19 Porque vuestra obediencia es divulgada por todos [los] lugares; así que me gozo de vosotros; mas quiero que seáis sabios en cuanto al bien, y innocentes en cuanto al mal. 20 Y el Dios de paz quebrante presto a Satanás debajo de vuestros pies. La gracia del Señor nuestro Jesús, el Cristo, [sea] con vosotros.
21 Os saludan Timoteo, mi coadjutor, y Lucio y Jasón y Sosípater, mis parientes.
22 Yo Tercio, que escribí la epístola, os saludo en el Señor.
23 Os saluda Gayo, mi huésped, y de toda la Iglesia. Os saluda Erasto, tesorero de la ciudad, y el hermano Cuarto.
24 La gracia del Señor nuestro Jesús, el Cristo, sea con todos vosotros. Amén.
25 Y al que puede confirmaros según mi Evangelio y la predicación de Jesús, el Cristo, según la revelación del misterio encubierto desde tiempos eternos,
26 pero manifestado ahora, y por las Escrituras de los profetas, por el mandamiento del Dios eterno, declarado a todos los gentiles, para que [oigan y] obedezcan por la fe;
27 al solo Dios sabio, [sea] gloria por Jesús, el Cristo, para siempre. Amén.
1 CORINTIOS
CAPÍTULO 1
1 Pablo, llamado a ser apóstol de Jesús, [el] Cristo por la voluntad de Dios, y el hermano Sóstenes,
2 a la Iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, y a todos los que invocan el Nombre del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, en cualquier lugar, [Señor] de ellos y nuestro;
3 Gracia y paz tengáis de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesús [el] Cristo.
4 Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en el Cristo Jesús;
5 que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia;
6 con lo cual el testimonio del Cristo ha sido confirmado en vosotros,
7 de tal manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación del Señor nuestro, Jesús, el Cristo;
8 el cual también os confirmará [que permanezcáis] sin pecado hasta el fin, hasta en el día de nuestro Señor Jesús, el Cristo.
9 Fiel [es] Dios, por el cual sois llamados a la confraternidad de su Hijo, Jesús, [el] Cristo, Señor nuestro.
10 Todavía, hermanos, os ruego por el Nombre del Señor nuestro, Jesús, [el] Cristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, antes seáis perfectos, unidos en un mismo entendimiento y en un mismo parecer.
11 Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas;
12 quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.
13 ¿Está dividido el Cristo? ¿Fue colgado en el madero Pablo por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?
14 Doy gracias a Dios, que a ninguno de vosotros he bautizado, sino a Crispo y a Gayo;
15 para que ninguno diga que habéis sido bautizados en mi nombre.
16 Y también bauticé la casa de Estéfanas; mas no sé si he bautizado algún otro.
17 Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio; no en sabiduría de palabras, para que no sea hecha vana el madero del Cristo.
18 Porque la Palabra del madero a la verdad es locura a los que se pierden; mas a los que se salvan, es a decir, a nosotros, es potencia de Dios.
19 Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y reprobaré la inteligencia de los entendidos. 20 ¿Qué es del sabio? ¿Qué del escriba? ¿Qué del filósofo de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría de este mundo?
21 Porque en la sabiduría de Dios, por no haber el mundo conocido a Dios por sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación.
22 Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría;
23 pero nosotros predicamos a Cristo colgado en el madero, [que es] a los judíos ciertamente tropezadero, y a los gentiles locura;
24 pero a los llamados, así judíos como griegos, Cristo [es] potencia de Dios, y sabiduría de Dios.
25 Porque lo loco de Dios es más sabio que los hombres; y lo flaco de Dios es más fuerte que los hombres.
26 Porque mirad, hermanos, vuestra vocación: que no sois muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles;
27 antes lo que es la locura del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo que es la flaqueza del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte;
28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios; y lo que no es, para deshacer lo que es,
29 para que ninguna carne se jacte en su presencia.
30 De él sin embargo vosotros sois [renacidos] en Cristo Jesús, el cual nos es hecho de Dios sabiduría, y justicia, y santificación, y redención;
31 para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
CAPÍTULO 2
1 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con altivez de palabra, o de sabiduría, a anunciaros el testimonio de Dios.
2 Porque no me juzgué saber algo entre vosotros, sino a Jesús el Cristo, y a este colgado en el madero.
3 Y estuve yo con vosotros con flaqueza, y mucho temor y temblor.
4 Y ni mi palabra ni mi predicación [fue] en palabras persuasivas de humana sabiduría, sino en demostración del Espíritu y de potencia;
5 para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, sino en potencia de Dios.
6 Pero hablamos sabiduría de Dios perfectísima; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen,
7 sino hablamos sabiduría de Dios en misterio, la [sabiduría] ocultada; la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria;
8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció (porque si [la] hubieran conocido, nunca habrían colgado en el madero al Señor de gloria);
9 antes, como está escrito: Lo que ojo no vio, ni oreja oyó, ni ha subido en corazón de hombre, [es] lo que Dios ha preparado para aquellos que le aman.
10 Pero Dios nos [lo] reveló a nosotros por su Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del [mismo] hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas que son de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12 Y nosotros no hemos recibido [el] espíritu del mundo, sino el Espíritu que es [venido] de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado;
13 lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, sino con doctrina del Espíritu Santo, acomodando lo espiritual [por medio de] lo espiritual.
14 Pero el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura; y no [las] puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
15 Pero el espiritual discierne todas las cosas; mas él de nadie es discernido.
16 Porque ¿quién conoció el entendimiento del Señor? ¿Quién le instruyó? Mas nosotros tenemos el entendimiento del Cristo.
CAPÍTULO 3
1 De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales; sino como a carnales; [es a saber], como a niños en Cristo.
2 Os di a beber leche, [y] no vianda; porque aún no podíais, ni aún podéis [ahora];
3 porque todavía sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y divisiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?
4 Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolos; ¿no sois carnales?
5 ¿Qué pues es Pablo? ¿Y qué [es] Apolos? Sino siervos por los cuales habéis creído; y cada uno conforme [a lo que] el Señor dio.
6 Yo planté, Apolos regó; mas Dios ha dado el crecimiento.
7 Así que, ni el que planta es algo, ni el que riega; sino Dios, que da el crecimiento.
8 Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su salario conforme a su labor.
9 Porque [nosotros], colaboradores somos de Dios; [y vosotros] labranza de Dios sois, edificio de Dios sois.
10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, [yo] como sabio maestro de obra, puse el fundamento, mas otro prosigue el edificio, pero cada uno vea cómo prosigue el edificio.
11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesús, el Cristo.
12 Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca;
13 la obra de cada uno será manifestada, porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cual sea, el fuego hará la prueba.
14 Si permaneciere la obra de alguno que prosiguió el edificio, recibirá el salario.
15 Mas si la obra de alguno fuere quemada, será perdida; él empero será salvo, mas así como [pasado] por fuego.
16 ¿O no sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?
17 Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal, porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.
18 Nadie se engañe [a sí mismo]; si alguno entre vosotros parece ser sabio en este siglo, hágase loco, para ser [de veras] sabio.
19 Porque la sabiduría de este mundo, locura [es] acerca de Dios; porque escrito está: El, que prende a los sabios en la astucia de ellos. 20 Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos.
21 Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro,
22 sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir; que todo es vuestro,
23 y vosotros del Cristo; y el Cristo de Dios.
CAPÍTULO 4
1 Téngannos los hombres por ministros del Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios.
2 Se requiere sin embargo en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel.
3 Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, o de juicio humano; y ni aun yo me juzgo.
4 Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; mas el que me juzga, es el Señor.
5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones; y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.
6 Pero esto, hermanos, he pasado por ejemplo en mí y en Apolos, por amor de vosotros; para que en nosotros no aprendáis más allá de lo que está escrito, no sea [que] por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros.
7 Porque ¿quién te hace juzgar? ¿O qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorias como si no [lo] hubieras recibido?
8 Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis [ya]; y bien que reinéis, para que nosotros reinemos también juntamente con vosotros.
9 Porque a lo que pienso, Dios nos ha mostrado a nosotros, los apóstoles, como los postreros, como a sentenciados a muerte; porque somos hechos espectáculo al mundo, y a los ángeles, y a los hombres.
10 Nosotros locos por amor del Cristo, y vosotros prudentes en el Cristo; nosotros flacos, y vosotros fuertes; vosotros nobles, y nosotros viles.
11 Hasta esta hora hambrientos, y tenemos sed, y estamos desnudos, y somos heridos de golpes, y andamos vagabundos;
12 y trabajamos, obrando con nuestras manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y sufrimos;
13 somos blasfemados, y rogamos; hemos venido a ser como la basura de este mundo, inmundicias de todos hasta ahora.
14 No escribo esto para avergonzaros; sino [para] amonestaros como a mis hijos amados.
15 Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no [tendréis] muchos padres; que en Cristo Jesús yo os engendré por el Evangelio.
16 Por tanto, os ruego que me imitéis.
17 Por lo cual os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os amonestará de cuáles sean mis caminos en Cristo, de la manera que enseño en todas partes en todas las Iglesias.
18 Mas algunos están envanecidos, como si nunca hubiese yo de ir a vosotros.
19 Pero iré presto a vosotros, si el Señor quisiere; y conoceré, no las palabras de los que andan envanecidos, sino la virtud. 20 Porque el Reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud.
21 ¿Qué queréis? ¿Iré a vosotros con vara, o con caridad y espíritu de mansedumbre?
CAPÍTULO 5
1 De cierto se oye [que hay] entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun (se nombra) entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de [su] padre.
2 Y vosotros estáis envanecidos, y no tuvisteis duelo, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra.
3 Yo ciertamente, como ausente con el cuerpo, mas presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que esto así ha cometido.
4 En el Nombre del Señor nuestro Jesús, [el] Cristo, juntaos vosotros y mi espíritu, con la facultad del Señor nuestro Jesús [el] Cristo,
5 el tal sea entregado a Satanás para muerte de la carne, para que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poquito de levadura leuda toda la masa?
7 Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa, como sois sin levadura; porque nuestra Pascua, Cristo, es sacrificada por nosotros.
8 Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en [panes] sin levadura de sinceridad y de verdad.
9 Os he escrito por carta, que no os envolváis con los fornicarios;
10 no del todo con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo.
11 Mas ahora os he escrito, que no os envolváis, [es a saber], que si alguno llamándose hermano fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón, con el tal ni aun comáis.
12 ¿Por qué voy a juzgar los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros de los que están dentro?
13 Porque de los que están fuera, Dios [los] juzgará. Quitad pues a ese malo de vosotros mismos.
CAPÍTULO 6
1 ¿Osa alguno de vosotros, teniendo pleito con otro, ir a juicio delante de los injustos, y no delante de los santos?
2 ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?
3 ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?
4 Por tanto, si hubiereis de tener juicios de cosas de esta vida, poned por jueces a los más humildes que están en la Iglesia.
5 Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno que pueda juzgar entre sus hermanos?
6 Sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio; y esto delante [de] los infieles.
7 Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no soportáis antes la injuria? ¿Por qué no soportáis antes la calumnia?
8 Pero vosotros hacéis la injuria, y la calumnia, y esto a los hermanos.
9 ¿O no sabéis que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
10 ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el Reino de Dios.
11 Y esto érais algunos; mas [ya] sois lavados, mas [ya] sois santificados, mas [ya] sois justificados en el Nombre del Señor Jesús, y en el Espíritu del Dios nuestro.
12 Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de [la] potestad de ninguna.
13 Las viandas [son] para el vientre, y el vientre para las viandas; sin embargo a él y a ellas deshará Dios. Mas el cuerpo no [es] para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo;
14 y Dios que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.
15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré pues los miembros de Cristo, y [los] haré miembros de una ramera? De ninguna manera.
16 ¿O no sabéis que el que se junta con la ramera, es hecho [con ella] un cuerpo? Porque serán, dice, los dos (en) una carne.
17 Pero el que se junta con el Señor, un espíritu es.
18 Huid [de] la fornicación. Cualquier [otro] pecado que el hombre hiciere, fuera del cuerpo es; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, (el cual está) en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? 20 Porque comprados sois por (gran) precio; glorificad, pues, (y traed) a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
CAPÍTULO 7
1 En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bien es al hombre no tocar mujer.
2 Mas por [evitar] las fornicaciones, cada uno tenga su mujer, y cada una tenga su marido.
3 El marido pague a la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido.
4 La mujer no tiene potestad de su propio cuerpo, sino el marido; e igualmente tampoco el marido tiene potestad de su propio cuerpo, sino la mujer.
5 No os defraudéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de [mutuo] consentimiento, para ocuparos en ayuno y oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.
6 Mas esto digo por permisión, no por mandamiento.
7 Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios; uno a la verdad así, y otro así.
8 Digo, pues, a los por casar y a los viudos, que bueno les es si se quedaren como yo.
9 Y si no tienen don de continencia, cásense; que mejor es casarse que quemarse.
10 Mas a los que están juntos en matrimonio, denuncio, no yo, sino el Señor; Que la mujer no se aparte del marido;
11 y si se apartare, que se quede sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no despida a su mujer.
12 Y a los demás yo digo, no el Señor: si algún hermano tiene mujer incrédula, y ella consiente para habitar con él, no la despida.
13 Y la mujer que tiene marido incrédulo, y él consiente para habitar con ella, no lo deje.
14 Porque el marido incrédulo es santificado en la mujer (fiel), y la mujer incrédula en el marido (fiel); de otra manera ciertamente vuestros hijos serían inmundos; pero ahora son santos.
15 Pero si el incrédulo se aparta, apártese; que el hermano o la hermana no está sujeto a servidumbre en semejante [caso]; antes a paz nos llamó Dios.
16 Porque ¿de dónde sabes, oh mujer, si quizá harás salvo a [tu] marido? ¿O de dónde sabes, oh marido, si quizá harás salva a [tu] mujer?
17 Sino que cada uno como el Señor le repartió, y como Dios llamó a cada uno, así ande; y así ordeno en todas las Iglesias.
18 ¿Es llamado alguno circuncidado? Quédese circunciso. ¿Es llamado alguno incircuncidado? Que no se circuncide.
19 La circuncisión nada es, y la incircuncisión nada es; sino la observancia de los mandamientos de Dios. 20 Cada uno en la vocación en que fue llamado, en ella se quede.
21 ¿Eres llamado [siendo] siervo? No te dé cuidado; mas también si puedes hacerte libre, procúralo más.
22 Porque el que en el Señor es llamado [siendo] siervo, liberto es del Señor; asimismo también el que es llamado [siendo] libre, siervo es del Cristo.
23 Por precio sois comprados; no os hagáis siervos de los hombres.
24 Cada uno, hermanos, en lo que fue llamado, en esto se quede para con Dios.
25 Pero de las vírgenes no tengo mandamiento del Señor; mas doy [mi] parecer, como [hombre] que ha alcanzado misericordia del Señor para ser fiel.
26 Tengo, pues, esto por bueno a causa de la necesidad que apremia, por lo cual bueno es al hombre estarse así:
27 ¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estáis suelto de mujer? No procures mujer.
28 Mas también si tomares mujer, no pecaste; y si la virgen se casare, no pecó; pero aflicción de carne tendrán los tales; mas yo os dejo.
29 Pero esto digo, hermanos, que el tiempo es corto; para los demás es, que los que tienen mujer sean como los que no la tienen,
30 y los que lloran, como los que no lloran; y los que regocijan, como los que no regocijan; y los que compran, como los que no poseen;
31 y los que usan de este mundo, como los que no lo usan [como si fuera propio]; porque la apariencia de este mundo se pasa.
32 Quisiera, pues, que estuvieseis sin congoja. El soltero tiene cuidado de las cosas que [son] del Señor, cómo ha de agradar al Señor;
33 pero el que se casó tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar a [su] mujer.
34 Hay diferencia entre la mujer casada y la virgen, La [mujer] no casada tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en el cuerpo como en el espíritu; mas la casada tiene cuidado de las cosas que son del mundo, cómo ha de agradar a [su] marido.
35 Esto, sin embargo, digo para vuestro provecho; no para echaros lazo, sino para lo honorable, y para que sin impedimento os sirváis al Señor.
36 Mas, si a alguno parece cosa fea en su hija, que pase ya de edad, y que así conviene que se haga, haga lo que quisiere, no peca; cásese.
37 Pero el que está firme en su corazón, y no tiene necesidad, sino que tiene libertad de su voluntad, y determinó en su corazón esto, el guardar su hija, bien hace.
38 Así que, el que la da en casamiento, bien hace; y el que no la da en casamiento, hace mejor.
39 La mujer [casada] está atada a la ley, mientras vive su marido; mas si su marido muriere, libre es; cásese con quien quisiere, con tal que sea en el Señor.
40 Pero más bienaventurada será si se quedare así, según mi consejo; y pienso que también yo tengo [el] Espíritu de Dios.
CAPÍTULO 8
1 En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos ciencia. La ciencia envanece, mas la caridad edifica.
2 Y si alguno piensa que sabe algo, aún no sabe nada como le conviene saber.
3 Mas el que ama a Dios, el tal es enseñado de Dios.
4 Acerca, pues, de las viandas que son sacrificadas a los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más que un sólo Dios.
5 Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, o en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
6 nosotros, sin embargo, no tenemos más que un Dios, el Padre, del cual [son] todas las cosas, y nosotros en él; y un Señor, Jesús, [el] Cristo, por el cual [son] todas las cosas, y nosotros por él.
7 Mas no en todos [hay] esta ciencia, porque algunos con conciencia del ídolo hasta ahora, [lo] comen como sacrificado a ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada.
8 La vianda no nos hace más aceptos a Dios; ni porque comamos, seremos más ricos; ni porque no comamos, seremos más pobres.
9 Pero mirad que esta libertad vuestra no sea tropezadero a los que son débiles.
10 Porque si te ve alguno, a ti que tienes [esta] ciencia, sentado a la mesa en el lugar de los ídolos, ¿la conciencia de aquel que es débil, no será llevada a comer de lo sacrificado a los ídolos?
11 Y por tu ciencia se perderá el hermano débil por el cual el Cristo murió.
12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos, e hiriendo su flaca conciencia, contra Cristo pecáis.
13 Por lo cual, si la comida es a mi hermano ocasión de caer, jamás comeré carne, ni haré [cosa] con [la] que caiga mi hermano.
CAPÍTULO 9
1 ¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús [el] Cristo el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?
2 Si a los otros no soy apóstol, a vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.
3 Esta es mi respuesta a los que me preguntan:
4 Qué, ¿no tenemos potestad de comer y de beber?
5 ¿No tenemos potestad de traer con nosotros una hermana [para] mujer también como los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?
6 ¿O sólo yo y Bernabé no tenemos potestad de no trabajar?
7 ¿Quién jamás peleó a sus expensas? ¿Quién planta viña, y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el ganado, y no come de la leche del ganado?
8 ¿Digo esto [solamente] según los hombres? ¿No dice esto también la ley?
9 Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes?
10 ¿O lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros está escrito; porque con esperanza ha de arar el que ara; y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto [trilla].
11 Si nosotros os sembramos lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?
12 Si otros tienen en vosotros esta potestad, ¿por qué no nosotros? Mas no usamos de esta potestad; antes lo sufrimos todo, para no dar alguna interrupción [al curso] del Evangelio del Cristo.
13 ¿No sabéis que los que obran en lo sagrado, comen del santuario; y que los que sirven al altar, del altar participan?
14 Así [también] ordenó el Señor a los que anuncian el Evangelio, que vivan del Evangelio.
15 Mas yo de nada de esto me aproveché; ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque tengo por mejor morir, antes que nadie haga vana ésta mi gloria.
16 Pues bien que anuncio el Evangelio, no tengo por qué gloriarme porque me es impuesta obligación; porque ¡ay de mí si no anunciare el Evangelio!