja, ó un _chavito_, como llaman
los mendigos la moneda de cobre denominada _ochavo_. Alejáronse
contentos al recibir algunas monedas, y yo creia quedar en libertad para
comer tranquilamente mis naranjas. Pero en breve arremetieron de nuevo,
en mayor número, á disputarse las cortezas que yo arrojaba al suelo; y
hube de ponerme en salvo para no claudicar entre aquella vorágine de
mendigos impúberes. No les bastaron las monedas y las naranjas, pues en
un instante se tragaron todas las cortezas, como si fueran pedazos de
pan!
Aquella escena me afectó profundamente, tanto mas cuanto que sabia que
tal ejemplo de miseria no era una excepcion. Toledo, por mucho que se
haga, no saldrá de la miseria. Es un escombro que no tendrá resurreccion
sino á virtud de esfuerzos inauditos. Siendo la metrópoli eclesiástica
del país (donde los canónigos son muy dichosos) y teniendo un gran
colegio militar y una guarnicion, admirables monumentos y carencia
absoluta de industria, Toledo es un conjunto de cuatro tipos principales
que se revelan en cuatro vestidos diferentes: la sotana del clérigo, el
uniforme de vueltas amarillas y rojas del militar, el elegante _paltó_
del extranjero curioso, y la capa raida y nauseabunda del mendigo.
Fundada con un destino militar, segun las ideas de otra
civilizacion,--para ser una fortaleza--el aislamiento es la condicion de
Toledo. No puede tener industria, porque carece de agua para mover
máquinas, no habiendo sino aljibes ó cisternas; ni tiene elementos para
el comercio y la agricultura, por su posicion excepcional. Toledo, pues,
seguirá siendo una ruina sublime, una estupenda curiosidad y nada mas:
el museo de la vieja España, custodiado por clérigos, militares y
mendigos!...