III

El señor obispo de Jaca es de incesante actualidad. Los cronistas le

deben un homenaje de gratitud. Su último grito es un llamamiento á

las plumas ociosas--no confundirlas con las ociosas plumas; de dormir

son éstas, y aquéllas de no dormirse.--El señor obispo tiene por

lema: «A Dios rogando y con la pluma dando». Si en su mano estuviera

proponer alguna inusitada advocación, en todas las iglesias de la

cristiandad tendría especial culto Nuestra Señora de la Rotativa. Es de

agradecer este singularísimo aprecio á las letras periodísticas. Pero

¡ay! en vez de tocar llamada á las plumas, ¿no fuera más pertinente

llamar á los bolsillos? ¿A qué están las plumas? No, no es: «¡El

que sepa escribir, que escriba!», lo que hay que gritar. «¡El que

pueda pagar, que pague!» Ahí está el toque, el verdadero toque de

llamada. Todos nos lamentamos de la indiferencia general, nadie se

apasiona por una idea, todas ellas están indefensas: las religiosas,

las antirreligiosas, las políticas y las artísticas. Y es que ¡está

todo tan mal pagado! La literatura, en general; la periodística, en

particular, no halla mejor recompensa que la de ser retirado de ella

para ocupar algún puesto oficial. No hay mejor premio para los que

valen; de donde resulta que los premiados, son baja por ascenso; los

que quedan, baja por inútiles, y los postergados por la soberbia ajena

ó la modestia propia, baja por desilusión y desmayo, por falta de esa

interior satisfacción tan necesaria en todo militante. Si el periodismo

fuera por sí mismo un buen fin, y no un medio para otros fines, nadie

cambiaría su puesto de honor en el combate por otros puestos que han

de quedar indefensos al faltar los mejores para defenderlos. Entre los

que van de pasada, con la ambición más alta, y los que á nada pueden

aspirar, ya desesperanzados, las ideas quedan á merced del enemigo,

abandonadas como impedimenta. Menos cargos políticos y mejores

sueldos. Así habrá menos impaciencias y menos desfallecimientos. ¡El

que pueda pagar, que pague! Veremos entonces cómo todo el que sepa

escribir, escribe. Procure, procure el señor obispo de Jaca conmover

el bolsillo de los fieles, funde un periódico, pague á los periodistas

con sueldo de obispo y verá leones defendiendo los obispados. Con 25

ó 30 duros al mes, ¿qué ha de hacer el redactor del periódico más

piadoso sino ayudarse y defenderse escribiendo algún entremés para el

Salón Madrileño, sin licencia del ordinario? Y ¿qué ha de hacer el

redactor del órgano más revolucionario más que escribir los gozos á

unas monjitas, si se los encargasen? ¡Felices los que ignoran lo que

pueden pesar 25 pesetas sobre nuestras convicciones más íntimas y nunca

hicieron traición á una idea por menos de dos ó tres millones!

* * * * *

Las tiples han dado en fugarse. Es el modo más delicado de

participarnos su efectuado enlace, que no sería bien anunciar más

claramente. Hoy todo se anuncia, hasta las defunciones de la virtud;

para las que está más indicado que en ninguna otra el: «Se suplica el

coche».

¡Y hay quien cree que en el teatro todo es libertad! Ya ven que no es

así, cuando las tiples necesitan fugarse para poder amar libremente.

Hay muchas señoritas de buena casa que, para mucho más, no pasan de la

escalera. Verdad es que unas piensan en el contrato matrimonial, al

que nada favorecen los anuncios previos, y las otras en la contrata

artística, á la que favorece cualquier reclamo, aunque sea de codorniz

y tan redoblado como el de las «verdecillas» del sainete. Ya se pagará

á las tiples por fugas; siempre es una garantía de buenas formas y

hasta de algún conocimiento musical, á falta de otros. Con todo esto,

los perjudicados son el público y los empresarios; no porque se fuguen,

sino porque vuelven.

* * * * *

Algunos escritores de provincias claman contra nosotros los de Madrid

porque, según ellos, tenemos establecido un _trust_ de los bombos y nos

pasamos la vida en batalla de flores: elogio va, elogio viene; siempre

entre los mismos del corro. Y ¿qué se le va á hacer si el corro es

tan reducido? Pero ¡lo que son las cosas y qué difícil es contentar á

todos! Aquí, aun de los del corro, hay quien se queja si no se le cita

á cada paso y se deja pasar sin referencia la comedia, el libro, la

crónica ó el artículo. Claro está que sería preferible fuera el público

quien nos diera á cada cual lo nuestro y nosotros lo suyo al público;

pero con público tan indiferente y distraído, ¿no será obra meritoria

la de bombearnos los unos á los otros? Ya procuramos destruir el efecto

de las caricias públicas con los arañazos y mordiscos privados. ¡Pues

sí que reina la paz entre los príncipes cristianos! Da gusto discurrir

por cualquier Círculo literario.--¿Has leído la imbecilidad que publica

hoy Fulano?--Nunca leo esas latas.--¿Has leído lo que dice de ti el

idiota de Mengano?--Esto cuando se trata de un elogio, para darle todo

su valor.

Y se habla mal de todo lo que se lee, y peor de lo que no se lee; y

todo es tabarra, todo es lata, ¡tan vaporosos estamos que todo nos

pesa! Y nada es original y todo está dicho, ¡tan enterados estamos de

todo!

Dejad, dejad que funcione el bombo mutuo; es cuanto queda de agrado

y cortesanía en nuestras relaciones literarias. ¿Será mejor que nos

destrocemos los unos á los otros y los artículos sólo sirvan para

alabanza de los políticos y de los _sportsmen_, de las marquesas

viejas y de los toreros; las críticas de teatros para celebrar las

decoraciones y el rumbo de los empresarios y la belleza de las

espectadoras, y que todos suban, triunfen y medren sobre nuestras

costillas, molidas por nosotros mismos? ¿Para todos hemos de guardar

el secreto y entre nosotros no hemos de guardarlo? ¿Vale el público

más que nosotros, para que le debamos la verdad? La verdad es para

los iguales. El que quiera saberla, que llegue con la inteligencia ó

con el corazón. Y si aun hablando bien unos de otros no engañamos al

público sobre nuestro mérito, ya que nos crea malos escritores que nos

crea siquiera buenas personas.

De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5) · 第 10 / 49 题