guerra,--es decir, el museo de la muerte;--ó sea una lápida de la tumba
de ocho siglos de violencias, de crímenes y de gloriosas revoluciones
tambien. Una dé las torres se llama la _sangrienta_: fué en su recinto
donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en
1488. En otra de esas torres, la llamada de _Wakefield_, fue asesinado
otro rey--Enrique VI. Nada ha sido mas común en la historia de
Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la
misma familia. No sé por qué hacen los reyes tanto escándalo cuando ven
que los pueblos, imitándolos, se hacen los ejecutores. El oficio de
verdugo ha comenzado por ser aristocrático, y al fin, los pueblos lo han
repudiado dejándolo á los dictadores, los reyes, los inquisidores y los
togados, como cosa que les pertenece en propiedad.
Casi pensaba omitir en esta relación algunos pormenores relativos al
primero de los monumentos que dominan el Támesis,--la Abadía de
Westminster,--no obstante su importancia, porque me he propuesto no
describir sino lo que haya _visto_. No tuve tiempo para recorrer todo el
interior de aquella catedral de las glorias británicas, que es el
reverso de la Torre de Lóndres. El aspecto exterior es de una
magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues
el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio
del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronación de los
monarcas de la Gran Bretaña.
Como he dicho ántes, Westminster es el _Panteon_ de las grandes figuras
de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno,
la guerra, la marina, la poesía, las bellas artes y todo lo que puede
abrir el camino á la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a
notabilidades de muy dudosa ortografía, muchas de las cuales han
_pagado_ mas bien que _merecido_ el pasaporte para descansar en algunas
de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los
reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura.
Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV,
cuajada de esculturas magníficas, y que tiene una forma singular por las
torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las
tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,--de Enrique III y
Enrique V,--de la desgraciada cuanto terca María Stuart, y de Isabel, su
sobrina, su rival y verdugo,--de Jacobo I de Inglaterra,--Cárlos II,
hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,--y de Jorje
II, que engrandeció á su patria con el apoyo de los talentos de Walpole
y el primer Pitt.
El cuerpo principal ostenta en sus naves laterales los monumentos
consagrados á los hombres de genio. Allí, en el lado del norte están las
tumbas de Pitt, Burke, Sheridan, Fox, Canning (ese gran protector de la
independencia de las Repúblicas Colombianas), de Robert Peel, el
afortunado ejecutor de la gloriosa reforma comercial que ha hecho la
fuerza y opulencia de la Gran Bretaña, y en fin, de todos los hombres de
estado mas eminentes. En una de las capillas, cerca de las tumbas
reales, están las de Buckingham (raza de favoritos y ministros, algunos
mártires de su ambicion), y de Monk, ese Judas militar de la democracia
británica.
En el lado meridional de la misma Iglesia están los sepulcros y bustos
de los escritores, poetas y artistas, desde el admirable Shakspeare
hasta los mas recientes. Son notables por su significacion los
monumentos de los famosos actores dramáticos Garrick y Kemble, soberanos
de la escena. ¡Cuán grato es encontrar bajo un mismo panteon, al lado
de las tumbas de los _soberanos_ de la tierra y de los hombres de estado
y generales victoriosos, las de los poetas y artistas, humildes hijos de
la nada, pero levantados por su genio y por la conciencia de los pueblos
a ser los monarcas de la luz, del sentimiento y de la gloria, y vivir
eternamente en la memoria de la humanidad! El pueblo inglés, aunque
preocupado por las tradiciones aristocráticas, sabe ser justo, y eleva á
sus hijos inspirados al alcázar de los reyes, para probarle al mundo que
al fin el pueblo es el verdadero rey, porque es en su seno que reside la
potencia del genio.
Los _Docks_, lo repito, son la creacion característica de Lóndres, el
monumento típico de la grandeza comercial de los Ingleses. Estudiar los
museos, los palacios, las bibliotecas y los parques de Lóndres es
detenerse ante las manifestaciones soberbias del lujo de la
civilizacion, mas aristocrática en la Gran Bretaña que en ningun otro
pais. Pero contemplar sus _Docks_, principalmente los de Lóndres y
Liverpool, es asistir al movimiento de las arterias de ese pueblo
mercantil y cosmopolita por excelencia. Allí se ve, por decirlo así,
palpitar el corazon de Inglaterra,--revelarse toda la energía, toda la
fuerza de su vitalidad,
Desde la vecindad ó el pié mismo de la Torre de Lóndres hasta muy abajo
de la vuelta de Greenwioh, es decir, hasta el fin de la isla artificial
llamada «Isla de los Perros,» las dos márgenes del Támesis están casi
literalmente cubiertas de _Docks_, complicados en inmenso laberinto, y
astilleros ó grandes canteras de construcciones navales, Primero se
encuentran los de _Santa Catarina_ contiguos á la Torre de Lóndres; poco
mas abajo siguen los llamados particularmente _London Docks_, de una
magnificencia admirable; descendiendo algunas millas aun, en el vértice
de la «Isla de los Perros,» se encuentran los enormes diques «de las
Indias Orientales.» El resto de la isla se puede decir que es un solo
dique dividido en innumerables compartimientos ó cavidades.
Ademas, en la vasta porcion de Lóndres que se extiende al frente de la
City, del lado sur del Támesis, hay en la especie de península de
Rotherhithe una multitud de grandes diques de no menor importancia que
los de la banda setentrional. Es á esos depósitos universales á donde
llegan las mercancías de todo el mundo en los navíos que remontan el
Támesis, y á donde afluyen los productos de las fábricas y minas
inglesas para ser embarcados á bordo de esos mismos navíos y enviados á
todos los puertos marítimos del globo. Así, cerca de cada grupo de
_Docks_, hay una grande estacion de ferrocarriles, y por lo mismo la
comunicacion marítima y fluvial está íntimamente ligada á la terrestre,
consultándose ante todo la economía y la rapidez de las operaciones
comerciales.
No me fué posible examinar de cerca otros _Docks_ que los de
_Santa-Catarina_ y _Lóndres_, ni tenia precision de visitar los demas,
puesto que aquellos son los mas completos, aunque los de _las Indias
Orientales_ son los mas considerables.
El _Dock_ tiene por base la márgen del Támesis, cuyas aguas lo alimentan
constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en
los momentos en que las mareas suben. El _Dock_ se compone de una
inmensa alberca de mampostería, muy profunda y dividida mas ó ménos
regularmente en compartimientos que se comunican ó incomunican, segun
que se abren ó cierran, por medio de máquinas, las enormes compuertas de
hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el
nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del
Támesis, y un ancho canal de mampostería, que mide la cala de los
navíos, les da entrada ó salida con la mayor facilidad y en pocos
minutos.
El laberinto de albercas ó diques penetra al corazon de la ciudad por en
médio de vastos muelles planos y altísimos edificios, y de este modo se
produce el extraño fenómeno de una ciudad flotante compuesta de navíos
de todos tamaños metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y
ladrillo que se llama Lóndres. Los buques entran allí con tres objetos,
pagando un moderadísimo derecho: 1º descargar sus valores en los
vastísimos almacenes de depósito; 2º carenarse y ponerse á cubierto de
todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Támesis, evitando
embarazar la navegacion; y 3º buscar en los mismos depósitos (_stocks_)
la carga de retorno que necesitan.
De todo eso resulta que los _Docks_ están siempre colmados por
centenares y aún millares de navíos de todo porte cuyo conjunto ofrece
el espectáculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en
interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se
extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo
tiempo sombrío y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los
muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de
sótanos ó subterráneos para los vinos y otros muchos artículos, y es
allí donde se depositan todos los valores que el comercio de Lóndres
hace girar por medio del Támesis.
¡Y qué movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aquí,
los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes ó las vergas
de sus navíos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos
diferentes, que corresponden á todas las regiones; y en medio de esos
grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la
carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en
obras de carpintería ó en la carena de los buques. Allá se agitan los
negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crédito, ó de
compra-venta, cuando no en el exámen de las mercancías; y todo es
actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes,
buques y mercancías.
El _Dock_ no es solo un establecimiento comercial y creado para el
servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderosísimo de
crédito. Desde el instante en que la mercancía entra al _depósito_ en el
_Dock_, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad
de los empresarios del mismo _Dock_. El propietario de la mercancía
recibe un documento (_warrant_) que acredita su propiedad, con expresion
de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de
depósito. Con ese documento puede ir á cualquier banco, si no quiere ó
no puede vender la mercancía, y obtener, obligándola en garantía, todos
los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin
perjuicio de poderla enagenar luego á mejor precio, quedando la deuda á
cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion
hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las
transacciones por medio del crédito.
Los _Docks_ «de las Indias Orientales» son enormes. Es allí donde se
acumula esa famosa _escuadra pacífica_, si se me permite la expresion,
compuesta de millares de navíos de grandes dimensiones, que alimentan el
comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han
sido explotadas hasta ahora por la compañía de las Indias. Contemplando
aún de léjos el bosque colosal de mástiles de aquellos buques nomas,
puede tenerse una idea de la opulencia de esa compañía y de la magnitud
de sus especulaciones.
* * * * *
Al frente de los _Docks de Lóndres_ está el famoso puente subterráneo
llamado el _Tunnel_, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances,
Brunel, que fué construido con el objeto de establecer la comunicacion
entre las dos márgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy
activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar
un puente sobre el Támesis sin impedir la navegacion á los grandes
buques, se ocurrió al puente subterráneo. Desgraciadamente ha sido
inútil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan
prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras
esterlinas, ha quedado reducida al carácter de _curiosidad_ ó monumento
de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra.
El _Tunnel_ es una cavidad practicada bajo las aguas del Támesis,
separada apénas por una capa de tierra de 15 piés de espesor. La bóveda
se compone de dos galerías paralelas, de muchísimas arcadas, con una
longitud de 1,300 piés, y se desciende á las extremidades
perpendicularmente, del nivel de las calles de Lóndres, por medio de
enormes escaleras de caracol. Una de las galerías ha sido destinada á
tiendas de curiosidades, mercerías, cosmoramas, etc., que producen el
mas curioso contraste con la sombría majestad de la bóveda iluminada por
el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita
semejante monumento no puede explicarse cómo un pueblo tan práctico y
previsor como el inglés pudo acoger la idea de una empresa tan absurda
bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la
tenacidad.
* * * * *
A unos diez kilómetros del puente de _Lóndres_, sobre la márgen del
Támesis, se encuentra la pequeña pero muy visitada y graciosa ciudad de
Greenwich, interesante por diversos motivos. Desde la terraza del muelle
y los edificios vecinos se goza de una vista admirable, pues no solo se
alcanza á ver una inmensa porcion del Este de Lóndres y se domina el
curso del Támesis en algunas millas, sino que se admira al frente la
selva de mástiles que se destaca de todos los _Docks_ en la Isla de los
Perros.
Greenwich cuenta unas 8,800 casas de habitacion con cerca de 30,500
almas: y como tiene un magnífico parque dependiente del antiguo palacio
real y varias curiosidades, contando con un ferrocarril hácia Lóndres,
que pasa todo por debajo de arcadas, y el servicio permanente de los
vapores, los habitantes de la metrópoli han hecho de esa pequeña ciudad
uno de sus paseos favoritos, así como de Windsor y Richemond. El parque
de Greenwich es el _Saint-Cloud_ de los vecinos de Lóndres.
En el fondo de ese hermoso parque se levanta el famoso observatorio
astronómico, cuya cúpula tiene unos 250 piés de elevacion sobre el nivel
del Támesis. El edificio contiene una riquísima coleccion de
instrumentos y trabajos de astronomía y marina, y aunque los Ingleses se
sirven con frecuencia del meridiano establecido sobre la catedral de
San Pablo, el de Greenwich no ha perdido nunca su importancia
científica. Ese monumento, que ha servido al mundo entero, fué fundado
por Cárlos II y terminado en 1675.
El vasto edificio principal del famoso Hospital de inválidos de la
marina, fué en su principio un palacio de residencia real creado por
Enrique VI.--Cárlos II lo reconstruyó mucho mas tarde, y al fin
Guillermo III lo convirtió en Hospital de la marina británica, en 1705.
El palacio tiene la majestad del tamaño y de la sencillez, pero es de
una arquitectura pasada y fría, sin ningun mérito artístico notable en
su exterior.
Todo el Hospital se compone de varios grandes cuerpos enteramente
separados por anchas calles, y reinan en todo su conjunto y sus detalles
el órden mas admirable, el aseo, la comodidad y la dignidad. Habia unos
3,000 inválidos cuando visité el establecimiento, y se me informó que
ademas de esos, que son internos, muchos millares de externos recibian
pensiones y servicios del Hospital.
Visité detenidamente la capilla, el museo, el refectorio, las cocinas y
despensas y tres de los dormitorios en los dos grandes edificios
principales, y en todos esos sitios recogí las mas gratas impresiones.
La capilla, espaciosa, seria y sencilla como todos los templos de los
protestantes, no contiene cuadro ni adorno alguno. Como allí no se
reunen los hombres sino para leer la Biblia, orar y ensalzar á Dios, sin
confundirlo con el hombre bajo forma alguna, ni rodearle de ídolos
rivales, la ausencia de imágenes y _santos_ y de todo lujo ú adornos, es
absoluta. Nada me parece tan digno de la religion como esa soberanía
exclusiva acordada en el templo á la idea de Dios y al Evangelio,--tan
distante de la impiedad que esteriliza el alma, como de la idolatría
miserable que la degrada, haciéndola caer en un paganismo contrahecho,
que no tiene siquiera la poesía y la espontaneidad del paganismo griego
y romano.
El Museo de los inválidos es en cierto modo la hoja de servicios de la
marina británica,--orgullo y gloria de los viejos marinos llenos de
cicatrices. Cada cual en el mundo tiene su punto de vista especial;
así, no es extraño que, miéntras un inválido erudito me explicaba con
todo el entusiasmo posible lo mismo que cada día explica á todos los
viajeros curiosos, considerando como semi-dioses á los personajes mas
históricos, yo maldecia interiormente el genio destructor de esos
gloriosos filibusteros á quienes las naciones llaman almirantes cuando
les dan el encargo de ir á ensangrentar los mares con sus atroces
combates, no contentos los gobiernos con ensangrentar la tierra. Digan
lo que quieran los señores marinos, para mí no será nunca Nelson otra
cosa que un heróico y sublime devastador del Océano, como Drake un gran
pirata, y Napoleon el Atila de la Europa, matador de la libertad.
Aunque los Ingleses no se pican mucho de fuertes en las bellas artes ni
de selectos en sus colecciones de cuadros en los museos públicos, el
museo del Hospital contiene algunas cosas buenas. No faltan allí frescos
de mérito real, y algunos cuadros (entre los muchos de combates navales
históricos para Inglaterra, ó de retratos de famosos marinos) de
indisputable valor artístico. De resto, el salon contiene muchas
reliquias, modelos de navíos, armas, instrumentos náuticos y todo lo
que, interesando á la marina de guerra, se refiere á los hechos
históricos mas notables.
El refectorio, las cocinas y las despensas del Hospital admiran por el
órden con que todas las operaciones están arregladas para consultar la
higiene, comodidad y economía del establecimiento. Las cocinas sobre
todo, servidas apénas por unos pocos brazos perfectamente, brillan por
el esmalte de sus hornillas y su menaje, con limpieza incomparable. El
vapor y las máquinas lo hacen todo, y allí se confeccionan las comidas
como se hacen en una fábrica cualesquiera manufacturas. Todo es regular
como lo exige la accion mecánica del hierro agitado por el vapor, y todo
conduce allí á hacer bendecir los progresos de una ciencia que atiende
con maternal solicitud á todas las necesidades del hombre.
Si los inválidos tienen en Greenwich una admirable vista, paseos
hermosos, su templo, su museo, refectorio y todo su menaje comun
inmejorable, no es ménos cómoda y feliz la situacion particular de cada
uno en los extensos dormitorios ó alojamientos. Puede decirse que cada
cual tiene su casa propia, así como tienen sus buenos vestidos
confortables y característicos.
Los dormitorios son anchas y extensas galerías situadas en pisos altos,
con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las
ventanas. A cada lado de la galería hay una fila de alcobas
independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y
habitada exclusivamente por un inválido, con todo su menaje particular.
Algunos trabajan espontáneamente en fabricar curiosidades de mano que
venden á los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas
de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos
cuanto su situacion física se lo permite. Ellos, como ancianos é
inútiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible
calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales.
No es de extrañarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto
que, ya que lanza á sus hijos á morir ó vivir como proscritos en las
soledades del Océano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de
matar y llenos de cicatrices ó mutilados horriblemente, necesitan
reposar la frente azotada durante muchos años por los huracanes y las
trombas marinas.
Muy cerca del muelle de Greenwich estaba anclado el enorme coloso
marítimo llamado _Leviatan_, la mas soberbia y la mas errada ostentacion
del orgullo inglés, como soberano de los mares. Habia olvidado proveerme
de un billete de entrada, y por eso no pude ver el monstruo sino
exteriormente, todavía en construccion en el interior, y por lo mismo
muy incompleto.
Muchas descripciones del _Leviatan_ han circulado en la prensa del
mundo, y no las repetiré aquí, tanto mas cuanto que no quiero hablar
sino de lo que veo. La impresion que me produjo aquel gigante fué la del
asombro, y la admiracion hácia el poder de asociacion y de industria de
los Ingleses, capaces de emprenderlo todo y de realizar todo lo que
emprenden. El _Leviatan_, no siendo mas que un buque mercante ó de
trasporte, es tan gigantesco que costó mas de cinco millones de pesos.
Baste decir, como término de comparacion, que al lado del _Leviatan_ se
veía como un pigmeo un enorme navío de tres puentes, de primer órden,
anclado allí constantemente y que sirve de hospital para los marinos
extranjeros. Al pasar por el pié del gigante de hierro (que respira por
siete enormes chimeneas) yendo á bordo de uno de los vapores ordinarios
del Támesis, veia las gentes que estaban sobre el último puente del
_Leviatan_ como se ven sobre la alta eminencia de una catedral los
campaneros repicando. Uno de esos vapores del Támesis pasa por junto al
_Leviatan_ como una inquieta hormiga por el pié de un elefante inmoble y
adormecido. Tal es la proporcion.
Sinembargo, temo que ese navío se reduzca á ser en los mares lo que el
_Tunnel_ en la tierra: un monumento de fuerza y perseverancia, tal vez
inútil por su excesiva grandeza, aunque siempre glorioso.
* * * * *
CAPITULO IV.
* * * * *
JARDINES Y MONUMENTOS.
El Jardín Botánico;--el Zoológico.--El Coliseo,--El Museo
Británico.--San-Pablo.
Si Lóndres tiene poquísimos monumentos antiguos ó modernos que merezcan
la atencion por los tesoros de su arquitectura, cuenta algunos
establecimientos que son verdaderas maravillas de la civilizacion
moderna. Entre estos ocupan un lugar eminente los jardines científicos.
Lóndres, el país de la niebla y la tristeza, es sinembargo la ciudad
clásica de los espléndidos jardines artificiales. En ellos se revelan no
solo el gusto y la sencillez encantadora que imita la naturaleza, sino
tambien la opulencia y la universalidad de relaciones de Inglaterra.
Es proverbial la habilidad de los Holandeses en horticultura. Es en
medio de sus lagunas marítimas que ha nacido el gusto por los estudios y
refinamientos de ese arte encantador, y es la Holanda, sin disputa, la
que ha hecho adelantar mas ese género de agricultura. Francia,
Inglaterra, Bélgica y Rusia, han sido las mas felices imitadoras; y
sinembargo, los jardines zoológico-botánicos de Amsterdan y Amberes son
mas recientes que el de Paris, sin cederle por eso en mérito. Si Paris y
las dos ciudades belga y holandesa que he citado, y Berlin y San
Petersburgo, han avanzado tanto en sus museos de historía natural y
botánica, Inglaterra puede gloriarse de no tener rivales todavía por sus
jardines de Londres, que son tan perfectos cuanto el estado de la
ciencia y de los viajes y el arte lo permiten.
Los jardines privados de Londres en las casas aristocráticas son
numerosísimos y espléndidos. Y fuera de Lóndres, en Richemond, Windsor y
otros lugares pintorescos tienen una magnificencia afamada. No hablaré
sino de los que conocí personalmente,--el _Zoológico y_ el _Botánico,_
que ocupan el parque vastísimo del _Regente_ en el Oeste de Lóndres.
A primera vista, al penetrar en esos inmensos museos _vivientes_ de
historia natural y de botánica, se comprende que aquella es la obra del
espíritu industrial, fruto de la libre iniciativa y de la expansión que
es propia de los pueblos que gozan de instituciones liberales. Como la
autoridad no figura como empresaria en ningún establecimiento de
carácter Industrial, ó aunque sea complejo, el órden, la economía
ilustrada, la grandeza y la perfeccion se ostentan en cada objeto que el
viajero contempla. El interés individual hace maravillas donde quiera, y
sus obras en Inglaterra contrastan con la incuria y el desarreglo de las
análogas que en otros paises dependen exclusivamente de la autoridad. En
esa misión de iniciativa ó de poder de la opinión todo es grande, todo
refleja la fuerza de un pueblo colosal, perseverante y puntilloso.
Penetremos en los jardines científicos de Londres y hallaremos un
espectáculo digno dé admiración.