Parece verdaderamente que un poder maligno se empeñara en inventar las
pruebas más singulares y más crueles para presentarlas sucesivamente á
mi conciencia y á mi corazón.
No habiendo llegado el señor Laubepin esta mañana, la señora de Laroque
me ha hecho pedir algunas instrucciones que le eran necesarias para
arreglar las bases previas del contrato, el cual como ya he dicho, debe
ser firmado mañana. Estando condenado á permanecer aún durante algunos
días en mi habitación, supliqué á la señora de Laroque que me enviara
los títulos y los documentos particulares que se hallan en poder de su
padre político y que me eran indispensables para resolver las
dificultades que se me habían indicado. Se me remitieron dos ó tres
cajones llenos de papeles, sacados secretamente del gabinete del señor
Laroque, aprovechando de un momento en que el anciano dormía, pues se
había mostrado siempre muy celoso de su archivo secreto. En la primera
pieza que me cayó á mano, el nombre de mi familia, muchas veces
repetido, hirió bruscamente mis ojos y solicitó mi atención con un
poder irresistible. He aquí el texto literal de esta pieza: