IV

Todos los años nieva en primavera y todos los años reaparece el

invierno por Abril ó por Mayo, con un frío, según frase consagrada,

impropio de la estación. Todo esto no tiene nada de particular; lo

particular es que, sucediendo lo mismo todos los años, todos los años

nos produzca la misma sorpresa, como algo fuera del orden natural.--¿Ha

visto usted qué frío se nos ha echado encima? Aquí todo se nos echa

encima: la nieve, como la revisión del proceso Ferrer, como el problema

de Marruecos. Nada se aprende de un año para otro. En el año próximo

volverá á nevar en primavera y volverá á parecemos que la Naturaleza

padece graves trastornos y volveremos á sorprendernos del frío impropio

de la estación.

En las actuales circunstancias, la nieve ha sido tal vez la más

elocuente manifestación de la opinión pública; el verdadero jarro de

agua fría sobre el ardor, más ó menos sincero, de tantos acalorados

discursos. La temperatura de la calle no ha correspondido con la del

salón de sesiones. Verdad es que ¡tan pocas veces está á tono lo que se

discute dentro con lo que se opina fuera!

* * * * *

Los que se habrán tranquilizado mucho serán todos los que se hallan

bien avenidos con el orden social, venga de donde venga y lo imponga

quien lo imponga. ¡Si estarán convencidos de la apacible condición de

nuestros revolucionarios! Para una vez que podían disputarse la gloria

de haber intervenido en una revolución, chica ó grande, todos, por el

contrario, han procurado á toda costa convencernos de que ni ellos ni

sus amigos pudieron tener la menor intervención en ella. ¡No faltaba

más! Ellos no están conformes con nada de lo existente, pero en el

fondo son gente de orden. Con creyentes así poco hubiera prosperado el

cristianismo. Al primer mártir sacrificado, en vez de ensalzarle por

su fe, hubieran tratado de probar que era tan pagano como el primero y

que su martirio... había sido una lamentable equivocación imperial; con

lo cual el calendario hubiera perdido un santo y mártir y el emperador

se hubiera quedado tan fresco. Yo no sé, pero me parece que siempre es

más lucido ser mártir de las ideas propias que de las ajenas.

* * * * *

Sin eufemismos de contaduría, Ivette Guilbert ha sido un fracaso ante

nuestro público. ¿Por falta de ambiente? No puedo creerlo: el público

que asistía á la presentación de Ivette Guilbert era justamente el

público selecto para quien París y sus artistas no son una novedad ni

una rareza. ¿Es que la artista ha perdido con los años? No, Ivette

Guilbert ha ganado físicamente, y artísticamente, si nada podía ganar,

porque en su arte llegó á la perfección hace mucho tiempo, nada ha

perdido tampoco. Su repertorio es hoy más variado, más extenso; á las

canciones canallescas y macabras, que eran su especialidad, ha unido

canciones del siglo XVIII, ingenuas unas, como canciones de niñas al

corro; galantemente picarescas otras. Ivette Guilbert es la Duse de

este género, que, por ser muy de Francia, no es de un particularismo

tal que no pueda interesarnos y justifique el desvío de nuestro

público. No hay arte chico ni grande; hay artistas muy chicos y grandes

artistas. Ivette Guilbert sabe hacer de una canción una comedia ó una

tragedia; en su voz, en su gesto, en sus actitudes, viven, á cada

estrofa, almas diversas. ¿No es todo un drama la canción _Le roi fait

battre tambour_--escrita á la muerte de la famosa Adriana Lecouvreur?

El público de Madrid ha sido injusto en esta ocasión. Es ya tarde para

reparar la injusticia. Se comprende que haya público para todo, y hasta

me parecería mal que todo el público entendiera de todo, mientras

haya clases; pero, la verdad, que precisamente cuando hay que admirar

verdadero arte sea cuando falte el público, es algo triste.

* * * * *

Gracias á los que se interesan por mi salud ó por mi estado de ánimo

cuando falta una _Sobremesa_. Váyase por los que desearían que

reventara de indigestión en una de ellas. Gracias también á los que

creen que algunas, por impublicables, van al cesto de los papeles.

Basta con que sepamos que no es así los que debemos saberlo. La verdad

es que no ha de trabajar uno siempre para fuera y quizás escribe uno

más cuando menos escribe, y aun en páginas más duraderas, y no siempre

está uno para expansionarse, y más cuando se va para viejo, y rara vez

rompería uno el silencio de oro sin apremios de plata. Conque ya lo

saben todos los molestos ó contrariados con que uno escriba: no tienen

más que organizar una suscripción, á unas pesetitas por molestia, y yo

prometo no volver á tomar la pluma en mi vida, ni aun para agradecerles

la mala voluntad de su buena obra. Con dinero se arregla todo.

V

Yo no sé si se ha escrito--la erudición no es mi fuerte;--pero de

no haberse escrito, debiera escribirse un libro de las procesiones

de Semana Santa en España. Decía un gran actor francés, maestro de

actores, que el verdadero actor debe aprovecharse, en primer lugar, de

sus buenas cualidades, y, en segundo lugar, de las malas. Este buen

consejo puede hacerse extensivo á toda persona, cualquiera que sea su

condición social, y á todos los pueblos, cualquiera que sea su estado

de civilización. Cuando no se puede sobresalir por adelantados, se

debe procurar sobresalir por el atraso; el caso es sobresalir de algún

modo. Esto de las procesiones no es precisamente como la aviación ó

la telegrafía sin hilos; pero es mucho más pintoresco y mucho más

castizo y, bien anunciado, pudiera ser de una gran atracción para los

extranjeros, curiosos de algo típico, cada vez más escaso, por culpa

de la civilización, tan niveladora de costumbres como desniveladora

de peculios. Sólo las procesiones de Sevilla han conseguido lo que

ahora se dice reputación mundial. Sin rebajar nada de su bien ganado

renombre, hay muchas otras que merecen ser conocidas. Las de Murcia,

con sus imágenes de Salcillo, el Murillo de la escultura española,

y, con él, una de las pocas notas de dulzura en el Arte español;

con aquel ángel de la Oración del Huerto, bello como los de Rafael,

símbolo artístico, al erguirse en su pagana belleza sobre la postración

dolorosa del Nazareno, de todo el Renacimiento, protestante en nombre

de la vida triunfadora y del Arte embellecedor de la vida.

Las procesiones de Cartagena, con pasos de Montañés, de Salcillo,

comparación interesante. Las de Lorca, de primitiva ingenuidad, con sus

escenas bíblicas y evangélicas, representadas por personajes de carne

y hueso; reñidas competidoras en propiedad y en lujo. Y en poblaciones

más humildes, en pueblos ignorados, ¡qué tesoros de observación para

el curioso! Las legiones de armados, los nazarenos, el pretorio con

sus trompetas destempladas... Y sobre la devoción y la austeridad y

las tinieblas en el templo, y las Siete Palabras en el púlpito, y los

siete cuchillos clavados en el corazón de la Dolorosa, y sobre la Cruz

redentora y el Santo Sepulcro, miradas y palabras y silencios de amor y

de deseos que van encendiéndose por la boca y por los ojos de hombres

y mujeres... Y la vida triunfa sobre toda tristeza, como el ángel

murciano en la Oración del Huerto.

* * * * *

Las Sociedades de aficionados protestan contra el aumento en los

derechos de representación de las obras teatrales exigido por la

Sociedad de Autores. Todo el que conozca la organización íntima de esas

Sociedades ha de estar conforme con la protesta. No se comprende que

pueda haber animadversión contra ellas por parte de los autores, de los

actores ni de los empresarios. Para estos últimos, las Sociedades de

aficionados son una saneada fuente de ingresos; los actores no deben,

sin ingratitud, mirarlas con malos ojos; casi todos se dieron á conocer

en alguna de esas Sociedades, que vienen á ser las novilladas del arte

dramático. En cuanto á los autores, por ellas ven popularizadas sus

obras y por ellas ven representarse obras de repertorio olvidadas por

las empresas. Las Sociedades apenas cubren gastos; de su desinterés no

cabe sospechar. Son un interesante ensayo de socialismo aplicado al fin

de proporcionar honesto recreo á muchas familias que no pueden pagar

el lujo del teatro, si barato en Madrid, comparado con otras grandes

capitales, muy caro en comparación con la riqueza de esas capitales y

la madrileña.

Con la subida de los derechos sólo se conseguirá, como siempre, que

la autoridad se excede, que el favor solicitado con recomendaciones

se sustituya á la justicia, y, como el favor no es nunca equitativo

ni desapasionado, todo parará en intrigas, desigualdades y molestias

para ambas partes beligerantes: Sociedades dramáticas y Sociedad de

Autores. De nada sirve el general acuerdo si, después, unos autores

ofrecen rebaja en sus derechos, y otros, por el contrario, exigen

montes y morenas y anticipos y un número fijo de representaciones,

cuando de obras estrenadas con aplauso se trate. Todo ello sólo sirve

para que medren los que están en el secreto y hagan el tonto de la

pantomima los que se atienen á la letra de los reglamentos. Lo mejor

sería dejar á cada uno en libertad de estipular sus derechos con las

empresas y con las Sociedades. Y ya que todo sea comercio, libertad de

comercio y competencia libre. Es el sistema inglés, y hemos convenido

en que Inglaterra es el mejor modelo para todo.

* * * * *

El prefecto de Atenas ¡oh, cuán poco ateniense! ha dado á rajatabla

la orden de que todas las artistas extranjeras que se exhiben en los

teatrillos y salones--cines en griego--sean sometidas--¡oh, manes de

Friné! ¿dónde hallar aticismo para expresar el ultrajante concepto?--á

una inspección facultativa, muy relacionada en verdad con algunos

dioses de la Mitología: la diosa del Amor y el dios del Comercio; pero,

hasta ahora, nada relacionada con Apolo, dios de las Artes, á no ser

por parte de hijo, ó sea Esculapio, dios de la Medicina.

Las ofendidas han puesto el grito en el Olimpo, y mientras, de allí

vienen los rayos, en sus Embajadas y Consulados respectivos. Sí

que hay para una intervención. Por lo pronto, en la primera ojeada

han resultado dos virtudes sin detrimento. No es mal reclamo, con

certificación facultativa y todo. Pero el que luzcan dos virtudes no

es razón para deslucir las de otras señoritas. Siempre se dijo que

las comparaciones son odiosas. Aparte de que es ocasionado á errores

localizar la virtud en estos tiempos, y la ciencia no ve el fondo de

los corazones.

Lo malo será que algún prefecto de por acá se sienta helenista y quiera

traducir al ateniense. Cierto que hay escenarios por esos teatros que

más parecen aceras, y aun arroyos; pero, en fin, aunque en ellos el

Arte no sea ni su sombra, todavía debe amparar con su nombre á las

pobres mujeres que en él buscan sagrado. Y, en todo caso, la inspección

no debiera aplicarse sólo á las artistas, sino á los espectadores,

especialmente al cerebro. Puede que no se encontrara uno sin tacha,

como la virtud de esas dos chicas, en Atenas.

De Sobremesa; crónicas, Cuarta Parte (de 5) · 第 11 / 49 题