El panorama que se extiende á la salida de Lóndres, hácia el sud-este,

es por lo ménos tan interesante como el del sud-oeste, por la via de

Southampton. Por todas partes, durante los primeros minutos, aparece

Lóndres como una inmensa fábrica-factoría, bajo el tren en que el

viajero ve pasar los objetos con la rapidez del rayo. Las líneas de

ferrocarriles se cruzan, enlazan y complican en todas direcciones; los

trenes se multiplican, conduciendo viajeros á millares y en incesante

movimiento; los cambios de perspectiva son infinitos, ofreciendo los mas

variados cuadros.

Se siente una especie de vértigo al ver aparecer repentinamente y

esconderse al instante entre nubes de niebla y humo, ó detras de algunas

colinas cubiertas de quíntas, pequeñas villas en una serie que parece

interminable. En breve Lóndres y sus arrabales y pueblos circunvecinos

se pierden de vista en la base, miéntras que sus altas torres y

elevadísimas chimeneas humeantes se muestran como suspendidas en el aire

sobre un vasto cimiento de niebla. Las innumerables fábricas han quedado

atrás, y al movimiento de las gentes y la monotonía melancólica y

prosáica de los edificios urbanos suceden el capricho, la variedad, la

alegría risueña y la frescura de todo lo que constituye la campiña en

Inglaterra, hermosa aún ántes de que el verdor de la primavera haya

hecho olvidar todas las tristezas del invierno. Ya se ve como una

fantasmagoría la mole romántica de un castillo aristocrático; ya la

alegre fachada de una quinta primorosa encuadrada entre jardines,

pequeños bosques é invernáculos; ora el campo cultivado con admirable

esmero, surcado por canales de irrigacion mas ó ménos considerables ó de

pequeña navegacion; ora el prado en que saltan y relinchan los bellos

potros ingleses, ó balan en tropel las blanquísimas y corpulentas

ovejas; tan presto un _tunnel_ elegante en sus formas y cuyas tinieblas

hacen extraño contraste con la escena anterior; y luego, al salir de la

caverna artificíal, un vasto parque poblado de pinos y otros árboles de

vegetacion permanente, cuyos negros follajes sacudidos por la brisa los

hacen parecer de léjos fantasmas que bailan entrelazados sobre vastos

salones tapizados de nieve y bajo una inmensa cúpula de niebla.

Al ver en perspectiva el Palacio de cristal, se le tomaría por un

palacio chinesco ó un templo de hadas en medio de escombros

antediluvianos y mil primores de la Flora moderna, como un punto de

alianza entre el mundo primitivo y el contemporáneo. Lagos artificiales;

planos inclinados cubiertos de verde musgo y finísima grama; colinas

pobladas de bosquecillos caprichosos; miradores y pabellones de cristal

de mil colores, alzándose entre limpios jardines; altos plumajes dé agua

arrojados por cien bocas de bronce, de los estanques circulares, en

juego encantador; y allá en los lagos, ó al pié de las colinas, enormes

_iguanadones_ y otros animales antediluvianos, audazmente imitados en

metal ó piedra;--he ahí el vasto y caprichoso conjunto que sirve como de

cuadro de relieves al enorme y luminoso palacio que se destaca en la

cima de la gran colina, como una mansion encantada, aérea, trasparente y

multicolora, construida durante la noche por una legion de hadas, al

rayo de la luna, y repleta de perfumes y tesoros, para brillar luego á

la luz del sol, cuando la niebla se disipa, con todo el esplendor de una

suntuosa maravilla.

No ensayaré hacer una descripcion, ni rápida siquiera, de ese admirable

monumento de la grandeza británica y del progreso cosmopolita de la

civilizacion moderna. Para adquirir una idea completa del _Palacio de

Cristal_, es preciso estudiarlo muy atenta y minuciosamente por lo ménos

durante dos semanas sin cesar. Y como mi propósito es solo el de

manifestar mis _impresiones_, toda reflexion crítica sería un plagio ó

una pedantesca mentira, no habiendo pasado sino unas seis horas en

_mirar_ apenas lo mas interesante y bello del maravilloso monumento. Mas

tarde, á virtud de una residencia detenida en Inglaterra, podré

describrir pasablemente lo que ahora solo me es dado mencionar.

El exterior del palacio tiene un conjunto de grandeza, originalidad,

capricho artístico y noble majestad al mismo tiempo, que fascina,

haciendo pensar en la civilizacion asiática. Podría pensarse que el

palacio, por sus formas, sus pormenores, sus colores, su arquitectura

singular y las inmensas graderías que les sirven de base á sus fachadas

complejas, representa la alianza del Oriente, voluptuoso y colosal, con

el Occidente, refinado y artístico; ó bien, que está destinado á revelar

en su exterior el cosmopolitismo de luz, artes, industria y riqueza, de

historia y magnificencias, contenido en la prodigiosa combinación de

objetos del interior.

El solo _palacio_ de cristal, asentado sobre una bella colina, ocupa,

sin contar sus graderías exteriores, que son inmensas y de un efecto

majestuoso, una área por lo ménos de 80,000 metros cuadrados. El

edificio, aunque unido, presenta el aspecto exterior de tres palacios,

por sus fachadas colosales. Todo reposa sobre columnas gigantescas de

hierro, y la cubierta en todos sentidos es de cristales unidos por una

inmensa armazón de metal. Aunque las torres, las cúpulas y los minaretes

tienen grande elevacion, la de la masa del monumento, sobre su piso

bajo, es poco mas ó ménos de 40 metros.

Se compone el edificio de tres pisos de tablas, inclusive el de nivel

del suelo, donde se encuentra, una considerable multitud de máquinas y

muestras de todo género, que fueron presentadas en la Exposicion de

Lóndres de 1851, y que la Compañía empresaria del palacio compró para

establecer en su recinto un verdadero museo industrial, artístico y

científico. El exámen de los objetos aglomerados en los vastísimos

salones del piso bajo exigiría un estudio detenido, durante algunas

semanas. Bajo la direccion de un hombre inteligente, el visitante puede

adquirir un gran caudal de variadísimos conocimientos, con solo hacerse

explicar la procedencia de cada máquina ó aparato, su objeto, la clave

de su construccion y su manera de funcionar.

Al subir la grande escalera que conduce al primer piso, la impresion que

se experimenta tiene al mismo tiempo mucho de profundo y vago: profundo,

porque uno se siente embelesado, lleno de una especie de asombro

delicioso, de admiracion infinita hácia tantas maravillas; y vago,

porque no se sabe qué admirar mas, si los tesoros inagotables de la

naturaleza, ó los prodigios realizados por el hombre, como sabio,

ingeniero, artista, viajero, arqueólogo, historiador, etc. Hay allí un

cuadro tan complicado y vasto, tan encantador y sorprendente que el

visitante no sabe por dónde comenzar ni á qué objetos dar la

preferencia.

Repito que no pretendo _describir_, porque no alcancé ni á medio-_mirar_

la mitad siquiera de los tesoros de arte y curiosidades que en el

_Palacio de cristal_ se encuentran. Si el palacio solo es una maravilla

de arquitectura, de mecánica y de _originalidad_ ecléctica, cada uno de

los objetos del interior es maravilloso en su género tambien. La

atmósfera que allí se respira está cargada de perfumes, porque el

interior del palacio es como un inmenso jardin aéreo, donde alternan en

admirable contraste los arbustos, las flores, las palmas, las lianas,

los helechos, los árboles frutales y cuanto hay de mas bello ú curioso

en la flora del mundo. El Asia, la América, todas las regiones del

globo, tienen allí sus mas primorosos representantes en el arte, la

vegetacion, etc., y cada visitante puede estar seguro de encontrar un

rincon de su patria, con la misma temperatura, las mismas aguas y cuanto

puede producirle una ilusion completa.

Al subir al primer piso nomas se tropieza con un contraste que

impresiona mucho: se ve á un lado el estupendo esqueleto de un árbol de

la América del Norte,--y al otro una galería de estatuas y bustos de

mármol, y cabezas aisladas que son las imágenes de los mas eminentes

pensadores y artistas contemporáneos, principalmente franceses. El árbol

a que aludo, cuya sola corteza está armada verticalmente, con todas las

proporciones que tenia el tronco en su selva del Nuevo Mundo, es el

representante de esa fuerza exuberante, salvaje y asombrosa que

distingue á la naturaleza americana. El tronco tiene todo el aspecto de

una torre sin molduras, y es tan enorme que de él solo saldría el casco

entero de un bergantin. Mas de doscientas personas caben en la

concavidad del tronco, desde su base hasta la cima. Así es la América en

todas sus producciones.

La galería de estatuas, bustos y cabezas es encantadora. Tal parece como

si la Europa inteligente, la Francia sobre todo, palpitase allí en esas

fisonomías de yeso, que despiden con sus reflejos de la luz que les

viene de la techumbre trasparente, no sé qué del rayo luminoso y del

calor que agita los cerebros inspirados de Lamartine y Víctor Hugo, de

Guizot y Luis Blanc, de Quinet y Michelet, de Jorge Sand y Alejandro

Cumas, y de tantos otros pensadores ó escritores eminentes. Muchos de

aquellos bustos son evocaciones históricas, porque son las imágenes de

Voltaire y Rousseau, de Mirebeau y Danton, de Vergniaud y Chénier, de

Chateaubriand, Byron, Walter Scott, Lamennais, Eugenio Sue, Balzac y

muchos otros genios que pertenecen á la historia de la política, la

filosofía ó la literatura.

Por lo que hace á salones artísticos, el Palacio de cristal contiene

admirables cosas. No solo conserva una inmensa porcion de curiosidades

que lo hacen rivalizar con los mejores museos de Europa, en lo relativo

á antigüedades y artes plásticas, sino que tiene en los muros y

artesonados de sus salones, como en los pavimentos, la imitación

prodigiosamente fiel de los mas preciosos modelos del arte egipcio,

griego, índigo, romano, morisco, gótico y del Renacimiento, que se han

conocido hasta ahora.

La perfeccion imitativa es tal que la ilusion es completa. Ya recorre el

visitante un salon egipcio que le hace evocar las sombras de los

Tolomeos ó de Cleopatra, con sus relieves toscos, sus momias

mitológicas, sus extrañas combinaciones de colores, su arte brutal y

misterioso al mismo tiempo, pero expresivo, y sus interminables

jeroglíficos. Ya penetra en una sala griega, sensual, poblada de

recuerdos heróicos, revelando el arte por excelencia, que toma todas sus

inspiraciones de la naturaleza, pero que, á fuerza de ser imitativo y

plástico, carecia de ese espiritualismo, celeste ó sombrío, poético

siempre, que nació con la idea cristiana. Ora, saliendo de los templos

artísticos ó salones griegos y romanos, opulentos de tradiciones é

historia, se recorren vastas cámaras que pertenecen al estilo gótico,

profundamente inspirado, espontáneo, sombrío como una leyenda religiosa,

caprichoso como los movimientos de la sociedad en recomposicion,

fantástico, solemne en muchos de sus rasgos, revelador y caballeresco.

Ora cruza el visitante esas salas-mosáicos, encantadoras, que pertenecen

al afeminado pero poético estilo oriental ó morisco, con sus techumbres

cuajadas de filigranas, sus mil colores pintorescos, sus caprichos de

inspiración, su regularidad de ejecucion, su voluptuoso refinamiento de

combinaciones. Aquí está la «sala de los Abencerrajes;» allí la de «las

Sultanas»; aún lado.«el patio de los Leones»; al otro «el retrete de

Boabdil»; en fin, todos los primores de la Alhambra y los recuerdos de

Granada y de la gentil dominacion morisca.

Por último, llaman la atencion dos preciosos salones que imitan la

arquitectura interior del _Renacimiento_,--regular, simétrica, demasiado

imitativa, delicada y culta pero sin espontaneidad;--llena de perfiles,

de relieves mitológicos, pero exenta de atrevimiento, de verdadera

inspiracion, de vida. El tránsito de uno á otro de esos salones

primorosamente esculpidos y pintados, de tan magistral imitacion, es

inolvidable: la impresion que deja es profunda,--porque es una mezcla de

admiracion y tristeza respecto de lo pasado; de santa y silenciosa

veneracion tributada al genio de la humanidad misma, y de esperanza

suprema en el progreso y el bien del porvenir, que se funda en la idea

de la indefinida renovación de las fuerzas vitales de la especie humana.

Allí, en esa serie de galerías admirables (que reproducen el arte

cosmopolita, desde la India y la China hasta la Bretaña, y desde el

Egipto hasta la patria de los Aztecas ó los Incas)--el visitante cree

asistir á una justa literaria mantenida por todos los estilos ideados

por el genio de los pueblos; ve pasar en tropel todos los siglos con su

cortejo de creaciones propias y mitologías; y quisiera descifrar en los

relieves y las inscripciones, en los mosaicos y arabescos, en los

inescrutables jeroglíficos y las trasformaciones plásticas, el misterio

de la civilización que, conducida por el tiempo, va propagándose ó

reproduciéndose como el movimiento del Océano, de onda en onda y de

reflejo en reflejo, sin acabar nunca, porque entraña la idea de lo

infinito, de lo divino y supremo, de Dios invisible y Creador!

Si muchos de los salones están en el palacio consagrados al culto del

arte y de la historia, hay otros, espaciosos como jardines, verdaderos

bosques en miniatura, que reproducen los caprichos de esa suntuosa y

perfumada arquitectura de la naturaleza, que se llama vegetación. ¡Qué

de primores aglomerados allí! Tan presto se cruza un jardín europeo,

literalmente cuajado de tesoros de jardinería refinada, donde la rosa y

la camelia alternan con mil otras flores educadas con el arte mas

minucioso y delicado; como se pasa por en medio de un vasto huerto

colombiano, bajo las anchas hojas del plátano, de la caña de azúcar y de

las palmas de _chontas, hacumas_ y cocoteros, y rosándose con las cepas

de pinas olorosas, las lianas flexibles y aéreas, las parásitas mas

bellas, los helechos arborescentes mas elegantes, y muchas plantas de

hermosura en extremo caprichosa, que crecen á una temperatura artificial

propia y al derredor de anchos estanques de lecho musgoso, donde se

agitan los peces de la zona tórrida entre las yerbas acuáticas

entretejidas caprichosamente.

Pero hay sobre todo un salón vastísimo, imitando la naturaleza de la

India, que produce la mas viva ilusión. Arroyos, fuentes, pequeñas

cascadas, peñascos sombríos y musgosos, todo está preparado allí con

cuidadosa imitacion, poblado el escenario de las plantas especiales y

mas interesantes.

En el fondo reposan la enorme serpiente enroscada al pié del peñasco, en

medio de la hojarasca; el terrible león dormido á la entrada de su gruta

sombría; la pantera lamiendo tranquilamente á sus cachorros, con la

voluptuosidad del calor de aquel clima de fuego, a la sombra del árbol

indostánico.

Y a un lado, al través de un bosquecillo de pequeñas palmas, se deslizan

cautelosamente seis ú ocho indios armados de sus lanzas, sus cuerdas y

sus mazas y dardos, en persecución de un tigre negro, cuyos ojos

chispean y en cuyas garras y contracciones musculares se ven las

crispaturas del miedo y de la rabia feroz que dominan á ese gran bandido

del desierto, cuando se ve atacado y se dispone á destrozar para

defenderse.

Los grupos son muy naturales, y tanto que por momentos siente uno el

terror de la realidad, creyendo oir entre el tupido bosque el grito

salvaje del indio cazador ó el rugido de la fiera acosada. Las actitudes

de los indios, su casi completa desnudez, sus miradas astutas, sus

rostros mates y cobrizos, sus armas primitivas, todo en fin revela ó

finge en esas estatuas de cera, la vida, la pasión, la energía de su

modo de ser y de su peligrosa situación del momento.

La India está allí, con su grandeza que asombra, con sus cosas

terribles, sus estranguladores, sus mitologías que espantan, sus

miserias sociales, su exuberancia física que abruma al espectador nacido

en Occidente....

Para hacer mas vivo el contraste, la música de un gran concierto resonó

de repente bajo la inmensa bóveda de cristal. Era sábado, dia en que los

visitantes pertenecen á la buena sociedad, porque se da en el palacio un

gran concierto y la entrada cuesta el doble de los demás dias de la

semana. La concurrencia era muy numerosa, y el vastísimo salón de los

conciertos particulares estaba colmado. Salí de la India para pasar á

Europa, trocando las escenas salvajes por las arias y overturas de la

civilización refinada; y á fe que no gané gran cosa con el cambio.

La música inglesa, á juzgar por aquel concierto ruidoso, no es muy

delicada ni noble. Había en los acordes del salón no sé qué de vulgar y

prosaico, de áspero y poco espiritual, que me desagradaba en extremo, no

obstante mi ignorancia del arte musical. El canto era todavía peor. Una

señorita _Luisa_, que estaba muy en boga como cantatriz indígena en

aquellos días, hizo el gasto principal, en algunos solos, dúos y

tercetos, que el público la estimuló á repetir. La ejecución era

correcta, como una factura inglesa; la voz pura y deliciosa por el

timbre espontáneo; pero le faltaba el calor de la inspiración, el

entusiasmo, la vida. Así es la sociedad inglesa en punto á bellas artes;

muy correcta, pero fria, sin expansion ni fuego. Hay no sé qué de

parsimonioso en la cantatriz ó el artista inglés, en lo general, que

hace pensar, al través de la armonía, en las letras de cambio, los

navios mercantes de las Indias Orientales y las fábricas de madapolanes.

El pueblo británico es una sociedad de fuerza y grandeza sociales, que

no se amalgaman bien con las delicadezas del arte y las inspiraciones

fantásticas de la poesía. El público del palacio el dia en que lo

visité, era en general muy escogido; y sinembargo, sus mas ruidosos

aplausos fueron para un coro vulgarísimo pero extravagante (en inglés,

se entiende), que tenia todas las apariencias de los gritos

atroces--_hip-hap-hurrah_!--con que los Ingleses alborotan todas sus

diversiones y sus banquetes. La Inglaterra es un pueblo positivo,

honrado y calculador, pero de muy mal gusto y de costumbres demasiado

prosaicas.

Cuando salí del _Palacio de cristal_, por necesidad, porque la noche se

acercaba, me parecía que una fuerza secreta me retenía, fascinándome y

debilitando mi voluntad. Después de penetrar á ese templo colosal del

arte, de la historia y de las maravillas diversas de la civilizacion

universal, no quisiera uno salir jamas. Se desea seguir viviendo allí

con las sombras y los recuerdos de todas las generaciones, y entregar el

corazon y el alma á la voluptuosidad de los contrastes y de una

admiracion sin limites.

Diez minutos despues de alejarme de aquel monumento que es el orgullo

del poder industrial de Inglaterra y el mas noble testimonio de su

cosmopolitismo civilizador,--arrastrado en el fondo de un vagón por ese

huracán de hierro que se llama _locomotiva_, sentía esa sensación vaga

que nos queda siempre en la memoria después de un sueño magnífico. Me

parecía ser el juguete de una ilusión,--de un encantamiento sin nombre

ni semejanza, en cuyas sombras, luminosas vagaba la espléndida imagen de

Colombia; pero luego, al sacudir el mágico estupor me decía: No! esto es

todo verdad;--es la realidad del progreso; es la fotografía admirable de

este ser múltiple, imperecedero, divino, conducido por la mano de Dios

en su peregrinación al través de los siglos, que tiene por nombre

HUMANIDAD, y que va elaborando dia por dia, momento por momento, sobre

la faz entera del globo, esa inmensa obra de luz, fuerza, vida y

bienestar que nos protege á todos y se llama la CIVILIZACION!...

* * * * *

Aparte de lo que llevo rápidamente indicado, Londres tiene muchos,

muchísimos objetos dignos de estudio atento, porque son del mayor

interés para la ciencia, la industria, el comercio y la vida social.

Sus centenares de _imprentas_ y otros establecimientos destinados á la

publicidad del pensamiento, merecen mucha atención, por su grandeza, la

enormidad de su producción y los brillantes progresos á que han llegado

el mecanismo y el arte tipográfico.

Baste decir que hay imprentas, como la del _Times_, que dan ocupación

permanente á millares de escritores, compositores, correctores y

empleados de todo género, y cuyas prensas colosales, que tienen las

proporciones de un edificio, producen por dia mas hojas impresas que las

prensas reunidas de toda Colombia.

La estructura material del _Banco de Londres_, su administracion, su

riqueza prodigiosa y su manera de funcionar, son objetos que por sí

solos provocan la atencion y la curiosidad del viajero deseoso de

comprender y apreciar las condiciones económicas de la Gran Bretaña.

Aturde el pensar nomas en el valor de las transacciones de cada dia que

se verifican en el Banco de Londres, sin contar centenares de bancos

particulares que gozan de un inmenso crédito y guardan en sus cajas y

subterráneos mas dinero del que hay repartido en todo el mundo. Es de

esos Bancos que sale la savia que vivifica todas las empresas

industriales del globo; y es en los gabinetes de esos banqueros

millonarios, como Rothschild, donde se combinan las mas colosales

especulaciones de canales, telégrafos, ferrocarriles, minas, etc., para

todos los continentes,--ó se resuelven las grandes cuestiones de la

política internacional, á virtud de los empréstitos y otras combinaciones.

La _Bolsa_, edificio monumental, como el del Banco de Inglaterra, no es

ménos interesante, ya por su organizacion, ya por el papel

complicadísimo que hace en todas las operaciones económicas y los

grandes sucesos políticos. La _Bolsa_ de Londres es el termómetro

infalible del crédito, de todos los gobiernos y de los grandes bancos

del mundo, del movimiento general de la política, de las fluctuaciones

de los cambios y del valor de la moneda, así como de la popularidad de

las empresas mas notables. Inmenso santuario del crédito, la Bolsa es al

mismo tiempo la necrópolis de mil fortunas derrumbadas y consumidas

allí, y la cuna de mil otras que se levantan de improviso sobre las

ruinas de los imprudentes, los engañados ó los que cuentan demasiado con

los caprichos de la suerte. Vorágine para unos,--onda benéfica para

otros, la Bolsa--océano del crédito y la especulación--tiene la pérfida

movilidad del mar, guardando en su seno inescrutable la vida como la

muerte. Dios libre á los pueblos colombianos de esa institución, á pesar

de los grandes servicios que puede prestar! Los pueblos republicanos no

necesitan para medir su prosperidad y su crédito de otro termómetro que

el de la libertad y la opinión.

Los _vapores_, la _Aduana_, la _Casa de correos_, las _estaciones_

de ferrocarriles y telégrafos, los institutos voluntarios y populares de

_beneficencia_, las sesiones del _Parlamento_, y muchos otros objetos de

carácter público, exigen en Londres un estudio detenido y muy

concienzudo;--así como sus grandes _fábricas_, que son el verdadero

símbolo de la prosperidad de Inglaterra como país productor y

comerciante. Pero ¿cómo investigar todo eso?--Estudiar tales objetos es

conocer la Gran Bretaña, y para alcanzar semejante resultado se necesita

de años de minuciosa observacion, recorriendo el país en todas

direcciones. En tanto que no haya tenido esa fortuna debo confesar mi

ignorancia, puesto que apenas he mirado, al pasar, una parte de la

fisonomía exterior complicadísima de aquella gran sociedad.

Esto mismo me dispensa de hacer reflexiones generales que resuman el

resultado de mis impresiones. No solo pasaría con justicia por un

pedante insigne, sino que me expondría á ver contradichas todas mis

apreciaciones, que tendrían mucho riesgo de ser equivocadas, faltándome

el conocimiento del conjunto como de los pormenores. He dicho hasta

ahora cómo he sido _impresionado_ por lo poquísimo que he visto

_personalmente_ en Inglaterra. La observacion me dará mas tarde algún

derecho para juzgar á esa sociedad que me ha parecido tan grandiosamente

contradictoria en el primer momento.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 13 / 45 段