~(Con gran frialdad.)~ Una penosa obligación de mi cargo, caballero...

Aquí dentro debe de hallarse oculto un reo político fugado del castillo

de Santángelo.

MARIO

Se equivoca el señor barón. Aquí no hay nadie.

SCARPIA

Ahora lo veremos.

MARIO

Es decir que venís a practicar un registro.

SCARPIA

Y además un interrogatorio.

FLORIA

Yo os aseguro, barón, que no hay nadie. Ya he registrado yo toda la

casa inútilmente y bien sabéis que nada se oculta a los ojos de una

mujer celosa.

SCARPIA

Es posible que vean más claro los ojos de un Director de policía. ~(Con

la misma frialdad.)~

ESCENA VI

LOS MISMOS y SCHIARRONE

SCARPIA

Aquí está Schiarrone, a quien he encargado que haga un examen previo.

¿Has registrado toda la casa?

SCHIARRONE

Sí, excelencia y no hemos encontrado a nadie.

SCARPIA

¿Y en el jardín?

SCHIARRONE

Tampoco.

SCARPIA

Pues escaparse no ha podido escaparse... La casa y el jardín están bien

vigilados... Sin duda se esconde aquí dentro en algún sitio secreto.

SCHIARRONE

Examinaremos todas las paredes, habitación por habitación hasta dar con

él.

SCARPIA

Esa es tarea demasiado larga y es ya tarde. Más breve será que el

caballero Cavaradossi se tome la molestia de decirnos donde está.

MARIO

¿Yo?

SCARPIA

Sin duda.

MARIO

Pues yo no puedo decir más que una cosa. El señor Angelotti no está en

mi casa.

SCARPIA

Y yo tengo la seguridad de que el caballero variará de opinión y

acabará él mismo por decirnos dónde se encuentra la persona a quien

buscamos... ¿Tenéis la bondad de pasar a la habitación inmediata y de

responder a un ligero interrogatorio que se os va a hacer?

MARIO

¿Y por qué no en esta?

SCARPIA

Podría contestar: porque así me parece conveniente. Pero quiero ser

cortés y comedido hasta el fin y os diré que al rogaros que tengáis

la bondad de pasar a la habitación inmediata es por la sencilla razón

de que la señora ~(Señalando a Floria.)~ no debe asistir a vuestro

interrogatorio puesto que el suyo vendrá después.

MARIO

~(Vivamente.)~ La señora no puede saber más que yo.

SCARPIA

Ya veremos... Pero hay necesidad de concluir. ~(A los polizontes.)~

Pronto... conducid al caballero a aquella estancia. ~(Los polizontes

hacen un movimiento para acercarse a Mario.)~

MARIO

¡Atrás! ¡Nadie se acerque!... Iré yo solo. ~(Entra por la izquierda

seguido por varios polizontes.)~

SCARPIA

~(Al canciller.)~ Vos, Roberti, interrogaréis al caballero empleando

las fórmulas de costumbre, si persiste en sus negativas.

ROBERTI

Está bien.

SCARPIA

Y suspenderéis o reanudaréis el interrogatorio, según las órdenes que

yo os daré desde esta habitación, y que dependerán de las respuestas

de la señora, naturalmente... ~(Roberti se inclina y sale acompañado de

su ayudante.)~

ESCENA VII

FLORIA, SCARPIA, SCHIARRONE, COLOMETTI, SOLDADOS, que vigilan al fondo

y dos POLIZONTES que guardan la puerta de la izquierda.

FLORIA

~(Sentada cerca de la mesa, a la derecha y jugando con el abanico.)~

¿De mis respuestas? ¿Qué puedo contestar?

SCARPIA

~(Acercándose.)~ Lo preciso, nada más que lo preciso.

FLORIA

¿Cómo voy a responder a lo que me preguntáis si no sé ni siquiera de

qué se trata?

SCARPIA

~(Sonriéndose y con tono amistoso.)~ Vamos a hablar como dos buenos

amigos. ¿No es cierto? ~(Coge una silla.)~ Y comenzaremos nuestro

coloquio en el mismo punto en que lo interrumpimos, hace pocas horas,

en la capilla de San Andrés. ~(Se sientan.)~ ¿Conque los celos y las

sospechas que despertó en vos ese lindo abanico no tenían fundamento

alguno?

FLORIA

~(Con mucho aplomo.)~ Vos lo sabréis mejor que yo, señor barón.

SCARPIA

Por lo visto confundí las personas. ¿No es eso? El caballero

Cavaradossi no estaba aquí con la marquesa de Atavantti, pero sí con su

hermano.

FLORIA

Ni con ella ni con él... Estaba solo, completamente solo.

SCARPIA

~(Burlándose.)~ ¿De veras?

FLORIA

~(Un poco impaciente.)~ Sí.

SCARPIA

¿Vos lo afirmáis bajo vuestra palabra?

FLORIA

~(Nerviosa.)~ Sí... yo lo afirmo... Nadie tiene el derecho de poner en

duda lo que yo digo. Nadie, ¿entendéis?, nadie.

SCARPIA

Vamos, calma. ~(Volviéndose en la silla.)~ ¡Schiarrone!

SCHIARRONE

~(Desde la puerta izquierda.)~ ¡Excelencia!

SCARPIA

¿Qué dice el caballero?

SCHIARRONE

Nada.

SCARPIA

¿Se obstina en negar?

SCHIARRONE

Con más terquedad que antes.

SCARPIA

~(Levantando la voz.)~ En tal caso, insistid. Roberti, insistid.

FLORIA

~(Vivamente.)~ Esa insistencia será inútil. Nadie le obligará a decir

lo que no sabe. Lo que no es cierto.

SCARPIA

El silencio del señor Cavaradossi no me sorprende. A primera vista he

juzgado su fortaleza de ánimo y he previsto su obstinación... Lo único

que me extraña es que imitéis su ejemplo... Esperaba que fueseis mucho

más razonable que él.

FLORIA

¿Y por qué suponíais que iba a ser razonable, señor barón? ¿Acaso

pretendéis que yo mienta?

SCARPIA

~(Sonriendo.)~ De ningún modo. ¿Mentir? ¿Quién piensa en eso? Lo que yo

deseaba es que dijeseis la verdad, aunque no fuera más que por ahorrar

al caballero un mal cuarto de hora.

FLORIA

~(Levantándose asustada.)~ ¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué queréis decir? ¿Qué es lo

que sucede en esa habitación?

SCARPIA

Una cosa sencillísima. Se interroga al caballero Cavaradossi con las

formalidades y por los procedimientos establecidos en las leyes.

FLORIA

~(Empezando a comprender.)~ Quiero entrar.

SCARPIA

~(Deteniéndola.)~ Es inútil, yo mismo os explicaré lo que ocurre.

El caballero está cómodamente sentado en un sillón sujeto de pies y

manos y con un hermoso casco de acero en la cabeza, que hace desatar

la lengua a la persona más taciturna. Este célebre casco de invención

reciente, tiene tres puntas afiladas, una que se ajusta sobre la nuca y

las otras dos sobre las sienes.

FLORIA

~(Con terror.)~ ¡Ah!

SCARPIA

~(Levantándose.)~ A cada negativa del caballero se hace girar un

tornillo de rosca y la base del casco se aprieta suavemente.

FLORIA

~(Tratando de escaparse de Scarpia, que la tiene sujeta por un brazo.)~

¡Ah! ¡Malditos! Basta... Por Dios... basta... ~(Mirando con espanto a

la habitación inmediata.)~

SCARPIA

~(Sujetándola siempre.)~ ¿Hablaréis? ¿No es cierto?

FLORIA

Pero antes decidles que cesen... Pronto, decídselo.

SCARPIA

Roberti, aflojad un poco el tornillo. ~(Alto.)~

FLORIA

No... no... más...

SCARPIA

Bien. ~(Alto.)~ Roberti, aflojad del todo.

SCHIARRONE

~(Desde la puerta.)~ Ya está, excelencia.

SCARPIA

~(A Floria.)~ Ya lo oís. Está hecho.

FLORIA

¡Oh! Dios mío... Someter a él, a mi Mario, a un suplicio tan

espantoso... ¡Cobardes! ¡Cobardes! Quizá continúen todavía.

SCARPIA

Mientras yo no lo mande, no.

FLORIA

~(Separándose de él.)~ ¡Quiero verle! ~(Corre hacia la puerta, pero

Schiarrone y los polizontes le impiden el paso.)~ ¡Dejadme pasar!

¡Dejadme pasar!

SCARPIA

Schiarrone, cierra la puerta. ~(Schiarrone obedece.)~

FLORIA

~(Empujando furiosa la puerta.)~ ¡Mario, Mario! Respóndeme. ¿No me

oyes? Dime una sola palabra, una sola. ~(Silencio.)~ ¡Me lo han

asesinado esos infames!

SCARPIA

~(Sentándose de nuevo a la derecha y con mucha frialdad.)~ No... le

dejan el tiempo preciso para tomar aliento.

FLORIA

¡Mario! ¡Mario! ¡Mario!

MARIO

~(Desde dentro y con voz ahogada.)~ ¡Floria!

FLORIA

¡Ah! Por fin le oigo

MARIO

Nada temas... El valor no me faltará.

FLORIA

¿Te hacen daño? Dímelo, dímelo, vida mía.

MARIO

En este momento no... Valor, Floria, valor.

FLORIA

~(Separándose de la puerta.)~ ¡Oh, qué voz tan dolorida! ¡Cómo sabe

sufrir! ¡Atormentarle de ese modo tan horrible a él, tan compasivo,

tan generoso, tan bueno!... ¿Y le destrozan las sienes con puntas de

acero? ¡Qué horror! ¿Y son seres humanos los que hacen tales infamias

con un semejante suyo? ¿Y ese hombre lo ordena fríamente ~(Mirando a

Scarpia.)~ y aspira con voluptuosidad de tigre el olor de la sangre?

SCARPIA

~(Sonriéndose de un modo siniestro.)~ Todos esos son acentos

dramáticos, desplantes de trágica, buenos a lo sumo para las tablas de

un escenario... Mi felicitación más sincera. ~(Acercándose a Floria.)~

Pero, hablemos en serio... Ya lo habéis oído... El caballero acaba de

decirlo. «El valor no me faltará.» Eso significa que está decidido a no

pronunciar una palabra, ni de grado ni por fuerza.

FLORIA

¡Antes le arrancarán el alma!

SCARPIA

Supongo que no habrá necesidad de llegar hasta ese extremo.

FLORIA

Pues entonces, señor barón, disponed que le pongan en libertad ahora

mismo. Porque no dirá nada. Yo lo afirmo. Ya se acabó... ¿no es cierto?

SCARPIA

¡Concluir! Si apenas hemos comenzado...

FLORIA

¡Ah!

SCARPIA

Vamos a continuar el interrogatorio.

FLORIA

¡Torturarle más! ¡Y para no saber nada!

SCARPIA

Os equivocáis, amiga mía. Lo sabré todo... todo... Él sufrirá el

interrogatorio y vos responderéis.

FLORIA

¿Yo?

SCARPIA

Sí, vos. Y os prevengo que cada negativa vuestra será una vuelta más

que daréis al tornillo y un nuevo riesgo para la vida de vuestro amante.

FLORIA

¡Verdugo!

SCARPIA

No, yo no... En tal caso, el verdugo seréis vos, puesto que con

una sola palabra podéis ahorrarle todo sufrimiento. ~(Llamando.)~

Preparado, Roberti. ~(Schiarrone abre la puerta.)~

FLORIA

¡Asesino! ~(Gesto amenazador de Scarpia.)~ No, señor barón... piedad...

piedad para él... Perdonadme, no sé lo que digo... Es horrible,

horrible...

SCARPIA

¿Dónde está escondido Angelotti?

FLORIA

~(Con acento dolorido.)~ Pero si no sé nada, si no sé nada... ¡Cómo

he de saberlo yo! ~(Scarpia hace una seña con la mano a Schiarrone

que se vuelve hacia el interior de la estancia. Floria se dirige

precipitadamente a Scarpia y le coge el brazo que tiene levantado.)~

No, esperad... un momento... ¡Dios mío! ¡Perder al uno por salvar al

otro! Esto es inaudito, espantoso. ~(A Scarpia.)~ Aguardad, aguardad

un instante... Ahora no se le atormenta de nuevo, ¿no es así?

SCARPIA

No, todavía no... esperaré... Pero abreviemos... ¿Qué es lo que

respondéis?

FLORIA

¡Yo! ¿Cómo debo responder? Decídmelo... Yo no lo sé... Las ideas se

confunden en mi cerebro... Diré todo lo que queráis. ¡Todo lo diré para

salvarle!

SCARPIA

Perfectamente. Cuando llegasteis a esta habitación, estaba en ella un

hombre, ¿no es cierto?

FLORIA

No. ~(Movimiento de Scarpia.)~ Sí... sí... esperad... Dejadme al

menos recoger las ideas... ¿Un hombre? Me parece que no. ~(Nuevo

movimiento.)~ Sí... sí... creo que sí. ~(A Schiarrone que sigue en la

puerta.)~ Pero siendo yo quien responde por él, ¡miserable, cierra esa

puerta!

SCARPIA

¿Y ese hombre era Angelotti?

FLORIA

De eso no estoy segura. ~(Rápidamente.)~ ¡Oh, no! no era él

ciertamente... Yo juro...

SCARPIA

~(Burlándose.)~ Ese juramento equivale a decir que sí.

FLORIA

No... os digo... que no.

SCARPIA

Pero lo negáis con tal energía que vale un sí.

FLORIA

¡Dios os pedirá cuenta de lo que hacéis conmigo en este momento! ¿Cómo

he de saber yo si ese hombre era Angelotti? ¿Le conozco yo por ventura?

SCARPIA

En suma, ese hombre, sea el que fuera, ¿está escondido?

FLORIA

¿Escondido? Dios sabe dónde se encontrará a estas horas.

SCARPIA

No ha podido fugarse... La casa está bien vigilada.

FLORIA

Si no creéis lo que digo, ¿para qué he de continuar? ~(Escuchando con

ansiedad.)~ ¿Un grito? ¡Han vuelto a torturarle!

SCARPIA

No...

FLORIA

Sí... Yo lo he oído, ~(signe escuchando.)~

SCARPIA

Repito que no. ~(Pausa.)~ ¿Lo veis? Continuemos... Aquel hombre está

escondido en algún lugar secreto, quizá en esta misma sala.

FLORIA

Ojalá que así fuese, porque entonces no consentiría que atormentasen

tan cruelmente a su salvador.

SCARPIA

¿De manera que es su salvador?

FLORIA

~(Reponiéndose y tratando de enmendar su torpeza.)~ Yo no he dicho

eso... ¡No lo he dicho!

SCARPIA

Si acabáis de confesarlo.

FLORIA

¿Quién hace caso de mis respuestas? Me obligáis a hablar, empleando tan

horrorosos procedimientos, que no sé lo que contesto, y digo lo primero

que se me ocurre.

SCARPIA

En una palabra: Angelotti está escondido. ~(Movimiento de Floria.)~

¿Dónde? ¡Ea, acabemos!

FLORIA

No lo sé.

SCARPIA

~(Volviéndose hacia la puerta.)~ ¡Roberti!

FLORIA

Sí... sí... Lo está...

SCARPIA

¿En qué sitio?

FLORIA

~(Que en el primer momento estuvo a punto de indicar el jardín, se

arrepiente.)~ ¡Pero es horrible entregar a ese desgraciado para que lo

asesinen!

SCARPIA

¿En qué sitio? ~(Con mayor violencia.)~

FLORIA

~(Prorrumpiendo en llanto.)~ Ved que no puedo hablar. Las palabras se

ahogan en mi garganta. Estoy a punto de desfallecer. ~(Cae sentada en

una silla retorciéndose las manos desesperadamente. Pausa.)~

SCARPIA

~(Inclinándose hacia ella, y con voz que procura dulcificar.)~ Vamos,

un poco de resolución, y vuestro amante estará libre.

FLORIA

~(Sollozando.)~ ¡Oh! ¡Dios mío! Mario no me perdonará nunca, nunca...

SCARPIA

Decídmelo a mí solo, en voz baja. Él no lo sabrá, yo os lo juro...

vamos.

FLORIA

~(Con voz sofocada.)~ Deseo hablar con él antes una palabra, una sola...

SCARPIA

¿Para qué?

FLORIA

Concededme este favor. Después haré todo lo que queráis, pero antes

quiero hablarle, quiero verle.

SCARPIA

~(Alto.)~ Roberti, cesad un momento. ~(A Schiarrone.)~ Abre esa puerta.

~(Schiarrone obedece, y se coloca con dos polizontes a ambos lados

de la puerta. Scarpia está en el centro del escenario, y Floria a su

derecha. Un momento de pausa. Floria se enjuga el sudor de la frente,

se incorpora vacilante, y quiere aproximarse a la puerta, pero Scarpia

se lo impide sujetándola por un brazo.)~

SCARPIA

No... Dispensad... Desde aquí únicamente...

FLORIA

¡Mario! ¡Mario mío!... ¿Me oyes, no es cierto?

MARIO

~(Dentro, con voz doliente.)~ Sí.

FLORIA

¡Mira, amor mío! Tú no puedes resistir más ni yo tampoco, te lo juro.

¿No es verdad que debo hablar? ¡Oh... dime que consientes en ello,

dímelo por el amor de Dios!

MARIO

¿Y qué vas a decir, desgraciada?

FLORIA

~(Suplicante.)~ ¡Mario!

MARIO

~(Con acento enérgico.)~ Nada puedes decir, porque nada sabes.

FLORIA

~(Vivamente en medio de la escena, y con las manos extendidas hacia

el sitio donde se encuentra Mario.)~ Pero yo no puedo dejarte en tan

horrible situación. ¡Sufres mucho, y yo sufro más que tú, mi tormento

es aún más espantoso! Te pido de rodillas... Déjame hablar... Dime que

consientes...

MARIO

~(Con energía.)~ No... no... no... Nada tienes que decir... Te lo

prohíbo, ¿entiendes?

FLORIA

~(Desesperada.)~ ¡Te matarán!

MARIO

Te lo prohíbo.

SCARPIA

~(Con voz terrible.)~ Continuad, Roberti, y no ceséis ya.

FLORIA

~(A los pies de Scarpia.)~ No... no... ¡Que no sigan! Yo hablaré, yo lo

diré todo.

MARIO

¡Calla, o te maldigo!

FLORIA

~(Mirando al cielo.)~ ¡Señor! ¡Señor! ¡Dios justo! ¡Dios poderoso!

SCARPIA

~(A Roberti.)~ ¡Vamos!

FLORIA

~(Abrazándose a sus rodillas.)~ ¡Que cesen!

SCARPIA

~(Inclinándose sobre ella.)~ ¿Dónde está?

MARIO

~(Se oye dentro un grito de dolor.)~ ¡Ah!

FLORIA

~(Fuera de sí, y repitiendo el grito.)~ ¡Ah! ¡No puedo! ¡No puedo más!

Lo diré todo...

SCARPIA

Basta, Roberti.

FLORIA

Está allí. ~(Señalando al jardín.)~

SCARPIA

¿En el jardín?

FLORIA

Dentro del pozo.

SCARPIA

~(Volviéndose hacia los polizontes.)~ Ya lo habéis oído. ~(Los

polizontes se van hacia el jardín y los soldados les siguen.)~

FLORIA

~(Levantándose del suelo.)~ Ahora, miserables, devolvedme a mi Mario.

SCARPIA

~(A Schiarrone.)~ Desatad al preso.

ESCENA VIII

MARIO aparece en la puerta, pálido, jadeante, casi desfallecido,

apoyándose en el marco de la puerta para no caer. Se le ven dos manchas

de sangre en las sienes. Floria corre hacia él; lo sostiene, lo conduce

hasta el sillón, donde cae desfallecido. Schiarrone, después de cumplir

la orden de Scarpia, se dirige hacia el jardín.

FLORIA

~(Enjugándose el sudor de la frente.)~ ¡Amor mío! ¡Vida mía!

¡Respóndeme! ¡Mírame!

MARIO

~(Abre los ojos penosamente y después de una breve pausa.)~ Tú no has

dicho nada... ni yo tampoco, ¿no es verdad?

FLORIA

No... No... Tú no has dicho nada. ~(Mario se desvanece de nuevo y

Floria llora y le besa las manos. En este momento aparece Schiarrone en

la arcada del fondo.)~

SCARPIA

~(A Schiarrone.)~ ¿Le encontraste?

SCHIARRONE

Sí, señor. Muerto.

SCARPIA

¡Muerto! ~(Los polizontes traen el cadáver de Angelotti, y lo depositan

en el jardín, cerca de la entrada. La luna ilumina el cuerpo. En este

mismo instante Mario abre los ojos y Floria se coloca delante de él

para que no pueda ver el cadáver.)~

SCHIARRONE

Sin duda se ha suicidado con un veneno. ~(A Scarpia.)~

MARIO

~(Incorporándose.)~ ¿Eh? ¿Muerto? ~(A Floria, que trata de impedir

a todo trance que pueda ver el cadáver.)~ ¿Quién ha muerto? ¿Quién?

¡Aparta! Déjame ver. ¡Él! ¡Ah! ¡Miserable! ¡Miserable!

FLORIA

¡Mario!

MARIO

No te acerques. ¡Vete! Tú has sido su verdugo. ¡Infame!

FLORIA

Por salvarte.

SCARPIA

~(A los polizontes.)~ Ea, pronto. ¡Fuera! ¡Fuera! El muerto al

depósito. Y el vivo... Su cómplice...

FLORIA

~(Con terror.)~ ¿A dónde? ~(En este momento los polizontes rodean a

Mario y se lo llevan.)~

SCARPIA

A la horca. ~(Floria da un grito.)~

FLORIA

~(Corre hacia Scarpia, intenta hablar, pero no lo consigue. Le mira con

ojos asombrados y cae pesadamente en tierra.)~

SCHIARRONE

¿Y la mujer también?

SCARPIA

También.

TELÓN

ACTO TERCERO

Habitación octógona en el castillo de Santángelo. A la izquierda, en

la parte transversal, una alcoba, ricamente amueblada, con un lecho,

también lujosamente colgado, al fondo. En la correspondiente pared,

a la derecha, un amplio hueco con vidrieras que da sobre un balcón

practicable. Al fondo, la puerta de entrada. En la primera caja, a la

derecha, una mesa con enseres de escribir, y a la izquierda, en frente

de la mesa, una rica consola, y sobre ella un espejo. Al pie de la

cama un reclinatorio, sobre el cual se ve un crucifijo de ébano. En

la escena, hacia la izquierda, una mesa cubierta con un mantel, donde

está servida una suculenta comida, y a la derecha de la mesa un sofá.

Es todavía de noche, y la escena solo está iluminada por un candelabro

con bujías, puesto sobre la mesa. Al levantarse el telón, un jefe de

comedor y dos criados sirven la comida a Scarpia, el cual está sentado

entre la mesa y la consola, vuelto de espaldas a esta.

ESCENA PRIMERA

SCARPIA, SCHIARRONE, el JEFE DE COMEDOR y los DOS CRIADOS

SCARPIA

~(A uno de los criados.)~ Abre esas vidrieras... Aquí dentro hace un

calor sofocante. ~(A Schiarrone.)~ ¿Qué hora es, Schiarrone?

SCHIARRONE

Las tres de la mañana, excelencia.

SCARPIA

¿La ciudad me parece que está tranquila?

SCHIARRONE

Completamente tranquila, excelencia. Sin embargo el gobernador ha hecho

reforzar los cuerpos de guardia, y toda la guarnición está sobre las

armas.

SCARPIA

¿El preso está en la capilla?

SCHIARRONE

Sí, excelencia, acaba de entrar en ella, acompañado de los hermanos

dominicos, pero a sus piadosas exhortaciones para que encomiende su

alma a la divina misericordia, contesta el reo que no tiene necesidad

de pedir perdón a nadie por haber cumplido con su deber de hombre

honrado, tratando de salvar a un inocente de las persecuciones de la

tiranía más desenfrenada.

SCARPIA

~(Sirviéndose vianda en el plato.)~ Excelente máxima digna de un

jacobino.

SCHIARRONE

Y que si el cielo consintiera tales infamias, el propio cielo se haría

cómplice de los malvados.

SCARPIA

¡Blasfemia horrible! ¿Y qué más?

SCHIARRONE

Los santos religiosos han concluido por perder la paciencia ante un

pecador tan empedernido y acaban de abandonarle.

SCARPIA

¿Y él?

SCHIARRONE

Pues se ha echado a dormir tranquilamente.

SCARPIA

¡Vaya una manera ejemplar de prepararse para entrar en la vida eterna!

ESCENA II

SCARPIA, SCHIARRONE y COLOMETTI

COLOMETTI

¿Se puede pasar?

SCARPIA

Adelante. ¿Y el gobernador?

COLOMETTI

Volvía del palacio de Farnesio cuando yo llegué. Le ha complacido mucho

la noticia de la captura de Angelotti y sus cómplices y me ha entregado

esta orden, escrita de su puño y letra.

SCARPIA

Trae. ~(Lee la orden.)~ El caballero Cavaradossi, como cómplice

del delito de alta traición, será ejecutado antes de salir el sol.

~(Dobla la orden y la coloca sobre la mesa.)~ Acabo de reflexionar

sobre ciertos asuntos y he cambiado de parecer. Aunque Angelotti se

haya dado la muerte con un veneno para librarse de la pena infamante

que le aguardaba, no por eso debe dejar de ejecutarse la sentencia.

Los suicidios son de un efecto deplorable y es preciso que la ley se

cumpla... Por lo tanto, he resuelto que Angelotti sea ajusticiado por

mano del verdugo. Si no se puede ahorcar a un vivo, se ahorcará un

muerto. Es inútil que nadie, a excepción de nosotros, conozca la verdad

de lo ocurrido. ¿Está preparada la horca?

SCHIARRONE

La están levantando debajo de ese balcón, a la entrada del puente.

SCARPIA

Pues dejaréis el cuerpo de Angelotti pendiente de ella hasta que

termine la misa mayor, para que todo el mundo pueda verlo. Después

enterraréis el cadáver en un hoyo cualquiera, no en tierra sagrada,

por supuesto... Los suicidas no tienen derecho a recibir sepultura

cristiana.

SCHIARRONE

Así se hará. ¿Y el otro?

SCARPIA

De Cavaradossi trataremos después. ¿Dónde está la _Tosca_?

COLOMETTI

Aquí al lado, en el cuarto inmediato a las habitaciones de su

excelencia... Pero la tengo bien vigilada.

SCARPIA

Sigue furiosa, ¿eh?

COLOMETTI

Menos que antes... En cambio está muy inquieta; en primer lugar, por

el caballero Cavaradossi, y en segundo lugar, por conocer el sitio

adonde la hemos conducido desmayada. Nosotros, no habiendo recibido

instrucción de ningún género, no hemos considerado oportuno decirle

nada.

SCARPIA

~(A Schiarrone.)~ Ve a buscarla y condúcela aquí. ~(Schiarrone se va.)~

Y tú, Colometti, vigila bien la ejecución del muerto, y cuando hayas

concluido, yo te llamaré desde el balcón. ~(Colometti se inclina y

sale. En este mismo momento entra Schiarrone acompañando a Floria. A

los criados.)~ ¡Retiraos! ~(Salen los criados y Schiarrone.)~

ESCENA III

FLORIA y SCARPIA. Floria entra silenciosa, pálida y vacilante, con los

cabellos en desorden. Para andar se apoya en el respaldo del sofá y

mira en torno suyo con inquietud y curiosidad. Un momento de pausa.

SCARPIA

¿Deseáis conocer el lugar a dónde os hemos conducido, no es cierto?

Pues bien, señora mía, vos, lo mismo que el caballero Cavaradossi,

os encontráis en el castillo de Santángelo, en mis habitaciones

particulares. Ahora yo me imagino que, después de haber pasado una

noche tan agitada, tan llena de emociones, tendréis necesidad de algún

reposo, y por lo mismo os ofrezco de muy buena voluntad este humilde

albergue y una parte en esta cena, que hubiera sido mucho más exquisita

si yo hubiese podido figurarme siquiera que iba a tener una convidada

tan ilustre. ~(Floria, sin mirarlo siquiera, hace un expresivo gesto

de negativa y de disgusto. Scarpia se ríe.)~ ¿Quizá sospecháis que

os ofrezco un festín nocturno, a lo Borgia, aderezado con veneno?

Esas fueron costumbres de otras épocas, costumbres ya en desuso, por

fortuna. Nosotros no empleamos el veneno.

FLORIA

Pero asesináis siempre.

SCARPIA

~(Fríamente.)~ Los asesinatos no son hoy frecuentes... A Travelli y sus

cómplices les puedo hacer fusilar, ahorcar, empalar o descuartizar,

según me plazca. ~(Movimiento de Floria.)~ ¿Os asombráis acaso?

¿Sospechasteis por ventura que el señor Cavaradossi sería sometido a un

proceso?

FLORIA

¿No será juzgado?

SCARPIA

~(Con el mismo tono.)~ ¡Qué locura! Un interrogatorio, testigos,

fiscales, jueces, defensores... nada de eso. No podemos perder el

tiempo en semejantes fruslerías... Su majestad católica ha simplificado

mucho el procedimiento. Tened la bondad de asomaros a ese balcón y

podréis ver a la luz de las antorchas que agita ligeramente la fresca

brisa de la madrugada unos cuantos hombres que trabajan a la entrada

del puente. ¿Queréis saber qué es lo que hacen? Pues están plantando

una horca, una sólida horca de dos brazos... En uno de ellos se colgará

dentro de un poco un muerto, Angelotti, y en el otro, un vivo...

FLORIA

¿Mario? ~(Con espanto.)~

SCARPIA

La Tosca: Drama trágico en cuatro actos divididos en cinco cuadros · 第 2 / 4 段