Sabido por el Gobernador como era entregada la fortaleza, se volvió

con la gente que llevaba al pueblo de los indios y despachó mensajeros

a estancias y otras partes donde estaban algunos vecinos del pueblo,

para que se juntasen allí e acordasen lo que se habia de hacer, e

desde el jueves hasta el sábado vinieron los que habia, y con ellos

trató y platicó que seria bien dar sobre los enemigos de sobresalto

y de noche, porque ya se sabia y decia que en la fortaleza habian

muerto diez o doce dellos y algunos estaban heridos, e que habria

hasta ciento cincuenta hombres de guerra, e que por estar dando lado

a la caravela en que entraron y a otro navio de tres gavias de 300

toneladas, los cuales no habian podido entrar en el puerto hasta que

fué tomada la fortaleza, dormian en tierra y repartidos en casas

particulares del pueblo, con muy poca vela; y para efectuar esto

se hizo copia de treinta y cinco españoles, que no se hallaron ni

habia cuatro mas hábiles para pelear y doscientos y veinte negros

y ochenta indios, y esta gente se mandó juntar y apercibir para el

martes siguiente, e porque estaban desproveidos de armas, mandóseles

que apercibiesen talegas de piedras e lanzas de puntas de monteria,

e ansi se determinó e acordó de dar en los enemigos, lo cual por los

vecinos con sus personas y esclavos se ofrecieron con toda voluntad,

viendo cuanto importaba al servicio de S. M. y al bien comun que

este pueblo no se destruyese, e que los enemigos no se llevasen el

artilleria. En este comedio los franceses inviaron un prisionero para

que se tratase de rescatar los presos y el pueblo, y para entender en

esto dieron seguro a un Padre Dominico que reside en el pueblo de los

indios, e fué a tratar dello con el capitan francés, el cual le pidió

de rescate treinta mill pesos e cient cargas de pan y docientas arrobas

de carne, e que con toda brevedad se le diese esto, e prometió e dió

seguro que entretanto que se tratase el rescate no saldria del pueblo

a las estancias ni haria mas daño de lo hecho, lo cual no cumplió,

porque dos barcos de monterias de vecinos que otro dia entraron en el

puerto, los tomó e robó e prendió nueve personas que en ellos venian.

Embíamosles a ofrecer tres mill ducados de rescate; respondió que no

pensaba que habia locos sino en Francia, y que nos determinásemos en lo

que habia pedido, e que si no lo haciamos abrasaria la tierra y mataria

los prisioneros. Entretanto la gente que estaba mandada apercibir se

juntó sin faltar seis personas, y estando certificados de las espias

que teniamos, que todavia dormian fuera de las naos divididos por

casas del pueblo con muy poca vela, y que señoreándonos en las casas

de Juan de Rojas, donde estaba el capitan y parte de la gente, el

resto estaba ganado; acordóse que cincuenta personas escalasen por las

espaldas las casas de Juan de Rojas, que por aquella parte no tiene mas

de dos tapias en alto, y otros ochenta ganasen la puerta y patio, y

que se hiciesen fuertes en lo alto que se pusiese fuego, que se podia

cómodamente hacer, y questos tuviesen cuenta en soltar los prisioneros,

questaban sueltos, encerrados en una pieza baja de las dichas casas,

y el resto de la gente estuviese en una plazuela que se hace delante

destas casas para resistir á los que acudiesen a socorrer al capitan.

Con esta orden y acuerdo, martes por la mañana partimos del pueblo de

los indios, y toda la gente era de a pie, salvo sino era el Gobernador

y nueve de acaballo que con ellos iban, y llegamos a una estancia de

Juan de Rojas, donde se hizo alarde y se dijo y mandó a cada uno lo

que habia de hacer y adonde habia de acudir, y el Gobernador nombró

capitanes y de allí, bien tarde, fuimos a otra estancia questá tres

tiros de ballesta del pueblo, metida en el monte, adonde dormimos

la noche abajo, y no se halló novedad alguna, e dos horas antes que

amaneciese, puesta la gente en orden, fuimos al pueblo, e antes que

en él entrasemos, la gente de indios y negros, sin que se les pudiese

estorbar, dieron gran grita, que fué causa que dispertasen y no los

tomásemos desapercibidos, como los tomáramos sino fuera por la grita.

Los que llevaban cargo descalar la casa, por alguna desorden ó

resistencia que hallaron, no salieron con ello, y la gente que acudió

a tomar las puertas llegó a tiempo que las halló ya cerradas, y los de

dentro bien apercibidos, jugando su arcabuceria. Púsose fuego a las

puertas de Juan de Rojas y a otros dos pares de casas donde estaban

franceses retraidos, y combatiéronse y juntáronse las dos casas, y

en éstas y en otras se mataron diez y siete o diez y ocho franceses,

y como la casa de Juan de Rojas es fuerte y de piedra, en ella habia

mucha gente y gran resistencia, no se pudo entrar.

La nao se atravesó en el puerto y desde allí desvió con mucha

artilleria que disparó, la gente que combatia esta casa, y lo mismo

hizo un batel que salió de la nao con gente e versos, e venido el dia

a una hora salido el sol, el capitan y gente que estaban en la casa de

Juan de Rojas, salieron, y otros que estaban encerrados en la hermita,

por todos serian hasta cient hombres armados con sus arcabuces, y en

orden vinieron a dar en nosotros que estábamos recogidos en una calle,

junto á las dichas casas.

A esta coyuntura faltaba casi la mitad de nuestra gente de negros e

indios, y visto lo poco que podiamos ofender y el mucho daño que se

podia recibir, nos retiramos de calle en calle, hasta salir del pueblo

al monte, y allí no se pudo detener negro ni indio, porque cada uno

se fué por su parte. De los nuestros murieron dos españoles, e seis

salieron heridos, e cuatro indios e ocho negros, sin otros. Salieron

heridos de los franceses, con los que se mataron en las casas, y otros

que nos quisieron tomar las espaldas; se mataron por todos veinte y

siete. El capitan francés quedó livianamente herido en el pecho de

un bote de lanza que un negro le dió, el cual se habia adelantado al

tiempo que se habian cerrado las puertas de la casa de Juan de Rojas,

y antes que amaneciese, este capitan entró en el aposento donde tenia

los prisioneros por su persona, sin buscar otro verdugo, los mató a

todos, que eran veinte y cinco entre los prisioneros de la torre y los

barcos de la monteria, y asimesmo mató otros nueve prisioneros que

habia tomado en una caravela, cerca de cabo Cruz, pocos dias antes que

entrase en este puerto. Solamente dió la vida a Juan de Lobera y otro

vecino, que éstos dormian en lo alto de la casa.

Luego los franceses metieron la artilleria de la fortaleza en la nao

grande, y todos se recogieron a ella, e no salian a tierra sino de

dia. Pasado esto, dentro de dos dias se trató entre los vecinos, que

seria bien rescatar el pueblo, y se pidió al francés diese seguridad

para entender en ello, y por una caleta la envió. Envíaronle a ofrecer

mill pesos, e a quien le llevó el recaudo, que era un clérigo, sin

le responder palabra mandó echar de la nao e quitar delante de sí, y

otro dia, domingo por la mañana, 28 de Julio, mandó poner fuego á todo

el pueblo, e las casas de piedra, e teja quemó con alquitran e brea

sin ecetuar iglesias e hospital, y de tal manera fué el fuego, que se

abrasó todo, sin quedar en él casa cubierta sino fueron las paredes de

la iglesia nueva e hospital, y la tapieria de algunas casas, y este dia

en la tarde vino con gente a las estancias que estaban comarcanas con

el ancon del puerto y quemó cuatro dellas.

El viernes luego, una hora antes del dia, dió sobre las estancias de

Cojimar e pueblo de Guanabacoa, e quemó parte dellas, e las acabara de

quemar todas, sino fuera por una grita que se le dió con una poca de

gente que se juntó, despues que fué de dia. Destas estancias llevó seis

piezas de negros e negras, e una mujer casada con su marido, questaba

herido. Por estos negros pidió de rescate a cient pesos por cada uno,

e por los españoles quinientos. Embíaronle a dar quinientos e no los

quiso por los negros. El español era pobre e no se pudo rescatar.

Lunes siguiente 4 de Agosto, en amaneciendo, se vió como a los negros

varones los dejó ahorcados a la puerta de Juan de Rojas, e pasados

de arcabuzazos, y él se hizo a la vela y dejó en tierra las mujeres

españolas, y el español e negras no se supo que hizo dellas.

Este capitan se llamaba Jaques de Sores, era, segun dicen, picardo ó

normando, grandísimo hereje luterano él y todos los que con él venian,

lo cual se parecia en palabras que decian y obras que hacian, porque

demas de quemar los templos, se hallaron imágenes acuchilladas, en

especial una de bulto de Nuestra Señora, y un Crucifijo se halló

quemado e quebrados los brazos, y robó la custodia del Santísimo

Sacramento y cálices, y de los ornamentos de la iglesia hicieron los

soldados ropas y vestidos.

Traia por guia y le mostró en este puerto y mostró la caleta donde

desembarcó, un piloto portugués de nombre Pero Bras; dicen que es

natural de San Miguel, de la isla de los Azores y casado en Villa de

Conde en Portugal, el cual era mas cruel e de mas malos consejos quel

mismo capitan, e por él se regia. A este piloto tomó e a la caravela

que arriba está dicho, sobre Cabo Cruz. Tambien traia en su compañía

e por su segunda persona este capitan a un Juan del Plano; dicen ques

español, y en la lengua lo parece, y en lo que escriben dicen que fué

mercader en Cádiz y que se alzó y fué a Francia.

Y el alcaide se rescató en dos mill y docientos pesos e una cadena de

oro que pesó cient pesos, y durante el tiempo que este capitan estuvo

en el puerto, le sondó todo e llevó la traza del y del pueblo, e dijo e

publicó que el año venidero habia de venir con gran armada a dar sobre

el Nombre de Dios e Santo Domingo.

Es hombre muy determinado e de mucho ánimo e muy temido de su gente.

Súpose por cosa cierta que asoló a la Margarita e Burburuata y Santa

Marta y Cabo la Vela, y queste fué el primero capitan que saltó en

tierra y entró en la Palma cuando Pie de Palo la saqueó, e si la

ventura no nos fuera tan contraria, por la desorden y grita que en la

gente hubo cuando fuemos a dar sobrellos, verdaderamente él y su gente

acabaran aquí la vida, porque los tomábamos abiertas las puertas de las

casas de Juan de Rojas e descuidados e durmiendo.

A 4 de Octubre pareció sobre el puerto un navio, que segun despues

pareció era de franceses. Andubo dos ó tres dias cerca del, e habiendo

tomado lengua del estado en que este pueblo estaba, echó en un patax

cierta gente muy a su salvo, por no haber armas ni artilleria con que

le hacer resistencia. Entró en el puerto e tomó una caravela que estaba

cargada de cueros, e la sacaron e llevaron del puerto, e desde a tres

dias volvieron tres patajes en que vernian docientos hombres y mas, y

quemaron ciertas estancias questan junto al pueblo, que los pasados no

habian llegado a ellas, y dellas tomaron algunos cueros y prendieron

cinco españoles, hombres y mujeres, gente pobre, y seis esclavos

negros. En el tratamiento y rescate destos se hubieron bien, y dejaban

de quemar lo que estaba empezado a edificar.

Luego vinieron tras los patajes dos navios grandes, a los cuales dieron

carena en el puerto, e porque no viniesen a quemar el pueblo de los

indios en Guanabacoa, el Gobernador tuvo la gente que restó de la

guerra de los primeros franceses junto al monte, en pasos e parte donde

por cabsa del monte, si vinieran, los pudieramos ofender. Estuvieron en

el puerto hasta 2 de Noviembre, e desembocaron por el Canal de Bahama.

Segun se entendió fueron la via de Francia.

El Dr. Angulo.—Juan de Inestrosa.—Juan Gutierrez.—Juan de Rojas.—Juan

de Lobera.—P.º Blasco.—Antonio de la Torre.—Por mandado del Gobernador,

justicia e regidores, Francisco Perez de Borroto, escribano público y

del Concejo.

496.

(Año de 1555.)—Relación del estrago que los franceses corsarios

hicieron en la villa de la Habana.—(1.ª S., t. XII, pág. 49.)

497.

(Año de 1555.—_Diciembre 30, Habana._)—Carta de Juan de Lobera,

alcaide de la fortaleza, dando cuenta del ataque de los

franceses.—(Colec. Muñoz, t. LXXXVII, fol. 316.)

Se remite a las relaciones de la villa y del Gobernador sobre lo

ocurrido. Que él defendió la fortaleza hasta que le quemaron y volaron

la torre y mataron y hirieron a cuatro arcabuceros que tenia consigo.

Que pasado al terraplen, no pudo defenderse mas de un dia y una noche,

muerto uno de los dos que S. M. le pagaba para el artilleria. Que él

fue preso, y en el rescate y otras pérdidas, como 4.000 ducados, no le

queda ni aun para el matalotaje con que pasar a dar razona S. M. Que

provea brevemente, pues si los enemigos se hacen fuertes allí, será

daño gravísimo.

498.

(Año de 1555.)—Relación enviada por Diego Mazariegos de la toma y

saqueo que hizo en la Habana un corsario francés.—(_Biblioteca de

Marina_, colec. Navarrete, t. XXV, núm. 17.)

Miercoles de mañana diez dias del mes de julio del año pasado de 1555

años, a la hora quel sol salia, la guarda del Morro de la dicha villa

puso vandera en el Morro, que era señal que havia vela fuera en la

costa, y luego de la fortaleza se tiró un tiro para que la gente se

recogiese, y comenzada á recoger la gente, luego pasó por delante del

puerto, la via del pueblo viejo, una caravela pequeña, y el dotor

Angulo, Gobernador que era, embio a dos de caballo por la costa, en

seguimiento de la dicha caravela, los quales dos de caballo, vueltos,

dicen que la misma caravela echa gente en tierra en la costa, media

legua del puerto, armada de arcabuces y coseletes. Visto por el doctor

Angulo, hizo meter en la fortaleza hasta veinticinco personas con el

Alcaide, y mandó pregonar que so pena de la vida que todos se juntasen

allí con él y ninguno fuese del pueblo, e no parecieron junto con él

sino hasta cinco o seis de caballo y otros tantos de a pie. Esta gente

saltada en tierra, en su ordenanza comenzó a marchar la via desta villa

por una senda que estaba en el monte por los arcabucos hasta llegar

a esta villa; los quales parece venir uno a uno por causa de ser el

camino tan angosto y tan áspero, que no podrian venir de otra manera.

Este camino esta desviado de la fortaleza de manera que della no le

pueden tirar ni hacer daño. El Gobernador Angulo, vistos los enemigos,

se retiró del pueblo y se fue, y los franceses entraron y se apoderaron

de la villa y la saquearon y ganaron el pueblo, y robadas las casas, lo

que pudieron hallar, que no fue en cantidad de mil ducados en plata;

oro, moneda y ropa, otros mil, y robada la iglesia y todo quanto en

ella habia, ansi hornamentos, calices y custodias, y lamparas de plata,

y hasta desnudaron un vulto de la Imagen de Nuestra Señora, y haver

hecho otros estragos enormes en la Iglesia y hospital y hermitas; todo

quanto robaron y hallaron en el pueblo lo recoxieron en casa de Juan de

Roxas, y despues de haver hecho esto y comido, imbiaron con un vecino

desta villa, que dicen ser frances, que ha que vive en esta tierra

seis o siete años, a decir al Alcaide que le entregase la fortaleza y

todo lo que dentro estaba; y el Allide respondió que él tenia aquella

fuerza por S. M., e que no la podia entregar ni dar a nadie, que él

la havia de defender; y visto esto, el capitan frances tornó a imbiar

á un capitan que traia consigo, que se llamaba Plano, dicen que era

navarro, el qual dixo al Allide que le entregase aquella fuerza de su

voluntad, sino, que si por fuerza se la tomaban, que a él y a los que

dentro estaban que a todos havia de cortar las cabezas, y el Allide

le respondió que él tenia dentro mas de cien hombres y vitualla y

municion y todo lo necesario, que hiciesen lo que quisiesen, que él

no la podia dar, y luego un arcabucero que estaba fuera con el mismo

capitan Plano, le tiró con un arcabuz al Allide y no le dió, e con

esto el dicho capitan se volvió al pueblo; y estando en esto acometió

a entrar por la boca del puerto una nao gruesa, a la qual el Allide

de la fortaleza le hizo tirar quatro o cinco tiros, de los quales le

resistió la entrada del puerto y no entró. El dicho capitan Plano,

visto que de la fortaleza le resistieron la entrada a la nao, volvió a

la dicha fortaleza con hasta treinta franceses, e comenzó a dar e dió

una rociada de arcabuceria a la gente de la fortaleza, y el Allide le

resistió, y el dicho Plano se retiró y volvió al pueblo y de alli a

otro poco tiempo, que seria una hora, volvieron a la dicha fortaleza

otros veinte soldados arcabuceros sin capitan y dieron otra rociada,

y los de dentro se tornaron a defender. En este medio tiempo tornó la

dicha nao sobre la boca del puerto, y acomete a querer entrar otra vez,

e tornaron de la dicha fortaleza a tirarla y defenderla la entrada, y a

la puesta del sol el dicho capitan Jaques de Soria (sic), general que

se decia, fue a la dicha fortaleza con toda la gente que, segun parece,

serian hasta ochenta soldados arcabuceros y coseletes, con bandera y

atambor, y en son de guerra, con su ordenanza, y comenzaron a jugar su

arcabuceria contra los de dentro de la fuerza, de manera que quitaron

que no se asomase nadie de los que estaban dentro de la fortaleza a

las almenas de la torre, y estuvieron desta manera defendiéndose de

la fortaleza, y los franceses trabajando de ganalla hasta que quiso

anochecer, y a estas horas ya los franceses estaban todos arrimados a

la barbacana de la fortaleza, de manera que de dentro no les podian

hacer daño, y traxeron fuego, y con mucha brea que havian tomado de

algunas tiendas del mismo pueblo, y con leña que juntaron, hecharon

fuego a la puerta de la barbacana, y quemada la puerta, ganaron la

plaza de la fortaleza, y luego pusieron fuego a la puerta de la torre,

donde estaba la gente metida y se habia recoxido; y luego pusieron

fuego más recio, de manera que el sobrado y el terrado alto todo se

quemó; y el Allide con la gente se retraxo al terrapleno que está hacia

la mar, donde estaba el artilleria para defender el puerto; este

terrapleno es raso, que no tiene almena de ninguna parte, sino solo un

pretil que llegará a un hombre hasta la rodilla; en este terrapleno se

estubo el Allide con toda la gente que dentro estaba en la fortaleza

desde las nueve de la noche hasta una hora antes que amaneciese. Como

el francés le tubo al Allide y a la gente en aquel terrapleno, los dexó

sosegar, aunque siempre los tubo cercados. El Allide, quando queria

amanecer, preguntó a un soldado frances si estaba alli su capitan; y

el soldado le respondió que si; y el Allide le dixo que se le llamase,

y el soldado le llamó; y venido el capitan, el Allide preguntó si

era el capitan, y el respondió que si; que era lo que queria, y que

se le rindiese, porque en amaneciendo no le escaparia hombre dellos

a vida si no se le rendia; y el Allide le dixo que otorgándoles la

vida y guardando la honra de ciertas mujeres que alli estaban, que él

se rindia con que no llevase rescate; y el capitan le respondió que

les otorgaba las vidas a todos, e que la honra de las mujeres que él

tenia cuidado de guardalla, e que que si era criado del que ¿por qué

no le llevaria rescate? y que si era mercader que se lo llevaria, e

con esto le prometió de dalle la fortaleza, e luego en amaneciendo, el

dicho capitan, por una escala, dándole la mano uno de los que dentro

estaban, subió al terrapleno, y con él otros tres o cuatro franceses,

y en subiendo al terrapleno, el dicho Allide se fue para el capitan

francés; en manera de buena crianza se hicieron sendas reverencias y

comedimientos con las cabezas, y el capitan francés se comenzó a pasear

por el terrapleno, y vió un escritorio que alli tenia el Allide, y dixo

que se lo abriesen, y halló dentro la plata labrada que el Allide tenia

de su servicio, y otras cosas de bestidos, y en un caxon del escritorio

halló un anillo, y el francés lo tomó y lo metió en un dedo, y ansi

mismo tomó todo lo que se habia metido en la fortaleza para guardallo

y defendello, que baldria todo, sin lo del Allide, en cantidad de

quinientos pesos, y luego mandó el capitan francés se bajasen todos

del terrapleno, el qual terrapleno tiene cinco tapias en alto, y es en

quadro, y luego el capitan francés traxo toda la gente, que serian, sin

mujeres y niños, hasta veinte y quatro personas, y a todos los truxo

en casa de Juan de Rojas y los metió en una cámara y los tubo alli con

guardia y al Allide en otra con unos grillos, y otro dia soltó las

mujeres y niños.

Este dia jueves quel Allide se entregó, despues de entregado, pusieron

una vandera en la fortaleza, y luego entró por el puerto la nao gruesa

y la caravela en que havian pasado por delante del puerto a hechar

la gente en tierra, y una varca grande, y despues el francés imbió a

decir al Gobernador, con uno de los que en la fortaleza prendió, que si

queria tratar de rescatar el pueblo y la gente. Y el Gobernador imbió

un fraile de la orden de Santo Domingo, que tratase de rescate, y pidió

el frances treinta mil ducados por la gente y pueblo, y el Gobernador

dixo, dicen, que le mandó dar tres mil ducados, y en estos conciertos

se pasaron seis dias, y a los siete dias, haviendo juntando gente el

Gobernador, un miercoles de mañana, el Gobernador con esta gente, que

serian quarenta españoles y cien indios y otros mas de cien negros, una

hora antes que amanesciese dió sobre los franceses en el mismo pueblo,

que estaban repartidos por las casas de alderredor de la casa de Juan

de Roxas, y el capitan frances estaba en la casa de Juan de Roxas con

fasta veinte franceses, el cual tenia dos centinelas a la puerta, y

como los negros venian delante, tres o quatro que se adelantaron,

mataron estas dos centinelas, y baxando el capitan frances a cerrar

la puerta de la calle, uno destos negros con una punta de monteria

hirió al dicho capitan francés en los pechos, y luego comenzaron a dar

grita los negros y los indios, de manera que todos los franceses se

lebantaron y se pusieron en defensa, haciendose fuertes en la misma

casa, y en amanesciendo, el capitan francés salió a ellos y los hechó

del lugar con pérdida de hasta veinte indios y negros, y un español:

quedaron muertos de los franceses hasta quince ó diez y seis franceses,

entre los quales mataron á un tio del capitan Jaques de Soria.

De la muerte paresce ser quedó muy enojado el frances y vino a la

cámara donde tenia a los presos y hizolos matar a puñaladas y a

estocadas, que serian los españoles que mandó matar en la cámara

presos, diez y ocho personas, y con estos, otros diez portugueses que

tenia presos en la misma cámara, y estos portugueses habialos preso en

la caravela que traxo al puerto, sobre el cabo de Cruz, puerto de la

isla, viniendo la caravela del Nombre de Dios á Santo Domingo. Hecho

esto, estuvo el frances, digo, que en este medio tiempo se tornó a

tratar de rescate del pueblo, y le daban mil y quinientos ducados, y

no quiso, y le puso fuego, que no quedó cosa alguna, ni iglesia ni

ospital, sino solas las paredes.

Hecho esto, estubo el francés en esta villa hasta cinco de Agosto; en

este tiempo destruyó e asoló muchas estancias que estaban cerca del

pueblo, y despues un dia antes que amanesciese, con quatro horas, saltó

en tierra en el arcabuco que está desta otra parte de la villa con

quarenta soldados, y fue una legua a las estancias y quemó cinco ó seis

dellas, y en ellas halló ciertos españoles y ocho personas de negros

y negras, y los truxo a la nao. Dabanle de rescate por los negros

a cincuenta pesos, y no los quiso dar, y otro dia de mañana, a los

negros los hizo colgar de las puertas de Juan de Roxas y tirallos de

arcabuzazos estando vivos, y alli les mató. Hecho todo esto, el mismo

Jaques de Soria se metió en un batel y con una plomada sondó todo el

puerto, desde la boca hasta el cabo, y a un debujador que trahia, hizo

debujar el puerto y el Morro y la fortaleza.

Estos franceses trahian dos capitanes, el principal dellos, aquien

todos tenian respeto, llamabase Jacques de Soria, y era de nacion

normando: el otro capitan se llamaba Plano, navarro. Dicen que este

Jaques fue con Pie de Palo el que ganó la Palma[25], y que despues que

dexó la conserva que trahia con Pie de Palo, antes de venir a esta

villa, dicen que tomó la Burburata y a Santa Marta y al Cabo de la

Vela. Trahia por piloto quando aqui llegó a uno que se llamaba Bras,

portugués, vecino casado en la isla de San Miguel, del rey de Portugal,

que sino fuera por este piloto, que haria un año poco mas o menos que

havia estado en esta villa, no vinieran a ella. Este piloto tomaron en

la caravela que iba del Nombre de Dios á Santo Domingo, donde tomaron

los portugueses ya dichos.

[25] En las islas Canarias.

Ya es dicho que entraron en esta villa a diez dias del mes de Julio y

salieron della a cinco de Agosto, dexando hecho el estrago ya dicho.

Despues, en veinte e nueve de Setiembre luego siguiente del mismo año,

dia de Señor San Miguel por la mañana, a la hora que amanescia, entró

por el puerto un batel con doce franceses y se apoderó de una caravela

que dentro del puerto estaba cargada de cueros para España, y la tomó

y sacó del puerto, y se fue largo. Dia de Señor San Francisco a quatro

de Octubre por la mañana entraron por el puerto tres chalupas bateles

de franceses en que benian ochenta hombres, y estos se apoderaron del

pueblo y puerto y tomaron cantidad de cueros vacunos que havia en

ciertas casas, y los cargaron en un barco que dentro del dicho puerto

hallaron, y este barco dexaron en el puerto con estos cueros y veinte

arcabuceros, y se tornaron a salir del puerto afuera las chalupas, y

luego de alli a dos dias entraron por el puerto una nao gruesa y la

caravela que habian sacado, y apoderados del pueblo y puerto, quemaron

y distruyeron las estancias que están cerca del pueblo y saltaron de la

otra vanda del puerto e quemaron otras estancias y cativaron algunas

personas, hombres y mugeres españoles y algunos negros, y todos los

rescataron, e hicieron otros muchos daños en la tierra: de suerte que

la dexaron estos y los otros totalmente destruida y perdida. Salieron

deste puerto luego a veinte e tres de Otubre siguiente.

Este capitan se llamaba Guillermo Mermi, era de la Rochela segun dicen:

trahia ciento veinte hombres. Este tomó a Xamá y Puerto de Plata y

las saqueó e hizo otros daños: trahia por piloto un frances.—Diego

Mazariegos.

499.

(Año de 1555.)—Relacion y estrago que los franceses cosarios hicieron

en la villa de la Abana e puerto della dirigida a la S. C. C. M. del

Emperador y nuestro Señor, e a los muy altos e muy poderosos señores

Presidente e oidores de su real Consejo de Indias para que S. M. sea

advertido de todo lo que ha sucedido conforme a esta dicha relacion

quel Cabildo desta dicha villa le envia para que S. M. con brevedad

provea en el puerto lo que más convenga a su servicio.—(Colec. Muñoz,

t. LXXXVII, fol. 184.)

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 6, De La Isla De Cuba, III · 第 21 / 27 段