Hallábase el Príncipe de los apóstoles en un tiempo tan distante de la

sabiduría, como pondera aquel enfático _Petrus vero sequebatur eum á

longe_. Tan léjos de los aplausos de docto, quien tenia el título de

indiscreto: _Nesciens quid diceret._ Y aun examinado del conocimiento de

la sabiduría, dijo él mesmo que no habia alcanzado la menor noticia:

_Mulier nescio quid dicis: mulier, non novi illum._ Y ¿qué les sucede?

Que teniendo estos créditos de ignorante, no tuvo la fortuna, si las

aflicciones de sabio. ¿Por qué? No se dió otra causal sino: _Et hic cum

illo erat._ Era afecto á la sabiduría, llevábale el corazon, andábase

tras ella, preciábase de seguidor y amoroso de la sabiduría; y aunque

era tan _longé_ que no le comprendia ni alcanzaba, bastó para incurrir

en sus tormentos. Ni faltó soldado de fuera que no le afligiese, ni

mujer doméstica que no le aquejase. Yo confieso que me hallo muy

distante de los términos de la sabiduría y que la he dejado seguir,

aunque á _longé_; pero todo ha sido acercarme mas al fuego de la

perfeccion, al crisol del tormento; y ha sido con tal estremo, que han

llegado á solicitar que se me prohiba el estudio.

Una vez lo consiguieron con una prelada muy santa y muy cándida, que

creyó que el estudio era cosa de inquisicion, y me mandó que no

estudiase. Yo la obedecí [unos tres meses que duró el poder ella mandar]

en cuanto á no tomar libro, que en cuanto á no estudiar absolutamente,

como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no

estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió,

sirviéndome ellas de letras, y de libro toda la máquina universal. Nada

veia sin reflexa, nada oia sin consideracion, aun en las cosas mas

menudas y materiales; porque como no hay criatura, por baja que sea, en

que no se conozca el _me fecit Deus_, no hay alguna que no pasme el

entendimiento, si se considera como se debe. Así yo [vuelvo á decir]

las miraba y admiraba todas; de tal manera que de las mismas personas

con quienes hablaba, y de lo que me decian, me estaban resultando mil

consideraciones: ¿de dónde emanaria aquella variedad de genios é

ingenios, siendo todos de una especie? ¿Cuáles serian los temperamentos

y ocultas cualidades que lo ocasionaban? Si veia una figura, estaba

combinando la proporcion de sus líneas, y midiéndola con el

entendimiento, y reduciéndola á otras diferentes. Paseábame algunas

veces en el testero de un dormitorio nuestro [que es una pieza muy

capaz] y estaba observando que siendo las líneas de sus dos lados

paralelas y su techo á nivel, la vista fingia que sus líneas se

inclinaban una á otra, y que su techo estaba mas bajo en lo distante que

en lo próximo; de donde inferia que las líneas visuales corren rectas,

pero no paralelas, sino que van á formar una figura piramidal. Y

discurria ¿si seria esta la razon que obligò á los antiguos á dudar si

el mundo era esférico ó no? Porque aunque lo parece, podia ser engaño de

la vista, demostrando concavidades donde pudiera no haberlas.

Este modo de reparos en todo me sucedia y sucede siempre, sin tener yo

arbitrio en ello, que ántes me suelo enfadar, porque me cansa la cabeza;

y yo creia que á todos les sucedia esto mismo, y el hacer versos, hasta

que la esperiencia me ha mostrado lo contrario; y es de tal manera esta

naturaleza ó costumbre, que nada veo sin segunda consideracion. Estaban

en mi presencia dos niñas jugando con un trompo, y apénas yo ví el

movimiento y la figura, cuando empecé con esta mi locura á considerar el

fácil motu de la forma esférica; y como duraba el impulso, ya impreso é

independiente de su causa, pues distante la mano de la niña, que era la

causa motiva, bailaba el trompillo; y no contenta con esto hice traer

harina y cernerla, para que en bailando el trompo encima se conociese si

eran círculos perfectos ó no los que describia con su movimiento; y

hallé que no eran sino unas líneas espirales que iban perdiendo lo

circular cuando se iba remitiendo el impulso. Jugaban otras los

alfileres [que es el mas frívolo juego que usa la puerilidad] y yo me

llegaba á contemplar las figuras que formaban; y viendo que acaso se

ponian tres en triángulo, me ponia á enlazar uno en otro, acordándome de

que aquella era la figura que dicen tenia el misterioso anillo de

Salomon, en que habia unas lejanas luces y representaciones de la

Santísima Trinidad, en virtud de lo cual obraba tantos prodigios y

maravillas; y la misma que dicen tuvo el arpa de David, y que por eso

sanaba Saul á su sonido; y casi la misma conservan las arpas en nuestros

tiempos.

Pues ¿qué os pudiera contar, señora, de los secretos naturales que he

descubierto estando guisando? Ver que un huevo se une y frie en la

manteca ó aceite; y por contrario se despedaza en el almíbar; ver que

para que el azúcar se conserve fluido, basta echarle un muy mínima

parte de agua, en que haya estado membrillo ú otra fruta agria; ver que

la yema y clara de un mismo huevo son tan contrarias, que en los unos

que sirven para el azúcar, sirve cada una de por sí, y juntas no. Por no

cansaros con tales frialdades, que solo refiero por daros entera noticia

de mi natural, y creo que os causarán risa... Pero, señora, ¿qué podemos

saber las mujeres, sino filosofías de cocina? Bien dijo Supercio

Leonardo: _Que bien se puede filosofar y aderezar la cena_. Y yo suelo

decir, viendo estas cosillas: _Si Aristóteles hubiera guisado, mucho mas

hubiera escrito_. Y prosiguiendo en mi modo de cogitaciones, digo, que

esto es tan continuo en mí, que no necesito de libros; y en una ocasion

que por un grave accidente de estómago me prohibieron los médicos el

estudio, pasé así algunos dias; y luego les propuse que era ménos dañoso

el concedérmelos, porque eran tan fuertes y vehementes mis cogitaciones,

que consumian mas espíritus en un cuarto de hora, que el estudio de los

libros en cuatro dias; y así se redujeron á concederme que leyese; y

mas, señora mia, que ni aun el sueño se libró de este continuo

movimiento de mi imaginativa, ántes suele obrar en él mas libre y

desembarazada, confiriendo con mayor claridad y sosiego las especies que

ha conservado del dia; arguyendo, haciendo versos, de que os pudiera

hacer un catálogo muy grande, y de algunas razones y delgadezas que he

alcanzado dormida mejor que despierta; y las dejo por no cansaros, pues

basta lo dicho para que vuestra discrecion y trascendencia penetre y se

entere perfectamente en toda mi natural, y del principio, medios y

estado de mis estudios.

Si estos, señora, fueran méritos (como los veo por tales celebrar en los

hombres) no lo hubieran sido en mí, porque obra necesariamente; si son

culpa, por la misma razon creo que no la he tenido; mas con todo, vivo

siempre tan desconfiada de mí, que ni en esto ni en otra cosa me fio de

mi juicio; y así remito la decision á ese soberano talento, somefiéndome

luego á lo que sentenciare, sin contradiccion ni repugnancia, pues este

no ha sido mas de una simple narracion de mi inclinacion á las letras.

Confieso tambien que con ser esto verdad tal, que (como he dicho) no

necesitaba de ejemplares, con todo, no me han dejado de ayudar los

muchos que he leido, así en divinas como en humanas letras. Porque veo á

una Débora dando leyes, así en lo militar como en lo político, y

gobernando el pueblo donde habia tantos varones doctos. Veo una

sapientísima reina de Sabá, tan docta que se atreve á tentar con enigmas

la sabiduría del mayor de los sabios, sin ser por ello reprendida; ántes

por ello será juez de los incrédulos. Veo tantas y tan insignes mujeres;

unas adornadas del don de profecía, como una Abigail; otras de

persuacion, como Ester; otras de piedad, como Raab; otras de

perseverancia, como Ana, madre de Samuel, y otras infinitas en otras

especies de prendas y virtudes.

Si revuelvo á los gentiles, lo primero que encuentro es con las Sibilas,

elegidas de Dios para profetizar los principales misterios de nuestra

fe, y en tan doctos y elegantes versos, que suspenden la admiracion. Veo

adorar por diosa de las ciencias á una mujer como Minerva, hija del

primer Júpiter y maestra de toda la sabiduría de Aténas. Veo una Bola

Argentaria que ayudó á Lucano, su marido, á escribir la gran batalla de

Farsalia. Veo á la hija del divino Tiresias mas docta que su padre. Veo

á una Cenobia, reina de los palmirenos, tan sabia como valerosa; á un

Agete, hija de Arístipo, doctísima; á Nicóstrata, inventora de las

letras latinas y eruditísima en las griegas; á una Aspasia Milesia que

enseñó filosofía y retórica, y fué maestra del filósofo Perícles; á una

Hipasía que enseñó astrología, y leyó mucho tiempo en Alejandría; á una

Leoncia, griega, que escribió contra el filósofo Teofrasto y le

convenció; á una Jucia, á una Corina, á una Cornelia; y en fin, á toda

la gran turba de las que merecieron nombre ya de griegos, ya de musas,

ya de pitonisas; pues todas no fueron mas que mujeres doctas, tenidas y

celebradas, y tambien veneradas de la antigüedad por tales. Sin otras

infinitas de que están los libros llenos, pues veo aquella egipciaca

Catarina, leyendo y convenciendo todas las sabidurías de los sabios de

Egipto; veo una Gertrúdis leer, escribir y enseñar; y para no buscar

ejemplos fuera de casa, veo una santísima madre mia Paula, docta en las

lenguas hebrea, griega y latina, y aptísima para interpretar las

Escrituras. Y ¿qué mas? que siendo su coronista un máximo Gerónimo,

apénas se hallaba el Santo digno de serlo, pues con aquella viva

ponderacion y enérgica eficacia con que sabe esplicarse dice: _Si todos

los miembros de mi cuerpo fuesen lenguas, no bastarian á publicar la

sabiduría y virtud de Paula_. Las mesmas alabanzas le mereció Blesilla,

viuda, y las mismas la esclarecida vírgen Eustoquia, hijas ambas de la

misma Santa; y la segunda tal, que por su ciencia era llamada _Prodigio

del mundo_. Faviola, romana, fué tambien doctísima en la Sagrada

Escritura. Proba Falconia, mujer romana, escribiò un elegante libro con

centones de Virgilio, de los misterios de nuestra Santa fe. Nuestra

reina doña Isabel, mujer del décimo Alfonso, es corriente que escribió

de astrología. Sin otras que omito por no trasladar lo que otros han

dicho (que es vicio que siempre he abominado), pues en nuestros tiempos

está floreciendo la gran Cristina Alejandra, reina de Suecia, tan docta

como valerosa y magnánima, _y las Exmas. señoras duquesa de Abeiro y

condesa de Villa-umbrosa_.

El venerable doctor Arce (digno profesor de Escritura por su virtud y

letras) en su estudio _Bibliorum_ excita esta cuestion: _An liceat

fœminis sacrorum Bibliorum studio incumbere?_ eaque interpretari? Y trae

por la parte contraria muchas sentencias de Santos en especial aquello

del Apóstol: _Mulieres in Eclesijs taceant, non enim permittitur eis

loqui, &._ (_1. ad Cor, cap. 14. v. 344, cap. 2. v. 3. ad Titum._) Trae

despues otras sentencias, y del mismo Apóstol aquel lugar _ad Titum_:

_Anus similiter in habitu sancto bené docentes_, con interpretaciones de

los Santos Padres; y al fin resuelve con su prudencia, y el leer

publicamente en las cátedras y predicar en los púlpitos, no es lícito en

las mujeres; pero que el estudiar, escribir y enseñar privadamente, no

solo les es lícito, pero muy provechoso y útil: claro está que esto no

se debe entender con todas, sino con aquellas á quienes hubiere Dios

dotado de especial virtud y prudencia, y que fueren muy provectas y

eruditas, y tuvieren el talento y requisitos necesarios para tan sagrado

empleo; y esto es tan justo, que no solo á las mujeres (que por tan

ineptas están tenidas) sino á los hombres (que con solo serlo piensan

que son sabios) se habia de prohibir la interpretacion de las Sagradas

Letras, en no siendo muy doctas y virtuosas, y de ingenios dóciles y

bien inclinados; porque de lo contrario, creo yo, que han salido tantos

sectarios, y que ha sido la raiz de tantas heregías; porque hay muchos

que estudian para ignorar, especialmente los que son de ánimos

arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la ley (que es

quien las rehusa); y así, hasta que por decir lo que nadie ha dicho

dicen una heregía, no están contentos. De estos dice el Espíritu Santo;

_In malevolam animan non introibit sapientia_. A estos mas daño les

hace el saber, que les hiciera el ignorar. Dijo un discreto: _Que no es

necio entero el que no sabe, latin; pero el que lo sabe, está

calificado_. Y añado yo, que le perfecciona (si es perfeccion la

necedad) el haber estudiado su poco de filosofía y teología, y el tener

alguna noticia de lenguas, que con eso es necio en muchas ciencias y

lenguas; porque un necio grande no cabe en solo la lengua materna.

A estos vuelvo á decir, hace daño el estudiar, porque es poner espada en

manos del furioso; que siendo instrumento nobilísimo para la defensa, en

sus manos es muerte suya y de muchos. Tales fueron las divinas letras en

poder del malvado Pelagio y del protervo Arrio, del malvado Lutero y de

los demas heresiarcas, como lo fué nuestro doctor (nunca fué nuestro ni

doctor) Cazalla; á los cuales hizo daño la sabiduría, porque aunque es

el mejor alimento y vida del alma, á la manera que en el estómago mal

acomplexionado y de viciado calor, miéntras mejores son los alimentos

que recibe, más áridos, fermentados y perversos son los humores que

cria; así estos malévolos, miéntras mas estudian peores opiniones

engendran; obstrúyeseles el entendimiento con lo mismo que habia de

alimentarle, y es que estudian mucho y digieren poco, sin proporcionarse

al vaso limitado de sus entendimientos. A esto dice el Apóstol: _Dico

enim per gratiam, quæ data est mihi, omnibus, qui sunt inter vos: Non

plus sapere, quam oportet sapere, sed sapere ad sobrietatem, unicuique

sicut Deus divisit mensuram fidei._ (_Ad Rom. Cap. 12, v. 3_). Y en

verdad, no lo dijo el Apóstol á las mujeres sino á los hombres; y que no

es solo para ellos el _taceant_, sino es para todos los que no fueren

muy aptos. Querer yo saber tanto ó mas que Aristóteles ó que San

Agustin, si no tengo la aptitud de San Agustin ó de Aristóteles (aunque

estudie mas que los dos), no solo no lo conseguiré sino que debilitaré y

entorpeceré la operacion de mi flaco entendimiento, con la desproporcion

del objeto.

¡Oh, si todos (y yo la primera, que soy una ignorante) nos tomásemos la

medida del talento ántes de estudiar [y lo peor es, de escribir] con

ambiciosa codicia de igualar, y aun de exceder á otros, qué poco ánimo

nos quedara y de cuántos errores nos escusáramos, y cuántas torcidas

inteligencias que andan por ahí no anduvieran! Y pongo las mias en

primer lugar, pues si conociera, como debo, esto mismo no escribiera; y

protesto que solo lo hago por obedeceros, con tanto recelo, que me

debeis mas en tomar la pluma con este temor, que me debiérades si os

remitiera mas perfectas obras. Pero bien que va á vuestra correccion:

borradlo, rompedlo y reprendedme, que eso apreciaré yo mas que todo

cuanto vano aplauso me pueden otros dar: _Corripiet me justus in

misericordia, & increpabit: oleum autem peccatoris non impinguet caput

meum._ (_Ps. 140, v. 5._)

Y volviendo á nuestro Arce, digo que trae, en confirmacion de su

sentir, aquellas palabras de mi padre San Gerónimo, _ad Lætam de

institutione filiæ_, donde dice: _Adhut tenera lingua Psalmis dulcibus

imbuatur. Ipsa nomina per quæ consuescit paulatim verba contexere, non

sint fortuita, sed certa, & conservata de industria, Prophetarum

videlicet, atque Apostulorum, & omnis ab Adam Patriarcharum series, de

Mathæo, Lucaque descendat, ut dum aliud agit, futuræ memoriæ præparetur.

Reddat tibi pensum quotidie de Scripturorum floribus carptum._ (_Ep.

7._) Pues si así queria el Santo que se educase una niña que apénas

empezaba á hablar, ¿Qué querrá en sus monjas y en sus hijas

espirituales? Bien se conoce en las referidas Eustoquia y Fabiola y en

Marcela, su hermana, Pacátula y otras, á quienes el Santo honra en sus

Epístolas exhortándolas á este sagrado ejercicio; como se conoce en la

citada epístola donde noté yo aquel _Reddat tibi pensum_, que es reclamo

y concordante del _Bené docentes_ de San Pablo; pues el _Reddat tibi_ de

mi gran padre da á entender, que la maestra de la niña ha de ser la

misma Leta su madre.

¡Oh cuántòs daños se escusaran en nuestra república, si las ancianas

fueran doctas como Leta, y que supieran enseñar como manda San Pablo y

mi padre San Gerónimo! Y no que por defecto de esto y la suma flojedad

en que han dado en dejar á las pobres mujeres, si algunos padres desean

doctrinar mas de lo ordinario á sus hijas, les fuerza la necesidad y

falta de ancianas sabias á llevar maestros hombres á enseñar á leer,

escribir y contar, á tocar y otras habilidades, de que no pocos daños

resultan, como se experimentan cada dia en lastimosos ejemplos de

desiguales consorcios; porque con la inmediacion del trato y la

comunicacion del tiempo, suele hacerse fácil lo que no se pensó ser

posible. Por lo cual muchos quieren mas dejar bárbaras é incultas á sus

hijas, que no exponerlas á tan notorio peligro, como la familiaridad con

los hombres, lo cual se escusara si hubiera ancianas doctas, como quiere

San Pablo, y de unas en otras fuese subcediendo el magisterio, como

sucede en el de hacer labores, y lo demas que es costumbre. Porque ¿qué

inconveniente tiene que una mujer anciana, docta en letras y de santa

conversacion y costumbres tuviese á su cargo la educacion de las

doncellas? Y no que estas, ó se pierden por falta de doctrina, ó por

querérsela aplicar por tan peligrosos medios, cuales son los maestros

hombres, que cuando no hubiera mas riesgo que la indecencia de sentarse

al lado de una mujer verecunda (que aun se sonrosea de que la mire á la

cara su propio padre) un hombre tan estraño, á tratarla con casera

familiaridad, y á tratarla con magistral llaneza; el pudor del trato con

los hombres y de su conversacion, basta para que no se permitiese. Y no

hallo yo que este modo de enseñar de hombres á mujeres pueda ser sin

peligro, si no es en el severo tribunal de un confesonario, ó en la

distante decencia de los púlpitos, ó en el remoto conocimiento de los

libros; pero no en el manoseo de la inmediacion. Y todos conocen que

esto es verdad, y con todo, se permite solo por el defecto de no haber

ancianas sabias; luego es grande daño el no haberlas. Esto debian

considerar las que atados al _Mulieres in Ecclesia taceant_, blasfeman

de que las mujeres sepan y enseñen, como que no fuera el mismo Apóstol

el que dijo: _Bené docentes_. Demas de que aquella prohibicion cayó

sobre lo historial que refiere Eusebio, y es que en la Iglesia primitiva

se ponian las mujeres á enseñar las doctrinas unas á otras en los

templos, y este rumor confundia cuando predicaban los apóstoles; y por

eso no se les mandó callar, como ahora sucede, que miéntras predica el

predicador no se reza en alta voz.

No hay duda de que para la inteligencia de muchos lugares, es menester

mucha historia, costumbres, ceremonias, proverbios y aun maneras de

hablar de aquellos tiempos en que se escribieron, para saber qué caen y

á qué aluden algunas locuciones de las divinas Letras: _Seindite corda

vestra, & non vestimenta vestra._ (_Joel, Cap. 2, v. 13._) ¿No es

alusion á la ceremonia que tenian los hebreos de rasgar los vestidos en

señal de dolor, como lo hizo el mal pontífice cuando dijo que Cristo

habia blasfemado? Muchos lugares del Apóstol sobre el socorro da las

viudas, ¿no miraban tambien á las costumbres de aquellos tiempos? Aquel

lugar de la mujer fuerte: _Nobilis impartis vir eius._ (_Prov. Cap. 31,

v. 23_) ¿no alude á la costumbre de estar los tribunales de los jueces

en las puertas de las ciudades? El _Dare terram Deo_, ¿no significaba

hacer algun voto? ¿_Hyemantes_, no se llamaban los pecadores públicos,

porque hacian penitencia á cielo abierto, á diferencia de los otros que

la hacian en un portal? Aquella queja de Cristo al fariseo, de la falta

del ósculo y lavatorio de pies, ¿no se fundó en la costumbre que de

hacer estas cosas tenian los judíos? Y otros infinitos lugares, no solo

de las Letras Divinas, sino tambien de las humanas, que se topan á cada

paso, como el _adoratem purpuram_, que significa obedecer al rey, el

_Manumittee eum_, que significa dar libertad, aludiendo á la costumbre y

ceremonia de dar una bofetada al esclavo para darle libertad? Aquel

_Intonui Cœlum_ de Virgilio, que alude al agüero de tronar hácia

Occidente, que se tenia por bueno? Aquel _Tu nunquam leporem edisti_ de

Marcial, que no solo tiene el donaire del equívoco en el _Leporem_, sino

la alusion á la propiedad que decian, tener la libertad? Aquel

proverbio, _Maleam legens, quæ sunt domi obliviscere_, que alude al gran

promontorio de Laconia? Aquella respuesta de la casta matrona al

pretensor molesto, de _por mi no se untarán los quicios ni arderán las

teas_, para decir que no queria casarse, aludiendo á la ceremonia de

untar las puertas con manteca y encender las teas nupciales en los

matrimonios, como si ahora dijéramos: Por mí no se gastarán las arras

ni echará bendiciones el cura. Y así hay tanto comento de Virgilio y

Homero, y de todos los poetas y oradores. Pues fuera de esto, ¿qué

dificultades no se hallan en los lugares sagrados, aun en lo gramatical

de ponerse el plural por singular, de pasar de segunda á tercera

persona, como aquello de los Cantares: _Osculetur me osculo oris sui:

quia meliora sunt ubera tua vino?_ (_Cant. 1, Cap. 7, v. 1._) Aquel

poner los adjetivos en genitivo, en vez de acusativo, como, _Calicem

salutaris accipiam?_ Aquel poner el femenino por masculino; y al

contrario, ¿llamar adulterio á cualquier pecado?

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz · 第 16 / 17 段