La revista _Je Sais Tout_ abrió concurso para conceder un premio
al más elegante ó al más práctico figurín de traje masculino. El
resultado del concurso no ha sido muy brillante. La inventiva, ninguna.
En el capítulo de las elegancias, todo es volver á la moda del año
30; en el capítulo del trapillo diario, no salimos de los modelos
generalmente adoptados para campo, caza, automóvil, canoa ó aeroplano.
De donde se deduce que la moda, tanto femenina como masculina, no es
algo caprichoso que puede imponerse por dictadura: es producto de
elaboración social; á la que todos contribuímos. Obra de evolución;
nunca de revolución. En la moda, más que en nada, se observa el
serpenteo, avance y retroceso alternados; que es el andar de la
humanidad, según la escuela positivista.
La fantasía de un sastre, el humor de un _dandy_, no cambiarán
la tendencia niveladora del traje masculino en nuestro tiempo. La
aspiración social es la confusión de clases. Va desapareciendo el
sombrero de copa, que ha venido á quedar en algo así como prenda de
uniforme honorario, para lucirlo sólo en determinadas solemnidades.
La levita sigue la suerte de su inseparable aditamento el sombrero de
copa. Desaparece también la capa, y el sombrero flexible, intermedio
entre la gorrilla y el hongo, iguala al artesano con el artista y al
obrero con el empleado.
Por desgracia, la nivelación va también por dentro, y si desnivel
hubiere, no está la mayor altura por lo más alto. Es posible que, si os
volvéis en la calle al escuchar alguna palabrota, os encontréis con un
señorito. El alcoholismo disminuye por días entre las clases populares;
en cambio, ¡hay cada manga aristocrática en todas las aristocracias, y
en la intelectual las más holgadas! Si hoy viviera Horacio, tendría que
rectificar lo de: _pauperum_ tabernas.
Mucho preocupa á las clases directoras cualquier huelga de obreros,
al fin pasajera... ¡Si fueran á preocuparse por la constante huelga
de señoritos! ¡Y quién sabe cuáles son más perturbadores de la
vida social! ¡Y si holgaran sólo los incapaces, los verdaderamente
inútiles! Al fin esos no pueden rendir mejor tributo al bien general,
que el de consumir lo más pronto posible su hacienda y su vida. Pero
¡cuánta capacidad, cuántos buenos ingenios malogrados en esa huelga
de voluntades pobres con inteligencias ricas! Cierto que el ambiente
moral en nada favorece ni alienta al luchador; que es tierra la nuestra
en que todo se le perdona al ocioso y nada al que trabaja. Pero ese
ambiente ¿es causa, ó efecto? ¿No sería un lucido _sport_, no tan
arriesgado como la aviación, el de sobreponerse á ese ambiente?
* * * * *
El Congreso Eucarístico va á presentarse muy bien. Esas tramoyas á lo
divino requieren mucho gasto. Por fortuna, entre los fieles católicos
figura la gente más adinerada. Convendría saber si tienen dinero por
haber sido fieles católicos, ó si son fieles católicos porque tienen
dinero. Yo no sé si continuará siendo más fácil que entre un camello
por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos; pero un
camello cargado de dinero entra por todas partes. Si el reino de los
cielos se gana también por violencia, según textos sagrados, ¿no ha
de producir su efecto amenazador, así en la tierra como en el cielo,
ese alarde de número y de numerario, ese recuento de fuerzas con que
nos asombrarán los buenos católicos? No, no están solitos, como los
gallegos del cuento. Aunque el día en que les faltara el dinero puede
que no estuvieran tan acompañados. Acaso faltarían los figurantes,
parte la más lucida del espectáculo. Nos presentarán sus carrozas de
gala, sus automóviles, su servidumbre, hasta sus colonos y sus guardas
jurados y tal vez sus pastores, como en Belén. Hay que movilizar todas
las fuerzas, como en un día de elecciones reñidas.
¡Pobres ilusos! Con estas aparatosas exhibiciones creen haber puesto el
mejor pararrayos sobre el tinglado social que les cobija. ¡La Fe los
salve!
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La Exposición de perros y gatos será durante unos días, y desde el
punto de vista de los perros y de los gatos, exposición de personas
distinguidas. Si los perros y los gatos tienen un poco de imaginación,
¿por qué no han de creer que son ellos los espectadores, y señoras y
caballeros los expuestos?--¡Qué amable es toda esta gente!--pensarán
tal vez.--Se molestan en venir para que los veamos.
Para el perro y el gato de lujo la sociedad elegante es muy conocida.
Los perros y los gatos son los que mejor viven en ella. Los criados lo
saben: antes que á los señores hay que tener contentos al perro ó al
gato favoritos.
Pero los perrazos de campo ¿qué pensarán de nuestra sociedad? ¿Volverán
á sus soledades monteses llevando el germen de una revolución social?
En adelante ¿no mirarán con más simpatía al lobo? ¿Y el día en que los
perros se unieran á los lobos?... ¡Bah! Todavía quedarían los pastores,
que, aunque dejaran de ser perros, no sabrían ser lobos.