para dar salida á los productos del suelo frances y de una parte de la
Suiza, y entrada á los valores que proceden del Asia, de todo el
Mediterráneo y de Africa, América y Colombia,--el importe de su
fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy
valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su
seno agitado da cabida tambien á los monumentos que atestiguan el
progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene
valor ninguno artístico ni brilla mucho en el campo de la literatura ó
de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de
instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el
pequeño y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la
Biblioteca, que cuenta 60,000 volúmenes y 1,300 manuscritos
interesantes; el Museo de pinturas, de antigüedades y de historia
natural; tres ó cuatro teatros siempre en actividad; academias
científicas; ocho ó diez periódicos permanentes, muchas tipografías y
varias escuelas de mérito, entre las cuales es muy superior la de
náutica.
Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien
servidos, y numerosos establecimientos de crédito.
Abunda en espléndidos cafés de mucho lujo y elegancia, aunque en lo
general frecuentados por gentes de mala sociedad, y en ricos y
espaciosos hoteles que nada tienen que envidiar á los mejores de las
grandes capitales. El edificio de la Bolsa y el del _Hôtel de Ville_,
que están casi terminados, serán hermosos monumentos. Los paseos
públicos son muy bellos, sobre todo el del _Prado_ y el que domina el
mar por el lado meridional; y hay en el centro de la ciudad hermosas
plazas sombreadas, muy adecuadas á un país donde la tierra parece
calcinada por el sol.
Como centro industrial ó fabril, Marsella merece mucho interes, aun
prescindiendo de su valiosa produccion en buques, cordajes, velámenes y
todo lo que se refiere á la marina. Posee en sus cercanías abundantes
salinas, y tiene una gran fábrica de cigarros por cuenta del Estado. Sus
principales fábricas de particulares, de enorme produccion permanente,
son: de jabones, pomadas, aguas de olores, bujías y muchos otros
productos químicos, en grandísima escala; de destilacion de aceites de
todas clases y licores finos y aguardientes, y de preparacion de pastas
y frutos alimenticos, por valores muy considerables; cinco refinerías de
azúcar, que producen cada una 58,000 kilógramos diarios sin satisfacer á
los pedidos; extensas fábricas de instrumentos de cirujía, óptica, etc.,
y de máquinas de ingenios, destilacion de aceites y licores y trabajos
domésticos y de agricultura; fábricas de papel continuo y á mano, de
todas clases, y grandes tenerías que producen excelentes tafiletes y
toda especie de cueros curtidos.
Como se ve, Marsella tiene una vasta y muy interesante produccion
propia. A ella se agrega su exportacion de los vinos finos de la comarca
de Tolon y de los ordinarios de Languedoc, como tambien de aceites
indígenas y frutas conservadas, sin contar las grandes exportaciones
procedentes del interior de Francia.
El vastísimo comercio de Marsella, alimentado por el mundo entero,
abraza todos los artículos que la industria exterior puede producir;
pero hay algunos que merecen mencion especial, porque constituyen por su
naturaleza y su enorme valor total la base principal del tráfico
alimentado por tantos millares de fragatas, bergantines, barcas y
vapores que de todos los puntos del globo van á ofrecer su carga sobre
los muelles de Marsella.
Esta ciudad recibe especialmente: de Rusia trigos y cáñamo; de España
vinos generosos, y aceite para purificarlo; de todas las costas de
Turquía, Egipto y el resto de Africa, granos oleaginosos, esencias,
especería y cereales; de Colombia y las colonias francesas y asiáticas,
azúcar, maderas de tinte y ebanistería, pieles de todo género, café,
cacao, caucho, plantas medicinales y aromáticas, tintes finos y
minerales. Marsella es, pues, apesar de las instituciones fiscales de
Francia, ántes hostiles al comercio extranjero, uno de los mas grandes y
seguros mercados con que puede contar en Europa el Nuevo Mundo, en
cuanto á exportaciones; y es al mismo tiempo un centro importantísimo
para proveerse de ciertos artículos europeos que tienen gran consumo en
Colombia.
Si del examen puramente económico se pasa al estudio de la fisonomía
social de Marsella, no se la encontrará ménos interesante, ó por lo
ménos curiosa. Allí parece haber una Francia distinta de la del
interior, ó algo que no pertenece á Francia. Las montañas estériles y
tristes; la reverberacion de un mar que se agita bajo el soplo de los
vientos quemadores del Africa; el esplendor del cielo, azul y
trasparente; la naturaleza semi-oriental de la vegetacion; el tipo
vigoroso de las fisonomías algo retostadas; el lenguaje, el acento, las
ideas populares, las costumbres y los usos,--todo establece allí una
distincion profunda, haciendo del Marselles una especie de Fenicio ó de
Italiano, un sér que mira hácia el Oriente y el Africa; voluptuoso,
altivo, independiente y que mira con antipatía lo que viene de las
comarcas setentrionales. Al observar las fisionomías marsellesas, el
viajero no puede ménos que advertir que en las arterias de este pueblo
hay mucha sangre africana.
Si bien es cierto que todos los Marselleses entienden y hablan
pasablemente el frances, solo la parte superior de la sociedad lo habla
bien y con frecuencia. En general el lenguaje es allí un _patuá_ de
sonidos vigorosos, áspero, y en extremo acentuado, muy expansivo y
libre, y en muchas palabras duro hasta lastimar los tímpanos. Algunas de
sus frases, entre las pocas que pude entender, me parecieron de una
energía enteramente oriental y de una singular sencillez. El pueblo
marselles es muy altivo y orgulloso; se cree superior á todo el mundo,
haciendo mucho alarde de los primores de Marsella, y tiene un desprecio
profundo por los Parisienses y aún por los de Lyon: no ha mucho los
llamaba todavía _bárbaros_.
Y cosa rara en ese país del sol, del mar, de las montañas y del
magnífico cielo!--ese pueblo no manifiesta, como era de esperar, el
sentimiento artístico. Así, viste con extravagancia, combinando los
colores mas chillones; no cultiva la música, ni la poesía, ni la danza,
ni el canto en el grado que debiera, segun el clima, el paisaje y las
costumbres marítimas; se acomoda al desaseo con increible indiferencia,
y el hogar doméstico y la construccion de las casas manifiestan que
carece de gusto por lo bello, elegante y gracioso.
Es curioso ver en los puertos y las plazas y callejuelas de la antigua
Marsella, la poblacion que se agita bajo los rayos de un sol ardiente,
huyendo casi siempre de la sombra. Ora llaman la atencion los
variadísimos tipos de marineros, cuya fisonomía curtida, áspera y
angulosa manifiesta la influencia de las brisas y las fatigas del mar;
ora tropieza con el negociante cosmopolita ó comisionista, tipo flotante
que revela en sus rasgos el hábito de acomodarse á todo y el instinto de
la especulacion, y en su lenguaje, su porte y su marcha la indiferencia
por todo lo que significa un goce social, el desprecio por las fórmulas,
el abandono personal y la priesa de hacer las cosas en el menor tiempo
posible. Ya se da con el _turista_ ó viajero elegante (casi siempre
inglés), pulcro y acicalado, que se pasea negligentemente, observando
con nimia escrupulosidad hasta los menores detalles; ya con el rico
ciudadano marselles, término medio entre el parisiense y el
comisionista, que pasea las aceras de las calles y plazas, con las manos
en los bolsillos, fumando un suculento habano, en busca de noticias ó de
especulaciones en grande. Y luego, tan presto se da con el obrero sucio
y fatigado, sudando y riendo, alegre, alborotador y pendenciero, que
tira de una carreta ó dirige las mulas de un carro de mercancías, como
se encuentra un enjambre de _grisetas_ advenedizas, corredoras de
aventuras que vienen del interior á buscar el rico botin de la
corrupcion en los grandes puertos; ó se tropieza con grupos de
vivanderas que hacen una infernal algazara, mujeres flacas, morenas, de
ojos ardientes, de cara angulosa y líneas fuertemente pronunciadas;
vestidas con enaguas ó trajes de colores vivos, pañolones rojos ó
amarillos, un pañuelo atado á la cabeza, en forma de turbante ó suelto
por detras, medias de algodon y alpargatas ó viejos zapatos de cuero
tosco, y llevando cada una un enorme cesto de frutas ó legumbres, ó una
carreta de mano, para ofrecer el artículo con gritos incesantes y
chillidos agudos que penetran el cerebro.
En Marsella, como en Lyon, es ya muy notable la multitud de mendigos y
el hábito de mendigar importunando, que caracteriza en Europa á todas
las poblaciones meridionales. Mucho se habla de los mendigos que pueblan
las calles y los caminos en Italia y España, pero los viajeros ingleses
y franceses se olvidan de la mendicidad en Inglaterra y Francia. En
ninguna parte he visto mendigos tan horribles y repelentes como en
Inglaterra; pero es justo hacer una distincion: en Inglaterra el
mendigo pide sin hablar, extendiendo la mano, y guarda silencio y se
retira cuando no le dan. En el norte de Francia, y en Paris sobre todo,
el mendigo es una especie de artista harapiento: pide su limosna con
organito, clarinete, flauta ó acordion, y el que pasa le da si quiere,
sin necesidad de plegaria. Pero en el sur de Francia, como en Italia y
España, se pide la limosna peor que con _escopeta_; es una operacion en
cuatro actos, á cual mas terribles: embestida brusca, horrible clamoreo,
sitio rigoroso y persecucion hasta hacer sucumbir al pasajero. Aconsejo
al que viaje por el sur de Europa que lleve siempre los bolsillos llenos
de monedas de cobre, y al ver que le ataca la temible falange, que
arroje al suelo una puñada y eche á correr, sin parar hasta la primera
casa donde sea posible poner puerta de por medio.
El 29 de marzo pasaba yo por delante de los tres fuertes de la
_Cuarentena_, que dominan la entrada de la rada, á bordo del vapor
_Madrid_, con direccion á Barcelona, como punto de partida en mi
peregrinacion por la península española. El mar estaba agitadísimo, y al
surcar las encrespadas y menudas ondas del Mediterráneo, veia con
indefinible encanto el admirable panorama de Marsella, iluminado por un
sol magnífico y encuadrado entre un cerco de montañas de una aspereza
melancólica, pero de un efecto superior sobre el fondo azul del cielo.
Poco á poco las formas desaparecieron, todo se convirtió en una inmensa
sombra vaga y lejana, y al fin perdí de vista la estrecha faja de la
costa marsellesa. La Francia quedaba atras: iba á comenzar, al dia
siguiente, la hermosa tierra española, el país de mis antepasados que
visitaba por primera vez. ¡Cuántos tesoros no debia encontrar como
elementos complejos de contemplacion deliciosa, de gratos recuerdos y de
observacion y estudio!
* * * * *
CAPITULO IV.
* * * * *
CATALUÑA.
Orografía de España.--El puerto da Barcelona.--Condiciones sociales de
Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.--Centros manufactureros.
--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo inglés.
Las cuatro cadenas de montañas paralelas que cortan el interior del
territorio español, de oriente á poniente, formando cuatro grandes hoyas
bien determinadas, no son en realidad otra cosa que una sucesion de
ramificaciones, admirablemente ligadas entre si por curbas trasversales,
que se desprenden de la grandiosa cordillera de los Pirineos. Un cordon
de cerros desnudos pero sin escarpes bruscos, se desprende en _Reinosa_
de las montañas de Santander (los Pirineos), y tomando una direccion
casi opuesta (al sud-este) separa á la _Vieja Castilla_ del país
_Vascongado_ y la _Navarra_; se eleva en las cercanías de Sigüenza,
despues de formar una cuenca ó semicírculo, y se abre allí en dos
ramificaciones. La una, mas colosal y rocallosa, sigue su curso hácia
Portugal, y se llama la sierra de _Guadarrama_, baluarte que separa las
dos Castillas. La otra, suave y casi imperceptible al principio, sigue
al este, forma otra curba, que separa al _Aragon_ de la _Nueva
Castilla_, se reorganiza en la sierra de _Albarracin_, y volviéndose
otra vez hácia el occidente, repite su dislocacion en el vértice de la
provincia de _Cuenca_, y continúa reproduciéndose en cadenas de
montañas.
En ese vértice, el sistema orográfico español, copiándose á sí mismo,
lanza una alta cadena al occidente, paralela á la de Guadarrama,
determinando al norte la alti-planicie inmensa de la Nueva Castilla (con
el nombre de _Montes de Toledo_) y al sur la hoya compuesta por la
_Mancha_ y la _Estremadura_. La otra serranía, formando á su turno otro
arco, siempre convergente hácia el poniente, y reproduciéndose en un
círculo y dos ramales, determina al este la formacion curiosa de Cuenca,
con el valle marítimo de _Valencia_, y vuelve á bifurcarse en las
cercanías de _Alcaraz_. De allí parte una serranía paralela á las
anteriores, con el nombre de _Sierra Morena_, separando las planicies
manchegas y estremeñas, de la _Andalucía_; en tanto que la serranía
reproductora se dirige al sur, como si buscase al Africa, para
determinar al fin, con otro cambio brusco de direccion, la famosa
_Sierra Nevada_, que corta de oriente á poniente la Andalucía, creando
una tremenda muralla entre su parte llana y la costa del Mediterráneo,
despues de haber separado en su línea trasversal á la misma Andalucía
del reino antiguo de _Murcia_.
Así, puede con razon decirse que los Pirineos, comenzando hácia la costa
del golfo de Lyon, y reproduciéndose en una serie admirable de
bifurcaciones, no terminan en realidad sino en la sierra de _Ronda_,
entre Cádiz y Marbella, despues de haber surcado toda la península y
determinado un vastísimo sistema de valles escalonados y centenares de
rios y riachuelos.
En medio de los Pirineos propiamente dichos y las serranías de
reproduccion, hasta la sierra de Albarracin, se extiende un inmenso
valle, regado por el Ebro y 150 afluentes, que tiene por vértice á la
provincia vascongada de _Alava_, al poniente, y por base la costa del
Mediterráneo, en una extension de 37 miriámetros, desde la frontera de
Francia hasta tocar con el antiguo reino de Valencia. La parte superior
de ese magnífico valle corresponde al país vasco y la Navarra; la parte
media al antiguo reino de Aragon, y la baja ó costanera (aunque tocando
á las montañas) es la que se llama _Cataluña._
Tal era el país por donde yo comenzaba mi excursion en España,--la libre
y activa Cataluña,--al saludar las costas de Barcelona, el 30 de marzo
de 1859, desde el puente del vapor «Madrid».
Un magnífico sol de primavera, que preludiaba los alegres esplendores
del mes de abril, poblaba de encantadores reflejos las ondas del
Mediterráneo que sacudian sus blancas escamas contra los peñascos y las
playas de la costa, suavemente ondulosa. La faja de la tierra se
extendia claramente á la vista, con un cerco de barcos pescadores
desplegando al viento sus sencillas velas; y en la orilla se destacaban
sucesivamente, como nidos de gaviotas, las alegres poblaciones vecinas á
Barcelona, contando desde Badalona y Masnou hasta la activa Mataró y
Arenys de Mar.
Al llegar casi al puerto de Barcelona sentí prolongarse en los aires un
silbido agudo que me llenó de placer. Era el aliento de una locomotiva,
en uno de los ferrocarriles catalanes. La tierra enviaba como el mar su
grito civilizador, saludando la locomotiva de la estacion á la que
llegaba dominando las ondas. Aquel era un excelente augurio que revelaba
este hecho: Cataluña es un país de actividad y civilizacion.
Si Barcelona es una plaza fuerte ó ciudad fortificada, este carácter, ya
casi puramente histórico, desaparece ante las condiciones económicas que
le dan su tipo especial. Plaza esencialmente fabril y comercial, es no
solo el gran centro económico del vasto valle del Ebro, sino la primera
ciudad mercantil de España y una de las mas importantes del
Mediterráneo. Barcelona es la Marsella de España.
Al llegar al puerto, que es topográficamente malo, se comprende todo lo
que ha influido la actividad industrial de los Catalanes para darle una
importancia á que la naturaleza no lo llamaba. En lo general España no
ha sido inteligente en la eleccion de sus puertos del Mediterráneo,
puesto que en vez de aprovechar sus bahías y mejores ensenadas ó
pequeños golfos, ha situado sus mejores plazas mercantiles, con raras
excepciones, en puntos donde las flotas mercantes ó de guerra no pueden
encontrar el abrigo suficiente. Así, en Barcelona y Tarragona, en el
Grao de Valencia y en Málaga, es el poder de la hidráulica el que ha
logrado ofrecer algunas ventajas á la navegacion y el comercio, creando
verdaderos puertos artificiales.
El viajero que llega preocupado con noticias falsas respecto de España,
suponiendo que toda ella es un país uniforme en su civilizacion,
encuentra un magnífico desengaño al llegar a Barcelona, ciudad que tiene
la fisonomía de una colonia fundada por Fenicios y conservada por
Ingleses y Franceses. Todo tiene allí el tipo de lo extranjero, del
cosmopolitismo y de la vida independiente de la influencia puramente
española.
El puerto, resultado de grandes pero incompletos trabajos hidráulicos,
que avanzan hácia el mar por un lado, es una bolsa irregular, de unos
1,500 metros de desarrollo. Al entrar, se ve á la derecha la nueva y
simétrica poblacion de _Barceloneta_, especie de ciudadela mercantil,
que tiene en avanzada el muelle de descarga, el faro y la primera
estacion de ese cuartel de fiscalizacion egoista que se llama _Aduana_.
En el fondo y hácia la izquierda están: la puerta principal, que da
sobre la hermosa «plaza de Palacio,» la Aduana, el palacio de las Bellas
Artes y la Bolsa; y luego se destaca la colosal muralla hácia el sur,
sirviendo de base á un vasto parapeto, dominado par una larga fila de
casas espléndidas, elevadas, pintorescas, que tienen el aire de palacios
de la clase media. Despues, la curba se prolonga como queriendo cerrar
el puerto, y su costa está dominada por una alta colina que sirve de
asiento al fuerte de _Monjuí_, centinela puesto allí por el genio de la
guerra y de la desconfianza, como uña amenaza secular para el comercio,
que es el genio de la paz y la prosperidad.
Cataluña es un país que no puede ser descrito sino con grandes rasgos,
porque es un país de carácter cosmopolita, donde los pormenores
desaparecen ante el interes del conjunto. Si al penetrar con el lector
en las demas provincias españolas me detendré mucho en pormenores,
porque ellos son todo en la region goda, andaluza y vascongada,--al
indicar mis impresiones recogidas en Cataluña tengo que reducirme á la
fisonomía general del pais, que revela todas las condiciones.
Cataluña, comprendida entre los Pirineos, el Aragon, la provincia de
Castellon y el Mediterráneo, ocupa una décima quinta parte del
territorio español y tiene una poblacion total de 1,700,000 almas, es
decir, la novena parte de la poblacion española en Europa. Esa
desproporcion nomas indica el mayor grado de actividad de Cataluña, por
una mas fuerte condensacion de habitantes, lo que determina un mayor
cultivo de la tierra y mas industria, comercio y cultura social.
La sola ciudad de Barcelona tiene 190,000, si no 200,000 habitantes, y
se cuentan en Cataluña otras ciudades bien considerables, como Reus,
Tarragona y Lérida, y algunas que no bajan de 14,000 almas; pero en lo
general la poblacion catalana está repartida en los campos y una
multitud de pequeños centros fabriles muy interesantes. La propiedad
territorial, por otra parte, está muy repartida; la navegacion absorbe
la actividad de una fuerte parte de la poblacion, naturalmente
independiente; y siendo tan esencialmente fabricante el pais, sus masas
de obreros en las poblaciones son de mucha consideracion. Todos estos
hechos son de la mayor importancia para poder apreciar las condiciones
sociales de Cataluña.
La naturaleza, como en todas partes, ha determinado todos los fenómenos
característicos del país catalan. Un territorio fértil, de clima muy
sano y en su mayor parte llano, se extiende allí, surcado por un rio
bastante considerable (el Ebro) y otros muchos no navegables pero
excelentes para la irrigacion de los campos y la propulsion de las
fábricas. En todas direcciones, ménos al oriente, ese rico país se
encuentra rodeado por montañas que lo incomunican mas ó ménos con el
resto de España (excepto Aragon) y con Francia. La naturaleza, pues,
invitaba á los Catalanes á buscar la costa marítima para ponerse en
relacion con el mundo. Teniendo á la mano los puertos, los Catalanes
hallaban la mas vasta via para su expansion social ó sus cambios. Su
rico suelo los ha hecho agricultores; sus montañas, como barreras de
defensa, los han hecho indomables y altivos; la igualdad del terreno les
ha permitido las mas fáciles comunicaciones, y la extensa línea de costa
con numerosos puertos los ha convidado á la fabricacion y la actividad
del comercio.
Al mismo tiempo, esa posicion geográfica les preparaba sus condiciones
etnológicas. Teniendo por vecina á Francia, en frente á Italia y á su
disposicion todo el Mediterráneo, sus costas han estado abiertas á todas
las invasiones. Primero les dieron una forma los Fenicios, despues los
Cartagineses. Mas tarde los Romanos les imprimieron su sello, dominando
en Cataluña mas que en ninguna otra comarca de la Iberia. Por último,
las invasiones sucesivas de Galos y Francos, y la dominacion que en
diversas épocas han ejercido allí, despues de los Godos, los Sarracenos,
los Franceses, los Aragoneses, los Napolitanos y aún los Ingleses, han
trastornado de tal manera el tipo primitivo, que al cabo Cataluña, como
el reflejo de las mas diversas razas, ha quedado en una situacion
peculiar de fusion y de poligenésis. Tal es su tipo esencial, que se
revela en las costumbres, la lengua, la raza, la industria y aún las
instituciones locales.
Donde quiera, en Cataluña, la raza tiene en su tipo, su lengua y sus
hábitos las cualidades y los defectos de toda sociedad mezclada,
pronunciándose con rara energía. La mujer tiene allí formas varoniles,
careciendo en lo general de esa suavidad, esa morbidez y gentileza que
acompañan donde quiera, en mayor ó menor grado, al sér femenino. Las
hermosuras que allí se encuentran son altivas y de una expresion rígida
y resuelta.
El hombre tiene por lo comun la tez morena, el ojo vivo y penetrante,
las facciones angulosas, las líneas fuertemente marcadas, el cabello
negro, laso y abundante, la voz ruidosa y libre. Las organizaciones
tienen el sello de la fuerza y del trabajo: robustas y vigorosas, pero
sin elegancia ni pulimento. Es que en aquella sociedad la conciencia de
lo _útil_ ha predominado sobre las nociones del espiritualismo y del
arte.
La lengua, como la raza y la historia, es un compuesto. Y digo la
_lengua_, porque el catalan no es un dialecto, sino un idioma completo,
que tiene su gramática propia y su literatura. Al escuchar atentamente
una conversacion animada en catalan, se cree asistir á un diálogo de
hombres de todas las naciones. Tan presto se percibe la dulcísima
palabra italiana, como la voz francesa, fuertemente acentuada y
convertida en un sonido áspero; ya se siente el eco lleno y sonoro de la
palabra española, ampulosa por su abundancia de vocales, como la
acentuacion aguda y el esfuerzo gutural de la _j_ que distinguen á la
poética lengua de los árabes. Así, el catalan es simultáneamente
fenicio, italiano, godo, árabe y frances; pero en su tipo predominan los
elementos italiano y frances.
Y en efecto, el Catalan, cosmopolita y negociante por excelencia, tiene
en alto grado la ardentía impresionable del Italiano, así como la chispa
burlona y el espíritu especulador del Frances.
Los rasgos mas característicos del Catalan, que tiene bellísimas
cualidades, son: la franqueza sin petulancia, la independencia, la
severidad en el cumplimiento de un compromiso, y el sentimiento íntimo
de la igualdad y la personalidad. Si un Catalan os necesita, llega al
círculo en que os hallais, se mezcla sin ceremonia, os dice lo que le
interesa, y se retira sin hacerle cumplidos á nadie. Y no por eso es
grosero ó descortes, pues cuando no se trata de negocios se muestra
cordial, expansivo y locuaz. Si vais á su casa, le hallareis
hospitalario, generoso y fino, con tal que lo merezcais.