3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne.
4 (Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas de parte de Dios para [la] destrucción de fortalezas);
5 destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia del Cristo.
6 Y estando prestos para castigar a toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida.
7 ¿Miráis las cosas según la apariencia? El que está confiado en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo.
8 Porque aunque me glorié aun un poco de nuestra potestad (la cual el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción), no me avergonzaré;
9 pero para que no parezca como que os [quiero] espantar por cartas.
10 Porque a la verdad, dicen, las cartas son graves y fuertes; mas la presencia corporal flaca, y la palabra menospreciable.
11 Esto piense el tal, [que] cuales somos en la palabra por cartas [estando] ausentes, tales somos también presentes en la obra.
12 Porque no osamos entremeternos o compararnos con algunos que se encomiendan a sí mismos; mas no entienden que ellos, consigo mismos se miden, y a sí mismos se comparan.
13 Pero nosotros no nos gloriaremos más allá de [nuestra] medida, sino conforme a la medida de la regla, de la medida que Dios nos repartió, para llegar aun hasta vosotros.
14 Porque no nos extendemos demasiado para llegar hasta vosotros; porque también hasta vosotros hemos llegado con el Evangelio del Cristo;
15 no gloriándonos más allá de [nuestra] medida en trabajos ajenos; sino teniendo esperanza del crecimiento de vuestra fe, que seremos muy engrandecidos entre vosotros, conforme a nuestra regla.
16 Y que anunciaremos el Evangelio a los que están más allá de vosotros, sin [entrar en] la medida de otro para gloriarnos en lo que ya estaba aparejado.
17 Mas el que se gloría, gloríese en el Señor.
18 Porque no el que se alaba a sí mismo es aprobado; sino aquel a quien Dios alaba.
CAPÍTULO 11
1 Bien que toleraseis un poco mi locura; pero toleradme.
2 Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado a un marido, para presentaros [como] una virgen limpia al Cristo.
3 Mas temo que como la serpiente engañó a Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, y caigan de la simplicidad que es en el Cristo.
4 Por lo cual si alguno que viniere predicare otro Cristo diferente al que hemos predicado, o recibiereis otro Espíritu del que habéis recibido, u otro Evangelio del que habéis aceptado, lo sufrierais bien.
5 En verdad pienso que en nada he sido inferior a aquellos grandiosos apóstoles.
6 Porque aunque [soy] basto en la palabra, empero no en la ciencia; mas en todo somos ya del todo manifiestos a vosotros.
7 ¿Por ventura pequé humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados? Porque os he predicado el Evangelio de Dios de balde.
8 He sacado de las otras Iglesias, recibiendo salario para ministraros a vosotros.
9 Y estando con vosotros y teniendo necesidad, a ninguno [de vosotros] fui carga; porque lo que me faltaba, [lo] suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia; y en todo me guardé de seros gravoso, y me guardaré.
10 Es la verdad del Cristo en mí, que esta gloria no me será sellado en las partes de Acaya.
11 ¿Por qué? ¿Porque no os amo? Dios lo sabe.
12 Mas lo que hago, [lo] haré aún, para quitar la ocasión de aquellos que la desean para ser hallados semejantes a nosotros en lo que se glorían.
13 Porque estos falsos apóstoles, son obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo.
14 Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz.
15 Así que, no es mucho si sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.
16 Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme como a loco, para que aun me gloríe yo un poquito.
17 Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloria.
18 Puesto que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré.
19 Porque de buena gana toleráis los locos, siendo vosotros sabios; 20 porque toleráis si alguno os pone en servidumbre, si alguno [os] devora, si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara.
21 Lo digo en cuanto a la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido flacos (en esta parte). Pero en lo que otro tuviere osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía.
22 ¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son simiente de Abraham? También yo.
23 ¿Son ministros de Cristo? (Como poco sabio hablo), yo más; en trabajos más [abundante]; en azotes más; en cárceles más; en muertes, muchas veces.
24 De los judíos cinco veces he recibido cuarenta [azotes] menos uno.
25 Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; noche y día he estado en lo profundo (del mar);
26 en caminos, muchas veces; peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros con falsos hermanos;
27 en trabajo y fatiga, en muchas vigilias, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez;
28 y además de otras cosas, mi combate de cada día [es] la solicitud de todas las Iglesias.
29 ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿Quién se tropieza, y yo no me quemo?
30 Si es necesario gloriarse, me gloriaré yo de lo que es de mi flaqueza.
31 El Dios y Padre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, que es bendito por [los] siglos, sabe que no miento.
32 En Damasco, el capitán de la gente del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme;
33 y fui descolgado del muro por una ventana, y escapé de sus manos.
CAPÍTULO 12
1 Cierto no me es conveniente gloriarme; mas vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor.
2 Conozco [un] hombre en [el] Cristo, que hace catorce años (si en el cuerpo, no lo sé; si fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe) fue arrebatado hasta el tercer cielo.
3 Y conozco [al] tal hombre, (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo sé: Dios lo sabe),
4 que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que el hombre no puede decir.
5 De éste tal me gloriaré, mas de mí mismo [en] nada me gloriaré, sino en mis flaquezas.
6 Por lo cual si quisiere gloriarme (de estas cosas,) no sería loco, porque diré [la] verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye.
7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase descomedidamente, me es dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.
8 Por lo cual tres veces he rogado al Señor, que se quite de mí.
9 Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque (mi) potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré de mis flaquezas, para que habite en mí la potencia de Cristo.
10 Por lo cual me contento en las flaquezas, en las afrentas, en las necesidades, en las persecuciones, en las angustias por el Cristo; porque cuando soy flaco, entonces soy poderoso.
11 He sido loco (en gloriarme); vosotros me constreñisteis; pues yo había de ser alabado de vosotros, porque en nada he sido menos que los grandiosos apóstoles, aunque nada soy.
12 Con todo esto, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, en señales, y en prodigios, y en potencia.
13 Porque ¿qué hay en que habéis sido menos que las otras Iglesias, sino en que yo mismo no os he sido carga? Perdonadme esta injuria.
14 He aquí estoy aparejado para ir a vosotros la tercera vez, y no os seré gravoso; porque no busco vuestras cosas, sino a vosotros; porque no han de atesorar los hijos para los padres, sino los padres para los hijos.
15 Pero yo de muy buena gana me desprenderé y seré totalmente desprendido por vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos.
16 Pero sea así, yo no os he agravado; sino que, como soy astuto, os he tomado por engaño.
17 ¿Por ventura os he engañado por alguno de los que he enviado a vosotros?
18 Rogué a Tito, y envié con él al hermano. ¿Os engañó por ventura Tito? ¿No hemos andado con un mismo Espíritu y por las mismas pisadas?
19 ¿O pensáis aún que nos excusamos con vosotros? Delante de Dios en Cristo hablamos; mas todo, muy amados, por vuestra edificación. 20 Porque temo que cuando llegare, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; para que por ventura no haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, disensiones, detracciones, murmuraciones, rumores, bandos;
21 para que cuando volviere, no me humille Dios entre vosotros, y haya de llorar por muchos de los que antes habrán pecado, y no se han enmendado de la inmundicia y fornicación y deshonestidad que han cometido.
CAPÍTULO 13
1 Esta tercera vez voy a vosotros. En la boca de dos o de tres testigos consistirá toda palabra.
2 Ya he dicho antes, y ahora digo otra vez como si fuera presente por segunda vez, y ahora ausente lo escribo a los que antes pecaron, y a todos los demás, que si voy otra vez, no perdonaré;
3 pues buscáis una prueba de Cristo que habla en mí, el cual no es flaco para con vosotros, antes es poderoso en vosotros.
4 Porque aunque fue colgado en un madero por flaqueza, sin embargo vive por potencia de Dios. Por lo cual también nosotros somos flacos en él, sin embargo viviremos con él por la potencia de Dios en vosotros.
5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en [la] fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, si Jesús, el Cristo, está en vosotros? Si ya no sois reprobados.
6 Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados.
7 Pero oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros seamos hallados aprobados, sino para que vosotros hagáis lo que es bueno, aunque nosotros seamos tenidos por reprobados.
8 Porque ninguna cosa podemos contra la verdad, sino por la verdad.
9 Por lo cual nos gozamos que seamos nosotros flacos, y que vosotros seáis poderosos; y aun oramos por vuestra perfección.
10 Por tanto [os] escribo esto ausente, por no trataros en presencia con más dureza, conforme a la potestad que el Señor me ha dado para edificación, y no para destrucción.
11 Resta, hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación, sintáis una misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad sea con vosotros.
12 Saludaos los unos a los otros con beso santo.
13 Todos los santos os saludan.
14 La gracia del Señor Jesús, [el] Cristo, y la caridad de Dios, y la comunicación del Espíritu Santo sea con todos vosotros. Amén.
GÁLATAS
CAPÍTULO 1
1 Pablo, apóstol, no de los hombres ni por hombre, sino por Jesús, [el] Cristo, y Dios el Padre, que lo resucitó de los muertos,
2 y todos los hermanos que están conmigo, a las Iglesias de Galacia:
3 Gracia sea a vosotros, y paz de Dios el Padre, y del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo,
4 El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad del Dios y Padre nuestro,
5 al cual es la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamó en la gracia de Cristo, a otro evangelio;
7 porque no hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el Evangelio del Cristo.
8 Mas [aun] si nosotros o [un] ángel del cielo os anunciare otro Evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema.
9 Como antes hemos dicho, también ahora lo decimos otra vez: Si alguno os anunciare otro Evangelio del que habéis recibido, sea anatema.
10 Porque, ¿persuado yo ahora [a] hombres o a Dios? ¿O busco agradar a los hombres? Cierto, que si todavía agradara a [los] hombres, no sería siervo de Cristo.
11 Mas os hago saber, hermanos, que el Evangelio que ha sido anunciado por mí, no es según hombre;
12 ni yo lo recibí, ni aprendí de hombre, sino por revelación de Jesús, [el] Cristo.
13 Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera la Iglesia de Dios, y la destruía;
14 y aprovechaba en el Judaísmo sobre muchos de mis iguales en mi nación, siendo mucho más celoso que todos de las tradiciones de mis padres.
15 Mas cuando quiso Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y [me] llamó por su gracia,
16 revelar a su Hijo en mí, para que le predicase entre los gentiles, luego no consulté con carne y sangre;
17 ni fui a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que me fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco.
18 Después, pasados tres años, fui a Jerusalén a ver a Pedro, y estuve con él quince días.
19 Mas a ningún otro de los apóstoles vi, sino a Jacobo, el hermano del Señor. 20 Y en esto que os escribo, he aquí delante de Dios, que no miento.
21 Después fui a las partes de Siria y de Cilicia;
22 y no era conocido de vista a las Iglesias de Judea, que eran en el Cristo;
23 solamente habían oído decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que en otro tiempo destruía.
24 Y glorificaban a Dios por mí.
CAPÍTULO 2
1 Después, pasados catorce años, fui otra vez a Jerusalén juntamente con Bernabé, tomando también conmigo a Tito.
2 Pero fui por revelación, y les comuniqué el Evangelio que predico entre los gentiles; mas particularmente a los que parecían ser algo, por no correr en vano, o haber corrido.
3 Mas ni aun Tito, que estaba conmigo, siendo griego, fue compelido a circuncidarse.
4 Y eso a pesar de los falsos hermanos, que se entraban secretamente para espiar nuestra libertad que tenemos en el Cristo Jesús, para ponernos en servidumbre;
5 a los cuales ni aun por una hora accedimos a someternos, para que la verdad del Evangelio permaneciese con vosotros.
6 Pero de aquellos que parecían ser algo (cuales hayan sido [en] algún tiempo, no tengo que ver; Dios no acepta apariencia de hombre), a mí ciertamente los que parecían ser algo, nada me dieron.
7 Antes por el contrario, como vieron que el Evangelio de la incircuncisión me era encargado, como a Pedro el de la circuncisión,
8 (porque el que obró Pedro para el apostolado de la circuncisión, obró también en mí para con los gentiles);
9 y como vieron la gracia que me era dada, Jacobo y Cefas y Juan, que parecían ser las columnas, nos dieron la diestra de compañía a mí y a Bernabé, para que nosotros [fuésemos] a los gentiles, y ellos a la circuncisión.
10 Solamente [nos pidieron] que nos acordásemos de los pobres; lo mismo que fui también solícito en hacer.
11 Pero viniendo Pedro a Antioquía, le resistí en la cara, porque era de condenar.
12 Porque antes que viniesen unos [de parte] de Jacobo, comía con los gentiles; mas después que vinieron, se retraía y apartaba, teniendo miedo de los que eran de la circuncisión.
13 Y a su disimulación consentían también los otros judíos; de tal manera que aun Bernabé fue también llevado de ellos en su hipocresía.
14 Como vi que no andaban derechamente [conforme] a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿por qué constriñes a los gentiles a judaizar?
15 Nosotros [que somos] judíos naturaleza, y no pecadores de los gentiles,
16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesús, [el] Cristo, nosotros también hemos creído en Jesús, el Cristo, para que fuésemos justificados por [la] fe de Cristo, y no por las obras de la ley; por cuanto por las obras de la ley ninguna carne será justificada.
17 Y si buscando nosotros ser justificados en Cristo, también nosotros somos hallados pecadores, ¿es [por eso] el Cristo ministro de [nuestro] pecado? En ninguna manera.
18 Porque si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, rebelde me hago.
19 Porque yo por la ley soy muerto a la ley, para vivir a Dios. 20 Con Cristo estoy juntamente colgado en el madero, y vivo, no ya yo, sino vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, [lo] vivo por la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó a sí mismo por mí.
21 No desecho la gracia de Dios; porque si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo.
CAPÍTULO 3
1 ¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os hechizó, para no obedecer a la Verdad, ante cuyos ojos Jesús, el Cristo fue ya descrito como colgado en el madero entre vosotros?
2 Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oído [obediente] de la fe?
3 ¿Tan locos sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?
4 ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? Sí, pero en vano.
5 Aquel, pues, que os da el Espíritu, y obra las maravillas entre vosotros ¿lo hace por las obras de la ley, o por [el oír] obediente de la fe?
6 Como Abraham creyó a Dios, y le fue atribuido a justicia.
7 Así que conocéis que los que son por la fe, los tales son los hijos de Abraham.
8 Y viendo antes la Escritura que Dios por la fe había de justificar a los gentiles, evangelizó antes a Abraham, [diciendo]: Que todos los gentiles de la tierra serán benditos en ti.
9 Luego los de la fe son [los] benditos con el creyente Abraham.
10 Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas.
11 Además por la ley ninguno se justifica para con Dios, queda manifiesto: Que el justo por la fe vivirá.
12 La ley tampoco es de la fe; sino: El hombre que los hiciere [los mandamientos], vivirá por ellos.
13 Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en [un] madero),
14 para que la bendición de Abraham en los gentiles fuese en el Cristo Jesús; para que por la fe recibamos la promesa del Espíritu.
15 Hermanos, (hablo como hombre): Aunque un pacto sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo cancela, ni le añade.
16 A Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es el Cristo.
17 Esto pues digo: Que el Pacto [previamente] ratificado de Dios para con el Cristo, la ley que fue hecha cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa.
18 Porque si la herencia es por la ley, ya no [será] por la promesa; pero Dios por la promesa hizo la dió a Abraham.
19 ¿Pues de qué [sirve] la ley? Fue puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la Simiente a quien fue hecha la promesa; [y fue] ordenada por los Angeles en la mano de un Mediador. 20 Y el Mediador no es de uno [solo], pero Dios es uno.
21 ¿Luego la ley [es] contra las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si alguna ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley.
22 Mas encerró la Escritura todo bajo pecado, para que la promesa fuese dada a los creyentes por la fe de Jesús, [el] Cristo.
23 Pero antes que viniese la fe, estábamos guardados bajo la ley, encerrados para aquella fe que había de ser descubierta.
24 De manera que la ley fue ayo nuestro para [llevarnos] a Cristo, para que fuésemos justificados por la fe.
25 Mas venida la fe, ya no estamos bajo [la mano] del ayo;
26 porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
27 Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos.
28 No hay [aquí] judío, ni griego; no hay siervo, ni libre; no hay macho, ni hembra: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.
29 Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente la Simiente de Abraham sois, y conforme a la promesa, los herederos.
CAPÍTULO 4
1 También digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es el señor de todo;
2 pero está bajo [la mano] de tutores y administradores hasta el tiempo señalado por el padre.
3 Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los elementos del mundo.
4 Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, nacido de mujer, nacido súbdito de la ley,
5 para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos.
6 Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.
7 Así que ya no eres más siervo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por Cristo.
8 Antes, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses;
9 mas ahora, habiendo conocido a Dios, o más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los débiles y pobres elementos, en los cuales queréis volver a servir?
10 Guardáis días, y meses, y tiempos, y años.
11 Temo por vosotros, que haya trabajado en vano en vosotros.
12 Hermanos, os ruego, sed como yo, porque yo soy como vosotros; ningún agravio me habéis hecho.
13 Que vosotros sabéis que por flaqueza de carne os anuncié el Evangelio al principio;
14 y no desechasteis ni menospreciasteis mi aflicción que estaba en mi carne; antes me recibisteis como a un ángel de Dios, como al [mismo] Cristo Jesús.
15 ¿Dónde está pues vuestra bienaventuranza? Porque yo os doy testimonio que si se pudiera hacer, os hubierais sacado vuestros ojos para dármelos.
16 ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, diciéndoos la verdad?
17 Tienen celos de vosotros, pero no [para] bien; antes os quieren echar fuera para que vosotros los celéis a ellos.
18 Bueno es ser celosos en bien siempre; y no solamente cuando estoy presente con vosotros.
19 Hijitos míos, que vuelvo otra vez a estar de parto de vosotros, hasta que Cristo sea formado en vosotros; 20 querría cierto estar ahora con vosotros, y mudar mi voz; porque estoy avergonzado de vosotros.
21 Decidme, los que queréis estar bajo la ley, ¿no habéis oído la ley?
22 Porque escrito está que Abraham tuvo dos hijos; uno de la sierva, el otro de la libre.
23 Mas el de la sierva nació según la carne; pero el de la libre [nació] por la promesa.
24 Las cuales cosas son dichas por alegoría, porque estas [mujeres] son los dos pactos; el uno ciertamente del monte Sinaí, el cual engendró para servidumbre, que es Agar.
25 Porque Agar o Sinaí es un monte de Arabia, el cual corresponde a la que ahora es Jerusalén, la cual [junto] con sus hijos está en esclavitud.
26 Mas la Jerusalén de arriba, libre es; la cual es la madre de todos nosotros.
27 Porque está escrito: Alégrate, la estéril, que no das a luz; Prorrumpe [en alabanzas] y clama, La que no estás de parto; Porque más son los hijos de la dejada, Que de la que tiene marido.
28 Así que, hermanos, nosotros como Isaac, somos hijos de la promesa.
29 Pero como entonces el que era engendrado según la carne, perseguía al [que había nacido] según el Espíritu, así también ahora.
30 Mas ¿qué dice la Escritura? Echa [fuera] a la sierva y a su hijo; porque no será heredero el hijo de la sierva con el hijo de la libre.
31 De manera, hermanos, que no somos hijos de la sierva, sino de la libre.
CAPÍTULO 5
1 Estad, pues, [firmes] en la libertad en que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez a ser presos en el yugo de servidumbre.
2 He aquí, yo Pablo os digo, que si os circuncidareis, Cristo no os aprovechará nada.
3 Y otra vez vuelvo a protestar a todo hombre que se circuncidare, que está obligado a hacer toda la ley.
4 Vacíos sois del Cristo los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
5 Porque nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia por la fe.
6 Porque en el Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión; sino la fe que obra por la caridad.
7 Vosotros corríais bien, ¿quién os embarazó para no obedecer a la verdad?
8 Esta persuasión no es de aquel que os llama.
9 Un poco de levadura leuda toda la masa.
10 Yo confío de vosotros en el Señor, que ninguna otra cosa sentiréis; mas el que os inquieta, llevará el juicio, quienquiera que él sea.
11 Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? Pues que quitado es el escándalo del madero.
12 Deseo que fuesen también cortados los que os inquietan.
13 Porque vosotros, hermanos, a libertad habéis sido llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión a la carne, sino servíos por la caridad los unos a los otros.
14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amaras a tu projimo como a ti mismo.
15 Y si os mordéis y os coméis los unos a los otros, mirad que también no os consumáis los unos a los otros.