28 Y [ya] sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien, a los que conforme al Propósito son llamados (a ser santos).

29 Porque [a] los que antes conoció, también [les] señaló desde antes [el camino] para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el Primogénito entre muchos hermanos;

30 Y a los que les señaló desde antes [el camino], a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificará.

31 ¿Pues qué diremos a esto? Si Dios [es] por nosotros, ¿quién [será] contra nosotros?

32 El que aun a su propio Hijo no escatimó, antes lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?

33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios [es] el que [los] justifica.

34 ¿Quién es el que [los] condenará? El Ungido, Jesús, [es] el que murió; más aun, el que también resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también demanda por nosotros.

35 ¿Quién nos apartará de la caridad del Cristo? ¿tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o cuchillo?

36 (Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos estimados como ovejas de matadero.)

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por aquel que nos amó.

38 Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar de la caridad de Dios, que es en el Ungido, Jesús, Señor nuestro.

CAPÍTULO 9

1 Verdad digo en el Cristo, no miento, dándome testimonio mi conciencia en el Espíritu Santo,

2 que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.

3 Porque deseara yo mismo ser apartado del Cristo por mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;

4 que son israelitas, de los cuales es la adopción (como hijos), y la gloria, y los Pactos, y la data de la ley y el culto y las promesas;

5 cuyos son los padres, y de los cuales es el Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.

6 No que la Palabra de Dios haya faltado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas;

7 ni por ser simiente de Abraham son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada simiente.

8 Quiere decir: No los que [son] hijos de la carne, [son] los hijos de Dios; sino los que [son] hijos de la promesa, éstos [son] contados en la generación.

9 Porque la palabra de la promesa es ésta: Como en este tiempo vendré, y tendrá Sara un hijo.

10 Y no sólo [esto]; mas también Rebeca concibiendo de uno, de Isaac nuestro padre

11 (porque no siendo aún nacidos, ni habiendo hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección, no por las obras sino por el que llama, permaneciese),

12 le fue dicho que el mayor serviría al menor.

13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.

14 ¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.

15 Mas a Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadezca.

16 Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.

17 Porque la Escritura dice de Faraón: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi Nombre sea anunciado por toda la tierra.

18 De manera que del que quiere tiene misericordia; y al que quiere, endurece.

19 Me dirás pues: ¿Por qué, pues, se enoja? porque ¿quién resistirá a su voluntad? 20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? O dirá el vaso de barro al que lo labró: ¿Por qué me has hecho tal?

21 ¿O no tiene potestad el alfarero para hacer de la misma masa un vaso para honra, y otro para vergüenza?

22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar la ira y hacer notoria su potencia, soportó con mucha mansedumbre los vasos de ira, preparados para muerte;

23 y haciendo notorias las riquezas de su gloria para con los vasos de misericordia que él ha preparado para gloria?

24 Los cuales también llamó, (a nosotros), ¡y no sólo de los judíos, sino también de los gentiles!

25 Como también en Oseas dice: Llamaré al que no [era] mi pueblo, pueblo mío; y a la no amada, amada.

26 Y será, que en el lugar donde les fue dicho: Vosotros no [sois] pueblo mío; allí serán llamados hijos del Dios viviente.

27 También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan solo el remanente será salvo;

28 consumación fenecida inunda justicia; porque palabra abreviada, hará el Señor sobre la tierra.

29 Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado simiente, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra fuéramos semejantes.

30 ¿Pues qué diremos? Que los gentiles que no seguían justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por la fe;

31 e Israel que seguía la ley de justicia, no ha llegado a la ley de la justicia.

32 ¿Por qué? Porque [la seguían] no por fe, mas como por las obras (de la ley); por lo cual tropezaron en la piedra de tropiezo,

33 como está escrito: He aquí pongo en Sión piedra de tropiezo, y piedra de caída; y todo aquel que creyere en ella, no será avergonzado.

CAPÍTULO 10

1 Hermanos, ciertamente la voluntad de mi corazón y mi oración a Dios sobre Israel, es para salud.

2 Porque yo les doy testimonio que tienen celo de Dios, mas no conforme a ciencia.

3 Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya [propia], no se han sujetado a la justicia de Dios.

4 Porque el fin de la ley [es] el Cristo, para [dar] justicia a todo aquel que cree.

5 Porque Moisés describe la justicia que es por la ley: Que el hombre que hiciere estas cosas, vivirá por ellas.

6 Mas [de] la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer de lo alto al Cristo);

7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver a traer el Cristo de los muertos.)

8 Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos:

9 Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.

10 Porque con el corazón se cree para [alcanzar] justicia; mas con la boca se hace confesión para [alcanzar] salud.

11 Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado.

12 Porque no hay diferencia de judío y de griego; porque el mismo [es] el Señor de todos, rico para con todos los que le invocan;

13 porque todo aquel que invocare el Nombre del Señor, será salvo.

14 ¿Cómo, pues invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no [hay] quién [les] predique?

15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos [son] los pies de los que anuncian el Evangelio de la paz, de los que anuncian el Evangelio de lo que es bueno!

16 Mas no todos obedecen al Evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

17 Luego la fe es por el oír; y el oído, por la palabra del Cristo.

18 Mas digo: ¿No han oído? Cierto por toda la tierra ha salido la fama de ellos, y hasta los extremos de la redondez de la tierra las palabras de ellos.

19 Mas digo: ¿No ha venido al conocimiento Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con gente que no es mía; con gente ignorante os provocaré a ira. 20 E Isaías osa decir: Fui hallado de los que no me buscaban; me manifesté a los que no preguntaban por mí.

21 Y contra Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.

CAPÍTULO 11

1 Digo pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la simiente de Abraham, de la tribu de Benjamín.

2 No ha desechado Dios a su pueblo, al cual antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura? Cómo hablando con Dios contra Israel dice:

3 Señor, a tus profetas han [dado] muerte, y tus altares han derruido; y yo he quedado solo, y procuran matarme.

4 Mas ¿qué le dice la respuesta de Dios? He dejado para mí siete mil varones, que no han doblado las rodillas delante de Baal.

5 Así también, aun en este tiempo ha quedado remanente por la elección graciosa [de Dios].

6 Y si por gracia, luego no por las obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por las obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.

7 ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, aquello no [lo] ha alcanzado, mas los electos lo han alcanzado; y los demás fueron cegados;

8 (como está escrito: Les dio Dios espíritu de remordimiento, ojos con que no vean, y oídos con que no oigan,) hasta el día de hoy.

9 Y David dice: Séales vuelta su mesa en trampa, y en red, y en tropezadero, y en paga;

10 sus ojos sean obscurecidos para que no vean, y agóbiales siempre el espinazo.

11 Digo pues: ¿Tropezaron luego de tal manera que cayesen del todo? En ninguna manera; mas por la caída de ellos [vino] la salud a los gentiles, para que [por ellos] fuesen provocados a celos.

12 Y si la caída de ellos es la riqueza del mundo, y el menoscabo de ellos, la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más [lo será] la plenitud de ellos?

13 Porque (a vosotros digo, gentiles). En cuanto a la verdad, yo soy apóstol de los gentiles, mi ministerio honro,

14 si en alguna manera provocase a celos a mi nación, e hiciese salvos a algunos de ellos.

15 Porque si el desechamiento de ellos es la reconciliación del mundo, ¿qué [será] el recibimiento [de ellos], sino vida de [entre] los muertos?

16 Y si el primer fruto es santo, también lo [será] el todo, y si la raíz [es] santa, también [lo serán] las ramas.

17 Y si algunas de las ramas fueron quebradas, y tú, siendo oliva silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la grosura de la oliva;

18 no te jactes contra las ramas; y si te jactas, [sabe] que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti.

19 Dirás pues: Las ramas fueron quebradas para que yo fuese injertado. 20 Bien; por [su] incredulidad fueron quebradas, mas tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, antes teme.

21 Que si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará.

22 Mira antes la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente en los que cayeron; mas la bondad (de Dios) en ti, si permanecieres en la bondad; [pues] de otra manera tú también serás cortado.

23 Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados; que poderoso es Dios para volverlos a injertar.

24 Porque si tú eres cortado de la oliva [que es] silvestre por naturaleza, y contra natura fuiste injertado en la buena oliva, ¿cuánto más éstos, que son las [ramas] naturales, serán injertados en su oliva?

25 Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes acerca de vosotros mismos; que la ceguedad en parte aconteció en Israel, para que entre tanto entrase la plenitud de los gentiles;

26 y así todo Israel fuese salvo; como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que quitará de Jacob la impiedad;

27 y este será mi testamento a ellos, cuando quitare sus pecados.

28 Así que, en cuanto al Evangelio, [los tengo por] enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección [de Dios], son muy amados por causa de los padres.

29 Porque sin arrepentimiento son los dones y el llamado de Dios.

30 Porque como también vosotros en algún tiempo no creisteis a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia con ocasión de la incredulidad de ellos;

31 así también éstos ahora no han creído, para que, por la misericordia para con vosotros, ellos también alcancen misericordia.

32 Porque Dios encerró a todos en incredulidad, para tener misericordia de todos.

33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios, e inescrutables sus caminos!

34 Porque ¿quién entendió el intento del Señor? ¿O quién fue su consejero?

35 ¿O quién le dio a él primero, para que le sea pagado?

36 Porque de él, y por él, y en él, [son] todas las cosas. A él [sea] la gloria por [los] siglos. Amén.

CAPÍTULO 12

1 Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, [que es] vuestro racional culto.

2 Y no os conforméis a este siglo; mas trasformaos por la renovación de vuestra alma, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

3 Digo pues por la gracia que me es dada, a todos los que están entre vosotros, que no sepan más de lo que conviene saber; mas que sepan con templanza, cada uno conforme a la medida de fe que Dios repartió.

4 Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, sin embargo todos los miembros no tienen la misma operación;

5 así muchos somos un cuerpo en el Cristo, mas todos miembros los unos de los otros.

6 De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada; si es profecía, conforme a la medida de la fe;

7 o ministerio, en servir; o el que enseña, en doctrina;

8 el que exhorta, en exhortar; el que reparte, [hágalo] en simplicidad; el que preside, en solicitud; el que hace misericordia, en alegría.

9 El amor [sea] sin fingimiento, aborreciendo lo malo, llegándoos a lo bueno;

10 amando la caridad de la hermandad los unos con los otros; previniéndoos con honra los unos a los otros;

11 en el cuidado no perezosos; ardientes en [el] Espíritu; sirviendo al Señor;

12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;

13 compartiendo para las necesidades de los santos; siguiendo la hospitalidad.

14 Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis.

15 Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.

16 Unánimes entre vosotros; no altivos, mas acomodándoos a los humildes. No seáis sabios en vuestra [propia] opinión.

17 No pagando a nadie mal por mal; procurando lo bueno no sólo delante de Dios, mas aun delante de todos los hombres.

18 Si se puede hacer, cuanto es [posible] en vosotros, tened paz con todos los hombres.

19 No defendiéndoos a vosotros mismos, amados; antes dad lugar a la ira [de Dios], porque escrito está: Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor. 20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.

21 No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.

CAPÍTULO 13

1 Toda alma se someta a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las que son, de Dios son ordenadas.

2 Así que, el que se opone a la potestad, a la ordenación de Dios resiste; y los que resisten, ellos mismos ganan condenación para sí.

3 Porque los magistrados no son para temor al que bien hace, sino al malo. ¿Quieres pues no temer la potestad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella;

4 porque es ministro de Dios para tu bien. Mas si hicieres lo malo, teme; porque no sin causa trae el cuchillo; porque es ministro de Dios, vengador para castigo al que hace lo malo.

5 Por lo cual es necesario que [le] estéis sujetos, no solamente por el castigo, mas aun por la conciencia.

6 Porque por esto [le] pagáis también los tributos; porque son ministros de Dios que sirven a esto mismo.

7 Pagad a todos lo que debéis; al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que temor, temor; al que honra, honra.

8 No debáis a nadie nada, sino amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, cumplió la ley.

9 Porque: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; no codiciarás: y si hay algún otro mandamiento, en esta palabra se resume: Amaras a tu projimo como a ti mismo.

10 La caridad no hace mal al prójimo; así que la caridad es el cumplimento de la ley.

11 Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora nos está más cerca nuestra salud que cuando creímos.

12 La noche ha pasado, y ha llegado el día; echemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz,

13 Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lechos y disoluciones, no en pendencias y envidia;

14 mas vestíos del Señor Jesús, el Cristo; y no hagáis caso de la carne en [sus] deseos.

CAPÍTULO 14

1 Al enfermo en la fe sobrellevad, [pero] no hasta discernimientos dudosos.

2 Porque alguno cree que se ha de comer de todas [las] cosas; otro enfermo, come legumbres.

3 El que come, no menosprecie al que no come; y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha levantado.

4 ¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? Por su señor está en pie, o cae; y [si cae] se afirmará; que poderoso es el Señor para afirmarle.

5 También alguno hace diferencia entre día y día; otro juzga [iguales] todos los días. Cada uno esté asegurado en su alma.

6 El que hace caso del día, hágalo para el Señor; y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, come para el Señor, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

7 Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.

8 Que si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así que, o que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

9 Porque el Cristo para esto murió, y resucitó, (y volvió a vivir,) para enseñorearse así de los muertos como de los que viven.

10 Mas tú ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos estaremos delante del tribunal del Cristo.

11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios.

12 De manera que, cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí.

13 Así que, no juzguemos más los unos de los otros; antes bien juzgad de que no pongáis tropiezo o escándalo al hermano.

14 [Yo] sé, y confío en el Señor Jesús, que por [amor a] él nada hay inmundo; mas a aquel que piensa de alguna cosa ser inmunda, para él es inmunda.

15 Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme a la caridad. No eches a perder con tu comida a aquel por el cual el Cristo murió.

16 Así que no sea blasfemado vuestro bien;

17 que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo por el Espíritu Santo.

18 Porque el que en esto sirve al Cristo, agrada a Dios, y es acepto a los hombres.

19 Así que, sigamos lo que hace a la paz, y a la edificación de los unos a los otros. 20 No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; mas malo es al hombre que come con escándalo.

21 Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni [nada] en que tu hermano tropiece, o se ofenda o sea enfermo.

22 Tú tienes fe; tenla contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo con lo que aprueba.

23 Mas el que hace diferencia, si comiere, es condenado; porque no [comió] por fe; y todo lo que no sale de fe, es pecado.

CAPÍTULO 15

1 Así que, los que somos más firmes, debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos a nosotros mismos.

2 Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en bien, para edificación.

3 Porque el Cristo no se agradó a sí mismo; antes [bien], como está escrito: Los vituperios de los que te vituperan, cayeron sobre mí.

4 Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por [el padecer] con paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.

5 Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis unánimes según el Ungido Jesús;

6 para que concordes, a una voz glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesús, el Cristo.

7 Por tanto, sobrellevaos los unos a los otros, como también el Cristo nos sobrellevó, para gloria de Dios.

8 Digo, pues, que el Cristo Jesús fue Ministro de la Circuncisión, por la verdad de Dios para confirmar las promesas de los padres,

9 pero que los gentiles glorifiquen a Dios por la misericordia; como está escrito: Por tanto yo te confesaré [a ti] entre los gentiles, y cantaré a tu Nombre.

10 Y otra vez dice: Alegraos, gentiles, con su pueblo.

11 Y otra vez: Alabad al Señor todos los gentiles, Y magnificadle, todos los pueblos.

12 Y otra vez, dice Isaías: Estará la raíz de Jessé, y el que se levantará a regir los gentiles; los gentiles esperarán [la salvación] en él.

13 Y el Dios de esperanza os llena de todo gozo y paz creyendo; para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.

14 Pero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun sin mi exhortación estáis llenos de caridad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos a los otros.

15 Mas os he escrito, hermanos, en parte osadamente, como amonestándoos por la gracia que de Dios me es dada.

16 Por ser ministro de Jesús el Cristo a los gentiles, ministrando el Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles sea agradable, santificada por el Espíritu Santo.

17 Así que tengo de qué gloriarme en el Ungido, Jesús, para con Dios.

18 Porque no osaría hablar alguna cosa que el Cristo no haya hecho por mí, para la obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras,

19 con potencia de milagros y prodigios, en virtud del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, he llenado todo del Evangelio del Cristo. 20 Y de esta manera me prediqué este Evangelio, no donde [antes] el Cristo fuese nombrado, por no edificar sobre fundamento ajeno;

21 sino, como está escrito: A los que no fue anunciado de él, verán; y los que no oyeron, entenderán.

22 Por lo cual aun he sido impedido muchas veces de venir a vosotros.

23 Mas ahora teniendo más lugar en estas regiones, y deseando ir a vosotros hace muchos años,

24 cuando partiere para España, iré a vosotros; porque espero que pasando os veré, y que seré llevado de vosotros allá, si empero antes hubiere gozado de vosotros.

25 Mas ahora parto para Jerusalén a ministrar a los santos.

26 Porque los de Macedonia y Acaya tuvieron por bien hacer una colecta para los pobres de los santos que están en Jerusalén.

27 Porque les pareció bueno, y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus [bienes] espirituales, deben también [ellos] servirles en los carnales.

28 Así que, cuando hubiere concluido esto, y les hubiere consignado este fruto, pasaré a vosotros a España.

29 Porque sé que cuando llegue a vosotros, llegaré en la plenitud de la bendición del Cristo.

30 Pero os ruego, hermanos, por el Señor nuestro Jesús, el Cristo, y por la caridad del Espíritu, que me ayudéis con oraciones por mí a Dios,

31 Que sea librado de los rebeldes que están en Judea, y que la ofrenda de mi servicio a los santos en Jerusalén sea acepta;

32 para que con gozo llegue a vosotros por la voluntad de Dios, y que sea recreado juntamente con vosotros.

33 Y el Dios de paz sea con todos vosotros. Amén.

CAPÍTULO 16

1 Os encomiendo empero a Febe, nuestra hermana, la cual está en el servicio de la Iglesia que está en Cencrea;

2 que la recibáis en el Señor, como es digno a los santos, y la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo.

3 Saludad a Priscila y Aquila, mis coadjutores en el Ungido Jesús;

4 (que pusieron sus cuellos [al degolladero] por mi vida; a los cuales no doy gracias yo sólo, mas aun todas las Iglesias de los gentiles);

5 asimismo a la Iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, (que es) las primicias de Acaya en Cristo.

6 Saludad a María, la cual ha trabajado mucho con vosotros.

7 Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes, (y mis compañeros en la cautividad) los cuales son insignes entre los apóstoles; los cuales fueron antes de mí en el Ungido.

8 Saludad a Amplias, amado mío en el Señor.

9 Saludad a Urbano, nuestro ayudador en el Ungido, y a Estaquis, amado mío.

10 Saludad a Apeles, aprobado en el Cristo. Saludad a los que son de Aristóbulo.

11 Saludad a Herodión, mi pariente. Saludad a los que son (de la casa de) Narciso, los que son en el Señor.

12 Saludad a Trifena y a Trifosa, las cuales trabajan en el Señor. Saludad a Pérsida amada, la cual ha trabajado mucho en el Señor.

13 Saludad a Rufo, escogido en el Señor, y a su madre y mía.

14 Saludad a Asíncrito, y a Flegonte, a Hermas, a Patrobas, a Mercurio, y a los Hermanos que están con ellos.

15 Saludad a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos.

16 Saludaos los unos a los otros con beso santo. Os saludan todas las Iglesias del Cristo.

17 Y os ruego, hermanos, que miréis por los que causan disensiones y escándalos fuera de la doctrina que vosotros habéis aprendido; y apartaos de ellos.

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 146 / 160 段