Trampantojos borëales,
Que inventó la golosina
Para alborotar el aire;
De cuyo antojo quedaron,
Por mucho que lo buscasen,
Sardanápalo en ayunas,
Heliogábalo con hambre.
De él el pobre caballero
Dice que viene al alcance,
Revolviendo las provincias
Y trasegando los mares;
Que para hallarlo, de Plinio
Un itinerario trae,
Y un mandamiento de Apolo
Con las señas de _rara avis_.
¿No echas de ver, peregrino,
Que el fénix sin semejante
Es de Plinio la mentira
Que de sí misma renace?
En fin, hasta aquí es nonada;
Mas nunca falta quien cante
Daca el fénix, toma el fénix,
En cada esquina de calle.
Es lo mejor que es á mí
A quien quiere encenizarme,
O enfenixarme, supuesto
Que allá uno y otro se sale.
Dice que yo soy la fénix
Que, burlando las edades,
Ya se vive, ya se muere
Ya se entierra, ya se nace;
La que hace de cuna y tumba
Diptongo tan admirable,
Que le mece de nacida
La que le guardó cadáver;
La que en fragantes incendios
De las gomas mas suaves,
Es parecer consumirse
Volver á vivificarse;
La mayorazga del sol,
Que, cuando su pompa esparce,
Le engasta Ceilan el pico,
Le enriza Ofir el plumage;
La que mira con záfiros,
La que vuela con diamantes,
La que pica con rubíes
Y respira suavidades;
La que Atrópos y Laquésis
Es de su vital estambre;
Pues es la que corta el hilo
Y la que vuelve á enhebrarle.
Que yo soy, jurado Apolo,
La que vive de portante,
Y en la vida como en venta,
Ya se mete, ya se sale.
Que es Arabia la feliz
Donde sucedió á mi madre
Mala noche y parir hembra,
Segun dicen los refranes.
(Refranes, dije, y es que
Me lo rogó el consonante,
Y porque hay regla que dice;
_Pro singulare plurale_)
En fin, donde se pasó
La rota de Roncesválles;
Aunque quien nació de nones
no debiera tener pares.
Que yo soy la que andar suele
En símiles elegantes,
Abultando los renglones
Y engalanando romances.
El lo dice, y de manera
Eficaz lo persüade
Que casi estoy por crerlo,
Y de afirmarlo por casi.
¡Qué fuera, que fuera yo
Y no lo supiera ántes!
Pues ¿quién duda que es el fénix
El que ménos de sí sabe?
Por Dios, yo lo quiero ser,
Pésele á quien le pesare;
Pues de que me queme yo
No hay razon que otro se abrase.
Yo no pensaba en tal cosa;
Mas si él gusta graduarme
De fénix, ¿he de echar yo
Aqueste honor á la calle?
¿Qué mucho que yo lo admita?
Pues nadie puede espantarse
De que haya quien se enfenice,
Cuando hay quien se ensalamandre,
Y de esto segundo vemos
Cada dia los amantes,
Al incendio de unos ojos
Consumirse sin quemarse;
Pues luego no será mucho,
Ni cosa para culparme,
Si hay solamandras barbadas
Que haya fénix que no barbe,
Quizá por esto nací
Donde los rayos solares
Me mirasen de hito en hito,
No vizcos, como á otras partes.
Lo que mas gusto me ha dado
Es ver que de aquí adelante
Tengo solamente yo
De ser todo mi linage.
¿Hay cosa como saber
Que no dependo de nadie,
Que he de vivirme y morirme
Cuando á mí se me antojare?
¿Que no soy término ya
De relaciones vulgares,
Ni ha de cansarme el pariente
Ni molestarme el compadre?
¿Que yo soy toda mi especie,
Y que á nadie he de inclinarme,
Pues cualquiera debe solo
Amar á su semejante?
¿Que al médico no he de ver
Hacer juicio de mi achaque,
Pagándole el que me cure
Tanto como el que me mate?
¿Que mi tintero es la hoguera
Donde tengo de quemarme,
Supliendo los algodones
Por aromas orientales?
¿Que las plumas con que escribo
Son las que al viento se baten,
No ménos para vivirme
Que para resucitarme?
¿Que no he de hacer testamento,
Ni cansarme en _item mases_,
Ni inventario, pues yo misma
He de volver á heredarme?
Gracias á Dios que ya no
He de moler chocolate,
Ni me ha de moler á mí
Quien viniere á visitarme.
Ya con estas buenas nuevas
De hoy mas tengo de estimarme,
Y de etiquetas de fénix
No he de perder un instante.
Ni tengo ya de sufrir
Que en mí los poetas hablen,
Ni ha de verme de sus ojos
El que no me lo pagare.
¿Cómo? Eso se querrian
Tener el fénix de balde:
¿Para qué tengo yo pico
Si no es para despicarme?
¡Qué dieran los saltimbancos
Para poder agarrarme,
Y llevarme como monstruo
Por esos andurrïales
De Italia y Francia, que son
Amigas de novedades!
Y ¡qué pagaran por ver
La cabeza del gigante,
Diciendo: “Quien ver el fénix
Quisiere, dos cuartos pague,
Que lo muestra maese Pedro
En la posada de Jáques!”
Aqueso no, no vereis
En este fénix, vergantes,
Que por eso está encerrado
Debajo de treinta llaves.
Y supuesto, caballero,
Que á costa de mil afanes
En la Invencion de la Cruz
Vos la del fénix hallásteis.
Por modo de privilegio
De inventor, quiero que nadie
Pueda, sin vuestra licencia,
A otra cosa compararme.
IV
_A la condesa de Paredes, escusándose de enviarla un cuaderno de
música._
Despues de estimar mi amor,
Excelsa, bella María,
El que en la divina vuestra
Conserveis memorias mias;
Despues de haber admirado
Que en vuestra soberanía,
No borrada de mi amor
Se mantenga la noticia;
Paso á daros la razon
Que á no obedecer me obliga
Vuestro precepto, si es que hay
Para esto disculpa digna.
De la música un cuaderno
Pedis, y es cosa precisa
Que me haga á mí disonancia
Que me pidais armonías.
¿A mí, señora, conciertos,
Cuando yo en toda mi vida
No he hecho cosa que pudiera
Sonarme bien á mí misma?
¿Yo arte de composiciones,
Reglas, caracteres, cifras,
Proporciones, cantidades,
Intervalos, puntos, líneas?
Quebrándome la cabeza
Sobre cómo son las sismas,
Si son cabales las comas,
En qué el tono se divisa;
Si el semitono incantable
En número impar estriba,
A Pitágoras sobre esto
Revolviendo las cenizas;
Si el diatesaron ser debe
Por consonancia tenida,
Citando una estravagante
En que el papa Juan lo afirma;
Si el temple de un instrumento
Al hacerlo necesita
De hacer participacion
De una coma que hay perdida;
Si el punto de alteracion
A la segunda se inclina,
Mas porque ayude á la letra,
Que porque á las notas sirva;
Si el modo mayor perfecto
En la máxima consista,
Y si el menor toca al longo,
Cual es altera, cual tripla;
Si la imperfeccion que causa
A una nota otra mas chica,
Es total, ó si es parcial,
Esencial ó advenediza;
Si la voz que, como vemos,
Es cantidad sucesiva,
Valga solo aquel respeto
Con que una voz de otra dista;
Si el diapason y el diapente
En ser perfectos consista
En que ni ménos ni mas
Su composicion admita;
Si la tinta es á las notas
Quien todo el valor les quita,
Siendo así que muchas hay
Que les da valor la tinta;
Lo que el armónico medio
De sus dos estremos dista,
Y del geométrico en que,
Y aritmético, distinga;
Si á dos mesuras es toda
La música reducida,
La una que mida la voz,
Y la otra que el tiempo mida;
Si la que toca á la voz
O ya intensa, ó ya remisa
Subiendo, ó bajando, el canto
Llano solo la ejercita;
Mas la exterior que le toca
Al tiempo en que es preferida,
Mide el compas y á las notas
Varios valores asigna;
Si la proporcion que hay
Del _ut_ al _re_, no es la misma
Que del _re_ al _mi_, ni el _fa_, _sol_
Lo mismo que el _sol_, _la_ dista;
Que aunque es cantidad tan tenue,
Que apénas es percibida,
Sexquioctava, ó sexquinona,
Son proporciones distintas;
Si la enarmónica ser
A práctica reducida
Puede, ó si se queda en ser
Cognicion intelectiva;
Si lo cromático el nombre
De los colores reciba
De las teclas, ó lo vario
De las voces añadidas;
Y en fin, andar recogiendo
Las inmensas baratijas
De calderones, guiones,
Chaves, reglas, puntos, cifras,
Pide otra capacidad
Mucho mayor que la mía,
Que aspire en las catedrales
A gobernar las capillas.
Y mas si es porque en él la
Bella doña Petronila
A la música en su voz
Nueva añada melodía.
¡Enseñar música á un ángel!
¿Quién habrá que no se ria
De que la rudeza humana
Las inteligencias rija?
Mas si he de hablar la verdad,
Es lo que yo algunos dias,
Por divertir mis tristezas,
Dí en tener esa manía;
Y empecé á hacer un tratado
Para ver si reducia
A mayor facilidad
Las reglas que andan escritas.
En èl, si mal no me acuerdo,
Me parece que decia,
Que es una línea espiral,
No un círculo, la armonía;
Y por razon de su forma
Revuelta sobre sí misma
La intitulé _Caracol_,
Porque esa revuelta hacia;
Pero este está tan informe,
Que no solo es cosa indigna
De vuestras manos, mas juzgo
Que aun le desechan las mias.
Por esto no os le remito;
Mas como el Cielo permita
A mi salud mas alientos,
Y algun espacio á mi vida,
Yo procuraré enmendarle,
Porque teniendo la dicha
De ponerle á vuestros pies,
Me cause gloriosa envidia.
De don Pedro y don Martin
No podreis culpar de omisas
Las diligencias, que juzgo
Que aun excedieron de activas.
Y mandadme, que no siempre
Ha de ser tal mi desdicha,
Que queriendo obedeceros,
Con querer, no lo consiga.
Y al gran marques, mi señor,
Le direis de parte mia,
Que aun en tan muertas distancias
Conservo memorias vivas;
Que no olvido de su mano
Las mercedes recibidas;
Pues no son ingratos todos
Los que, al parecer, se olvidan;
Que si no se lo repito,
Es por la razon ya dicha,
De escusar que lo molesta
Ostente lo agradecida;
Que no le escribo, porque
Siendo alhaja tan baldía
La de mis letras, no intento
Que de embarazo le sirva;
Y que ya que mi desgracia
De estar á sus pies me priva,
Le serviré en pedir solo
A Dios la vuestra y su vida.
V
_A la condesa de Galve, en su cumpleaños._
Si el dia en que tú naciste,
Bellísima excelsa Elvira,
Es ventura para todos,
¿Porqué no lo será mia?
¿Nací yo acaso en las yerbas
O criéme en las ortigas?
¿Fué mi ascendiente algun risco
O mi cuna alguna sima?
¿No soy yo gente? ¿No es forma
Racional la que me anima?
¿No desciendo, como todos,
De Adan por muy recta línea?
¿No hay sindéresis en mí
Con que lo mejor elija,
Y ya que bien no lo entienda,
Por lo ménos lo perciba?
Pues ¿porqué no he de ir á verte,
Cuando todos te visitan?
¿Soy ave nocturna para
No poder andar de dia?
Si porque estoy encerrada
Me tienes por impedida,
Para esos impedimentos
Tiene el afecto sus limas.
Para el alma no hay encierro
Ni prisiones que la impidan,
Pues que solo la aprisionan
Las que se forja ella misma.
Sutíl y ágil el deseo,
No hay, cuando sus plumas gira,
Solidez que no penetre
Ni distancia que no mida.
Contento con mi carencia,
Mi respeto sacrifica
Por el culto que te doy
El gusto que se me quita.
Entre el gusto y el decoro
Quiere la razon que elija
Lo que es adoracion tuya,
Antes que la fruicion mia.
Yo me alegro de no verte,
Porque fuera grosería
Que te cueste una indecencia
El que yo logre una dicha.
***
Allá voy á verte; pero
Perdóname la mentira,
Que mal puede ir á un lugar
El que siempre en él habita.
Yo siempre de tu asistencia
Soy la mental estantigua,
Que te asisto, y no me sientes,
Que te sirvo y no me miras.
Yo envidiosa de la esfera
Dichosa que tu iluminas,
Formo con mis pensamientos
Las alfombras que tu pisas;
Y aunque invisible, allí el alma
Te venera tan rendida,
Que apénas logra el deseo
Desperdicios de tu fimbria.
Mas cierto que del asunto
Estoy mas de cuatro millas,
Que leguas dijera, á no
Ser el asonante en ía;
Revístome de dar años,
Que aunque tan no apetecida
Dádiva en las damas, es
De la que tu necesitas;
Pero es tan breve el espacio
De tu juventud florida,
Que á otras se les darán años,
Mas á tí se te dan dias.
Yo te los doy, y no pienses
Que voy desapercibida
De las alhajas que observa
Hoy la etiqueta precisas;
Pues si de los años es
Una cadena la insignia,
Tengo la de ser tu esclava;
Mira si hay otra mas rica.
Por joyel un corazon,
Que en vez de diamantes brilla
El fondo de mi fineza,
El resplandor de mi dicha.
Góceslos como deseo,
Como mereces los vivas,
Que en lo que quiero y mereces
Dos infinitos se cifran.
No quiero cansarte mas,
Porque de que estés es dia
Hermosa á mas no poder,
Y de adrede desabrida.
VI
_A la misma condesa._
Sobre si era atrevimiento,
Bella Elvira, responderte,
Y sobré si tambien era
Cobardía el no atreverme,
He pasado pensativa
Sobre un libro y un bufete,
Porque vayan otros sobres
Sobre el amor que me debes,
No sé yo qué tantos dias;
Porque como tu en tí tienes
Reloj de sol, no hay quien mida
Lo que vive ó lo que muere.
Y si no lo has por enojo,
Despues que estaba el caletre
Cansado asaz de pensar
Y de revolver papeles,
Resuelta á escribirte ya
En todos los aranceles
De jardines y de luces,
De estrellas y de claveles,
No hallé en luces ni en colores
Comparacion conveniente,
Que con mas de quince palmos
A tu hermosura viniese;
Con ser que no perdoné
Trasto que no revolviese
En la tienda de Timántes
Ni en el obrador de Apéles.
Pues á los poetas ¡cuánto
Les revolví los afeites
Con que hacen que una hermosura
Dure, aunque al tiempo le pese!
En Petrarca hallé una copia
De una Laura ó de una duende,
Pues dicen que ser no tuvo
Mas del que en sus versos tiene.
Cubierta como de polvo,
Del griego una copia breve
Hallé de Helena, de Homero
Olvidada en un retrete.
Pues de Virgilio el coturno
No dejó de entrenerse
Con Elisa en el _quam Lae
Ti te genuare parentes_.
A Proserpina en Claudiano
Ni aun me diò gana de verle
La su condenada faz
Llena de hollines y peces.
De Lucrecia la romana,
Aquella beldad valiente,
Persuadiendo honor estaba
A las matronas de allende.
Florinda vana decia
A los moros alquiceles:
“Tanto como España valgo,
Pues toda por mí se pierden.”
Lavinia estaba callada,
Dejando que allá se diesen
Turno y el páter Enéas,
Y despues, ¡viva quien vence!
En Josefo Marïamne,
Al ver que sin culpa muere,
Dijo: “Si me mata Heródes,
Claro es que muero inocente.”
Angélica en Arïosto
Andaba de hueste en hueste
Alterando paladines
Y descoronando reyes.
En Ovidio, como es
Poeta de las mujeres,
Hallé que al fin los pintores
Eran como los quereses;
Y hallé á escoger como en peras
Unas bellezas de á veinte,
A lo de qué quereis, pluma,
Que están diciendo, comedme;
En los prados mas que flores,
En el campo mas que nieve,
En las plantas mas que frutos,
En las aguas mas que peces.
A la rubia Galatea
Junto á la cándida Tétis,
A la florida Pomona,
Y á la chamuscada Céres;
A la gentil Aretusa,
Y á la música Canente
A la encantadora Circe
Y á la desdichada Héles;
A la adorada Corónis,
A la infelice Semele,
A la agraciada Calixto
Y á la jagtante Climene;
Y otra gran tropa de ninfas
Acuátiles y silvestres,
Sin las mondongas que á cuestas
Guardaban los adherentes;
A la desdeñosa Dafne,
A la infausta Nictimene,
A la lijera Atalanta,
Y á la celebrada Asterie;
Y en fin la casa del Mundo
Que tantas pinturas tiene
De bellezas vividoras
Que están sin envejecerse,
Cuya dura fama el tiempo,
Que todas las cosas muerde
Con los bocados de siglos,
No les puede entrar el diente,
Revolví, como ya digo,
Sin que entre todas pudiese
Hallar una que siquiera
En el vestido os semeje.
Con que de comparaciones
Desesperada mi mente
Al _viste_ y al _así como_
Hizo ahorcar en dos cordeles;
Y sin tratar de pintarte,
Sino solo de quererte,
Porque esta aunque culpa, es culpa
Muy fácil de cometerse;
Y esotro imposible, y culpa,
Y mas que culpa, se temen
De Icaro los precipicios
Y de Faeton los vaivenes.
Mira ¡que vulgar ejemplo!
Que hasta los niños de leche
Faetonizan é icarizan
La vez que se les ofrece.
Y en fin, no hallo que decirte,
Sino solo que ofrecerte,
Adorando tus favores,
Las gracias de tus mercedes.
De ellos me conozco indigna;
Mas eres sol y amaneces
Por beneficio comun
Para todos igualmente.
Por ellos, señora mia,
Postrada beso mil veces
La tierra que pisas, y
Los pies, que no sé si tienes.
VII
_Desahogos del corazon._
A fuera, á fuera, ansias mias,
No el respeto os embarace,
Que es lisonja de la pena
Perder el miedo á los males.
Salga el dolor á las voces,
Si quiere mostrar lo grande,
Y acredite lo insufrible
Con no poder ocultarse.
Salgan signos á la boca
De lo que el corazon arde,
Que nadie creerá el incendio
Si el humo no da señales.
No á impedir el grito sea
El miramiento bastante,
Que no es muy valiente el preso
Que no quebranta la cárcel.
El que su cuidado estime
Sus sentimientos no calle,
Que es agravio del motivo
No hacer del dolor alarde.
Mayor es que yo mi pena,
Y esto supuesto, mas fácil
Será que ella á mí me venza,
Que no que yo en ella mande.
VIII
_un caballero que decia tener el pecho de nieve._
Allá va, Julio de Enero,
Ese papel, no á tus manos,
Sino al alma, que si es nieve,
Será de mis tiros blanco.
Arma de loriga el pecho,
Anima aliento bizarro,
Y á puntas de mis desdenes
Preven marmoreos reparos.
Dilata del corazon
Los senos mas reservados,
Y en inútiles defensas
Dobla á mi favor el lauro.
Arma el alma de cordura,
De sufrimiento el cuidado,
De reflexion lo atrevido,
Y de prudencia lo vano;
Que no bastará á librarte
De mi desden irritado
Ni las defensas del pecho,
Ni los esfuerzos del brazo;
Pues llevo para rendirte
Por ministros del estrago
Enojo que brota furias,
Desden que graniza rayos:
Yo que á la deidad montera
Crezco el desdeñoso bando,
A quien en desden excedo,
Si en hermosura no igualo;
Yo que en diamantino pecho
Guardo un corazon de mármol,
Que aun en los tardos latidos
Da escasas señas de humano;
Yo que en la tabla del tiempo
Ejemplos mirando tantos,
Hago resguardo presente
Los infortunios pasados;
Yo á cuyos duros rigores,
A cuyo desden helado
Templa sus ardores Vénus,
Afloja Cupido el arco,
A tí que de mi despego
Pretendes ser el retrato,
Sin advertir lo que dista
Lo vivo de lo pintado,
Quizá porque así pretendes,
Sagazmente temerario,
Hacer á la semejanza
Tercera del agasajo;
Porque talvez en el mundo
Hay caprichos tan extraños,
Que conceden al desprecio
Lo que al amor le negaron.
¡Oh discurso irracional!
¿Que quepa en pechos humanos
Lo que al exámen de un bruto
Sale siempre condenado?
¿Qué fiera la mas furiosa,
Terror del bosque y del campo,
Si la sujeta la fuerza
No la domestica el trato?
Si debí tan mal concepto,
Julio, á tu sentir errado,
A costa de tus desprecios
Comprarás el desengaño.
Lo que es razon no es capricho,
No es delito lo alentado,
No es injusticia lo activo,
Ni es culpa lo que es recato.
Si porque el amor se ofende
Intentas disimularlo,
Será doblada la ofensa
Por amor y por engaño.
Que no es acertada enmienda,
En términos cortesanos,
Indicarse de grosero
Por eximirse de honrado;
Si el amor por sí es plebeyo,
No es medio proporcionado
Querer que parezca noble
Con un disfraz tan villano;
Y mas habiendo delitos
De afectos tan encontrados;
Que aunque es delito el hacerlos
Es pundonor sustentarlos;
Que ya una vez proferidos
Insultos de enamorados,
Mejor que lo arrepentido
Suele quedar lo obstinado.
Demas que si sé tu amor,
¿Qué importa que tus cuidados
Los pronuncies como risa,
Si los oigo como llanto?
Varias denominaciones
A una misma cosa hallamos,
Sin que la sustancia inmute
Lo exterior de los vocablos.
Y así en tu dolor será,
Cuando muestras desenfado,
Mudar el nombre á la queja,
Mas no mejorar el daño.
Si el fin que lleva la industria
Es de conseguir mi agrado,
Malograrás ofendiendo
Lo que no alcanzaste amando.
Deja la imposible empresa,
Si no quieres temerario
Que se rematen castigos
Los que avisos empezaron.
Ya, Julio, te he visto en juego;
Juega limpio y habla claro,
No me vistas de fineza
Con apariencias de agravio;
Que ántes que amor en mi pecho
El cetro empuñe tirano,
Fuente me verá su fuego,
Laurel me hallarán sus rayos;
Que aunque es verdad que castigo
Del desden parece casto,
Vencedor tronco ser quiero,
Mas que vencida ser astro.
IX
_Entre la obligacion y el afecto_.
Supuesto, discurso mio,
Que gozais en todo el orbe
Entre aplausos de entendido
De agudo veneraciones,
Mostradlo en el duro empeño
En que mis ansias os ponen,
Dando salida á mis ansias,
Dando aliento á mis temores.
Empeño vuestro es el mio;
Mirad que será desórden
Ser en causa ajena agudo
Y en la propia vuestra torpe;
Ved que es querer que las causas
Con efectos desconformes
Nieves el fuego congele,
Que la nieve llamas brote.
Manda la razon de estado
Que, atendiendo á obligaciones,
Las partes de Fabio olvide,
Las prendas de Silvio adore;
O que al ménos, si no puedo
Vencer tan fuertes pasiones,
Cenizas de disimulo
Cubran amantes ardores;
Que vano disfraz las juzgo,
Pues harán cuando mas obren
Que no se mire la llama,
No, que el ardor no se note.
¿Cómo podré yo mostrarme,
Entre estas contradicciones,
A quien no quiero, de cera,
A quien adoro, de bronce?
¿Cómo el corazon podrá,
Cómo sabrá el labio torpe
Fingir halago, olvidando,
Mentir, amando, rigores?
¿Cómo sufrir abatido
Entre tan bajas acciones
Que lo desmienta la boca
Podrá un corazon tan noble?
¿Cómo la boca podrá,
Cuando el corazon se enoje,
Fingir cariños, faltando
Quien le ministre razones?
¿Podrá mi noble altivez
Consentir que mis acciones
De nieve y de fuego sirvan
A ser fábula del orbe?
Y yo doy que tanta dicha
Tenga, que todos lo ignoren;
Para pasar la vergüenza,
¿No basta que á mí me conste?
Que aquesto es razon me dicen
Los que la razon conocen;
Pues ¿cómo la razon puede
Forjarse de sinrazones?
¿Qué te costaba, hado impio,
Dar, al repartir tus dones,
O los méritos á Fabio,
O á Silvio las perfecciones?
Dicha y desdicha de entrambos,
La suerte les descompone,
Con que el uno su desdicha
Y el otro su dicha ignore.
¿Quién ha visto que tan varia
La fortuna se equivoque,
Y que el dichoso padezca
Porque el infelice goce?
No me conviene el ejemplo
Que en el Mongibelo ponen,
Que en él es natural gala,
Y en mí violencia disforme;
Y resistir el combate
De tan encontrados golpes
No cabe en lo sensitivo,
Y puede sufrirlo un monte.
¡Oh vil arte, cuyas reglas
Tanto á la razon se oponen;
Que para que se ejecuten
Es menester que se ignoren!
¿Qué hace en adorarme Silvio?
Cuando mas fino blasone
Quererme, ¿es mas que seguir
De su inclinacion el norte?
Gustoso vive en su empleo
Sin que disgustos le estorben:
Pues ¿qué vence, si no vence
Por mí sus inclinaciones?
¿Qué víctimas sacrifica,
Qué incienso en mis aras pone,
Si cambia sus rendimientos
Al precio de mis favores?
Mas hago yo, pues no hay duda
Que hace finezas mayores
Que el que voluntario ruega,
Quien violenta corresponde;
Porque aquel sigue obediente
De su estrella el curso dócil,
Y esta contra la corriente
De su destino se opone.
El es libre para amarme
Aunque otra su amor provoque,
Y ¿no tendré yo la misma
Libertad en mis acciones?
Si él restituirse no puede,
Su incendio mi incendio abone;
Violencia que á él le sujeta,
¡Qué mucho que á mí me postre!
¿No es rigor, no es tiranía,
Siendo iguales las pasiones,
o poder él reportarse
Y querer que me reporte?
Quererle porque él me quiere,
No es justo que amor se nombre:
Que no ama quien para amar
El ser amado supone.
No es amor correspondencia,
Causas tiene superiores
Que las concilian los astros,
O lo engendran perfecciones.
Quien ama porque es querida,
Sin otro impulso mas noble,
Desprecia al amante, y ama
Sus propias adoraciones.
Del humo del sacrificio
Quiere los vanos honores,
Sin mirar si el oferente
Ha méritos que le adornen.
Ser potencia y ser objeto
A toda razon se opone,
Porque es ejercer en sí
Sus propias operaciones.
_Aparte rey_ se distingue
El objeto que conoce,
Y lo amable, no lo amante,
Es blanco de los harpones.
Amor no busca la paga
De voluntades conformes;
Que tan bajo interes fuera
Indigna usara en los dioses.
No hay cualidad que en él pueda
Imprimir alteraciones
Del hielo de los desdenes,
Del fuego de los favores.
Su ser es inaccesible
Al discurso de los hombres,
Que aunque el efecto se sienta,
La esencia no se conoce.
Y en fin cuando en mi favor
No hubiera tantas razones,
Mi voluntad es de Fabio,
Silvio, y el mundo perdone.
X
_En que cultamente espresa ménos aversion de la que afectaba un enojo._
Si el desamor ó el enojo
Satisfacciones admite,
Y si talvez los rigores
De urbanidades se visten,
Escucha, Fabio, mis males,
Cuyo dolor, si se mide,
Aun el mismo padecerlo
No lo sabrá hacer creible;
Mira mi altivez postrada,
Porque son incompatibles
Un pundonor que se ostente,
Con un amor que se humille;
Escucha de mis afectos
Las tiernas voces humildes
Que en enfáticas razones
Dicen mas de lo que dicen;
Que si despues de escucharme
Rigor en tu pecho asiste,
Informaciones de bronce
Te acrediten de insensible.
No amarte tuve propuesto;
Mas proponer ¿de qué sirve
Si á persuacion de Sirenas
No hay propósitos de Ulíses?
Pues es, aunque se prevenga,
En las amorosas lides
El griego ménos prudente,
Y mas engañosa Circe.
Ni ¿qué importa que en un pecho
Donde la pasion reside
Se resista la razon,
Si la voluntad se rinde?
En fin, me rendí ¿Qué mucho
Si mis errores conciben
La esclavitud como gloria,
Y como pension lo libre?
Aun en mitad de mi enojo
Estuvo mi amor tan firme,
Que, á pesar de mis alientos,
Aunque no quise, te quise.
Pensé desatar el lazo
Que mi libertad oprime,
Y fué apretar la lazada
El intentar desasirme.
Si de tus méritos nace
Esta pasion que me aflije,
¿Cómo el efecto podrá
Cesar si la causa existe?
¿Quién no admira que el olvido
Tan poco del amor diste,
Que quien camina al primero
Al segundo se avecine?