VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA.
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PRIMERA SERIE.
INDICE.
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AL SEÑOR DON MANUEL AMUNÁTEGUI, DIRECTOR DE «EL COMERCIO» DE LIMA
ADVERTENCIA
DOS PALABRAS AL LECTOR
PRIMERA PARTE.
CAPITULO I.--LA PRIMERA AUSENCIA.--Adiós al suelo natal.--La ciudad de
Honda.--La gran vegetación.--El puerto de «Conejo».--Una escena octurna.
--El vapor «Bogotá»--Nare y «San-Pablo».
CAP. II.--EL BAJO MAGDALENA.--Las riberas del gran rio.--«Puerto
nacional».--La aldea de Regidor.--Una danza de zambos.--La
semi-barbarie de la raza africana.--Los desiertos.--Las huertas de
«Margarita».--Mompos.--La confluencia del Cauca.--Calamar.
CAP. III.--LA REGION MARÍTIMA.--El canal del «Dique».--Las ciénagas; la
salida al mar.--Cartagena; su bahía; sus arrabales.--Adios á la
patria.--El mar por primera vez.
CAP. IV.--EL OCÉANO.--La poblacion del vapor _ames_ La bahía y la
ciudad de San-Thomas.--Una noche poética.--El vapor _Paraná_.--Grupos
sociales.--Escenas á bordo.--Una ceremonia fúnebre.--Temporales.
--Las costas de Inglaterra.
SEGUNDA PARTE.
ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA.
CAP. I.--SOUTHAMPTOM.--La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial.
--Interior de la ciudad.--Primeras impresiones.--Un compañero
mistificado.--El primer tren de ferrocarril.--De Southampton á
Londres.
CAP. II.--ASPECTO GENERAL DE LONDRES.--Las grandes calles.--Costumbres
diversas.--Miseria y beneficencia.--Contrastes dolorosos.
--Reflexiones sobre el pauperismo.
CAP. III.--EL TÁMESIS EN LONDRES.--Los puentes, la navegación y las
márgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La
Torre de Londres.--Los Docks del comercio.--El Túnel.--Greenwich; el
Hospital militar,--El _Leviatan_ en obra.
CAP. IV. JARDINES Y MONUMENTOS.--El Jardín Botánico.--El Zoológico.
--El Coliseo.--El Museo Británico.--San Pablo.
CAP. V.--CURIOSIDADES.--El Diorama.--La galería Tussaud.--El Palacio
de cristal.--El Banco de Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos
interesantes.
CAP. VI.--DE LONDRES A PARIS.--En el wagon.--Dover.--El paso de
Calais.--La entrada á Francia.--Calais.--Amiens.--Las cercanías de
París.
TERCERA PARTE.
DE PARÍS A MADRID.
CAP. I.--LA BORGOÑA Y LYON.--Los ferrocarriles.--Melun.
--Fontainebleau.--Montereau.--Sens.--Jolgny.--Tonnerre.--Dijon.
--Impresiones nocturnas.--Panorama de Lyon.
CAP. II.--LA CIUDAD DE LYON.--Hidrografía.--Varios objetos.--El
Palacio de las Artes.--Un contraste curioso.--Varios monumentos.--Las
fabricas de sederias.
CAP. III.--EL VALLE DEL RóDANO.--Aspecto general.--La Provenza.
--Panorama de Marsella.--Interior de la ciudad.
--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.
CAP. IV.--CATALUÑA.--Orografía de España.--El puerto de Barcelona.
--Condiciones sociales de Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.
--Centros manufactureros.--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo
inglés.
CAP. V.--VALENOIA Y SU VALLE.--Una aduana española.--Del Grao á
Valencia.--Estructura y panorama de la ciudad.--Un juicio de aguas.
--Tipos sociales y costumbres.
CAP. VI.--DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.--La «Huerta» de Valencia.
--San Felipe de Játiva.--La «diligencia» española.--Almanza.--La
Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de España.
CUARTA PARTE.
LA NUEVA CASTILLA.
CAP. I.--MADRID MONUMENTAL.--Aspecto general.--Plazas, paseos y
jardines.--Museos y bibliotecas.--Palacios, teatros y otros
monumentos.--Las caballerizas reales.
CAP. II.--MADRID POLÍTICO Y SOCIAL.--La Corte y la nobleza.--La
juventud española.--Escenas matinales.--Las calles de Madrid.--El
Prado.--El teatro español.--El café público en España.--Tendencias
sociales.
CAP. III.--ARANJUEZ.--Un paseo popular.--Mi compañero.--El valle de
Aranjuez.--Un grupo de periodistas.--Una corrida de toros.--El
_monte_ en ferrocarril.
CAP. IV.--TOLEDO.--La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo.
--Topografía de Toledo; su origen.--La Catedral y otros monumentos
religiosos.--El _Alcázar_.--Condicion social de los toledanos.
CAP. V.--LA MANCHA.--Dos compañeros de viaje.--Aspecto del país.
--Recuerdos de Don Quijote.--Las poblaciones manchegas.--La
Sierra-Morena.
QUINTA PARTE.
LAS ANDALUCIAS.
CAP. I.--JAEN Y GRANADA.--Panorama general.--Las colonias de Cárlos
III.--Baylen.--Jaen y sus campiñas.--De Jaen á Granada.--Idea
general de Granada.--Curiosidades de la ciudad.
CAP. II.--GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.--La Alhambra--La vega de
Granada.--El Jenerallfe.--La Catedral.--La Cartuja.--El Albaicin.
--Los Gitanos en Granada.
CAP. III.--LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.--Santafé.--Un comisionista
en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle de Málaga.--La ciudad
y sus curiosidades.--Algunas impresiones.
CAP. IV.--EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.--A bordo.--El golfo de Algeciras.
--Escenas de la tarde.--La ciudad de Gibraltar.--Situacion y comercio.
--La fortaleza.--Delante de Tarifa.
CAP. V.--LA BAHÍA DE CÁDIZ.--La isla de Leon.--Panorama de Cádiz.
--Reminiscencias.--Curiosidades y costumbres.--San-Fernando.--Puerto
Real.--Puerto-Santa-María.--Algo mas sobre Cádiz.--El bajo
Guadalquivir.
CAP. VI.--SEVILLA.--Idea general de la ciudad.--Panorama circunvecino.
--El tipo sevillano.--Costumbres sevillanas.
CAP. VII.--MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.--La Catedral.--El
Alcázar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La Universidad.--La Casa
de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria sevillana.--Varias
observaciones.
CAP. VIII.--EL GUADALQUIVIR.--El primer tren de Sevilla á Córdoba.--Un
marqués comunista.--La provincia de Córdoba.--Aspecto de la capital.
--su poblacion y su estadística.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades.
--De Córdoba á Baylen.--Andujar.
SEXTA PARTE.
DE MADRID A PARIS.
CAP. I.--EL ESCORIAL.--La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un
_Real-sitio_.--El ciego Cornelio.--San Lorenzo--La _Casa del
Príncipe_.--Algunas reflexiones.--Una escena de costumbres
castellanas.
CAP. II.---LA VIEJA CASTILLA.--Un cura en diligencia.--Las llanuras
castellanas.--Un poco de diplomacia.--La província de Valladolid.
--La capital; sus monumentos, curiosidades, costumbres é industrias.
CAP. III.--PALENCIA Y SANTANDER.--El canal de _Castilla_.--La
provincia de Palencia y su capital.--Alar-del-Rey; las fuentes del
Ebro.--El rio Besaya.--La provincia de Santander.--La ciudad y su
bahía.
CAP. IV.--LAS PROVINCIAS VASCONGADAS.--La ría del Nervion.--Idea de
las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos vascongados.--Vitoria.
--Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa.
CAP. V.--EN FRANCIA.--Del Bidasoa á Bayona.--La ciudad de Bayona.
--Las _Landas_.--Burdeos;--su aspecto, su comercio, sus monumentos,
etc.--De Burdeos á París.--La hoya del Loira.
CAP. VI.--PRESENTE Y PORVENIR DE ESPAÑA.--Diversas faces de España;
--clasificacion de sus grupos sociales y geográficos.--Comparaciones;
--rasgos característicos.--Consideraciones generales.--Aptitudes del
pueblo español.--Defectos de su gobierno.
AL SEÑOR
DON MANUEL AMUNATEGUI
DIRECTOR DE «EL COMERCIO» DE LIMA.
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Este escrito, como la mayor parte de los que han salido de mi pluma en
Europa, desde abril de 1858, debe su primera aparición á los estímulos
generosos, á la ilustrada y desinteresada protección que le han dado,
como propietarios y redactores de «El Comercio,» Usted y nuestro noble y
malogrado amigo DON ALEJANDRO VILLOTA. Es «El Comercio» el que primero
ha dado á luz las paginas incorrectas y frecuentemente improvisadas de
este libro. Por lo mismo, á nadie mejor que á los perseverantes
directores de ese diario--que defiende la libertad y difunde la semilla
de la civilización en el suelo hispano-colombiano--les corresponde el
modesto homenaje de esta obra. Acéptelo Usted, mi fino y respetable
amigo, en su nombre y en el de nuestro lamentado amigo VILLOTA, como un
testimonio de alta consideracion y gratitud profunda. Cada cual da de lo
que tiene: hombre de corazon y escritor, lo mejor que puedo ofrecer á
Usted es mi cordial afecto y el humilde fruto de algunas de mis labores.
JOSÉ M. SAMPER.
París, Febrero 7 de 1862.
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ADVERTENCIA.
La narración de mis Viajes comprenderá cuatro series, contenidas en
cuatro volúmenes.
La primera, que publico ahora, se refiere á la region del rio Magdalena,
en los Estados Unidos de Colombia (antes «Nueva-Granada»), mi punto de
partida,--á la travesía del Atlántico, una parte de Inglaterra, muchos
departamentos de Francia, y sobre todo España.
La segunda, que va á entrar en prensa, comprenderá la descripción de
Suiza, la Alemania del Rin, Bélgica y varios departamentos de Francia.
La tercera abrazará las narraciones relativas á otra parte de Francia
(la del Nordeste), y á Wurtemberg, Baviera, Austria, Hungría, Bohemia,
Sajonia, Prusia, Hamburgo, Hanover, Hese-Gasel y Holanda.
La cuarta comprenderá la Gran Bretaña, Italia, y un estudio social
comparativo de Paris y Lóndres y de la civilizacion europea.
Cada volúmen irá provisto, como el presente, de un sencillo mapa
indicativo de los itinerarios.
Si, por algún inconveniente insuperable, no alcanzare á terminar mi
publicación en París, la terminaré precisamente en Bogotá, en 1863.
No debe olvidarse que el texto de este volúmen ha sido escrito y
publicado en 1859-60, y que por tanto es á esa época que se refieren
todas las observaciones estadísticas, y otras de carácter mas ó menos
transitorio.
EL AUTOR.
VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA.
DOS PALABRAS AL LECTOR.
* * * * *
No sé el grado de estimacion que puedan merecer de parte de muchos
lectores las reflexiones de un viajero que, desconocido fuera de su
patria, emprende su peregrinacion desde el corazon de las selvas
colombianas hasta el centro de estas viejas sociedades europeas,
repletas de recuerdos, grandiosos monumentos y amargos desengaños.
Amante de contrastes y siempre solicitando la verdad, he dejado mi dulce
patria de libertad y de esperanzas,--la tierra de las montañas
colosales, de los valles espléndidos, de las cataratas, las selvas, los
espumantes rios, las altas cimas coronadas de nieve, los perfumes, los
ecos misteriosos, las soledades, los tesoros de luz y de armonía y la
pompa inagotable de esa naturaleza que resume en su seno toda la poesía
y todas las maravillas de la creación! Todo eso se queda atras: todo eso
es Colombia, escondida bajo el manto de conchas y coral, de luz y de
misterio que le extienden el Atlántico y el Pacífico....
¿Y por qué dejar tan lejos todo ese mundo que se adora? Es que el
demócrata de Colombia necesita nutrir su espíritu con la luz de la vieja
civilización y fortalecer su corazon republicano con las severas
enseñanzas de una sociedad ulcerada profundamente por la opresion y el
privilegio. Es que la verdad no se adquiere completa sino por
comparación, y el espíritu debe abrazar la vida de los dos continentes
que trabajan de distinto modo en la obra de la civilizacion.
Es preciso asistir á este torbellino que conmueve al mundo europeo, en
busca de la luz, de la ciencia, del refinamiento del arte, de las
maravillas de la industria, y de todo este conjunto de esfuerzos
admirables que constituye la obra del progreso.--Es preciso contemplar
el espectáculo de esta sociedad en recomposicion, que bulle, que se
agita y se preocupa, empeñada por resolver el problema del bienestar,
luchando entre las tradiciones del absolutismo y las aspiraciones hácia
la libertad.
El contraste es grandioso y merece un estudio bien esmerado. En
Colombia, las sencillas escenas de la democracia, el misterio solemne,
la soledad y el espectáculo sublime de la naturaleza en todo el
esplendor de su pompa y su grandeza. En Europa, las intrigas de las
aristocracias, la luz de la ciencia, la población exuberante, y el arte
levantado hasta las mas prodigiosas proporciones. Si Colombia es la
tierra del porvenir, de la esperanza y de la idea; Europa es el mundo de
lo pasado, de los recuerdos y de los hechos. Comparar esos dos mundos,
analizando el organismo y la fisonomía de la civilizacion en cada uno de
ellos, tal es la tarea del viajero.
Por mal que desempeñe mi parte de labor ¿no he de esperar, pues, que
algunos de los lectores del Nuevo Mundo se asocien á la investigacion
que uno de sus hermanos viene á hacer sobre el terreno de donde partió,
con los horrores de la conquista, la civilización semi-feudal que se
nos infiltró? Feliz el viajero que, animado del mas profundo sentimiento
de amor hácia su familia predilecta de las regiones de Colombia, pudiera
encontrar en su peregrinacion tesoros de verdad que ofrecer á sus
hermanos!
Asistir dia por dia, hora por hora, á este flujo y reflujo de las
instituciones y de las costumbres, de la literatura, de la ciencia y de
la industria, que se revela en admirables monumentos, en suntuosos
museos y ricas bibliotecas, en los ferrocarriles y telégrafos, en las
fábricas de enorme ó de ingeniosa produccion, en las academias y
universidades, en las exposiciones y los congresos internacionales, en
las imprentas y los gabinetes artísticos, en las escuelas populares, en
los institutos de beneficencia y de penalidad, en la administración de
la justicia bajo diferentes formas, en los puertos, los diques y
canales, en los teatros de todo género, en los lugares públicos
destinados al servicio de la ciencia y del buen gusto, en los Bancos,
las Bolsas y las asociaciones, y en todo lo que puede representar un
progreso, una tradición, una organizacion social ó un hecho
característico; asistir á este movimiento, repito, es contemplar de
bulto la obra de la civilizacion, es alimentar simultáneamente los
sentidos y el alma. Ensayaré, pues, haciendo un esfuerzo por llenar esa
tarea que será la historia de mi peregrinacion.
PRIMERA PARTE.
* * * * *
CAPITULO I.
* * * * *
LA PRIMERA AUSENCIA.
Adiós al suelo natal.--La ciudad de Honda.--La gran vegetacion.--El
puerto de «Conejo».--Una escena nocturna.--El vapor «Bogota».--Nare y
«San-Pablo».
Hay verdades que se hacen adagios porque todo el mundo percibe su
impresion, y una de ellas es, que el mérito de lo que se ama no se
comprende sino al carecer del objeto querido. El alma tiene, como las
pupilas, sus bellas ilusiones de óptica, porque ella misma es la pupila
del corazon, y los objetos crecen y toman formas siempre mas
interesantes á medida que se nos alejan. He aquí por qué al embarcarme
el 1º de febrero de 1858, en el puerto de las _Bodegas de Honda_, á
bordo de un champan que debía conducirme al vapor _Bogotá_, estacionado
siete leguas mas abajo, sentí mi corazón oprimido y preocupada mi
imaginación.
Por primera vez iba á alejarme de mi patria por algunos años,... _talvez_
para siempre! _Honda_, con sus escombros sublimes, quebrantados
sepulcros de una antigua opulencia,--sus saltadores y ruidosos rios,
espumantes como cataratas,--sus altas palmeras entretejidas en flotantes
pabellones,--sus siempre verdes y suntuosas arboledas que bañan en las
ondas la crespa y abundante melena,--sus cerros escarpados y en
anfiteatros, de eterna soledad, y sus llanuras de esmeralda cuyas altas
gramíneas sacuden en el estío los recios huracanes;--_Honda_, la reina
destronada, sombra de su lejano esplendor; se presentaba á mis ojos con
su manto azul y sus ruinas cubiertas de parásitas, mas triste y mas
hermosa que nunca. Jerusalen del poema oscuro de mi juventud, la dejaba
entre sus colinas y sus bosques como un santuario de recuerdos
venerables. La madre recibia el adios del hijo viajero: mi pensamiento
la comprendía mejor que nunca!
Dejar la tierra natal ¡este solo hecho entraña un drama entero para el
corazón! Qué momento tan solemne aquel, de recogimiento para el alma del
viajero, de esperanza profunda y de temor supremo!
Al dejar la playa arenosa donde quiebra sus hondas el majestuoso
Magdalena, creía separarme de un inmenso tesoro. Ahí quedaban: la tumba
de mi padre, las tradiciones de familia, la ceniza del hogar, las dulces
memorias, los caprichos y los locos amores de la juventud, los amigos,
la fortuna, la libertad, el aire, el cielo, los mil rumores vagos y
confusos, y todo ese adorable conjunto de impresiones y sueños, de
pesares y recuerdos, de infortunios y dichas, que se llama la
_Patria_!... Todo eso quedaba atras, como sepultado en un panteon cuya
portada era _Honda_! ¿Y adelante?... Lo vago y desconocido,--lo infinito
y maravilloso;--eso que el corazón acaricia en sus sueños de esperanza,
y que la duda cubre con sus sombras cuando el viajero se dice: ¡_quién
sabe_!
* * * * *
_Honda_ es una vieja ciudad, enteramente española por su construccion,
pero de un aspecto tan caprichoso y pintoresco que llega hasta las
proporciones de lo romántico. El rio Magdalena, la grande arteria del
comercio de Nueva Granada, despues de haber traído por algunas leguas la
direccion de S. E. á O., pierde repentinamente su mansedumbre, se
estrecha entre las altas rocas de dos serranías paralelas, y torciendo
directamente al norte se lanza por entre raudales pedregosos, coronado
de espuma, bramando como la gran mole de una catarata, y, como fatigado
de ese descenso tormentoso, va á reposarse, una legua mas abajo,
lamiendo suavemente las anchas playas de la _Bodega_. Una llanura de
cuatro leguas, interrumpida por algunos bosques y colinas; pintorescos y
de lujosa vegetacion, viene desde la derruida ciudad de Mariquita (la
tumba del conquistador Quesada), al pié de la cordillera central de los
Andes, y termina sobre la orilla izquierda del Magdalena, dominando el
áspero raudal que los naturales llaman _el Salto_. El primoroso rio
_Gualí_, azul, saltador, espumante como un torrente, y orrilado por
suntuosas arboledas, limita la llanura por el norte, y corriendo de O. á
E. viene á darle su limpio tributo al Magdalena, dividiendo en dos
partes la ciudad de _Honda_; en tanto que á 400 metros mas arriba una
hermosa quebrada desemboca tambien, cortando la playa del puerto
principal.
Vista de fuera, _Honda_ parece una ciudad oriental ó morisca, ya par su
caprichosa situacion y sus edificios de pesada manipostería, ya por el
contraste de los colores, los techos, los blancos ó negros muros, las
formas extravagantes y los balcones y azoteas, ya en fin por los
penachos de los altos cocoteros, meciéndose blandamente como para
abrigar con su sombra la ciudad, protegiéndola contra los rayos de un
sol abrasador, que brilla en la mitad de un cielo eternamente azul y
trasparente.
Honda tiene una población de 5,000 almas, y es el gran puerto de escala
del comercio interior de la República. Si en la época de la colonia fué
la vía del comercio europeo respecto del Ecuador y el Perú, la
independencia de Colombia, el tránsito por el Istmo de Panamá y un
espantoso terremoto que la redujo á escombros en junio de 1805, le
hicieron perder su primitiva importancia comercial. Hoy no es mas que
una plaza de tránsito, que empieza á resucitar en medio de los
escombros, gracias á la agricultura interior y á las grandes ventajas
que le ofrece la navegacion del Magdalena.
No he visto jamas una ciudad en donde estén tan bien representadas como
en Honda la vida, que se ostenta en el poder de una naturaleza
exuberante y espléndida, y de un comercío activo, y la muerte, que
parece anidarse en la soledad de las ruinas ennegrecidas por el tiempo.
Luchando la una contra la otra sin cesar, no es dudoso á quién tocará la
victoria; es á la primera, protegida por la libertad y la industria,
representantes del _progreso_, que es la síntesis de la vida!
La ciudad de Honda es el límite ó centro de dos regiones enteramente
distintas: hácia el sur y el oriente las admirables comarcas del alto
Magdalena; hácia el norte las soledades infinitas, los desiertos
ardientes y la monótona uniformidad del bajo Magdalena. Arriba la mas
espléndida region de la Colombia meridional; un panorama infinitamente
variado de llanuras y colinas, de selvas y montañas, de contrastes
interminables en las formas, los colores y los recursos de la
naturaleza; y toda esa sucesion de valles lacustres y de lujosas
serranías, enriquecida por una poblacion activa, numerosa y bastante
civilizada, y por las obras de una agricultura progresiva, que se
mancomuna con el comercio, la industria pecuaria, las artes y la
minería. Allí, en toda esa comarca primorosa, _ardiente paraíso_ de
Nueva Granada, se ve la vida social, el desarrollo activo, la
civilización.
De Honda para abajo, siguiendo el curso del Magdalena, la escena cambia
enteramente. El rio, como para revelar mejor el carácter salvaje de la
región que le rodea, se hace mas perezoso en su marcha, y léjos de
profundizar su cauce, se bifurca en multitud de brazos, se ensancha á
veces como un pequeño mar interior, escondiendo sus aguas entre el
follaje de las selvas seculares; levanta en su camino un enjambre de
islotes pintorescos; y haciéndose mas ingrato por la abundancia de sus
insectos venenosos, la ferocidad de sus terribles caimanes, la ardentía
de sus playas calcinadas por un sol devorador, y la absoluta soledad de
sus vueltas y revueltas, sus ciénegas y barrancos de salvaje tristeza,
revela que allí no ha fundado el hombre su poder, que la humanidad no ha
tenido todavía valor para entrar en lucha con esa emperatriz de los
desiertos que se llama _Naturaleza!_
Tal es la región que yo debía atravesar, siguiendo la corriente del
Magdalena, al darle mi adiós á la tierra natal.
* * * * *
El _Champan_ se apartó de la playa, los remos se agitaron al compas de
los gritos salvajes de los _bogas,_ y pocos minutos despues, al torcer
su curso el Magdalena por entre monstruosos peñascales, se perdieron de
vista los últimos penachos de los cocoteros que indicaban el sitio de la
_Bodega_. El hombre desapareció para ceder el campo exclusivamente á la
vegetacion.
Gigantesca siempre, variada al principio, encantaba donde quiera,
presentando las mas hermosas vistas sobre los altos peñascos de la
orilla, ó en los pabellones de lujosa verdura que venian á extender sus
flotantes encajes de parásitas y enredaderas sobre la playa misma, á
donde sale á calentarse, en lechos de arena calcinada, el temible y
monstruoso _caiman_, terror de los habitadores de las ondas. Ya se ven
bosques enteros de cedros seculares cubriendo con su oscura sombra las
quiebras de una ladera trastornada por las conmociones de la naturaleza;
ya los grupos de altísimas palmeras forman pabellones donde se columpian
bandadas de papagayos primorosos; ya sobre la barranca arcillosa de
rojos estratos compuestos de capas desiguales, se levanta un grupo de
gigantescas _guaduas_ (_bambús_), que, entretejidas por mil delgados
bejuquillos cubiertos de flores, lanzan sus plumajes flexibles sobre las
ondas del rio, como abanicos abiertos por el viento, donde una hada de
los bosques ha trazado sobre el fondo verde los mas caprichosos
arabescos y mosaicos.
Por todas partes lujo y exuberancia de vegetacion, riqueza de contrastes
y variedad de formas y colores en la naturaleza; pero ausencia absoluta
de poblacion y de cultivo. Si todavía se notan inflexiones en el
terreno, es porque no han terminado aún las ramificaciones que las dos
cordilleras principales de los Andes--oriental y central--arrojan sobre
el Magdalena en diferentes direcciones. Después las serranías
desaparecen, las selvas forman horizonte, y el ojo del viajero, fatigado
y triste, no ve mas que el desierto interminable.
A nueve ó diez kilómetros de Honda desemboca, sobre la izquierda, un
pequeño y clarísimo rio, el _Guarínó_, despues de haber fecundado la mas
preciosa llanura que puede imaginarse,--pampa feraz, de variadas
gramíneas y cubierta de inmensos bosques de palmeras de todas clases y
de gigantescos _caracolíes_, á cuya sombra se pasean en numerosas tribus
los zainos y tapiros, perseguidos por el terrible jaguar, mientras que
en las altas almenas de los árboles forman innumerables pájaros sus
conciertos aéreos y siempre sorprendentes.
* * * * *
Despues de cinco horas de navegacion, el champan se atracó al costado
del vapor _Bogotá_, anclado en el puerto de la bodega de _Conejo_. El
paisaje, visto de léjos, no podía ser mas primoroso.
Sobre la alta barranca, tapizada de grama verde y suave, en toda su
extension, grupos de chozas rústicas de habitacion de bogas y pobres
agricultores del desierto; en el centro el inmenso edificio de la
Bodega, de techumbre pajiza y de un solo piso, y detras y en medio de
las casas un bosque admirable, en cuyo fondo de un verde de diversas
tintas contrastaban la hermosa melena del cocotero sobre el esbelto
mástil, las palmas ensortijadas de las guaduas colosales, el redondo
follaje del mango y el mamey, y la corpulenta ramazon del cedro y el
caracolí, esos soberanos suntuosos de los desiertos selváticos de
Colombia.
Y al pié de esas ricas arboledas y de esas chozas llenas de colorido
local, los grupos animados de viajeros y bogas, tan discordantes y
variados, y formando un contraste tan curioso como el que hacian el
vapor _Bogotá_ y los _champanes_ y las casas indígenas. De un lado el
lujo de la naturaleza, indomable y grandiosa, perfumada y llena de
misterio; del otro el lujo de la civilizacion, de la ciencia, y la
ostentacion de la fuerza vencedora del hombre. Allá el hombre primitivo,
tosco, brutal, indolente, semi-salvaje y retostado por el sol tropical,
es decir el _boga_ colombiano,--con toda su insolencia, con su fanatismo
estúpido, su cobarde petulancia, su indolencia increíble y su cinismo de
lenguaje, hijos mas bien de la ignorancia que de la corrupcion; y mas
acá el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces
rubio, con su mirada penetrante y poética, su lenguaje vibrante y
rápido, su elevacion de espíritu, sus formas siempre distinguidas.
De un lado el pesado _champan_, barca _toldada_ de palmas secas, de 20 á
50 metros de longitud y dos ó tres de anchura--especie de choza
flotante,--y montado por multitud de bogas que gritan atrozmente y
parecen una legion de salvajes del desierto; ó bien la miserable
_ramada_ indígena, expuesta á la cólera de los vientos, las invasiones
de los reptiles y las fieras, ó los chubascos de las tempestades de
invierno, con un menaje tan extravagante como pobre, y abrigando
familias de salvaje fisonomía, fruto del cruzamiento de dos ó tres razas
diferentes, y para las cuales el cristianismo es una mezcla informe de
impiedad é idolatría, la ley un embrollo incomprensible, la civilizacion
una niebla espesa, y lo porvenir como lo presente y lo pasado se
confunden en una igual situacion de sopor, indolencia y brutalidad!
Y al pié de esas barracas que dan amparo á una vida de transicion, que
se acerca mas á la barbarie todavía que al progreso, se levantaban la
chimenea, el pabellon y los mástiles y costados pintorescos del vapor
_Bogotá_ para protestar contra la barbarie, y probar que aún en medio de
las soledades y del misterio sublime de una naturaleza imponderable por
su fuerza, el hombre va á fundar su soberanía universal, haciendo
triunfar en todas partes la fuerza del _espíritu_ sobre el poder de la
_materia_. ¡Qué bien contrastaban en el puerto de _Conejo_ la chimenea
del vapor, soltando sus bocanadas de humo espeso y arrebatado por al
viento de las selvas, con el mástil delgado, altísimo y secular del
cocotero, en cuya cima se columpiaba al soplo de ese mismo viento el
pabellón de palmas ensortijadas y flexibles. El cocotero, sembrado desde
el tiempo de la colonia, seguía vegetando; pero el vapor, hijo de la
república é instrumento de la libertad, venia á envolverlo entre sus
cortinas de humo, saludándole con los silbidos de la locomotiva.
* * * * *
La noche ofreció una escena admirable, como para aumentar los incidentes
del contraste. En el vapor _Bogotá_ nos habíamos reunido personas de
paises muy distintos. El capitán era un bravo Genoves, republicano,
franco, sencillo y de trato cordial, y entre los pasajeros había no solo
unos cuantos Granadinos, sino Ingleses, Franceses y Alemanes. La
cordialidad se estableció pronto, como sucede siempre en todo viaje, y
un Irlandés de 62 años, grande como una torre, alegre como un muchacho,
bebedor de primer orden, como era de su deber para honrar su
nacionalidad, y burlon y retozon como todos los Irlandeses (salvo los
que son serios), introdujo un delicioso desórden sobre cubierta. Cantó,
bailó solo, tocó violin y tambor (instrumentos que según entiendo no
están ligados por una íntima fraternidad), y acabó por comunicarnos á
todos su excelente humor. Pocos momentos después la vecina selva
resonaba con el ardiente coro de todos los pasajeros cantando (cada cual
en el tono en que podio) ya la _Marsellesa_, ese himno sublime de guerra
y libertad, ya el _God save the Queen_ los Ingleses, ya las canciones
mas ó menos populares de Nueva Granada, de Alemania y de Irlanda. Una
hora después de esos cantos de la civilización, y cuando todos
reposábamos en nuestras _hamacas_, en medio de las sombras y el
silencio, un himno enteramente diferente, salvaje y de una melancolía
llena de misterio, de grandeza y de ruda poesía, estalló de repente,
sostenido por cincuenta voces roncas y pesadamente acompasadas, en
medio de un bosque secular de la vecina playa. El asunto, la entonación,
el estilo y el misterio de ese canto venían á contrastar admirablemente
con las ardientes canciones que poco antes habian salido de entre los
flancos del vapor _Bogotá_.
Aunque el espectáculo no me era desconocido, no pude resistir á la
tentacion de contemplarlo de cerca. Así, salté de mi hamaca, convidé á
dos amigos y me fui á tierra, tomando la direccion que nos indicaban el
canto mismo y una luz rojiza que brillaba entre las sombras espesas de
la selva. La playa estaba desierta y ni un solo boga dormía sobre las
toldas de los champanes amarrados á una ancla de hierro y algunos
gruesos troncos. Despues de andar por un trayecto de doscientos metros,
por enmedio de las arboledas, descubrimos un espectáculo en extremo
interesante.
Bajo el follaje de un enorme cedro, en una área limpia y arenosa, había
una grande hoguera alimentada con troncos gruesos, ramas resinosas y
grandes trozos de un ámbar amarillo, subalterno, que abunda mucho en
aquellas selvas interminables. La llamarada era espléndida, el perfume
riquísimo, y las sombras que proyectaban los arboles hadan juego con la
luz de un modo admirable. Al derredor de la hoguera estaban arrodilladas
en confusión como cincuenta personas,--hombres y mujeres, viejos y
muchachos, habitantes del lugar y bogas,--y todos á un tiempo con una
voz ronca y acompasada, pero excesivamente expresiva por su acento,
cantaban un himno mortuorio!... Era el _novenario_ de un vecino que
habia muerto tres dias antes, y cuyo cuerpo estaba sepultado á poca
distancia de allí.
La canción era un conjunto de oraciones en verso, extravagantes,
compuestas por los _bogas_ y usadas siempre en todo novenario; y el
estribillo, tan incomprensible en su lenguaje como enérgico en su
entonación, se componía de una especie de cuarteta de versos de seis
silabas. Tres hombres cantaban primero una _estrofa;_ todos respondían
con el estribillo, y luego tres mujeres cantaban otra, y así
sucesivamente.
Confieso que en aquella escena salvaje, pero llena del encanto de la fe
y la piedad, encontré mas poesía y mas religión que en los cantos del
vapor _Bogotá_. La entonacion era profunda y sombría, solemne apesar
de su rústica armonía, y yo encontraba en esa escena una grande
impresión y una enseñanza. La poesía es sin disputa la mas sublime de
las manifestaciones del alma en sus relaciones con Dios, el hombre y la
naturaleza.
* * * * *
El 2 de febrero el vapor _Bogotá_ recogió su ancla, lanzó su silbido
matinal, semejante al grito del salvaje, y sacudiendo con sus alas de
hierro las turbias ondas del Magdalena, se deslizó rápidamente por entre
los verdes y tupidos pabellones de las selvas, dejando marcada su
brillante estela en las flotantes espumas que iluminaba el sol de la
mañana.
¡Qué impresion tan profunda experimenta el corazon del patriota, soñador
del progreso, cuando por primera vez se confia, como viajero, á esa
segunda providencia, á ese espíritu invisible de la humanidad,
trasfundido en el poder dé la mecánica, que se llama el vapor! La onda
se humilla, corriendo fugitiva, ante ese conquistador que la surca sin
temerla y la azota con las ruedas de su carro triunfal; el monstruo de
las aguas busca sus grutas escondidas en el abismo, comprendiendo que el
imperio del elemento líquido le pertenece á un sér infinitamente
superior; y el huracan, ese Júpiter sin forma, de aliento destructor,
que impera sobre las soledades del páramo, de la selva, del arenal y del
océano, parece amansarse en presencia de ese viajero que opone á las
conmociones supremas de la creacion la fuerza misteriosa de la ciencia
triunfante!
¡El _Vapor_! ¡ah! qué espectáculo para un hombre de fe! Esa maravilla
resumía para mí todos los progresos y la gloria del hombre, toda la
divinidad de este sér que, hecho á semejanza moral de Dios, lleva en su
mente los atributos inmortales del alma inteligente y pensadora, Cada
rueda, cada cilindro, cada miembro de la máquina del _Bogotá_ me
parecía la imagen de cada uno de los músculos y los órganos vitales del
hombre, Allí estaba concretada toda la historia de la humanidad, porque
esa máquina animada por el hombre era el movimiento, la fuerza, la
tenacidad, el genio, la fe, la vida, el espíritu, la luz, la
civilizacion, el progreso indefinido y eterno.
Mi alma se sintió dominada por un recogimiento profundo. Sentado sobre
el puente de proa, al lado de los timoneros, contemplé con inmenso
placer el cielo trasparente y azul, las altas serranías de los Andes,
las selvas, el rio y cuanto formaba el panorama; y desde el fondo de mi
corazón agradecido, bendecía todas las revoluciones, los heroicos
esfuerzos y la abnegación de los hombres y los pueblos que, dando su
sangre á lo pasado, le han conquistado á la posteridad los progresos de
la época actual y del porvenir.
* * * * *
Hasta el puerto de _Nare_ todo es variado y pintoresco, de _Conejo_ para
abajo. La vecindad de las serranías permite las inflexiones del terreno,
y tan presto se sorprende el viajero con la vista de los bosques
gigantescos ó las pequeñas llanuras que terminan en el rio, como admira
la lujosa vegetación intermediaria; los altos rocas de arenisca
petrificada; las sombrías bocas del _Tigrito_ y otros riachuelos cuyo
cauce parece una interminable gruta de verdura; las ondas azules y
abundantes de los ríos _Negro_ y _La Miel_, que sostienen á una y otra
margen la cinta turquí de su corriente, sin mezclarse con el Magdalena
al principio; el pintoresco caserío de _Buena-Vista_, situado sobre una
barranca y rodeado por la alta muralla de un bosque secular, sobre cuyo
fondo oscuro se dibujan los mástiles de los cocoteros y el blanco muro
de la capilla parroquial; y mil otros objetos que contribuyen á darle al
paisaje variedad y encanto.
Poco mas arriba de Nare la monotonía empieza, y los bosques
interminables de _guarumos_, árbol de color gris claro que parece un
fantasma en esqueleto, le dan á las orillas un aspecto de tristeza y
esterilidad. El sol quema como una brasa, el calor, de 36 grados, es
sufocante, y la desolacion de la naturaleza comienza. Nare es un
distrito de miserable población y aspecto insalubre, y que, salvo dos ó
tres familias, no contiene sino bogas y gente de la raza indo-africana.
Sinembargo, es un punto muy importante para el comercio interior, de
escala para el Estado de Antioquia, y su lindo rio cercano, de bastante
caudal, es navegado por champanes y canoas hasta siete leguas arriba de
su embocadura.
En Nare se engrosó el número de los pasajeros con un robusto Escoces,
explotador de minas, un dentista, que forzosamente resultó ser yankee, y
un antioqueño que, tan luego como entró al vapor, promovió una _rifa_, y
empezó sus especulaciones. Los antioqueños, descendientes en su mayor
parte de una expedicion de judíos de la época de Felipe III, son los
Israelitas de la Nueva Granada, en punto á negocios y viajes, aunque en
materia de destapar y vaciar botellas son esencialmente Ingleses.
Una legua abajo de Nare está la famosa _Angostura_, terror de los
navegantes, y al salir de ella comienza la región de las islas de
primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena,
ensanchándose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo,
interminable como llanura selvática, diseminasus aguas en todas
direcciones. Por lo demas, la naturaleza pierde toda su variedad;--la
vegetacion, sujeta á las inundaciones, aparece esqueletada, descolorida
y áspera, y las serranías se pierden de vista enteramente. Ya no queda
allí sino el desierto inmenso, abrasado y sin majestad ni belleza.
El 3 de febrero ¡qué de impresiones agradables, de sorpresas, y de plaga
y fatigas! Primero el encuentro del hermoso Vapor _Antioquia_, que subia
de Barranquilla, ligero, pintado de colores vivos, como un gran pájaro
rozando apenas las ondas del Magdalena. Y allí de los gritos de alegría,
los saludos ruidosos entre los pasajeros de uno y otro vapor, los
silbidos galantes de las válvulas de las locomotivas, y las burlas
recíprocas de los marineros, picantes y originales en extremo. El vapor
_Antioquia_ llevaba un fuerte cargamento de senadores y representantes,
sin duda no-_asegurados_, y por lo mismo su viaje era doblemente
interesante.
Despues, el hermoso rio _Carare_, desembocando á la derecha, profundo,
azul, con una vegetacion fresca y espléndida, navegable por vapor, y
sirviendo ya de vía de comunicacion directa entre el Magdalena y los
pueblos de la antigua provincia de Vélez, es decir de parte de los
Estados de Santander y Boyacá. Ese rio tiene muy bello porvenir, y no
muy tarde el comercio granadino le dará toda la importancia que merece.
Abajo del Carare aparece el _Opon_, rio bellísímo también, cuyas arenas
cuajadas de oro sirven de lecho á una corriente mansa, profunda y
cristalina. ¡Y qué de recuerdos al ver la embocadura de ese rio! Fué por
allí que Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de
Granada, penetró en 1536, dominando tan supremas dificultades é
increibles peligros, que la historia, para ser justa, debe considerar
esa expedición como la mas heróica, la mas extraordinaria que jamas
conquistador alguno haya conducido y consumado.
Si los territorios de Yélez y Socorro envían al Magdalena su bello
contingente en las aguas de los rios Carare y Opon, ámbos navegables y
riquísimos, las tierras altas de Tunja y Pamplona contribuyen con su
abundante rio de _Sogamoso_ ó _Colorada_, que desemboca cerca del nuevo
puerto de _Barranca-bermeja_. Allí, sumamente enriquecido el Magdalena
con el caudal de tan hermosos rios, toma proporciones grandiosas que lo
hacen imponente; miéntras que las preciosas islas que surgen de trecho
en trecho, una de ellas muy considerable (la de _Morales_), le dan al
paisaje, admirablemente iluminado, una increíble semejanza con el bajo
Danubio, á juzgar por la parte que he navegado.
Abajo del Sogamoso el Estado de Antioquia contribuye (ademas de los rios
_La Miel_ y _Nare_) con el romántico y hermosísimo rio de la
_Cimitarra_, que recuerda las eternas tempestades que reinan sobre los
cerros minerales de una cordillera del mismo nombre que separa la
region antioqueña de las de Simití y Majagual. Los bogas tienen mil
extravagantes preocupaciones sobre ese escondido rio de lecho de oro en
polvo y arboledas sombrías é impenetrables, y cuentan muchas leyendas,
haciendo la señal de la cruz, sobre los buscadores del peligroso metal
que, habiendo ido al interior por el curso del rio, no han vuelto á
parecer mas en Mompos. Los habitantes de San-Pablo, pueblo situado á
poca distancia de la confluencia del _Cimitarra_, hacen responsable al
_Mohán_ ó _Huan_, divinidad terrible de las grutas y de los grandes
pozos de los ríos, de las fechorías cometidas por los jaguares, las
serpientes y los zainos en perjuicio de los imprudentes buscadores de
oro. Sinembargo, debo declarar que el tal _Mohan_ no me parece un
personaje tan absurdo como se cree, si se observa que en résumidas
cuentas es el _Diablo_, pero un diablo poético, altamente romántico, y
por lo mismo superior, bajo el punto de vista artístico y espiritual, al
prosaico y vulgarísimo diablo en que nos manda creer la santa madre
Iglesia.
_San-Pablo_ (y de paso diré que de ahí para abajo casi todos los pueblos
están santificados por un nombre), es un pueblecito gracioso, muy pobre
y humilde, pero de un colorido local pintoresco. En primer término está
la barranca rojiza que domina al Magdalena, salpicada de barracas de
pescadores, de las mas extrañas formas; después el caserío, compuesto de
dos calles rectas, con 40 ó 50 casitas de paja muy blanqueadas, todas
separadas y á la sombra de una multitud de cocoteros, mangos y naranjos;
detras de la faja gris oscura de la selva tupida, y en último término
las lejanas serranías occidentales que separan al Estado de Antioquia
del inmenso valle del Magdalena.
El vapor se varó en frente de San-Pablo, porque el verano había
disminuido mucho el caudal de las aguas, y allí tuvo nuestro amable
Irlandés la ocasión de poner aprueba sus sesenta años. El ancla fue
arrojada á 50 metros de distancia, y todo el mundo, por gozar de las
emociones del trabajo, fué á mezclarse con los marineros para darle
vuelta al torno de proa y hacer salir el buque del banco de arena que
lo rodeaba. La noche nos sorprendió jadeantes, empapados en sudor, pero
alegres y triunfantes después de dos horas de esfuerzos; y á poco rato
el canto melancólico de todos los marineros, hiriendo el eco de las
selvas, nos dió una nueva impresion. A las diez de la noche el puente
del vapor tenia un aspecto singular. Cada lecho estaba cubierto con un
toldo para defenderse cada cual de los terribles _zancudos_ ó mosquitos,
y la apariencia general era como de un hospital de campaña, un
campamento ó un cementerio flotante. El Irlandes, que después de
trabajar como un Sansón habia tenido la prevision de beber como una
bomba, dormía cerca de mí, y roncaba con la terrible majestad de las
tormentas andinas. Entretanto, el buho solitario de la playa vecina
respondía con su canto lúgubre al bramido lejano del jaguar errando
entre las asperezas de la selva.
* * * * *
CAPITULO II.
* * * * *
EL BAJO MAGDALENA.
Las riberas del gran rio.--«Puerto-nacional».--La aldea de Regidor.
--Una danza de zambos.--La semi-barbarie de la raza africana.--Los
desiertos.--Las huertos de «Margarita».--Mompos.--La confluencia del
Canoa.--Calamar.
El tercer dia de navegacion debia ser mas fecundo en escenas de todo
género. El primer objeto curioso fué un grande escombro sobre una playa
desierta: era la masa informe del vapor _Magdalena_ (el primero de la
tercera época en que el rio ha sido navegado por vapores), cuyo casco
yacia abandonado como inútil. Al ver ese cadáver de hierro y madera,
comparado con los vapores actuales, se comprende y admira la
perseverancia con que, á despecho de muchos contratiempos, el espíritu
de progreso sigue su marcha, luchando con la naturaleza y acabando por
vencerla siempre. Mucho mas arriba habia visto también los restos del
espléndido vapor _Manzanares_, volado en 1854; y en otros puntos del rio
se pueden ver los del _Honda_, el _Henry Wells_ y el _Calamar_,
sacrificados tambien en los primeros ensayos. Al cabo la navegacion por
vapor se ha regularizado, el rio es surcado por ocho ó diez bellos
vapores, en la parte baja, y ya se acaba de establecer uno pequeño en el
alto Magdalena. El progreso triunfará.
Como para hacer contraste, dos horas después encontramos el lindo vapor
_Patrono_, que subía con rapidez, saludándonos con alegría sus
pasajeros y tripulacion. En seguida un verdadero panorama de aldeas en
hilera, sobre las márgenes del rio, fue presentándose á la vista,
rodeado del paisaje mas vasto y encantador, sin alteracion hasta el
puerto de la bella ciudad de Mompos.
La llanura era inmensa y todos sus objetos brillaban á la luz de un sol
abrasador en medio del cielo mas puro y trasparente. Al occidente se
destacaba la cordillera de Simití como una cinta celeste, hundiendo sus
cimas entre las blancas nubes; miéntras que al oriente, á inmensa
distancia, se dibujaban como aéreos palacios las cumbres de color vago y
confuso de la rama de la cordillera oriental que separa á las comarcas
de Ocaña del norte de Nueva Granada. Vi primero el _pueblo_ de
_Badillo_, miserable como casi todos los de las orillas del bajo
Magdalena; despues el caserío lamentable de _Las-Pailas_, donde el sol
devora y las serpientes abundan como las hormigas; mas abajo la Bodega
del vecino distrito de _Puerto-nacional_, el sitio mas ardiente de todo
el Magdalena, y por último, para completar el cuadro del dia, la aldea
de _Regidor_, donde nos esperaba una singular escena de costumbres
nacionales y de contrastes en extremo románticos.
Y en el intermedio.... ¡qué de bellezas para llamar la atención,
estableciendo el colorido local! A cada paso islas tan primorosas, tan
pintorescas que, salvo el calor y las plagas, hacían pensar en los
archipiélagos del Mediterráneo; hileras interminables de sauces
llorones, bordando las playas del rio y los suaves declives de las
islas; caños oscuros, sombríos, saliendo misteriosamente de entre la
selva y trayendo sus aguas sin corriente de las lagunas lejanas, donde
moran la fiebre, las fieras y las serpientes venenosas y enormes á la
sombra de una vegetacion exuberante y bravía; playas reverberantes,
cuajadas de _caimanes_ durmiendo bajo el ala de un viento abrasado, en
cuyas orillas se amontonan las garzas de lindísimos colores, ó vaga el
grullon persiguiendo á los peces descuidados, y eü cuyas arenas
quemadoras se dan á veces sus terribles combates el jaguar, tirano de la
selva, y el monstruoso dragon de los rios colombianos. Bandadas
increiblemente numerosas de papagayos de todas clases pasan atronando
con su áspera gritería, que parece el eco de la voz del salvaje; y al
traves de una vegetacion incomparable que constituye el fondo del
inmenso cuadro, se desliza el Vapor, lanzando de tiempo en tiempo sus
silbidos agudos y prolongados, cuyo eco repercuten las selvas y produce
una sensacion indefinible de miedo y admiracion al mismo tiempo.
En ese trayecto el rio _Lebríja,_ semejante al _Sogamoso_, desemboca en
la márgen derecha, después de haber surcado una extensa region del
Estado de Santander. Puede calcularse que el caudal de aguas que los
cuatro principales afluentes del Norte (_Carare, Opon, Sogarnoso_ y
_Lebrija_) le dan al Magdalena, equivale al que este rio recoge de todo
el Estado de Cundinamarca. Así, después de recibir esos contingentes,
arriba de _Puerto nacional_, el Magdalena tiene en algunos puntos hasta
800 metros de anchura, sin haberse engrosado aún con las aguas del
_Cesar ó Cesar_í y el _Cauca_.
En Puerto-nacional y Regidor los cuadros característicos me parecieron
curiosos en sumo grado. El primero de esos lugares es el puerto por
donde gira la correspondencia entre el bajo Magdalena y los Estados del
Norte de la República, y es también el punto por donde los pueblos de
Ocaña exportan su produccion de café, azúcar, tabaco, suelas, _taguas_
(marfil vegetal), oro, palos de tinte, anis y algunos otros artículos de
consumo interior y exterior. Cuando los vapores llegan á la _Bodega_ de
Puerto-nacional, á tomar la correspondencia y los cargamentos de frutos,
los habitantes del pueblo, que está dentro de la selva á la márgen de un
caño afluente del Magdalena, bajan en procesion, ofreciendo el cuadro
mas interesante y bullicioso. Todo el mundo trae alguna fruslería que
vender, á los pasajeros--conservas, frutas, cigarros, etc.,--y los
chicos que vienen por curiosidad, ya que no entran en la vendimia,
gritan alegremente como papagayos salvajes.