el alba, pareció detras del Morro deste puerto una carabela latina,
e vista por la guarda que en él estaba, puso luego una bandera en el
dicho Morro, como lo acostumbraba hacer siempre que parecia vela en
la mar, e luego vista la dicha bandera por el alcaide Juan de Lobera,
hizo poner en lo alto de la torre otra, y tiró un tiro de artilleria
para que ocho ó nueve hombres que estaban nombrados para acudir á
la fortaleza, se recogiesen a ella, e para que toda la demas gente
questaba en el pueblo y en los alrededores estuviese prevenida y
avisada que había vela en la mar, el cual aviso siempre se acostumbraba
a dar en la dicha fortaleza cada e cuando que parecia vela, y ansi
mismo hizo tocar atambor á recojer, bien descuidado de lo que despues
sucedió, e de ahi a poco el Gobernador llegó acaballo con algunos
vecinos e se apeó en la fortaleza e preguntó a el alcaide que que navio
podria ser aquel que parecia, y él le respondió que no tenia nueva que
navio fuese, y emproviso, estando mirando hacia la boca del puerto fue
pareciendo una caravela latina e pasando por fuera costeando el puerto,
en la cual no pareció gente nenguna y echáronse muchos juicios diciendo
que era del Nombre de Dios de un Alonso Gomez, que muchas veces solia
venir a este puerto, y en este medio tiempo algunos acaballo habian
acudido por la costa adelante a tomar lengua y saber que caravela era,
e vieron que la dicha caravela se metia mucho en tierra en una caleta
un cuarto de legua abajo deste puerto, e que echaba gente en tierra
con una barca grande y otra pequeña, e la gente que echaba era armada
con coseletes y arcabuces, con sus banderas tendidas y atambores, con
su capitan, que habia nombre Jaque de Sores, luterano, y la gente que
desembarcó y echaba en tierra serian poco menos de doscientos soldados
en buena orden, y con su capitan comenzaron a marchar por un camino
que de la dicha caleta viene por el monte, bien encubierto, a salir a
la plaza deste puerto, donde salió el dicho capitan con su gente sin
contradicion alguna, sin haber quien se lo resistiese ni estorbase el
desembarcar ni la entrada.
E visto por los de acaballo, que habian ido por la costa a reconocer
que eran enemigos, vinieron a mas correr de sus caballos por la costa
hasta que llegaron a la fortaleza, dando voces al Gobernador que en
ella estaba con el alcaide, diciendo que eran franceses y que habian
desembarcado en tierra doscientos hombres armados. E sabido por el
Gobernador que eran enemigos, porque asi se lo habian dicho, muy
apriesa y bien turbado se salió de la fortaleza sin hablar palabra al
alcaide, que le dejó de parecer no estaba muy seguro en ella, como
despues se vió, y dejó al alcaide solo, porque los que allí estaban
se salieron acaballo con él, y él se entró por una calle del pueblo
derecha a su casa, a poner en cobro su hacienda, mujer e hijos, e luego
se salió huyendo y sacó algunos de acaballo consigo, sin haber quien
le echase de su casa e pueblo, sin ver si eran amigos ó enemigos, e
no paró por tierra hasta una estancia legua y media de aquí, ques de
Juan de Rojas, y allí paró un poco acaballo, e los que con él iban le
dijeron que porqué dejaba sola la fortaleza y artilleria, e respondia
que luego volveria con socorro de gente, e luego pasó adelante a un
pueblo de indios que se dice Guanabacoa, tres leguas deste puerto,
donde su mujer y hijos y hacienda estaba ya en salvo, e aunque algunos
vecinos, entre los cuales fue un Pero Blasco, regidor de aquí, le
dijeron e dijo que porque desmamparaba el pueblo, que no parecia bien
que se saliesen tan arrebatadamente, que mejor seria que se recojesen
todos á una estancia de un vecino de aquí, que se dice Diego de Soto,
questa bien encubierta y secreta, un cuarto de legua deste puerto, en
la cual estaba platicado entre él y el cabildo y vecinos deste pueblo,
que en habiendo algun rebato, si se saliesen del pueblo desbaratados
se juntarian todos en la dicha estancia, e desde allí volverian sobre
el enemigo, si necesario fuese, e muchos vecinos, con mas de cincuenta
personas de negros y indios estubieron allí recogidos aguardando al
Gobernador, y él lo hizo muy al reves de lo que estaba comunicado y
platicado, pues no paró hasta tres leguas deste puerto, e como todos
los demas de los vecinos vieron que se habia ido huyendo y no se habian
juntado allí, cada uno procuró de ponerse en cobro y hacer lo mismo que
él hizo, y algunos que quisieron esperar o recojerse juntos, los llevó
y sacó consigo para guarda de su persona por llevar mas seguridad, y
como faltó la cabeza, se erró todo, que fue harto mal.
E luego el alcaide Juan de Lobera, visto que eran enemigos y el
Gobernador le dejaba encorralado, hizo tirar otro tiro grueso para que
se recojese alguna gente a la fortaleza para guardar el artilleria
que tenia puesta en un baluarte para defensa del puerto, y con él se
recojeron en la torre cuatro arcabuceros y hasta otros diez o doce
hombres, entre españoles, mestizos y negros, sin otras personas,
viejos, mujeres y niños, que se habian entrado a mamparar y socorrer a
la torre y terraplen, pensando que les aprovechaba, porque los enemigos
franceses estaban ya apoderados en todo el pueblo y en cuatro piezas
de artilleria questaban puestas en un bestion en la marina, cerca del
puerto, de Juan de Rojas, y estaban saqueando y robando todo cuanto en
él hallaban, asi casas como iglesias, hasta el Santisimo Sacramento y
custodia dél, porque no hallaron quien se lo impidiese y resistiese. Y
el alcaide con buen ánimo se comenzó en la torre y terraplen aparejar,
recelándose de lo que sobrevino, y tocó al arma, haciendo muestra que
tenia resistencia, y peltrechose lo mejor que pudo, como buen capitan,
segun la posibilidad de gente y fuerza que tenia, dando a entender que
no tenia en nada a los enemigos, e luego que desde la torre los vió
apoderados en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria que en el
baluarte estaban, las cuales habian dejado desmamparadas, determinó
descrebir una carta al Gobernador con un vecino de aquí que se llamaba
Martin Ruiz, diciéndole en ella la flaqueza que se habia hecho en
desmamparar el pueblo, y pues que lo pasado no tenia remedio, remediase
lo porvenir, para que luego aquel dia o aquella noche diese socorro a
la torre y artilleria, pues sabia la poca posibilidad de resistencia
que dentro habia para resistir el poder de los enemigos, que estaban
apoderados en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria, y que si
el socorro no se daba con alguna gente de indios y negros y españoles,
que se aventuraba a perder mucho, e luego con el mismo vecino le tornó
el Gobernador a responder a su carta diciendo en ella que tuviese
cierto quel daria el socorro aquel dia antes que anocheciese, porque
no habia salido del pueblo a otra cosa, que bien sabia que en la
tardanza podia suceder algun peligro, y tan mal cumplió lo que estaba
comunicado de antes, como en dar el socorro, pues no le dió, que fue
cabsa de todos los daños que sucedieron en la fortaleza y artilleria
y otros mayores, porque si le diera aquella noche el socorro, los
enemigos quitaran el sitio que tenian al terraplen, y no se perdiera
ni sucediera otros muchos males que sucedieron, como en adelante se
declaran.
Viendo el capitan frances Jaque de Sores, luterano, questaba apoderado
en el pueblo y en las cuatro piezas de artilleria questaban en el
baluarte en la marina, luego a la hora embió a requerir al alcaide con
un hombre de aquí, que se llama Oliver, que tenia preso, que le diese
la torre y artilleria sin combatilla, porque si se la resistia a él y
a los que con él dentro estaban, les cortaria las cabezas y moririan
mala muerte, y el alcaide le respondió al faraute que traia el recabdo,
quel tenia aquella artilleria por S. M. y que no la daria, sino que
procuraria de defendella, y que no pensase tomalla tan a su salvo como
tomó el pueblo y la otra artilleria. Y vuelto con la respuesta el
Oliver al capitan frances, lo que el alcaide le dijo, improviso imbió
otro faraute, capitan suyo español que se decia Juan de Plan y apartado
de fuera de la muralla, a voces dijo que queria hablar al alcaide, y
un soldado de los que en la torre estaban, le respondió a voces que
qué queria, y dijo que le dijese que se parase entre un almena de la
torre, que le queria hablar, y el alcaide se paró entre un almena y le
dijo «qué quieres», y el frances ó español le respondió que fuese bien
criado, que al enemigo no se le habia de decir ruines palabras, y el
alcaide le respondió, que ruines palabras y ruines obras, las cuales
pasaron por manera quel capitan le requirió de parte del frances que
le dejase el artilleria y se saliese, que no le hobiera sido malo
segun despues le sucedió, porque de prisioneros que el frances había
tomado en el pueblo estaba informado que dentro no habia gente que lo
defendiese, ni era fuerza ni plaza para poderse defender, que bien
sabia que dentro no tenia peltrechos algunos para defenderse, y que
mirase que no diese cabsa a que muriese él y todos los que con él
estaban, y con algunas palabras ruines se despidieron a voces altas,
el alcaide desde arriba, y el capitan buen trecho apartado afuera de
la muralla, y el alcaide le dijo que bien conocia fieros de franceses,
y no lo fueron, segun despues pareció, y con este desprendimiento, un
soldado de los arcabuceros enemigos tiró un arcabuzazo al alcaide,
que a no desviarse tras una almena, lo matara, y luego emproviso
llegaron hasta 50 arcabuceros con algunos coseletes e pusieron sitio
a la muralla e puerta della y comenzaron a batilla y a ojear los de
arriba, por ganar la puerta primera de la muralla, que era dos tapias
en alto, y el alcaide con cuatro arcabuceros que en la torre tenia, se
la defendió y fueron bien servidos, de suerte que por entonces no se
entró ni ganó la puerta ni muralla, y de ahi a media hora se retiraron
los enemigos afuera, e luego pareció por la boca del puerto una gran
barca con alguna gente, que era la que habia salido de la caravela
en tierra, y el alcaide la hizo retirar con el artilleria y la hizo
salir fuera y no dió el socorro a los suyos, y de ahi a otra hora vino
otro escuadron de arcabuceros y coseletes a tomar sitio donde lo habia
tomado la primera vez, y ansi mismo la combatieron con el arcabuceria,
y el alcaide se la tornó a defender mejor que primero, haciéndoles con
los cuatro arcabuceros algun daño en los suyos, por donde les convino
tornarse a retirar otra vez, como primero lo habian hecho. Y acabada
esta segunda bateria que seria a las tres de la tarde, asomó una nao
gruesa de tres gavias y la caravela latina en que habian desembarcado,
detras del Morro, en la boca del puerto con sus banderas y estandartes,
y viendo el alcaide que la dicha nao y caravela que acometian el puerto
y entraban por la boca del, que era la francesa que los enemigos habian
dejado en la mar, la comenzó a combatir con el artilleria gruesa con
harta priesa, y combatiéndola la hizo tornar a salir fuera del puerto
mal parada, e les impidió la entrada, de suerte que no pudieron dar
socorro a los suyos questaban en tierra. Y visto por los enemigos que
la gran barca y nao y caravela no habia tomado puerto, y el alcaide
los habia combatido y echado fuera, salió luego un escuadron de los
enemigos junto a la marina con una bandera, la cual con una muy gran
grita la pusieron en un tejado de la hermita cerca de las casas de Juan
de Rojas, y el alcaide hizo jugar el artilleria que sirvia a la tierra
e hizo desbaratar el escuadron y quitar la bandera que tenia puesta
encima de la hermita.
E viendo los enemigos que con ninguna cosa de las que habian intentado
no habian salido, en cuanto tomar el artilleria y el puerto, y que
en todo habia llevado lo peor, siendo ya tarde, dos horas antes que
anocheciese, el capitan frances hizo escuadron de toda su gente
de arcabuceros, piqueros, coseletes, con bandera tendida, con sus
atambores, vinieron por una calle derecha hacia la puerta de la
muralla, con toda su gente tornó a poner sitio la tercera vez donde
las otras, y a combatir la torre con toda el arcabuceria, y viendo el
alcaide que venia determinado el escuadron, hizo jugar dos piezas de
artilleria que servian a la tierra y con ellas les hizo algun daño
antes que llegasen a tomar amparo con la muralla de las dos tapias en
alto, y ansi combatiendo la puerta para entrar y el alcaide con los
cuatro arcabuceros defendiendo la dicha muralla y puerta todo lo a
él posible, aunque no fue parte para resistir a los enemigos que no
echasen fuego a la puerta de la muralla, que era de tablas bien secas,
y la cual quemaron con ciertas bombas de fuego y alquitran y serones
de brea, por manera que presto con los géneros de fuego, ardió, que
no tardó una hora que no estuviese quemada toda, e luego probaron por
ella a entrar, que junto con las esquinas de la muralla pusieron sus
escalas, que traian para aquel menester, porque un piloto traidor
portugues que se llamaba Pero Bras, y un mozo extranjero que habian
tomado en la carabela latina, que saltaron en tierra, que habian estado
en este pueblo un año y fueron los que le vendieron, y dellos venia el
frances bien informado y avisado como la fortaleza no era nada ni tenia
resistencia ni gente que la defendiese, y otras cosas de que se informó
segun bien claro despues pareció; estos dos traidores y espias fueron
todo el daño desta tierra, como ladrones de casa.
Y puestas las escalas probaron a entrar y subir las dos tapias en alto
por algunas partes, aunque el alcaide de la torre les hacia harta
resistencia y se les dió buenas ruciadas con los cuatro arcabuceros,
mas al fin no fue parte para empedilles la entrada, aunque no fue tan
a su salvo, que fue con pérdida y daño de su gente; el alcaide les
mató nueve hombres y despues les hirió catorce bien malamente, y a
él le mataron dos arcabuceros de los cuatro que tenia, y le hirieron
otros dos de muerte, y al dicho alcaide le dieron dos arcabuzazos bien
venturosos, sin hacerle mucho daño, porque era tanta el arcabuceria
de los enemigos de abajo, que no habia hombre de los questaban en la
torre e algunos que estaban en el terraplen que se asomase ni pudiese
descubrir sin muy gran peligro y daño, porque nenguno era señor de
asomarse, especialmente en el terraplen, que no habia reparo nenguno
para poder ofender a los enemigos que fuera estaban.
Y entrado los enemigos en el cortijo de dentro, se apoderaron con la
torre y las murallas, de suerte que no se les podia hacer daño con las
dos piezas de artilleria que servia a la tierra, ni con las demas que
guardaban y servian para la mar y boca del puerto; por manera que
con ningun arma sino era piedra no se les podia ofender. Y apoderado
el frances dentro, como decimos, con la demas parte de su gente probó
a poner fuego a la puerta de la torre, que era de madera bien seca y
feble, con los artificios de pólvora y alquitran y brea con que habia
quemado y volado la otra, y aunque el alcaide y dos soldados que con
él habian arriba quedado, con mucha piedra que en la torre habia se
lo defendieron todo lo posible, de suerte que por entonces no hubo
efeto de quemarse la puerta, sino que luego de ahi a poco no fueron
parte para resistirsela, aunque los enemigos lo hicieron con algun
daño de los suyos, segun a la mañana pareció por algunos heridos,
aunque a coseletes no hace mucho daño la piedra; por manera que luego
comenzo toda la puerta de la torre a arder con gran impetu sin se poder
remediar por de dentro, aunque el alcaide habia prevenido questuviesen
algunos abajo que echasen agua y tierra a la puerta para apagallo, y
él abajo a toda priesa a hacello apagar, con un español e tres negras,
e con mucha tierra que se echó y con seis pipas de agua questaban en
la torre, que se gastaron en quererlo apagar, no fue posible que luego
todo el sobrado, que era de tabla, e todo lo alto de la torre habia
volado y estaba ardido y quemado sin ningun remedio, asi todo lo que
dentro estaba, la ropa del alcaide y de su mujer y hacienda, como todas
las demas municiones, sin que se sacase ni escapase cosa alguna, sino
fue alguna pólvora quel alcaide hizo sacar al terraplen donde estaba
el artilleria que a no tener aviso de sacalla mas breve, se quemara y
volara la torre, y el alcaide con un soldado que se llamaba Rodrigo
Martin, y otro mozo, se pasaron de la torre questaba casi quemada al
dicho terraplen donde estaba el artilleria, con harto peligro de su
persona, porque algunos de los que estaban en el terraplen, no pensaron
sino que se habian quemado, e no se sacó al dicho terraplen ballesta
ni arcabuz, porque de seis arcabuces buenos que en la torre habia, que
parecian que aprovecharian de algo al alcaide, se le habian rompido los
tres combatiendo, porque eran algo viejos y estaban pasados del mucho
tiempo que habia questaban alli; por manera que no sacó de la torre
al terraplen sino las armas con que estaba armado y una partesana en
las manos, y aunque algun arcabuz ó ballesta saliera en el terraplen,
no habia hombre que la supiese tirar, porque si lo hubiera, desde el
principio el alcaide los hubiera subido a la torre y desde el principio
se aprovechara dellos en todas las baterias y el alcaide preguntó en
el terraplen que arcabuces y ballestas habia, y no se halló en todo el
terraplen sino una ballesta que tenia un vecino de aqui, que se decia
Joan Jinovés, e con ella dijo que no tenia saetas nengunas, porque las
habia despendido, que en no haber en el terraplen arcabuceros para
defender el artilleria fue todo el daño y perdicion, aunque todavia
con las dos piezas de artilleria que sirvian a la tierra, ojeaba a los
enemigos la una parte de las murallas que parece que duró la ultima
bateria de las tres que aquel dia y noche se dieron, hasta tres horas
despues de media noche, que fue harto segun la posibilidad que habia,
que no se pensó jamás hubiera tanta resistencia, e pasada parte desta
bateria, luego los enemigos desvergonzadamente se subieron por las
murallas de las dos tapias en alto y tomaron y cercaron todas, y por
ellas andubieron y andaban los coseletes y arcabuceros jugando con su
arcabuceria, que no habia nadie de los questaban en el terraplen que
fuese señor de asomarse a mirar las murallas, e todavia el alcaide
hacia jugar el artilleria que servia por la una parte e tocar el
atambor de arma falsa para hacer entender a los enemigos que todavia
habia fuerza y resistencia en el artilleria, porque no tomasen tanto
coraje en haber quemado la torre y tomado las murallas ni andar tan
desvergonzadamente por ellas, aunque bien debian de ver que pues no
les ojeaban dellas como de antes lo habian hecho, no habia de haber en
el terraplen mucha resistencia, pues no habia nenguna con que podellos
ofender. E visto el alcaide que en el terraplen no tenia reparo ni
arma de arcabuz ni ballesta para ofender ni defenderse de los enemigos
que le tenian quemada la torre e tomadas todas las murallas con el
artilleria no servia para podelles hacer ningun daño, y quel socorro
quel Gobernador habia escrito que le daria no se lo habia dado ni
dió, viose bien perdido, porque quemada la torre no habia medio de
defender el artilleria, especialmente no habiendo con que ni gente,
aunque con todo esto tuvo harto ánimo e hizo tocar muchas veces el
atambor y disparar alguna artilleria e tañer una corneta para que
todavia el Gobernador e algunos de la tierra viesen que aunque habia
sucedido todas las baterias, estaba por nosotros todavia el artilleria,
e tambien para que los enemigos no tomasen ánimo e conociesen que no
habia punto de desmayo de nuestra parte, y fuera tan bueno y provechoso
el socorro a aquella hora, que con solo una grita que se diera a
los enemigos por las espaldas de las murallas, que se pudiera hacer
bien al salvo, fuera parte para que quitaran el sitio y descercaran
el artilleria por entonces, porque estaban los enemigos con perdida
de muertos y heridos e bien cansados del trabajo del dia y noche, y
pequeño socorro que entonces se diera hiciera gran provecho al alcaide.
Y visto que le faltaba y que no habia poder para resistir, y que le
tenian encerrado en el terraplen y algunos que con él habian quedado
daban gritos diciéndole que se diese ó se saliesen por las murallas por
las espaldas del terraplen, como algunos lo hicieron, y que dejasen el
artilleria porque no muriesen alli todos quemados e todas las mujeres
e niños e viejos que se habian entrado a socorrer alli, porque si
alguna bomba de las que echaban de fuego, diese en la pólvora questaba
descubierta, todos se abrasarian y quemarian en el terraplen, y él les
respondia que no hubiesen miedo, e otras veces les respondia que antes
habian de morir todos quemados que dejar el artilleria de su Magestad,
e que no podia tardar el socorro quesperaba, que fue todo el daño en no
dársele, que se pudiera muy bien hacer, porque aquella noche les habia
enviado Juan de Rojas una fragata con cantidad de negros suyos de la
otra parte del ancon donde habian de venir todos a embarcarse para que
en ella y en canoas se diese el socorro para venir por las espaldas a
echar la gente tras el terraplen, sin que de noche fueran vistos de los
enemigos. Y el Gobernador, sabido que la fragata estaba esperando para
embarcar la gente, embió a mandar que se volviese, que por entonces no
habia lugar de ir, que fue harto mal.