Un retazo de Virgilio,
Que cercenó desvelado,
Porque lo escribió dormido;
Talía me dió unas nesgas
Que sobraron de un corpiño
De una tabernaria Escena
Cuando la ajustó el vestido;
Melpómene una bayeta
De una elegía que hizo
Séneca, y que á Héctor sirvió
De funesto frontispicio;
Urania, musa estrellera,
Un astrolabio en que vido
Las maulas de los planetas
Y las tretas de los signos;
Y así todas las demas,
Que con pecho compasivo
Vestir al soldado pobre
Quisieron jugar conmigo.
Ya os he dicho lo que soy,
Ya he contado lo que he sido;
No hay mas que lo dicho, si
En algo vale mi dicho.
Con que se sigue que no
Puedo ser objeto digno
De los tan mal empleados
Versos, cuanto bien escritos.
Y esto no es humildad, porque
No es mi genio tan bendito
Que no tenga mas filaucia
Que cuatrocientos Narcisos.
Mas no es tan desbaratado,
Aunque es tan desvanecido,
Que presuma que merece
Lo que nadie ha merecido.
De vuestra alabanza objeto
No encuentro, en cuantos he visto,
Quien pueda serlo, si ya
No se celebrare él mismo.
Si Dios os hiciera humilde
Como tan discreto os hizo,
Y os ostentáseis de claro
Como campais de entendido,
Yo en mi lógica vulgar
Os pusiera un silogismo,
Que os hiciera confesar
Que este fué solo el motivo;
Y que cuando en mí empleais
Vuestro ingenio peregrino,
Es manifestar el vuestro
Mas que celebrar el mio.
Conque quedándose en vos
Lo que es solo de vos digno,
Es una accion inmanente,
Como verbo intransitivo;
Así yo no os agradezco,
Pues solo quedo al oiros
Deudora de lo enseñado,
Pero no de lo aplaudido.
Y así sabed que no estorba
El curioso laberinto
En que, Dédalo escribano,
Vuestro nombre ocultar quiso;
Aunque se quedó encerrado,
Tiene tan claros indicios,
Que si no es el _Mino-Tauro_,
Se conoce el _Paulo-minus_.
Pues si la combinatoria,
En que á veces _kirkerizo_,
En el cálculo no engaña,
Y se yerra en el guarismo.
Uno de los anagramas
Que salen con mas sentido
De su volumosa suma
Que ocupara muchos libros,
Dice... Lo diré? Mas temo
Que os enojaréis conmigo,
Si del título os descubro
La fe, como del bautismo.
Mas ¿cómo podré callarlo,
Si he comenzado á decirlo,
Y un secreto ya revuelto
Puede dar un tabardillo?
Así, para no tenerle,
Diré lo que dice, y digo
Que es el _Conde de la Granja_.
_Laus Deo._ Lo dicho, dicho.
[Illustration]
XXI.
_En reconocimiento á los autores europeos que elogiaron los versos de la
poetisa._
(Fragmentos.)
***
¿De dónde á mí tanto elogio?
¿De dónde á mí encomio tanto?
¿Tanto pudo la distancia
Añadir á mi retrato?
¿De qué estatura me haceis?
¿Qué coloso habéis labrado,
Que desconoce la altura
Del original lo bajo?
No soy yo la que pensais,
Sino es que allá me habeis dado
Otro ser en vuestras plumas,
Y otro aliento en vuestros labios;
Y diversa de mí misma
Entre vuestras plumas ando,
No como soy, sino como
Quisísteis imaginarlo.
A regiros por informes,
No me hiciera asombro tanto,
Que ya sé cuanto el afecto
Sabe agrandar los tamaños;
Pero si de mis borrones
Vísteis los humildes rasgos,
Que del tiempo mas perdido
Fueron ocios descuidados,
¿Qué os pudo mover á aquellos
Mal merecidos aplausos?
¿Así puede á la verdad
Arrastrar lo cortesano?
A una ignorante mujer,
Cuyo estudio no ha pasado
De ratos á la precisa
Ocupación mal hurtados,
***
¿Se dirigen los elogios
De los ingenios mas claros
Que en púlpitos y en escuelas
El mundo venera sabios?
¿Cuál fué la ascendiente estrella
Que, dominando los astros,
A mí os ha inclinado, haciendo
Lo violento voluntario?
¿Qué mágicas infusiones
De los indios herbolarios
De mi patria, entre mis letras
El hechizo derramaron?
¿Qué proporcion de distancia
El sonido modulando
De mis versos, hacer pudo
Cónsono lo destemplado?
¿Qué siniestras perspectivas
Dieron aparente ornato
Al cuerpo compuesto solo
De unos mal distintos trazos?
¡Oh cuántas veces, oh cuántas,
Entre las ondas de tantos
No merecidos loores,
Elogios mal empleados!
¡Oh cuántas encandilada
En tanto golfo de rayos,
O hubiera muerto Faetonte,
O Narciso, peligrado,
A no tener en mí misma
Remedio tan á la mano,
Como el conocerme, siendo
Lo que los pies para el pavo!
Vergüenza me ocasionais
Con haberme celebrado,
Porque sacan vuestras luces
Mis faltas á lo mas claro.
Vosotros me concebísteis
A vuestro modo, y no estraño
Lo grande, que esos conceptos
Por fuerza han de ser milagros.
La imágen de vuestra idea
Es la que habeis alabado,
Y siendo vuestra es bien digna
De vuestros mismos aplausos.
¡Celebrad ese de vuestra
Propia aprension simulacro,
Para que en vosotros mismos
Se vuelva á quedar el lauro!
***
[Illustration]
XXII.
(FRAGMENTOS.)
***
Si es lícito y aun debido
Este cariño que tengo,
¿Por qué me han de dar castigo
Porque pago lo que debo?
¡Oh cuánta fineza! oh cuántos
Cariños he visto tiernos!
Que amor que se tiene en Dios
Es calidad sin opuestos.
De lo lícito no puede
Hacer contrarios conceptos,
Porque es amor que al olvido
No puede vivir espuesto.
Yo me acuerdo (oh nunca fuera!)
Que he querido en otro tiempo,
Lo que paso de locura
Y lo que excedió de estremo.
Mas como era amor bastardo
Y de contrarios compuesto,
Fué fácil desvanecerse
De achaque de su ser mesmo;
Mas ahora ¡ay de mí! está
Tan en su natural centro,
Que la virtud; razón
Son quien aviva su incendio.
***
¡Oh humana flaqueza nuestra
A donde el mas puro afecto
Aun no sabe desnudarse
Del natural sentimiento!
Tan precisa es la apetencia
Que á ser amados tenemos,
Que aun sabiendo que es inútil
Nunca dejarla sabemos.
Que corresponda á mi amor
Nada añade; mas no puedo,
Por mas que lo solicito,
Dejar yo de apetecerlo.
Si es delito, ya lo digo;
Si es culpa, ya la confieso;
Mas no puedo arrepentirme
Por mas que hacerlo pretendo.
Bien ha visto quien penetra
Lo interior de mis secretos,
Que yo misma estoy forjando
Los dolores que padezco;
Bien sabe que soy yo misma
Verdugo de mis deseos,
Pues muertos entre mis ansias
Tienen sepulcro en mi pecho.
Muero ¡quién creyera! á manos
Del objeto que mas quiero,
Y el motivo de matarme
Es el amor que le tengo.
Así alimentando triste
La vida con el veneno,
La misma muerte que vivo
Es la vida con que muero,
Pero valor, corazon,
Porque á tan dulce tormento,
En medio de cualquier suerte
No dejar de amar protesto!
XXIII
_Fragmento del auto historial “El cetro de Josef”. La mujer de Putifar á
Josef._
Espera, galan hebreo,
Y si á obligarte no bastan
Las prendas de mi belleza,
Los adornos de mi gracia;
Si en los rizos de mi pelo
Los tesoros de la Arabia
No te aprisionan, porque
Son en fin cadenas blandas;
Si de mis ojos los rayos,
Si de mi frente la plata,
Si en mi boca los rubíes,
Si en mis mejillas el nácar
No te mueven ni te incitan,
Ni á que me enamores bastan,
Porque son prendas caducas
Que pagan al tiempo parias,
Muévate una alma rendida,
Que los tesoros del alma
No pagan pension al tiempo
Ni tributo á las mudanzas.
No huyas, Josef, espera,
Vuelve siquiera la cara;
Mírame, que con la vista
Tu fidelidad no manchas.
Vuelve los ojos. _Josef._--No quiero,
Que quien la vista no guarda,
No guardará el corazon,
Pues abre su puerta franca.
Lo que no le es al deseo
Lícito, no es bien que haga
Lícito á mis ojos yo;
Que aunque el precepto no caiga
Sobre el ver, como la vista
Ministra especies al alma
Que despierten el deseo
Y que susciten su llama,
Si yo una vez las recibo,
Será imposible borrarlas
Y difícil resistirlas;
Y es muy necia confianza
Que yo mismo á mi enemiga
Admita dentro de casa.
_Muj._ Pues ingrato, vive el cielo,
Que supuesto que no bastan
La terneza, ni el cariño
A tu condicion ingrata,
La ha de vencer la violencia,
Y así de esta suerte..._Josef._--Aparta!
Suéltame! _Mujer._--Cómo soltarte?
Primero..._Josef._--El cielo me valga!
_Profecía._ Ya te vale, porque el cielo
Nunca á quien le invoca falta.
Huye, Josef; porque Dios
Solo á quien se guarda, guarda.
_Muj._ Huyó el ingrato! y dejóme
Solo en las manos la capa.
Qué nuevo furor me incita?
Ya todo el amor es rabia!
***
XXIV.
_Lucha entre la virtud y la costumbre._
Miéntras la gracia me excita
Por elevarme á la esfera,
Mas me abate á lo profundo
El peso de mis miserias.
La virtud y la costumbre
En el corazon pelean,
Y el corazon agoniza
En tanto que lidian ellas.
Y aunque es la virtud tan fuerte,
Temo que talvez la venza,
Que es muy grande la costumbre,
Y está la virtud muy tierna.
Oscurécese el discurso
En tan confusas tinieblas;
Pues ¿quién podrá darme luz,
Si está la razon á ciegas?
De mí mesma soy verdugo
Y soy cárcel de mí mesma:
¿Quién vió que pena y penante
Una propia cosa sean?
Causo disgusto á lo mismo
Que mas agradar quisiera,
Y del disgusto que doy
En mí resulta la pena.
Amo á Dios y siento en Dios,
Y hace mi voluntad mesma
De lo que es alivio, cruz,
Del mismo puerto, tormenta.
Padezca, pues Dios lo manda;
Mas de tal manera sea,
Que si son las penas culpas,
No sean culpas las penas.
[Illustration]
XXV.
_Elogio de María en el misterio de la Encarnacion._
Que hoy bajó Dios á la tierra,
Es cierto: pero mas cierto
Es que bajando á María
Bajó Dios á mejor cielo.
Por obediencia del Padre
Se vistió de carne el Verbo;
Mas tal que le pudo hacer
Comodidad el precepto.
Conveniencia fué de todos
Este divino misterio,
Pues el hombre de fortuna
Mejoró, y Dios de asiento.
Su sangre le dió María
A logro, porque á su tiempo
La que recibe encarnando
Restituya redimiendo.
Un arcángel á pedir
Bajó su consentimiento,
Guardándole en ser rogada
De reina los privilegios.
¡Oh grandeza de María!
Que cuando usa el Padre Eterno
De dominio con su Hijo,
Use con ella de ruego!
XXVI.
_Ave Regina cælorum._
¡Salve, Reina de los cielos,
Y de los ángeles reina!
¡Salve de Jesé raiz
Y de la luz clara puerta!
Gózate, Vírgen gloriosa,
Sobre todas las mas bella;
Vive la mas exaltada,
Y por nos á Cristo ruega.
Para cantarte alabanzas
Da dignidad á mi lengua,
Y contra tus enemigos
Dame tu virtud y fuerza.
Y tú, Señor poderoso,
Concedédle por defensa
El presidio de tu Madre
A la fragilidad nuestra,
Para que con el auxilio
De su maternal clemencia
De nuestras iniquidades
Levantemos la cabeza.
XXVII.
_A Cristo sacramentado, en el dia de la comunion._
Amante dulce del alma,
Bien soberano á que aspiro,
Tú que sabes las ofensas
Castigar á beneficios;
Divino iman en que adoro,
Hoy que propicio te miro,
Que me influyes la osadía
De poder llamarte mio;
Hoy que en union amorosa
Imaginó tu cariño
Que si no estabas en mí,
Era poco estar conmigo;
Hoy que para examinar
El amor con que te sirvo,
Al corazon en persona
Has penetrado tú mismo:
Pregunto ¿es amor ó celos
Tan cuidadoso escrutinio?
Que quien lo registra todo,
Da de sospechar indicios.
Mas ¡ay bárbara ignorante!
Y ¡qué de errores he dicho,
Como si el estorbo humano
Obstara al Lince divino!
Para ver los corazones
No has menester asistirlos,
Que para tí son patentes
Las entrañas del abismo.
Con una intuicion presente
Tienes en vuestro registro
El infinito pasado
Hasta el presente finito;
Luego no necesitabas
Para ver el pecho mio,
Si lo estás mirando sabio,
Entrar á mirarlo fino.
XXVIII
_A San Pedro._
Del descuido de una culpa
Un gallo, Pedro, os avisa;
Que un irracional reprende
A quien la razon olvida.
¡Qué poco la Providencia
De instrumentos necesita,
Pues á un apóstol convierte
Con lo que un ave predica!
Exámen fué vuestra culpa
Para vuestra prelacía,
Que peligra de muy recto
Quien de frágil no peligra.
Tímido mueve el impulso
De la mano compasiva
Quien en su castigo propio
Tiene del dolor noticia.
En las agenas flaquezas
Siempre la vuestra se os pinta,
Y el estruendo del que cae
Os recuerda la caida.
Así templan vuestros ojos
Con la piedad la justicia,
Cuando lloran como reos
Lo que como jueces miran.
XXIX
_A Santa Catarina mártir._
(FRAGMENTOS.)
Un áspid al blanco pecho
Aplicó amante Cleopatra:
¡Oh que escusado era el áspid
A donde el amor estaba!
***
El pecho ofrece al veneno
La valerosa gitana.
Que no siente herir el cuerpo
La que tiene herida el alma.
Amor y valor imita,
Pero mejora la causa
Catarina, porque sea
La imitación con ventaja:
Porque no triunfase Augusto
De la beldad soberana
Se mata Cleopatra, y precia
Mas que la vida la fama.
Así Catarina heróica
Tiende la ebúrnea garganta
Al filo, porque el infierno
No triunfe de su constancia.
Infamia en Cleopatra ó muerte
La dulce vida amenazan;
Pero ella elige por ménos
Mal la muerte que la infamia.
Así mejor Catarina
A las cortantes navajas
Ofrece los miembros bellos,
Y al triunfo aspira gallarda.
_En la profesion de una religiosa._
¿Qué puede escribir la pluma
De asunto tan soberano,
Si por mas que se remonte
Siempre se le va por alto?
Vosotros siempre felices,
Celestiales cortesanos,
Que de tan glorioso triunfo
Gozais el eterno lauro,
La piedad de vuestro Rey
Celebrad con dulce canto,
Que de unirse á una criatura
Amoroso se ha dignado.
Y vos, poderoso Rey,
Que en vuestro tálamo sacro,
La que esclava rescatásteis
Esposa habeis coronado;
Pues tanto os preciais de amante
Y ostentais de tan bizarro,
Que haceis gala lo rendido
Y primor lo enamorado,
Conservadla en tal grandeza,
Sin que los viles humanos
Bajos vapores se atrevan
A empañar candores tantos.
[Illustration]
DECIMAS.
I.
_A una rosa._
(ALEGORIA.)
Cuida tu candor, que apura
Al alba el primer albor;
Pues tanto el riesgo es mayor,
Cuanto es mayor la hermosura.
No vivas de ella segura,
Que si consientes errada
Que te corte mano osada
Por gozar beldad y olor,
En perdiéndose el color
Tambien serás desdichada.
¿Ves á aquel que mas indicia
De seguro en su fineza?
Pues no estima la belleza
Mas de en cuanto la codicia.
Huye su astuta caricia,
Que si necia y confiada
Te aseguras en lo amada,
Te hallarás despues corrida;
Que en llegando á poseida
Tambien serás desdichada.
A ninguno tu beldad
Entregues, que es sinrazon
Que sirva tu perfeccion
De triunfo á su vanidad;
Goza la celebridad
Comun, sin verte empleada
En quien, despues de lograda,
No te acierte á venerar;
Que en siendo particular,
Tambien serás desdichada.
II.
_Presto celos llorarás._
En vano tu canto suena;
No adviertes en tu desdicha
Que será el fin de tu dicha
El principio de tu pena.
El loco orgullo refrena
De que tan ufano estás,
Sin advertir, cuando das
Cuenta al aire de tus bienes,
Que si ahora dichas tienes,
_Presto celos llorarás_.
En lo dulce de tu canto
El justo temor te avisa,
Que en un amante no hay risa
Que no se alterne con llanto;
No te desvanezca tanto
El favor, pues te hallarás
Burlado, y conocerás
Cuanto es necio un confiado,
Que si hoy blasonas de amado,
_Presto celos llorarás_.
Advierte que el mismo estado
Que al amante fervoroso
Le constituye dichoso,
Le amenaza desdichado;
Pues le da tan alto grado
Por derribarle, no mas;
Y así tú que ahora estás
En tal altura, no ignores
Que si hoy ostentas favores,
_Presto celos llorarás_.
La gloria mas elevada
Que amor á tu dicha ordena,
Contémplala como agena,
Y tenla como prestada;
No tu ambicion engañada
Piense que eterno serás
En las dichas, pues verás
Que hay áspid entre las flores,
Y que si hoy cantas favores,
_Presto celos llorarás_.
III.
_El alma rendida por el amor._
(ALEGORIA.)
Cogióme sin prevencion
Amor astuto y tirano;
Con capa de cortesano
Se me entró en el corazon:
Descuidada la razon
Y sin armas los sentidos,
Dieron puerta inadvertidos,
Y él por lograr sus antojos,
Miéntras suspendió los ojos,
Me saltëó los oidos.
Disfrazado entró y mañoso;
Mas ya que dentro se vió,
Del Paladion se salió
Sin el disfraz engañoso;
Pues con ánimo furioso
Tomando las armas luego
Se descubrió astuto griego,
Que iras brotando y furores,
Matando á los defensores,
Puso á toda el alma fuego.
Y buscando en sus violencias
En ella á Príamo fuerte,
Dió al entendimiento muerte,
Que era rey de las potencias;
Y sin hacer diferencias
De real ó plebeya grey,
Haciendo general ley
Murieron á sus puñales
Los discursos racionales,
Porque eran hijos del rey.
A Casandra su fiereza
Buscó, y con modos tiranos
Ató á la razon las manos,
Que era del alma princesa:
En prisiones su belleza,
De soldados atrevidos
Lamenta los no creidos
Desastres, que adivinó;
Pues por mas voces que dió
No la oyeron los sentidos.
Todo el palacio abrasado
Se ve y todo destruido;
Deífobo allí mal herido
Aquí Páris maltratado;
Prende tambien su cuidado
La modestia en Policena;
Y en medio de tanta pena,
Tanta muerte y confusion,
A la ilícita aficion
Solo reserva en Elena.
Y la ciudad, que vecina
Fué al cielo, con tanto arder
Solo guarda de su ser
Los vestigios en la ruina.
Todo el amor lo extermina,
Y con ardiente furor
Solo se oye entre el rumor
Con que su crueldad apoya:
“Aquí yace un alma Troya
Vencida por el amor.”
IV.
_Con motivo de un presente._
Esta grandeza que usa
Conmigo vuestra grandeza,
Le está bien á mi pobreza,
Pero muy mal á mi musa.
Perdonádme si, confusa
O sospechosa, me inquieta
El juzgar que ha sido treta
La que vuestro juicio trata,
Pues quién me da tanta plata
No me quiere ver poeta.
V.
_El error de una disculpa._
Tenazmente porfiado
Intentas, Silvio, y molesto,
Porque erraste lo compuesto,
Componer lo que has errado.
Yerro cometes doblado,
Pues cuando mil tretas usas
Con que confesar rehusas
Y en que no hay culpa te cierras,
Por escusar lo que yerras,
Yerras todo lo que escusas.
VI.
_A una dama que temia el aojo._
Amarílis celestial,
No el aojo te amedrente,
Que tus ojos solamente
Tienen poder de hacer mal:
Pues si es alguna señal
La con que dañan airados
O matan envenenados
Cuando indignados están,
Los tuyos solo serán,
Que son los mas señalados.
VII.
_Retrato de una belleza._
Tersa frente, oro el cabello,
Cejas arcos, zafir ojos,
Bruñida tez, labios rojos,
Nariz recta, ebúrneo cuello,
Talle airoso, cuerpo bello,
Cándidas manos en que
El cetro de amor se ve,
Tiene Fili; en oro engasta
Pié tan breve, que no gasta
Ni un pié.
VIII.
_La razon contra el amor._
Dime, vencedor rapaz,
Vencido de mi constancia,
¿Qué ha sacado tu arrogancia
De alterar mi firme paz?
Que aunque de vencer capaz
Es la punta de tu arpon
El mas duro corazon,
¿Qué importa el tiro violento,
Si á pesar del vencimiento
Queda viva la razon?
Tienes grande señorío,
Pero tu jurisdiccion
Domina la inclinacion,
Mas no pasa al albedrío;
Así librarme confio
De tu loco atrevimiento,
Pues aunque rendida siento
Y presa la libertad,
Se rinde la voluntad,
Pero no el consentimiento.
En dos partes dividida
Tengo el alma en confusion,
Una esclava á la pasion,
Y otra á la razon medida.
Guerra civil encendida
Aflige el pecho importuna;
Quiere vencer cada üna,
Y entre fortunas tan varias
Morirán ambas contrarias,
Mas no vencerá ninguna.
Cuando fuera, Amor, te via
No merecí de ti palma,
Y hoy que estás dentro del alma
Es resistir valentía;
Córrase, pues, tu porfía
De los triunfos que te gano,
Pues cuando ocupas tirano
El alma sin resistillo,
Tienes vencido el castillo,
E invencible al castellano.
Invicta razon alienta
Armas contra tu vil saña,
Y el pecho es corta campaña
A batalla tan sangrienta.
Y así, Amor, en vano intenta
Tu loco esfuerzo ofenderme,
Pues podré decir al verme
Espirar sin entregarme,
Que conseguiste matarme,
Mas no pudiste vencerme.
IX.
_Enviando su imágen á una persona._
A tus manos me traslada
La que mi original es,
Que aunque copiada la ves,
No la verás retractada:
En mí toda trasformada
Te da de su amor la palma;
Y no te admire la calma
Y el silencio que hay en mí,
Pues mi original por tí
Pienso que está mas sin alma.
De mi venida envidiosa
Queda, en mi fortuna viendo
Que ella es infeliz sintiendo
Y yo sin sentir dichosa.
En señal mas venturosa
Estrella mas oportuna
Me asiste, sin duda alguna,
Pues que de un pincel nacida
Tuve sér con ménos vida,
Pero con mejor fortuna.
Mas si por caso trocada
Mi suerte, tú me ofendieres,
Por no ver que no me quieres
Quiero estar inanimada:
Que eso de ser desamada
Será lance tan violento,
Que la fuerza del tormento
Llegue aun pintada á sentir;
Que el dolor sabe infundir
Almas para el sentimiento.
Y si te es faltarme aquí
El alma cosa importuna,
Me puedes infundir una
De tantas como hay en tí:
Que como el alma te dí
Y tuyo mi ser se nombra,
Aunque mirarme te asombra
En tan insensible calma,
De este cuerpo eres el alma,
Y eres cuerpo de esta sombra.
X.
_Escusándose de dar licencia á uno que se la pedia para ausentarse._
Licencia para apartaros
Pedis, y podeis creer
Que solo eso pudo ser
En mí difícil el daros:
Y así estimad que rogaros
Que lo dilateis no quiera;
Aunque si se considera,
Poco teneis que estimar,
Pues á poderla negar
Presumo que no os la diera.
Es que aunque en darla ejecuto
De posesion algun viso,
Donde es conceder preciso
Falta dominio absoluto.
Apariencias de tributo
Son las que llegais á dar,
Y así me puedo quejar
De vuestra fe cautelosa,
Pues me dais dominio en cosa
En que no puedo mandar.
Pero con no darla yo
Quedaré mejor aquí;
Porque hay casos en que el sí
Es mas esquivo que el no:
Ya vuestra atencion cumplió
Con pedirla; y yo, industriosa,
Quedo, con no darla, airosa;
Pues para que hagais ausencia,
Es negaros la licencia
Esquivez muy cariñosa.
Con paliada tiranía
Usurpárosme intentais,
Y como cortés buscais
Cómplice en la venia mia
No lo hagais vana porfía;
Pues en aquesta ocasion
Negaros la peticion
De partida tan penosa,
Sobre avaricia forzosa,
Es cortés desatencion.
Sin dar parte yo quisiera
Que dispusiérais el ir,
Que en vos no es culpa el partir,
Y en mí el permitir lo fuera;
Y querer que interviniera
Yo en cosa á vos necesaria,
Es querer que haga, contraria
A lo que el discurso avisa,
La que es pena en vos precisa,
En mí culpa voluntaria.
Partid, en fin, confiado
En mi voluntad constante
De que aunque esteis muy distante,
Nunca estareis apartado;
Que pues con igual agrado
Correspondo al que en vos veo,
Aunque os aparteis, yo creo
Que de veros con el ansia
Abreviará la distancia
La brújula del deseo.
XI.
_Pidiendo á la Vireina la libertad para un inglés._
Hoy que á vuestras plantas llego,
Con el debido decoro,
Como á deidad os adoro,
Y como á deidad os ruego:
No direis que el culto os niego
Pretendiendo el beneficio
De vuestro amparo propicio;
Pues á la deidad mayor
Le es invocar su favor
El mas grato sacrificio.
Samuel á vuestra piedad
Recurre por varios modos,
Pues donde la pierden todos
Quiere hallar la libertad:
Su esclavitud rescatad,
Señora, que los motivos
Son justos y compasivos
De tan adversa fortuna,
Y haced libres vez alguna
De tantas que haceis cautivos.
Dos cosas pretende aquí
Contraria mi voluntad:
Para el inglés libertad
Y esclavitud para mí;
Pues aunque indigna nací
De que este nombre me deis,
En vano resistireis
De mi esclavitud la muestra,
Que yo tengo de ser vuestra,
Aunque vos no me acepteis.
Contraria es la peticion
De uno y otro, si se apura,
Que él la libertad procura,
Y yo busco la prision;
Pero vuestra discrecion,
A quien nunca duda impide,
Podrá, si los fines mide,
Hacernos dichosos hoy,
Con admitir lo que os doy
Y conceder lo que él pide.
[Illustration]
REDONDILLAS.
I.
_A los hombres._
Hombres necios, que acusais
A la mujer, sin razon,
Sin ver que sois la ocasion
De lo mismo que culpais;
Si con ansia sin igual
Solicitais su desden,
¿Porqué quereis que obren bien
Si las incitais al mal?
Combatis su resistencia,
Y luego con gravedad
Decis que fué liviandad
Lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo
De vuestro parecer loco
Al niño que pone el coco,
Y luego le tiene miedo.
Quereis con presuncion necia
Hallar á la que buscais
Para pretendida, Thais,
Y en la posesion, Lucrecia.
¿Qué humor puede haber mas raro
Que el que falto de consejo,
El mismo empañe el espejo
Y sienta que no esté claro?
Con el favor y el desden
Teneis condicion igual,
Quejandoos si os tratan mal,
Burlandoos si os quieren bien.
Opinion ninguna gana,
Pues la que mas se recata,
Si no os admite, es ingrata,
Y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andais,
Que con desigual nivel
A una culpais por cruel,
Y á otra por fácil culpais.
Pues ¿cómo ha de estar templada
La que vuestro amor pretende,
Si la que es ingrata ofende,
Y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena
Que vuestro gusto refiere,
Bien haya la que no os quiere,
Y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas
A sus libertades alas,
Y despues de hacerlas malas
Las quereis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido
En una pasion errada,
La que cae de rogada,
O el que ruega de caido?
O ¿cuál es mas de culpar,
Aunque cualquiera mal haga,
La que peca por la paga,
O el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantais
De la culpa que teneis?
Queredlas cual las haceis,
O hacedlas cual las buscais.
Dejad de solicitar,
Y despues con mas razon
Acusareis la aficion
De la que os fuere á rogar.