3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día.

4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedades de verano. (Selah.)

5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones al SEÑOR; y tú perdonarás la maldad de mi pecado. (Selah.)

6 Por esto orará a ti todo misericordioso en el tiempo de [poder] hallarte; ciertamente en la inundación de las muchas aguas no llegarán [éstas] a él.

7 Tú eres mi escondedero; de la angustia me guardarás; [con] clamores de libertad me rodearás. (Selah.)

8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que andarás; sobre ti fijaré mis ojos.

9 No seáis como el caballo, [o] como el mulo, sin entendimiento; con cabestro y con freno su boca ha de ser sujetada, porque si no, no lleguen a ti.

10 Muchos dolores para el impío; mas el que espera en el SEÑOR, lo cercará [la] misericordia.

11 Alegraos en el SEÑOR, y gozaos, justos; y cantad todos [vosotros] los rectos de corazón.

CAPÍTULO 33

1 Cantad justos en el SEÑOR; a los rectos [es] hermosa la alabanza.

2 Celebrad al SEÑOR con arpa; cantadle con salterio y decacordio.

3 ¡Cantadle canción nueva! Hacedlo bien tañendo con júbilo.

4 Porque recta [es] la palabra del SEÑOR, y toda su obra [es hecha] con verdad.

5 El ama justicia y juicio; de la misericordia del SEÑOR [está] llena la tierra.

6 Con la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos con el espíritu de su boca.

7 El junta como en un montón las aguas del mar; el pone por tesoros los abismos.

8 Tema al SEÑOR toda la tierra; teman de él todos los habitadores del mundo.

9 Porque él dijo, y fue [hecho]; él mandó, y existió.

10 El SEÑOR hace anular el consejo de los gentiles, y hace anular las maquinaciones de los pueblos.

11 El consejo del SEÑOR permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones.

12 Bienaventurada la gente de que el SEÑOR es su Dios; el pueblo a quien escogió por heredad para sí.

13 Desde los cielos miró el SEÑOR; vio a todos los hijos de Adán.

14 Desde la morada de su asiento miró sobre todos los moradores de la tierra.

15 El formó el corazón de todos ellos; el considera todas sus obras.

16 El rey no es salvo con la multitud del ejército; no escapa el valiente con la mucha fuerza.

17 Vanidad es el caballo para la salud; con la grandeza de su fuerza no librará.

18 He aquí, el ojo del SEÑOR sobre los que le temen, sobre los que esperan su misericordia;

19 para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en el hambre. 20 Nuestra alma esperó al SEÑOR; nuestra ayuda y nuestro escudo [es] él.

21 Por tanto en él se alegrará nuestro corazón, porque en el Nombre de su santidad hemos confiado.

22 Sea tu misericordia, oh SEÑOR, sobre nosotros, como te hemos esperado.

CAPÍTULO 34

1 De David, cuando mudó su semblante delante de Abimelec, y él lo echó, y se fue. [Alef] Bendeciré al SEÑOR en todo tiempo; su alabanza [será] siempre en mi boca.

2 [Bet] En el SEÑOR se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán.

3 [Guímel] Engrandeced al SEÑOR conmigo, y ensalcemos su Nombre a una.

4 [Dálet] Busqué al SEÑOR, y [él] me oyó; y me libró de todos mis temores.

5 [He] ¡A él miraron y fueron alumbrados! Y sus rostros no se avergonzaron.

6 [Vau] Este pobre llamó, y [le] oyó el SEÑOR, y lo libró de todas sus angustias.

7 [Zain] El ángel del SEÑOR acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.

8 [Chet] Gustad, y ved que [es] bueno el SEÑOR; dichoso el hombre que confiará en él.

9 [Tet] Temed al SEÑOR, [vosotros] sus santos; porque no hay falta para los que le temen.

10 [Yod] Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; pero los que buscan al SEÑOR, no tendrán falta de ningún bien.

11 [Caf] Venid, hijos, oídme; [el] temor del SEÑOR os enseñaré.

12 [Lámed] ¿Quién [es] el hombre que desea vida, que codicia días para ver el bien?

13 [Mem] Guarda tu lengua de mal, y tus labios de hablar engaño.

14 [Nun] Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.

15 [Sámec] Los ojos del SEÑOR [están] sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.

16 [Ayin] La ira del SEÑOR contra los que mal hacen, para cortar de la tierra la memoria de ellos.

17 [Pe] Clamaron [los justos], y el SEÑOR oyó, y los libró de todas sus angustias.

18 [Tsade] Cercano [está] el SEÑOR a los quebrantados de corazón; y a los molidos de espíritu salvará.

19 [Cof] Muchos [son] los males del justo; mas de todos ellos lo librará el SEÑOR; 20 [Resh] guardando todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.

21 [Sin] Matará al malo la maldad; y los que aborrecen al justo serán asolados.

22 [Tau] El SEÑOR redime el alma de sus siervos; y no serán asolados cuantos en él confían.

CAPÍTULO 35

1 De David. Disputa, oh SEÑOR, con los que contra mí contienden; pelea con los que me combaten.

2 Echa mano al escudo y al pavés, y levántate en mi ayuda.

3 Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores; di a mi alma: Yo soy tu salud.

4 Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi alma; vuelvan atrás, y sean avergonzados los que mi mal piensan.

5 Sean como el tamo delante del viento; y el ángel del SEÑOR los acose.

6 Sea su camino oscuridad y resbaladeros; y el ángel del SEÑOR el que los persiga.

7 Porque sin causa escondieron para mí el hoyo de su red; sin causa hicieron hoyo para mi alma.

8 Véngale el quebrantamiento sin que [lo] sepa, y su red que escondió lo prenda; con quebrantamiento caiga en ella.

9 Y gócese mi alma en el SEÑOR; y alégrese en su salud.

10 Todos mis huesos dirán: SEÑOR, ¿quién como tú, que libras al pobre del más fuerte que él, y al pobre y menesteroso del que le despoja?

11 Se levantaron testigos falsos; me demandaron lo que no sabía;

12 me devolvieron mal por bien, hasta volver solo a mi alma.

13 Mas yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio; afligí con ayuno mi alma, y mi oración se revolvía en mi seno.

14 Como [por mi] compañero, como [por] mi hermano andaba; como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.

15 [Pero ellos] se alegraron en mi cojera, y se juntaron; se juntaron contra mí los verdugos, y [yo] no [lo] entendía; me despedazaban, y no cesaban;

16 con los lisonjeros escarnecedores truhanes, crujiendo sobre mí sus dientes.

17 Señor, ¿hasta cuándo verás [esto]? Res-taura mi alma de sus quebrantamientos, mi vida de los leones.

18 Te confesaré en grande congregación; te alabaré entre numeroso pueblo.

19 No se alegren de mí mis enemigos sin por qué; [ni] los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo. 20 Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas.

21 Y ensancharon sobre mí su boca; dijeron: ¡Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!

22 Tú lo has visto, oh SEÑOR; no calles: Señor, de mí no te alejes.

23 Recuerda y despierta para mi juicio, para mi causa, Dios mío y Señor mío.

24 Júzgame conforme a tu justicia, SEÑOR Dios mío; y no se alegren de mí.

25 No digan en su corazón: ¡Ea, nuestro deseo es cumplido! No digan: ¡Lo hemos devorado!

26 Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran; vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí.

27 Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa, y digan siempre: Sea ensalzado el SEÑOR, que ama la paz de su siervo.

28 Y mi lengua hablará de tu justicia; todo el día de tu loor.

CAPÍTULO 36

1 Al Vencedor: del siervo del SEÑOR, de David. La rebelión del impío me dice al corazón: No [hay] temor de Dios delante de sus ojos.

2 Se lisonjea, por tanto, en sus propios ojos, hasta que su iniquidad sea hallada aborrecible.

3 Las palabras de su boca [son] iniquidad y fraude; no quiso entender para bien hacer.

4 Iniquidad piensa sobre su cama; está en camino no bueno, no aborrece el mal.

5 SEÑOR, hasta los cielos [es] tu misericordia; tu verdad hasta las nubes.

6 Tu justicia como los montes de Dios, tus juicios abismo grande: Oh SEÑOR, al hombre y al animal conservas.

7 ¡Cuán ilustre, oh Dios, es tu misericordia! [Por eso] los hijos de Adán se abrigan en la sombra de tus alas.

8 Se embriagarán de la grosura de tu Casa; y tú los abrevarás del torrente de tus delicias.

9 Porque contigo [está] el manantial de la vida; en tu luz veremos la luz.

10 Extiende tu misericordia a los que te conocen, y tu justicia a los rectos de corazón.

11 No venga pie de soberbia contra mí; y mano de impíos no me mueva.

12 Allí cayeron los obradores de iniquidad. Fueron derribados, y no pudieron levantarse.

CAPÍTULO 37

1 De David. [Alef] No te enojes con los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.

2 Porque como hierba serán presto cortados, y decaerán como verdor de renuevo.

3 [Bet] Espera en el SEÑOR, y haz bien; vive en la tierra, y manten [la] verdad.

4 Pon asimismo tu delicia en el SEÑOR, y [él] te dará las peticiones de tu corazón.

5 [Guímel] Vuelve hacia el SEÑOR tu camino; y espera en él; y él hará.

6 Y exhibirá tu justicia como la luz, y tu rectitud como el mediodía.

7 [Dálet] Calla ante el SEÑOR, y espera en él; no te enojes con el que prospera en su camino, con el hombre que hace maldades.

8 [He] Déjate de la ira, y depón el enojo; no te enojes en manera alguna para hacerte malo.

9 Porque los malignos serán talados, mas los que esperan al SEÑOR, ellos heredarán la tierra.

10 [Vau] Pues de aquí a poco no [estará] el malo; y contemplarás sobre su lugar, y no aparecerá.

11 Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con la multitud de la paz.

12 [Zain] Piensa el impío contra el justo, y cruje sobre él sus dientes.

13 El Señor se reirá de él; porque ve que viene su día.

14 [He] Los impíos desenvainaron espada, y entesaron su arco, para arruinar al pobre y al menesteroso; para degollar a los de recto proceder.

15 La espada de ellos entrará en su [mismo] corazón, y su arco será quebrado.

16 [Tet] Mejor es lo poco del justo, que las muchas riquezas de los pecadores.

17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados; mas el que sustenta a los justos [es] el SEÑOR.

18 [Yod] Conoce el SEÑOR los días de los perfectos; y su heredad será para siempre.

19 No serán avergonzados en el mal tiempo; y en los días de hambre serán saciados. 20 [Caf] Porque los impíos perecerán, y los enemigos del SEÑOR como los más gordos de los carneros serán consumidos; se disiparán como humo.

21 [Lámed] El impío toma prestado, y no paga; mas el justo tiene misericordia, y da.

22 Porque los benditos de él heredarán la tierra; y los malditos de él serán talados.

23 [Mem] Por el SEÑOR son ordenados los pasos del hombre [bueno], y [él] quiere su camino.

24 Cuando cayere, no será postrado; porque el SEÑOR sustenta su mano.

25 [Nun] Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su simiente que mendigue pan.

26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta; y su simiente [es] para bendición.

27 [Sámec] Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre.

28 Porque el SEÑOR ama la rectitud, y no desamparará a sus misericordiosos, para siempre serán guardados; mas la simiente de los impíos será talada.

29 [Ayin] Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella.

30 [Pe] La boca del justo hablará sabiduría; y su lengua proferirá juicio.

31 La ley de su Dios [está] en su corazón; por tanto sus pasos no vacilarán.

32 [Tsade] Acecha el impío al justo, y procura matarlo.

33 El SEÑOR no lo dejará en sus manos, ni lo condenará cuando le juzgaren.

34 [Cof] Espera al SEÑOR, y guarda su camino, y [él] te ensalzará para heredar la tierra; cuando los pecadores serán talados, [lo] verás.

35 [Resh] Yo vi al impío robusto, y reverdeciendo como [un] laurel verde.

36 Pero pasó, y he aquí no aparece; lo busqué, y no fue hallado.

37 [Sin] Considera al perfecto, y mira al recto; que la postrimería de cada uno [de ellos] es paz.

38 Mas los rebeldes fueron todos destruidos; la postrimería de los impíos fue talada.

39 [Tau] Pero la salud de los justos es el SEÑOR, y [él es] su fortaleza en el tiempo de la angustia.

40 Y el SEÑOR los ayudó, y los libera, y los libertará de los impíos; y los salvará, por cuanto esperaron en él.

CAPÍTULO 38

1 Salmo de David, digno de memoria. SEÑOR, no me reprendas en tu furor, ni me castigues en tu ira.

2 Porque tus saetas descendieron en mí, y sobre mí ha descendido tu mano.

3 No hay sanidad en mi carne a causa de tu ira; ni [hay] paz en mis huesos a causa de mi pecado.

4 Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza; como carga pesada se han agravado sobre mí.

5 Se pudrieron [y] se corrompieron mis llagas, a causa de mi locura.

6 Estoy encorvado, estoy humillado en gran manera, ando enlutado todo el día.

7 Porque mis caderas están llenas de ardor, y no [hay] sanidad en mi carne.

8 Estoy debilitado y molido en gran manera; bramo a causa del alboroto de mi corazón.

9 Señor, delante de ti [están] todos mis deseos; y mi suspiro no te es oculto.

10 Mi corazón [está] acongojado, me ha dejado mi vigor; y aun la misma luz de mis ojos no está conmigo.

11 Mis amigos y mis compañeros se quitaron de delante de mi plaga; y mis cercanos se pusieron lejos.

12 Y los que buscaban mi alma armaron lazos; y los que procuraban mi mal hablaban iniquidades, y todo el día meditaban fraudes.

13 Mas yo, como [si fuera] sordo no oía; y [estaba] como un mudo, que no abre su boca.

14 Fui pues como [un] hombre que no oye, y que en su boca no [tiene] reprensiones.

15 Porque a ti, oh SEÑOR, he esperado; tú responderás, SEÑOR Dios mío.

16 Porque dije: Que no se alegren de mí; [ni] cuando mi pie resbalare, se engrandezcan sobre mí.

17 Porque yo estoy a punto de claudicar, y mi dolor [está] delante de mí continuamente.

18 Por tanto denunciaré mi maldad; me acongojaré por mi pecado.

19 Porque mis enemigos [son] vivos y fuertes; y se han aumentado los que me aborrecen sin causa; 20 y pagando mal por bien me son contrarios, por seguir yo lo bueno.

21 No me desampares, oh SEÑOR; Dios mío, no te alejes de mí.

22 Apresúrate a ayudarme, Señor de mi salud.

CAPÍTULO 39

1 Al Vencedor, a Jedutún: Salmo de David. Yo dije: Miraré por mis caminos, para no pecar con mi lengua; guardaré mi boca con freno, entre tanto que el impío [fuere] contra mí.

2 Enmudecí en silencio, me callé [aun] de lo bueno; y se alborotó mi dolor.

3 Se enardeció mi corazón dentro de mí; en mi meditación se encendió fuego; [y] hablé con mi lengua:

4 Hazme saber, SEÑOR, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa [yo] cuánto [tengo de ser] del mundo.

5 He aquí como a palmos diste a mis días, y mi edad [es] como nada delante de ti; ciertamente [es] completa vanidad todo hombre que vive. (Selah.)

6 Ciertamente en tinieblas anda el hombre; ciertamente en vano se inquieta; allega, y no sabe quién lo cogerá.

7 Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza en ti está.

8 Líbrame de todas mis rebeliones; no me pongas por escarnio del loco.

9 Enmudecí, no abrí mi boca; porque tú [lo] hiciste.

10 Quita de sobre mí tu plaga; de la guerra de tu mano soy consumido.

11 Con castigos sobre el pecado corriges al hombre, y haces consumirse como de polilla su grandeza; ciertamente vanidad [es] todo hombre. (Selah.)

12 Oye mi oración, oh SEÑOR, y escucha mi clamor; no calles ante mis lágrimas; porque peregrino soy contigo, [y] advenedizo, como todos mis padres.

13 Déjame [estar delante de ti], y tomaré fuerzas, antes que vaya y perezca.

CAPÍTULO 40

1 Al Vencedor: Salmo de David. Pacientemente esperé al SEÑOR, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.

2 Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; y puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.

3 Y puso en mi boca canción nueva, alabanza a nuestro Dios. Verán [esto] muchos, y temerán, y esperarán en el SEÑOR.

4 Bienaventurado el varón que puso al SEÑOR por su confianza, y no miró a los soberbios, ni a los que declinan a la mentira.

5 Aumentado has tú, oh SEÑOR Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros, no [te los podremos] contar, anunciar, ni hablar; no pueden ser narrados.

6 Sacrificio y presente no te agrada; me has labrado oídos; holocausto y expiación no has demandado.

7 Entonces dije: He aquí, vengo; en el envoltorio del libro [está] escrito de mí:

8 El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado; y tu ley [está] en medio de mis entrañas.

9 He anunciado justicia en grande congregación; he aquí, no detuve mis labios, SEÑOR, tú [lo] sabes.

10 No encubrí tu justicia en medio de mi corazón; tu verdad y tu salud he declarado; no negué tu misericordia y tu verdad en grande ayuntamiento.

11 Tú, SEÑOR, no detengas de mí tus misericordias; tu misericordia y tu verdad me guarden siempre.

12 Porque me han cercado males hasta no [haber] cuanto; me han asido mis maldades, y no puedo ver; se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla.

13 Quieras, [oh] SEÑOR, librarme; SEÑOR, apresúrate a socorrerme.

14 Sean avergonzados y confusos a una los que buscan mi vida para cortarla; vuelvan atrás y avergüéncense los que mi mal desean.

15 Sean asolados en pago de su afrenta los que me dicen: ¡Ea, ea!

16 Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que aman tu salud: el SEÑOR sea ensalzado.

17 [Cuando] yo [estoy] pobre y menesteroso, el SEÑOR pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador [eres] tú; Dios mío, no te tardes.

CAPÍTULO 41

1 Al Vencedor: Salmo de David. Bienaventurado el que entiende sobre el pobre; en el día malo lo librará el SEÑOR.

2 El SEÑOR lo guarde, y le dé vida: sea bienaventurado en la tierra, y no lo entregues a la voluntad de sus enemigos.

3 El SEÑOR lo sustentará sobre el lecho del dolor; mullirás toda su cama en su enfermedad.

4 Yo dije: SEÑOR, ten misericordia de mí; sana mi alma, porque contra ti he pecado.

5 Mis enemigos dicen mal de mí [preguntando]: ¿Cuándo morirá, y perecerá su nombre?

6 Y si [alguno] venía a verme, hablaba mentira; su corazón amontonaba iniquidad; [y] salido fuera, la hablaba.

7 Congregados murmuraban contra mí todos los que me aborrecían; contra mí pensaban mal, [diciendo] de mí:

8 Cosa pestilente de él se ha apoderado; y el que cayó en cama, no volverá a levantarse.

9 Aun el varón de mi paz, en quien [yo] confiaba, el que comía mi pan, engrandeció contra mí el calcañar.

10 Mas tú, SEÑOR, ten misericordia de mí, y hazme levantar, y les daré el pago.

11 En esto habré conocido que te he agradado, que mi enemigo no se holgará de mí.

12 En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado, y me has asentado delante de ti para siempre.

13 Bendito [sea] el SEÑOR, el Dios de Israel, por [los] siglos de [los] siglos. Amén y Amén.

CAPÍTULO 42

1 Al Vencedor: Masquil a los hijos de Coré. Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía.

2 Mi alma tuvo sed de Dios, del Dios vivo. ¡Cuándo vendré, y compareceré delante de Dios!

3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, mientras me decían todos los días: ¿Dónde [está] tu Dios?

4 De estas cosas me acordaré, y derramaré mi alma sobre mí. Cuando pasaré en el número, iré con ellos hasta la Casa de Dios, con voz de alegría y de alabanza, bailando la multitud.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y bramas contra mí? Espera a Dios; porque aún le tengo de alabar por las saludes de su presencia.

6 Dios mío, mi alma está en mí abatida; por tanto me acordaré de ti desde [la] tierra del Jordán, y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.

7 Un abismo llama a otro a la voz de tus canales; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.

8 De día mandará el SEÑOR su misericordia, y de noche su canción [será] conmigo, oración al Dios de mi vida.

9 Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?

10 [Es] como muerte en mis huesos, cuando mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?

11 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué bramas contra mí? Espera a Dios; [quien es] la salud de mi rostro, y el Dios mío.

CAPÍTULO 43

1 Júzgame, oh Dios, y pleitea mi pleito; de gente no misericordiosa, de varón de engaño me libra.

2 Porque tú [eres] el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado? ¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?

3 Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán al monte de tu santidad, y a tus tabernáculos.

4 Y entraré al altar de Dios, al Dios alegría de mi gozo; y te alabaré con arpa, [oh] Dios, Dios mío.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué bramas contra mí? Espera a Dios; porque aún tengo de alabar a [quien es] la salud de mi rostro, y el Dios mío.

CAPÍTULO 44

1 Al Vencedor: a los hijos de Coré: Masquil. Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado la obra [que] hiciste en sus tiempos, en los tiempos antiguos.

2 Tú con tu mano echaste los gentiles, y los plantaste a ellos; afligiste los pueblos, y los arrojaste.

3 Porque no heredaron la tierra por su espada, ni su brazo los libró; sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro, porque te complaciste en ellos.

4 Tú, oh Dios, [eres] mi rey: Manda saludes a Jacob.

5 Por medio de ti acornearemos a nuestros enemigos; en tu Nombre atropellaremos a nuestros adversarios.

6 Porque no confiaré en mi arco, ni mi espada me salvará.

7 Porque [tú] nos has guardado de nuestros enemigos, y has avergonzado a los que nos aborrecían.

8 En Dios nos alabamos todo [el] tiempo, y para siempre loaremos tu Nombre. (Selah.)

9 Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar; y no sales en nuestros ejércitos.

10 Nos hiciste retroceder del enemigo, y [nos] saquearon para sí los que nos aborrecieron.

11 Nos pusiste como a ovejas para comida, y nos esparciste entre los gentiles.

12 Has vendido tu pueblo de balde, y sin precio.

13 Nos pusiste por vergüenza a nuestros vecinos, por escarnio y por burla a los que nos rodean.

14 Nos pusiste por proverbio entre los gentiles, por movimiento de cabeza en los pueblos.

15 Cada día mi vergüenza [está] delante de mí, y me cubre la confusión de mi rostro,

16 por la voz del que me blasfema y deshonra, [por la voz] del enemigo y del que se venga.

17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti; y no hemos faltado a tu pacto.

18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón, ni tampoco se han apartado nuestros pasos de tus caminos.

19 Cuando nos quebrantaste en el lugar de los dragones, y nos cubriste con sombra de muerte, 20 si nos hubiésemos olvidado del Nombre de nuestro Dios, o alzado nuestras manos a dios ajeno,

21 ¿No demandaría Dios esto? Porque él conoce los secretos del corazón.

22 Antes por tu causa nos matan cada día; somos tenidos como ovejas para el degolladero.

23 Despierta; ¿por qué duermes, Señor? Despierta, no [nos] deseches para siempre.

24 ¿Por qué escondes tu rostro? ¿Olvidaste nuestra aflicción, y la opresión nuestra?

25 Porque nuestra alma se ha agobiado hasta el polvo; nuestro vientre está pegado con la tierra.

26 Levántate para ayudarnos, y redímenos por tu misericordia.

CAPÍTULO 45

1 Al Vencedor: sobre Sosanim ([lirios]): a los hijos de Coré: Masquil: Canción de amores. Rebosa mi corazón palabra buena; yo digo [en] mis obras del Rey; mi lengua [es] pluma de escribiente muy ligero.

2 Te has hermoseado más que los hijos de los hombres; la gracia se derramó en tus labios; por tanto Dios te ha bendecido para siempre.

3 Cíñete tu espada sobre el muslo, oh valiente, con tu gloria y con tu hermosura.

4 Y con tu hermosura sé prosperado; cabalga sobre palabra de verdad, y de humildad, [y] de justicia; y tu diestra te enseñará cosas terribles.

5 Tus saetas agudas [con que] caerán pueblos debajo de ti, [penetrarán] en el corazón de los enemigos del Rey.

6 Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre; vara de justicia, la vara de tu reino.

7 Amaste la justicia y aborreciste la maldad; por tanto te ungió Dios, [el] Dios tuyo, con óleo de gozo más que a tus compañeros.

8 Mirra, áloe, y casia [exhalan] todos tus vestidos; desde palacios de marfil te alegraron.

9 Hijas de reyes entre tus ilustres; está la reina a tu diestra con corona [de oro finísimo] de Ofir.

10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído; y olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;

11 y deseará el Rey tu hermosura; e inclínate a él, porque él [es] tu Señor.

12 Y las hijas de Tiro con presente; aun los ricos del pueblo suplicarán tu favor.

13 Toda ilustre [es] de dentro la hija del rey; de brocado de oro [es] su vestido.

14 Con [vestidos] bordados será llevada al Rey; vírgenes en pos de ella; sus compañeras [serán] traídas a ti.

15 Serán traídas con alegría y gozo; entrarán en el palacio del Rey.

16 En lugar de tus padres serán tus hijos, a quienes harás príncipes en toda la tierra.

17 Haré [perpetua] la memoria de tu nombre en todas las generaciones; por lo cual pueblos te alabarán eternamente y para siempre.

CAPÍTULO 46

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 78 / 160 段