11 Porque deseo veros, para repartir con vosotros algún don espiritual, para confirmaros;

12 para ser juntamente consolado con vosotros por la común fe, vuestra y mía.

13 Pero no quiero, hermanos, que ignoréis que muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los otros gentiles.

14 A griegos y a bárbaros, a sabios y a no sabios soy deudor.

15 Así que, [en] cuanto a mí, presto estoy a anunciar el Evangelio también a los que estáis en Roma.

16 Porque no me avergüenzo del Evangelio del Cristo, porque es potencia de Dios para [dar] salud a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego.

17 Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe. Como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe.

18 Porque manifiesta es la ira de Dios del cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que detienen la verdad con injusticia;

19 porque lo que de Dios se conoce, a ellos es manifiesto; porque Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él; su eterna potencia y divinidad, se ven entendidas por la creación del mundo, [y] por las cosas que son hechas, para que no haya excusa;

21 porque habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni [le] dieron gracias; antes se desvanecieron en sus fantasías, y el tonto corazón de ellos fue entenebrecido.

22 Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos,

23 y trocaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, y de aves, y de animales de cuatro pies, y de serpientes.

24 Por lo cual también Dios los entregó a las concupiscencias de sus corazones para inmundicia, para que contaminasen sus cuerpos entre sí [mismos];

25 los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

26 Por lo cual Dios los entregó a afectos vergonzosos; pues aun sus mujeres mudaron el natural uso en el uso que es contra naturaleza;

27 y del mismo modo también los machos, dejando el uso natural de las hembras, se encendieron en sus concupiscencias los unos con los otros, cometiendo cosas nefandas machos con machos, y recibiendo en sí mismos la recompensa que provino de su error.

28 Y como a ellos no les pareció tener a Dios en cuenta, Dios los entregó a perverso entendimiento, para que hicieran lo que no conviene,

29 atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades,

30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a [los] padres,

31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;

32 que habiendo entendido la justicia de Dios, no entendieron que los que hacen tales cosas son dignos de muerte; no sólo los que las hacen, más aún los que consienten a los que las hacen.

CAPÍTULO 2

1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, cualquiera que juzgas; porque en lo mismo que juzgas al otro, te condenas a ti mismo; porque lo mismo haces, tú que juzgas [a los otros].

2 Porque sabemos que el juicio de Dios es según [la] verdad contra los que hacen tales cosas.

3 ¿Y piensas esto, oh hombre, que juzgas a los que hacen tales cosas, [y haces las mismas], que tú escaparás del juicio de Dios?

4 ¿O menosprecias las riquezas de su bondad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su bondad te guía al arrepentimiento?

5 Mas por tu dureza, y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la manifestación del justo juicio de Dios;

6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:

7 A los que perseveraron en bien hacer, gloria y honra e incorrupción, a los que buscan la vida eterna.

8 Mas a los que son contenciosos, y que no obedecen a la verdad, antes obedecen a la injusticia: enojo e ira.

9 Tribulación y angustia [será] sobre toda persona humana que obra lo malo, el judío primeramente y también el griego.

10 Mas gloria y honra y paz a cualquiera que obra el bien, al judío primeramente y también al griego.

11 Porque no hay acepción de personas para con Dios.

12 Porque todos los que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados;

13 porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.

14 Porque los gentiles que no tienen la ley, haciendo naturalmente lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan la ley, ellos mismos se son ley,

15 mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, acusándose y también excusándose sus consejos unos con otros,

16 en el día que juzgará Dios lo encubierto de los hombres, conforme a mi Evangelio, por Jesús el Cristo.

17 He aquí, tú te llamas por sobrenombre judío; y estás apoyado en la ley, y te glorías en Dios,

18 y sabes [su] voluntad y apruebas lo mejor, instruido por la ley;

19 y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que [están] en tinieblas, 20 enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley.

21 Tú pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas?

22 ¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú, que abominas los ídolos, cometes sacrilegio?

23 ¿Tú, que te jactas de la ley, con rebelión a la ley deshonras a Dios?

24 Porque el Nombre de Dios es blasfemado por medio de vosotros entre los gentiles, como está escrito.

25 Porque la circuncisión en verdad aprovecha, si guardares la ley; pero si eres rebelde a la ley, tu circuncisión es hecha prepucio.

26 De manera que, si el incircunciso guardare las justicias de la ley, ¿no será tenido su prepucio por circuncisión?

27 Y lo que naturalmente es prepucio, [pero] guarda perfectamente la ley, te juzgará a ti, que con la letra y con la circuncisión eres rebelde a la ley.

28 Porque no es judío el que lo es exteriormente; ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne,

29 sino que es judío el que lo es en lo interior; y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no es por los hombres, sino por Dios.

CAPÍTULO 3

1 ¿Qué, pues, tiene más el Judío? ¿O qué aprovecha la circuncisión?

2 Mucho en todas maneras. Lo primero ciertamente, que la Palabra de Dios les ha sido confiada.

3 ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿La incredulidad de ellos habrá [por esto] hecho vana la verdad de Dios?

4 En ninguna manera; porque Dios es Verdadero y todo hombre es mentiroso, como está escrito: Para que seas justificado en tus dichos, y venzas cuando juzgares.

5 Y si nuestra iniquidad engrandece la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será [por esto] injusto Dios que da castigo? (hablo como hombre.)

6 En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios el mundo?

7 Pero si la verdad de Dios creció para su gloria por mi mentira, ¿por qué aún así yo soy juzgado como pecador?

8 ¿Y por qué no decir (como somos infamados, y como algunos dicen que nosotros decimos): Hagamos males para que vengan bienes? La condenación de los cuales es justa.

9 ¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera, porque ya hemos comprobado a judíos y a griegos, que todos están bajo pecado.

10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;

11 no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios;

12 todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno;

13 sepulcro abierto [es] su garganta; con sus lenguas tratan engañosamente; veneno de áspides [está] debajo de sus labios;

14 cuya boca está llena de maledicencia y de amargura;

15 sus pies son ligeros a derramar sangre;

16 quebrantamiento y desventura [hay] en sus caminos;

17 y camino de paz no conocieron:

18 no hay temor de Dios delante de sus ojos.

19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, a los que están en la ley [lo] dice, para que toda boca se tape, y que todo el mundo se sujete a Dios; 20 porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de él; porque por la ley es el conocimiento del pecado.

21 Pero ahora, sin la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, testificada por la ley y por los profetas;

22 la justicia, digo, de Dios por la fe de Jesús el Cristo, para todos y sobre todos los que creen en él. Porque no hay diferencia,

23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios;

24 justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Jesús el Cristo;

25 al cual Dios ha propuesto por aplacación mediante la fe en su sangre, para manifestación de su justicia, para la remisión de los pecados pasados;

26 por la paciencia de Dios, manifestando su justicia en este tiempo, para que él [solo] sea el Justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús el Cristo.

27 ¿Dónde pues [está] la jactancia? Es echada fuera. ¿Por cuál ley? ¿De las obras? No; sino por la ley de la fe.

28 Así que, concluimos que el hombre [es] justificado por fe sin las obras de la ley.

29 ¿O es Dios solamente [Dios] de los judíos? ¿No es también [Dios] de los gentiles? Cierto, también es [Dios] de los gentiles.

30 Porque un [solo] Dios es [de todos], el cual justificará por la fe la circuncisión, y por la fe la incircuncisión.

31 ¿Luego deshacemos la ley por la fe? En ninguna manera; antes establecemos la ley.

CAPÍTULO 4

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

2 Que si Abraham fue justificado por la obras, tiene de qué gloriarse; mas no para con Dios.

3 Porque ¿qué dice la Escritura?: Y creyó Abraham a Dios, y le fue atribuido a justicia.

4 Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda.

5 Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, la fe le es contada por justicia.

6 Como también David dice ser bienaventurado el hombre al cual Dios atribuye justicia sin las obras,

7 [diciendo]: Bienaventurados [aquellos] cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el varón al cual el Señor no imputó pecado.

9 ¿[Es] pues esta bienaventuranza solamente en la circuncisión o también en la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham [le] fue contada la fe por justicia.

10 ¿Cómo pues [le] fue contada? ¿En la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la circuncisión por señal, por sello de la justicia de la fe que tuvo en la incircuncisión, para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, para que también a ellos les sea contado por justicia;

12 que [sea] padre de la circuncisión, no solamente a los que son de la circuncisión, sino también a los que siguen las pisadas de la fe que fue en nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

13 Porque no por la ley fue [dada] la promesa a Abraham o a su simiente, que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.

14 Porque si los que [son] de la ley son los herederos, vana es la fe, y anulada es la promesa.

15 Porque la ley obra ira; porque donde no hay ley, tampoco [hay] rebelión.

16 Por tanto, por la fe, para que [sea] por gracia; para que la promesa sea firme a toda simiente, no solamente al que [es] de la ley, sino también al que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.

17 Como está escrito: Que por padre de muchos gentiles te he puesto delante de Dios, al cual creyó; el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como las que son.

18 El cual creyó para esperar contra esperanza, que sería hecho padre de muchos gentiles, conforme a lo que [le] había sido dicho: Así será tu simiente.

19 Y no se enflaqueció en la fe, ni consideró su cuerpo ya muerto (siendo ya de casi cien años) ni muerta la matriz de Sara; 20 tampoco dudó en la promesa de Dios con desconfianza; antes fue esforzado en fe, dando gloria a Dios,

21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido,

22 por lo cual también le fue atribuida [su fe] a justicia.

23 Y no es escrito [esto] solamente por él, que le haya sido [así] contado;

24 sino también por nosotros, a quienes será [así] contado, esto es, a los que creen en el que levantó de los muertos a Jesús, el Señor nuestro,

25 el cual fue entregado por nuestros delitos, y resucitado para nuestra justificación.

CAPÍTULO 5

1 Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por el Señor nuestro, Jesús, el Cristo;

2 por el cual también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos [firmes], y nos gloriamos en la esperanza de la gloria (de los hijos) de Dios.

3 Y no sólo [esto], más aún nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;

4 y la paciencia, experiencia; y la experiencia, esperanza;

5 y la esperanza no será avergonzada; porque el amor de Dios está derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos es dado.

6 Porque el Cristo, cuando aún éramos flacos, a su tiempo murió por los impíos.

7 Ciertamente apenas muere alguno por un justo; porque por lo bueno puede ser que alguno osara morir.

8 Mas Dios encarece su caridad para con nosotros, en que siendo aún pecadores, el Cristo murió por nosotros.

9 Luego mucho más ahora, justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

10 Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, [ya] reconciliados, seremos salvos por su vida.

11 Y no sólo esto, más aún nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesús el Cristo, por el cual ahora hemos recibido la reconciliación.

12 Por tanto, de la manera que el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y la muerte así pasó a todos los hombres en aquel en quien todos pecaron.

13 Porque hasta la ley, el pecado estaba en el mundo; mas el pecado no era imputado, no habiendo ley.

14 Pero, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la rebelión de Adán; el cual es figura del que había de venir.

15 Mas no como el delito, tal [es] el don; porque si por el delito de [aquel] uno murieron muchos, mucha más la gracia de Dios, y el don por la gracia de un hombre, Jesús el Cristo, abundó a muchos.

16 Ni tampoco de la manera que por un pecado, así también el don; porque el juicio a la verdad [vino] de un [pecado] para condenación, mas la gracia [vino] de muchos delitos para justificación.

17 Porque, si por un delito reinó la muerte por [causa de] uno [solo], mucho más reinarán en vida por uno [solo], Jesús, el Cristo, los que reciben la abundancia de gracia, y de dones y de la justicia.

18 Así que, de la manera que por un delito [vino la culpa] a todos los hombres para condenación, así por una justicia [vino la gracia] a todos los hombres para justificación de vida.

19 Porque como por la desobediencia de un hombre muchos fueron hechos pecadores, así por la obediencia de uno, muchos serán hechos justos. 20 La ley empero entró para que el delito creciese; mas cuando el pecado creció, sobrepujó la gracia;

21 para que, de la manera que el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna por Jesús, el Cristo, Señor nuestro.

CAPÍTULO 6

1 ¿Pues qué diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia crezca?

2 En ninguna manera. Porque los que somos muertos al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

3 ¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en el Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte?

4 Porque somos sepultados juntamente con él a muerte por el bautismo; para que como el Cristo resucitó de los muertos a gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.

5 Porque si fuimos plantados juntamente [en él] a la semejanza de su muerte, también lo seremos a la de [su] resurrección;

6 convencidos que nuestro viejo hombre juntamente fue colgado en el madero con él, para que el cuerpo del pecado sea deshecho, [a fin de] que no sirvamos más al pecado.

7 Porque el que es muerto, justificado es del pecado.

8 Y si morimos con el Cristo, creemos que también viviremos con él;

9 seguros de que el Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñoreará más de él.

10 Porque [el] que es muerto, al pecado murió una vez; y [el] que vive, a Dios vive.

11 Así también vosotros, pensad que vosotros de cierto sois muertos al pecado; mas que vivís a Dios en el Cristo Jesús, Señor nuestro.

12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que lo obedezcáis en sus concupiscencias;

13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado por instrumentos de iniquidad; antes presentaos a Dios como resucitados de los muertos, y vuestros miembros a Dios, por instrumentos de justicia.

14 Para que el pecado no se enseñoree de vosotros; porque no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.

15 ¿Pues qué? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.

16 ¿O no sabéis que a quien os presentáis a vosotros mismos como siervos para obedecerle, sois siervos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?

17 Gracias a Dios, que aunque fuisteis siervos del pecado, habéis obedecido de corazón a la forma de doctrina a la cual sois entregados;

18 y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia.

19 Humana cosa digo, por la flaqueza de vuestra carne; que como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santidad, presentéis vuestros miembros para servir a la justicia. 20 Porque siendo [antes] siervos del pecado, [ahora] habéis sido hechos siervos de la justicia.

21 ¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas [es] muerte.

22 Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos a Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin la vida eterna.

23 Porque la paga del pecado [es] muerte; mas la gracia de Dios [es] vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

CAPÍTULO 7

1 ¿O ignoráis, hermanos (hablo con los que saben la ley), que la ley [solamente] se enseñorea del hombre entre tanto que vive?

2 Porque la mujer que es sujeta a marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, [ella] es libre de la ley del marido.

3 Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley (del marido); de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido.

4 Así también vosotros, hermanos míos, sois muertos a la ley en el cuerpo del Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, para que fructifiquemos a Dios.

5 Porque mientras éramos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando a muerte.

6 Pero ahora somos libres de la ley de la muerte en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de Espíritu, y no en vejez de letra.

7 ¿Qué pues diremos? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero [yo] no conocí el pecado sino por la ley; porque (tampoco) conocería la concupiscencia, si la ley no dijera: No codiciarás.

8 Entonces el pecado, cuando hubo ocasión, obró en mí por el mandamiento toda concupiscencia. Porque sin la ley el pecado estaba como adormecido.

9 Así que, yo sin la ley vivía por algún tiempo; mas venido el mandamiento, el pecado revivió, y yo morí;

10 y hallé que el [mismo] mandamiento, que era para vida, [para mí] era mortal;

11 porque el pecado, habida ocasión, me engañó por el mandamiento, y por él [me] mató.

12 De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, y justo, y bueno.

13 ¿Luego lo que es bueno, a mí me es hecho muerte? No; sino el pecado, que para mostrarse pecado por lo bueno, me obró la muerte, haciéndose pecado sobremanera pecaminoso por el mandamiento.

14 Porque [ya] sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado.

15 Porque lo que cometo, no [lo] entiendo; y ni el (bien) que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago.

16 Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley [es] buena.

17 De manera que ya yo no obro aquello, sino el pecado que mora en mí.

18 Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien, porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo.

19 Porque no hago el bien que quiero; pero el mal que no quiero, éste hago. 20 Y si hago lo que no quiero, ya no obro yo, sino el pecado que mora en mí.

21 Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo [esta] ley: Que el mal me es propio.

22 Porque con el hombre interior, me deleito con la ley de Dios;

23 mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

24 ¡Miserable hombre de mí! ¿Quién me librará del cuerpo de esta muerte?

25 La gracia de Dios, por Jesús, el Cristo [o el Ungido], Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne a la ley del pecado.

CAPÍTULO 8

1 Así que ahora, ninguna condenación hay para los que están en el Ungido, Jesús, que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

2 Porque la ley del Espíritu de vida en el Ungido, Jesús, me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3 Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y por el pecado, condenó al pecado en la carne;

4 para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

5 Porque los que son conforme a la carne, las cosas que son de la carne saben; mas los que conforme al Espíritu, las cosas que son del Espíritu.

6 Porque la prudencia de la carne [es] muerte; mas la prudencia del Espíritu, vida y paz;

7 por cuanto la prudencia de la carne [es] enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede.

8 Así que, los que son carnales no pueden agradar a Dios.

9 Mas vosotros no sois en la carne, sino en el Espíritu, por cuanto el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu del Cristo, el tal no es de él.

10 Pero si el Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad es muerto a causa del pecado; mas el espíritu vive a causa de la justicia.

11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó a Jesús el Cristo de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

13 porque si viviereis conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu mortificáis las obras del cuerpo, viviréis.

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.

15 Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar (otra vez) en temor; mas habéis recibido el Espíritu de adopción (de hijos), por el cual clamamos, ¡Abba, Padre!

16 Porque el mismo Espíritu da testimonio a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

17 Y si hijos, también herederos; ciertamente de Dios, y coherederos con el Cristo; si empero padecemos juntamente [con él], para que juntamente [con él] seamos glorificados.

18 Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.

19 Porque la esperanza [solícita] de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque las criaturas sujetas fueron a vanidad, no de su voluntad, sino por causa del que las sujetó,

21 con esperanza que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

22 Porque [ya] sabemos que todas las criaturas gimen (a una), y (a una) están de parto hasta ahora.

23 Y no sólo ellas, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos esperando la adopción, [es a saber], la redención de nuestro cuerpo.

24 Porque en esperanza somos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, no lo espera.

25 Pues si lo que no vemos [lo] esperamos, por paciencia [lo] esperamos.

26 Y asimismo también el Espíritu [nos] ayuda [en] nuestra flaqueza; porque orar como conviene, no [lo] sabemos; sino que el mismo Espíritu demanda por nosotros con gemidos indecibles.

27 Mas el que escudriña los corazones, sabe qué es el deseo del Espíritu, que conforme a Dios, demanda por los santos.

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 145 / 160 段