Todo esto pide mas leccion de lo que piensan algunos, que de meros

gramáticos; ó cuando mucho con cuatro términos de súmulas quieren

interpretar las Escrituras, y se aferran del _Mulieres in Ecclesia

taceant_, sin saber cómo se ha de entender. Y de otro lugar, _Mulieres

in silentio discat_. Siendo este lugar mas en favor que en contra de las

mujeres, pues manda que aprendan; y miéntras aprenden, claro está que es

necesario que callen. Y tambien está escrito: _Audi Israel, & tace._

Donde se habla con toda la coleccion de los hombres y mujeres, y á todos

se manda callar; porque quien oye y aprende es mucha razon que atienda y

calle. Y si no yo quisiera que estos intérpretes y expositores de San

Pablo me explicaran cómo entienden aquel lugar, _Mulieres in Ecclesia

taceant_; porque ó lo han de entender de lo material de los púlpitos y

cátedras, ó de lo formal de la universalidad de los fieles, que es la

Iglesia: si lo entienden de lo primero, que es (en mi sentir) su

verdadero sentido, pues vemos que, con efecto, no se permite en la

Iglesia que las mujeres lean pùblicamente ni prediquen, ¿por qué

reprenden á las que privadamente estudian? Y si lo entienden de lo

segundo y quieren que la prohibicion del Apóstol sea trascendentalmente,

que ni en lo secreto se permita escribir ni estudiar á las mujeres,

¿cómo vemos que la Iglesia ha permitido que escriba una Gertrúdis, una

Teresa, una Brígida, la monja Agreda y otras muchas? Y si me dicen que

_estas eran santas_, es verdad; pero no obsta á mi argumento: lo

primero, porque la proposicion de San Pablo es absoluta y comprende á

todas las mujeres sin excepcion de santas; pues tambien en su tiempo lo

eran Marta y María, Marcela, María madre de Jacob, y Salomé y otras

muchas que habia en el fervor de la primitiva Iglesia, y no las

exceptúa; y ahora vemos que la Iglesia permite escribir á las mujeres

santas y no santas, pues la Agreda y María de la Antigua no están

canonizadas, y corren sus escritos; y ni cuando Santa Teresa y las demas

escribieron, lo estaban. Luego la prohibicion de San Pablo solo miró á

la publicidad de los púlpitos, pues si el Apóstol prohibiera el

escribir, no lo permitiera la Iglesia. Pues ahora yo no me atrevo á

enseñar, que fuera en mí muy desmedida presuncion, y el escribir mayor

talento que el mio requiere, y muy grande consideracion. Así lo dice

San Cipriano: _Gravi consideratione indigent, quæ scribimus._ Lo que

solo he deseado es estudiar para ignorar ménos que (segun San Agustin)

unas cosas se aprenden para hacer y otras para solo saber: _Discimus

quædam, ut sciamus; quædam, ut faciamus._ Pues ¿en qué ha estado el

delito, si aun lo que es lícito á las mujeres, que es enseñar

escribiendo, no hago yo, porque conozco que no tengo caudal para ello?

Siguiendo el consejo de Quintiliano: _Noseat quisque, & non tantum ex

alienis præceptis, sed ex natura sua capiat consilium._ Si el crímen

está en la Carta Atenagórica, ¿fué aquella mas que referir sencillamente

mi sentir, con todas las venias que debo á nuestra Santa Madre Iglesia?

Pues si ella con su santísima autoridad no me lo prohibe, ¿por qué me lo

han de prohibir los otros? Llevar una opinion contraria á la de Vieyra

¿fué en mí atrevimiento, y no lo que fué en su paternidad llevarla

contra los tres Santos Padres de la Iglesia? Mi entendimiento tal cual,

¿no es tan libre como el suyo, pues viene de un solaz? ¿Es alguno de los

principios de la Santa Fe revelados su opinion, para que la hayamos de

creer á ojos cerrados? Demas que yo ni falté al decoro que á tanto varon

se debe, como acá ha faltado su defensor, olvidando la sentencia de Tito

Lucio: _Artes committatur decor_. Ni toqué á la sagrada compañía el pelo

de la ropa, ni escribí mas que para el juicio de quien me insinuó; y

segun Plinio. _Non similis est conditio publicantis, & nominatim

dicentis_. Que si creyera se habia de publicar, no fuera con tanto

desaliño como fué. Si es (como dice el censor) heretica, ¿por qué no la

delata? y con eso él quedará vengado y yo contenta, que aprecio (como

debo) mas el nombre de católica y obediente hija de mi Santa Madre

Iglesia, que todos los aplausos de docta. Si está bárbara (que en eso

dice bien) ríase, aunque sea con la risa que dicen del conejo; que yo no

le digo que me aplauda, pues como yo fuí libre para disentir de Vieyra,

lo será cualquiera para disentir de mi dictámen.

Pero ¿dónde voy, señora mia? que esto no es de aquí ni para vuestros

oidos, sino que como voy tratando de mis impugnadores, me acordé de las

cláusulas de uno que ha salido ahora, é insensiblemente se deslizó la

pluma á quererle responder en particular, siendo mi intento hablar en

general. Y así volviendo á nuestro Arce, dice que conoció en esta ciudad

dos monjas, la una en el convento de Regina, que tenia el breviario de

tal manera en la memoria, que aplicaba con grandísima prontitud y

propiedad sus versos, salmos y sentencias de homilías de santos en las

conversaciones. La otra en el convento de la Concepcion, tan

acostumbrada a leer las Epístolas de mi padre San Gerónimo y locuciones

del Santo de tal manera, que dice Arce: _Hieronymum ipsum Hispané

loquentem audire me existimarem._ Y de esta dice que supo, despues de su

muerte, habia traducido dichas Epístolas en romance; y se duele de que

tales talentos no se hubieran empleado en mayores estudios, con

principios científicos, sin decir los nombres de la una ni de la otra,

aunque las trae para confirmacion de su sentencia; que es que no solo es

lícito, pero utilísimo y necesario á las mujeres el estudio de las

sagradas letras; y mucho mas á las monjas, que es lo mismo á que vuestra

discrecion me exhorta, y á que concurren tantas razones.

Pues si vuelvo los ojos á la tan perseguida habilidad de hacer versos,

que en mí es tan natural que aun me violento para que esta carta no lo

sea, y pudiera decir aquello de _Quidquid conabar dicere versus erat_;

viéndola condenar á tantos tanto y acriminar, he buscado muy de

propósito cuál sea el daño que puedan tener, y no le he hallado; ántes

sí los veo aplaudidos en las bocas de las Sibilas, santificados en las

plumas de los profetas, especialmente de David, de quien dice el gran

espositor y amado padre mio (dando razon de las mensuras de sus metros):

_In more Hac, & Pindarum, nunc iambo currit, nunc calico personat, nunc

saphicorum, & nunc semipede ingreditur._ Los mas de los Libros Sagrados

están en metro, como el Cántico de Moises; y los de Job (dice San

Isidoro en sus etimologías) que están en verso heróico. En los

Epitalamios los escribió Salomon, en los Threnos Jeremías. Y así dice

Casiodoro: _Omnis Poetica locutio á Divinis Scripturis sumpsit

exordium._ Pues nuestra Iglesia católica, no solo no los desdeña, mas

los usa en sus himnos, y recita los de San Ambrosio, Santo Tomas San

Isidoro y otros. San Buenaventura les tuvo tal afecto, que apénas hay

plana suya sin versos. San Pablo bien se ve que los habia estudiado,

pues los cita, y traduce el de Arato: _In ipso enim vivimus, & sumus._ Y

alega el otro de Parménides _Cretenses semper mendaces, malæ bestiæ,

pigri_. San Gregorio Nacianceno disputa en alegantes versos las

cuestiones del matrimonio y la de la virginidad. Y ¿qué me causó? La

Reina de la sabiduría y Señora nuestra, con sagrados labios entonó el

Cántico del Magnificat; y habiéndola traido por ejemplar, agravio fuera

traer ejemplos profanos, aunque sean de varones gravísimos y doctísimos,

pues esto sobra para prueba y el ver que aunque como la elegancia hebrea

no se pudo estrechar á la mensura latina, á cuya causa el traductor

sagrado, mas atento á lo importante del sentido, omitió el verso; con

todo, retienen los Psalmos el nombre y divisiones de versos; pues ¿cuál

es el daño que pueden tener ellos en sí? Porque el mal uso, no es culpa

del arte, sino del mal profesor que los vicia, haciendo bellos lazos del

demonio; y esto en todas las facultades y ciencias sucede. Pues si está

el mal en que los use una mujer, ya se ve cuantas los han usado

loablemente; pues ¿en qué está el hacerlo yo? Confieso desde luego mi

ruindad y vileza; pero no juzgo que se habrá visto una copla mia

indecente. Demas que yo nunca he escrito cosa alguna por mi voluntad,

sino por ruegos y preceptos ajenos; de tal manera que no me acuerdo

haber escrito por mi gusto sino un papelillo que llaman _Sueño_. Esa

carta que vos, señora mia, honrasteis tanto, la escribí con mas

repugnancia que otra cosa; y así porque era de cosas sagradas, á quienes

(como he dicho) tengo reverente temor, como porque parecia querer

impugnar, cosa á que tengo aversion natural; y creo que si pudiera haber

prevenido el dichoso destino á que nacia, pues como á otro Moises la

arrojé expósito á las aguas del Nilo del silencio, donde la halló y

acarició una princesa como vos; creo (vuelvo á decir) que si yo tal

pensara, la ahogara ántes entre las mismas manos en que nacia, de miedo

de que pareciesen á la luz de vuestro saber los torpes borrones de mi

ignorancia; de donde se conoce la grandeza de vuestra bondad, pues está

aplaudiendo vuestra voluntad lo que precisamente ha de estar repugnando

vuestro clarísimo entendimiento. Pero ya que su ventura la arrojó á

vuestras puertas, tan expósita y huérfana que hasta el nombre le

pusisteis vos, pésame que entre mis deformidades llevase tambien los

defectos de la prisa; porque así por la poca salud que continuamente

tengo, como por la sobra de ocupaciones en que me pone la obediencia, y

carecer de quien me ayude á escribir, y estar necesitada á que todo sea

de mi mano; y porque como iba contra mi genio y no queria mas que

cumplir con la palabra á quien no podia desobedecer, no veia la hora de

acabar; y así dejé de poner discursos enteros y muchas pruebas que se me

ofrecian, y las dejé por no escribir mas; que á saber que se habia de

imprimir, no las hubiera dejado, siquiera por dejar satisfechas algunas

objeciones que se han excitado y pudiera remitir. Pero no seré tan

desatenta que ponga tan indecentes objetos á la pureza de vuestros ojos;

pues basta que los ofenda con mis ignorancias sin que los ofenda ajenos

atrevimientos. Si ellos por sí volaren por allá (que son tan livianas

que si harán) me ordenareis lo que debo hacer, que si no es

interviniendo vuestros preceptos, lo que es por mi defensa nunca tomaré

la pluma, porque me parece que no necesita de que otro le responda,

quien en lo mismo que se oculta conoce su error; pues (como dice mi

padre San Gerónimo) _Bonus sermo secreta non quaerit_. Y San Ambrosio:

_Latere criminosae est conscientiae._

Ni yo me tengo por impugnada, pues dice una regla del derecho:

_Accusatio non tenetur, si non curat de persona, quae produxerit illam._

Lo que si es de ponderar es, el trabajo que le ha costado el andar

haciendo traslados; ¡rara demencia! cansarse mas en quitarse el crédito,

que pudiera en grangearlo.

Yo (señora mia) no he querido responder, aunque otros lo han hecho (sin

saberlo yo) hasta que he visto algunos papeles, y entre ellos uno que

por docto os remito, y porque el leer os desquite parte del tiempo que

os he malgastado en lo que yo escribo. Si señora, vos, gustáredes de

que yo haga lo contrario de lo que tenia propuesto á vuestro juicio y

sentir, al menor movimiento de vuestro gusto cederá (como es razon) mi

dictámen, que, como os he dicho, era de callar, porque aunque dice San

Juan Crisóstomo, _Calumniatores convincere oportet, interrogatores

docere_; veo que tambien dice San Gregorio: _Victoria non minor est,

hostes tolerare, quám hostes vincere_; y que la paciencia vence

tolerando y triunfa sufriendo. Y si entre los gentiles romanos era

costumbre en la mas alta cumbre de la gloria de sus capitanes, cuando

entraban triunfando en las naciones, vestidos de púrpura y coronados de

laurel, tirando el carro en vez de brutos coronadas frentes de vencidos

reyes, acompañados de los despojos de las riquezas de todo el mundo, y

adornada la milicia vencedora de las insignias de sus hazañas, oyendo

los aplausos populares en tan honrosos títulos y renombres, como

llamarlos padres de la patria, columnas del imperio, muros de Roma,

amparos de la república, y otros nombren gloriosos; que en este supremo

auge de la gloria y felicidad humana fuese un soldado en voz alta

diciendo al vencedor (como consentimiento suyo y órden del Senado):

“Mira que eres mortal; mira que tienes tal y tal defecto;” sin perdonar

los mas vergonzosos, como sucedió en el triunfo de César, que voceaban

los mas viles soldados á sus oidos: _Cavete Romani, adducimus vobis

adulterum, calvum_; lo cual se hacia porque en medio de tanta honra, no

se desvaneciese el vencedor, y porque el lastre de estas afrentas

hiciese contrapeso á las velas de tantos aplausos, para que no peligrase

la nave del juicio entre los vientos de las aclamaciones: si esto, digo,

hacian unos gentiles con sola la luz de la ley natural, nosotros

católicos, con un precepto de amor á los enemigos, ¿qué mucho haremos en

tolerarlos?

Yo de mi puedo asegurar que las calumnias algunas veces me han

mortificado; pero nunca me han hecho daño, porque yo tengo por muy necio

al que, teniendo ocasion de merecer, pasa el trabajo y pierde el mérito;

que es como los que no quieren confesarse al morir, y al fin mueren, sin

servir su resistencia de escusar la muerte, sino de quitarles el mérito

de la conformidad, y de hacer mala muerte, la muerte que podia ser bien.

Y así (señora mia) estas cosas creo que aprovechan mas que dañan; y

tengo por mayor el riesgo de los aplausos en la flaqueza humana, que

suelen apropiarse lo que no es suyo; y es menester estar con mucho

cuidado, y tener escritas en el corazon aquellas palabras del Apóstol:

_Quid autem habes, quod non accepisti? Si autem accepisti, quid

gloriaris quasi non accepisti?_ para que sirvan de escudo que resista

las puntas de las alabanzas, que son lanzas; que en no atribuyéndose á

Dios, cuyas son, nos quitan la vida y nos hacen ser ladrones de la honra

de Dios y usurpadores de los talentos que nos entregó y de los dones que

nos prestó, y de que hemos de dar estrechísima cuenta. Y así (señora)

yo temo mas esto que aquello; porque aquello, con solo un acto sencillo

de paciencia, está convertido en provecho; y esto, son menester muchos

actos reflexos de humildad y propio conocimiento, para que no sea daño.

Y así de mí lo conozco y reconozco, que es especial favor de Dios el

conocerlo para saberme portar en uno y en otro con aquella sentencia de

San Agustin: _Amico laudanti credendum non est sicut nec inimico

detrahenti._ Aunque yo soy tal que las mas veces lo debo de echar á

perder, ò mezclarlo con tales defectos é inperfecciones, que vicio lo

que de suyo fuera bueno; y así en lo poco que se ha impreso mio, no solo

mi nombre, pero ni el consentimiento para la impresion ha sido dictámen

propio, sino libertad ajena, que no cae debajo de mi dominio, como lo

fué la impresion de la Carta atenagórica; de suerte que solamente unos

Ejercicios de la Encarnacion, y unos ofrecimientos de los Dolores se

imprimieron con gusto mio, por la pública devocion, pero sin mí nombre;

de los cuales remito algunas copias, porque (si os parece) las repartais

entre nuestras hermanas las religiosas de esa santa comunidad, y demas

de esa ciudad. De los Dolores va solo uno, porque se han consumido ya y

no pude hallar mas. Hícelos solo por la devocion de mis hermanas, años

ha, y despues se divulgaron; cuyos asuntos son tan improporcionados á mi

tibieza como á mi ignorancia, y solo me ayudò en ellos ser cosas de

nuestra gran Reina; que no sé qué se tiene, el que en tratando de María

Santísima, se enciende el corazon mas helado. Yo quisiera (venerable

señora mia) remitiros obras dignas de vuestra virtud y sabiduría, pero

como dijo el Poeta:

_Ut desint vires, tamen est laudanda voluntas:_

_Hac ego contentus, auguror esse Deos._

Si algunas otras cosillas escribiere, siempre irán á buscar el sagrado

de vuestras plantas y el seguro de vuestra correccion, pues no tengo

otra alhaja con que pagaros; y en sentir de Séneca el que empezó á hacer

beneficios, se obligó á continuarlos; y así os pagará á vos vuestra

propia liberalidad, que solo así puedo yo quedar dignamente desempeñada,

sin que caiga en mí aquello del mismo Séneca: _Turpe est beneficijs

vinci_; que es bizarría del acreedor generoso dar al deudor pobre con

qué pueda satisfacer la deuda. Así lo hizo Dios con el mundo

imposibilitado de pagar: dióle á su hijo propio para que se le ofreciese

por digna satisfaccion. Si el estilo de esta carta (venerable señora

mia) no hubiere sido como á vos es debido, os pido perdon de la casera

familiaridad, ó ménos autoridad de que tratándoos como á una religiosa

de velo hermana mia se me ha olvidado la distancia de vuestra

ilustrísima persona, que á veros yo sin velo, no sucediera así; pero vos

con vuestra cordura y benignidad suplireis ó enmendareis los términos; y

si os pareciere incongruo el vos de que yo he usado, por parecerme que

para la reverencia que os debo es muy poca reverencia la Reverencia,

mudadlo en el que os pareciere decente á lo que vos mereceis, que yo no

me he atrevido á exceder de los límites de vuestro estilo ni romper el

márgen de vuestra modestia. Y mantenedme en vuestra gracia para

impetrarme la Divina, de que os conceda el Señor muchos aumentos, y os

guarde, como le suplico y he menester. De este convento de N. Padre San

Gerónimo de Méjico, á primero dia del mes de Marzo de mil seiscientos y

noventa y un años.

B. V. M. vuestra mas favorecida,

_Juana Ines de la Cruz._

FIN.

INDICE.

Dedicatoria

Biografía de Sor Juana Ines de la PÁG.

Cruz, poetisa mejicana del siglo

XVII, y juicio crítico de sus obras I

Advertencias LXXXV

ROMANCES.

I A los condes de Parédes, vireyes

de Méjico, con motivo de haber

concurrido á una fiesta en el monasterio

de San Jerónimo 1

II Dando el parabien á un doctorado 4

III A un caballero español que dirigió

á la autora un romance, diciéndola

haber hallado en ella el fénix 5

IV A la condesa de Parédes, escusándose

de enviarla un cuaderno

de música 12

V A la condesa de Galve en su cumpleaños 18

VI A la misma condesa 21

VII Desahogos del corazon 26

VIII A un caballero que decia tener el

pecho de nieve 27

IX Entre la obligacion y el afecto 31

X En que ocultamente espresa ménos

aversion de la que afectaba

un enojo 36

XI Preludios del dolor de una ausencia 39

XII Los celos prueban amor (fragmentos) 43

XIII Al marques de la Laguna (fragmentos) 49

XIV La ciencia inútil 51

XV Dando las pascuas á la condesa

de Parédes 56

XVI Con ocasion de haberse sacado

por suerte, en una diversion de

año nuevo, un galan para cada

dama (fragmentos) 58

XVII A doña María de Guadalupe Alencastre

(fragmentos) 61

XVIII A Fílis (fragmentos) 64

XIX La autora de su Mecenas, enviándole

unos versos 67

XX Responde á un caballero peruano

que la habia elogiado, y revela

su nombre 69

XXI En reconocimiento á los autores

europeos que elogiaron los versos

de la poetisa (fragmentos) 76

XXII (Fragmentos) 79

XXIII Fragmentos del auto historial “El

cetro de Josef. La mujer de Putifar

á Josef” 81

XXIV Lucha entre la virtud y la costumbre 83

XXV Elogio de María en el misterio

de la Encarnacion 85

XXVI Ave Regina coelorum 86

XXVII A Cristo sacramentado, en el dia

de la comunion 87

XXVIII A San Pedro 89

XXIX A Santa Catalina mártir (fragmentos) 90

XXX En la profesion de una religiosa 91

DÉCIMAS.

I Á una rosa (alegoría) 92

II Presto celos llorarás 94

III El alma rendida por el amor

(alegoría) 96

IV Con motivo de un presente 99

V El error de una disculpa Id.

VI A una dama que temia el aojo 100

VII Retrato de una belleza Id.

VIII La razon contra el amor 101

IX Enviando su imágen á una persona 103

X Excusándose de dar licencia á uno

que se la pedia para ausentarse 105

XI Pidiendo á la vireina la libertad

para un ingles 108

REDONDILLAS.

I A los hombres 110

II Gratitud 113

III Un justo medio 115

IV Respuesta á un caballero que dijo

se ponia hermosa la mujer con

solo amar 117

V Efectos del amor 119

VI Pidiendo versos á un caballero

que se escusaba de hacerlos 123

VII Escusándose de un silencio 125

VIII Del retrato de una belleza (fragmentos) 128

IX En la profesion de una religiosa 131

X Sobre el Santísimo Sacramento 132

Oracion del Papa Urbano VIII,

traducida del latin 133

GLOSAS.

I Luego que te ví te amé 135

II Si de mis mayores gustos 137

QUINTILLAS.

A San Pedro 139

SONETOS.

I Satisfaccion cumplida 141

II En el dia de dias de un hermano

da la poetisa 142

III Con el dolor de la mortal herida 143

IV Detente, sombra de mi bien esquivo 144

V Yo no puedo tenerte ni dejarte 145

VI Yo adoro al Lisi, pero no pretendo 146

VII Al que ingrato me deja, busco

amante; 147

VIII Feliciano me adora y le aborrezco; 148

IX Fabio, en el ser de todos adoradas 149

X Miró Celia una rosa que en el

prado 150

XI A Lucrecia 151

XII A la misma 152

XIII La esposa de Pompeyo 153

XIV A Porcia 154

XV Vesme, Alcino, que atada á la cadena 155

XVI Despues de la enfermedad de la

autora. A la vireina, marquesa

de Mancera 156

XVII Consonantes forzados 157

XVIII Id. Id. 158

XIX A la esperanza 159

XX ¿Que es lo que Alcino? ¿Como tu

cordura? 160

XXI Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno 161

XXII Dices que yo te olvido, Celia, y

mientes 162

XXIII Al rey de España, con ocasion de

un acto piadoso para con el Santísimo

Sacramento 163

XXIV Firma Pilato la que juzgo agena 164

XXV A la muerte del duque de Veráguas 165

XXVI Al mismo asunto 166

XXVII En la muerte de la marquesa de

Mancera 167

XXVIII Quejas de la autora por los aplausos

de que era objeto 168

XXIX Píramo y Tisbe 169

XXX Desahogos de un celoso 170

CANCIONES.

I Sentimientos de una ausencia 171

II Satisfaccion á unos celos 175

III Sentimientos de una esposa en la

muerte de su esposo 177

IV Al mismo objeto que el anterior 180

V Divino dueño mio 184

VI Prolija memoria 186

VII Fragmentos 190

VIII Id. 122

ODAS, LIRAS Y LETRILLAS.

I En la profesion de una religiosa 193

II A la asuncion 196

III Al mismo asunto 197

IV A San Pedro 199

V De Santa Catalina mártir 201

VI Al mismo asunto (letrilla) 203

VII En la dedicacion de un templo 205

VIII Juguetillo á María 207

IX Villancicos en la fiesta de San

José 209

SILVA.

Retrato de una belleza, poesía burlesca

imitada de Jacinto Polo 211

EPIGRAMAS.

Que te dan en la hermosura 223

Los silbos (diálogo) 225

Los empeños de una casa (comedia

famosa) 227

Carta de la muy ilustre Señora Sor

Filotea de la Cruz en que aplaude

á la poetisa la honesta é hidalga

habilidad de hacer versos; mandándole

dar á la estampa la Crísis

sobre un sermon, con el título de

“Carta atenagórica” 337

Respuesta de la poetisa 343

NOTAS:

[A] Esta es sin duda equivocacion con el padre de la poetisa que fué

guipuzcoano, pues ella nació cerca de Méjico, como se verá despues. En

cuanto á las fechas del nacimiento y muerte, son exactas, en tanto que

en algunos apuntes biográficos que hemos visto, está errada la primera.

[B] De los tres tomos que tenemos á la vista, el 1.º es de una tercera

edicion hecha en Valencia en 1709; el 2.º, reimpresion tambien, se ha

hecho en Madrid en 1715, y el 3.º en la misma corte en 1714.

[C] Vivuntque commissi calores Æoliæ fidibus puellæ [Horatii. IV 9.]

[D] Nuestro malogrado amigo el estimable escritor colombiano don José

María Vergara y Vergara, en su “Historia de la literatura en Nueva

Granada,” página 176, asegura que fué don Francisco Álvarez de Velasco

y Zorrilla quien dirigió á Sor Juana Ines los dos romances que corren

entre las obras de esta como producciones de un caballero peruano;

porque segun añade el señor Vergara, “En aquellos tiempos era Perú todo

lo que no era Méjico y Antillas.” Juzgamos que el literato colombiano

padeció equivocacion, pues no cabe suponer que la sabia monja hubiese

cometido el error de confundir á la Nueva Granada con el Perú; error

creible solo en gente no instruida. Ademas, en la contestacion de

Sor Juana al primero de los citados romances se ve claramente que su

autor tenia por apellido _Navarrete_; y en la respuesta al segundo se

descubre que quien le escribió fué el _Conde de la Granja_.

Las endechas que ha copiado el señor Vergara en su obra, no corren en

ninguno de los tres tomos de las de Sor Juana, sin que por esto digamos

que no son auténticas; lo único que talvez pudiera suponerse es que

esos versos no llegaron á manos de la religiosa, á causa de lo tardio

y difícil que entónces era la correspondencia tanto entre Europa y

América, como entre las mismas colonias americanas.

El señor Vergara cita igualmente una carta de Álvarez de Velasco á

la monja; pero está datada en 1698, esto es, tres años despues de la

muerte de esta, que acaeció en 1695. O tamaña equivocacion viene de

algun error de pluma, ó bien debemos creer que las mismas dificultades

opuestas á las relaciones de pueblo á pueblo hicieron que el autor de

la carta ignorase por tan largo tiempo el fallecimiento de la ilustre

poetisa.

[E] No nos ha parecido fuera de propósito el incluirla en esta

coleccion, antes de la carta de nuestra autora.

[F] Este romance está entresacado de otras piezas escritas con igual

motivo.

[G] Murió ántes de llegar á Méjico y de muerte súbita.

[H] Alusion al suceso de Icaro.

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz · 第 17 / 17 段