Era curioso oir á todas esas vivanderas y á los bateleros hablar en

inglés, español, francés y aún alemán con la soltura ménos gramatical

del mundo, pero con una gracia encantadora, estropeando todas las

lenguas y haciendo de ellas una especie de olla podrida tan extravagante

como típica. En San-Thomas, donde se vive del tránsito y la poblacion es

muy promiscua, todo el mundo se ve precisado á aprender lo mas esencial

de los idiomas vivos mas generales, aunque el inglés parece tener la

preferencia; y á fe que la turba políglota de aquella isla saca muchas

ventajas de su dialecto matizado, en sus pequeñas especulaciones.

La noche había llegado y yo me encontraba sobre la cubierta de popa del

_Thames_, mi domicilio marítimo hasta el día siguiente. La escena era

admirable y me hizo recordar algunas lecturas sobre las noches

hechiceras de Venecia. Como la ciudad tiene la forma de un anfiteatro,

descansando sobre tres colinas equidistantes, y con pequeñas calles

escalonadas en graderías hácia las alturas del cerro, en tanto que la

bahía le sirve de base en su extremidad occidental, se podia abarcar con

la vista todo el escenario.

A mis pies, formando cadena sobre un puente de trasbordo, trabajaban los

marineros, entonando en coro sus canciones favoritas que producían eco

en las colinas de la costa. Al frente se veían las mil luces de la

ciudad, como la iluminación caprichosa de uno de esos «pesebres» ó

«nacimientos» que se usan en los paises españoles,--iluminacion que

tenia no sé qué de aéreo y fantástico, haciendo juego con los reflejos

pálidos de un cielo estrellado en cuyo fondo profundo no se veia una

sola nube. Y luego, cada uno de los cien vapores, bergantines y grandes

buques de la bahía mostraba sobre lo alto de su gallardete una luz

azulada que iluminaba de cuando en cuando los pliegues de algún pabellon

europeo ó americano; en tanto que sobre los puentes se destacaban las

sombras de los marineros, las chimeneas, los mástiles y las vergas del

arbolaje, entre las cuales se cruzaban las luces errantes de las

linternas de los inspectores y guardianes.

De repente salió del puente gigantesco del vapor _Paraná_ una armonía

profunda que hizo vibrar las brisas de la noche. Ese vapor tenia su

banda de orquesta y su primera sonata me estremeció de placer, porque me

trajo mil recuerdos de la patria: era el _Trovador_, esa tempestad de

vigorosas armonías de Verdi, el artista de las óperas románticas, el

compositor de los conciertos ruidosos y ardientes. Después siguió

_Guillermo Tell_, esa onomatopía admirable, que revela en su conjunto de

profundas melancolías y de arranques ruidosos y atropellados todo el

sentimentalismo y el entusiasmo de Rossini, el artista del amor y de la

gloria.

Al fin resonó el himno nacional de los Ingleses, esa invocacion

cotidiana que hace un pueblo á su reina, representante de su gloria, sus

derechos y sus tradiciones, en todos los mares y en todos los rincones

del globo. Si durante el concierto los marineros habian suspendido su

canto melancólico, mas bien por respeto á los demás que por amor

artístico, al estallar el _God save the Queen_ todos se detuvieron,

suspendieron el trabajo y se pusieron á escuchar con recogimiento. El

himno nacional es para los Ingleses como el _bendito_ ó el _padre

nuestro_ para los Españoles: él encierra todas las plegarias, los

recuerdos y el sentimiento moral del Inglés, y es con ese himno que

saluda la aurora y se despide del día.

La noche era admirable; la brisa traia los perfumes de los jardines de

San-Thomas; las ondas de la bahía suspiraban dulcemente bajo las quillas

de los altos navíos y paquebotes; el silencio iba sucediendo poco á poco

a todos los rumores de la vida, y después todo fue misterio, majestad y

poesía. Reclinado contra la balaustrada del _Thames_, al lado de la

compañera de mi vida, contemplábamos el cielo y el océano, pensábamos en

la patria y confundíamos en un íntimo abrazo todo nuestro amor, nuestros

recuerdos, nuestra esperanza y nuestra fe.... Cuando el hombre se

abandona al océano, su alma comprende mejor el amor, la esperanza, el

valor de la patria, la poesía, lo grande, lo sublime, porque siente que

la sombra de Dios vaga sobre las ondas, en el azul del cielo y en todo

el misterio de la inmensidad!

* * * * *

El 18 de febrero recogió su ancla el gigantesco vapor _Paraná_ á cuyo

bordo habíamos ido todos los pasajeros reunidos en San-Thomas por las

malas particulares de Cuba, Méjico, «Centro-América,» el Pacífico, Nueva

Granada y todas las Antillas. A las nueve de la mañana todo el mundo

lanzó su grito de despedida, al empezar con alegría y confianza la

segunda navegacion. El océano estaba tranquilo en las cercanías de

San-Thomas, y no comenzó á mostrarse agitado sino á una considerable

distancia, perdidas ya de vista las desnudas islas de Monserrate,

Santa-Cruz y otras de menor importancia, que se destacan como altas

colinas escarpadas ó como sombras confusas á uno y otro lado de la ruta

que siguen los vapores.

Pocas horas despues, en alta mar y á muchas millas de aquellas islas, un

punto gris se mostró en el horizonte como una gaviota sacudida por las

ondas; el objeto fue creciendo, manifestando sus formas, y al fin todos

pudimos distinguir el velamen y el humo de la chimenea del vapor

_Plata_, elegante en su construcción y rápido en su marcha, apesar del

balanceo que las olas encrespadas le imprimían. Los dos paquebotes se

acercaron, suspendiendo su curso y caracoleando el uno al derredor del

otro, un bote del _Paraná_ se lanzó hasta el costado del _Plata_, y en

breve tuvimos noticia de lo que sucedia en Europa. Lord Palmerston

acababa de caer del ministerio, con toda su clientela, por consecuencia

del célebre ó ruidoso acontecimiento del 14 de enero en Paris. Así, todo

el mundo á bordo tuvo de qué hablar con interes, y los flemáticos

Ingleses se dieron á sus cavilaciones sobre torys, whigs y radicales,

con la calma que le es característica.

Entre tanto un variadísimo cuadro de costumbres, perfectamente

cosmopolita, se desarrollaba en los escotillones, los salones y el

extenso puente del _Paraná_. Allí habia de todo, y podía con facilidad

hacerse la comparacion de las razas, las costumbres y los tipos

característicos de cada sociedad, distribuidos entre unos ochenta

pasajeros. Yo observaba todos los grupos, atendía sucesivamente á todas

las conversaciones, y me preparaba con el estudio práctico de los

hombres á comprender el carácter complicado de la civilización europea.

Los Hispano-colombianos, que eran no pocos, se mostraban en general

sencillos y cándidos, maravillándose de todo y muy impresionables, sin

reserva en la expresion de sus pensamientos; se podía notar que los

hábitos de la democracia habían formado en ellos el espíritu de

independencia y cierta familiaridad expansiva que contrastaba con la

reserva de las razas setentrionales de Europa. El Hispano-colombiano,

aunque se impresiona mucho con todo lo que ve extraño, se cree siempre

en su país y no se cuida de someterse á las exigencias de las costumbres

extranjeras. Y sinembargo, no hay viajeros que se trasformen mas que los

hijos de Hispano-Colombia, acabando por asimilarse todo lo que

encuentran mas saliente en las sociedades europeas, sobre todo en

Francia. Dotados de un carácter flexible y bastante novelero, si salen

de su país intolerantes, extremosos y un tanto huraños, vuelven

parisienses por los cuatro costados, olvidándose, por una metamorfosis

completa, de la sencillez de sus costumbres primitivas.

Mientras que los hijos del Nuevo Mundo (entre los cuales, por fortuna,

no se encontraba ningún _Yankee_) se manifestaban maravillados de todo,

los demás grupos del _Paraná_ eran igualmente característicos. Los

Alemanes, ó se manifestaban pensativos, cerca de un mueble marítimo,

pasando horas enteras en fumar y mirar el cielo y el océano con profunda

melancolía, como abstraídos del mundo por algun ensueño; ó se reunian en

grupos exclusivos para conversar en voz baja y pasearse

interminablemente del uno al otro extremo de la cubierta.

Entre tanto, los Franceses cantaban ó silbaban, hacían todo el ruido

posible, mezclándose en los corrillos con una jovialidad especial y

burlona; ó en los ratos de fastidio se entregaban á la lectura

voluptuosa de novelas y relaciones de viajes, prefiriendo sobre todo las

obras de Balzac. El Frances es el hombre del mundo que mas lee, sin

contar con que es el que mas canta y rie. Todo lo que es artístico le

encanta, y si adora el equívoco (_calembour_), es precisamente porque en

él la malicia del pensamiento se formula con arte. Ademas el Francés es

el rey de los viajeros. Si el Inglés no tiene rival en su furor de

viajar, el Francés le aventaja en el arte de viajar. El Francés sabe

acomodarse á todas las circunstancias y sacar partido de todo, porque es

tolerante por excelencia, tiene un profundo espíritu de igualdad que le

domina, y su buen humor, expansivo y elástico, le da donde quiera el

primer puesto y la ventaja de dominar la situación.

Los Ingleses, por de contado, hacian un gran contraste. El Inglés,

orgulloso por naturaleza, frio en su porte, material en sus gustos,

intolerante en extremo, reservado por cálculo, y prosaico y positivo en

sus aspiraciones, ó se muestra reservado con toda sociedad que le es

extraña, ó les impone á los demás su voluntad, en cuyo caso suele llegar

á la jovialidad. Bebe y fuma tranquilo, jamas hace ruido (si es John

Bull de raza pura), y si se acerca á los demás es para dar una opinión

absoluta ó una orden. El orgullo es la fuente de todas sus virtudes,

como de todos, sus defectos. Es tenaz, leal y valeroso por orgullo, como

es intolerante en religión y preocupaciones de raza y dinastía, pródigo,

obsequioso, apostador, reservado, bebedor y todo lo demás por orgullo.

La música, el baile y el canto le disgustan, como todas las artes, y si

llega a dar millones de pesos ó de libras por un cuadro, no es por el

mérito do la pintura, sino por la vanidad de hacer un fuerte gasto y

tener lo que otros codician. Sinembargo, como individuo el Inglés vale

mucho mas que el Frances, y me atengo siempre mas á la palabra seca del

orgulloso pero leal británico, que a la fraseologia elegante pero vana

del Frances. El Inglés como amigo, es útil; el Frances no es mas que muy

agradable; porque el uno es positivista y el otro artístico.

Los Italianos del _Paraná_ eran pocos, pero eran suficientes para

hacerme contraer simpatías hácia su raza. En general, el Italiano es

chistoso, amigo de historietas ó anécdotas, entusiasta por lo bello y

por la libertad. Él ama las bellas artes, pero no precisamente por el

arte, ó la composicion ingeniosa, sino por la belleza que reproducen ó

crean aquellas. Tosco muchas veces en sus modales, por la mala educacion

que el despotismo y la supersticion les han dado á los pueblos de Italia

en los cinco últimos siglos, el Italiano es con todo muy simpático desde

el primer momento. Desinteresado y generoso, jovial, vehemente, su idea

fija es la libertad y la unidad de Italia, y su fe no se extingue jamas.

Un Italiano escéptico es un fenómeno, porque la esperanza es la sola

fuerza de su vida. Y como consecuencia de esa fe que le es

característica, su resignacion es admirable para soportar la

expatriacion y todos los contratiempos.

Por último me llamó mucho la atencion entre los pasajeros un grupo de

siete ú ocho españoles de distintas provincias que me divertían mucho.

Había entre ellos un gallego de excelente índole y chistosas ocurrencias

que á todos agradaba, y no faltaban andaluces, madrileños, un catalán,

un mayorquino y algunos habaneros. Si hubiera de juzgar de todos los

Españoles según las cualidades de los compañeros de viaje, mala sería mi

opinión, aún prescindiendo de un viejo abogado, prefecto de una

provincia de Puerto-Rico, personaje típico de la España de Felipe II, no

de la España revolucionaria de hoy, que creia en brujas y hechicerías,

milagros, apariciones y misterios de la piedra filosofal, y hablaba de

S.M.C. con un recogimiento edificante y ortodoxo.

Los demás revelaban en todos sus rasgos la estirpe española. Unidos y

leales entre sí, hacian causa comun en todo y para todo. Sobrios en lo

general, no les faltaba un momento el cigarrillo ó el cigarro, y se

hacían notar donde quiera por su ardiente algazara. El juego, bajo todas

las formas posibles, era su sola ocupación; jamas leían con fundamento;

y cuando la música de prima noche se hacia oír en los escotillones

digerian la comida bailando rabiosamente la _jota_ ó la _cachucha_, ó

cantando en coro estrepitoso el himno de _Riego_. Fanfarrones y

pendencieros, sus disputas momentáneas iban siempre sazonadas de

interjecciones coloradas, y acababan por burlas ó anécdotas picantes.

Cada una de sus frases tenia por adorno indispensable _aquella_ palabra

española tan expresiva, de sentido vago, y que no puede copiarse en

ningún escrito sin escandalizar. Esa interjección es tan nacional para

el Español, que equivale á la mas inocente como a la mas desvergonzada

de las otras lenguas; y el Español la suelta con sencillez delante de

todo el mundo, aún de las señoras muchas veces, sin pensar que pueda ser

grosera.

Casi todos los Españoles del _Paraná_ eran liberales y progresistas, lo

que me probaba que las inclinaciones hacia la libertad se han

desarrollado mucho en la Península, despues de la independencia

colombiana. Por otra parte, no hay un pueblo tan nacional como el

español. Para él España es lo mejor que hay en el mundo, en cualquier

sentido y al oir á un Español decantar los primores de su pais, se

siente uno tentado á creer que es una tierra encantada de las _mil y una

noches_, ó a reírse en las barbas de los buenos peninsulares, en cuyo

caso la pendencia es segura. Durante algunos dias el océano se habia

calmado, y su admirable inmovilidad carecía de interés. El mar no es

verdaderamente hermoso, cuando está manso, sino en su contraste

maravilloso con la tierra. Lejos de las costas, en alta mar, la escena

es monótona cuando la tempestad no agita los ondas y produce sus

fenómenos sublimes. Así, todo el interés de la navegación estaba en las

escenas de á bordo, casi siempre grotescas. Habia no sé qué de

carnavalesco entre esos grupos heterogéneos, en cuyo fondo se destacaban

verdaderas caricaturas; y la chismografía, que en la navegación es muy

activa y fecunda, por la forzada ociosidad de todos los pasajeros, daba

alimento á las mas ingeniosas invenciones y curiosas anécdotas.

Inútil es decir que nuestra modista francesa aclimatada en California,

habia encontrado un campo mas extenso para sus coqueterías, y que la

fingida rivalidad de algunos tunantes de buen humor la ponía en los mas

cómicos apuros. Ya era un Italiano el que la galanteaba, haciéndole

concebir con mucha habilidad esperanzas de matrimonio, para ir luego á

contar lo ocurrido á todo el mundo, y reír á su sabor;--ya un joven

Inglés, que de casualidad era burlón, hacia obsequiosas indicaciones, en

nombre de la alianza anglo-francesa; ya un Francés zalamero y galante

reclamaba la preferencia por derecho de nacionalidad. Pero al fin la

modista comprendió la burla, y renunciando á los artificios de la

coquetería se resignó a pasar las horas leyendo novelas sentimentales,

que la hacían llorará veces con enternecimiento, y comiendo almendras,

nueces y avellanas, de que hacia una fuerte provisión todos los días en

el comedor. Aquella mujer comía tanto, tanto...que solo puedo comparar

su glotonería á la sed de brandy de su compatriota mareada.

Otro tipo femenino bien curioso era el de una Inglesa de la sangre

caliente, fenomenal, que no se daba por notificada de sus sesenta

inviernos. Habia naufragado recientemente en las Antillas, y referia el

episodio terrible con una frescura singular. Charlaba como una lora,

siempre buscando la compañía de los hombres; brincaba todas las tardes

como una bailarína de ópera, haciéndose invitar por los mas jóvenes y

gallardos á bailar polkas, varsovianas y cuadrillas; y tenia tal furor

por el juego que se resentía con todos los que no le aceptábamos sus

convites. Jugaba durante todo el dia y hasta media noche, ora _whist_,

ora _veintiuna_, y á veces hasta _monte_ con los Españoles, sin

prescindir por eso del _ajedrez_, las _damas_ y demas juegos inocentes.

Aquella vieja de espejuelos, bailando como loca y jugando como un

Yankee, parecía haber apostado con el tiempo á no dejarse vencer....

Entre los compatriotas de esa alegre Megera se distinguian por sus

extravagancias un ministro presbiteriano y otro anglicano en ciernes. El

primero, largo de dos metros y medio, seco y cadavérico y lleno de

manías, andaba siempre con una Biblia en hebreo, dando consejos,

hablando solo, haciendo extrañas gesticulaciones, y retozando con los

niños de algunas señoras. Era un excelente médico, buen cristiano y

humanitario en extremo. Su idea fija era la abolicion de la esclavitud,

y se veía que el extravío de la razón, que no era sino mediano é

inofensivo, había dejado intacta toda la pureza de un nobilísimo

corazón. Reprobaba mucho el juego interesado, bailaba con los hombres

con sumo entusiasmo, era en extremo sobrio, extravagante en su vestido y

sus movimientos, y en sus buenos ratos leía los salmos con unción y

aprobaba mucho diversiones tales como el baile y el canto.

El ministro anglicano en ciernes, que había hecho en Jamaica sus

estudios teológicos, era un gran calavera de excelente carácter,

generoso, expansivo y servicial. ¡Pero qué de truhanerías! Bailaba,

bebía, jugaba, gritaba, cantaba y se divertía ruidosamente de todos los

modos posibles, mas bien como un estudiante parisiense ó alemán de vida

pecaminosa, que como un candidato para la Iglesia. Un dia le pregunté si

tenia vocación para el sacerdocio, y por qué se manifestaba tan profano,

y me dijo: «La profesión que voy á tomar es como cualquiera otra, y la

he escogido por complacer á mi madre nomas. Pero como al tomar las

órdenes tendré que ser circunspecto, me divierto ahora por aprovechar

los últimos días que me restan de la vida alegre de mi juventud.» Talvez

no le faltaba razón al excelente joven. El hombre tiene su época de

calavera, y siempre le cuesta algún trabajo resolverse á dejarla. ¿Hay

un sér mas feliz en el mundo que un estudiante?

Muchos otros tipos muy curiosos pudiera bosquejar, completando la

galería del _Paraná_, pero el lector se fastidiaría. Un vapor es una

Babilonia ambulante, en cuyo interior se puede estudiar el mundo mejor

que en ninguna parte. Todas las virtudes y debilidades se reúnen allí, y

los caractéres de todas las razas se ponen en relieve y contraste con

singular energía. Es el mundo en miniatura, con su egoísmo, sus comedias

y caricaturas, sus preocupaciones, sus engaños y dudas, sus buenas y sus

malas cosas; así, en ninguna parte se puede conocer mas á fondo el

corazón humano que allí, sobre un leño flotando entre peligros, donde el

alma se presente desnuda.

El 25 por la mañana un triste espectáculo interrumpió las cómicas

escenas de los pasajeros. El médico del vapor, caballero muy estimable,

habia muerto en lanoche anterior, de fiebre amarilla, enfermedad

contraída en San-Thomas, donde la muerte hace todos los años abundante

cosecha de viajeros. Toda la tripulación estaba reunida en el

escotillón, miéntras la mayor parte de los pasajeros dormían. La

ceremonia era solemne y profundamente aflictiva. Sobre el puente de

entrada, al pié de una de las enormes ruedas del vapor, estaba el

cadáver en su ataúd, cubierto con la bandera británica enlutada, y desde

allí hasta el interior se prolongaban dos filas dobles de oficiales y

marineros, escuchando con recogimiento los salmos y las oraciones

severas del oficio de difuntos. La idea de la inmortalidad, de la

eternidad, de lo infinito, parecía revelarse con mas elocuencia y

energía en ese cielo sin horizonte, en esa superficie movible, inmensa,

incansable, cuyas ondas remedan el flujo y reflujo de la humanidad entre

la vida y la muerte, y la existencia de un espíritu universal que todo

lo agita y no perece nunca....

¡Y qué leccion! Los marineros lloraban en silencio, con una emoción tan

honda que compadecía. Era extraño ver correr las lágrimas por esas caras

encallecidas y percudidas por el sol, el viento y la lluvia, arrugadas

por el tiempo, las fatigas y los peligros, y cuya expresión ordinaria

era la indiferencia. Es que la comunidad del trabajo, de la ausencia

constante de la patria, del peligro y de la contemplación de lo

infinito, establece entre los marinos una fraternidad heroica que

resiste á todas las pruebas y sobrevive aún á la muerte.

Despues de las tristes ceremonias religiosas y de distincion, el ataud

fué arrojado á las ondas con una enorme bala de cañón que lo precipitó

al abismo.... ¡Magnífica tumba para el hombre es el océano! Solo ese

abismo, que recibe todo el tributo de la tierra, y sobre el cual se

revela con mas esplendor la omnipotencia de Dios y la grandeza del

hombre, es digno de recibir los despojos de la criatura inmortal cuyo

espíritu jamas perece!

El 26 de febrero el mar empezó á agitarse con vehemencia, cambiando el

aspecto uniforme de la escena. Enormes bancos de plantas marítimas, que

parecían sábanas flotantes de diversos colores, venian del lado de

Terranova, haciendo su larga peregrinacion hacia las regiones del

sudeste, violentamente azotados por las olas. El mar parecia un

monstruoso leon, sacudiendo su crespa melena, ó un gigantesco pez

revolcándose sobre el abismo para hacer brillar al sol sus escamas como

montes, ó mostrar sus hondas arrugas momentáneamente oscurecidas.

Después, el día 28, estuvimos en plena tempestad. El huracan zumbaba

sacudiendo las chimeneas y todo el arbolaje; la lluvia oscurecía el

cielo; las olas venían como derrumbes á bañar todo el puente de

cubierta; y el enorme buque, soltando fatigado sus negras bocanadas de

humo, saltaba entre las concavidades de las ondas como un toro

enfurecido por los golpes que en todas direcciones recibe. Tres noches

de peligros, noches solemnes y sombrías, tuvieron á todos los pasajeros

en ansiedad, aunque al venir el dia los espíritus se tranquilizaban y el

buen humor volvía. La noche multiplica siempre la gravedad de las

impresiones, y es el sol con sus eternas alegrías el que hace palpitar

el corazon de esperanza y placer.

El 7 de marzo todos los pasajeros saludámos con alegría, desde temprano,

la faja oscura que indicaba la cercanía del cabo Lizard, en la costa de

Inglaterra, que determina con la punta francesa de Brest la ancha

embocadura occidental del canal de la Mancha. Por una singular

casualidad, el canal estaba tranquilo como un lago, y sus aguas verdes y

trasparentes reflejaban un cielo magnífico.

Centenares de bergantines y goletas, de botes carboneros y de barcas

pescadoras se cruzaban en todos sentidos, ya mostrando el rico velámen,

y el pabellon frances, inglés ú holandes, ya la roja y única vela del

barco pescador ó puramente costanero, rápido como una gaviota que roza

apénas la superficie de las ondas. Puertos pintorescos; bellísimas

bahías en cuyo fondo se veian las poblaciones, entre otras Falmouth,

Plymouth, Dartmouth y Sidmouth; multitud de fanales brillando á la luz

de un sol que no parecia de invierno; colinas ondulantes, surcadas por

el arado para recibir luego la simiente, ó campos cubiertos de una

vegetacion amarillenta ó gris; depósitos lejanos de nieve detenidos

sobre las rocas ó en los pliegues del terreno; y picos y peñascos

románticos de formas admirables, destacándose sobre las olas en los

pequeños golfos de la costa y formando semicírculos de trecho en trecho:

todo eso, contrastando con la multitud de casas campestres levantadas

sobre las colinas y los planos inclinados, entre arboledas disecadas y

ennegrecidas por el invierno, que parecian esqueletos aéreos, tenia un

encanto indefinible, preparando mi imaginación para el espectáculo

enteramente nuevo de la civilización europea.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 5 / 45 段