reputacion (usurpada la una y legítima la otra) de la _olla podrida_ y
el vino de _Valdepeñas_. Durante los tres dias que pasé en la imperial
Toledo, tan magníficamente cantada por Zorrilla, me vi forzado á
renunciar á la carne, recibiendo la ley de la situacion. Pero como no
habia pescado, ni huevos, ni leche, quedé á discreción de los garbanzos
cocidos y otras iniquidades de la cocina española, neutralizando algo mi
desdicha con buenos tragos de un exquisito _Valdepeñas_. Este,
sinembargo, tenia el atrevimiento de subírseme á la cabeza, sin la menor
ceremonia, obligándome á multiplicar los _brebajes_ de café. Tuvo al fin
piedad de mí la posadera y me mandó servir _puchero_.--«_Un puchero_
español! me dije con trasporte; vamos, esto será mejor que la Catedral y
el Alcázar.»
!Mentirosa ilusion! Yo habia hecho ya algunas experiencias poco
satisfactorias en Barcelona y Valencia, respecto de la _olla podrida_, y
la habia encontrado tan sofística como la monarquía constitucional en
España. En Toledo se acabó la ilusion; el _puchero_ legitimo terminó su
mision sobre la tierra española; hoy pertenece á la historia, como la
antigua grandeza del pueblo conquistador del Nuevo Mundo. Hoy no quedan
de las glorias del _puchero_ sino los innobles garbanzos cocidos,
capaces de indigestar á un elefante, el vil chorizo y el desvergonzado
tocino, que ha perdido su importancia desde que los moros y judíos han
aceptado las impiedades de la cocina y la bodega cristianas. Desengañado
y hambriento, hube de consagrar en Toledo todo mi culto gastronómico á
las ricas naranjas valencianas y el atrevido Valdepeñas.
Apesar de algunas impresiones desagradables, Toledo me habia complacido
mucho por sus enseñanzas de carácter social, no ménos que por sus
monumentos. Habia podido comparar la vieja España, representada en
Toledo, con la España regenerada y progresista, revelada en Barcelona y
Madrid:--la primera basada en el aislamiento, inmóbil, indolente,
rezandera en demasía, miserable y mendicante: la segunda buscando el
progreso en la libertad y el movimiento, despreocupada, tolerante y
pensando seriamente en lo porvenir. Me despedí de Toledo como el que
acaba de visitar un sepulcro y sale del cementerio á pasos largos,
volviendo á mirar hácia atras de tiempo en tiempo, con un sentimiento
mezclado de tristeza y esperanza....
* * * * *
CAPITULO V.
* * * * *
LA MANCHA.
Dos compañeros de viaje.--Aspecto del pais.--Recuerdos de Don
Quijote.--Las poblaciones manchegas,--La Sierra-Morena.
El mes de abril terminaba y era llegado el momento de visitar la fértil
y hermosa Andalucía, tan llena de recuerdos, tan pintoresca y original
en todo. Tomé el ferrocarril de Alicante; pasó el tren por Aranjuez,
Castillejo y Villasequilla, y á 100 kilómetros de Madrid descendí del
wagon, en Tembleque, para tomar asiento en la diligencia que debia
conducirme á Granada, atravesando los _Montes de Toledo_ y la
_Sierra-Morena_, y pasando por Jaen. _La Mancha_ habia comenzado entre
Aranjuez (que pertenece á la provincia de Madrid) y Castillejo,
poblacion que corresponde á la de Toledo. Esta provincia y la de
Ciudad-Real, separadas en parte por la serranía de los Montes de Toledo,
constituyen la region de planicies y montañas desnudas que tenia la
denominacion antigua de _la Mancha_.
Tembleque es un punto importante en las comunicaciones interiores de
España, pues no solo pasa por allí el principal ferrocarril, sino que de
ese centro parten las carreteras que conducen por un lado hacia Granada
y Málaga, Cordoba, Sevilla y Cádiz, y por otro á Ciudad Real y Badajoz,
por el centro de la hoya del _Guadiana_. Con un caserío casi miserable,
un terreno llano, pobre y pantanoso, y dominado al sur por los cerros de
_Toledo_, Tembleque no ha comenzado á resucitar sino á virtud del
ferrocarril de Alicante. Su poblacion alcanza apénas á unos 4,000
habitantes, de vivir estacionario en su mayor número, no obstante la
produccion de cereales, vinos, algun ganado lanar y varias fábricas de
paños burdos y salitre.
Al comenzar mi viaje á la Andalucía quiso la fortuna protegerme.
Almorzando en la cantina (ó _buffet_) de la estacion de Tembleque, hallé
que mis compañeros de diligencia iban á ser dos caballeros franceses que
viajaban por placer. No podian hablar ni una palabra en español, y
parecian ser sujetos de distincion, capaces de agradar é instruir á un
compañero. Su itinerario era igual al mio, y tenian para mí la ventaja
de no ser _parisienses_. Yo deseaba muchísimo conocer en la intimidad el
tipo del Frances distinguido _de provincia_, porque en lo general no
estaba muy pagado del hombre de mundo parisiense. Queria instruirme
tambien en las cosas relativas á la vida provincial en Francia, viajar
asociado á personas inteligentes y observar la manera como los Franceses
juzgan á España. Quedamos, pues, convenidos en que yo sería su
intérprete y en que nos trataríamos como viejos amigos. Ellos
correspondieron tan bien á mis deseos, que hoy, al cabo de mucho tiempo,
veo en ámbos dos personas que no me dejarán nunca olvidar cuanto hay en
Francia de bueno y honorable.
La casa ambulante llamada «diligencia» partió arrastrada por diez mulas
que saltaban como demonios, conduciendo unos 17 huéspedes á discrecion
de 13 brutos (suponiendo que los conductores merezcan ser clasificados
con las mulas). En breve salvamos los Montes de Toledo por una de sus
mejores abras, y nos hallamos en plena _Mancha_, en la grande hoya ó
planicie que tiene por centro al rio _Guadiana_, comprendida entre las
serranías de _Toledo_ y _Morena_, y prolongándose por la Estremadura, al
occidente, hácia Portugal. Toda esa vasta region que cruzábamos de norte
á sur, es mas bien una serie de planicies mas ó ménos extensas que una
gran planicie ó valle. Donde quiera el terreno está entrecortado, ora
por estribos de las serranías laterales, que se avanzan hácia el centro,
ora por cordones ó grupos aislados de pequeñas colinas que limitan el
horizonte.
Las serranías que dominan la comarca, desnudas y casi totalmente
estériles, la sequedad del terreno, su composicion general de aluviones
diferentes en la parte llana, las multiplicadas colinas en declive, y la
manera como giran los vientos sobre tan vasta fosa encerrada por todos
lados entre serranías; todo eso ha determinado no solo la naturaleza de
las producciones de la Mancha, sino tambien el aislamiento, la
inmobilidad, las costumbres y el espíritu de las poblaciones manchegas.
No he visto jamas soledades mas extrañas. Allí se reunen la idea de la
opulencia y la de la desolacion, del hambre y la abundancia, de la vida
y la muerte. No hay en España una comarca que revele tan claramente como
la Mancha la funesta accion de los malos gobiernos españoles, la
incapacidad de los partidarios del aislamiento, los vicios de las
instituciones monásticas y todo lo que constituyó el pasado de la
sociedad española.
El suelo de la Mancha, arenoso-arcilloso en lo general (exceptuando las
rocas de caliza y granito en las montañas) es un inmenso filtro. Donde
quiera que no hay pantanos (y estos son numerosos) la sequedad exterior
del terreno es absoluta; las corrientes de agua rarísimas. Las aguas
penetran fácilmente la capa exterior arenosa y se detienen en otra mas
espesa de arcilla, superpuesta á sedimentos muy sólidos. De ahí viene
que miéntras el agua falta casi completamente en la superficie, se la
encuentra con facilidad y en abundancia haciendo excavaciones ó aljibes,
llamados en el país _norias_. El agua, saturada de las sales aglomeradas
en los sedimentos calizos interiores, sale á torrentes (para perderse
otra vez si se le da curso) por medio de sogas de cerda sumergidas en
los aljibes, unidas á un mecanismo rudimentario que mueve alguna mula
vieja volteando sin cesar al derredor del pozo. Es curioso para el
viajero ver en la mitad de una llanura desierta y abandonada uno de
esos pozos, que tienen como la forma exterior de un horno, donde la
impasible mula da vueltas y vueltas para hacer surgir el agua, sin que
nadie la guie. El hábito tiene allí el lugar del hombre; el animal
trabaja sólo hasta por dias enteros.
Siendo el terreno tan húmedo en el interior y seco en su capa exterior,
y surcado por colinas y planos inclinados, que son como los estribos
ondulosos de las serranías, se determinan tres géneros de produccion
bien demarcados. En los cerros, y las colinas ásperas, como en las
llanuras estériles, pacen grandes rebaños de ovejas, cuya lana ofrece
valores considerables y alimenta algunos telares en las poblaciones en
que se fabrican paños y telas muy ordinarias para el consumo mismo de
los manchegos. En las bajas colinas y pendientes suaves crecen los ricos
y extensos viñedos escalonados frecuentemente en forma de anfiteatros; ó
se alzan pequeños olivares que aumentan con su tinta gris la melancolía
de los paisajes uniformes. Por último, en las llanuras ondulan océanos
de trigo, cebada, avena y centeno, que al soplo del viento producen en
el vasto horizonte los mas bellos reflejos de esmeralda ú oro, segun el
estado de las sementeras. Tal es la Mancha, como país agrícola, en sus
principales caractéres.
Pero no sin razon he llamado _océanos_ las plantaciones de cereales. La
Mancha da la idea del mar por su uniformidad de aspecto, como por su
inalterable soledad y su tristeza que acongoja. Ni un canto, ni un
relincho, ni un eco en las llanuras! Aquella comarca es un inmenso
cementerio, con toda la desolacion y la fertilidad de los campos...de la
muerte.... El viajero anda leguas y leguas y no ve una casa, ni un sér
humano, ni una vaca ó animal doméstico. Entre una y otra poblacion no
hay mas que el desierto. Allí no existen la vida campestre, ni el
paisaje sencillo y gracioso de la casa rústica, ni el campesino, en la
estricta acepcion de la palabra. No hay mas que ciudades, villas y
campos abandonados. ¿Quién cultiva, pues?--¿quién cuida de esas
interminables plantaciones de cereales y esos olivares y viñedos?--La
naturaleza. El hombre es un vago ú mendigo que duerme ó pide limosna,
miéntras que la naturaleza lo hace todo. Donde quiera reina el
silencio....
La tristeza domina en la Mancha aún en las cercanías de las poblaciones,
donde está concentrada _toda la vida_ social. Despues de atravesar
vastas campiñas donde no se ve un árbol, _ni uno solo_, ni mas que
tierra y cielo, al acercarse á una poblacion se comienza á ver por todos
lados un enjambre de _norias_ y molinos de viento, dispersos en las
llanuras al derredor del caserío; al mismo tiempo que se distinguen en
alguna pequeña eminencia vecina multitud de montículos de tierra, con
puertecitas enanas y una especie de cúpula tosca en la parte superior,
que tienen el aire de sepulturas de indios (las _huacas_ colombianas) ó
de grupos de hornos. Son las bodegas de los vinos manchegos, cavadas en
la tierra al aire libre y cielo abierto, que corresponden por su estado
primitivo á la vida estacionaria de las poblaciones de la Mancha.
Todo se encuentra allí tal como lo halló Don Quijote en sus
caballerescas peregrinaciones. Las _Maritornes_ abundan y son las
mismas; _Sancho_ asoma la cara por todas partes, siempre conservador,
malicioso, bonachon y reacio al movimiento; los molinos de viento se
mueven con la misma regularidad que en la época en que el ilustre
_Manchego_ lo apostrofaba y alanceaba sin piedad; los mulos y los asnos,
los aparejos, las capas, las mantas, los muebles, cuanto es visible
allí, mantiene con fidelidad las tradiciones reveladas por el inmortal
prisionero de Argamasilla. Creo que los alcaldes rebuznan hoy en los
mismos _tonos_ que los dos que hicieron decir á Cervantes:
«No rebuznaron en balde El uno y el otro alcalde,»
Los siglos han pasado por encima de la Mancha, sin modificarla en nada,
como si el Tiempo se hubiera dicho:--«_Hay comarcas que es mejor no
meneallas_.»
Con excepcion de Manzanares, villa de mas de 10,000 habitantes, donde,
gracias al cercano riachuelo _Azner_, hay algunas alamedas vergonzantes
que sorprenden al viajero en esas soledades, las demas poblaciones
parecen vivir como en el desierto. Donde quiera la mugre, la vetustez,
el abandono y la ruina; casas horribles, pesadas y deformes, con
portones enormísimos y ventanas microscópicas; calles tortuosas, sin
pavimento, con profundos lodazales ó montones de piedras en desórden; un
silencio sepulcral en todas partes; edificios arruinados y ausencia de
artes y comercio; bandas de mendigos hambrientos, en número fabuloso,
que vagan por las calles como espectros, espiando con ansia la llegada
de una diligencia para caer sobre los viajeros, rodearles en gavilla,
oprimirles, y acribillarles literalmente, hasta obtener de todos y cada
uno algun _cuarto_ ú _ochavo_, un pedazo de pan ú otra cosa; todo
acompañado del mas horrible clamoreo que imaginarse pueda.
Cada una de aquellas poblaciones es un término medio entre las ruinas,
el cementerio y la cloaca, donde reinan la miseria, la inanicion, la
estúpida vagancia, la supersticion, la envidia y el hambre.... Es
doloroso y repugnante ver cómo se insultan y maltratan mútuamente
aquellos innumerables mendigos, de todos sexos y edades, disputándose
los viajeros como presas de campaña,--medio cubiertos de horribles
harapos, cuyo aspecto es doblemente triste por la tinta amarillenta de
las telas de lana que sirven de vestido comun.
¿Cómo explicar esa espantosa miseria y esa inmobilidad de tantas
poblaciones en el seno de vastísimas campiñas de una fertilidad
prodigiosa? El aislamiento, los malos ejemplos y las malas instituciones
lo explican todo. Los conventos, haciendo de la ociosidad y la
mendicidad costumbres venerables á los ojos de la muchedumbre ignorante
y supersticiosa, han degradado en todos sentidos á esos pueblos tan
favorecidos por la naturaleza en algunas cosas. En cuanto al Gobierno,
debo repetir la frase que en otro lugar he emitido. «Él ha hecho el
papel del perro del hortelano.» Partiendo de la idea del monopolio y la
centralizacion, ha querido reglamentarlo todo. Impotente, no ha hecho
nada; egoista, no ha dejado hacer; amigo del aislamiento, ha cerrado la
puerta á las comunicaciones. La Mancha ha podido ser muy rica y feliz
con solo dar salida al enorme producto de sus tierras, casi espontáneo,
en cereales principalmente, y en vinos, aceite, lanas y otros artículos.
Pero enclavada entre serranías, sin caminos, sin libertad de cambio ni
de industria, y viciada la poblacion por hábitos de ociosidad y
obediencia pasiva, la vida de la Mancha (si la vegetacion puede llamarse
_vida_) se ha concentrado en las ciudades y villas. Así, los campos han
quedado desiertos, sin casas, ni árboles, ni irrigacion; y en las
poblaciones se ha perpetuado la miseria por la concentracion de brazos
ociosos.
Y esa concentracion, que se nota en las dos Castillas principalmente, ha
sido, á su turno, la causa de la persistencia de los malos gobiernos. El
hombre del campo es, en lo general, el mas independiente, en igualdad de
circunstancias, ya por la vida que lleva y el influjo de la naturaleza
que le rodea, ya porque la accion de la autoridad le alcanza ménos.
Concentrada la poblacion en las ciudades y villas, no solo se acaba la
vida entre pueblo y pueblo, sino que, siendo mas inmediato y activo el
peso de la autoridad sobre muchedumbres ignorantes y abyectas, la
obediencia pasiva las amolda á toda tiranía, las degrada del todo, y la
centralizacion absoluta se hace mas fácil de establecer y mas durable.
Creo haber encontrado la clave de casi todos los fenómenos sociales que
distinguen á las Castillas de la España catalana, morisca y vascongada,
en esa diferencia sustancial que se nota en la manera en que la
poblacion se ha concentrado ó distribuido.
Una vez cruzada la serranía de los Montes de Toledo, dejando atras, al
norte, la grande hoya del Tajo, el vasto panorama parecia ser el mismo,
porque hay una singular semejanza entre esa hoya y la del Guadiana.
Yendo á todo trote, veíamos á lo léjos distintamente con el auxilio del
anteojo, sobre una eminencia, recostada á un contrafuerte de la serranía
que acabábamos de cortar, la antiquísima ciudad de _Consuegra_, de unos
9,000 habitantes (perteneciente á la provincia de Toledo); allí quedan
aún los restos de grandes obras romanas, y se destacan sobre una colina
abrupta los escombros de un antiguo castillo que pasa por ser obra de
Trajano. Pásase luego por la villa de _Madridejas,_ que cuenta unos
7,000 habitantes, y cuyo tipo no requiere descripcion, porque en la
Mancha todo es uniforme. Despues de esa villa termina la provincia
toledana y comienza adelante la de Ciudad-Real, que tiene su límite
meridional en el centro de la Sierra-Morena.
Vense á la izquierda de la via los pobres pueblos de _Herencia y
Camuñas_; cortase la garganta montuosa llamada _Puerto-Lapiche_, donde
vegetan entre colinas rocallosas unos quinientos paisanos de Sancho
Panza; se cruza la triste comarca de _Villalta_, donde chapotean como
patos solitarios otros 227 manchegos, entre lagunas sin desagüe; y en la
mitad de una fértil pero mal cultivada llanura se da con _Manzanares_,
villa importante, que tiene algunas huertas en sus egidos, pero que
produce sinembargo ménos _manzanas_ que mendigos. Eran ya las diez de la
noche cuando llegamos, hambrientos y molidos, á la ilustre _Valdepeñas_,
ilustre por sus vinos populares, que no por otra cosa. Cualquiera podría
pensar que los 10,800 habitantes de ese _valle-de-peñas_ vivirían medio
achispados, tomando el gusto á sus pipas y haciendo de cada bodegon una
Cápua. Nada de eso en España los pueblos que beben ménos vino son los
que mas lo producen; su sobriedad es singular, y casi todos prefieren el
uso de aguas de mala calidad.
La mesa estaba servida en el parador de las diligencias, y hacia los
honores una hostelera de mal humor, término medio entre doña Dulcinea y
Maritornes, que nos abrumó con gallinas y perdices compuestas de todos
los modos imaginables, y los consabidos garbanzos cocidos, tan sólidos
como piedras de macadamizar. Allí bebí el peor vino de Valdepeñas que
encontrara en España, «En casa del herrero azada de palo». Con excepcion
de las grandes ciudades, donde en _algunos_ hoteles ó fondas se sirve
con gusto, España es un país donde la mesa es una cuestion de _cantidad_
mas bien que de _calidad_. Aquel es un pueblo sobrio y frugal, y
sinembargo el _gusto_ de los hosteleros consiste en aglomerar montones
de platos, sin orden ni discernimiento, como si solo se tratara de
_hartar_ al huésped ó viajero. De ahí resulta muchas veces el efecto
contrario, porque muchos platos no son sino _ediciones_ distintas del
primero que entra en la escena gastronómica.
No habíamos acabado de limpiarnos la boca cuando el implacable Mayoral
nos llamó á la diligencia. Era preciso hacer la digestion á saltos,
despues de haber comido en abreviatura bajo el régimen _gallináceo_
¡Imposible dormir en aquella cueva que se llama _berlina_, tieso como
estaca y sacudido atrozmente por el armatoste que, tiene por piloto al
Mayoral! Pasamos por _Santa-Cruz-de-Mudela_, poblacion de 5,500 almas,
silenciosa como una tumba, entre las sombras de la noche; y al tocar en
_Almuradiel_ (con unos 600 habitantes) comenzamos á trepar las
encrucijadas de la Sierra-Morena, donde por tanto tiempo tuvo sus
altares el dios _Caco_, entre desfiladeros horribles y formidables
peñascos de granito. Aquellos tiempos han pasado enteramente; el
salteador de estilo _heróico_ ha cerrado sus estudios en casi toda la
península española, y su herencia ha sido recogida en las ciudades por
hijos mas distinguidos y civilizados. Sierra-Morena está mas tranquila
que una iglesia cerrada, y los que ejercian su industria allí han sido
desbancados por Ministros de Estado, jugadores de Bolsa, contrabandistas
aristocráticos, canónigos vendedores de bulas, diputados y otros
personajes ilustres y de intachable honorabilidad, que persiguen con
rigor y energía el vicio, la vagancia, el delito...y el dinero.
Nada mas grandiosamente vago, romántico y solemne que la escena que se
ofrece á los ojos del viajero en el centro de Sierra-Morena, en el
silencio de la noche y sin luna. La diligencia rueda con estrépito por
calzadas construidas á pico á orillas de estupendos precipicios,
produciendo en los senos oscuros de las montañas mil ecos diferentes.
Los enormes cerros de granito, desnudos, abruptos, despedazados á veces,
entrelazados en laberinto, separados por abismos profundos y espantosos,
destacando acá y allá picos, y conos, y cúpulas y moles gigantescas,
cubiertos en partes de tristes matorrales, de blancas flores y de musgo
y helechos; las sombras y los claros que se proyectan, segun las
inflexiones del terreno; el frio de la noche; el ruido de los torrentes
en las profundidades; la soledad medrosa de aquellos parajes que parecen
guaridas de bandidos ó de fieras y aves de rapiña: todo eso le da á la
escena los mas sombríos caractéres y un interes extraordinario.
Al ver aquellas formidables barreras de granito se comprende la tenaz y
secular resistencia de las dos razas que lucharon durante ocho siglos,
apoyándose y defendiéndose una y otra con el poder de la naturaleza y
disputando el terreno palmo á palmo, en las gargantas estrechas de las
serranías. Así mismo, al observarlas se encuentra alguna excusa (aunque
sofística) al régimen de aislamiento que por tantos siglos ha
predominado en España.
La Mancha habia terminado, y en nuestra via habíamos tocado, despues de
Tembleque, con una poblacion total de 34,500 habitantes aglomerados en
siete localidades[3]. Ya habíamos pasado las horribles gargantas de
_Despeña-perros_(!!); el alba iba á empezar á difundir su vaga claridad.
Rendidos de sueño y de cansancio dormitábamos ya, en una especie de
pesadilla y de sopor, cuando se abrió el horizonte al mediodía. La
hermosa Andalucía, el país del amor y del arte, de la fecundidad y del
trabajo, comenzaba en las alturas de _Santa-Elena_.
* * * * *
QUINTA PARTE.
LAS ANDALUCÍAS.
* * * * *
CAPITULO I.
* * * * *
JAEN Y GRANADA.
Panorama general.--Las colonias de Carlos III.--Baylen.--Jaen y sus
campiñas.--De Jaen á Granada.--Idea general de Granada.--Curiosidades de
la ciudad.
Habíamos andado hasta cerca de Santa-Elena, 210 kilómetros desde Madrid,
y nos faltaban 218 para completar los 428 de la distancia entre Granada
y Madrid. Pero ¡qué diferencia en el aspecto de las dos comarcas! Atras
quedaba la raza goda, la sociedad castellana, genúina representante da
la vieja España. Adelante, algunos bellos grupos originarios de la raza
germánica, y luego todo un pueblo profundamente modificado por la
infusion de la sangre árabe y las tradiciones de la actividad industrial
y del genio artístico de las grandes tribus orientales y africanas.
En _Santa-Elena_, pequeña poblacion moderna de unos 600 habitantes, las
montañas parecen abrirse para dar paso á la vida; el cielo es ya mas
bello, el aire mas delicioso, y la naturaleza sonrie. Apénas hace un
siglo que la Sierra-Morena era un desierto, una inmensa sucesion de
encrucijadas espantosas, sin ninguna señal de vida, de industria ni de
comercio. Cárlos III (el único rey liberal y positivamente bueno que ha
tenido España) resolvió hacer surgir la vida de en medio de aquellas
soledades, fundando en la Sierra colonias importantes de agricultores
vigorosos, para lo cual no solo se sirvió de los Españoles, sino que
hizo llevar inmigrados alemanes, muchos de ellos protestantes, propios
para dar saludables ejemplos y favorecer un fecundo cruzamiento de
razas. Es á esas medidas que se debe la existencia de siete nuevas
poblaciones en la Sierra-Morena.