XVI

Bien mirado, había que agradecer á los franceses el trabajo que se

toman por la conquista de Marruecos, como antes se lo tomaron por la

de Argelia. De ellos puede decirse: _Sic vos non vobis_... Porque si

el verdadero y magno problema de Francia es la disminución constante y

progresiva en el nacimiento de ciudadanos franceses, ¿para qué diablos

querrá aumentar la extensión de sus territorios?

Si se considera también el espíritu poco aventurero de los franceses,

su apego á Francia--dicho sea en honor de ella,--su mal arte para

comerciar fuera de su casa, ¿no les vendrá á suceder, después de darse

tan malos ratos y de indisponerse, sin necesidad, con estos pobres

vecinos y, necesariamente, acaso con otros de más campanillas, que,

cuando dueños en absoluto del Imperio marroquí, puedan exclamar: ¡Al

fin, solos!, tan solos sea que, como en Argelia, la agricultura y los

oficios vengan á ser de los españoles, y el comercio, como en todo el

mundo, de los alemanes? Sin contar con los indígenas, que seguirán

reproduciéndose, como si hubieran leído _Fecundidad_, de Zola, que

no se escribió para ellos, precisamente. Y, hay que desengañarse, el

porvenir será de quien más hijos tenga; aunque sean muy brutos; tiempo

habrá de educarlos.

Lo que no sabemos es si es preferible vivir de brutos ó morir de

civilizados. Hay quien piensa que lo importante es vivir, aunque se

viva mal. Es decir, los brutos no suelen vivir mal; lo desagradable es

que no dejan vivir bien á los inteligentes. Entre el contador de las

gentes civilizadas y el caño libre de las incultas, siempre llevarán

las de perder los civilizados. A mí me asusta pensar que, si á muchas

personas de regular posición, se les dijera: ¿Por qué no tiene usted un

perro danés en su casa?, la mayor parte contestaría: ¡Hombre! Porque

un perro de ese tamaño se come lo menos dos pesetas diarias. Y esos

mismos que tasan la alimentación del perro en lo justo, con la mayor

inconsciencia se llenan de hijos, que, por lo visto, cuestan menos de

mantener que los perros.

Entre el exceso de previsión á la francesa y la imprevisión de otros

pueblos y de otras razas, ¿no habría un buen término medio? La Iglesia

católica no sabe de ellos. O aconseja la castidad absoluta ó, una vez

en faena matrimonial, cuantos más cristianitos, mejor. La potestad

civil también está por que se aumente el número de ciudadanos, sea

como sea; todos son buenos, los legítimos y los naturales. Por leyes

económicas y por otras muchas leyes restrictivas del matrimonio, se

diría que más favorece el nacimiento de los naturales. En cuanto á la

Naturaleza, ¡tan maestra, tan sabia! ¡Oh! Ella sabe más que todos.

Recuerdo de una gata que tuvo de una vez siete gatitos. La más vulgar

precaución aconsejaba que se le quitaran tres ó cuatro, por lo menos.

Pero, ¡eran todos tan lindos y traían tantas ganas de vivir! Y ¡era tan

cruel sentirse Providencia y decidir entre unos y otros!

Alguien dijo:--¿Por qué no dejarlos todos? Por algo han nacido. No hay

que enmendar á la Naturaleza.

A los ocho días todos los gatitos habían muerto y la madre también,

extenuada. En efecto; no hay que enmendar á la Naturaleza; ella sola se

basta para enmendarse.

* * * * *

¡Oh, mi querida y amable lectora! Al protestar contra alguna ligera

broma que me he permitido alrededor del Congreso Eucarístico, me dice

usted que, hablar mal de la Religión, no es de buen gusto. No lo crea

usted, según como se habla. Además, conozco demasiado esa tecla del

buen gusto, para saber lo que significa tocada por ustedes. Y, si por

no tomarles á ustedes en serio, he de pasar por persona de mal gusto,

desde ahora me declaro cursi y hasta ordinario, como ustedes prefieran.

Ya sé yo que esto del descreimiento no está muy bien visto, ni le

coloca á uno en sociedad, como en otros tiempos, cuando los descreídos

se llamaban Voltaire y Federico el Grande, y las más bellas y nobles

damas se prendían graciosamente con un tanto de volterianismo.

Pero nada tema usted; las bromas ligeras de las cuatro personas de mal

gusto que nos las permitimos, poniéndonos á mal con nuestros intereses,

no perturban en lo más mínimo el espíritu de los creyentes.

Al que más y al que menos le va un sueldo ó una prebenda. ¡Valladar

inexpugnable contra la duda!

Pero, ¡son ustedes de tanto cuidado y conviene tanto no perderles de

vista! Ahora mismo, entre el furor de sus preces, ¿no han deslizado

ustedes, mansamente, no sé que proposiciones de leyes, derechamente

torcidas, como todas sus intenciones, contra la libertad de la Prensa y

la libre emisión del pensamiento?

¡Sí que son ustedes para dejarles de la mano!

En los asuntos mismos de Marruecos: ¿no convendría poner en claro hasta

dónde el interés patriótico y dónde empiezan otros intereses de algunas

Ordenes religiosas, que, como Calipso, de la partida de Ulises, no

pueden consolarse de la pérdida de las Filipinas, y acaso sueñan con

que les conquistemos otras para su particular disfrute? Y eso no, mi

querida y amable lectora; sea lo que podamos obtener ó conquistar en

Marruecos, del soldado, del agricultor, del comerciante, del doctor

Maestre, que bien se lo habrá ganado y otros lo gobernarían peor...

Pero nada de frailes, en comunidad ni sueltos. Una cosa es continuar la

Historia y otra repetirla.

De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5) · 第 21 / 49 题