Bien con muchas armas fundo

Que lidia vuestra arrogancia,

Pues en promesa é instancia

Juntais diablo, carne y mundo.

II.

_Gratitud._

Señora, si la belleza

Que en vos llego á contemplar

Es bastante á conquistar

La mas inculta dureza,

¿Por qué haceis que el sacrificio

Que debo á vuestra luz pura,

Debiéndose á la hermosura,

Se atribuya al beneficio?

Cuando es bien que glorias cante

De ser vos quien me ha rendido,

¿Quereis que lo agradecido

Se equivoque con lo amante?

Vuestro favor me condena

A otra especie de desdicha,

Pues me quitais con la dicha

El mérito de la pena;

Si no es que dais á entender

Que favor tan singular,

Aunque se puede lograr,

No se puede merecer.

Con razon, pues, la hermosura,

Aun llegada á poseerse,

Si llegara á merecerse

Dejara de ser ventura;

Que estar un digno cuidado

Con razon correspondido,

Es premio de lo servido

Y no dicha de lo amado;

Pues dicha se ha de llamar

Solo la que, á mi entender,

Ni se puede merecer,

Ni se pretende alcanzar.

Y aqueste favor excede

Tanto á todos, al lograrse,

Que no solo no pagarse,

Mas ni agradecer se puede;

Pues desde el dichoso dia

Que vuestra belleza ví,

Tan del todo me rendí

Que no me quedó accion mia.

Con lo cual, señora, muestro,

Y á decir mi amor se atreve,

Que nadie pagaros debe

Que vos honreis lo que es vuestro.

Bien sé que es atrevimiento,

Pero el amor es testigo,

Que no sé lo que me digo

Por saber lo que me siento.

Y en fin, perdonad por Dios,

Señora, que os hable así,

Que si yo estuviera en mí

No estuvierais en mí vos.

Solo quiero suplicaros

Que de mí recibais hoy,

No solo el alma que os doy,

Mas las que quisiera daros.

III.

_Un justo medio._

Dos dudas en qué escoger

Tengo, y no sé cual prefiera,

Pues vos sentis que no quiera,

Y yo sintiera querer.

Con que si á cualquiera lado

Quiero inclinarme, es forzoso,

Quedando el uno gustoso,

Quede el otro disgustado.

Si daros gusto me ordena

La obligacion, es injusto

Que, por daros á vos gusto,

Haya yo de tener pena.

Y no juzgo que habrá quien

Apruebe sentencia tal,

Como que me trate mal

Por trataros á vos bien.

Mas por otra parte siento

Que es tambien mucho rigor

Que lo que os debo en amor

Pague en aborrecimiento.

Y aun irracional parece

Este rigor, pues se infiere,

Si aborrezco á quien me quiere,

¿Qué haré con quien me aborrece?

No sé cómo despacharos,

Pues hallo al determinarme

Que amaros es disgustarme,

Y no amaros, disgustaros.

Pero dar un medio justo

En estas dudas pretendo:

Pues no queriendo, os ofendo,

Y queriendoos, me disgusto,

Esta sea la sentencia

Porque no os podais quejar:

Que entre aborrecer y amar

Se parta la diferencia;

De modo que entre el rigor

Y el llegar á querer bien,

Ni vos encontreis desden,

Ni yo pueda hallar amor.

Esto el discurso aconseja,

Pues con esta conveniencia,

Ni yo quedo con violencia,

Ni vos os partis con queja.

Y que estaremos infiero

Gustosos con lo que ofrezco,

Vos de ver que no aborrezco,

Yo de saber que no quiero.

Solo este medio es bastante

A ajustamos, si os contenta,

Que vos me logreis atenta

Sin que yo pase á lo amante.

Y así quedo, á mi entender,

Esta vez bien con los dos,

Con agradecer con vos,

Conmigo con no querer.

Que aunque á nadie llega á darse

En esto gusto cumplido,

Ver que es igual el partido

Servirá de resignarse.

IV.

_Respuesta á un caballero que dijo se ponía hermosa la mujer con solo

amar._

Silvio, tu opinion va errada,

Que en lo comun, si se apura,

No admiten por hermosura

Hermosura enamorada.

Pues si hacen de la estrañeza

El atractivo mas grato,

Es el agrio de lo ingrato

La sazon de la belleza;

Porque gozando exenciones

De perfeccion mas que humana,

La acredita soberana

Lo libre de las pasiones.

Que no se conserva bien

Ni tiene seguridad

La rosa de la beldad

Sin la espina del desden.

Mas, si el amor hace hermosas,

Pudiera escusar ufana,

Con merecer la manzana,

La contienda de las diosas.

Belleza llego á tener

De mano tan generosa,

Pues dices que seré hermosa

Solamente con querer;

Y así en la lid contenciosa

Fuera siempre la triunfante;

Que, pues nadie tan amante,

Luego nadie tan hermosa.

Mas si de amor el primor

La belleza me asegura,

Te deberé la hermosura,

Pues me causas el amor.

Del amor tuyo confío

La beldad que me atribuyo,

Porque siendo obsequio tuyo

Resulta en obsequio mio;

Pero todo satisfago

Con ofrecerte de nuevo

La hermosura que te debo

Y el amor con que te pago.

V.

_Efectos del amor._

Este amoroso tormento

Que en mi corazon se ve,

Sé que lo siento, y no sé

La causa por qué lo siento.

Siento una grave agonía

Por lograr un devaneo

Que empieza como deseo

Y pára en melancolía.

Y cuando con mas terneza

Mi infeliz estado lloro,

Sé que estoy triste, é ignoro

La causa de mi tristeza.

Siento un anhelo tirano

Por la ocasion á que aspiro,

Y cuando cerca la miro

Yo misma aparto la mano;

Porque si acaso se ofrece,

Despues de tanto desvelo,

La desazona el recelo

O el susto la desvanece.

Y si alguna vez sin susto

Consigo tal posesion,

Cualquiera leve ocasion

Me malogra todo el gusto.

Siento mal del mismo bien

Con receloso temor,

Y me obliga el mismo amor

Talvez á mostrar desden.

Cualquier leve ocasion labra

En mi pecho de manera,

Que el que imposibles venciera

Se irrita de una palabra.

Con corta causa ofendida

Suelo, en mitad de mi amor,

Negar un leve favor

A quien le diera la vida.

Ya sufrida, ya irritada,

Con contrarias penas lucho,

Que por él sufriré mucho,

Y con él sufriré nada.

No sé en qué lógica cabe

El que tal cuestion se pruebe,

Que por él lo grave es leve,

Y con él lo leve es grave.

Sin bastantes fundamentos

Forman mis tristes cuidados

De conceptos engañados

Un monte de sentimientos.

Y en aquel fiero conjunto

Hallo, cuando se derriba,

Que aquella máquina altiva

Solo estribaba en un punto.

Talvez el dolor me engaña,

Y presumo con razon

Que no habrá satisfaccion

Que pueda templar mi saña.

Y cuando á averiguar llego

El agravio porque riño,

Es como espanto de niño

Que pára en burlas y juego.

Y aunque el desengaño toco,

Con la misma pena lucho,

De ver que padezco mucho

Padeciendo por tan poco.

A vengarse se avalanza

Talvez el alma ofendida,

Y despues arrepentida

Toma de mí otra venganza.

Y si al desden satisfago,

Es con tan ambiguo error,

Que yo pienso que es rigor

Y se remata en halago.

Hasta el labio desatento

Suele equívoco talvez,

Por usar de la altivez,

Encontrar el rendimiento.

Cuando por soñada culpa

Con mas enojo me incito,

Yo le acrimino el delito

Y le busco la disculpa.

No huyo el mal ni busco el bien,

Porque en mi confuso error,

Ni me asegura el amor,

Ni me despecha el desden.

En mi ciego devaneo,

Bien hallada con mi engaño,

Solicito el desengaño

Y no encontrarlo deseo.

Si alguno mis quejas oye,

Mas á decirlas me obliga

Porque me las contradiga,

Que no porque las apoye.

Porque si con la pasion

Algo contra mi amor digo,

Es mi mayor enemigo

Quien me concede razon.

Y si acaso en mi provecho

Hallo la razon propicia,

Me embaraza la justicia,

Y ando cediendo el derecho.

Nunca hallo gusto cumplido,

Porque entre alivio y dolor,

Hallo culpa en el amor

Y disculpa en el olvido.

Esto de mi pena dura

Es algo del dolor fiero,

Y mucho mas no refiero

Porque pasa de locura.

Si acaso me contradigo

En este confuso error,

Aquel que tuviere amor

Entenderá lo que digo.

VI.

_Pidiendo versos á un caballero que se escusaba de hacerlos._

Mis quejas pretendo dar

En estilo tosco y llano,

Que el hablar muy cortesano

No es término de cobrar.

Y es bien que el ardid deshaga

De quien con tanta malicia

Me concede la justicia

Para negarme la paga.

Pues con intencion doblada,

Solo por hacerme mal,

Con tan notorio caudal

Me dice no tiene nada.

Que la mitad me ha entregado,

Dice con malicia y arte,

Que no tengo ni aun la parte,

Pues no me dan el traslado:

Y á tanta malicia llega,

Malicia tan conocida,

Que me niega la partida

Y la venida me niega.

¡Oh cuánta justicia fuera

Si se viera á buena luz,

Si ántes le daba la cruz,

Que ahora se la pusiera!

Mas porque de mí no infiera

Que á negar tambien me atrevo,

Ahí va el romance que debo,

Y dóilo, aunque no debiera.

Que es fácil de discurrir,

Cuando lo llegue á entregar,

Pues, no me queda qué dar,

Que me queda qué pedir.

VII.

_Escusándose de un silencio._

Pedirte, señora, quiero

De mi silencio perdon,

Si lo que ha sido atencion

Le hace parecer grosero.

Y no me podrás culpar

Si hasta aquí mi proceder,

Por ocuparse en querer,

Se ha olvidado de esplicar;

Que en mi amorosa pasion

No fué descuido ni mengua

Quitar el uso á la lengua

Por dárselo al corazon.

Ni de explicarme dejaba,

Que como la pasion mia

Acá en el alma te via,

Acá en el alma te hablaba;

Y en esta idea notable

Dichosamente vivia,

Porque en mi mano tenia

El fingirte favorable.

Con traza tan peregrina

Vivió mi esperanza vana,

Pues te pudo hacer humana

Concibiéndote divina.

¡Oh cuán loca llegué á verme

En tus dichosos amores!

Que aun fingidos tus favores

Pudieron enloquecerme.

¡Oh còmo en tu sol hermoso

Mi ardiente afecto encendido,

Por cebarse en lo lucido,

Olvidó lo peligroso!

Perdona si atrevimiento

Fué acercarme á tu ardor puro,

Que no hay sagrado seguro

De culpas de pensamiento.

De esta manera engañaba

La loca esperanza mia,

Y dentro de mí tenia

Todo el bien que deseaba.

Mas ya tu precepto grave

Rompe mi silencio mudo;

Que él solamente ser pudo

De mi respeto la llave.

Y aunque el amar tu belleza

Sea delito sin disculpa,

Castígueseme la culpa

Primero que la tibieza.

No quieras pues rigurosa,

Que estando ya declarada,

Sea devéras desdichada

Quien fué de burlas dichosa.

Si culpas mi desacato,

Culpa tambien tu licencia,

Que si es mala mi obediencia,

No fué justo tu mandato.

Y si es culpable mi intento,

Será mi afecto precito,

Porque es amarte un delito

De que nunca me arrepiento.

Esto en mis afectos hallo,

Y más que esplicar no sé;

Mas tú de lo que callé

Inferirás lo que callo.

VIII.

_Del retrato de una bella._

(FRAGMENTOS.)

Accion, Lisi, fué acertada

El permitir retratarte,

Pues ¿quién pudiera mirarte

Si no es estando pintada?

Como de Febo el reflejo

Es tu hermoso rosicler,

Que para poderlo ver

Lo miran en un espejo.

***

Pues la fuerza superior

Que se emplea en un rendido,

Es disculpa del vencido

Y afrenta del vencedor.

No es la malla ni el escudo

Señal de valor subido,

Porque un pecho bien vestido

Muestra un corazon desnudo;

Y del muy armado infiero

Que con recelo y temor

Se desnuda del valor

Cuando se viste de acero;

Así era hacer injusticia

A tu decoro y grandeza,

Si triunfara tu belleza

Donde basta tu noticia.

Amor hecho tierno Apéles,

En tan divina pintura,

Para pintar tu hermosura

Hizo las flechas pinceles.

***

Y no fué de Amor locura

Cuando te intentó copiar,

Pues quererte eternizar

No fué agraviar tu hermosura.

***

Pues es rigor, si se advierte,

Que en tu copia singular

Estes capaz de matar

E incapaz de condolerte.

***

¡Oh tú, bella copia dura

Que ostentas tanta crueldad!

Concédete á la piedad,

O niégate á la hermosura.

¿Cómo, divino imposible,

Siempre te muestras airada,

Para dar muerte, animada,

Para dar vida, insensible?

¿Porqué, hermosa pesadumbre

De una humilde voluntad,

Ni dejas la libertad,

Ni aceptas la servidumbre?

Pues porque en mi pena entiendas

Que no es amarte servicio,

Violentas el sacrificio

Y no agradeces la ofrenda.

Desprecia siquiera, dado

Que aun eso tendré por gloria,

Porque el desden ya es memoria,

Y el desprecio ya es cuidado.

Mas ¿cómo piedad espero,

Si descubro en tus rigores

Que con un velo de flores

Cubres un alma de acero?

De Lisi imitas las raras

Facciones, y en el desden

¿Quién pensara que tambien

Su condicion imitaras?

¡Oh Lisi! de tu belleza

Contempla la copia dura,

Mucho mas que en la hermosura

Parecida en la dureza!

***

IX.

_En la profesion de una religiosa._

Hoy una niña, que abrasa

Un amoroso volcan,

Sin mirar el qué dirán,

Por el vicario se casa.

Su recato comedido

Paró en empeño amoroso,

Porque dice que su esposo

Entre puertas la ha cogido.

Hoy logra su fino intento,

Que ha sido tan deseado,

Pues un año há que le ha dado

Palabra de casamiento.

No digo yo que esta es cosa

Con que su virtud se impida,

Que ántes pasará una vida

Como de una religiosa;

Porque es el con quien se casa

Da condicion tan precisa,

Que ni aun para que oiga misa

La deja salir de casa.

Pero causa novedad,

Aunque es tan santo el intento,

Ver que pare en casamiento

Su voto de castidad.

De su esposo los primores

Su corazon abrasaron,

Y por mas que la encerraron,

Se nos casa por amores.

X.

_Sobre ti Santísimo Sacramento._

En el Sacramento ve

A Dios mi fe sin antojos,

Porque no hacen fe los ojos,

Pero se hace ojos la fe.

En esta divina ofrenda

Fué del amor mas victoria

Dar la prenda de la gloria

Con la gloria de la prenda.

Del alma es solo alimento,

Y así guia mi fervor

El sustento del amor,

Y no el amor del sustento.

Aquí crece la aficion,

Y es, si en posesion la veo,

La posesion del deseo

Deseo de posesion.

Pues tal delito á dar viene

Que por mas que la posea,

Quien tiene lo que desea

Desea aquello que tiene.

Llegad, pues en su favor

Todos los bienes se ven;

Que el amor del Sumo Bien

Es sumo bien del amor.

Llegó el hombre á la grandeza

Que no alcanza el serafin,

Y en la fineza del fin

Vido el fin de la fineza.

ORACION

DEL PAPA URBANO VIII, TRADUCIDA DEL LATIN.

Ante tus ojos benditos

Las culpas manifestamos,

Y las heridas mostramos

Que hicieron nuestros delitos.

Si el mal que hemos cometido

Viene á ser considerado,

Menor es lo tolerado,

Mayor es lo merecido.

La conciencia nos condena

No hallando en ella disculpa,

Que respecto de la culpa

Es muy liviana la pena.

Del pecado el duro azar

Sentimos que padecemos,

Y nunca enmendar queremos

La costumbre del pecar.

Cuando en tus azotes suda

Sangre la naturaleza,

Se rinde nuestra flaqueza

Y la maldad no se muda.

Cuando el pecado amancilla

Con fiera herida la mente,

Padece el alma doliente

Y la cerviz no se humilla.

La vida, suelta la rienda

En su acostumbrado error,

Suspira con el dolor

Y en el obrar no se enmienda.

Pues entre los dos estremos,

En cualquiera peligramos:

Si esperas, no la enmendamos;

Si te vengas, nos perdemos.

De la afliccion el quebranto

Nos obliga á contricion,

Y en pasando la afliccion

Se olvida tambien el llanto.

Cuando tu castigo empieza,

Promete el temor humano;

Y en suspendiendo la mano,

No se cumple la promesa.

Cuando nos hieres, clamamos

Que el perdon nos des que puedes;

Y así que nos lo concedes,

Otra vez te provocamos.

Tienes á la humana gente

Convicta en su confesion,

Que si no la das perdon,

La acabarás justamente.

Concede el humilde ruego

Sin mérito á quien criaste,

Tú que de nada formaste

A quien te rogara luego.

[Illustration]

GLOSAS.

I.

Luego que te ví te amé,

Porque amarte y ver tu cielo,

Bien pudieran ser dos cosas,

Pero ninguna primero.

De mi vida la conquista

Tuvo término en quererte,

Y porque jamas resista,

Celia, hasta llegar á verte

Solamente tuve vista;

Pero aunque luego te amé,

Como para que te amara

Necesario el verte fué,

Porque vista no faltara,

_Luego que te ví te amé_.

Pero viendo mi ardimiento,

Señora, tu tiranía

Quiso con rigor sangriento

Castigar como asadía

Lo que en mí fué rendimiento.

Ofendióte mi desvelo,

Mas no porque mi destino

Incitado de mi anhelo

Ofenderte quiso, sino

_Por amarte y ver tu cielo_.

Y el no querer estimar

Fué por no dar á entender

Que yo te pude obligar,

Como si el agradecer

Fuera lo mismo que amar;

Que el mostrarse las hermosas.

En ocasion oportuna

Ya obligadas, ya amorosas,

Aunque casi siempre es una,

_Bien pudieran ser dos cosas_.

Mas con razon estás dura,

Pues para tenerme atado

En mi amorosa locura,

Era superfluo tu agrado,

Sobrándome tu hermosura;

Y así justamente espero

En tu servicio finezas,

Pues que tiene el mundo infiero

Despues de ti mil bellezas,

_Pero ninguna primero_.

II.

Si de mis mayores gustos

Mis disgustos han nacido,

Gustos al cielo le pido,

Aunque me cuesten disgustos.

¡Oh qué mal, Fabio, resiste

Mi amor mi suerte penosa!

Pues la estrella que me asiste,

De una causa muy gustosa

Produce un efecto triste:

Porque los pesados sustos

Que padezco desiguales

En mis pesares injustos,

No nacieron de mis males,

_Sí de mis mayores gustos_.

Y de manera me ordena

Los sucesos mi desdicha,

Que, segun los encadena,

Lo futuro de una dicha

Es posesion de una pena.

Todo lo debo á Cupido;

Pues de un favor que me dá,

Que es siempre de prometido,

Aun no está engendrado, y ya

_Mis disgustos han nacido_.

Y aun han hecho efectos tales

De mi estrella los desdenes

Con efectos desiguales,

Que aborrezco ya los bienes

Como á causas de mis males.

Y así no llora el sentido

El ver que carezco aquí

De las dichas que he tenido,

Porque solo para tí

_Gustos al cielo le pido_.

Pues te quiero de manera

Y el bien amí me limito,

Que al cielo le agradeciera,

Si el gusto que à mí me quito

A tí, Fabio, te le diera.

Estimo tanto tus gustos,

Que sin mirar mi pesar,

O sean justos, ò injustos,

Tus gustos he de comprar

_Aunque me cuesten disgustos_.

[Illustration]

QUINTILLAS.

_A San Pedro._

Cual sumulista pretendo

Iros, Pedro, replicando;

Y pues vos, á lo que entiendo,

Hicisteis juicio negando,

Yo haré discurso infiriendo.

¿Quién os trajo á tanto mal,

Que al mismo que ántes altivo

Con ánimo sin igual

Confesasteis por Dios vivo,

Negais por hombre mortal?

Dejadme, pues, que me asombre

Que al Hijo del hombre allí

Le deis de Dios el renombre,

Y al Hijo de Dios aquí

Le negueis conocer hombre.

Mirad que en otra ocasion,

Como es Dios-hombre compuesto

Por ipostática union,

Para negar el supuesto

No os vale la distincion.

Mal lógico, Pedro, estais,

Pues cuando á Dios conoceis

Y por tal le confesais,

Antes se lo concedeis

Y ahora se lo negais.

Dicen que las señas son

Las que os hacen mas patente,

Y, sin mirar la ilacion,

Dejando el antecedente,

Le negais la conclusion.

Si de una muger la ciencia

Tiene razones precisas,

Mirad, Pedro, que es violencia,

Concedidas las premisas,

Negarle la consecuencia.

¿Quién de vos, Pedro, dijera

Siendo de ciencia un abismo,

Que el argumento temiera,

Pues el Evangelio mismo

Dice qué os hicisteis fuera?

Mejor las razones hila

Vuestro acero, sin misterio,

Pues cuando su corte afila

Contra Malco, arguye en _ferio_

Y en _cœlarem_ con la _ancilla_.

Vuestros brios arrogantes

Negaron con juramento

El que le servísteis ántes;

Pues, Pedro, no hay argumento

Contra _principia negantes_.

Mas ya veo que advertido,

Viendo el caso sin remedio,

Llorais como arrepentido;

Que es el arte de hallar medio

De no quedar concluido.

[Illustration]

SONETOS.

I.

_Satisfaccion cumplida._

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,

Como en tu rostro y tus acciones via

Que con palabras no te convencia,

Que el corazon me vieses deseaba;

Y amor, que mis intentos ayudaba,

Venció lo que imposible parecía,

Pues entre el llanto que el dolor vertia

El corazon deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste;

No te atormenten mas celos tiranos,

Ni vil sospecha tu quietud contraste

Con sombras necias, son indicios vanos,

Pues ya en líquido humor viste y tocaste

Mi corazon deshecho entre tus manos.

II.

_En el dia de dias de un hermano de la poetisa._

¡Oh quien, amado Anfriso, te ciñera

Del mundo las coronas poderosas!

Que á coronar tus prendas generosas

El círculo del orbe corto fuera.

¡Quién para eternizarte hacer supiera

Mágicas confecciones poderosas,

O tuviera las yerbas milagrosas

Que feliz gustó Glauco en la ribera!

Mas aunque no halla medio mi cuidado

Para que goces de inmortal la palma,

Otro mas propio mi cariño ha hallado

Que el curso de tu vida tenga en calma:

Pues juzgo que es el mas proporcionado

De alargarte la vida, darte mi alma.

III.

Con el dolor de la mortal herida

De un agravio de amor me lamentaba,

Y por ver si la muerte se llegaba

Procuraba que fuese mas crecida.

Toda en el mal el alma divertida

Pena por pena su dolor sumaba,

Y en cada circunstancia ponderaba

Que sobraban mil muertes á una vida.

Y cuando al golpe de uno y otro tiro

Pendido el corazon daba penoso

Señas de dar el último suspiro,

No sé con qué destino prodigioso

Volví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?

¿Quién en amor ha sido mas dichoso?

IV.

¡Detente, sombra de mi bien esquivo!

¡Imágen del hechizo que mas quiero!

¡Bella ilusion por quien alegre muero!

¡Dulce ficcion por quien penosa vivo!

Si al iman de tus gracias atractivo

Sirve mi pecho de obediente acero,

¿Para qué me enamoras lisongero,

Si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho

De que triunfa de mí tu tirania;

Que aunque dejas burlado el lazo estrecho

Que tu forma fantástica ceñia,

Poco importa burlar brazos y pecho

Si te labra prision mi fantasía.

V.

Yo no puedo tenerte ni dejarte,

Ni sé por qué al dejarte ó al tenerte

Se encuentra un no sé qué para quererte,

Y muchos sí sé qué para olvidarte.

Pues ni quieres dejarme ni enmendarte,

Yo templaré mi corazon de suerte

Que la mitad se incline á aborrecerte,

Aunque la otra mitad se incline á amarte.

Si ello es fuerza querernos, haya modo,

Que es morir el estar siempre riñendo:

No se hable mas de celo ni sospecha,

Y quien da la mitad no quiera todo;

Y cuando me la estás allá haciendo,

Sabe que estoy haciendo la deshecha.

VI.

Yo adoro á Lisi, pero no pretendo

Que Lisi corresponda á mi fineza,

Pues si juzgo posible su belleza,

A su decoro y mi aprehension ofendo.

No emprender solamente es lo que emprendo,

Pues sé que á merecer tanta grandeza

Ningun mérito basta, y es simpleza

Obrar contra lo mismo que yo entiendo.

Como cosa concibo tan sagrada

Su beldad, que no quiere mi osadía

A la esperanza dar ni aun leve entrada;

Que, cediendo á la suya mi alegria,

Por no llegarla á ver mal empleada

Aun pienso que sintiera verla mia.

VII.

Al que ingrato me deja, busco amante;

Al que amante me sigue, dejo ingrata;

Constante adoro á quien mi amor maltrata;

Maltrato á quien mi amor busca constante.

Al que trato de amor, hallo diamante,

Y soy diamante al que de amor me trata;

Triunfante quiero ver al que me mata,

Y mato á quien me quiere ver triunfante.

Si á este pago, padece mi deseo;

Si ruego á aquel mi pundonor enojo:

De entrambos modos infeliz me veo.

Pero yo por mejor partido escojo,

De quien no quiero ser violento empleo,

Que de quien no me quiere vil despojo.

VIII.

Feliciano me adora, y le aborrezco;

Lisardo me aborrece, y yo le adoro;

Por quien no me apetece, ingrato, lloro;

Y al que tierno me llora, no apetezco.

A quien mas me desdora el alma ofrezco.

A quien me ofrece víctimas, desdoro;

Desprecio al que enriquece mi decoro,

Y al que le hace desprecios, enriquezco.

Si con mi ofensa al uno reconvengo,

Me reconviene el otro á mí ofendido,

Y á padecer de entrambos modos vengo;

Pues ambos atormentan mi sentido,

Aquese con pedir lo que no tengo,

Y aqueste en no tener lo que le pido.

IX

Fabio, en el ser de todos adoradas

Son todas las beldades ambiciosas,

Porque tienen sus aras por ociosas

Si no las ven de víctimas colmadas;

Y así, si de uno solo son amadas,

Viven de la fortuna querellosas,

Porque piensan que mas que ser hermosas

Constituye deidad el ser rogadas.

Mas yo soy en aquesto tan medida,

Que en viendo á muchos mi atencion zozobra,

Y solo quiero ser correspondida

De aquel que de mi amor reditos cobra;

Porque es la sal del gusto ser querida,

Y daña lo que falta y lo que sobra.

X.

Miró Celia una rosa que en el prado

Ostentaba feliz su pompa vana,

Y con afeites de carmin y grana

Bañaba alegre el rostro delicado;

Y dijo: Goza sin temor del hado

El curso breve de tu edad lozana;

Pues no podrá la muerte de mañana

Quitarte lo que hubieres hoy gozado.

Y aunque llega la muerte presurosa

Y tu fragante vida se te aleja,

No sientas el morir tan bella y moza;

Mira que la esperiencia te aconseja

Que es fortuna morirte siendo hermosa,

Y no ver el ultraje de ser vieja.

XI.

_A Lucrecia._

¡Oh famosa Lucrecia! gentil dama

De cuyo desgarrado noble pecho

Salió la sangre que extinguió, á despecho

Del rey injusto, la lasciva llama!

¡Oh con cuánta razon el mundo aclama

Tu virtud! pues por premio de tal hecho

Aun es para tus sienes cerco estrecho

La amplísima corona de tu fama.

Pero si el modo de tu fin violento

Puedes borrar del tiempo y sus anales,

Quita la punta del puñal sangriento

Con que pusiste fin á tantos males,

Que es mengua de tu honrado sentimiento

Decir que te valiste de puñales.

XII.

_A la misma._

Intenta de Tarquino el artificio

A tu pecho, Lucrecia, dar batalla:

Ya amante llora, ya modesto calla,

Ya ofrece toda el alma en sacrificio.

Y cuando piensa ya que mas propicio

Tu pecho á tanto imperio se avasalla,

El premio, como Sísifo, que halla

Es empezar de nuevo el ejercicio.

Arde furioso y la amorosa tema

Crece en la resistencia de tu honra,

Con tanta privacion mas obstinada.

¡Oh providencia de deidad suprema!

Tu honestidad motiva tu deshonra,

Y tu deshonra te eterniza honrada.

XIII.

_La esposa de Pompeyo._

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz · 第 7 / 17 段