No, pues, permitas, mi Fabio,

Que en ti el mismo afecto vive,

Que un leve enojo blasone

Contra un amor invencible.

No hagas que un amor dichoso

Se vuelva en afecto triste,

Ni que las aras de Antéros

A Cupido se dediquen.

Deja que nuestras dos almas,

Pues un mismo amor las rige,

Teniendo la union en poco,

Amantes se identifiquen;

Un espíritu amoroso

Nuestras dos vidas anime,

Y Láchesis al formarlas

De un solo copo las hile.

Nuestros dos conformes pechos

Con solo un aura respiren;

Un destino nos gobierne,

Y una inclinación nos guie.

Y en fin, á pesar del tiempo

Pase nuestro amor felice

De las puertas de las Parcas,

Unidad indivisible,

Donde siempre, amantes sombras,

Nuestro eterno amor envidien

Los Leandros y las Heros,

Los Píramos y las Tisbes.

XI

_Preludios del dolor de una ausencia._

Ya que para despedirme,

Dulce idolatrado dueño,

Ni me da licencia el llanto,

Ni me da lugar el tiempo,

Háblente los tristes rasgos,

Entre lastimosos ecos,

De mi triste pluma, nunca

Con mas justa causa negros.

Y aun esta te hablará torpe

Con las lágrimas que vierto,

Porque va borrando el agua

Lo que va dictando el fuego.

Hablar me impiden los ojos,

Y es que se anticipan ellos,

Viendo lo que he de decirte,

A decírtelo primero.

Oye la elocuencia muda

Que hay en mi dolor, sirviendo

Los suspiros de palabras,

Las lágrimas de conceptos;

Mira la fiera borrasca

Que pasa en el mar del pecho,

Donde zozobran turbados

Mis confusos pensamientos;

Mira cómo ya el vivir

Me sirve de afan grosero,

Que se averguenza la vida

De durarme tanto tiempo;

Mira la muerte que esquiva

Huye porque la deseo,

Que aun la muerte, si es buscada,

Se quiere subir de precio;

Mira como el cuerpo amante

Rendido á tanto tormento,

Siendo en lo demás cadáver,

Solo en el sentir es cuerpo;

Mira como el alma misma

Aun teme, en su ser esento,

Que quiera el dolor violar

La inmunidad de lo eterno.

En lágrimas y suspiros

Alma y corazon á un tiempo,

Este se convierte en agua,

La otra se resuelve en viento.

Ya no me sirve la vida,

Esta vida que poseo,

Sino de condicion sola

Necesaria al sentimiento.

Mas ¿porqué gasto razones

En contar mi pena, y dejo

De decir lo que es preciso,

Por decir lo que estás viendo?

En fin, te vas. ¡Ai de mí!

Dudosamente lo pienso;

Pues si es verdad, no estoy viva,

Y si viva, no lo creo.

¿Posible es que ha de haber dia

Tan infausto, tan funesto,

En que sin ver yo las tuyas

Esparza sus luces Febo?

¿Posible es que ha de llegar

El rigor á tan severo,

Que no ha de darle su vista

A mis pesares aliento?

¿Que no he de ver tu semblante?

¿Que no he de escuchar tus ecos?

¿Que no he de gozar tus brazos

Ni me ha de animar tu aliento?

¡Ai mi bien! ¡aí prenda mia!

¡Dulce fin de mis deseos!

¿Porqué me llevas el alma

Dejándome el sentimiento?

Mira que es contradiccion

Que no acabe en un sujeto

Tanta muerte en una vida,

Tanto dolor en un muerto.

Mas ya que es preciso ¡aí triste!

En mi infelice suceso,

Ni vivir con la esperanza,

Ni morir con el tormento,

Dame algun consuelo tú

En en dolor que padezco,

Y quien en el suyo muere,

Viva siquiera en tu pecho.

No te olvides que te adoro,

Y sírvante de recuerdo

Las finezas que me debes,

Si no las prendas que tengo.

Acuérdate que mi amor

Haciendo gala del riesgo,

Solo por atropellarlo

Se alegraba de tenerlo.

Y si mi amor no es bastante,

El tuyo mismo te acuerdo,

Que no es poco empeño haber

Empezado ya en empeño.

Acuérdate, señor mio,

De tus nobles juramentos,

Y lo que juró tu boca

No lo desmientan tus hechos;

Y perdona si en temer

Mi agravio, mi bien, te ofendo,

Que no es dolor el dolor

Que se contiene en lo atento.

Y á Dios, que con el ahogo

Que me embarga los alientos,

Ni sé ya lo que te digo.

Ni lo que te escribo leo.

XII

_Los celos prueban amor._

(FRAGMENTOS.)

***

Son ellos de que hay amor

El signo mas manifiesto,

Como la humedad del agua

Y como el humo del fuego.

No son, que dicen, de amor

Bastardos hijos groseros,

Sino legítimos, claros

Sucesores de su imperio.

Son crédito y prueba suya,

Pues solo pueden dar ellos

Auténticos testimonios

De que es amor verdadero;

Porque la fineza, que es

De ordinario el tesorero

A quien remite las pagas

Amor de sus libramientos,

¿Cuántas veces motivada

De otros impulsos diversos

Ejecuta por de amor

Decretos de galanteo?

El cariño ¿cuántas veces,

Por dulce entretenimiento

Fingiendo quilates, crece

La mitad del justo precio?

¿Y cuántas mas el discurso,

Por ostentarse discreto,

Acredita por de amor

Partos del entendimiento?

¿Cuántas veces hemos visto

Con disfraz de rendimientos

A la propia conveniencia,

O á la tema, ó al empeño?

Solo los celos ignoran

Fábricas de fingimientos,

Que como son locos tienen

Propiedad de verdaderos.

***

Del frenético que fuera

De su natural acuerdo

Se despedaza, no hay quien

Juzgue que finge el estremo.

En prueba de esta verdad

Mírense cuantos ejemplos

En biblioteca de siglos

Guarda el archivo del tiempo.

A Dido fingió el troyano,

Mintió á Ariadna Teseo,

Ofendió á Mínos Pasífae,

Y engañaba á Marte Vénus;

Semíramis mató á Nino,

Elena deshonró al griego,

Jasson deshonró á Medea,

Y dejó á Olimpia Vireno;

Bersabé engañaba á Urias,

Dálila al caudillo hebreo,

Jael á Sisara horrible,

Judit á Holoférnes fiero.

Estos y otros que mostraban

Tener amor, sin tenerlo,

Todos fingieron amor,

Mas ninguno fingió celos;

Porque aquel puede fingirse

Con otro color; mas estos

Son la prueba del amor

Y la prueba de sí mesmos.

***

Ellos solos se han con él

Como la causa y efecto:

¿Hay celos? luego hay amor.

¿Hay amor? luego habrá celos.

De la fiebre ardiente suya

Son el delirio mas cierto,

Que como están sin sentido

Publican lo mas secreto.

***

Para tener celos basta

Solo el temor de tenerlos,

Que ya está sintiendo el daño

Quien está sintiendo el riesgo.

***

Decir que este no es cuidado

Que llega á desasosiego,

Podrá decirlo la boca,

Mas no comprobarlo el pecho.

***

Y aunque ellos en sí no pasen

El término de lo cuerdo,

¿Quién lo podrá persuadir

A quien los mira con miedo?

Aplaudir lo que yo estimo

Bien puede ser sin intento

Segundo; mas ¿quién podrá

Tener mis temores quedos?

Quien tiene enemigos, suele

Decirse, no tenga sueño;

Pues ¿como ha de sosegarse

El que los tiene tan ciertos?

Quien en frontera enemiga

Descuidado ocupa el lecho,

Solo parece que quiere

Ser del contrario trofeo.

Aunque inaccesible sea

El blanco, si los flecheros

Son muchos, ¿quién me asegura

Que alguno no tenga acierto?

Quien se alienta á competirme

Aun en menores empeños,

Es un dogal que compone

Mis ahogos con su aliento;

Pues ¿qué será el que pretende

Excederme en los afectos,

Mejorarme en las finezas

Y aventajarme en deseos?

¿Quién quiere usurpar mis dichas?

¿Quién quiere ganarme el premio?

Y ¿quién en galas del alma

Quiere quedar mas bien puesto?

¿Quién para su exaltación

Procura mi abatimiento,

Y quiere comprar sus glorias

A costa de mis desprecios?

¿Quién pretende con los suyos

Deslucir mis sentimientos,

Que en los deleites del alma

Es el mas sensible duelo?

***

La confianza ha de ser

Con proporcionado medio;

Que deje de ser modestia

Sin pasar á ser despego.

El que es discreto, á quien ama

Le ha de mostrar que el recelo

Lo tiene en la voluntad

Y no en el entendimiento.

Un desconfiar de mí,

Y un estar siempre temiendo

Que pueda exceder al mio

Cualquiera mérito ageno;

Un temor que la fortuna

Pueda con airado ceño

Despojarme, por indigno,

Del favor que no merezco;

No solo no ofende, y ántes

Es el esmalte mas bello

Que á las joyas de lo fino

Les puede dar lo discreto.

Y aunque algo exceda la queja,

Nunca queda mal, supuesto

Que es gala de lo sentido

Exceder de lo modesto.

Lo atrevido de un celoso

Irracional, y lo terco,

Prueba es de que amor la beca

Ha menester de un colegio.

Y aunque muestre que se ofende,

Yo sé que por allá dentro

No le pesa á la mas alta

De mirar tales estremos.

La mas airada deidad

Al celoso mas grosero

Le está aceptando servicios

Los que riñe atrevimientos.

La que se queja oprimida

Del natural mas estrecho,

Hace ostentacion de amada

El que parece lamento.

De la triunfante hermosura

Tiran el carro soberbio

El desdichado con quejas,

El celoso con despechos.

***

XIII

_Al marques de la Laguna._

(FRAGMENTOS.)

***

Vivid, y vivid discreto,

Que es solo vivir felice;

Pues dura y no vive quien

No sabe apreciar que vive.

Si no sabe lo que tiene

Ni goza lo que recibe,

En vano blasona el jaspe

El don de lo incorruptible.

No en lo diuturno del tiempo

La larga vida consiste:

Talvez del seso las canas

Honran años juveniles.

***

Las canas se han de buscar

Antes que el tiempo las pinte,

Que al que las pretende, alegran,

Y al que las espera, afligen.

Quien para ser viejo espera

Que los años se deslicen,

Ni conserva lo que tiene,

Ni lo que espera consigue;

Con lo cual casi al no ser

Viene el necio á reducirse,

Pues ni la vejez le llega,

Ni la juventud le asiste.

Quien vive por vivir solo,

Sin buscar mas altos fines,

De lo viviente se precia,

De lo racional se exime.

Y ni aun de la vida goza,

Pues si bien llega á advertirse,

_El que vive lo que sabe

Solo sabe lo que vive_.

Quien llega necio á pisar

De la vejez los confines,

Vergüenza peina y no canas,

No años, afrentas repite.

***

[Illustration]

XIV

_La ciencia inútil._

Finjamos que soy feliz,

Triste pensamiento, un rato;

Quizá podreis persuadirme,

Aunque yo sé lo contrario.

Que, pues solo en la aprension

Dicen que estriban los daños,

Si os imaginais dichoso

No sereis tan desdichado.

Sírvame el entendimiento

Alguna vez de descanso,

Y no siempre esté el ingenio

Con el provecho encontrado.

Todo el mundo es opiniones

Y pareceres tan varios,

Que lo que los unos negro,

Los otros prueban que es blanco.

A unos sirve de atractivo

Lo que otros conciben malo,

Y lo que este por alivio

Aquel tiene por trabajo.

El que está triste censura

Al alegre de liviano,

Y el que está alegre se enoja

De ver al triste penando.

Los dos filósofos griegos

Bien esta verdad probaron,

Pues lo que en el uno risa

Causaba en el otro llanto.

Célebre su oposicion

Ha sido por siglos tantos,

Sin que cual acertó este

Hasta agora averiguado;

Antes en sus dos banderas

El mundo todo alistado,

Conforme el humor le dicta

Sigue cada cual su bando.

Uno dice que de risa

Solo es digno el mundo vario,

Y otro que sus infortunios

Solo son para llorados.

Para todo se halla prueba

Y razon en qué fundarlo,

Y no hay razon para nada,

De haber razon para tanto.

Todos son iguales jueces,

Y siendo iguales y varios,

No hay quien pueda decidir

Cuál es lo mas acertado.

Pues si no hay quien lo sentencie,

¿Porqué pensais vos errado

Que os cometió Dios á vos

La decision de los casos?

O ¿porqué contra vos mismo

Severamente inhumano,

Entre lo amargo y lo dulce

Quereis elegir lo amargo?

Si es mio el entendimiento,

¿Porqué siempre he de encontrarlo

Tan torpe para el alivio,

Tan agudo para el daño?

El discurso es un acero

Que sirve por ambos cabos:

Para dar muerte la punta,

El pomo para resguardo.

Si vos, sabiendo el peligro,

Quereis por la punta usarlo,

¿Qué culpa tiene el acero

Del mal uso de la mano?

No es saber, saber formar

Discursos sutiles, vanos,

Que el saber consiste solo

En elegir lo mas sano.

Especular las desdichas

Y examinar los presagios,

Solo sirve de que el mal

Crezca con anticiparlo.

En los trabajos futuros

La atencion sutilizando,

Mas formidable que el riesgo

Suele fingir el amago.

¡Qué feliz es la ignorancia

Del que indoctamente sabio

Halla de lo que padece

En lo que ignora sagrado!

También es vicio el saber;

Que si no se va atajando,

Cuando ménos se conoce

Es mas nocivo el estrago;

Y si el vuelo no le abaten,

En sutilezas cebado,

Por cuidar de lo curioso

Olvida lo necesario.

Si culta mano no impide

Crecer al árbol copada,

Quita la sustancia al fruto

La locura de los ramos.

Si andar á nave ligera

No estorba lastre pesado,

El vuelo sirve á que sea

El precipicio mas alto.

En amenidad inútil,

¿Qué importa al florido campo,

Si no halla fruto el otoño,

Que ostente flores el mayo?

¿De qué le sirve al ingenio

El producir muchos partos,

Si á la multitud se sigue

El malogro de abortarlos?

Y á esta desdicha, por fuerza,

Ha de seguirse el fracaso

De quedar el que produce,

Si no muerto, lastimado.

El ingenio es como el fuego,

Que con la materia ingrato

Tanto la consume mas

Cuanto se ostenta mas claro.

Es de su propio señor

Tan revelado vasallo,

Que convierte en sus ofensas

Las armas de su resguardo.

Este pésimo ejercicio,

Este duro afan pesado,

A los hijos de los hombres

Dios dió para ejercitarlos.

¿Qué loca ambicion nos lleva

De nosotros olvidados?

Si es para vivir tan poco,

¿De qué sirve saber tanto?

¡Oh! si como hay de saber

Hubiera algun seminario

O escuela donde á ignorar

Se enseñaran los trabajos!

¡Qué felizmente viviera

El que flojamente cauto

Burlara las amenazas

Del influjo de los astros!

Aprendamos á ignorar,

Pensamiento, pues hallamos

Que cuanto añado al discurso,

Tanto le usurpo á los años.

[Illustration]

XV.

_Dando las pascuas á la condesa de Paredes._

(FRAGMENTO.)

Allá van para que pases

Gustosas pascuas, señora,

Con aquestos _bobos_ versos

Aquesas gallinas coplas.

Como quien soy te regalo,

Como quien eres perdona,

Y ambas habremos cumplido

Con todo lo que nos toca.

Tú eres reina, yo tu hechura;

Tú deidad, yo quien te adora;

Tú eres dueño, yo tu esclava;

Tú eres mi luz, yo tu sombra.

Yo no tengo que ofrecerte,

Pues de mi misma persona,

Por mas antiguo derecho

Es tu hermosura acreedora.

Y si ahora quiero darme

En retorno de tus honras,

Será cometer un robo

Por hacer una lisonja.

Y querer satisfacer

La deuda á su propia costa,

No es cumplir con la conciencia,

Sino con la ceremonia.

Pero quien á las deidades

Pone víctimas devotas,

De los mismos beneficios

Los beneficios retorna.

¿No es de las deidades todo?

¿A su influjo no se adornan

De vida y sentido el bruto,

Las plantas de frutas y hojas?

Con su beneficio el campo

Doradas espigas brota,

Pace el cordero y las plantas

Destilan fragantes gomas.

Y no obstante vemos que

Sobre sus aras se corta

A aquel el cuello, y que el ámbar

Es exhalado en aromas.

Pues así yo nuevamente

A tus plantas generosas

Mi esclavitud ratifico

Con reiteradas memorias.

Recibe, divina Lisi,

De una alma que se te postra

El deseo de ser muchas,

Porque de muchas dispongas.

***

[Illustration]

XVI.

_Con ocasion de haberse sacado por suerte, en una diversion de año

nuevo, un galan para cada dama._

(FRAGMENTO.)

***

Empezó á sacar la suerte

Con tal ajuste y destreza,

Que hizo entónces el acaso

Mas que la eleccion pudiera.

A don Juan salió Matilde,

Cuyas dulces niñas bellas

Son acreedoras de amor

De las mas doradas flechas;

A don Miguel, Amarílis,

Beldad en cuyas cadenas

En dulce esclavitud gimen

Tantas libertades presas;

A don Cárlos salió Julia,

Para que en mejor esfera

Sepa nueva astrologia,

Que se incluye en dos estrella;

Silvia á Guevara, con cuya

Belleza, donaire y prendas

Es un desairado garbo

La discrecion de una necia;

A don Luis le cupo Lisi,

A don Adolfo, Marcela,

A don Teobaldo, Felicha,

Y á don Manuel salió Celia.

A vos, por sor mas galan,

(Dicho en paz de todos sea,

Pues no es bien llegue á los hombres

La mujeril competencia)

Os cupo, claro se estaba,

Lo peor, que es cosa cierta

Que no se aviene Fortuna

Jamas con naturaleza;

Antes enemiga siempre

Y á su dictámen opuesta,

Lo que ella desdeña, ampara,

Lo que ella ampara, desdeña.

Yo juzgo que lo hace adrede

Y no acaso, como piensan,

Y que tiene en hacer mal

Su poquito de advertencia;

Pues, al uso de las lindas,

Anda forjando soberbia

De méritos ultrajados

Los triunfos de su grandeza.

Ella es Fálaris de gustos,

Ella es Nerona de haciendas,

Y hace de abrasadas Romas

Luminarias en sus fiestas.

Mas no quiero murmurarla,

Que no es razon que se entienda

Que á quien debo un beneficio

Le pago con una ofensa.

En la suerte, en fin, señor,

Ella, como siempre ciega,

Por serme á mí favorable,

Anduvo con vos adversa:

Saliéronnos parecidas

Las suertes, de esta manera,

La vuestra como mi cara,

La mia como la vuestra.

No os ofendió en esto nada,

Pues ántes dispuso cuerda

Que á vista de un mal empleo

Resalten mas vuestras prendas:

No fuera el sol tan lucido

Si á su dorada madeja

Talvez por negras lazadas

No adornaran nubes densas;

No ostentara el monte altivo

Su robusta corpulencia,

Si la bajeza del valle

No exaltara su grandeza;

No saliera tan hermosa

La aurora vertiendo perlas,

Si no avivaran sus luces

Los lejos de las tinieblas;

No campara de florida

Lozana la Primavera,

Si no viniera el Estio

Pisando sus verdes huellas;

No presumiera en el prado

De cándida la azucena,

Si no la hiciera lucir

Lo oscuro de la violeta.

***

[Illustration]

XVII

_A doña María de Guadalupe Alencastre._

(FRAGMENTOS.)

***

Desde la América enciendo

Aromas á vuestra imágen,

***

Desinteresada os busco,

Que el afecto que os oplaude,

Es aplauso á lo entendido

Y no lisonja á lo grande;

Porque ¿para qué, señora,

En distancia tan notable

Habrán vuestras altiveces

Menester mis humildades?

Y no he menester de vos

Que vuestro favor me alcance

Favores en el consejo,

Amparo en los tribunales;

Ni que acomodeis mis deudos,

Ni que ampareis mi linage,

Ni que mi alimento sean

Vuestras liberalidades:

Que yo, señora, nací

En la América abundante,

Compatrïota del oro,

Paisana de otros metales;

A donde el comun sustento

Se da casi tan de balde,

Que en ninguna parte mas

Se ostenta la tierra madre.

De la comun maldicion

Libres parece que nacen

Sus hijos, segun el pan

No cuesta sudor y afanes.

Europa mejor lo diga,

Pues há tanto que insaciable

De sus abundantes venas

Desangra los minerales.

Y cuantos el dulce lotos

De sus riquezas les hace

Olvidar los propios nidos,

Despreciar los patrios lares;

Pues entre cuantos la han visto

Se vé con claras señales

Voluntad en los que quedan

Y violencia en los que parten.

Demas de que en el estado

Que Dios fué servido darme,

Las riquezas solamente

Sirven para despreciarse:

Que para volar segura

De la religion la nave,

Ha de ser la carga poca

Y muy crecido el velamen;

Porque si algun contrapeso

Pide para asegurarse,

De humildad, no de riqueza,

Ha menester hacer lastre.

Pues ¿de qué cargar sirviera

De riquezas temporales,

Si en llegando la tormenta

Era preciso alijarse?

Con que por cualquiera de estas

Razones, pues es bastante

Cualquiera, estoy de pediros

Inhibida por dos partes.

***

[Illustration]

XVIII

_A Fílis._

(FRAGMENTOS.)

***

Pues alentar esperanzas,

Alegar merecimientos,

Solicitar posesiones,

Sentir sospechas y celos,

Es de bellezas vulgares

Indigno bajo trofeo,

Que en pretender ser vencidas

Quieren fundar vencimientos;

Mal se acreditan deidades

Con la paga, pues es cierto

Que á quien el servicio paga

No se debió el rendimiento;

Que distinta adoracion

Se te debe á tí, pues siendo

Indignos aun del castigo,

Mal aspirarán al premio.

Yo, pues, mi adorada Fílis,

Que tu deidad reverencio,

Que tu desden idolatro

Y que tu rigor venero:

Bien así cual mariposa

Amante, que en tornos ciegos

Es despojo de la llama,

Por tocar su lucimiento:

Como el niño que inocente

Aplica incauto los dedos,

A la cuchilla, engañado

Del resplandor del acero,

Y herida la tierna mano,

Aun sin conocer su yerro,

Mas que el dolor de la herida,

Siente apartarse del reo.

***

Pero ¿para qué es cansarse?

Como á ti, Fílis, te quiero,

Que en lo que mereces, este

Es solo encarecimiento.

Ser mujer ni estar ausente

No es de amante impedimento,

Pues sabes tú que las almas

Distancia ignoran y sexo.

***

¡Oh! quién pudiera rendirte,

No las riquezas de Creso,

Que materiales tesoros

Son indignos de tal dueño,

Sino cuantas almas libres,

Cuantos arrogantes pechos,

En fe de no conocerte

Viven de tu yugo exentos!

***

Si crédito no me das,

Dalo á tus merecimientos,

Que es, si registras la causa,

Preciso hallar el efecto.

¿Puedo yo dejar de amarte,

Si tan divina te advierto?

¿Hay causa que no produzca?

¿Hay potencia sin objeto?

Vuelve á ti misma los ojos,

Y hallarás en ti y en ellos,

No solo el amor posible,

Mas preciso el rendimiento.

***

[Illustration]

XIX.

_autora á su Mecénas, enviándole unos versos._

Ilustre Mecénas mio,

Cuya nobleza é ingenio

Es de ascendientes tan claros

Una igualdad, otro exceso;

Vos en quien de los Alfonsos

Se triplica lo perfecto,

Pues se hallan en vuestras partes

El Casto, el Sabio y el Bueno;

Vos á quien naturaleza

En tan alto nacimiento

Hizo agravio, mas que halago,

En haceros caballero:

Pues fué por impedir solo

El que, naciendo plebeyo,

Lo que os negaba la sangre

Consiguiese vuestro esfuerzo;

Vos que sobre tanta gala

Teneis tanto entendimiento,

Que anda siempre lo galan

Vencido de lo discreto;

En cuya mesura admira

Quien oye vuestros conceptos

Que le deje lo ingenioso

Tanto lugar á lo cuerdo;

Vos en cuya autoridad

Se aviene tan bien lo atento,

Que ni es vulgar lo apacible,

Ni cansado lo severo,

Recibid aquestos rasgos,

Que en mi rústico talento

Fueron de tristeza y ocio

Incultos divertimientos.

Esos que en ratos perdidos

Formó el discurso travieso,

Porque no tomase el juicio

La residencia del tiempo;

Y porque no pareciese

Que era en culpable sosiego

Cesar de lo operativo,

Descansar de la molesto,

Pasen por descuidos mios,

Pues jamas pensé ponerlos

Al exámen de los doctos

Ni á la censura del pueblo;

Ni el que pasasen jamas

Cupiera en mi pensamiento

De la bajeza de mios

A la elevacion de vuestros.

Mas, pues vos lo pedis, juzgo

Que no es el dároslos yerro,

Pues no es don muy corto el que

Os tiene de costa el ruego.

Si el ir á vuestra censura

Pareciere atrevimiento,

Lo que peco en lo que exhibo

Subsano en lo que obedezco.

Recibid, pues, de mi pluma

Este tan debido obsequio,

Que no doy lo que remito,

Si remito lo que debo.

XX.

_Responde á un caballero peruano que la habia elogiado, y revela su

nombre._

Allá va, aunque no debiera,

Incógnito señor mio,

La respuesta de portante

A los versos de camino.

No debiera, porque cuando

Se oculta el nombre, es indicio

Que no habeis querido ser

Hombre de nombre conmigo;

Por lo cual fallamos que

Fuera muy justo castigo,

Sin perdonaros por pobre,

Dejaros por escondido.

Pero el diablo del romance

Tiene en su oculto artificio

En cada copla una fuerza,

Y en cada verso un hechizo;

Tiene un agrado tirano,

Que en lo blando del estilo

El que suena como ruego

Apremia como dominio;

Tiene una virtud, de quien

El vigor penetrativo

Se introduce en las potencias

Sin pasar por los sentidos;

Tiene una altiva humildad

Que con estruendo sumiso

Se rinde para triunfar

Con las galas de rendido;

Tiene qué sé yo que yerbas,

Qué conjuros, qué exorcismos,

Que ni los supo Medea,

Ni Tesalia los ha visto;

Tiene unos ciertos sonsaques,

Instrumentos atractivos,

Garfios del entendimiento,

Y del ingenio gatillos,

Que el raigon mas encarnado

Del dictámen mas bien fijo

Que haya de callar, harán

Salir la muela y el grito;

Por esto como forzada,

Sin saber lo que me digo,

Os respondo como quien

Escribe sin albedrio.

Vi vuestro romance, y

Una vez y otras mil visto,

Por mi fe jurada, que

Juzgo que no habla conmigo.

Porque yo bien me conozco,

Y no soy por quien se dijo

Aquello de haber juntado

Milagros y basiliscos.

Verdad es que acá á mis solas,

En unos ratos perdidos,

A algunas vueltas de cartas

Borradas las sobrescribo;

Y para probar las plumas,

Instrumentos de mi oficio,

Hice versos, como quien

Hace lo que hacer no quiso.

Pero esto no pasó de

Consultar acá conmigo,

Si podré entrar por fregona

De las madamas del Pindo,

Y si beber merecia

De los cristales nativos

Castalios, que con ser agua

Tienen efecto de vino,

Pues luego al punto levantan

Unos flatos tan nocivos,

Que dando al seso vaivenes

Hacen columpiar el juicio;

De donde se ocasionaron

Los traspieses que dió Ovidio,

Los tropezones de Homero,

Los vaguidos de Virgilio,

Y de todos los demas

Que, fúnebres ó festivos,

Conforme los tomó el Númen,

Se han mostrado en sus escritos,

Entre cuyos jarros yo

Busqué, por modo de vicio,

Si les sobraba algun trago

Del sabroso bebedizo;

Y, si no me engaño, hallé

En el asiento de un vidrio,

De una mal hecha infusion

Los polvos mal desleidos.

No sé sobras de quien fueron;

Pero, segun imagino,

Fueron de un bribon aguado,

Pues hace efectos tan frios.

Versifico desde entónces,

Y desde entónces poetizo,

Ya en Demòcritas risadas,

Ya en Eráclitos gemidos.

Consulté á las nueve hermanas,

Que con sus flautas y pitos

Andan de una en otra edad

Alborotando los siglos;

Híceles mi invocacion,

Tal cual fué Apolo servido,

Con necesitadas plagas

Y con clamores mendigos.

Y ellas con piedad, de verme

Tan hambrienta de ejercicios,

Tan sedienta de conceptos,

Y tan desnuda de estilos,

Ejercitaron las obras

(Que nos manda el catecismo)

De misericordia, viendo

Que tanto las necesito.

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz · 第 5 / 17 段