ferias de _Magangué_, sobre el Cauca, se separaron todos los viajeros
comerciantes que se encaminaban á la feria de la _Candelaria_; y media
legua mas abajo nos llenó de admiracion el espectáculo de la confluencia
de los dos grandes rios. El _Cauca_, engrosado enormemente con mas de la
mitad de las aguas del _Magdalena_, desemboca por tres hermosísimos
canales paralelos, formando un delta de espléndida majestad, y los dos
gigantes parecen abrazarse, envolviendo entre sus anchos brazos tres
islas de suntuosa vestidura, cuyos sauces y gramíneas semejan enormes
masas de esmeralda flotando en el centro de un océano de plata,
iluminando por el sol ardiente. El espectáculo es grandioso, imponente,
y el Magdalena, que desde allí se encrespa al soplo de las brisas
marinas, es ya un pequeño mar que muchas veces alcanza 1,500 metros de
anchura, incluyendo sus muchos islotes pintorescos.
Despues el viajero, que presiente el aspecto del cercano Atlántico, á
juzgar por la escena infinita que se le presenta, va recogiendo nuevas
impresiones. Ya se mira con gusto el puerto de la _Merced_, por donde se
hace el comercio con el _Cármen_, poblacion agrícola cuyo tabaco
excelente le está dando grande importancia, y cuyo caserío se distingue
confusamente al pié de una lejana serranía; ya se divisa el pueblo de
_Plato_, escondido á la derecha, á algunas leguas de distancia, entre
una selva desolada y triste que parece haber sido retostada por el fuego
de un sol vertical de imponderable torricidad; ora se pasa por el pié
del árido peñon donde yace como un escombro el miserable pueblo de
_Tenerife_, á la márgen derecha, cuyo nombre y sitio recuerdan el
heroismo de los guerreros de la independencia; ora se saluda con
profunda tristeza el caserío de _Nervití_, desolado y casi salvaje, el
de _Heredia_, cuyas barracas, dominando la barranca del rio, revelan
toda la miseria de sus habitantes, ó el del _Yucal_, no ménos
lamentable.
Entre tanto, se ven al oriente, á una inmensa distancia y casi
confundidas con el color ceniciento de las nubes, las altas serranías de
Valle-Dupar y la rica y brillante Sierra-Nevada que domina las costas de
Santamarta; mientras que en el rio se van descubriendo, como blancas
garzas que rozan las ondas encrespadas por la brisa, las velas de los
botes mercantes que vienen de Barranquilla ó Calamar en direccion á
Mompos, ó que descienden servidos por el remo. La brisa marina es tan
fuerte allí, sinembargo de la considerable distancia de la costa, que la
vela es suficiente para hacer remontar un bote considerable, y el oleaje
del rio toma proporciones semejantes á las de océano tranquilo.
El sol se perdió tras de las lejanísimas montanas de Antioquia que
terminan cerca de la isla de Mompos, y en medio de la oscuridad
arribamos al extenso y arenoso puerto de _Calamar_, á 100 metros de la
bifurcacion que da orígen al canal del _Dique_. Poco despues el vapor
_Bogotá_ siguió su marcha, confundiendo los silbidos de su locomotiva
con los gritos de despedida, y yo me quedaba en Calamar para emprender
una segunda peregrinacion de muy distinto género.
* * * * *
_Calamar_ es una poblacion de gran porvenir agrícola y comercial, bien
importante ya por su posicion de escala, y que no carece de interes por
las costumbres de sus habitantes y su estructura fisica. Distrito de muy
nueva creacion, su poblacion alcanza apénas á poco mas de mil almas, las
calles son muy anchas, derechas, cortadas en ángulos rectos, y las casas
tienen una apariencia de comodidad y aseo que contrasta con la de los
otros pueblos ribereños del Magdalena. Sus habitantes, alegres y
expansivos, recorren las calles ofreciendo víveres, montados en burros
de la manera mas extravagante. La montura es tan insegura que cada
jinete es un equilibrista. El jinete va sentado en el centro, con las
piernas cruzadas sobre la nuca del asno, y este, que no está sujeto por
brida ni cabestro, es manejado hábilmente al influjo de los golpes que
le regala con la mano su equilibrista caballero. El asno queda
convertido así en una especie de brújula ambulante que cambia de
disecacion según la inclinacion del golpe ó tocamiento que recibe. Si he
de hablar con franqueza diré que los burros de _Calamar_ me parecieron
mas racionales que los bogas de la aldea de _Regidor_.
_Calamar_ es en cierto modo el crucero de todas las vias mas importantes
para el comercio del país, puesto que sirve de escala al movimiento
interior que desciende de _Honda_, _Nare_, _Puerto-nacional_, el
_Cesar_, y _Magangué_ y _Mompos_; recibe el movimiento comercial de
_Santa-Marta_ y _Barranquilla_, y facilita la comunicacion del Magdalena
con Cartagena, ya por la via terrestre de Mahates y Turbaco, ya por la
del canal del _Dique_, que desemboca directamente en la bahía de
Cartagena.
Desde el puerto de Honda hasta el de Calamar, en un trayecto de cerca de
130 leguas, no se encuentran, pues, sino 28 poblaciones sobre la márgen
del Magdalena (contando dos ciudades) de las cuales 12 pertenecen en la
ribera derecha á los Estados de Cundinamarca y Magdalena, y 13, en la
ribera izquierda, corresponden á los Estados de Antioquia y Bolívar. El
total de habitantes de esos pueblos, excluyendo á _Honda_, que no
pertenece al bajo Magdalena, no pasa de la cifra miserable de 16,000, de
los cuales mas de 7,000 pertenecen á la ciudad de Mompos. Esa inmensa
region, de asombrosa fecundidad y tan felizmente dotada de fáciles
comunicaciones en sus muchos rios afluentes, el Magdalena, los caños ó
canales naturales y las llanuras vastísimas, es un desierto solitario,
inculto, á donde el hombre casi no ha llevado su poder conquistador, y
en cuyo seno existirá en una época lejana una poblacion vigorosa de
muchos millones y de riqueza imponderable. Así, al cruzar esa region
maravillosa, solo es permitido al viajero pronunciar una palabra: el
_porvenir_. La naturaleza reina allí, teniendo por esclavo al hombre.
Solo el tiempo, ese auxiliar misterioso del progreso, hará que la
sociedad, cambiando de situacion, adquiera su soberanía perdurable sobre
la Creacion.
Entretanto, la navegacion á vapor, bien regularmente establecida en las
aguas del caudaloso Magdalena; las nuevas instituciones
federalistas,--que permiten hacer esfuerzos mas directos en el inmenso
valle que aquel rio fecunda, para darles vida social á sus aisladas
poblaciones,--y el desarrollo indefinido que allí puede tener la
agricultura intertropical, mediante el ensanche del consumo en los
mercados exteriores, desarrollo que comienza á iniciarse,--son
elementos que hacen esperar que no muy tarde las regiones hoy desoladas
que el viajero contempla con profunda tristeza, serán la tierra de una
raza liberal, enérgica y valerosa, que alcanzará el bienestar con la
práctica de la democracia y la actividad de la industria.
* * * * *
CAPITULO III.
* * * * *
LA REGIÓN MARÍTIMA.
El canal del «Dique».--Las ciénagas; la salida al mar.--Cartagena; su
bahía; sus arrabales.--Adios á la patria.--El mar por primera vez.
El 7 de febrero á las doce de la mañana mi bote estaba preparado, y
partí con mi familia del puerto de Calamar para descender el canal del
Dique, prefiriendo esa via mas bien que la de tierra, porque si esta era
mas corta, la otra tenia para mí todo el interes de una obra nacional
importante para el comercio, y todo el encanto de una navegacion en
extremo pintoresca.
A pocos metros de distancia del puerto esté, sobre la márgen izquierda
del Magdalena, la boca del canal, abierta mas bien por el empuje natural
de las aguas que por el esfuerzo de los ingenieros; pero al dejar el
gran rio, donde el caudal opulento de las ondas lo hace todo, lo primero
que se ve en el Dique es el casco despedazado del vapor _Calamar_, el
único que habia navegado allí, y los escombros de una compuerta
derrumbada á causa de la debilidad del cimiento deleznable. Donde la
mano del hombre ha intervenido se ve, pues, el abandono, se ve patente
la inconstancia que preside á todos los esfuerzos industriales del
Hispano-colombiano. Grandes sumas se han consumido en la apertura de ese
canal;--bellas y legítimas esperanzas se fundaron en la obra, y
sinembargo, lo que queda es un monton de ruinas y una via de navegacion
embarazosa y llena de torturas para el viajero.
En un trayecto de diez ó doce kilómetros el canal, con una anchura
uniforme de diez á catorce metros, parece una inmensa calle trazada en
perspectiva, recta en lo general y con aspecto monótono y desapacible.
Las barrancas de las dos orillas, cortadas y desnudas; la vegetacion
mediana y sin elegancia; el sol ardiente que sufoca y devora; la
regularidad del trayecto; las plagas infinitas de insectos voladores que
hacen salir la sangre envenenada por cada picadura, y la increible
multitud de enormes iguanas y lagartos que se arrastran por entre los
tostados matorrales de las orillas,--todo eso contribuye á entristecer
al viajero durante las tres primeras horas de navegacion.
Despues la escena va cambiando á cada vuelta y revuelta del canal, y los
mas variados cuadros de la naturaleza se suceden para encantar
maravillosamente al viajero. La proximidad de las ciénagas se manifiesta
en la verdura húmeda, la riqueza de la vegetacion y la abundancia de las
aves acuáticas. Cedros y otros árboles gigantescos se levantan, y de sus
brazos retorcidos penden festones admirables de flores que reúnen todos
los colores del arco iris. La _vara-santa_ ostenta su mástil altísimo,
cuya copa azul, morada, blanca, rosada ó amarilla, segun el estado de la
flor y la hoja, es el grupo mas suntuoso de guirnaldas que puede
imaginarse, multiplicado prodigiosamente. Una inmensa alfombra de
gramíneas rizadas cubre las orillas del canal, y sobre ese interminable
feston, agitado por las brisas, se mecen las palmas elegantes de las
gramíneas arbóreas, entretejidas por cortinas flotantes de parásitas y
flores, que forman sobre la cabeza del viajero una bóveda sombría,
poblada de perfumes desconocidos y de indefinible belleza artística.
Aquello figura un arco triunfal infinito tendido sobre una calle
cubierta de flores y de ricas colgaduras.
De repente la bóveda se acaba y el canal se confunde en una ciénaga de
majestuosa y melancólica hermosura. Allí se tropieza con los escombros
de otra compuerta de manipostería, y una gran máquina para limpiar las
ciénagas y canalizarlas levanta su roja chimenea por entre las altas
gramíneas. El espectáculo de la ciénaga de _Sanaguare_ es admirable y
solemne. ¡Qué soledad aquella! El viajero se siente como anonadado,
porque se encuentra muy pequeño, impotente, en presencia de aquella
naturaleza exuberante y bravía.... Terribles caimanes se pasean,
asomando sus cabezas bronceadas sobre la onda cristalina encrespada por
la brisa que sopla desde la lejana costa del mar Caribe; el lago es
extenso y de la mas extraña forma. Por todas partes se levantan los
troncos secos y blanquecinos de millares de _guayacanes_, cuya verdura
ha destruido la humedad de las ondas que los rodean, y las copas,
retostadas por el sol en su parte superior, sueltan por todos lados
festones suntuosos de parásitas enredaderas. Cada uno de esos árboles
parece un esqueleto vestido de gala,--un cadáver que, teniendo la
cabeza, los brazos y las piernas desnudas, lleva en el pecho y las
espaldas una túnica suntuosa de terciopelo oscuro, flotando al viento
como la bandera de la muerte.... El cielo es admirablemente azul y se
refleja en la onda que sirve de base á ese romántico bosque de cadáveres
vegetales; y por todas partes se cruzan, en innumerable multitud,
bandadas de aves acuáticas de los mas raros colores y las mas singulares
formas, que levantan un concierto de salvaje armonía. El grito
melancólico del _chicoalí_, hermoso pavo silvestre,--el canto recóndito
del _chílacó_,--el graznido de la garza temerosa,--el aleteo del cuervo
agitándose entre las altas ramas del caracolí,--el chillido del pato ó
del _coclí_, la queja de la _caica_, esa cantatriz de las tristezas de
la selva y del río,--el sordo y vibrante ruido del _alcatraz_ que sacude
sus pesadas alas,--el grito salvaje del _mono_ (esa _mueca_ del hombre,
como dice Pelletan), lanzado desde lo alto de su columpio sombrío,--el
redoble del _alcaraban_, ese centinela de los desiertos,--el zumbido de
la cigarra fatigada y de los millares de insectos que pueblan el aire, y
mil otros ecos y ruidos que salen del fondo de la selva: hacen de
aquella soledad una escena que sobrecoge el alma de respecto, que
obliga al viajero á evocar todos sus recuerdos de amor y de supremo
bien, y que inunda el corazon de un sentimiento inefable de veneracion
divina y de poesía soñadora....
Despues, la noche vino con sus sombras, su misterio y su solemne
majestad, y á todos esos ruidos de la tarde sucedió el silencio de una
soledad imponente. Apénas la luz fosfórica de los _cocuyos_ y los peces
señalaba el hilo blanco de las aguas del canal; la ciénaga habia quedado
atras; la oscuridad era profunda; los remos, agitando las ondas
inmóbiles, producian con su chasquido un eco misterioso; los corpulentos
árboles de las orillas tomaban las mas extrañas formas en la sombra del
follaje interior, y al encanto infinito de la tarde sucedian las
amarguras de una noche de sufrimientos increibles.... Lo que el viajero
puede sufrir allí, literalmente devorado por los _zancudos_, es
indescriptible. Es un dolor atroz, incesante, cruel, torturador, que da
la idea de la Inquisicion, del infierno, de la suprema desesperacion....
Cada minuto es un siglo de angustia, y cuando el viajero ve aparecer el
sol al dia siguiente, cuyo calor hace huir á la infernal plaga,
comprende que en solo una noche ha sufrido por muchos años y ha
aprendido á tener resignacion.
Los miserables pueblos de _Mahates_ y _San Estanislao_, situados en
medio de ciénagas interminables, demoran allí en la mayor incuria y en
un completo desamparo; y el canal, ensanchándose á veces en medio de
anchas lagunas ó ciénagas, como las de _Sanaguare_, la _Cruz_ y
_Palotal_,--ó volviendo a estrecharse como en su principio, aunque
cambia de aspecto por su forma ó su vegetacion, nunca pierde su
hermosura salvaje, su soledad y sus encantos. De trecho en trecho se
encuentra algun bote navegando pausadamente, detenido á veces por muros
de plantas acuáticas de tal manera entretejidas que exigen un trabajo
vigoroso para abrir paso á las embarcaciones. Esa naturaleza invencible
tiene un poder de reproduccion maravilloso; y al Contemplar la escena el
viajero admira la energía de voluntad que presidió á la apertura del
canal, casi obstruido en 1858.
Desde el principio de la gran ciénaga de _Palotal_ el paisaje toma
nuevas y admirables proporciones. Allí es un extenso lago de verdura lo
que se ofrece á la vista del viajero. El agua, cubierta donde quiera por
una espesa capa de gramíneas profundamente arraigadas, tiene una
profundidad media de tres metros, pero rara vez aparece en la
superficie. Todo el vasto lago de verdura abarca una extension de muchas
millas, limitado en su circunferencia por manglares interminables y muy
tupidos, de aspecto suntuoso y magnífico. Al fin la ciénaga encuentra su
desagüe principal, y el viajero vuelve á esconderse en el cauce sombrío
del _Dique_ ó canal, embelesado por los encantos de una naturaleza
incomparable. Allí la plaga ha desaparecido enteramente, y el canal, con
una anchura de 15 á 20 metros, da la idea de un paraíso que solo la
imaginacion del poeta pudiera haber ideado. Las bandas de pájaros
multicolores son innumerables;--le sombra deliciosa, bajo el follaje
colosal y espeso de una vegetacion en que alternan el _mangle_,
elegante, recto y de románticas raices hundidas entre las ondas, el
corpulento _caracolí_, la flexible _guadua_ y mil plantas de las mas
hermosas formas;--los conciertos que de todas partes se levantan, y los
perfumes que exhala el bosque de su seno húmedo y exuberante de fuerza
reproductora,--todo contrasta con la escena marítima que despues se
presenta. El canal termina entre manglares para perderse en las ondas
cristalinas de la bahía, sumamente prolongada hácia el interior; la
brisa del Atlántico sopla con vigor; la ancha vela del bote se desplega
y flota de proa á popa; el horizonte se ensancha; las aguas toman el
olor, el color y la aspereza de las aguas marinas; los remos dejan de
agitarse; el tiburon persigue implacable á ejércitos de peces
primorosos; las colinas de la costa se ofrecen á la vista; se siente el
sordo y lejano mugido del mar; el mundo de las selvas acaba, el del
abismo infinito comienza; y al fin, surcando una bahía de admirable
belleza, que ensancha el corazon y da la primera nocion de la majestad
del Océano, el viajero ve á Cartagena, bella, melancólica, romántica,
sentada entre dos bahías, como una garza nadando en el Atlántico; y el
Colombiano, el Granadino, amante de la libertad y de las glorias de un
pueblo heróico, no puede menos que levantar la voz y saludar á la vieja
y noble ciudad, diciéndole con el arrebato de la admiración; «Salve,
gloriosa Cartagena, tierra del heroismo supremo y la abnegacion, cuna de
poetas y mártires, sepulcro arrullado por las ondas, escombro de la
opulencia que _fué_ para no resucitar sino en un lejano porvenir!»
* * * * *
Cartagena es la capital del Estado federal de _Bolívar_, uno de los
nueve en que recientemente se ha dividido Nueva Granada, con una
poblacion de 200,000 almas y una extension aproximativa de 40,000
kilómetros cuadrados, compuesta en su mayor parte de espléndidas
llanuras y selvas, surcadas por hermosos rios navegables; con un clima
general de 33 grados centígrados, en los veranos, y un desarrollo muy
considerable de costas marítimas entre las bocas del Magdalena y las del
Atrato. Si en otro tiempo Cartagena llegó á contener mas de 20,000
habitantes su poblacion ha bajado á 7,000, diezmada desde 1811 por la
guerra, las epidemias, la rivalidad de otras plazas comerciales y el
lento desarrollo, interior de la agricultura. Hoy Cartagena es un
inmenso escombro, cuyo espectáculo aflige profundamente al viajero; pero
la hermosura romántica de la ciudad, la esplendidez de sus bahías, su
admirable posición marítima, su importancia y sus facilidades para el
comercio interior, el carácter de su poblacion y los nobles recuerdos
que le pertenecen, hacen de esa plaza un objeto tan interesante como
simpático para el observador extraño.
Nada mas grandioso y variado que el panorama que se desarrolla á la
vista del curioso que quiere contemplar la ciudad desde lo alto del
cerro de la _Popa_ que la domina enteramente. Esta eminencia aislada es
una alta colina pedregosa, rodeada de ciénagas y bahías, á una milla de
la ciudad, y en cuya cima los Españoles establecieron una _fortaleza_ y
un _convento_, las cosas mas características del sistema colonial que
dominó en Hispano-Colombia; pero la República, que no quiere ni frailes
ni cañones, ha dejado arruinar todo aquello, y hoy no queda sino un
monton de escombros imponentes. Desde las plataformas de aquel edificio
mixto y despedazado, el viajero contempla un espectáculo maravilloso,
digno del pincel del artista y de la admiracion del poeta, como del
estudio del historiador y el arqueólogo.
Al norte de la ciudad, aislada por sus murallas, sus fosos, sus bahías y
lagunas, se abre un estero que determina una angosta lengua de tierra,
poblada de cocoteros, quintas y rústicas chozas. Al sudoeste se dilata
la hermosa bahía ó entrada de _Boca-grande_, obstruida por los
Españoles; después la isla de _Tierra-bomba_, flanqueada por fortalezas;
mas al sur la entrada de _Boca-chica_; en fin la grande isla de _Barú_,
separada del continente por el _Dique_. La inmensa y admirable bahía
forma casi un círculo irregular; en su seno se ven anclados 20 ó 30
bergantines, barcas y goletas con los pabellones estranjeros y el
nacional; un enjambre de lanchas se cruza en todas direcciones,--y
varios fuertes, construidos sobre islotes ó ángulos salientes de la
costa, ostentan entre cocoteros y parásitas, su vieja y pesada
manipostería convertida casi en escombros, ó muy deteriorada, y sin
baterías. Al frente, hácia el poniente, se extiende el Atlántico,
brillante, agitado, mugiente, inmenso y lleno de majestad y
misterio...el mar con toda su fascinación, con sus reflejos
inasibles, con su movilidad eterna, y sacudiendo su lomo de escamas
luminosas, como un dragon enfurecido por la resistencia de las rocas que
quisiera devorar ó pulverizar.
En medio del océano, las bahías, la laguna y el cerro de la Popa, vegeta
Cartagena, como un náufrago que vacila entre los abismos del mar y la
soledad del desierto que limita un continente. ¡Qué de recuerdos allí!
¡qué sublime pobreza! ¡gloriosa mendicidad de una reina caida que se
hace respetar por lo que fué, y admirar por la majestad de su dolor! El
mar golpea por todos lados sus murallas; el cielo la cobija con un manto
siempre límpido y azul; y los mil penachos flotantes de sus cocoteros
hacen admirable juego con las altas torres de sus venerables templos
medio arruinados, tristes y ennegrecidos por el tiempo. La parte
principal de la ciudad, formando una isla, ligada por un puente colgante
al barrio de _Jimaní_ que toca al continente, es toda de mampostería
pesada; una enorme muralla, llena de fortificaciones en otro tiempo
formidables, la circuye, defendiéndola de las invasiones del mar.
Imagínese el lector lo que serán ó han sido esas fortificaciones, con
solo saber que ellas le hicieron consumir al gobierno español la
estupenda suma de 250 millones de pesos, sin contar una gran parte de
los armamentos. El viajero se pasma al considerar toda la suma de
trabajo humano que debió concurrir á la creacion de aquella magnífica
ciudad de calicanto eterno. La República, que quiere contar solo con los
recursos de la paz, ha vendido todos los cañones, como un elemento
inútil para la civilizacion; y Cartagena no es hoy sino una plaza
mercantil arruinada, que espera de la industria libre su resurreccion.
El barrio de _Jimaní_, compuesto de casas de paja, hermosas quintas y
reductos, y que se extiende hacia el pié de la Popa, es mas pintoresco y
alegre, pero ménos interesante por su estructura material. La ciudad
tiene excelentes edificios públicos, y por una singular contradiccion,
miéntras que todas las calles son sumamente estrechas y oscuras, las
casas son como palacios, casi todas altas, alegres en su interior y con
salones espaciosos y cómodos. Como la poblacion es muy inferior á la
localidad, muchísimas casas están desiertas, y el abandono las ha
convertido en tristísimos escombros, ¡Y qué contraste el que se nota en
las mujeres de Cartagena!... Las señoritas son en general muy bellas,
espirituales, expansivas y alegres, y reunen á la elegancia ó la
gentileza de las formas una gracia en el decir, en la mirada y la
sonrisa, verdaderamente encantadora. Al contrario, las pobres mujeres de
la clase proletaria (quizas deteriorada la raza por la miseria y la
inaccion), son de una fealdad dolorosa:--flacas, largas, sombrías,
pálidas como espectros, lúgubres como las sombras errantes en medio de
las tumbas.... ¿Cómo explicar esa contradiccion ó ese contraste? Yo
podría determinar las causas, pero me contentaré con hacer una
reflexion. Cartagena es una gran ruina, es una tumba inmensa, y entre
las ruinas y las tumbas se encuentran siempre, lo mismo el hermoso lirio
lleno de perfume y misterio, y el blanco alelí de las murallas, que el
lagarto feo y descarnado vagando por entre los pedriscos y los escombros
donde vegeta la hiedra....
Por lo demás, la población de Cartagena tiene las mas excelentes
cualidades sociales: hospitalaria en alto grado, franca, generosa,
jovial y siempre animada de un profundo sentimiento de patriotismo, que
parece mantenido por el recuerdo mismo de las glorias de Cartagena. La
política agita mucho á los vecinos; pero pasada la lucha transitoria,
todos vuelven á una fraternidad que se revela en el trato social, en el
sentimiento de caridad y en el espíritu de independencia política y de
intimidad personal que los anima á todos.