7 Porque no os quiero ahora ver de paso; porque espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permitiere.
8 Pero estaré en Efeso hasta Pentecostés;
9 porque se me ha abierto puerta grande y eficaz, y muchos [son los] adversarios.
10 Y si llegare Timoteo, mirad que esté con vosotros seguramente; porque también hace la obra del Señor como yo.
11 Por tanto, nadie le tenga en poco; antes, llevadlo en paz, para que venga a mí, porque lo espero con los hermanos.
12 Acerca del hermano Apolos, mucho le he rogado que fuese a vosotros con [algunos] hermanos; mas en ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tuviere oportunidad.
13 Velad, estad [firmes] en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
14 Todas vuestras cosas sean hechas con caridad.
15 Y os ruego, hermanos, (ya sabéis que la casa de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que se han dedicado al ministerio de los santos,)
16 que vosotros os sujetéis a los tales, y a todos los que ayudan y trabajan.
17 Me regocijo de la venida de Estéfanas y de Fortunato y de Acaico, porque éstos suplieron vuestra ausencia.
18 Porque recrearon mi espíritu y [el] vuestro; reconoced pues a los tales.
19 Las Iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la Iglesia que está en su casa. 20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con ósculo santo.
21 La salutación de mí, Pablo, de mi mano.
22 El que no amare al Señor Jesús, [el] Cristo, sea anatema. Nuestro Señor ha venido.
23 La gracia del Señor Jesús [el] Cristo sea con vosotros.
24 Mi caridad en Cristo Jesús sea con todos vosotros. Amén.
2 CORINTIOS
CAPÍTULO 1
1 Pablo, apóstol de Jesús, [el] Cristo, por la voluntad de Dios, y [el] hermano Timoteo, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, juntamente con todos los santos que están por toda la Acaya:
2 Gracia tengáis, y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús, [el] Cristo.
3 Bendito [sea] el Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, [el] Cristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,
4 el que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, [para] que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados por Dios.
5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones del Cristo, así abunda también, por Cristo, nuestra consolación.
6 Pero si somos atribulados, [es] por vuestra consolación y salud; la cual es obrada en el sufrir las mismas aflicciones que nosotros también padecemos; o si somos consolados, es por vuestra consolación y salud;
7 y nuestra esperanza de vosotros es firme; estando ciertos que como sois compañeros de las aflicciones, así también lo seréis de la consolación.
8 Porque, hermanos, no queremos que ignoréis nuestra tribulación que nos fue hecha en Asia; que (sobremanera) fuimos cargados más allá de nuestras fuerzas, de tal manera que estuviésemos en duda de la vida.
9 Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios, que levanta a los muertos;
10 el cual nos libró, y libra de tanta muerte; en el cual esperamos que aun nos librará;
11 ayudándonos también vosotros, con oración por nosotros, para que por el don [hecho] a nosotros por respeto de muchos, por muchos [también] sean dadas gracias por nosotros.
12 Porque nuestro regocijo es este: el testimonio de nuestra conciencia, que con simplicidad y sinceridad de Dios, no con sabiduría carnal, sino con la gracia de Dios, hemos conversado en el mundo, y mucho más con vosotros.
13 Porque no os escribimos otras cosas de las que leéis, o también conocéis; y espero que aun hasta el fin las conoceréis;
14 como también en parte habéis conocido que somos vuestro regocijo, así como también vosotros el nuestro, en el día del Señor Jesús.
15 Y con esta confianza quise primero venir a vosotros, para que tuvieseis [una] segunda gracia;
16 y por vosotros pasar a Macedonia, y de Macedonia venir otra vez a vosotros, y ser vuelto de vosotros a Judea.
17 Así que, pretendiendo esto, ¿quizá de ligereza? O lo que pienso [hacer], ¿lo pienso según la carne, para que haya de mí sí, sí y no, no?
18 Antes es Dios fiel que nuestra palabra para con vosotros no ha sido sí y no.
19 Porque el Hijo de Dios, Jesús, [el] Cristo, que por nosotros ha sido entre vosotros predicado, por mí y Silvano y Timoteo, no ha sido sí y no; mas ha sido sí en él. 20 Porque todas las promesas de Dios [son] en él Sí, y en él Amén, por nosotros para la gloria de Dios.
21 Y el que nos confirma con vosotros a Cristo, y el que nos ungió, [es] Dios;
22 el cual también nos selló, y nos dio la prenda del Espíritu en nuestros corazones.
23 Mas yo llamo a Dios por testigo sobre mi alma, que hasta ahora no he venido a Corinto por ser indulgente con vosotros.
24 No que nos enseñoreemos de vuestra fe, aunque somos ayudadores de vuestro gozo; porque por la fe estáis en pie.
CAPÍTULO 2
1 Esto he determinado en mí, no venir otra vez a vosotros con tristeza.
2 Porque si yo os contristo, ¿quién será luego el que me alegrará, sino aquel a quien yo contristare?
3 Y esto mismo os escribí, para que cuando llegare no tenga tristeza de los que me debiera gozar; confiando en todos vosotros que mi gozo es [el] de todos vosotros.
4 Porque por la mucha tribulación y angustia del corazón os escribí con muchas lágrimas; no para que fueseis contristados, sino para que conocieseis cuánta más caridad tengo para con vosotros.
5 Que si alguno [me] contristó, no me contristó a mí, sino en parte, para no cargaros, a todos vosotros.
6 Bástale al tal esta reprensión hecha por muchos;
7 para que, al contrario, vosotros más bien lo perdonéis y consoléis, porque por ventura no sea el tal consumido con [demasiada] tristeza.
8 Por lo cual os ruego que confirméis la caridad para con él.
9 Porque también para este fin os escribí, para tener experiencia de vosotros si sois obedientes en todo.
10 Y al que [vosotros] perdonareis, yo también: porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros [lo he hecho] en [la] persona de Cristo;
11 para que no seamos engañados de Satanás, pues no ignoramos sus maquinaciones.
12 Cuando vine a Troas por el Evangelio del Cristo, aunque me fue abierta puerta en el Señor,
13 no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a Tito, mi hermano; y así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia.
14 Mas a Dios gracias; el cual hace que siempre triunfemos en el Cristo Jesús y manifiesta el olor de su conocimiento por nosotros en todo lugar.
15 Porque por Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden;
16 a éstos ciertamente olor de muerte para muerte; y a aquellos olor de vida para vida. Y para estas cosas ¿quién es suficiente?
17 Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios, sino [que] con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos de Cristo.
CAPÍTULO 3
1 ¿Comenzamos otra vez a alabarnos a nosotros mismos? ¿O tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, o de recomendación de vosotros [para otros]?
2 Nuestras letras sois vosotros [mismos], escritas en nuestros corazones, las cuales son sabidas y leídas por todos los hombres;
3 cuando es manifiesto que sois letra de Cristo administrada por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.
4 Y tal confianza tenemos por el Cristo para con Dios;
5 no que seamos suficientes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia [es] de Dios;
6 el cual aun nos hizo que fuésemos ministros suficientes del Nuevo Testamento, no de la letra, sino del Espíritu; porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica.
7 Y si el ministerio de muerte en la letra grabado en piedras, fue para gloria, tanto que los hijos de Israel no pudiesen poner los ojos en la faz de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer,
8 ¿Cómo no será para mayor gloria el ministerio del Espíritu?
9 Porque si el ministerio de condenación [fue de] gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justicia.
10 Porque lo que fue [tan] glorioso, en esta parte ni aun fue glorioso, en comparación con la excelente gloria.
11 Porque si lo que perece es para gloria, mucho más será para gloria lo que permanece.
12 Así que, teniendo tal esperanza, hablamos con mucha confianza;
13 y no como Moisés, [que] ponía un velo sobre su faz, para que los hijos de Israel no pusiesen los ojos en su cara, cuya [gloria] había de perecer.
14 (Y así los sentidos de ellos se embotaron; porque hasta el día de hoy [les] queda el mismo velo no descubierto en la lección del Antiguo Testamento, el cual en Cristo es quitado.
15 Y aun hasta el día de hoy, cuando Moisés es leído, el velo está puesto sobre el corazón de ellos.
16 Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará.)
17 Porque el Señor es el Espíritu; y donde [hay] aquel Espíritu del Señor, allí [hay] libertad.
18 Por tanto nosotros todos, puestos los ojos como en un espejo en la gloria del Señor con cara descubierta, somos transformados de gloria en gloria en la misma semejanza, como por el Espíritu del Señor.
CAPÍTULO 4
1 Por lo cual teniendo [nosotros] este ministerio según la misericordia que hemos alcanzado, no faltamos;
2 antes quitamos [de nosotros] todo escondrijo de vergüenza, no andando con astucia, ni adulterando la palabra de Dios, sino en manifestación de [la] verdad, encomendándonos a nosotros mismos a toda conciencia humana delante de Dios.
3 Que si nuestro Evangelio está encubierto, a los que se pierden está encubierto;
4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del Evangelio de la gloria del Cristo, el cual es la imagen de Dios.
5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús, el Señor; y nosotros, vuestros siervos por Jesús.
6 Porque el Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, [es] el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la claridad de Dios en la faz del Cristo Jesús.
7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la alteza sea de la virtud de Dios, y no de nosotros.
8 En todo somos atribulados, mas no angustiados; dudamos [(de nuestra vida)], mas no desesperamos;
9 padecemos persecución, mas no somos desamparados [en ella]; somos abatidos, mas no perecemos;
10 llevando siempre por todas partes la mortificación del Señor Jesús en nuestro cuerpo, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestros cuerpos.
11 Porque nosotros que vivimos, siempre somos entregados a muerte por Jesús, para que también la vida de Jesús sea manifestada en nuestra carne mortal.
12 De manera que la muerte obra en nosotros, y en vosotros la vida.
13 Mas porque tenemos el mismo Espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual también hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,
14 estando ciertos que el que levantó al Señor Jesús, a nosotros también nos levantará por Jesús, y nos pondrá con vosotros.
15 Porque todas estas cosas [padecemos] por vosotros, para que abundando la gracia por muchos, en la acción de gracias abunde [también] la gloria de Dios.
16 Por tanto, no faltamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior sin embargo se renueva de día en día.
17 Porque nuestra tribulación, que al presente es momentáneo y leve, nos obra [en] sobremanera [un] alto [y] eterno peso de gloria;
18 no mirando nosotros a lo que se ve, sino a lo que no se ve; porque lo que se ve, temporal es; mas lo que no se ve, eterno.
CAPÍTULO 5
1 Porque sabemos, que si la casa terrestre de esta nuestra habitación se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa, no hecha de manos, eterna, en los cielos.
2 Y por esto también gemimos, deseando ser sobrevestidos de aquella nuestra habitación que es del cielo;
3 si también fuéremos hallados vestidos, y no desnudos.
4 Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo, gemimos cargados; porque no querremos ser desnudados; antes sobrevestidos, consumiendo la vida a lo que es mortal.
5 Mas el que nos hizo para esto mismo, [es] Dios; el cual así mismo nos ha dado la prenda del Espíritu.
6 Así que [vivimos] confiados siempre, y sabiendo, que entre tanto que estamos en casa en el cuerpo, peregrinamos del Señor;
7 (porque por fe andamos, no por vista);
8 mas confiamos, y querremos más peregrinar del cuerpo, y ser presentes al Señor.
9 Por tanto procuramos también, ausentes, o presentes, agradarle;
10 porque es necesario que todos nosotros comparezcamos delante del tribunal del Cristo, para que cada uno reciba según lo que hubiere hecho por medio del cuerpo, bueno o malo.
11 Así que estando ciertos de aquel terror del Señor, persuadimos los hombres, mas a Dios somos manifiestos; y espero que también en vuestras conciencias seamos manifiestos.
12 No nos encomendamos pues otra vez a vosotros, sino os damos ocasión de gloriaros por nosotros, para que tengáis qué responder contra los que se glorían en las apariencias, y no en el corazón.
13 Porque si estamos locos, es para Dios; y si somos cuerdos, es para vosotros.
14 Porque la caridad del Cristo nos constriñe, porque juzgamos así: Que si uno fue muerto por todos, luego todos son muertos;
15 así mismo el Cristo murió por todos, para que también los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.
16 De manera que nosotros de aquí [en] adelante a nadie conocemos según la carne; y si aun a Cristo conocimos según la carne, ahora sin embargo ya no [le] conocemos.
17 De manera que si alguno [es] en Cristo, [son] nueva creación; las cosas viejas pasaron; he aquí todo es hecho nuevo.
18 Y todo esto por Dios, el cual nos reconcilió a sí por Jesús el Cristo; y (nos) dio el ministerio de la reconciliación.
19 Porque ciertamente Dios estaba en Cristo reconciliando el mundo a sí [mismo], no imputándoles sus pecados, y puso en nosotros la palabra de la Reconciliación. 20 Así que, somos embajadores de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; [os] rogamos en Nombre de Cristo: Reconciliaos a Dios.
21 Al que no conoció pecado, [lo] hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
CAPÍTULO 6
1 Por lo cual nosotros, ayudando [a él], también [os] exhortamos que no habéis recibido en vano la gracia de Dios,
2 (porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salud te he socorrido; he aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de la salud).
3 No dando a nadie ningún escándalo, para que el ministerio no sea vituperado;
4 antes teniéndonos en todas [las] cosas como ministros de Dios, en mucha paciencia, en tribulaciones, en necesidades, en angustias;
5 en azotes, en cárceles, en alborotos, en trabajos, en vigilias, en ayunos;
6 en castidad, en ciencia, en mansedumbre, en bondad, en [el] Espíritu Santo, en caridad no fingida;
7 en palabra de verdad, en potencia de Dios, por las armas de justicia a diestra y [a] siniestra;
8 por honra y por deshonra, por infamia y por buena fama; como engañadores, mas hombres de [la] verdad;
9 como ignorados, pero conocidos; como muriendo, mas he aquí vivimos; como castigados, pero no mortificados;
10 como doloridos, mas siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como los que no tienen nada, mas que lo poseen todo.
11 Nuestra boca está abierta a vosotros, oh corintios, nuestro corazón es ensanchado.
12 No estáis estrechos en nosotros, sino estáis estrechos en vuestras [propias] entrañas.
13 Pues, por la misma recompensa (como a hijos hablo), ensanchaos también vosotros.
14 No os juntéis en yugo con los incrédulos; porque ¿qué compañía tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunicación la luz con las tinieblas?
15 ¿Y qué concordia [tiene] Cristo con Belial? ¿O qué parte el fiel con el infiel?
16 ¿Y qué consentimiento el templo de Dios con los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios Viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo.
17 Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis cosa inmunda; y yo os recibiré,
18 y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.
CAPÍTULO 7
1 Así que, amados, pues teniendo tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios.
2 Admitidnos: a nadie hemos injuriado, a nadie hemos corrompido, a nadie hemos engañado.
3 No para condenaros [lo] digo; que ya he dicho antes; estáis en nuestros corazones, para morir y para vivir juntamente [con nosotros].
4 Mucho atrevimiento tengo para con vosotros, mucho me glorío de vosotros; lleno estoy de consolación, sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.
5 Porque aun cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestra carne; antes, en todo fuimos atribulados; de fuera, cuestiones; de dentro, temores.
6 Pero Dios, que consuela [a] los humildes, nos consoló con la venida de Tito;
7 y no sólo con su venida, sino también con la consolación con que él fue consolado [acerca] de vosotros, haciéndonos saber vuestro deseo (grande), vuestro lloro, vuestro celo por mí, para que así me gozase más.
8 Porque aunque os contristé por la carta, no me arrepiento, aunque me pesó; porque veo que aquella carta, aunque por [algún] tiempo os contristó.
9 Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para enmienda; porque habéis sido contristados según Dios, [de tal manera] que ninguna pérdida padecisteis por nuestra parte.
10 Porque el dolor que es según Dios, hace enmienda saludable, de la cual no hay que arrepentirse; pero el dolor del mundo obra muerte.
11 Porque he aquí esto mismo, que según Dios fuisteis contristados, ¿cuánta solicitud ha obrado en vosotros? ¡[Qué] defensa, [qué] enojo, [qué] temor, [qué] (gran) deseo, [qué] celo, y [qué] vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto.
12 Así que, aunque os escribí, no fue [solamente] por causa del que hizo la injuria, ni por causa del que la padeció, sino también para que os fuese manifiesta nuestra solicitud que tenemos por vosotros delante de Dios.
13 Por tanto, tomamos consolación de vuestra consolación, pero mucho más nos gozamos por el gozo de Tito, que haya sido recreado su espíritu por todos vosotros.
14 Y si algo me he gloriado para con él de vosotros, no he sido avergonzado; sino que así, como todo lo que habíamos dicho de vosotros [era] con verdad, así también nuestra gloria delante de Tito fue hallada verdadera.
15 Y sus entrañas son más abundantes para con vosotros, cuando se acuerda de la obediencia de todos vosotros, y de cómo lo recibisteis con temor y temblor.
16 Así que me gozo de que en todo estoy confiado de vosotros.
CAPÍTULO 8
1 Así mismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha sido dada a las Iglesias de Macedonia;
2 que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo permaneció, y su profunda pobreza abundó en riquezas de su bondad.
3 Porque conforme a [sus] fuerzas, (como yo testifico por ellos), y aun sobre [sus] fuerzas han sido liberales;
4 rogándonos con muchas súplicas, que recibiésemos la gracia y la comunicación del ministerio que se hace para los santos.
5 Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos [se] dieron primeramente al Señor, y [luego] a nosotros por la voluntad de Dios.
6 De tal manera que exhortamos a Tito, [para] que como comenzó antes, así también acabe esta gracia entre vosotros también.
7 Por tanto, como en todo abundáis, en fe, y en Palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestra caridad con nosotros, que también abundéis en esta gracia.
8 No hablo como quien manda, sino por experimentar la liberalidad de vuestra caridad por la solicitud de los otros.
9 Porque ya sabéis la gracia del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
10 Y en esto doy [mi] consejo; porque esto os conviene a vosotros, que comenzasteis, no sólo a hacerlo, sino también a ser solícitos desde el año pasado.
11 Ahora pues, llevad también a cabo el hecho, para que como fue pronto el ánimo de la voluntad, así también sea en cumplirlo de lo que tenéis.
12 Porque si primero hay la voluntad pronta, será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene.
13 Porque no digo esto para que haya para otros desahogo, y para vosotros apretura;
14 sino para que en este tiempo, por la equidad, vuestra abundancia supla la falta de los otros, para que también la abundancia de ellos [otra vez] supla vuestra falta, y haya igualdad;
15 como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos.
16 Pero gracias a Dios que dio la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito.
17 Pues a la verdad recibió la exhortación; mas estando también muy solícito, de su voluntad partió para [ir a] vosotros.
18 Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza es en el Evangelio por todas las Iglesias;
19 y no sólo [esto], sino que también fue ordenado por las Iglesias compañero de nuestra peregrinación para [llevar] esta gracia, que es administrada por nosotros y de vuestro pronto ánimo para gloria del mismo Señor. 20 Evitando que nadie nos vitupere en esta abundancia que ministramos;
21 procurando lo honesto no sólo delante del Señor, sino aun delante de los hombres.
22 Enviamos también con ellos a nuestro hermano, al cual muchas veces hemos experimentado diligente, pero ahora mucho más con la mucha confianza que [tenemos] en vosotros.
23 En cuanto a Tito, es mi compañero y coadjutor para con vosotros; o acerca de nuestros hermanos, que son apóstoles de las Iglesias, y la gloria del Cristo.
24 Mostrad pues, para con ellos en la faz de las Iglesias la prueba de vuestra caridad, y de nuestro gloriarnos acerca de vosotros.
CAPÍTULO 9
1 Porque [en] cuanto a la suministración para los santos, por demás me es escribiros;
2 pues conozco vuestro pronto ánimo, del cual me glorío yo entre los de Macedonia, que Acaya está apercibida desde el año pasado; y vuestro celo ha estimulado a muchos.
3 Mas he enviado los hermanos, para que nuestro gloriarnos de vosotros no sea vano en esta parte; para que, como lo he dicho, estéis apercibidos;
4 no sea que, si vinieren conmigo macedonios, y os hallaren desprevenidos, nos avergoncemos nosotros, por no decir vosotros, de esta nuestra confianza.
5 Por tanto, tuve por cosa necesaria exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros, y apresten primero vuestra bendición antes prometida para que esté aparejada como de bendición, y no como de mezquindad.
6 Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra en bendiciones, en bendiciones también segará.
7 Cada uno como propuso en su corazón (haga): no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama al dador alegre.
8 Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia; a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo que basta, abundéis para toda buena obra;
9 como está escrito: Derramó, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre.
10 Y el que da la simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra justicia;
11 para que enriquecidos en todo abundéis en toda bondad, la cual obra por nosotros acción de gracias a Dios.
12 Porque la suministración de este servicio, no solamente suple lo que a los santos falta, sino también abunda en muchas acciones de gracias a Dios;
13 que por la experiencia de esta suministración glorifican a Dios por la obediencia de vuestro consentimiento en el Evangelio del Cristo, y en la bondad de la comunicación para con ellos y para con todos;
14 y en la oración de ellos a favor vuestro, los cuales os quieren a causa de la eminente gracia de Dios en vosotros.
15 Gracias a Dios por su don inefable.
CAPÍTULO 10
1 Os ruego, sin embargo, yo Pablo, por la mansedumbre y modestia del Cristo, (que presente ciertamente soy bajo entre vosotros, mas ausente soy confiado con vosotros);