Y una hora antes que amaneciese, un soldado de los que tenian tomadas

las murallas, despues de haber dado una ruciada de arcabuceria comenzó

a decir de parte del capitan frances, a voces, que porque no se daban

a partido; que que pensaba hacer; el artillero que se decia Per

Andres questaba con el alcaide, comenzó a hablar con este soldado en

aleman, que no se hizo mucho provecho, segun despues se supo; segun

pareció el Per Andres dijo al soldado que en el terraplen no habia

arcabuz ni ballesta ni vitualla ninguna, e que no habia arma con que

pelear. Esto puso mucho ánimo a los enemigos y el alcaide como oyó la

plática y no entendia la lengua alemana, saltó con este traidor del

artillero diciendole que que platicas eran aquellas; que no hablase

mas palabra, que lo mataria, como lo quiso hacer, e ya estaba hecho

el daño, y el artillero volvió al alcaide y dijo que lo que le decia

que no era cosa que importaba nada, salvo quel soldado venia de parte

del capitan frances questaba a la esquina de la muralla amparado con

ella, con un escuadron de gente, e que venia a decir que dejase el

artilleria y se diese a partido, que bastase el daño que de entramas

partes habia habido, pues no tenia remedio de sustentar, y el alcaide

oyó quel Per Andres, artillero, le dijo, no pensando que habia dicho

al soldado frances otra cosa. Luego hizo tocar el atambor de arma

falsa y tirar algunas piezas de artilleria para que los enemigos de

fuera no pensasen que estaban desmayados los de dentro, lo cual lo

estaban harto, porque trataban unos entre otros que no querian pelear,

ni habia armas con que, y decian al alcaide que si él queria morir,

que muriese, aunque todo esto no era parte para dejar de mostrar el

ánimo que era justo en tal caso se requeria, y aunque viendo que era

casi el alba y no le habia dado el Gobernador el socorro que le habia

prometido, y que la gente que en el terraplen con él estaba, que serian

hasta quince personas entre españoles y negros y indios y mestizos,

y algunas mujeres, niños y viejos, que todos los mas eran inútiles

para pelear, porque eran gente que se habia entrado a mamparar alli, e

todos desmayados, e hicieron muchas lamentaciones diciendo al alcaide

que en el terraplen no habia armas ni pan ni agua ni carne ni remedio

para poderse sustentar ni defender, ni esperanza de socorro, como

despues pareció, y quel partido quel capitan frances les habia embiado

a voces a decir con el soldado, le habia el alcaide de pedir a él,

por la extrema necesidad que tenian, viendose cercado y encorralado

de sus enemigos en el terraplen, y quemada ya toda la torre y todos

los enemigos tomadas las murallas y habiendole muerto y herido los que

podian pelear, puestas las escalas al terraplen por muchas partes, y

con muchas bombas y artificios de fuego, y sin esperanza de socorro.

Ya que rompia el alba, tornó el dicho alcaide hacer tocar atambor e

tirar dos piezas de artilleria, y los enemigos que alrededor estaban

dieron muy grande grita diciendo que se diese, que no tuviese remedio

de socorro, y el artillero Pero Andres e cuatro ó cinco de los que en

el terraplen estaban, que al parecer se pensó que fuera para algo,

vinieron a hablar a Rodrigo Martin, soldado dicho, para que hablase al

alcaide de parte dellos para que dejasen el artilleria y se saliesen a

su salvo, y el soldado no se lo osó decir al alcaide, sino que todos

juntos llegaron a él diciendole que les dejase salir del terraplen, que

no permitiese que muriesen alli todos, pues via que no tenian remedio

ni defensa nenguna, ni arma con que pelear, y los enemigos de fuera. Ya

que queria aclarar el dia comenzaron a jugar de su arcabuceria y a dar

grandes voces y alaridos diciendo que porque no se daban, y el alcaide

se llegó, como oyó las voces, hacia una esquina del terraplen donde

estaba un paredoncillo con un portillo que habian hecho y dijoles a

voces que querian, y le respondieron unos soldados, que hablaban bien

español, diciendole de parte del capitan, porque no se daba a partido,

porque si aclaraba bien el dia todos habian de morir malamente, y

cierto, nenguno escapara. El alcaide dijo que muriese, que para eso

estaban alli, e se quitó, e luego de ahi a poco se tornó a poner en

el dicho portillo que tenian hecho los enemigos, sin esperanza de

nengun remedio, e preguntó por el capitan en alta voz, y el frances le

respondió que queria; y él le dijo que que le queria a él, y el frances

dijo; quereros dar a partido; el alcaide le respondió que que partido;

el frances le dijo en alta voz, questaba en la esquina de la muralla,

mamparado él y alguna parte de su gente con ella, que con el partido de

la vida a él y a todos los que con él estaban, porque habeis combatido

y defendido como buen soldado; y el alcaide le dijo que habia de ser

sin rescate; el frances dijo que si, sino era mercader. E pasadas

estas platicas el alcaide quiso jugar a dos itos si le aprovechara,

porque si pensara quel socorro no le habia de venir, tenia determinado

e ordenado de cargar todas las piezas de artilleria hasta las bocas,

con dos o tres balas cada una, e sembrar toda la polvora que en el

terraplen tenia, por todo el terraplen, e romper toda el artilleria e

quemar toda la pólvora porque los enemigos no se aprovechasen dello,

y pudiera hacer esto muy a su salvo, y saliesen él y todos los que en

el terraplen estaban, por las espaldas del terraplen, sin mucho daño

e peligro de sus personas; mas no se atrevió a hacer esto que tenia

pensado, por el esperanza que tuvo del socorro, porque siempre pensó

que le viniera, e fue mal pensamiento, y considerado si se le diera

el socorro y el hobiera rompido el artilleria y quemado la municion

fuera mal caso habello hecho, y a esa causa no osó hacer lo que tenia

determinado, y segun despues sucedió, valiera mas habello hecho, porque

los enemigos no se aprovecharan del artilleria.

Y el frances tenia su gente por sus escuadrones bien en orden por las

murallas e por las esquinas dellas y por alrededor del terraplen,

siendo ya el dia claro, viendo el alcaide todo lo que habia sucedido

e que ya no habia lugar de hacer lo que tenia determinado en el

romper del artilleria porque ya era de dia, y no se podia salir con

su determinacion en salirse del terraplen sin ser vistos de los

enemigos, determinó de tomar el mejor remedio, que fue confirmar el

partido questaba hecho, porque la gran necesidad le constriñó a ello.

El capitan frances entró en el terraplen armado con su coselete,

espada y daga y una alabarda, y con él muchos soldados de coseletes y

arcabuceros, e por fuerza se apoderó en cuatro piezas de artilleria,

porque otras dos, que eran seis, se habian rompido combatiendo, y puso

su bandera sobre el artilleria y pidió al alcaide que le diese la suya,

e jamas se la quiso dar, y el capitan e muchos soldados llegaron por

fuerza e la quitaron donde estaba puesta, e despues desto, el frances

preguntó al alcaide que donde estaba el tesoro del Emperador y el cofre

que tenia la moneda, porque siempre, segun se dijo despues, habia

pensado que habia alli gran cantidad de moneda de Su Magestad, segun

se le habia defendido aquella plaza y artilleria, y tambien porque las

guias que traia le habian hecho entender que habia alli gran cantidad

de dinero, de las naos que se habian perdido en la Florida, que segun

despues dijo el frances, questa habia sido la prencipal cabsa porque

se habia aventurado á tomar este pueblo; y el pensamiento que tuvo

le salió muy al reves, quel alcaide le dijo que Su Magestad no tenia

aqui dinero nenguno, porque cuando se lo llevaban iba con muy grande

armada. El francés vió en el terraplen un escritorio pequeño del

alcaide, con unos papeles que aquel dia habia metido alli, e luego le

hizo descerrajar, e no halló en él sino fueron papeles e una sortija

de una esmeralda del alcaide, que la tomó e metió en el dedo, e luego

en otra caja halló plata labrada del alcaide, cantidad de marcos, e la

tomó, e cierto, el frances pensó que en aquella presa quedaba rico y el

pensamiento le salió al reves, pues no halló alli otra cosa que robar

sino lo que tomó al alcaide.

Luego ya que tenia preso al alcaide y algunos que con él estaban y

algunas mujeres y niños, determinó de salirse luego del terraplen con

un escuadron de soldados, e se fue a las casas de Juan de Rojas, con

alcaide y prisioneros, e alli se hizo fuerte, porque el terraplen

no era fuerza ni conveniente para estar seguro, segun le pareció.

Llegado a las dichas casas, se subió a lo alto dellas con algunos

soldados prencipales, y todos se desarmaron e hubo buena gira; e otro

dia adelante entro su nao e la caravela e la gran barca, y entraron

harto mas seguras que el dia antes, quel alcaide los habia ojeado y

desbaratado, e hecho que no tomasen puerto, e viendo queste dia no les

habian combatido ni empedido la entrada del puerto, entraron seguros,

porque ya el alcaide estaba preso, e despues dentrados, de regocijo

jugaron mucha artilleria, y hubo de los de la parte de la mar y de los

de la tierra, gran regocijo.

Pasó esto: otro dia de mañana el frances hizo echar todas las mujeres,

niños y viejos y algunas negras que con el Alcaide habia preso, e

les dió libertad para que se fuesen donde quisiesen, sin hacerles

agravio ni mal tratamiento ni daño nenguno, que lo hicieran al Alcaide

y algunos prisioneros que tenia, sino por algun temor que despues

de habelles dado libertad volveria el Alcaide y ellos a hacelles

algun daño, y tambien porque pensó que despues de haber suelto los

prisioneros, si los soltaba, no le querian rescatar el pueblo, que

era lo que entonces pretendia, y dijo al Alcaide que escribiese al

Gobernador diciéndole de su parte como él estaba apoderado en el pueblo

e puerto e artilleria, e que de todo ello era señor; que determinase de

rescatar el pueblo, porque de otra manera, si no lo queria rescatar,

que lo quemaria y arrasaria y abatiria por tierra, como lo hizo, y el

Alcaide escribió luego la carta al Gobernador con el artillero Pero

Andres, questaba preso, al cual le dió libertad, al él y a otro vecino,

Martin Ruiz, sobre la palabra del Alcaide, que mas valia que no se

la diera, y en la carta decia lo que habia sucedido en aquel dia y

noche antes pasada, y diciéndole en ella cuan mal lo habia hecho en no

habelle dado socorro, y que por su cabsa se habia perdido todo, y aun

le escribió la flaqueza que se habia hecho en haberse desmamparado el

pueblo, que habia sido muy gran cobardia, y otras muchas cosas, segun

por la carta pareció, y ansi mesmo que hiciese traer alguna comida para

aquellos prisioneros, y otro dia a hora de medio dia, el Gobernador

le respondió a la carta diciendo que tan poco remedio habia a envialle

de comer, como habia habido en dalle socorro, y que para tratar el

rescate del pueblo era necesario quel capitan francés diese seguro a un

fraile Dominico questaba aqui, que se llamaba Fr. Alonso de Ulloa, el

cual fue cuchillo y principio de todos los daños y muertes que despues

sucedieron, y al fin, Fraile habia de ser. El capitan frances embió

luego el seguro firmado de su nombre, como el Gobernador por su carta

lo pedia, y se asentaron las treguas de una parte y de otra, y entre

tanto quel Fraile entendia en el rescate del pueblo y vino con la mesma

seguridad tres dias arreo a tratar con el capitan frances de parte del

Gobernador, al cual le hizo el frances buen tratamiento y reverencia,

y el primer dia que fue a tratar en ello llevó comision del Gobernador

que diesen de rescate por el dicho pueblo mill pesos, y otro dia llevó

en comision mas larga fue dos mill pesos, el frances le respondió la

última vez que era poco el rescate para tan buenas casas y tan buen

pueblo, y entretanto que se trataba y entendia en este rescate, el

Fraile y el Per Andres, artillero, y el Martin Ruiz andaban de una

parte a otra con la seguridad dada a tregua asentada, y el Alcaide

dada la palabra por la parte del Gobernador, como él se lo habia

escrito. En este medio tiempo comenzó el Gobernador a juntar gente

despañoles, negros e indios y mestizos, todos los mas que pudo, que

fueron doscientos y ochenta personas, y sin comunicarlo con el cabildo

ni tomar parecer de nadie del, sino por su propia cabeza, quiso hacer

esta guerra al frances; fuera justo que pues para cosas que otras cosas

no suelen importar nada, se juntaba con este cabildo y tomaba parecer

dellos, mas necesario fuera hacerlo para esto que tanto importaba, y

tanto iba en ello, que no rejirse e gobernarse desatinadamente solo por

su cabeza, que fue cabsa de todo lo que sucedió.

E juntas estas doscientas y ochenta personas, y miércoles en la noche,

dos horas antes que amaneciese, que fue ocho dias despues que se

combatió la torre y se prendió el Alcaide, vino el Gobernador con toda

esta gente en los enemigos franceses en alba, los cuales halló bien

descuidados y divididos, porque el capitan se habia hecho fuerte en

las casas de Juan de Rojas, como digo, con cosa de setenta soldados,

porque los demas estaban repartidos por la nao y en la artilleria del

terraplen que habian tomado, muchos dellos alojados en las casas del

pueblo, y el Gobernador con toda esta gente cercó la casa de Juan de

Rojas, donde el frances estaba con hasta setenta soldados, como dicho

es, e antes que llegasen a la dicha casa con gran trecho, fueron

sentidos de los enemigos que dentro estaban por la gran grita y el

ruido que traian; por manera que despertaron los que dentro estaban

bien seguros, por la seguridad que el Gobernador habia dado al capitan

frances, y conociendo los gritos de fuera, tuvieron tienpo de cerrar

la puerta, que la tenian abierta, y el Gobernador y su gente comenzó

a hacer daño matando algunos de los franceses questaban por las casas

alojados, y algunos heridos de la saeteria de la torre, que valiera mas

tomarlos a prision, pues los enemigos tenian prisioneros, especialmente

algunos que sobre su palabra salian de las casas, otorgándoles las

vidas, despues los hacian matar, y esta guerra no era usada ni buena;

bien pareció quel que la mandaba hacer habia visto pocas, pues al

rendido hacia matar. Ya que no se entró por la puerta que estaba

abierta, ni osaron entrar, pudieran hacer otro provecho, que fuera

tomarles todas las velas, que las tenian en tierra en el hermita, con

solos tres grumetes que las guardaban, y ansí mismo dos piezas de

artilleria que tenian puestas en la placeta de Juan de Rojas, en las

bocas de las calles, que no las guardaba nadie. Ni lo uno ni lo otro

no tubieron ánimo para hacer, que fue harto mal, porque con solas las

velas o dos franceses de los que mataron, si los tomaran a prision,

se rescatara el pueblo y artilleria, y toda la presa que los enemigos

tenian en su poder, porque no habia en la nao otra vela ninguna, sino

las questaban fuera, y uno de los dos soldados que mataron era un

capitan, debdo del general Jaque de Sores, y el otro era el barbero,

que a ninguno destos dos por ninguna cosa dejara el capitan. Y el debdo

del capitan salió de una posada sobre la palabra del Gobernador, y en

saliendo de la casa le hizo matar, habiendo salido sobre seguro, y fue

una cosa bien fea y dañosa para los prisioneros questaban dentro, ansí

de los questaban presos con el Alcaide, como de otros que habian tomado

en dos ó tres bateles que habian entrado por la boca del puerto.

Viendose el capitan frances cercado del Gobernador y de toda su gente,

con las voces que vinieron dando y daban, fueron sentidos y comenzaron

a tocar al arma, y luego los de fuera dieron muchas voces diciendo

que todos habian de morir y pasar por filo despada, como lo habian

hecho a los que habian hallado por las casas, y estas palabras y otras

soberbias que de los de fuera se dijeron, fueron cabsa de harto mal y

de la crueldad quel frances hizo dentro de casa en los prisioneros que

tenia, porque como entendió que los de fuera mataban los suyos y no los

tomaban a prision, como él tenia a los suyos, dijo a voces que era muy

mala guerra, y luego bajó de lo alto a lo bajo de la casa, donde tenia

los presos, diciendo que pues los de fuera habian muerto los suyos e no

tomado nenguno a prision que no dejaria nenguno de los que tenia presos

que no matase, pues se le habia hecho e hacia tan gran traicion, y ansi

lo cumplió, quentró luego en una cámara donde encerraban de noche todos

los prisioneros, porque de dia por ahi se andaban, y los mató á todos,

que fue una lástima y crueldad grandísima, cabsada por el Gobernador,

por venirles a hacer aquella guerra, que fuera bien escusado, porque

viendose quien quiera cercado con enemigos de fuera y enemigos de

dentro, hiciera lo mismo quel frances hizo, especialmente habiendole

quebrado la palabra y muértole su gente que estaba alojada sobre

seguro, y los quel frances mató dentro, en la cámara, fueron treinta

y tres personas, ansi de los que habia preso con el alcaide como de

los que tenia de los tres barcos que habia tomado, y de la caravela

latina que desembarcó, que habia alli algunos, y hecha esta carneceria,

la cual lloran hoy dia muchas mujeres viudas, que mataron alli a sus

maridos, que era la tercia parte de los vecinos, y quedan sin ellos

y sin haciendas y casas. Dios perdone quien fue cabsa de tanto daño

y de otros mayores por falta de consejo. Ya muertos estos que digo,

el capitan frances se subió arriba a matar al alcaide, que le tenia

puestas guardas, con otro capitan e ciertos soldados que le guardaban,

e con el espada desnuda en la mano arremetió a él diciendo quel habia

sido cabsa de aquella traicion que se le habia hecho en venir sobre él

y matar a los suyos, y el alcaide, viendose en lo último de la vida

y sin armas, se desvió a un lado, destocada quel frances le tiro, e

con mucho ánimo arremetió a él muy recio apretándole los brazos y

teniéndole el brazo del espada debajo del suyo, diciéndole que no tenia

razon de matalle, pues no sabia el trato de lo que habia sucedido,

e todavia lo matara sino fuera por el otro capitan que lo tenia en

guarda, que se lo quitó dentro manos y le habia tomado aficion en

aquellos pocos dias que habia sido prisionero, y luego el capitan tornó

abajo y puso en orden toda su gente que dentro con él estaba, y dejó

al alcaide con la misma guarda que se tenia de antes, que siempre se

temió mucho del, y de ahi a poco tomó al alcaide por la mano y díjole

que se pusiese a una ventana que salia a la placetilla de Juan de Rojas

y dijese al Gobernador y a su gente que se retirase, quel alcaide haria

el partido. El alcaide se puso luego a la ventana, con algun peligro de

los questaban de fuera, y dió voces al Gobernador rogándole con hartas

lástimas que se retirasen y que no fuesen cabsa de tantas muertes, y

que mirasen que los matarian a todos, a los de fuera y a los de dentro,

y quel haria el partido. El Gobernador le respondió que mas valia

que muriesen todos, y bien parecia que le dolia poco y tenia puesto

en cobro su hacienda, mujer e hijos, que en los ocho dias que habia

que se habia salido del pueblo, habia tenido tiempo para ello. Bien

habia dicho que muriesen, pues tan poco le costaban las muertes de los

que dentro estaban, si con ellas se libertara la tierra, la cual sin

ninguna y con poco dinero se pudiera libertar, porque cierto, aquella

noche se retiraran, cuando el alcaide se lo dijo, tomara por partido

el frances dembarcarse con toda su gente y dejar la tierra, porque

pensó que habia muy gran cantidad de gente fuera, e como de noche no

la viera, no tuviera atrevimiento de hacer despues lo que hizo, e como

se vió que no se retiraban, e que decian de la parte de afuera que se

rindiese y otras cosas, y que habian pegado fuego á las puertas de

las casas de Juan de Rojas, donde el frances estaba, pensando que le

hacian daño, le hicieron provecho, que le dieron claridad para ver los

questaban fuera, a los cuales derribaban con el arcabuceria desde las

ventanas, e como los mas eran negros e indios, e sin armas, e incapaces

de la guerra, poco era menester para matarlos. Pudiérase escusar si se

retiraran cuando el alcaide se lo dijo al Gobernador y algunos vecinos

se lo dijeron, y ya el capitan frances tenia vista y reconocida la

gente que alrededor estaba, porque habia tomado un hacha encendida

atada con un cordel y la habia echado por una ventana abajo y habia

mirado parte de la gente questaba fuera, e viendo ya la puerta casi

quemada, tornó a subir arriba e tomó el alcaide por la mano juntamente

con un soldado que se llamaba Rodrigo Martin, e los bajó a la cámara

donde estaban los treinta e tres muertos e dijo al alcaide que no se

meneasen, porque haria del lo que habia hecho de los que alli estaban,

que cierto fue bien temerosa la entrada, segun se dijo despues, porque

era gran compasion ver en una cámara pequeña treinta y tres muertos y

tanta sangre, y ver espirar alguna parte dellos. Y dejado el frances al

alcaide en la cámara encerrado y con guardas a la puerta, y questaba ya

acabada de quemar la puerta de la calle y que venia el dia, determinó

el frances de salir al Gobernador y a toda su gente con mucho ánimo

y con hasta veinte soldados arcabuceros y coseletes, porque la demas

gente quedó en guarda de la casa, hecha fuerte, y en saliendo, que

salió, la repartió por dos calles, e viendo los questaban fuera de la

parte del Gobernador, como los enemigos salian, comenzaron con muy gran

tropel a huir, sin hacer nenguna resistencia, y ansi los desbarataron

a todos, que no fue mucho menester, y de parte del Gobernador habia

cantidad fuera de muertos, quentre españoles, e indios e negros y

mestizos fueron cuarenta y cinco los muertos, sin algunos heridos

que despues murieron, y este daño se les hizo a los nuestros de los

arcabuceros desde las ventanas y azoteas donde el frances estaba, que

a haberse retirado cuando se le dijo, se ivitaban todas estas muertes,

porque cuando el enemigo salió, en amaneciendo, de la casa, no hizo

daño al salir, porque no halló a quien, porque todos habian huido.

Todas cuantas cosas han sucedido han sido por cabsa del mal consejo y

gobierno, y tambien porque muchas veces la codicia y avaricia suele ser

madre de muchos males, y ansi lo fue aqui, porque antes que al frances

se le viniese a hacer la guerra que aquella noche se le hizo, andaban

entre muchos que venian en compañia del Gobernador y aun del como se

habia de repartir todo el oro y perlas que traian de la Borburuata y

Cabo la Vela y Santa Marta, y otras cosas que traian, tomadas de la

costa de Tierra Firme, e salió tan al reves de lo que tenian pensado,

que se puede virificar el refran de «uno piensa el sayo.....» y tambien

debió de pensar y pensó el Gobernador de soldar la salida del pueblo y

habelle dejado sin ver quien le echaba del, y el no haber dado socorro

al alcaide y artilleria. Pensando metigar esto, hizo mayor llaga, pues

fue cabsa que muriesen setenta y cinco personas, con las quel frances

mató dentro de la casa, que por algunos reclaman hoy dia diez o once

mujeres que quedaron viudas, y otros que perdieron sus negros, y los

tristes indios acabaron con la libertad que se les habia dado, que fue

harta lástima, porque con la mitad que valian los negros que mataron

se podian rescatar y rescatara todo el pueblo. Nuestro Señor perdone a

quien fue la cabsa de tanto mal.

E sucedido este desbarato despues de haber salido el capitan frances

hasta la plaza y no vió a nadie que le resistiese, tornó a la casa

donde habia salido, él y aquellos pocos de soldados que con él

salieron, se desarmaron e hubo buena jira. Si de los de la parte de

fuera hobiera ánimo para volver sobre ellos, pudieran hacer algun daño,

porque estaban tan descuidados como primero, e con aquel regocijo

de aquella mañana, luego el capitan mandó soltar al alcaide y aquel

soldado que con él estaba, e sacándolos de la cámara de los muertos, el

francés dijo que tornaba a darle la vida al alcaide, aunque no habia

causa porque se la dar, pues que sobre su palabra e sobre las treguas

questaban asentadas se le habia hecho aquella traicion, e le habian

muerto su gente sobre seguro, e le dijo que se aparejase, que le queria

llevar a Francia sino le daba de rescate por su persona seis mill

escudos, porque de antes que se le hiciese la guerra él no le habia

pedido nenguna cosa de rescate, y pues que con él no se habia cumplido

la palabra y treguas que se le habia dado y estaba asentada, no era él

obligado a cumplilla, pues con él no se habia cumplido. El alcaide le

respondió que no habia sido él cabsa de lo que habia sucedido, ni lo

habia sabido, pero todas estas buenas palabras no fueron parte para que

dejase de llevar al traste al alcaide dos mill y doscientos pesos por

el rescate, sin otros mill e quinientos que en la torre y terraplen

perdió, y la mas parte del rescate se allegó entre sus amigos. El ha

quedado tal, cual Dios lo remedie, y todo a cuenta de guardar a S. M.

cuatro piezas de artilleria que tenia a cargo, que al parecer le fuera

harto mejor que las dejara en el terraplen, y no le sucediera tanta

pérdida de su hacienda, ni quedara tan perdido como queda, ni pasara

por los tragos que pasó.

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 6, De La Isla De Cuba, III · 第 23 / 27 段