He mencionado ántes el Hotel Dieu, que domina el muelle ó parapeto del

Ródano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y

majestad. Citaré á próposito el palacio de Justicia, porque ámbos

pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se

muestra subyugado por las reglas y la simetría académica se ostenta en

lugar de la inspiracion,

El palacio, situado sobre una plaza á la márgen derecha del Saona y

dándole el frente, tiene una espléndida fachada monumental reposando

sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderías y remata en

veinticuatro grandiosas columnas de órden dórico, de piedra pura, que

sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto

y rico salon donde se celebran las sesiones públicas del tribunal de

_Assises_, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran

rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal,

sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mármoles y jaspes

están prodigados en el pavimento y los muros para dar á ese «templo de

la justicia» una majestad imponente.

* * * * *

Ademas de los monumentos y objetos públicos que he mencionado, posee

Lyon muchos otros institutos de distinto órden, que merecen mas ó ménos

la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fábrica de cigarros,

el depósito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeño

del bosque de Boloña,--entre los de carácter material; entre los

religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y

entre los que se refieren á la enseñanza, la beneficencia y la

tipografía, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una

biblioteca escogida con 110,000 volúmenes, una academia y escuela de

bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber,

escuela de artes y oficios, observatorio astronómico, un montepío, cerca

de treinta imprentas, con doce ó catorce periódicos permanentes, y otra

multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer

orden.

Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y

hace tan considerable papel en el comercio frances y aún del mundo, se

encuentran allí consulados de casi todas las naciones, y el movimiento

de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios.

El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega á Lyon

con el propósito de ir á maravillarse considerando las grandes fabricas

de donde salen las ricas sederías, y que hacen trabajar á 80,000

obreros de uno y otro sexo. ¡Pero cuánta es la sorpresa al ver que

semejantes fábricas no existen, y que tan enorme produccion salida de

Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequeñísimas

empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la

inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecánica!

En efecto, el sistema de la fabricacion de sederías consiste en una

especie de trabajo á _destajo_ mas bien que en esa organizacion del

trabajo en grande escala que las fábricas han establecido en los centros

manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Ródano, el

Saona, etc., por pequeños propietarios independientes, recogida despues

y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fábricas

considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos, á los

tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeñas fábricas, y

aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les

procura los telares y aparatos, algunos reciben avances ó préstamos para

los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeñas fábricas tiene

cinco, diez, veinte, treinta ó algunos mas obreros (aunque son raras las

de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe

de este ó el otro empresario, á virtud de un convenio libre, las sedas

preparadas, los diseños ó modelos para los dibujos, labrados y demas

obras que debe contener una pieza de sedería, y todas las instrucciones

necesarias.

El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirviéndose del telar

y los utensilios necesarios, pero haciéndolo todo á mano, pues ninguna

máquina podría ejecutar los admirables caprichos de la moda, los

bordados, los dibujos y matices finísimos que las sederías requieren

cuando no son estampadas. De ahí proceden la exquisita superioridad y

belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederías de Lyon,

las mejores del mundo en su género.

Pero de esa organizacion libre, espontánea y especialísima del trabajo,

resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias económicas y

morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es

la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fábrica,

no está sujeto á recibir la ley del capitalista. La competencia

sostenida entre ochocientas fábricas pequeñas y muchos empresarios que

contratan con ellas, evita los vicios que resultarían de la aglomeracion

de produccion en pocas fábricas de grandes proporciones; conjura los

efectos generales de las quiebras y crísis; da por base al trabajo la

libertad, y establece de un modo regular el valor del producto.

Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo,

que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su

domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se

siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á

cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á

menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de

obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz

organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan

admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente

colectivos.

* * * * *

CAPITULO III.

* * * * *

EL VALLE DEL RODANO.

Aspecto general.--La Provenza--Panorama de Marsella--Interior de la

ciudad.--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

El extenso valle del Ródano, encerrado entre los Alpes ó sus

ramificaciones y la cadena de áridas montañas de las Cevenas, es una

region en extremo interesante y hermosa. El Ródano, ya caudaloso, pero

siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la

llanura, sigue la direccion norte-sur de las montañas Cevenas, casi

siempre por el pié de sus rocas ó colinas escarpadas y desnudas,

fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte

del Languedoc hasta el Mediterráneo. El ferrocarril de Lyon á Marsella

sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y allí se aparta en

direccion al este, para ir á buscar la opulenta Tyro del comercio

frances en el mediodía.

Ese giro de la via férrea hace que el viajero tenga un grande interes

durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia

encantadora. A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes

formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las

nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga

y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y

otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y

colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en

las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora

la ciudad de Grenoble.

Al occidente, dominando el cauce arenoso del Ródano, que se esconde á

veces entre pequeños bosques de sauces silvestres y álamos blancos de

empinadas copas, corre la serranía del Ardeche, triste y estéril,

compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en

trecho cortados por algunas abras. Allí falta toda vegetacion, porque

los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apénas se ven, de

distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos

feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los

abismos, ya algunas pequeñas poblaciones trepadas á la falda de los

cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde

léjos cada una un vasto nido de águilas adherido á los picos de las

rocas.

En medio de esas dos formaciones orográficas de tan distinto aspecto,

demora el opulento valle, cruzado por pequeños afluentes del Ródano,

entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la poética Provenza.

Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una

especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de

moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda,

y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en

calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivísimo

de los almendros ó el casi amarillo de los viñedos intermediarios que

comienzan á abrir sus primeras hojas. Despues, á medida que uno se aleja

de Lyon, va viendo disminuir el número de moreras, progresivamente

reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color,

cuya tinta gris, melancólica en extremo, se destaca como un inmenso y

moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en

medio de las anchas calles de olivos.

Desde Lyon hasta Marsella el ferrocarril pasa tocando en muchas ciudades

y poblaciones importantes, algunas de ellas ricas en monumentos

antiguos, romanos y feudales, y en recuerdos y tradiciones de mucha

significacion para la historia. Pasa primero el tren por un considerable

túnel por debajo de la ciudad de Vienne, situada á la orilla izquierda

del Ródano, sobre un lecho de rocas de silex y granito, al parecer, y al

pié de colinas donde vegetan las viñas escalonadas en anfiteatro; y

luego se cruza la llanura que tiene por centro á Valence, ciudad algo

considerable, y que se prolonga luego sin interrupcion, por Montelimart,

Orange, Avignon, Tarascon y Rognac, hasta dar con el Mediterráneo en las

cercanías de Marsella.

Donde quiera se encuentran allí tesoros de arquitectura, escultura y

pintura, que le recuerdan al viajero todo lo que la civilizacion romana,

y despues la de la edad media hacinaron en los campos de la Galia

meridional para dejar magníficas huellas de su paso. A poca distancia de

la via cerca de Tarascon, subsiste aún en Saint-Esprit un famosísimo

puente monumental echado por los Romanos sobre el Ródano, que despierta

la admiracion hácia las obras admirables de esa raza de titanes, y que

ninguno ha logrado imitar con perfeccion de grandeza y duracion.

Al pasar por la Provenza se siente uno conmovido por un mundo de

recuerdos que hacen soñar con los heróicos tiempos de los trovadores

provenzales, esos inspirados y galantes fundadores de la lengua francesa

y propagadores, de la poesía, la música, el canto, el sentimiento

caballeresco y religioso y el espiritualismo de la idea cristiana.

Delante de Avignon, en cuyo centro se ostentan aún magníficas ruinas,

como las del famoso palacio del Papa, que fué su residencia durante el

cisma, no puede uno ménos que recordar á Vaucluse, idear la figura

poética de la ingrata pero púdica Laura, y murmurar alguno de los dulces

é inmortales sonetos de Petrarca, el rey de los cantores del amor.

Se comprende bien aquella admirable pasion sentimental y heróica, al

pensar en el carácter de los siglos XII y XIII, y al contemplar la

encantadora comarca de la Provenza, que entónces debió ser mucho mas

bella y fecunda en inspiracion. No ménos interesante es Tarascon, donde

se ven ruínas de monumentos importantes, testimonios de un antiguo

esplendor. Pero desde allí hasta Marsella la via pierde su interes

artístico, porque el cordon de ciudades monumentales se aparta hácia el

Sur cruzando el Languedoc, país semi-frances, semi-romano y español. Es

allí donde se encuentran sucesivamente las interesantes ciudades de

Arles, Nîmes y Montpellier, esta notabilísima como centro literario y

científico, no desprovista de bellezas de arte, y las otras dos como

verdaderos santuarios que guardan dentro de sus muros los prodigios del

arte plástico y de arquitectura y pintura que la civilizacion atesoró en

su marcha sucesiva en el mediodía de Francia.

La llanura pierde al fin su dilatado horizonte en Rognac, las colinas y

los cerros se complican, anunciando la proximidad de la opulenta

Marsella, y el Mediterráneo, penetrando por un pequeño golfo en medio de

las redondas montañas de la costa, sorprende al viajero, ofreciéndole en

las ricas salinas de Berre, Rognac y Martigues un hermoso lago circular,

tranquilo y cristalino, cuyas ondas llegan hasta el pié de los olivos.

La senda se estrecha, las graciosas quintas y casas de campo se

multiplican á uno y otro lado, rodeadas de jardines y huertos, de olivos

y viñedos, todo de una frescura encantadora; el movimiento comercial se

hace sentir; las grandes fábricas é ingenios se destacan lanzando de sus

altas chimeneas columnas de humo negro que van á desvanecerse en las

rocas de las empinadas montañas, y al fin Marsella, la reina del

Mediterráneo, se presenta á los ojos del viajero, irregular, agitada

como una inmensa colonia de actividad cosmopolita.

* * * * *

Si la romántica y gentil Venecia, bañada en todos sus flancos por las

ondas murmurantes del mar, ha sido llamada con razon la _reina del

Adriático_, Marsella, elevada por la actividad del comercio moderno á

una importancia colosal, merece con mayor justicia quizás el nombre

pomposo de _emperatriz del Mediterráneo_. Su admirable situacion, su

fabuloso progreso, su mérito fabril, sus inmensas relaciones

comerciales, el fuerte guarismo de su poblacion, su grandeza material,

su tipo social característico, su pasado y su porvenir, todo concurre á

hacer en extremo interesante el estudio de la opulenta Marsella, la

perla de la Francia meridional, la antigua colonia de los Focios,

capital de la extinguida República marsellesa, que César no pudo vencer

y conquistar, y que inmortalizó su nombre en la revolucion francesa con

su legion de héroes y el himno admirable que electrizara á la Europa

entera en las grandes luchas de la libertad contra el absolutismo.

Marsella, la _Massilia_ de los Romanos, a quien Tácito llamaba «la

Aténas de las Galias» (con muy poca razon acaso, bajo el punto de vista

literario), está situada á 813 kilómetros de Paris sobre la costa

oriental del agitado golfo semicircular de Lyon, cerca de la embocadura

del pequeño rio Huveaunne y á algunas leguas al Este de las bocas del

Ródano. Su bahía es pequeña, pero profunda y capaz de contener grandes

flotas, y abrigada en todas direcciones por una red de colinas y

montañas desnudas que se elevan al oriente en anfiteatro pintoresco.

Como el Mediterráneo carece casi de flujo y reflujo, la bahía, dominada

por rocas estupendas, fortalezas y montañas, está siempre llena, poblada

de centenares y aún millares de embarcaciones, que producen no solo un

movimiento comercial inmenso, sino tambien un espectáculo grandioso y

del mayor interes. Las colinas, que arrancan desde la orilla del mar, se

van elevando unas sobre otras, escalonadas y desnudas, calcinadas por el

sol y pedregosas, hasta alcanzar una altura de mil metros que permite

dominar todo el espléndido panorama.

En una de las montañas vecinas se encuentra, dominando la ciudad, el

antiguo fuerte de Nuestra Señora de la Guardia, al lado del cual está la

capilla del mismo nombre, cuya vírgen goza de la mas alta veneracion de

parte de los marinos. Frecuentemente, antes de emprender un largo viaje

marítimo, los marinos suben en peregrinacion á la capilla para hacer

ofrendas á la virgen milagrosa y pedirle proteccion. Otras veces un

voto, hecho en los momentos solemnes del peligro, en las soledades del

Océano, es lo que va á cumplir sobre la árida montaña ese sér

indiferente a todo, connaturalizado con la tempestad, que se llama un

marino.

¡Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el

hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas

sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espíritu

y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se

llama gloria ó _amor_, para otros ambicion ó interes de fortuna; para

muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al

mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada

por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con

alguna ilusion para alimentar sus ensueños ó sus recuerdos en los

desiertos del Océano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su

creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion!

La altura de Nuestra Señora de la Guardia es el sitio mas encantador que

puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje

complejo cuyo centro es Marsella. Desde allí se contempla un panorama

inmenso, en varias direcciones. Al pié, al occidente, demora la ciudad,

donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas

grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magníficos

_plátanos_ orientales, tilos, castaños y otros árboles de gran talla y

tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mármol ó de piedra. Vese

distintamente establecida por el puerto y la espléndida calle

_Canebière_ la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la

antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnífico

puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en

pequeñísimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y

horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos

de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con

trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases

inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo

que se llama el barrio de la _Joliette_, y está limitado por los nuevos

puertos y magníficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la

vasta área del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas

donde se ha trazado el plan de una novísima Marsella que contendrá

150,000 habitantes en bellísimas calles. Despues se toca con el

cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se

extienden en direccion al valle del Ródano los admirables campos

poblados de fábricas diversas, quintas bellísimas, huertos, jardines y

plantaciones de olivos, almendros, viñedos, moreras, trigales y

hortalizas variadas.

La nueva Marsella, vasta, regular y magnífica, se extiende hácia el sur,

hasta tocar con las encantadoras alamedas del _Prado_, orilladas por

preciosas quíntas-palacios á estilo de las _villas_ italianas, donde el

mármol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hácia

el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pié

de la que sirve de asiento al bellísimo jardin botánico-zoológico de

aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda

parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas

y las casas muy elevadas: las magníficas arboledas hacen un juego

pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y

fuentes que decoran las mejores plazas ó plazuelas. Es allí donde está

aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos

almacenes, las bellas tiendas de joyería y modas, los grandes hoteles,

los suntuosos cafés, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el

conjunto gracioso y variadísimo de una gran ciudad meridional, francesa

y mercantil.

Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastísimos de mampostería,

se completa el cuadro con la escena marítima. Vese la hermosa rada

limitada al occidente por un cordon circular de montañas desnudas y

rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado

literalmente de embarcaciones de todos tamaños (trescientas por lo ménos

de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mástiles, vergas y

banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas ó

faluchas con sus cortinajes ó toldos de colores vivos coronados de

banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que

pueblan el nuevo puerto de los _Docks_ (Diques), cercado de almacenes de

depósito en su vastísima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su

canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus

muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos

muelles no tendrán menos de 4,000 en su circunferencia.

Dos fuertes muy considerables, _San Juan_ y _San Nicolás_, cierran y

defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques

de vela. Por último, extendiendo la vista, se ve la rada redondeándose

para estrecharse á la salida y confundir sus ondas con las del

Mediterráneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la

verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo

de _If_, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las

violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de

estado á muchos hombres notables en la historia, y es allí donde

Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate _Faria_ en la

admirable novela del _Conde de Monte-Cristo_.

Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Señora

de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa

marítima. Al pié la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de

movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar,

inmensa, silenciosa, sombría, solitaria; y al nor-oeste las montañas

vecinas, las campiñas pintorescas, y á lo léjos las llanuras del Ródano

limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para

encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas

inmenso aún para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo

tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse

hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soñadora....

Bajemos de la montaña para echar una rápida ojeada sobre el interior de

Marsella. Esta antiquísima ciudad, fundada por los Focios 609 años

ántes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago,

ha ido siempre en prosperidad, á pesar de los grandes desastres que la

han puesto á prueba en varias épocas. Su poblacion aumenta hoy de un

modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apánas 160,000 habitantes, y

hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido

verificarse sino á virtud de estupendos trabajos de mina y nivelación

que, extendiendo mucho el área, han permitido emprender nuevas

construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad

marítima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ántes

de veinte años quizas tendrá 600,000 almas y figurará como la quinta ó

sexta ciudad de Europa.

La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y

de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de

Francia en el Mediterráneo, ha crecido á virtud del establecimiento de

los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre

la metrópoli y la Francia africana. Pero todavía tiene un porvenir mas

grandioso, que le están preparando en Asia y en Colombia y Oceanía los

canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes

vias de comunicacion estén abiertas al comercio del mundo, Marsella

centralizará en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme

movimiento cosmopolita que se producirá. El Oriente será en cierto modo

trasladado á las costas del Mediterráneo, y Marsella será un opulento

santuario donde se confundirán por el cambio Europa y Asia, Africa y

Colombia, como en una colonia de la humanidad.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 17 / 45 段