8 Y los habitadores de los fines [de la tierra] temen de tus maravillas; que haces alegrar las salidas de la mañana y de la tarde.
9 Visitas la tierra, y desde que la has hecho desear mucho, la enriqueces con el Río de Dios lleno de aguas; preparas el grano de ellos, porque así la ordenaste.
10 Embriagas sus surcos, haces descender [el agua en] sus regaderas; la ablandas con lluvias, bendices sus renuevos.
11 [Tú] coronas el año de tus bienes; y tus nubes destilan grosura.
12 Destilan sobre las habitaciones del desierto; y los collados se ciñen de alegría.
13 Se visten los llanos de ovejas, y los valles se cubren de grano; dan voces de júbilo, y aun cantan.
CAPÍTULO 66
1 Al Vencedor: Canción de Alabanza. Jubilad a Dios toda la tierra.
2 Cantad la gloria de su Nombre; poned gloria [en] su alabanza.
3 Decid a Dios: ¡Cuán terrible [eres en] tus obras! Por lo grande de tu fortaleza se sujetarán a ti tus enemigos.
4 Toda la tierra te adorará, y cantará a ti; cantarán a tu Nombre. (Selah.)
5 Venid, y ved las obras de Dios, terrible en hechos sobre los hijos de los hombres.
6 Volvió el mar en seco; por el río pasaron a pie; allí nos alegramos en él.
7 El se enseñorea con su fortaleza para siempre; sus ojos atalayan sobre los gentiles; los rebeldes no serán ensalzados. (Selah.)
8 Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, y haced oír la voz de su alabanza.
9 El es el que puso nuestra alma en vida, y no permitió que nuestros pies resbalasen.
10 Porque [tú] nos probaste, oh Dios; nos afinaste como se afina la plata.
11 Nos metiste en la red; pusiste apretura en nuestros lomos.
12 Hiciste subir varón sobre nuestra cabeza; entramos en fuego y en aguas, y nos sacaste a abundancia.
13 Entraré en tu Casa con holocaustos; te pagaré mis votos,
14 que pronunciaron mis labios, y habló mi boca, cuando estaba angustiado.
15 Holocaustos de cebados te ofreceré, con perfume de carneros; sacrificaré bueyes y machos cabríos. (Selah.)
16 Venid, oíd todos los que teméis a Dios, y contaré lo que ha hecho a mi alma.
17 A él clamé con mi boca, y fue ensalzado con mi lengua.
18 Si en mi corazón hubiese [yo] mirado [a la] iniquidad, el Señor no me oiría.
19 [Mas] ciertamente [me] oyó Dios; atendió a la voz de mi oración. 20 Bendito Dios, que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.
CAPÍTULO 67
1 Al Vencedor: en Neginot: Salmo de Canción. Dios tenga misericordia de nosotros, y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros (Selah);
2 para que conozcamos en la tierra tu camino, entre todos los gentiles tu salud.
3 Alábente los pueblos, oh Dios; Alábente todos los pueblos.
4 Alégrense y gócense los gentiles cuando juzgares los pueblos con equidad, y pastorearás los gentiles en la tierra. (Selah.)
5 Alábente los pueblos, oh Dios: Alábente todos los pueblos.
6 Entonces la tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro.
7 Bendíganos Dios, y témanlo todos los confines de la tierra.
CAPÍTULO 68
1 Al Vencedor: de David: Salmo de Canción. Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, y huyan delante de El los que le aborrecen.
2 Como es lanzado el humo, [los] lanzarás; como se derrite la cera delante del fuego, [así] perecerán los impíos delante de Dios.
3 Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, y saltarán de alegría.
4 Cantad a Dios, cantad salmos a su Nombre; ensalzad al que cabalga sobre los cielos; JAH [es] su Nombre, y alegraos delante de él.
5 Padre de huérfanos y defensor de viudas, [es] Dios en la morada de su santuario;
6 el Dios que hace habitar en familia [a] los solos; que saca a los aprisionados con grillos; mas los rebeldes habitan en sequedad.
7 Oh Dios, cuando tú saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto, (Selah,)
8 la tierra tembló; también destilaron los cielos [su lluvia] ante la presencia de Dios; aquel Sinaí [tembló] delante de Dios, del Dios de Israel.
9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios, a tu heredad; y cuando se cansó, tú la recreaste.
10 Tu compañía estaba en ella; por tu bondad, oh Dios, has provisto al pobre.
11 El Señor dará palabra; de los evangelizadores [habrá] grande ejército.
12 Huyan, huyan reyes de ejércitos; y la moradora de la casa partía los despojos.
13 Aunque seáis echados entre las ollas, [seréis como] las alas de la paloma cubierta de plata, y sus plumas con amarillez de oro.
14 Cuando esparcía el Omnipotente los reyes [que estuvieron] en ella, se emblanqueció ésta como la nieve en Salmón.
15 Monte de Dios es el monte de Basán; monte alto el de Basán.
16 ¿Por qué saltasteis, oh montes altos? Este monte amó Dios para su asiento; ciertamente el SEÑOR habitará [en él] para siempre.
17 Los carros de Dios [son] dos millares de miles de ángeles, el Señor entre ellos, [como] en Sinaí, [así] en el santuario.
18 Subiste a lo alto, cautivaste [la] cautividad, tomaste dones para los hombres, y también para los rebeldes, para que habite entre ellos JAH Dios.
19 Bendito el Señor; cada día nos colma de beneficios [el] Dios de nuestra salud. (Selah.) 20 Dios, nuestro Dios ha de salvarnos; y el Señor DIOS tiene salidas para la muerte.
21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la cabelluda mollera del que camina en sus pecados.
22 El Señor dijo: De Basán haré volver, [te] haré volver de lo profundo del mar:
23 Porque tu pie se embermejecerá de sangre de tus enemigos, y de ella la lengua de tus perros.
24 Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario.
25 Los cantores iban delante, los tañedores detrás; en medio, las doncellas, con panderos.
26 Bendecid a Dios en [las] congregaciones; al Señor, vosotros del linaje de Israel.
27 Allí [estaba] Benjamín, pequeño, señoreándolos, príncipes de Judá en su congregación, príncipes de Zabulón, príncipes de Neftalí.
28 Tu Dios ha ordenado tu fuerza; confirma, oh Dios, lo que has obrado en nosotros.
29 Desde tu templo en Jerusalén; a ti ofrecerán los reyes dones.
30 Reprende escuadrón de lanza, escuadrón de fuertes con señores de pueblos hollándolos con [sus] piezas de plata; destruye los pueblos que quieren guerras.
31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía apresurará sus manos a Dios.
32 Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Señor (Selah);
33 Al que cabalga sobre los cielos de los cielos de antigüedad; he aquí dará su voz, poderosa voz.
34 Atribuid fortaleza a Dios; sobre Israel es su magnificencia, y su fortaleza [está] en las nubes.
35 Terrible [eres], oh Dios, desde tus santuarios; el Dios de Israel, él da fortaleza y fuerzas a [su] pueblo. Bendito el Dios.
CAPÍTULO 69
1 Al Vencedor: sobre Sosanim: Salmo de David. Sálvame, oh Dios, porque las aguas han entrado hasta el alma.
2 Estoy hundido en cieno profundo, donde no [hay] pie; soy venido en profundos de aguas, y la corriente me ha anegado.
3 He trabajado llamando, mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios.
4 Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; se han fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin por qué; entonces devolví lo que no hurté.
5 Dios, tú sabes mi locura; y mis delitos no te son ocultos.
6 No sean avergonzados por mi [causa] los que te esperan, [oh] Señor DIOS de los ejércitos; no sean confusos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel.
7 Porque por ti he sufrido afrenta; confusión ha cubierto mi rostro.
8 He sido extrañado de mis hermanos, y extraño a los hijos de mi madre.
9 Porque me consumió el celo de tu Casa; y los denuestos de los que te vituperaban, cayeron sobre mí.
10 Y lloré con ayuno de mi alma; y me has sido por afrenta.
11 Puse además cilicio por mi vestido; y vine a serles por proverbio.
12 Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta, y [me zaherían] en las canciones de los bebedores de sidra.
13 Pero yo [enderezaba] mi oración a ti, oh SEÑOR, al tiempo de la buena voluntad. Oh Dios, por la multitud de tu misericordia, por la verdad de tu salud, óyeme.
14 Sácame del lodo, y no sea [yo] anegado; sea [yo] libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas.
15 No me anegue el ímpetu de las aguas, ni me absuerba la hondura, ni el pozo cierre sobre mí su boca.
16 Oyeme, SEÑOR, porque apacible [es] tu misericordia; mírame conforme a la multitud de tus miseraciones.
17 Y no escondas tu rostro de tu siervo; porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme.
18 Acércate a mi alma, redímela; líbrame a causa de mis enemigos.
19 Tú sabes mi afrenta, y mi confusión, y mi oprobio; delante de ti [están] todos mis enemigos. 20 La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado; y esperé quién se compadeciese [de mí], y no [lo hubo]; y consoladores, y ninguno hallé.
21 Me pusieron además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre.
22 Sea su mesa delante de ellos por lazo, y [lo que es] para prosperidad [les sea] por tropiezo.
23 Sean oscurecidos sus ojos para ver, y haz siempre titubear sus lomos.
24 Derrama sobre ellos tu ira, y el furor de tu enojo los alcance.
25 Sea su palacio asolado; en sus tiendas no haya morador.
26 Porque persiguieron al que tú heriste; y se jactan que les matas sus enemigos.
27 Pon maldad sobre su maldad, y no entren en tu justicia.
28 Sean raídos del libro de los vivientes, y no sean escritos con los justos.
29 Y yo pobre y dolorido, tu salud, oh Dios, me defenderá.
30 [Yo] alabaré el Nombre de Dios con canción; lo ensalzaré con alabanza.
31 Y agradará al SEÑOR más que [sacrificio de] buey, o becerro que echa cuernos y pezuñas.
32 [Lo] verán los humildes, y se gozarán; buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón.
33 Porque el SEÑOR oye a los menesterosos, y no menosprecia a sus prisioneros.
34 Alábenlo los cielos y la tierra, los mares, y todo lo que se mueve en ellos.
35 Porque Dios guardará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; y habitarán allí, y la heredarán.
36 Y la simiente de sus siervos la heredará, y los que aman su Nombre habitarán en ella.
CAPÍTULO 70
1 Al Vencedor: de David, para acordar. Oh Dios, acude a librarme; apresúrate, oh Dios, a socorrerme.
2 Sean avergonzados y confusos los que buscan mi vida; sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal desean.
3 Sean vueltos en pago de su afrenta los que dicen: ¡Ah! ¡Ah!
4 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que aman tu salud: Engrandecido sea Dios.
5 Yo [soy] pobre y menesteroso; apresúrate a mí, oh Dios. Ayuda mía y mi libertador [eres] tú; oh SEÑOR, no te detengas.
CAPÍTULO 71
1 En ti, [oh] SEÑOR, he esperado; no sea yo confundido para siempre.
2 Hazme escapar, y líbrame en tu justicia; inclina tu oído hacia mí y sálvame.
3 Seme por peña de fortaleza, adonde recurra yo continuamente; has mandado que yo sea salvo; porque tú [eres] mi roca, y mi castillo.
4 Dios mío, líbrame de la mano del impío, de la mano del perverso y violento.
5 Porque tú [eres] mi esperanza, Señor DIOS; seguridad mía desde mi juventud.
6 Por ti he sido sustentado desde el vientre; de las entrañas de mi madre tú [fuiste] el que me sacaste; de ti [ha sido] siempre mi alabanza.
7 Como prodigio he sido a muchos, y tú mi refugio fuerte.
8 Sea llena mi boca de tu alabanza, de tu gloria todo el día.
9 No me deseches en el tiempo de la vejez; cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
10 Porque mis enemigos han tratado de mí; y los que acechan mi alma, consultaron juntamente.
11 Diciendo: Dios lo ha dejado; perseguid y tomadle, porque no [hay] quien [le] libre.
12 Oh Dios, no te alejes de mí; Dios mío, acude pronto a mi socorro.
13 Sean avergonzados, perezcan los adversarios de mi alma; sean cubiertos de vergüenza y de confusión los que buscan mi mal.
14 Mas yo siempre esperaré, y añadiré sobre toda tu alabanza.
15 Mi boca publicará tu justicia y tu salud todo el día, aunque no sé el número [de ellas].
16 Iré en la valentía del Señor DIOS; haré memoria de tu justicia, [de la tuya] solamente.
17 Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud y hasta ahora; manifestaré tus maravillas.
18 Y aun hasta la vejez y las canas; oh Dios, no me desampares; hasta que denuncie tu brazo a la posteridad; tus valentías a todos los que han de venir.
19 Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso; porque has hecho grandes cosas; Oh Dios, ¿quién como tú? 20 [Tú], que me has hecho ver muchas angustias y males; volverás y me darás vida, y de los abismos de la tierra volverás a levantarme.
21 Aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.
22 Asimismo yo te alabaré con instrumento de salterio, oh Dios mío; tu verdad cantaré yo a ti en el arpa, oh Santo de Israel.
23 Mis labios se alegrarán cuando cantare alabanzas a ti; y mi alma, a la cual redimiste.
24 Asimismo mi lengua hablará también de tu justicia cada día; por cuanto fueron avergonzados, porque fueron confundidos los que mi mal procuraban.
CAPÍTULO 72
1 Para Salomón. Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey.
2 [El] juzgará tu pueblo con justicia, y tus pobres con juicio.
3 Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados, por justicia.
4 Juzgará los pobres del pueblo, salvará los hijos del menesteroso, y quebrantará al violento.
5 Te temerán con el sol y antes de la luna, por generación de generaciones.
6 Descenderá como la lluvia sobre la [hierba] cortada; como el rocío que destila [sobre] la tierra.
7 Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no [haya] luna.
8 Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.
9 Delante de él se postrarán los etíopes; y sus enemigos lamerán la tierra.
10 Los reyes de Tarsis y de las islas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones.
11 Y se arrodillarán a él todos los reyes; le servirán todos los gentiles.
12 Porque [él] librará al menesteroso que clamare, y al pobre que no tuviere quién le socorra.
13 Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará las almas de los pobres [en espíritu].
14 De engaño y de fraude redimirá sus almas; y la sangre de ellos será preciosa en sus ojos.
15 Y vivirá, y se le dará del oro de Sabá; y se orará por él continuamente; cada día le echará bendiciones.
16 Será [echado] un puño de grano en tierra, en las cumbres de los montes; su fruto hará estruendo como el Líbano, y desde la ciudad verdecerán como la hierba de la tierra.
17 Será su Nombre para siempre, delante del sol será propagado su Nombre; y bendecirán en él todos los gentiles; lo llamarán bienaventurado.
18 Bendito el SEÑOR Dios, el Dios de Israel, [el] único que hace maravillas.
19 Y bendito su Nombre glorioso para siempre; y toda la tierra sea llena de su gloria. Amén y Amén. 20 [Aquí] terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.
CAPÍTULO 73
1 Salmo de Asaf. Ciertamente bueno [es] Dios a Israel, a los limpios de corazón.
2 En cuanto a mí, casi se apartaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos.
3 Porque me enojé contra los locos, viendo la paz de los impíos.
4 Porque no hay ataduras para su muerte; antes su fortaleza [está] entera.
5 No pasan trabajos como [otros] seres humanos; ni son azotados con los hombres.
6 Por tanto, la soberbia los corona; se cubren de vestido de violencia.
7 Sus ojos están salidos de gruesos; logran con creces los antojos del corazón.
8 Se soltaron, y hablan con maldad de [hacer] violencia; hablan con altanería.
9 Ponen contra el cielo su boca, y su lengua pasea la tierra.
10 Por eso su pueblo volverá aquí, y aguas de lleno le son exprimidas.
11 Y dirán: ¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en lo [más] alto?
12 He aquí estos impíos, sin ser turbados del mundo, alcanzaron riquezas.
13 Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, y lavado mis manos en limpieza;
14 y he sido azotado todo el día, y castigado por las mañanas:
15 Si dijera yo, hablaré como ellos; he aquí habría negado la generación de tus hijos:
16 Pensaré pues para entender esto; es a mis ojos [duro] trabajo.
17 Hasta que venga al santuario de Dios, [entonces] entenderé la postrimería de ellos.
18 Ciertamente los has puesto en deslizaderos; en asolamientos los harás caer.
19 ¡Cómo han sido asolados! ¡Cuán en un punto! Se acabaron, fenecieron con turbaciones. 20 Como sueño del que despierta, [así], Señor, cuando despertares, menospreciarás sus apariencias.
21 Se desazonó a la verdad mi corazón, y en mis riñones sentía punzadas.
22 Mas yo [era] ignorante, y no entendía; era [como una] bestia acerca de ti.
23 Con todo, yo siempre [estuve] contigo; trabaste de mi mano derecha.
24 Me has guiado según tu consejo, y después me recibirás con gloria.
25 ¿A quién tengo yo en los cielos [sino a ti]? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.
26 Mi carne y mi corazón desfallecen; la fuerza de mi corazón [es] que mi porción [es] Dios para siempre.
27 Porque he aquí, los que se alejan de ti perecerán; [tú] cortas a todo aquel que fornica de ti.
28 Y [en cuanto a] mí, el acercarme a Dios me [es] el bien; he puesto en el Señor DIOS mi esperanza, para contar todas tus obras.
CAPÍTULO 74
1 Masquil de Asaf. ¿Por qué, oh Dios, [nos] has desechado para siempre? ¿Por [qué] ha humeado tu furor contra las ovejas de tu prado?
2 Acuérdate de tu congregación, que adquiriste de antiguo, [cuando] redimiste la vara de tu heredad; este monte de Sion, donde has habitado.
3 Levanta tus pies a los asolamientos eternos; a todo enemigo que ha hecho mal en el santuario.
4 Tus enemigos han bramado en medio de tus asambleas; han puesto sus [propias] banderas [por] señas.
5 Nombrado era, como si lo llevara al cielo, [el que metía] las hachas en el monte de la madera espesa [para el edificio del santuario].
6 Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras.
7 Han puesto a fuego tus santuarios, han ensuciado [en la] tierra el tabernáculo de tu Nombre.
8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; quemaron todos los lugares de ayuntamiento [del pueblo] de Dios en la tierra.
9 No vemos ya nuestras banderas [propias]; no [hay] más profeta; ni [hay] con nosotros quien sepa. ¿Hasta cuándo?
10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu Nombre?
11 ¿Por qué retraes tu mano, y tu diestra? ¿[Por qué] la escondes dentro de tu seno?
12 Pero Dios es mi rey ya de antiguo; el que obra salud en medio de la tierra.
13 Tú hendiste el mar con tu fortaleza; quebrantaste las cabezas de los dragones en las aguas.
14 Tú magullaste las cabezas del leviatán; lo diste por comida al pueblo de los desiertos.
15 Tú abriste fuente y río; tú secaste ríos impetuosos.
16 Tuyo es el día, tuya también es la noche; tú aparejaste la lumbre y el sol.
17 Tú estableciste todos los términos de la tierra; el verano y el invierno tú los formaste.
18 Acuérdate de esto: que el enemigo ha dicho afrentas al SEÑOR, y que el pueblo loco ha blasfemado tu Nombre.
19 No entregues a las bestias el alma de tu tórtola; y no olvides para siempre la congregación de tus pobres. 20 Mira al pacto; porque las tenebrosidades de la tierra llenas están de habitaciones de violencia.
21 No vuelva avergonzado el abatido; el pobre y el menesteroso alabarán tu Nombre.
22 Levántate, oh Dios, aboga tu causa; acuérdate de cómo el loco te injuria cada día.
23 No olvides las voces de tus enemigos; el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.
CAPÍTULO 75
1 Al Vencedor: [sobre] No destruyas: Salmo de Asaf: Canción. Te alabaremos, oh Dios, alabaremos; que cercano está tu Nombre; cuenten tus maravillas.
2 Cuando tuviere la oportunidad, yo juzgaré rectamente.
3 Se arruinaba la tierra y sus moradores; yo compuse sus columnas. (Selah.)
4 Dije a los locos: No os infatuéis; y a los impíos: No levantéis el cuerno.
5 No levantéis en alto vuestro cuerno; no habléis con soberbia.
6 Porque ni de oriente, ni de occidente, ni del desierto [solano viene] el ensalzamiento.
7 Porque Dios es el juez; a éste abate, y a aquel ensalza.
8 Que la copa está en la mano del SEÑOR, y el vino es bermejo, lleno de mistura; y él derrama del mismo; ciertamente sus heces chuparán y tragarán todos los impíos de la tierra.
9 Mas yo anunciaré siempre, cantaré alabanzas al Dios de Jacob.
10 Y quebraré todos los cuernos de los pecadores; los cuernos del justo serán ensalzados.
CAPÍTULO 76
1 Al Vencedor: en Neginot: Salmo de Asaf: Canción. Dios [es] conocido en Judá: Dios, en Israel [es] grande su nombre.
2 Y en Salem está su tabernáculo, y su habitación en Sion.
3 Allí quebró las saetas del arco; el escudo, y la espada, y la guerra. (Selah.)
4 Ilustre [eres] tú; y fuerte, más que los montes de caza.
5 Los fuertes de corazón fueron despojados; durmieron su sueño, y nada hallaron en sus manos todos los varones fuertes.
6 Por tu reprensión, oh Dios de Jacob, el carro y el caballo fueron adormecidos.
7 Tú, terrible [eres] tú: ¿Y quién parará delante de ti, en comenzando tu ira?
8 Desde los cielos hiciste oír juicio; la tierra tuvo temor y quedó quieta,
9 Cuando te levantaste, oh Dios, al juicio, para salvar a todos los mansos de la tierra. (Selah.)
10 Ciertamente la ira del hombre te acarreará alabanza; tú reprimirás el resto de las iras.
11 Prometed, y pagad al SEÑOR vuestro Dios todos los que estáis alrededor de él; traed presentes al que merece temor.
12 Cortará él el espíritu de los príncipes; terrible [es] a los reyes de la tierra.
CAPÍTULO 77
1 Al Vencedor: para Jedutún: Salmo de Asaf. Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y [él] me escuchó.
2 Al Señor busqué en el día de mi angustia; mi llaga desangraba de noche y no cesaba; mi alma no quería consuelo.
3 Me acordaba de Dios, y gritaba; me quejaba, y desmayaba mi espíritu. (Selah.)
4 Tenías los párpados de mis ojos [abiertos]; estaba yo quebrantado, y no hablaba.
5 Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos.
6 Me acordaba de mis canciones de noche; meditaba con mi corazón, y mi espíritu inquiría.
7 ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a amar?
8 ¿Se ha acabado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado la palabra [suya] para generación y generación?
9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus misericordias? (Selah.)
10 Y dije: Enfermedad mía es [ésta]; [me acordaré] de los años de la diestra del Altísimo,
11 me acordaba de las obras de JAH; por tanto me acordé de tus maravillas antiguas.
12 Y meditaba en todas tus obras, y hablaba de tus hechos.
13 Oh Dios, en santidad [es] tu camino: ¿Qué Dios grande como el Dios [nuestro]?
14 Tú [eres] el Dios que hace maravillas; [tú] hiciste notoria en los pueblos tu fortaleza.
15 Con [tu] brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. (Selah.)
16 Te vieron las aguas, oh Dios; te vieron las aguas, temieron; y temblaron los abismos.
17 Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos.
18 [Anduvo] en derredor el sonido de tus truenos; los relámpagos alumbraron el mundo; la tierra se estremeció y tembló.
19 En el mar [fue] tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. 20 Condujiste a tu pueblo como ovejas, por mano de Moisés y de Aarón.
CAPÍTULO 78
1 Masquil de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
2 Abriré mi boca en parábola; hablaré enigmas del [tiempo] antiguo.
3 Las cuales hemos oído y entendido; que nuestros padres nos [las] contaron.
4 No [las] encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas del SEÑOR, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.
5 El estableció testimonio en Jacob, y puso ley en Israel; las cuales mandó a nuestros padres que las notificasen a sus hijos;
6 para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; [y los que] se levantarán, [lo] cuenten a sus hijos
7 con el fin de poner su confianza en Dios, y no olvidar de las obras de Dios, y guardar sus mandamientos:
8 Y no ser como sus padres, generación contumaz y rebelde; generación que no compuso su corazón, ni su espíritu fue fiel con Dios.
9 Los hijos de Efraín armados, flecheros, volvieron [las espaldas] el día de la batalla.
10 No guardaron el pacto de Dios, ni quisieron andar en su ley;
11 antes se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado.
12 Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán.
13 Rompió el mar, y los hizo pasar; e hizo estar las aguas como en un montón.
14 Y los llevó con nube de día, y toda la noche con resplandor de fuego.
15 Hendió las peñas en el desierto; y les dio a beber de abismos grandes;
16 y sacó de la peña corrientes, e hizo descender aguas como ríos.
17 Pero aun tornaron a pecar contra él, enojando al Altísimo en la soledad.