_De diversos géneros de frutales; y de los cocos, almendras de Andes y
almendras de Chachapoyas._
No es posible relatar todas las frutas y árboles de Indias, pues de
muchas no tengo memoria, y de muchas mas tampoco tengo noticia, y aun
de las que me ocurren, parece cosa de cansancio discurrir por todas.
Pues se hallan otros géneros de frutales y frutas mas groseras, como
las que llaman lucumas; de cuya fruta dicen por refran, que es madera
disimulada: tambien los pacayes ó guavas, hobos y nueces, que llaman
encarceladas, que á muchos les parece ser nogales de la misma especie
que son los de España; y aun dicen, que si los traspusiesen de unas
partes á otras á menudo, que vendrian á dar las nueces al mismo modo
que las de España, porque por ser silvestres dan la fruta así, que
apenas se puede gozar. En fin, es bien considerar la providencia y
riqueza del Criador, que repartió á tan diversas partes del mundo tanta
variedad de árboles y frutales, todo para servicio de los hombres
que habitan la tierra: y es cosa admirable ver tantas diferencias de
hechuras, gustos y operaciones no conocidas, ni oídas en el mundo,
antes que se descubriesen las Indias, de que Plinio, y Dioscórides, y
Theofrasto, y los mas curiosos, ninguna noticia alcanzaron con toda
su diligencia y curiosidad. En nuestro tiempo no han faltado hombres
curiosos que han hecho tratados de estas plantas de Indias, y de yerbas
y raíces, y de sus operaciones y medicinas: á los cuales podrá acudir
quien deseare mas cumplido conocimiento de estas materias. Yo solo
pretendo decir superficial y sumariamente lo que me ocurre de esta
historia: y todavía no me parece pasar en silencio los cocos ó palmas
de Indias, por ser notable su propiedad. Palmas digo, no propiamente,
ni de dátiles, sino semejantes en ser árboles altos y muy recios, é ir
echando mayores ramas cuanto mas van subiendo. Estas palmas ó cocos dan
un fruto que tambien le llaman coco, de que suelen hacer vasos para
beber; y de algunos dicen, que tienen virtud contra ponzoña, y para mal
de hijada. El núcleo ó médula de estos, cuando está cuajada y seca, es
de comer, y tira algo al sabor de castañas verdes. Cuando está en el
árbol tierno el coco, es leche todo lo que está dentro, y bébenlo por
regalo, y para refrescar en tiempo de calores. Ví estos árboles en San
Juan de Puerto-Rico, y en otros lugares de Indias, y dijéronme una cosa
notable, que cada luna ó mes echaba este árbol un racimo nuevo de estos
cocos, de manera que da doce frutos al año, como lo que se escribe
en el Apocalipsi: y á la verdad así parecia, porque los racimos eran
todos de diferentes edades: unos que comenzaban, otros hechos, otros á
medio hacer, &c. Estos cocos que digo, serán del tamaño de un meloncete
pequeño: otros hay que llaman coquillos, y es mejor fruta, y la hay
en Chile: son algo menores que nueces, pero mas redondos. Hay otro
género de cocos, que no dan esta médula así cuajada, sino que tiene
cuantidad de unas como almendras, que están dentro, como los granos en
la granada: son estas almendras mayores tres tanto que las almendras
de Castilla: en el sabor se parecen: aunque son un poco mas recias,
son tambien jugosas ó aceitosas: son de bnen comer, y sírvense de
ellas á falta de almendras para regalos, como mazapanes y otras cosas
tales. Llámanlas almendras de los Andes, porque se dan estos cocos
copiosamente en los Andes del Perú; y son tan recios, que para abrir
uno es menester darle con piedra muy grande, y buena fuerza. Cuando se
caen del árbol, si aciertan con alguna cabeza, la descalabran muy bien.
Parece increíble, que en el tamaño que tienen, que no son mayores que
esotros cocos, á lo menos no mucho, tengan tanta multitud de aquellas
almendras. Pero en razon de almendras, y aun de fruta cualquiera, todos
los árboles pueden callar con las almendras de Chachapoyas, que no
les sé otro nombre. Es la fruta mas delicada y regalada, y mas sana
de cuantas yo he visto en Indias. Y aun un Médico docto afirmaba, que
entre cuantas frutas habia en Indias y España, ninguna llegaba á la
excelencia de estas almendras. Son menores que las de los Andes que
dije, y mayores, á lo menos mas gruesas, que las de Castilla. Son muy
tiernas de comer, de mucho jugo y substancia, y como mantecosas, y muy
suaves. Críanse en unos árboles altísimos, y de grande copa, y como á
cosa preciada la naturaleza les dió buena guarda. Están en unos erizos
algo mayores, y de mas puntas que los de castañas. Cuando están estos
erizos secos, se abren con facilidad, y se saca el grano. Cuentan que
los micos, que son muy golosos de esta fruta, y hay copia de ellos
en los lugares de Chachapoyas del Perú (donde solamente sé que haya
estos árboles), para no espinarse en el erizo, y sacarle la almendra,
arrójanlas desde lo alto del árbol recio en las piedras, y quebrándolas
así, las acaban de abrir, y comen á placer lo que quieren.