casas; campestres, anchurosos caminos carreteros, numerosísimas barcas
en los rios, viejos castillos feudales sobre las cimas escarpadas de
los cerros; y todo cubierto por un cielo magnífico, muy de extrañar en
el mes de marzo aun.
Pero nada me producía tan profunda sensacion como el contraste del
espectáculo lejano con el que tenia á los piés. Al oriente cerraban los
Alpes el horizonte con su corona inmensa de blanquísimas nubes,
levantándose desde la llanura en escalones sucesivos y en perspectiva,
para terminar como titanes de nieve con sus cabezas brillantes hundidas
en el éter, distinguiéndose entre ellas, muy lejana, la mole grandiosa
del _Monte-Blanco_, ese rey de los Alpes que tiene por cortesanos á
todos los reyes y los viajeros de Europa. Aquella cadena de montañas,
unas azulosas, otras brillantes por sus nieves, tenian uña majestad
arrobadora que yo, con mi corazón de Colombiano, comprendía
perfectamente y contemplaba con amor.
Pero al pié veía la vasta ciudad, cuya cabeza es una inmensa roca y
cuyas arterias son los dos hermosos rios, atravesados por quince ó diez
y seis puentes, que son como las venas ligadoras. Aquí, casi bajo mis
plantas, la ciudad romana y gótica, triste, sucia, sombría, en laberinto
inexplicable, pero llena de misterio, de tradiciones y monumentos
típicos. Al frente, sobre la izquierda del Ródano, hacia la llanura, la
_Guillotière y Broteaux_, barrios anchurosos, cortados en ángulos rectos
por calles de una regularidad matemática, con grandes muelles y vastos
cuarteles, prolongándose hacia la campiña en un arco de fortalezas y
casas de campo. Y por último, en medio de los dos rios, la parte
aristocrática y opulenta de Lyon, irregular, fea y repugnante al pié de
_Croix-Rouese,_ pero luego elegante, suntuosa, rejuvenecida y llena de
animación hacia abajo, hasta su límite en la confluencia de los rios, al
sur de la espléndida estacion del ferrocarril, que pudiera llamarse el
Palacio de las locomotivas.
Al mirar hacia arriba, al este, creía contemplar á Colombia, con sus
cordilleras prodigiosas y su salvaje grandeza, no obstante que los Alpes
me parecían apenas un remedo humilde de los gigantescos Andes. Pero
mirando hácia abajo, hallaba á Europa, con sus tradiciones romanas y
góticas, sus prodigios de arte, su animación industrial y comercial,
sus grandes progresos de locomocion, y sus lamentables contrastes de
opulencia y miseria. La contemplacion de aquel panorama desconocido me
hizo meditar durante largas horas, y creo que nunca olvidaré las
impresiones allí recogidas.
* * * * *
CAPITULO II.
* * * * *
LA CIUDAD DE LYON.
Hidrografía.--Varios objetos,--El Palacio de las Artes,--Un contraste
curioso.--Varios monumentos.--Las fábricas de sederías.
Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion,
por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy sólidos, pero de
los cuales son los mejores dos de mampostería en el Saona y uno de
madera en el Ródano. Algunos son colgantes, y casi todos están sometidos
á pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la
ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las
nuevas, entre las cuales se distingue la espléndida calle _Imperial_,
reputada como una de las mas hermosas de Europa.
A lo largo de ámbos ríos hay muelles espaciosos, donde atracan
centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construcción
especial para la navegacion del Ródano y del Saona. La ciudad cuenta
muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son
muy notables por su belleza y elegancia: la de _Bellecour_ ó _Luis el
Grande_, espaciosísima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese
rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de _Napoleon_, con la
estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos árboles, que se
confunden con las vastas avenidas que tocan á la estacion del
ferrocarril llamada de _Perrache_; la plaza _Imperial_, que es una
especie de _square_, muy bonita, y la de _Terreaux_, en la cual se
encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las _Artes_ ó de
San Pedro. La plaza de _Tholozan_, á la orilla derecha del Ródano, no es
notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque
de Albufera, que hizo la guerra en España en 1808 y los años siguientes.
La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigüedad, ya por el
gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad
antigua, que ellos llamaron _Lugdunum_, estuvo toda sobre la colina y
faldas de Fourvières, é incendiada que fué tocóle á Neron mandarla
reedificar, extendiéndola sobre ámbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta
calles, y cuatro larguísimas calzadas ó avenidas que siguen las márgenes
de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor.
Algunas de sus mas antiguas iglesias están en ruina, y hoy las
restauran, al mismo tiempo que se concluyen ó prosiguen vastísimas
construcciones que rejuvenecen la ciudad.
Al frente de los muelles ó atracaderos de manipostería se encuentran
muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y
llaman justamente la atencion del viajero.
Entre esos son de mucho mérito, por su majestad y su importancia, así
como por su solidez, el _Palacio de Justicia_, sobre la margen derecha
del Saona, y sobre la derecha del Ródano los inmensos edificios,
ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen
el Hospital y el Hospicio, que recogen á muchos centenares de huérfanos
y enfermos, sirviendo también de bazares en el piso bajo, donde hay
innumerables tiendas y almacenes de todas clases.
Tambien demoran sobre las mismas avenidas de los muelles otros edificios
públicos interesantes, pero desnudos de todo valor artístico,--tales
como el de la Universidad y Biblioteca (que es de gran mérito y cuenta
unos cien mil volúmenes); el Hospital militar, la fábrica de tabacos y
las carnicerías, sobre el Ródano; y del lado del Saona, la Aduana, el
teatro de Celestinos, los arsenales, etc.
Lyon no tiene sino dos teatros que merezcan atención: el Gran Teatro,
donde ejecutan óperas solamente, y hace juego con la fachada secundaria
del palacio municipal; y el de los Celestinos, para comedias y dramas,
construido con regulares proporciones en un local de un antiguo
convento. Solo el primero puede figurar como monumento, aunque
subalterno, pues está aislado y muestra pretensiones artisticas, no
obstante que su arquitectura es pesada y grosera. El interior es muy
espacioso, pero carece de lujo y elegancia, si se le compara con los mas
bellos de otras ciudades europeas.
La ciudad cuenta ya con un hermoso mercado de estilo moderno, es decir
de cimientos y zócalos de piedra y paredes y naves de hierro y cristal.
Están acabando también la Bolsa, palacio espléndido, de mucho gusto y
que será un verdadero monumento para las artes y la especulacion.
El Palacio municipal es un bello y elegante edificio, de una
arquitectura sencilla que pertenece á la época del primer imperio,
careciendo de carácter determinado, pero risueña y sin pretensiones
plagiarias. En lo demas, las construcciones modernas corresponden en
todo al estilo de las de Paris, con la especialidad de tender siempre á
la sencillez característica del siglo actual. Si en lo material Lyon es
una especie de copia de Paris, en lo moral tiene algo que se aproxima á
la caricatura. Se echa de ver en las costumbres la pretension de imitar
en todo las de Paris; pero como el tipo meridional opone allí sus
condiciones especiales, resulta una especie de lucha moral que destruye
todo colorido local, sin permitir poroso la asimilacion. De aquí
proviene que muchos usos son exagerados, y que con frecuencia se
tropieza en las calles con fisonomías y grupos que tienen sus buenas
puntas de extravagancia.
La poblacion lionesa es muy liberal y aún republicana, revelando en su
estilo general cierto carácter benévolo que estimula agradablemente al
viajero. Y por una de esas excentricidades aparentes de los pueblos,
que no carecen jamas de explicacion, aquella ciudad, que es un emporio
de riqueza y que vive en las faenas de un gran movimiento industrial y
comercial, revela una inclinacion decidida por las bellas artes, cultiva
ese gusto con esmero y entusiasmo, y posee monumentos de todo género que
pueden enorgullecerla por mas de un motivo. Son afamadas las orquestas
de Lyon, se busca el teatro con placer, se trabajan bellísimas obras de
escultura, y Lyon conserva con justa vanidad sus ricos museos y
monumentos y sus escuelas de pintura, escultura, arquitectura y música,
y ha sido y continúa siendo la cuna de muchos artistas de gran mérito.
El primer monumento que el viajero visita en Lyon es el Palacio de las
Artes en el cual se encuentran los museos de antigüedades, de pintura,
de escultura, de historia natural y de geología y mineralogía, así como
el salon provisorio de la Bolsa. El vasto edificio tiene tal suma de
curiosidades preciosas, desde sus claustros hasta sus altas galerías y
sus terrazas, que requiere un estudio de muchos dias. Que el lector me
perdone, pues apenas me es dado ofrecerle una idea muy sucinta de las
impresiones recogidas en solo unas ocho horas de observacion muy rápida.
Si el exterior del Palacio carece de mérito, en el interior el interes
comienza desde que se entra en el extenso patio claustrado, que domina
una terraza en circunferencia, con balaustradas de piedra, como todo el
edificio, y una serie de grandes grupos y altos relieves representando
multitud de pasajes históricos, al aire libre y la intemperie. La mayor
parte son excelentes, a pesar de muchas mutilaciones en los pormenores;
pero algunos grupos son de tanto mérito por la energía de expresion y la
delicadeza y audacia del cincel y el buril, que deleitan y fascinan,
maravillándose uno de hallar tan finas esculturas en la piedra bruta.
Los cuatro claustros bajos contienen una abundantísima coleccion
arqueológica exclusivamente lionesa, en la cual alternan los mas
curiosos objetos, unos (poquísimos) de la época anterior á la conquista
de las Galias por César, y la mayor parte correspondientes á las épocas
romana, byzantina y gótica. Vasos etruscos, de imitacion tosca,
estatuas, bustos y grupos curiosísimos, planchas enormes de piedra bruta
ó trozos de mármol, con relieves preciosos, revelando toda una
civilizacion,--y sepulcros, lápidas y columnas truncadas, cuajadas de
inscripciones que se conservan con maravillosa regularidad, y esbozos
byzantinos en piedra que tienen el aire de caricaturas de una sociedad
que el polvo de los siglos arropara,--todo eso, colocado con
inteligencia contra los muros del claustro, constituye no solo una
escuela popular para los sentidos, sino la imágen sombría pero elocuente
de las generaciones pasadas. Aquella es una verdadera coleccion de
escombros de civilizacion y de enseñanzas del tiempo, desde la gran
lápida en que Rómulo y Remo reciben el alimento fabuloso de la inmortal
loba, hasta las últimas labores que la arquitectura gótica (espontánea,
paciente y popular por excelencia) dejó profusamente deseminadas donde
quiera.
El salon de antigüedades artísticas no es ménos curioso, aunque
comparativamente es pobre y subalterno. Contiene colecciones preciosas
de monedas, medallas, pequeños vasos y placas y armas de metal, marfil,
madera, etc., la mayor parte de mucho gusto por sus incrustaciones y
relieves, entre los cuales hay grupos de increible perfeccion, que
admiran al que ha podido creer, alucinado por la fascinacion de la
industria moderna, que la antigüedad, bajo el punto de vista artístico,
no ha producido maravillas superiores y aún inimitables cuyo genio y
secreto se han perdido para la civilizacion.
No es sobresaliente la coleccion de obras modernas de artistas lioneses,
que compone el modesto museo de escultura ó estatuaria. Aunque hay allí
algunas estatuas en mármol y yeso de mérito indisputable, y algunos
bustos de bronce superiores, la coleccion es algo pobre. Hay,
sinembargo, allí una estatua de Pandora, en mármol purísimo, tan bella y
delicada, que vale por todo un museo; así como llama la atencion, al píe
de una escalera, la colosal estatua de Minerva, en yeso, obra de un
escultor contemporáneo, que puede figurar con honor en el mas
espléndido jardin de Europa.
Despues de la sala de escultura ó estatuaria se encuentra en el vasto
palacio de las Artes el interesante salon de pinturas que contiene la
galería especial de los pintores lioneses. En general se observa en el
estilo de esos artistas bastante vigor de colorido, y una marcada
predileccion por el paisaje y la historia. Aunque la coleccion no es muy
abundante ni sobresaliente, merece bien fijar la atencion. Llamaron la
mia particularmente los cuadros de Claudio Bonnefond, artista de alto
mérito, no solo por la maestría del pincel, sino por el profundo
conocimiento que revela tener de los efectos de luz y de la perspectiva.
Recuerdo haber gozado mucho con la contemplacion de un cuadro pequeño
que representa el refectorio de un monasterio en perspectiva, precioso
por sus golpes de luz y su energía de claro oscuro. Con todo, no
considero que los artistas lioneses tengan razon para aspirar á
constituir una escuela, si se ha de juzgar por el Museo.
Otra galería mucho mas vasta y magnífica contiene los cuadros del Museo
comun, y en realidad hay obras allí de un mérito sobresaliente, tales
como la muerte de Abel, por Orsel, y una Judit mostrando la cabeza de
Holofernes, trabajo superior por su atrevimiento de formas y vigor de
expresion y de pintura. Pero la mayor parte de aquellos cuadros son
copias modernas, y aunque la galería es casi toda histórica, y contiene
varios cuadros superiores, no es en realidad sorprendente, ni deja
impresion como las obras maestras. Échase de ver que Lyon ha querido ser
á todo trance un gran centro artístico, sin haber pasado de cierta
mediocridad distinguida (permítaseme la expresion), porque el ruido de
las máquinas y de los carros no permite allí un gran desarrollo
espiritual como conviene á las bellas artes.
Mucho mas estimables son en su género las demas galerías, puramente
científicas, que contienen los Museos de Historia natural, de
Mineralogia y de Geología. El primero, que no es muy considerable,
aunque merece mucho aprecio en una capital de segundo órden, está muy
bien conservado y es un conjunto escogido de las especies mas raras y
notables en las diversas familias del reino animal. Aquel es un
verdadero museo de provincia, si se le compara con los de Lóndres,
Paris, Berlin y otras grandes capitales, pero es completo y esmerado y
hace honor á la opulenta metrópoli del Ródano, como á la Francia,
Pero es todavía mas interesante la galeria mineralógica, ya por la
belleza de sus muestras (aunque algunas algo desordenadas) en punto á
cristalizaciones y aglomeraciones metálicas y metalóideas; ya por la
riqueza y abundancia de los mármoles y piedras finas. Llegan á
centenares las lápidas que contiene el Museo de mármoles de todos
colores y tipos, de muchos puntos de Europa, como España, Italia, Suiza
y Bélgica, y muy especialmente de las ricas canteras de Francia. Son
admirables algunos mármoles negros, amarillos, y veteados, producto de
los Pirineos, de las montañas del Jura, de los Alpes, los Vosgas, etc.;
y al ver tan hermosas y variadas muestras se extraña que,
comparativamente, no se dé á los mármoles en Francia toda la aplicacion
de que son susceptibles.
* * * * *
La inspeccion del Palacio de las Artes, por rápida que sea, produce en
el extranjero visitante una impression importante, á saber, que la
sociedad de Lyon tiene evidentemente gusto _por_ las bellas artes, pero
no verdadero gusto artístico ó _en_ las artes, puesto que, en lo
general, sus obras públicas adolecen de mediocridad, y sus costumbres no
están en armonía con esa distincion exquisita que es el sello
característico del arte. Tan cierto es esto, como que los Lioneses no se
distinguen sino en esa especie de juguete artístico, que llamaré arte de
capricho ó de la moda, ajeno á toda inspiracion, y que se manifiesta en
los preciosos dibujos de las sederías que salen de las ochocientas
pequeñas fábricas de Lyon.
Allí donde el espíritu industrial se alía con el arte, se ve el
refinamiento, el trabajo delicado y gracioso, porque Lyon, á pesar de
sus pretensiones literarias y artísticas, no es por excelencia sino una
gran ciudad manufacturera y comercial. En mi concepto, el arte
verdadero, es decir el que se inspira de las grandes cosas y hace
grandes revelaciones, no puede nacer y vivir hoy en las ciudades
opulentas, entre el bullicio de la especulacion, las miserias y
vanidades de lo que llaman el _mundo_ y las farsas de la moda
caprichosa. Si la mímica ó el arte dramático, la caricatura, el vals
fugitivo y el palacio pintoresco pueden aparecer en las grandes
metrópolis de la industria, la política y la moda, no así el poema
sublime, el cuadro severo de pintura, la obra magistral y divina de
arquitectura y escultura, ó las solemnes y graves armonías de Mozart ó
Bellini.
* * * * *
En punto á monumentos, Lyon posee algunos bastante antiguos y de mérito,
que llaman justamente la atencion del viajero. De estos citaré: la
Catedral, la iglesia de San Pedro y la antiquísima abadía de Áinay
(_casa de Dios_ en catalan); y entre los monumentos públicos de otro
órden mencionaré el Hotel-Dieu ó Casa de beneficencia, y el Palacio de
justicia.
Olvidaba hacer notar una circunstancia curiosa que observé en el Palacio
de las Artas y me impresionó profundamente. La Bolsa de Lyon estaba
provisionalmente establecida en la parte baja del palacio, en un vasto y
oscuro salon que fué en otro tiempo una capilla. Cuando bajaba de
contemplar los mil objetos de arte que encierran los diferentes museos,
oí una espantosa gritería que, como una gran bacanal subterránea,
ensordecia con sus ecos repetidos por la bóveda sombría. La curiosidad
me hizo acercarme, y solo al hallarme en medio de la indescriptible
escena pude creer que allí estaba la Bolsa de un país civilizado.
Todavía se conservan en los muros de la vieja capilla los grupos de
piedra en grueso relieve, que representan los mas notables sucesos de la
historia de Cristo. Al pié de María estaba un corrillo de noticieros de
bolsa propalando mil mentiras sobre la cuestión de Italia, y enfrente de
un Cristo de grandes dimensiones debatian los agiotistas y jugadores de
bolsa sus tratos sobre el _tres por ciento_, el _cuatro y medio_, las
_primas_, las acciones de _ferrocarriles_, etc.
Habia en el centro del salon una doble barrera, y en tanto que al lado
exterior se agitaba el enjambre de embusteros, jugadores y
especuladores, haciendo propuestas, difundiendo noticias contradictorias
y remolineando en un hormigueo interminable,--dentro del gran círculo
estaban los agiotistas de primer órden, sosteniendo con admirable aplomo
una telegrafía mímica que representaba el juego monetario, y en el
círculo mas reducido se agitaban los agentes de cambio ó corredores,
haciendo las muecas mas extrañas los unos, los otros gritando como
energúmenos para anunciar cada propuesta ó pedido de fondos y cada
_puja_, y otro en fin, impasible como el sacerdote del culto monetario,
alzaba el brazo de tiempo en tiempo para marcar en un tablero el
movimiento de alza y baja, en cifras convencionales que son como la
teología del dinero.
¡Singular contraste, perfectamente característico del siglo actual! El
templo consagrado ántes á la oracion, convertido en casa de juego legal
y al culto del becerro de oro; la estatua sublime de Cristo arriba, y
abajo la figura codiciosa del agente de cambio; la especulacion,
prosáica y desenfrenada, en el fondo de un palacio cuajado de estatuas y
tumbas de la antigüedad, de cuadros superiores, de mil tesoros recogidos
por la mano paciente y desinteresada del sabio y del artista! Aquel
espectáculo es mas elocuente que muchos volúmenes para caracterizar el
movimiento del siglo XIX.
* * * * *
La catedral de Lyon, situada en el fondo de la parte vieja ú occidental
de la ciudad, en medio de feas y tortuosas callejuelas, es un hermoso
monumento que tendría mayor importancia si estuviese rodeado de mejores
calles y edificios. Es una enorme masa de piedra pura, larga y angosta,
y corresponde al estilo gótico de la segunda época, en que figura la
combinacion de la grande ogiva y el arco pleno. Si no me equivoco, data
del siglo XII al XIII. La fachada no tiene particularidad alguna, ni la
forma de sus torres, sus relieves, sus bastiones arqueados y todo lo
demas que constituye el exterior, como remate de las capillas, obras
todas que no corresponden al mérito del trabajo interior.
Aparte de los dos órdenes de capillas laterales, el cuerpo de la
catedral tiene cuatro naves, tres de fondo y una trasversal para formar
la gran cruz característica de las catedrales góticas. Toda la mole de
piedra, vasta y atrevida, que compone la bóveda, reposa sobre diez y
seis grandes columnas, cada una compuesta de nueve de espesor desigual,
lanzadas con vigor á dar con el altísimo artesonado de mampostería,
desnudo y sombrío. La nave central es de un grande atrevimiento, y hay
en todo el edificio ese carácter severo de oscuridad y sencillez
solemnes que distinguia sobre todo á la arquitectura gótica de Francia.
La ausencia de todo lujo, de todos los dorados y adornos extraños al
arte mismo, se manifiesta allí, revelándose en la mole colosal de pura
piedra y madera (sin mármoles ni baldosas suntuosas) ese sentimiento
austeramente religioso que dominó en sus grandes creaciones á los
pueblos artistas de la edad media.
Por lo demas, los cuadros religiosos pintados en los vidrios de colores
de las altas ogivas, son de muchísimo mérito, y tanto que pueden
rivalizar con los de Nuestra Señora de Paris. El coro tiene primorosas
esculturas y bajos relieves muy bellos en encina y nogal; pero es
difícil apreciarlos por la oscuridad del templo, siempre sombrío y
solitario.
La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gótico, puro y de la
misma época ó quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todavía
de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones
de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo
serán otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza
de esculturas ó preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres
naves tambien, cortadas hácia la testera, y su mérito consiste en el
atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes
ogivas. De resto, sus mosáicos en vidrio carecen de mérito, y el
conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que
entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda,
negra, sombría como un castillo feudal.
La pequeña iglesia de Ainay, antigua abadía, llama la atencion de todos
los viajeros, no por el mérito que tenga como obra de arquitectura, sino
porque es una curiosidad histórica muy particular. Algunos pretenden que
fué construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V,
habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una
construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo
de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de
los templos de la edad media.
La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la única que allí se
conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi
tan ancha como larga; tiene bellos mosáicos en vidrio y grandes baldosas
que contienen su historia en antiguos caractéres ó jeroglíficos; y es
notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola
pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo
estupendo hallado en las cercanías de Lyon formando una columna romana.