--Ellas viven donde les conviene, me respondió,--solo que, siendo menos

miserables, pueden pagar alojamiento en las piezas altas, sin que por

eso sea su degradacion muy inferior á la de los mendigos de los

subterráneos. En esas piezas altas tienen sus puntos de reunion los

caballeros de industria subalternos; ahí duermen los limpiabotas y los

saltimbancos de menor cuantía, las fruteras de calle, los vendedores de

baratijas, los músicos de callejuela, y multitud de vagos de diversas

clases que no son literalmente mendigos; ahí esconden sus andrajos los

rateros de alguna importancia y los pillos que especulan con las

intrigas de los seductores; ahí descansan de su larga fatiga del dia,

despues de doce ó diez y seis horas de trabajo, millares de esos pobres

obreros ambulantes de pequeño salario, así como los repartidores de

diarios y sus semejantes; y por último, ahí tienen su hogar envilecido

las innumerables prostitutas y meretrices que hormiguean por las calles

de Londres, pero que, por su fealdad, su edad ú otras circunstancias, no

pertenecen sino á la _plebe de las infames_.

--Toda esta inmensa y heterogénea turba se levanta por la mañana,

entumecida y macilenta, y al sentir el ruido cercano de los coches que

circulan por las calles opulentas, recuerda que es en medio de su

bullicio donde puede encontrar las limosnas y los desperdicios de la

sociedad, ó la fácil explotación del orgullo, de los vicios ó la

credulidad de los que se tienen por dichosos. Entonces, la chusma entera

se cierne sobre Londres como una nube de cuervos, y el barrio de

_San-Gil_ queda desierto durante todo el dia....

Habíamos recorrido tres callejuelas y algunos patios y laberintos, y mi

compañero, temeroso de que nos extraviásemos sin encontrar salida, me

dijo:

--Salgamos de este país maldito. Lo que U. ha visto es suficiente,

porque todo es igual, cuando no peor.

Cuando salimos á la plaza de Trafalgar, nos parecía que en realidad

resucitábamos, ó que salíamos si no de un sepulcro, del infierno de una

pesadilla estranguladora.

* * * * *

¿Podía Inglaterra permanecer indiferente á ese profundo malestar, cuando

la gangrena se manifestaba principalmente en el corazon de sus mas

grandes ciudades manufactureras y comerciales? No! Inglaterra es el pais

del egoísmo y del orgullo, pero esos mismos sentimientos que la

deslustran le dieron la conciencia del peligro y la fuerza de aplicarse

á conjurarlo. Ese mal crónico y profundo de la miseria y del vicio,

fruto de la ignorancia de las masas, de la desigualdad de las

condiciones sociales y de las leyes de privilegio, se palpaba y se palpa

aún con suma intensidad, no solo en Londres, sino en Liverpool,

Birmingham, Leeds, Manchester, Glasgow y otros de los grandes centros

de población y movimiento industrial. El cangro abarcaba con sus fibras

y raices todas las entrañas de la sociedad.... Se creyó posible

disolverlo con emolientes y todo el mundo se puso á la obra de la

_beneficencia_ y la _instrucción._ Noble error, en cuanto á la primera

parte de la obra. La miseria, el vicio que ella engendra, y el crimen

que se deriva del vicio, no son mas que efectos de una causa orgánica.

Si la instrucción _prepara_ á la virtud, es impotente por sí sola para

producirla: ella necesita por auxiliares la _libertad_, la _justicia y_

el _trabajo_. La beneficencia no es mas que un bálsamo: alivia ó

cálmalos dolores, pero deja subsistir el mal.

He ahí lo que ha sucedido en Inglaterra. El grito de desesperacion y

agonía lanzado por la muchedumbre extenuada, corrompida ó culpable,

despertó á los ricos ó afortunados de Inglaterra en 1847, y ese pueblo,

que en todas sus manifestaciones es grande y fuerte, pero siempre fiel á

las tradiciones y antipático á las reformas _radicales_, levantó donde

quiera templos magníficos á la beneficencia bajo todas las formas

anodinas, derramando el oro á montones para conservar su opulencia

misma. La ruda Inglaterra sintió el peligro inminente de una profunda

conmoción social, y tuvo vergüenza de su deshonor, publicado por todos

los viajeros que estudiaban á fondo la organización tradicional de la

_poderosa Albion_.

Hoy gasta Inglaterra mas de 35 milliones de pesos anualmente en solo las

atenciones _visibles_ de la beneficencia pública. Una suma tan enorme, y

sinembargo tan insuficiente ¿qué es lo que revela? Si prueba la

increíble riqueza de las clases acomodadas, revela aún mas la enormidad

de la indigencia en que viven las otras clases,--es decir, la espantosa

desigualdad con que, por la influencia secular de instituciones

viciosas, se ha podido _repartir_ el bienestar.

Despues de haber sondado el abismo de putrefaccion que se llama

_Saint-Giles_ y de haber escuchado las relaciones mas lamentables acerca

de _White-Chapel_ y los demás antros de la miseria en Londres, quise

conocer lo que los afortunados hacen para conjurar el cataclismo que

los amenaza. El contraste de los edificios es curioso. Se ven los

grandes hospitales al lado de los grandes bancos; los hospicios repletos

de gentes socorridas cerca de los almacenes repletos de mercancías, y

las escuelas primarias y de artes y oficios á pocos pasos de las

colosales fábricas. Todo eso establece el conjunto romántico de la vida

y la muerte, de la opulencia y la desventura, de la especulacion y la

caridad. Tal parece como si los capitalistas quisieran decir al

observador: «Esas casas de asilo que se tocan con nuestros bancos son

las válvulas de seguridad para nuestros tesoros; nuestros gastos de

beneficencia figuran en nuestros libros como _gastos de

conservacion;_--y cada guardián ó enfermero de esos hospicios y

hospitales, cada preceptor de una de esas _escuelas de harapientos

(Raghed--Schools)_ es un obrero que trabaja indirectamente en servicio

de nuestras especulaciones.»

Tal es el carácter de la beneficencia en Londres. Allí se gastan sumas

enormes en hospicios, casas de asilo, hospitales y escuelas gratuitas de

enseñanza elemental y de artes y oficios,--y estos establecimientos, en

general, le hacen honor á Inglaterra. Pero todo eso es impotente: el mal

sigue y el número de los indigentes aumenta sin cesar, no obstante el

oro que se gasta para oponerle una barrera. Habladles á esos poderosos

propietarios de tierras, á los altivos gobernantes, y á cuantos tienen

en sus manos la fortuna y la fuerza,--habladles de una reforma decisiva

que cambie la organizacion social para abrir campo á la regeneracion de

las masas indigentes, ó de un sistema de emigracion gratuita bien

dirigido para enviar á los demás puntos del globo los brazos que la

industria necesita con urgencia,--y os responderán negativamente.

Rechazarán la emigración por _orgullo nacional_, considerándola como

humillante para el pueblo inglés,--y resistirán la reforma radical por

_egoísmo_ personal y _orgullo_ de casta ó dé posicion social, como un

trastorno de las leyes naturales, como el advenimiento de una igualdad

absurda y disolvente.

Así, por conclusion de este capítulo, diré que he deducido de mis

rápidas observaciones en Londres una conviccion desoladora: como el mal

de la miseria es profundo, radical, inmenso, el remedio debe ser lo

mismo; y como el remedio actual, por grande y ostentoso que sea en sus

formas, es ineficaz en sustancia, la Inglaterra no tiene mas que tres

caminos posibles para salir de la situacion presente: ó una reforma

social completa y sin restriccion; ó la organizacion oficial de la

emigracion gratúita, descargándose de millones de individuos sobrantes

en su suelo, en beneficio de la poblacion del Nuevo Mundo (donde el

trabajo los rehabilitaría); ó una revolucion terrible que aniquilaría

por muchos años la opulencia de la Gran Bretaña.

* * * * *

CAPITULO III.

* * * * *

EL TAMESIS EN LONDRES.

Los puentes, la navegacion y las márgenes del gran rio.--Las Casas del

Parlamento.--Westminster.--La Torre de Lóndres.--Los Docks del

comercio.--El Túnel,--Greenwioh; el Hospital militar--El _Leviatan_ en

obra.

Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y

manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de

un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella

mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del

Támesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad

de relaciones y su lujo de ostentacion, así como el Museo Británico es

el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del

viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la

arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal

es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abadía de

Westminster, la Torre de Lóndres y el Palacio del Parlamento, que

dominan el Támesis, son mas bien los testimonios de la soberbia

aristocrática. Por último, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos

de las plazas de Lóndres revelan todo lo que hay de opulencia y de

gloria, de culto á la riqueza y al patriotismo en ésa nacion

maravillosa.

Todo eso es magnífico, y á cada uno de esos monumentos consagraré

algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de

su metrópoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo

comercial, marítimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el

Támesis. Sus _diques_ estupendos (_docks_), con vastísimos almacenes de

_depósito_; sus _puentes_ admirables tendidos en diversas formas sobre

el opulento rio; su maravilla del _Tunnel_ (lujosa inutilidad que

admira); sus millares de _vapores_, de navíos mercantes y de guerra, y

de botes costaneros ó pescadores, que cubren literalmente la superficie

del rio; sus grandes _fábricas,_ cuyas altísimas chimeneas ciernen sus

nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las

ondas; su espléndido _Hospital_ militar de Greenwich, sin igual en el

mundo; su monstruo marino de hierro llamado _Leviatan_, y sus

innumerables _astilleros_ de construccion naval y hermosos _muelles_

sobre una y otra márgen,--todo eso le da al Támesis un aspecto de

universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga á

respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de

carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado á

todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de

su capital la metrópoli económica de la humanidad, la Babilonia

inescrutable de la civilizacion industrial.

Recorramos rápidamente las grandezas del Támesis.

La ciudad de Lóndres cuenta sobre el Támesis apenas once puentes, desde

las alturas de Chelsea hasta las cercanías de los _Diques_, donde se

ostenta el puente monumental llamado _London bridge_.

Cualquiera pensaría que esas once vías fijas de comunicacion entre las

dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme

poblacion sedentaria y el inmenso cúmulo de viajeros que se cruzan en

Lóndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo

el de _London_ que es libre; están siempre tan colmados de gentes y

vehículos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces

casi imposibles.

Pero la libertad del Támesis es una necesidad imperiosa que se opone á

la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente

agitado y rico, donde Lóndres tiene su vida ó su corazon. Por otra

parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores

y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo á lo largo y al

traves del rio una cuádruple corriente de pasajeros que hormiguean por

millares y millares por enmedio de los puentes ó bajo sus colosales

arcos.

De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la

atencion por su novedad: el _London bridge_, que liga la City con el

inmenso barrio de Barmondsey, del sur;--el de _Southwark_, situado un

poco mas arriba;--el de _Waterloo_, que da sobre el Strand;--y el de

_Hungerford_, inmediatamente superior. El de _Vauxhall_, cuyo servicio

data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama

particularmente la atencion, así como el de _Westminster_.

Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que

ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de _London, Waterloo,

Southwark y Vauxhall_ han costado 20 millones de pesos. El primero es de

una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una

vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué

reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de

anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi

horizontales de un mérito arquitectónico insuperable.

El de _Southwark_ fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa

gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del

centro mide un espacio de 240 piés. El de _Waterloo_ se compone de nueve

arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de

1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero

monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es

en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de

_Hungerford_ es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los

cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del

Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como

singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de

comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito,

excepto en el de _London_.

El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion,

es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que

aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo,

sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de

edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y

descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los

cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de

los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á

los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó

faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite,

ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan

en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio.

El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los

ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales

profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média

de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400

abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye

mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el

puente de _Lóndres_ en la mas alta marea. Así, la navegacion de los

vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo

del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis.

Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos

de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores

hasta llegar á los _Diques de Lóndres_, esos almacenes colosales de

madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial.

Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza

británica y del progreso de todos los pueblos,--la _libertad_, que hace

aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores,

entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del

libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á

todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre

un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre

patria!... Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi

corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi

pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me

bastaba....

Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de

botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante

hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado

imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange

de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas

pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los

arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá

una idea aproximativa del aspecto general del Támesis.

Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de

ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de

alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques,

que llamaré _vapores-ómnibus_, y una nube de góndolas ó faluchos para la

travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en

trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á

cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y

ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros,

recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con

maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los

botes y navíos que tapizan las ondas,

Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los

viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa,

que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el

pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas

peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;--todo llama la

atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é

impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú

magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad

de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente,

muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo

para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita.

Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de _Battersea_,

arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí

lo que mas me llamó la atencion.

A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los árboles del pequeño

parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de _Chelsea_,

edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como está

servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del

mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el

órden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de

Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese

querido alojar lujosamente aún á los inválidos y miserables acogidos á

la caridad pública.

Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall está la penitenciaria de

_Millbank_ (_Mill_, molino,--_bank_, casa), testimonio grandioso de ese

espíritu de progreso que anima hoy á Inglaterra en favor de los sistemas

y actos humanitarios. La Gran Bretaña, la Suiza, Bélgica y Baden son los

únicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion á su

suelo del régimen penitenciario de la Union Americana, á fin de llegar á

la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las

sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando á Dios y la

naturaleza humana), y de sostituir á la penalidad salvaje del dolor

físico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que

enseña, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo

que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la

sociedad y ante Dios.

La penitenciaria de _Millbank_ debe quizas su nombre á la forma

singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de

molino _(mill)_, compuesto de un cuerpo central y sexágono que sirve de

eje y seis cuerpos separados entre sí tocando con el centro, de manera

que el todo se parece á una estrella ó una rueda de seis aspas. Segun se

me informó, la penitenciaria produce los mas benéficos resultados,

reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el

trabajo en comun.

Casi tocando con el antiguo puente de _Westminster_ se ostenta el famoso

edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento británico, y detras

se destacan las dos enormes torres de la Abadía de Westminster, el

panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello

monumento de la Gran Bretaña, tanto por su arquitectura como por su

riqueza interior y su importancia histórica.

El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se

incendió en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde á la de

la influencia que ejercen sobre la política del mundo la elocuencia y

las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo

de la Gran Bretaña que se reúnen allí.--La fachada es monumental,

inmensa y de proporciones góticas, que constituyen una de esas

estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante ó ecléctica

arquitectura moderna hace de las románticas é incomparables creaciones

del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por

su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesía

artística.

El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de

Areópago á la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que

tiene notables riquezas de valor artístico y lujo de decoraciones. Ese

palacio es digno del pueblo inglés, aunque en mi opinion sus

legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el

seno del país miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es

tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun

testimonio de ignorancia ó miseria.

En el límite del opulento barrio del Strand está situado, sobre el

muelle contiguo al magnífico puente de Waterloo, el famoso palacio de

Somerset, cuya construccion fué emprendida por el fastuoso cuanto

desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues

de haber gobernado altivamente á Inglaterra fué depuesto en 1549 y

decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual

aplicacion el nombre de «Colegio del Rey», tiene una extensa y hermosa

fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las

aguas del Támesis con el doble aspecto de un palacio real suntuosísimo y

una fortaleza desarmada y elegante.

Casi inmediatamente despues del _London Bridge_, domina el rio con sus

altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana

(_Custom-House_), que es el _palacio real_ del algodon, los frutos de la

India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio

no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha

consultado el _arte_, sino la solidez, la comodidad y el orden, como

conviene á un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en

extremo interesante, por el órden admirable que reina en la distribucion

de las localidades, según su aplicacion á todas las necesidades de una

aduana.

En seguida de _Custom-House_, se alcanzan á ver, empinadas por encima de

sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las

complicadas torres, almenas y pequeñas fortalezas que constituyen

aglomeradas lo que se llama la _Torre de Lóndres_, que es uno de los

monumentos mas históricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos

edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que

tiene la especial denominacion de la _Torre-Blanca_ (_the White-Tower_)

Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 piés. El

monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para

la defensa de Lóndres, compuesto de una gran torre central y trece

pequeñas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen.

La Torre de Lóndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas

políticos, mucho peores aún que los de la _Bastilla_ de París. Es en esa

gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de

glorias ó de crímenes muchos príncipes, gobernantes y poderosos. Alcázar

sombrío de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo

permanente que después de ocho siglos de peripecias sangrientas hace

comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histórico y

ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es á veces la justicia de los

reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la

fortuna.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 9 / 45 段