¡Qué de figuras y pormenores extravagantes en la turba semi-africana que

nos invadía!--Diez ó doce mujeres, zambitas y zambazas, ó viejas

requemadas, todas alegres, con alpargata suelta por calzado, un pañuelo

de cuadros escandalosos atado á la cabeza en forma de gorro ó turbante,

y un camison flaco y desairado, de zaraza ó muselina burda, con el

gracioso arete de oro ó tumbago en la oreja, hicieron irrupcion por

todas las escaleras del vapor, seguidas de veinte muchachos y mocetones,

rollizos y tostados por el calor tropical. En breve se dispersaron por

los salones y camarotes, movidos por la curiosidad, y fueron á sentarse

en medio de las señoras y los caballeros de á bordo para entablar

conversacion con una familiaridad encantadora. En todas se notaban las

bellas trenzas de cabello negro y abundante, á veces crespo, el labio

grueso y voluptuoso, la nariz abierta y palpitante, el ojo negro y

ardiente, el color pardo oscuro, la voz agitada, estentórea, libre como

el soplo del viento, la risa franca y picante, el andar provocativo, con

un dejo lleno de coquetería, y el carácter sencillo, hospitalario y

lleno de cordialidad.

Toda esa gente me pareció formar una raza enérgica, de excelentes

instintos y capaz de ser un pueblo estimable y progresista con solo

darle el impulso de la educacion, la industria y las buenas

instituciones. Y la turba de vendedores dispersa sobre la barranca del

puerto á la sombra de algunos árboles, no era menos simpática y curiosa.

Este, sentado entre una barricada de melones y sandías, parecía una

figura chinesca, y atraia con sus galantes invitaciones; aquel, como un

mostrador ambulante, llevaba sobre la cabeza una enorme artesa ó canasta

de mimbres, donde bailaban á cada movimiento los panecillos de azúcar

ocañera, las cajetillas de suculento _ariquipe_, los atados de cigarros

y los olorosos panes de maiz; y el de mas acá ó mas allá se pavoneaba

con una torre de _abisperos_ de papelon, de tortas de _cazabe_ y de

otras muchas golosinas que son el regalo de los viajeros de menor

cuantía y los navegantes. Allá un boga voluntarioso, de cuerpo espigado

y ágil, le echaba chicoleos de champan á una moza de mirada un tanto

pecaminosa, recibiendo en cambio un coscorron por via de agasajo. Aquí

el viejo patron de bote, con ínfulas de personaje, se daba sus aires en

medio de la turba, apoyado en un remo ó _canalete_, y acariciando el

ancho arete pendiente de su oreja derecha; miéntras que un marinero del

vapor, como perteneciente á la aristocracia de los navegantes, le

dispensaba su mirada de altiva protección a algún boga plebeyo,

diciéndole al pasar: _Jé! tú por aquí, Peiro?_

Al cabo el vapor lanzó su prolongado silbido; nuestro Irlandes declaró

que era llegado el momento solemne de la vida, (_To drink and drínk! or

not to be,--that is the question_!) Las copas se llenaron, el puerto se

perdió de vista; y al esconder el sol su disco de fuego fuímos á atracar

al pié de la alta barranca de la aldea de Regidor, donde á un paisaje

infinitamente bello debia combinarse el cuadro de costumbres mas típico

que era posible encontrar.

* * * * *

La aldea se compone de unas 25 ó 30 chozas miserables, diseminadas sin

órden alguno sobre el plano arenoso de una vega circundada de altísimos

bosques, y en toda el área del pobre caserío multitud de palmas de

cocotero hacen flotar al viento sus rizados plumajes. A las ocho de la

noche el ruido de los tamboriles cónicos y las flautas ó _gaitas_

peculiares á los bogas y sus familias semi-salvajes, hirió nuestros

oidos anunciándonos una ardiente sesión de _currulao_.

El _currulao_ es la danza típica que resume al boga y su familia, que

revela toda la energía brutal del negro y el zambo de las costas

setentrionales de Nueva Granada. Así, todo el mundo quiso contemplar la

escena y, excepto las señoras, cuyos ojos no eran adecuados para ver esa

danza extravagante, saltamos todos á tierra en direccion á la _plaza_ de

la aldea.

El espectáculo no podia ser mas singular. Habia un ancho espacio,

perfectamente limpio, rodeado de barracas, barbacoas de secar pescado,

altos cocoteros y arbustos diferentes. En el centro habia una grande

hoguera alimentada con palmas secas, al rededor de la cual se agitaba la

rueda de danzantes, y otra de espectadores, danzantes á su turno, mucho

mas numerosa, cerraba á ocho metros de distancia el gran círculo. Allí

se confundian hombres y mujeres, viejos y muchachos, y en un punto de

esa segunda rueda se encontraba la tremenda _orquesta_. Difícil, muy

difícil sería la descripcion de esas fisonomias toscas y uniformes, de

esas figuras que parecian sombras ó fantasmas de un delirio, cuando se

movian, ó troncos desnudos de un bosque devorado por las llamas,

ennegrecidos y ásperos, si permanecian inmóbiles.

La luz rojiza de la hoguera, extendiéndose sobre un fondo oscuro,

aumentaba el romanticismo de la escena, porque el bosque vecino aparecia

como una inmensa caverna, y las sombras de los danzantes, músicos y

espectadores, así como las de los mástiles y las copas de los cocoteros,

se proyectaban en perspectiva de un modo singular.

Ocho parejas bailaban al compas del son ruidoso, monótono, incesante, de

la _gaita_ (pequeña flauta de sonidos muy agudos y con solo siete

agujeros) y del _tamboril_, instrumento cónico, semejante á un pan de

azúcar, muy estrecho, que produce un ruido profundo como el eco de un

cerro y se toca con las manos á fuerza de redobles continuos. La

_carraca_ (caña de chonta, acanalada trasversalmente, y cuyo ruido se

produce frotándola á compas con un pequeño hueso delgado); el

_triángulo_ de fierro, que es conocido, y el _chucho ó alfandoque_ (caña

cilíndrica y hueca, dentro de la cual se agitan multitud de pepas que, a

los sacudones del _artista_, producen un ruido sordo y áspero como el

del hervor de una cascada), se mezclaban rarísimamente al _concierto_.

Esos instrumentos eran mas bien de lujo, porque el _currulao_ de _raza

pura_ no reconoce sino la _gaita_, el _tamboril_ y la _curruspa_.

Las ocho parejas, formadas como escuadron en columna, iban dando la

vuelta á la hoguera, cogidos de una mano, hombre y mujer, sin sombrero,

llevando cada cual dos velas encendidas en la otra mano, y siguiendo

todos el compas con los piés, los brazos y todo el cuerpo, con

movimientos de una voluptuosidad, de una lubricidad cínica cuya

descripcion ni quiero ni debo hacer. Y esas gentes incansables,

impasibles en sus fisonomías, indiferentes á todo, bailaban y daban

vueltas y vueltas con la mecánica uniformidad de la rueda de una

máquina. Era un círculo eterno, un movimiento sin variacion, como la

caida del torrente, como el caliente remolino de fuego ó de arena que se

fija en un punto, en medio de un bosque incendiado ó en la mitad de una

playa azotada por el huracan. La incansable tenacidad de los danzantes

correspondia á la de los músicos; y á pesar de emociones tan ardientes

al parecer, ni un grito, ni un acento lírico, ni una sola palabra

pronunciada en alto interrumpia el silencio extraño de la escena.

Es tal la resistencía habitual ó el teson con que esa gente se entrega

al "currulao" que algunas veces duran hasta dos horas tocando ó

bailando, sin descansar un minuto.

Aquella danza es una singular paradoxa: es la inmovilidad en el

movimiento. El entusiasmo falta, y en vez de toda poesía, de todo arte,

de toda emocion dulce, profunda, nueva, sorprendente, no se ve en toda

la escena sino el instinto maquinal de la carne, el poder del hábito

dominando la materia, pero jamas el corazon ni el alma de aquellos

salvajes de la civilizacion. Ninguno de ellos goza bailando, porque la

danza es una ocupacion necesaria como cualquiera otra. De ahí la extraña

monotonía del espectáculo.

Aunque ninguno se rinde, de tiempo en tiempo un hombre ó una mujer sale

del circulo de espectadores, le quita las velas á uno de los danzantes,

le reemplaza sin ceremonia, y el que deja el puesto va á colocarse en la

gran rueda, impasible como un tronco, sin revelar cansancio, ni placer,

ni pena, ni zelos, ni amor, ni emocion alguna. El cambio se hace como si

al reedificar un muro se quitase una piedra para poner otra en su lugar.

La vida para esas gentes no es ni un trabajo espiritual, ni una

peregrinacion social, ni siquiera una cadena de deleites y dolores

físicos: es simplemente una vegetacion, una manera de ser puramente

mecánica.

Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno húmedo, inmenso y solitario,

y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y

de balde, y que, exagerando el desarrollo físico de los órganos,

debilita sus funciones y degrada su parte moral,--el boga, descendiente

de Africa, é hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiranía,

no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y

fuerzas primitivas. Si el _indio_ puro de las alti-planicies andinas es,

á pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la _astucia_ constituye su

fuerza moral; si el _llanero_ de las pampas granadinas, criado en las

soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte

infinito, es no obstante su barbarie un sér eminentemente heróico,

poético en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron,

crédulo y generoso,--el _boga_ del bajo Magdalena no es mas que un

bruto que habla un malísimo lenguaje, siempre impúdico, carnal,

insolente, ladron y cobarde.

La raza parda, pero cultivadora ó comerciante, que habita las vegas

vecinas á Ocaña ó las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y

Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida

comunicativa, y será no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes

cualidades. Pero la familia del _boga_, que vive de pescado, en el

sopor, la inercia y la corrupcion, no podrá regenerarse sino despues de

muchos años de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el

comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena.

La civilizacion no reinará en esas comarcas sino el dia que haya

desaparecido el _currulao_, que es la horrible síntesis de la barbarie

actual.

* * * * *

Si la idea fundamental del romanticismo literario está en la libertad de

exposicion de los contrastes, que en la naturaleza física se manifiesta

en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca

en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran síntesis de la

armonía, nada mas romántico que el contraste de escenas de vegetacion y

de estructura geológica que se encuentra al descender el Magdalena

desde _Regidor_ hasta _Mompos_.

Hasta un poco mas abajo del brazo ó canal de _Loba_ la desolacion es

completa y su espectáculo aflige profundamente el corazon del viajero. A

juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno

trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el

Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que

el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como

de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal

inmenso mas ó ménos poblado de árboles medio desnudos. La brisa falta

enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huéspedes del

desierto, aparecen solos; los caimanes, reproduciéndose increiblemente,

forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce

sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. Allí no existe casi la

vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo,

y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno

desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las

ciénagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas.

Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin

mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del

_Peñon,_ pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado

sobre una barranca desnuda á la márgen izquierda del rio; del _Banco_,

pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por

sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado á la derecha,

cerca de la confluencia del profundo y bellísimo rio _Cesar_ ó _Cesari_;

y del canal de _Loba_ que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del

Magdalena, va á engrosar las del Cauca para volver luego á su propio

caudal.

El _Banco_ pertenece, como todos los pueblos de la márgen derecha, al

Estado del _Magdalena_, separado del de _Bolívar_ por el gran rio. El

_Cesar_, tan importante en la historia de la conquista verificada por

Jiménez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente

navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene

á traerle los tintes, las maderas y otros artículos de exportacion

recogidos en las montañas que dominan á Riohacha y Santa-Marta (del lado

occidental) y en las extensas selvas y llanuras de _Chiriguaná_ y

_Valle-Dupar_. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como

el Magdalena, se desarrollará un gran progreso industrial en esas

comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable,

una madera exquisita, un metal ó un producto de los trópicos que no

pueda obtenerse allí para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al

consumo del mundo comercial.

El canal de _Loba_, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye

inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande

isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La

navegacion se hace muy difícil para los vapores en el canal principal, y

se reconoce allí la urgente necesidad de una obra de canalizacion que

mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar

indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de

encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetación exuberante que se

reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las

grandes crecientes periódicamente infalibles del rio, y la movilidad de

sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del

Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se

reduce á establecer faginas ó barricadas vegetales, que las aguas, los

depósitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten

en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan

vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debería

estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en

los estudios hidrográficos. La _hidráulica natural_ puede ser en

Colombia la mejor canalizadora.

En el sitio pintoresco de la _Ribona_ empieza un panorama de verdura

incomparable que, continuándose en los caseríos ó parajes de

_Doña-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando,_ termina en la ciudad

de Mompos y sus cercanías. El encanto de aquellos paisajes, de aquella

vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es

imponderable. Aquello es un paraíso, es un oásis de verdura suntuosa, de

perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema

hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el

corazon del viajero la mas honda sensacion de placer.

Figúrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como

un manto de verdura sobre la márgen de un rio gigantesco, y tendrá

todavía una idea muy inferior á la realidad. Ese trayecto valdría en

Europa millones y millones de francos ó florines. En Colombia ... no

vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus

riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la

tierra. Aunque en una y otra márgen del rio se observa la misma

fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de

ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los

sauces y las altas gramíneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas

cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El

terreno es una angosta y larguísima vega toda cultivada y cuyo suelo

casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque

interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombrío, y el

viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver

la isla de Calipso, con su primavera eterna, ó un huerto aéreo que la

mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mágico, cual un

cosmorama inasible y movedizo.

¡Qué bosque aquel! De trecho en trecho se suele ver una pequeña

plantacion de caña de azúcar, ó un verde platanar que exhala el perfume

de sus racimos cuajados de miel, cayendo sobre los vástagos desnudos

como cintillos de topacio bajo una bóveda de esmeralda. Pero esas

plantaciones apénas interrumpen ligeramente la selva interminable de

naranjos, limoneros, mangos, árboles de mamei, de zapote, de níspero, de

mil frutas deliciosas, sobre cuyas capas iguales, suntuosas, de verdes

diferentes, pobladas de frutas, de sombra y de perfumes, se destacan los

mástiles y los penachos de los cocoteros, como las velas y el arbolaje

de una barca sobre las verdes ondas de una bahía tranquila, suavemente

rizadas apénas por el soplo de las brisas de la tarde. Allí, bajo esos

pabellones, la luz se amortigua, la paz reina como en un jardin, los

racimos flotantes de naranjas provocan, los pájaros cantan como en una

mansion de amor, y la naturaleza, idealizada, parece evaporarse en

perfumes y colores como si un voluptuoso deleite la mantuviese

magnetizada y feliz....

A la sombra de esas cúpulas de verdura vive una poblacion sencilla,

pacífica y honrada, cuya fecundidad parece ser el resultado de la

influencia que ejerce la vegetacion.--Por todas partes se ven casitas

pintorescas y blanqueadas, destacándose en perspectiva detras de las

bóvedas y grutas aéreas de los árboles, ó ramadas de _trapiches_,

despidiendo su sabroso olor de miel; y miéntras las mujeres hilan, hacen

bordados ó tejidos, ó fabrican _petaquillas_, canastos y esteras de

graciosos colores, los chicos juegan y saltan en grupos caprichosos á la

sombra de los árboles, sobre un suelo limpio y parejo, ó trepan como

ardillas á perderse entre el follaje de los mangos y naranjos.

Entre tanto, la escena es bien curiosa en el primer término del paisaje.

La alta barranca que cae sobre el rio, tiene talladas de trecho en

trecho multitud de escaleras que dan sobre los pequeños puertos, en

forma de caracol ó perpendicularmente; y en el muro de la barranca se

ven las aberturas ó bocas de muchos hornos subterráneos, ingeniosamente

preparados para cocer el pan de maiz llamado _almojábana_, ó el de yuca,

que tiene el nombre de _cazabe_. Y al pié brincan, agitadas por el

oleaje que produce el paso del vapor, multitud de pequeñas canoas

destinadas á llevar á Mompos los cargamentos de frutas y mantener la

comunicacion entre las dos márgenes del rio. Los grupos de la orilla no

son ménos interesantes, ya por las maniobras de los bogas y sus vestidos

singulares, ya por la ruidosa algazara que levantan saludando á la

tripulacion del vapor que pasa rápidamente á la vista de esos pacíficos

moradores de un huerto secular.

* * * * *

Mompos es una ciudad interesante en todos sentidos. Su amplísimo puerto

contiene siempre multitud de embarcaciones indígenas, y sus albarradas,

sus corpulentas ceibas, el contraste de sus construcciones dominando la

playa, y sus ricas arboledas de frutales, le dan un aspecto tan

pintoresco que provoca al viajero á visitar el interior. Situada la

ciudad en un terreno bajo y arenoso, sin el amparo de montañas que la

dominen, la brisa falta enteramente, sus arboledas se mantienen inmobles

y el calor es tan sufocante (40 gr. cent.) que casi suspende la

respiracion.

La poblacion está dividida en dos barrios: el de arriba, llamado

_Susúa_, que es todo de casas de paja, pero mantenidas con aseo y mucha

gracia; y el de abajo, compuesto de dos largas calles muy bonitas,

cortadas en ángulos rectos, á cordel, y totalmente formadas por fuertes

edificios de mampostería. El primero es habitado por las clases

trabajadoras, todas de color, de cuyo seno sale el impermeable y sufrido

boga del bajo Magdalena;--gente alegre, jovial, alborotadora, libre en

sus costumbres, robusta y varonil, y que apesar de sus defectos de

educacion es honrada y leal, ama la patria con entusiasmo y se bate por

ella con bravura, esgrimiendo el afamado sable de acero del _Real de la

Cruz_, poblacion de la antigua provincia de Ocaña. Es de esa raza

vigorosa y altiva que han salido tantos valientes, de los vencedores en

_Tenerife_ y _Barbacoas_, en la época de la independencia, y mas tarde

tan temibles combatientes en las desgraciadas contiendas civiles del

Magdalena.

El otro barrio es el asilo de las clases acomodadas, gentes que, pasados

los momentos de contiendas, son estimables por su carácter generoso y

franco y su hospitalidad para con el viajero. Mompos es la ciudad que

resume por excelencia el contraste de la conquista ó la civilización

española con la antigua situacion indígena. Si la parte de arriba es

esencialmente nacional ó colombiana, la de abajo es, por su estructura,

enteramente española. Una arquitectura pesada y de estupenda solidez,

multitud de hermosas iglesias que son mediocres monumentos, calles

anchas, rectas y sin pavimento, muros pintados de amarillo y rojo,

puertas arqueadas, galerías de columnas prodigadas, inmensos salones,

altas celosías de hierro en todas las ventanas, muebles colosales y

pesados para el menaje interior, bellas arboledas de frutales en todos

los patios, y mil pormenores en extremo curiosos, le dan á Mompos el

aire de una ciudad hispano-morisca, que tiene el sello de la conquista

ibérica.

Pero Mompos no es solo una ciudad graciosa y pintoresca. Es tambien un

depósito ó puerto de escala importantísimo, que hace juego con las

plazas mercantiles del interior, Honda y Medellin, con la exportacion

agrícola de Ocaña y Valle-Dupar, con las ferias comerciales de los

pueblos del bajo Cauca y Magdalena, y con las ciudades de Cartagena,

Barranquilla y Santa-Marta, por las cuales las ramificaciones del gran

rio hacen girar el comercio exterior de Nueva Granada en su parte mas

considerable. Los vapores hacen siempre escala en Mompos; su plaza es

afamada por su produccion de licores, joyería esmerada, herramientas y

vasos porosos elegantes y finos. En mi concepto, despues de Barranquilla

talvez, Mompos es la poblacion de mas porvenir en el bajo Magdalena.

* * * * *

El 6 de febrero era el último de mi viaje á bordo del vapor _Bogotá_, el

cual debia seguir su ruta hasta Barranquilla, puerto distante cinco ó

seis leguas de la bahía de _Sabanilla_, y que recibe algo del movimiento

comercial de Santa-Marta; miéntras que yo debia separarme en _Calamar_ y

seguir en direccion á Cartagena, por camino de tierra, ó por el canal

semi-artificial llamado el _Dique_.

Desde que el sol empezó á iluminar el panorama del Magdalena abajo de

Mompos, fue haciéndose mas notable la aglomeracion de poblaciones sobre

las márgenes del rio. Así, aunque este ha perdido mucho de su majestad

por la gran disminucion de sus aguas en el canal de _Loba_, las orillas

interesan mas porque revelan la existencia de la sociedad, casi nula en

el trayecto que media entre _Regidor_ y _Nare_. La vegetacion es

siempre uniforme, el cielo igual y la llanura inmensa como un desierto

de las pampas orientales; pero el viajero se consuela viendo asomar de

trecho en trecho los pobres caseríos que se destacan sobre barrancas

pedregosas, ya á la derecha del rio, como los pueblos de _San-Cenon_,

_San-Fernando_, _Santa-Ana y Pinto_, ya á la izquierda, como á los de

_Talaigua_ y _Sambrano_.

Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie · 第 2 / 45 段