Con excepcion de los asuntos que exigen absolutamente escritura para su

validez, el Catalan hace sus negocios de palabra, y un asentimiento

cualquiera vale mas que el mejor documento. Varias veces ví en la Bolsa

hacerse muy fuertes transacciones, sin la intervencion de agentes de

cambio y sin buscar testigos esprofeso. Un dia que recorria yo, como

observador, el vasto salon de la Bolsa de Barcelona, en el palacio de

las Artes, me detuve delante de dos fuertes especuladores que hablaban

así:

--¿Tiene U. renta del tres?

--Tengo unos treinta mil duros.--¿A cómo?

--Al precio cotizado ayer.

--¿Rebajaría U. diez céntimos?

--Si no es á plazo sí,

--¿Podría U. conseguirme diez mil duros mas?

--Sí.

--¿Otros cinco mil?

--Sí.

--_Dicho._

Los dos negociantes, sin mas conversacion, se separaron, despues de

apretarse la mano. Al dia siguiente supe, porque el asunto me habia

interesado mucho, que el negociante interrogado habia ido, á las diez de

la mañana, á casa del otro á entregarle cuarenta y cinco mil duros en

renta del _tres_, y recibir el dinero en billetes de banco. El vendedor

habia perdido mil duros para poder conseguir los quince mil prometidos

de mas que no tenia en caja. Sin eso, habría quedado deshonrado y

perdido ante el comercio de Barcelona. La sola palabra _dicho_,

pronunciada despues de una conversacion clara, cierra un contrato y lo

hace obligatorio.

Si un negociante que acaba de hacer un cobro se apercibe ántes de las

veinticuatro horas de que ha recibido algo de menos, por equivocacion,

va donde el pagador, reclama, y sin mas prueba que su palabra (si es

hombre conocido), recibe el déficit. Como todo se puede verificar luego,

no se piensa jamas que un negociante conocido pueda faltar á la verdad

ni cometer un fraude. Un pueblo donde la palabra tiene tan alto valor,

es evidentemente un pueblo honrado y activo.

* * * * *

El aislamiento relativo en que los Catalanes habian vivido respecto de

los Españoles, ha creado allí un pueblo distinto del ibero en todas sus

condiciones y especialísimo. Cataluña no se parece sino á Cataluña. El

espíritu de independencia, desarrollado por los hábitos marítimos y

comerciales, ha hecho calificar á los Catalanes de revoltosos é

ingobernables, y especialmente á su poblacion montañesa de _terrible_.

Eso es un error. Los verdaderos intratables son los que han querido

oprimir á los Catalanes y privarles de sus libertades tradicionales, su

lengua, sus costumbres y prosperidad. El montañes de Cataluña, el

valeroso habitante de _Puigcerdá_, no es el hombre feroz que se supone.

Si se le deja en paz es excelente, laborioso y muy accesible; pero si se

le ataca, es implacable en la guerra y no da tregua hasta que país queda

libre de enemigos. El guerrillero catalan fué el mas tremendo enemigo de

Napoleon, y será en todo tiempo una garantía para la independencia

española.

Tan cierto es que los Catalanes son opuestos á la guerra y tienen un

profundo espíritu de progreso, que siempre han solicitado la demolicion

de las fortificaciones, á fin de poder ensanchar sus ciudades, confiando

su defensa á los intereses mas bien que á los cañones de las gruesas

murallas. Apénas acaba de autorizarse la demolicion de una parte de esas

fortificaciones, y ya las ciudades de Barcelona y Tarragona crecen y se

mejoran y regeneran como por encanto. Dentro de pocos años Barcelona

será una vasta y hermosa capital de 350,000 habitantes.

No hay en el pueblo catalan un sentimiento mas hondamente arraigado que

el de la igualdad y la personalidad. Esto procede del amor al trabajo y

el respeto que allí se tiene por la industria. La muestra de su tienda ó

su taller es un verdadero blason para el artesano ó el tratante. El

hombre mas noble en Cataluña, es el que trabaja con mas teson,

inteligencia y probidad. Allí no hay mas aristocracia que la del

trabajo; y como todos trabajan, todos se tienen por iguales y se tratan

con una sencillez que permite la fusion de todas las clases sociales.

Si el Catalan es esencialmente independiente y liberal, el artesano es

mas. Un pobre tendero se cree soberano en su tienda, como el banquero en

su escritorio y el batelero en su lancha. De ahí viene cierta dignidad

altiva sin grosería, cierta conciencia de su personalidad, que impulsa

al Catalan á todos los géneros de trabajo imaginables y puros, pero que

le hace absolutamente incapaz de degradarse en ocupaciones innobles,

como la del rufian ó el trapacero. Allí todo el mundo está ocupado en

producir algo.

Si el batelero es por lo comun áspero y soez, como en todas partes, el

artesano es atento y el campesino afectuoso. Al llegar á Barcelona se

siente una penosísima impresion, causada por los muchos mendigos que

rodean y atormentan al extranjero. La mendicidad me pareció muy extraña

en una ciudad tan activa y opulenta. En breve supe que allí hay

excelentes institutos de caridad para recoger á los mendigos, cuidarles

y darles trabajo. Pero esos mendigos no son de Barcelona: vienen desde

lejanas poblaciones del interior á explotar á los extranjeros; pero

huyen y se esconden cada vez que se les quiere recoger, para reaparecer

luego en bandas errantes. Los mendigos son en España el rastro viviente

que han dejado los conventos y las instituciones viciosas.

Los Catalanes tienen dos cualidades muy fecundas para la industria y el

progreso moral: un alto espíritu de asociacion, y el puntillo de la

imitacion de todo lo bueno, para no quedarse atras. Todas las grandes

cosas, como las mas pasajeras, se hacen en Cataluña á virtud de la

asociacion. Las empresas de navegacion, de alumbrado y de diligencias,

los ferrocarriles, los bancos, las grandes fábricas, los institutos

numerosos de crédito, los teatros, los casinos, los cafés y hasta los

bailes y fiestas, proceden de asociaciones voluntarias, sin ninguna

ingerencia ni garantía de la autoridad.

De ese espíritu de sociabilidad resultan muy buenos efectos. Todo el

mundo se interesa en las empresas, todo anda bien y apriesa, nada decae,

y los monumentos de recreo, como los teatros, casinos, etc., están

siempre en auje, aunque muchas veces sin producir utilidades. Como todos

son accionistas en los teatros, todos concurren, y Barcelona tiene

siempre excelentes artistas.

Los pueblos catalanes son los primeros de España que han establecido el

alumbrado de gas, ferrocarriles, compañías de crédito y aseguros,

irrigaciones inteligentes y cuantas cosas distinguen la civilizacion

avanzada de Inglaterra y Francia. Todo progreso tiene inmediata acogida

entre los Catalanes; y, lo que es mas notable aun, sus progresos ó sus

obras son el resultado de sus propios esfuerzos y recursos. Sus

ferrocarriles (que son ya numerosos) son _catalanas_ casi en la absoluta

acepcion de la palabra. En Cataluña hasta los pueblos de tres mil

habitantes tienen su alumbrado de gas, y el vapor ruge en todas partes

como el motor de los grandes trabajos de fabricacion. Aparte de sus

carreteras excelentes, sus ferrocarriles, sus muchas líneas de

diligencias y sus centenares de buques de vela, los Catalanes tienen un

buen servicio de vapores para la navegacion internacional y costanera.

Por eso sus puertos están siempre llenos de buques que alimentan

poderosamente la actividad del pais.

El país catalan es sumamente agrícola, haciendo fuertes exportaciones en

vinos, aceites, frutas y otros muchos artículos. Es tambien comercial

por excelencia. Pero lo que le imprime su sello mas característico es la

industria fabril, que asemeja la Cataluña á una comarca inglesa. No hay

género de fabricacion que allí no tenga acogida, siendo los mas

importantes los tejidos de algodon, lana, seda y lino en grande escala,

y la fabricacion de papel de lino.

Prescindiendo de las importantes ciudades de Tarragona y Reus, de que

luego hablaré, y de las de Lérida y Gerona, que no tienen carácter

industrial, las poblaciones mas importantes de Cataluña son fabricantes

por excelencia. Despues de Barcelona, cuya produccion es muy fuerte y en

cuyo seno se centraliza todo el movimiento, merecen especial mencion las

siguientes:

_Mataró_, puerto de mar, con una extensa fabricacion variada y 17,000

almas.

_Manresa_, con 15,300.

_Sabadell_, con 14,000 y una fabricacion muy fuerte y avanzada.

_Vich_, con 14,000, importante tambien como centro agrícola.

_Badalona_, puerto vecino de Barcelona, con 10,500 almas.

_San Andres de Palomar_, con 10,000 habitantes.

_Tarrasa_, con 9,000, famosa por sus paños superiores. _Clot_, con

7,000 almas.

_Arenys de Mar_, con 5,000, notable tambien por sus tres excelentes

astilleros.

Cataluña, por la naturaleza de sus producciones, tiene activas

relaciones con todos los mercados del mundo. Aunque comienza á explotar

activamente sus turberas y minas de carbon, recibe de Inglaterra una

enorme suma de valores en hulla, para alimentar sus fábricas,

ferrocarriles y vapores. Los aceites catalanes van á ser purificados en

Francia, ó al consumo general del mundo, como sus populares y baratos

vinos. Sus tejidos abastecen no solo al pais, sino á algunos pueblos del

Nuevo Mundo, á donde va tambien su papel florete tan estimado por los

abogados y notarios y los gobiernos que adoran el papel sellado. El

Nuevo Mundo le envia á Cataluña sus algodones; Italia, Valencia y otros

paises sus sedas, cáñamos, etc.

El Catalan, aunque ama su pais, es esencialmente viajero. No hay un país

civilizado, en ámbos continentes, donde no se vea la tienda del

laborioso Catalan, repleta de los mas variados artículos españoles. El

habitante de Cataluña considera su país como una nacion. Jamas dice:

_soy Español_, sino: _soy Catalan_. Si las clases mejor educadas de la

sociedad hablan bien el español, cuando les es preciso, la multitud lo

conoce mal, y en muchos pueblos lo ignora absolutamente y habla solo el

catalan, idioma que abunda en consonantes fuertes y sobre todo en

sonidos agudos.

Tal es Cataluña, segun he podido comprenderla con un rapidísimo estudio.

Si mis impresiones son equivocadas, al ménos tienen la cualidad de ser

sinceras.

* * * * *

La interesante y bella Barcelona está dividida en sus dos partes,

antigua y moderna, por su espléndida calle de la _Rambla_ (que es

tambien un paseo), donde se encuentran los dos grandes teatros, algunos

suntuosos casinos, los mejores hoteles y cafés y los despachos de muchas

diligencias diarias. Al norte está la ciudad antigua, aunque muy

embellecida y renovada; al sur la nueva, con su hermoso paseo del

_Prado_. En los términos de la ciudad están: de un lado, cerca de

Barceloneta, la magnífica _plaza de Toros_ (monumento indispensable en

toda ciudad española), y entre ella y la ciudad dos de las estaciones de

ferrocarriles. Del otro lado, al poniente, hácia la llanura, parten los

otros dos ferrocarriles.

Barcelona, pues, está ligada á los pueblos interiores y de la costa por

cuatro ferrocarriles, y no muy tarde habrá terminado los que conducen á

Madrid, por Lérida y Zaragoza, á Valencia ó el sur, por Tarragona, y á

Francia, por Gerona.

Barcelona es interesante bajo todos aspectos, porque ha querido

conciliar la actividad económica con los goces refinados de la

civilizacion. Hablaré primero de los monumentos que visité rápidamente,

y luego de los rasgos de costumbres que pude percibir.

Barcelona es una ciudad antiquísima, en cuyos monumentos han dejado sus

huellas, mas ó ménos marcadas, las dominaciones diferentes. Sobre todo,

el arte romano y el gótico levantaron memorias de piedra que el tiempo

ha respetado. En general las casas tienen una planta sólida, elegante y

levantada, y hoy se hacen innumerables construcciones muy bellas, en las

cuales predomina siempre el estilo frances, realzado por lo pintoresco

de los verdes ó azules balconcillos del gusto español moderno.

Entre los monumentos profanos se distinguen, por su forma ó por la

importancia de lo que contienen: el Palacio de las Artes, hermoso

edificio de estilo del Renacimiento, que es al mismo tiempo Museo y

Bolsa; el famoso archivo _Real_, de la corona de Aragon, el mas precioso

de Europa en su género; la Biblioteca principal, muy considerable y bien

mantenida (aparte de otras tres y varios archivos); la Aduana, edificio

de grandes y bellas proporciones; y los teatros _Principal_ y del

_Liceo_ (hay otros subalternos), que son de los mejores en España. El

del Liceo es considerado como el mas grande de Europa, y es de una

sencillez elegante, pudiendo contener hasta 4,800 personas; pero su

enormidad misma y algunos defectos de acústica lo hacen inadecuado para

todo lo que no es ópera ruidosa.

Barcelona tiene ademas hermosos paseos, algunos jardines públicos, un

colegio-hospicio de sordo-mudos, y una multitud de establecimientos de

enseñanza y beneficencia, de muy variados objetos, que le hacen alto

honor á la capital de Cataluña. Como edificio histórico y curioso, es de

citarse el antiguo palacio de los reyes de Aragon.

Merecen particular atencion, entre los muchos monumentos religiosos (que

no tienen gran mérito artístico), la catedral y las iglesias de San

Jaime y San Miguel. La catedral, de estilo gótico del siglo XII, aunque

carece de atrevimiento en sus tres naves, tiene una majestad imponente

por su interior de sombría severidad. Al hallarse en medio de sus

veinticuatro enormes columnas y delante de su coro de severas y ricas

esculturas de madera, que se destaca en la sombra de los altos muros

tristes y desnudos, se cree uno como encerrado en una catacumba con las

osamentas de la edad media. Si el hermoso claustro, descubierto á la

intemperie, llama con justicia la atencion, lo mas interesante del

monumento son sus torres colosales asombrosamente suspendidas como en el

aire sobre el arco gigantesco de la testera del templo. Esa construccion

caprichosa en apariencia, pero que tiene su filosofía religiosa, es la

mas atrevida que he encontrado en toda la arquitectura gótica de España.

La pequeña iglesia ó capilla de _San Miguel_ no es curiosa sino por su

antigüedad y su tipo especial. Es una _cripta_ romana, profunda en el

centro, sombría como un refugio de proscritos y que está revelando la

infancia del arte cristiano. Al penetrar allí no puede uno ménos que

evocar todos los recuerdos de los mártires del cristianismo naciente.

Hay allí algo que guarda las tradiciones de la abnegacion y del heroismo

resignado del creyente.

Para tener una idea de las costumbres catalanas, basta echarse á pasear,

con el ojo alerta y el humor alegre, por la calle mercantil de _Fernando

sétimo,_ ó la ancha alameda de la _Rambla_, orillada por hoteles y

cafés. Una inmensa multitud circula por allí, sea matando el tiempo,

sea buscando los negocios ó algo que si es _negocio_ no está esento de

ser pecaminoso.

Las Francesas pululan, ligeras y provocadoras, arrastrando las anchas

colas de sus trajes, y distinguiéndose perfectamente de las Catalanas y

Españolas. Mientras que la Francesa aventurera hace conocer su artificio

y esconde bajo la gorra su cabeza de cabellos pobres, la Española

ostenta con garbo su rica mantilla, bate con maestría singular el

inolvidable abanico, marcha con gracia y donaire pero sin esforzarse en

la coqueteria, y arrebata con su tez suavemente morena, sus grandes y

negros ojos, su rica dentadura y su ampulosa cabellera recogida en un

elegante peinado ó en hermosas trenzas. Ella desdeña la prudente gorra,

teniendo su soberbia cabeza, y la cubre apénas con un pañuelo (si es de

noche) atado por debajo de la garganta no mas, ó con un chal de lana ó

algodon de colores graciosos, envuelto con mucha originalidad.

Si os fijais en los hombres, les vereis divagar (envueltos en la

inevitable capa española, algunas veces ricamente adornada) en grupos

mas ó menos bulliciosos ó siquiera por parejas, aspirando el humeante

cigarrillo, con la mirada abierta, listos á la chanzoneta, la voz

robusta y el andar ligero. En el teatro les vereis aplaudir con

entusiasmo, aunque no siempre con criterio; en el baile, cordiales y

contentos; en la mesa expansivos; en el carnaval hechos locos y muy

espirituales en sus sátiras y disfraces.

Donde mas se revela el espíritu de asociacion del Catalan es en el

casino ó el café. El catalan no se resigna jamas al aislamiento. Por eso

los cafés de Barcelona son la imágen de Babel. Centenares de hombres y

señoras se amontonan alli, en grupos animadísimos, formando una alegre

algazara que apaga casi los ecos del piano. En España hay la costumbre

de establecer un piano en cada gran café para amenizar el pasatiempo; y

todo el que va a uno de esos lugares, donde la democracia absoluta no

degenera en desórdenes, pasa cuatro ó cinco horas en tertulia sin dejar

refrescar el asiento. El pueblo español, en su mejor sociedad, se

congrega en la iglesia, la plaza de toros y el café.

Barcelona es residencia ordinaria de doce ó catorce cónsules

extranjeros, y ofrece amplias facilidades al viajero. Temiendo

entregarme desde muy temprano al martirio de las diligencias, tomé

pasaje en el vapor «Cataluña,» que iba para Hamburgo, y me dirigí á la

provincia de Tarragona. Sin haber tenido _amigos_ en Barcelona, confieso

que me alejé de su animado puerto con algun pesar. Aquel es un país

libre, de poblacion inteligente, activa y honrada, que me habia

impresionado muy agradablemente.

* * * * *

El Mediterráneo estaba tranquilo como un lago, y su silencio absoluto no

era interrumpido sino por el estridor de la maquinaria del vapor, y los

resoplidos que de tiempo en tiempo lanzaba ese dragon de hierro y de

vientre inflamado que se llama _locomotiva_. La luna iluminaba las ondas

deliciosamente, produciendo admirables reflejos en la limpia estela del

vapor. Pero la tierra estaba velada por las nieblas de la costa, y no

fué posible verla sino en el momento de entrar al siguiente dia en el

puerto de Tarragona.

Centenares de presidiarios trabajaban allí en terminar el puerto con una

gran muralla edificada entre las ondas. Al mismo tiempo entraba un bote

guarda-costa tripulado por diez y seis conscritos de las _quintas_ de

marina. Así, la casualidad me presentaba en contraste dos clases de

presidiarios: los unos, condenados por la justicia social, como

_criminales_; los otros, condenados por la _suerte_ á servir en la

marina, por el solo hecho de ser _Españoles_, ¡Qué sarcasmo legal!

Puesto que el mundo tiene presidios todavía, pasemos adelante,

Una pintoresca llanura con suaves ondulaciones, primorosamente

cultivada, sembrada de pequeñas y alegres poblaciones, y de una

melancolía deliciosa, se extiende por el espacio de 30 kilómetros entre

la costa del Mediterráneo y un cordon de bajos y redondos cerros que

arrancan desde Teruel para seguir paralelos al mar hácia el norte de

Cataluña. Tarragona, situada en una eminencia de la costa á 760 piés

sobre el nivel del mar, y Reus, que reposa en la llanura, son las

principales ciudades de esa provincia catalana.

El orígen de Tarragona es antiquísimo, y tanto que remonta á la

dominación fenicia. Segun la tradicion, el inolvidable Poncio Pilato

nació allí (así como el emperador Trajano), y fué gobernador ó procónsul

de la ciudad en tiempos en que ella tenia la friolera de millon y medio

de habitantes. Hoy no cuenta sino 22,000, pero va en rápida

resurreccion, á virtud del ferrocarril que la enlaza á Reus y de la

demolicion de una gran parte de sus fortificaciones.

Si el guarismo de la antigua poblacion es exagerado, al menos las vastas

ruinas que la rodean y los monumentos romanos que se conservan hasta una

legua de distancia, revelan que la antigua ciudad, establecida sobre las

márgenes del rio Francolí, é incendiada en distintas épocas, fué muy

considerable y de grande importancia. La pobre ciudad de hoy ha vegetado

por siglos encerrada en su cárcel de piedra (sus fortificaciones), esa

tortura secular que el genio de la guerra ha impuesto á los pueblos

fronterizos. Por mucho tiempo Tarragona, trepada en su colina y

divorciada del puerto por las murallas que la estrangulaban, no ha sido

sino un apacible nido de canónigos, gorjeando en su catedral gótica, en

medio de inscripciones, lápidas y escombros.

Tarragona, en efecto, es un cementerio de las razas y civilizaciones

diferentes y sucesivas. Por cada calle que se recorre, el pié tropieza

con algo que parece ser un pedazo del cadáver colosal de Roma. Donde

quiera se ve alguna inscripcion romana, byzantina ó gótica, grabada en

alguna lápida que un albañil iliterato ajustó de lado ó á la inversa en

el muro remendado de alguna casa de menguado aspecto. Entre las baldosas

de las calles, en los portales, las escaleras, los patios y los

corredores de las casas, se ven en increible abundancia ó losas de

leyenda confusa, ó bustos deteriorados y truncos, ó columnas dislocadas

y de formas diversas. Aquella ciudad es en gran parte una ruina formada

con escombros antiquísimos, que el tiempo habia dispersado en la falda y

al pié de la colina.

A una legua de distancia se ven todavía dos monumentos incompletos y en

ruina: la _Torre de los Escipiones_, de carácter sepulcral, conservando

apénas una elevacion de 30 piés, y el llamado _puente de las Ferreras_,

admirable acueducto que ligaba dos altas colinas para conducir las aguas

potables á Tarragona. Todo el terreno circunvecino está cuajado de

escombros, y cada vez que el arado pasa por allí arranca de entre la

tierra algun músculo marmóreo de esa civilizacion romana inhumada por

los siglos allí.

La mencion de esas ruinas me hace recordar una anécdota de viaje. No

resisto á la tentacion de contarla, porque ella manifiesta uno de los

rasgos característicos del pueblo inglés, tan prosáico y excéntrico al

mismo tiempo.

Pocas horas antes de embarcarme en Marsella, llegó al hotel donde yo

estaba un caballero inglés muy serióte, de porte distinguido y con toda

la filiacion de un _turista_ ó aficionado á viajes. Sentóse á la mesa, y

habiendo oido decir que un vapor iba á partir para Barcelona,

desapareció pocos momentos despues.

Cuando fuí á bordo, al instalarme en un camarote, encontré al

parsimonioso insular establecido en la tarima superior, tocándome la de

abajo. Quise saludarle, á fuer de compañero de habitacion, pero no se

dignó mirarme sino con la esquina de un ojo. El insular, como todos sus

compatriotas que viajan, tenia vieja amistad con el mar, y el puente del

vapor le gustaba de preferencia. Yo, entretanto, leia ó dormia en el

camarote, una vez que se perdió de vista la costa de Marsella.

Al dia siguiente oí desde mi alcoba, en el hotel de las «Cuatro

naciones», en Barcelona, que en la pieza contigua silbaba alguno el

himno británico _God save the queen_. Era el Inglés consabido, instalado

á quema ropa, Al sentarme á la mesa, segun mi número, el Inglés quedó á

mi derecha, mano á mano; pero no me miró tampoco. Durante muchos dias

yo rabiaba por entablar conversacion, olvidando que si yo era expansivo

á fuer de Colombiano-español, mi vecino era de la raza taciturna y

ceremoniosa de _John Bull_. Todo lo que pude arrancarle, al cabo de

cinco dias, fué un _thank you, sir,_ sordamente pronunciado, por haberle

acercado un plato de naranjas.

Un dia desapareció mi insular. Confieso que me hizo falta ese compañero

mudo, que me picaba la curiosidad por su reserva. Por la noche subí á

bordo del vapor «Cataluña». Al irme á acostar, hallé en la tarima

superior de mi camarote un bulto con barbas rojas y cabellera crespa y

rubia, que roncaba con la franqueza de un ciudadano libre. ¡Era mi

Inglés!... Pero aquello era ya un progreso: el hombre renunciaba á su

silencio absoluto, puesto que roncaba.

Al dia siguiente, cuando me vió salir de debajo de su tarima, el insular

se sonrió, mirándome con una mezcla de recelo y curiosidad. Sin duda

hacia la observacion de que si él era mi sombra de viaje yo era también

la suya. Le saludé, y apénas hizo el sacrificio de inclinar la cabeza.

Despues nos tuvimos que sentar juntos á la mesa á fuer de vecinos.

Cuando el vapor hizo escala en Tarragona, por veinticuatro horas, para

tomar carga, salté á tierra y fuí á recorrer la ciudad y los

alderredores. Tres horas despues, cuando contemplaba las ruinas de que

he hablado, ví al pié de un árbol un hombre que tenia en la mano una

cartera de dibujo.... Era mi Inglés, que tomaba el diseño de unas ruinas

confundidas con un grupo de árboles, cerca del rio Francolí.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 19 / 45 段