_De diversas flores, y de algunos árboles que solamente dan flores; y
como los Indios las usan._
Son los Indios muy amigos de flores, y en la Nueva-España mas que en
parte del mundo; y así usan hacer varios ramilletes, que allá nombran
suchiles, con tanta variedad, y policía y gala, que no se puede desear
mas. A los Señores y á los huéspedes por honor es uso ofrecerles los
principales sus suchiles ó ramilletes. Y eran tantos, cuando andábamos
en aquella provincia, que no sabia el hombre qué hacerse de ellos.
Bien que las flores principales de Castilla las han allá acomodado
para esto, porque se dan allá no menos que acá, como son claveles,
clavellinas, rosas, azucenas, jazmines, violetas, azahar, y otras
suertes de flores, que llevadas de España prueban maravillosamente. Los
rosales en algunas partes de puro vicio crecian mucho, y dejaban de
dar rosas. Sucedió una vez quemarse un rosal, y dar los pimpollos que
brotaron luego rosas en abundancia, y de ahí aprendieron á podarlas, y
quitárseles el vicio, y dan rosas en abundancia. Pero fuera de estas
suertes de flores, que son llevadas de acá, hay allá otras muchas,
cuyos nombres no sabré decir, coloradas, amarillas, azules, moradas y
blancas con mil diferencias, las cuales suelen los Indios ponerse por
gala en las cabezas como plumage. Verdad es, que muchas de estas flores
no tienen mas que la vista, porque el olor no es bueno, ó es grosero,
ó ninguno, aunque hay algunas de excelente olor, como es las que da un
árbol, que algunos llaman floripondio, que no da fruto ninguno, sino
solamente flores, y éstas son grandes, mayores que azucenas, y á modo
de campanillas, todas blancas, y dentro unos hilos como el azucena, y
en todo el año no cesa de estar echando estas flores, cuyo olor es á
maravilla delicado y suave, especialmente en el frescor de la mañana.
Por cosa digna de estar en los jardines reales la envió el Virey Don
Francisco de Toledo al Rey D. Felipe nuestro Señor. En la Nueva-España
estiman mucho los Indios una flor que llaman yolosuchil, que quiere
decir, flor de corazon, porque tiene la misma hechura de un corazon, y
aun en el tamaño no es mucho menor. Este género de flores lleva tambien
otro árbol grande, sin dar otra fruta: tiene un olor recio, y á mi
parecer demasiado: á otros les parece muy bueno. La flor que llaman del
Sol, es cosa bien notoria, que tiene la figura del Sol, y se vuelve al
movimiento del Sol. Hay otras que llaman claveles de Indias, y parecen
un terciopelo morado, y naranjado finísimo: tambien es cosa notoria.
Estas no tienen olor que sea de precio, sino la vista. Otras flores
hay, que con la vista, ya que no tienen olor, tienen sabor, como las
que saben á mastuerzo; y si se comiesen sin verse, por el gusto no
juzgarian que eran otra cosa. La flor de granadilla es tenida por cosa
notable: dicen, que tiene las insignias de la Pasion, y que se hallan
en ella los clavos, la columna, los azotes, la corona de espinas y las
llagas, y no les falta alguna razon, aunque para figurar todo lo dicho
es menester algo de piedad, que ayude á parecer aquello; pero mucho
está muy expreso, y la vista en sí es bella, aunque no tiene olor. La
fruta que dá llaman granadilla, y se come, ó se bebe, ó se sorbe, por
mejor decir, para refrescar: es dulce, y á algunos les parece demasiado
dulce. En sus bailes y fiestas usan los Indios llevar en las manos
flores, y los Señores y Reyes tenerlas por grandeza. Por eso se ven
pinturas de sus Antiguos tan ordinariamente con flores en la mano, como
acá usan pintarlos con guantes. Y para materia de flores, harto está
dicho: la albahaca, aunque no es flor, sino yerba, se usa para el mismo
efecto de recreacion y olor, y tenerla en los jardines, y regalarla en
sus tiestos. Por allá se da tan comun y sin cuidado, y tanta, que no es
albahaca, sino yerba tras cada acequia.