_De las aves propias de Indias._
Ahora sean de diversa especie, ahora de la misma de otras de acá,
hay aves en Indias notables. De la China traen unos pájaros, que
enteramente no tienen pies ni grandes ni pequeños, y cuasi todo su
cuerpo es pluma: nunca bajan á tierra; ásense de unos hilillos que
tienen, á ramos, y así descansan: comen mosquitos y cosillas del
aire. En el Perú hay los que llaman tominejos, tan pequeñitos, que
muchas veces dudé viéndolos volar, si eran abejas ó mariposillas, mas
son realmente pájaros. Al contrario los que llaman condores, son de
inmensa grandeza, y de tanta fuerza, que no solo abren un carnero y se
lo comen, sino á un ternero. Las avras que llaman, y otros las dicen
gallinazas, tengo para mi que son de género de cuervos: son de extraña
ligereza, y no menos aguda vista: para limpiar las ciudades y calles
son propias, porque no dejan cosa muerta: hacen noche en el campo en
árboles ó peñas: por la mañana vienen á las ciudades, y desde los mas
altos edificios atalayan para hacer presa. Los pollos de éstas son
de pluma blanquizca, como refieren de los cuervos, y mudan el pelo
en negro. Las guacamayas son pájaros mayores que papagayos, y tienen
algo de ellos: son preciadas por la diversa color de sus plumas, que
las tienen muy galanas. En la Nueva-España hay copia de pájaros de
excelentes plumas, que de su fineza no se hallan en Europa, como se
puede ver por las imágenes de pluma, que de allá se traen: las cuales
con mucha razon son estimadas, y causan admiracion, que de plumas
de pájaros se pueda labrar obra tan delicada, y tan igual, que no
parece sino de colores pintadas, y lo que no puede hacer el pincel
y las colores de tinte: tienen unos visos miradas un poco á soslayo
tan lindos, tan alegres y vivos, que deleitan admirablemente. Algunos
Indios, buenas maestros, retratan con perfeccion de pluma lo que ven
de pincel, que ninguna ventaja les hacen los Pintores de España. Al
Príncipe de España Don Felipe, dió su maestro tres estampas pequeñitas,
como para registros de diurno, hechas de pluma, y su Alteza las mostró
al Rey Don Felipe nuestro Señor, su padre, y mirándolas su Magestad,
dijo: que no habia visto en figuras tan pequeñas cosa de mayor primor.
Otro cuadro mayor, en que estaba retratado San Francisco recibiéndole
alegremente la Santidad de Sixto V, y diciéndole que aquello hacian
los Indios de pluma, quiso probarlo trayendo los dedos un poco por el
cuadro para ver si era pluma aquella, pareciéndole cosa maravillosa
estar tan bien asentada, que la vista no pudiese juzgar si eran colores
naturales de plumas, ó si eran artificiales de pincel. Los visos que
hace lo verde, y un naranjado como dorado, y otras colores finas, son
de extraña hermosura: y mirada la imágen á otra luz, parecen colores
muertas, que es variedad de notar. Hácense las mejores imágenes de
pluma en la provincia de Mechoacán, en el pueblo de Páscaro. El modo es
con unas pinzas tomar las plumas, arrancándolas de los mismos pájaros
muertos, y con un engrudillo delicado que tienen, irlas pegando con
gran presteza y policía. Toman estas plumas tan chiquitas y delicadas
de aquellos pajarillos, que llaman en el Perú tominejos, ó de otros
semejantes, que tienen perfectísimas colores en su pluma. Fuera de
imagineria usaron los Indios otras muchas obras de pluma muy preciosas,
especialmente para ornato de los Reyes y Señores, y de los templos é
Idolos. Porque hay otros pájaros y aves grandes de excelentes plumas y
muy finas, de que hacian bizarros plumages y penachos, especialmente
cuando iban á la guerra; y con oro y plata concertaban estas obras de
plumería rica, que era cosa de mucho precio. Hoy dia hay las mismas
aves y pájaros, pero no tanta curiosidad y gala como solian usar. A
estos pájaros tan galanos y de tan rica pluma, hay en Indias otros del
todo contrarios, que demas de ser en sí feos, no sirven de otro oficio
sino de echar estiércol; y con todo eso no son quizá de menor provecho.
He considerado esto admirándome la providencia del Criador, que de
tantas maneras ordena que sirvan á los hombres las otras criaturas. En
algunas Islas ó Farellones, que están junto á la costa del Perú, se
ven de lejos unos cerros todos blancos: dirá quien les viere, que son
de nieve, ó que toda es tierra blanca, y son montones de estiércol de
pájaros marinos, que van allí contínuo á estercolar. Y es esta cosa
tanta, que sube varas y aun lanzas en alto, que parece cosa fabulosa.
A estas Islas van barcas á solo cargar de este estiercol, porque otro
fruto pequeño, ni grande en ellas no se da: y es tan eficaz y tan
cómodo, que la tierra estercolada con él da el grano y la fruta con
grandes ventajas. Llaman guano el dicho estiercol, de donde se tomó
el nombre del valle que dicen de Lunaguana, en los valles del Perú,
donde se aprovechan de aquel estiércol: y es el mas fertil que hay por
allá. Los membrillos y granadas, y otras frutas en grandeza y bondad
exceden mucho, y dicen ser la causa, que el agua con que riegan estos
árboles, pasa por tierra estercolada, y da aquella belleza de fruta.
De manera, que de los pájaros no solo la carne para comer, y el canto
para deleite, y la pluma para ornato y gala, sino el mismo estiércol
es tambien para el beneficio de la tierra, y todo ordenado del sumo
Hacedor para servicio del hombre, con que el hombre se acordase de ser
grato y leal á quien con todo le hace bien.