3 [Como] se encorvan, quebrantan sus hijos, pasan sus dolores.

4 [Como después] sanan los hijos, crecen con el grano; salen y nunca más vuelven a ellas.

5 ¿Quién echó libre al asno montés, y quién soltó sus ataduras?

6 Al cual yo puse casa en la soledad, y sus moradas en la tierra salada.

7 Se ríe de la multitud de la ciudad; no oye las voces del que demanda los peajes.

8 Rebusca los montes para su pasto, y anda buscando todo lo que está verde.

9 ¿Por ventura querrá el unicornio servirte a ti, ni quedar a tu pesebre?

10 ¿Atarás tú al unicornio con su coyunda para el surco? ¿Labrará los valles en pos de ti?

11 ¿Por ventura confiarás [tú] en él, por ser grande su fortaleza, y le fiarás tu labor?

12 ¿Fiarás de él que te tornará tu simiente, y que la allegará en tu era?

13 ¿Diste tú hermosas alas al pavo real, o alas y plumas al avestruz?

14 El cual desampara en la tierra sus huevos, y sobre el polvo los calienta,

15 y se olvida de que los pisará [el] pie, y que los quebrará alguna bestia del campo.

16 Se endurece para con sus hijos, como si no [fuesen] suyos, no temiendo que su trabajo haya sido en vano;

17 porque Dios lo hizo olvidar de sabiduría, y no le dio inteligencia.

18 A su tiempo se levanta en alto, y se burla del caballo y del que se monta en él.

19 ¿Diste tú al caballo la fortaleza? ¿Vestiste tú su cerviz de relincho? 20 ¿Por ventura le espantarás [tú] como a alguna langosta? El resoplido de su nariz es formidable;

21 escarba la tierra, se alegra en su fuerza, sale al encuentro de las armas;

22 hace burla del espanto, y no teme, ni vuelve el rostro delante de la espada.

23 Contra él suena la aljaba, el hierro de la lanza y de la pica;

24 y él con ímpetu y furor escarba la tierra, sin importarle el sonido de la trompeta;

25 antes los toques de trompeta le infunden ánimo; y desde lejos huele la batalla, el estruendo de los príncipes, y el clamor.

26 ¿Por ventura vuela el gavilán por tu industria, y extiende hacia el mediodía sus alas?

27 ¿Por ventura enaltece el águila por tu mandamiento, y pone en alto su nido?

28 Ella habita y está en la piedra, en la cumbre del peñasco y de la roca.

29 Desde allí acecha la comida; sus ojos observan de muy lejos.

30 Sus polluelos chupan la sangre; y donde hubiere muertos, allí está.

CAPÍTULO 40

1 Además [de eso] respondió el SEÑOR a Job y dijo:

2 ¿Es por ventura sabiduría contender con el Omnipotente? El que disputa con Dios, responda a esto.

3 Y respondió Job al SEÑOR, y dijo:

4 He aquí que [yo] soy vil, ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.

5 Una vez hablé, y no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar.

6 Entonces respondió el SEÑOR a Job desde la oscuridad, y dijo:

7 Cíñete ahora como varón tus lomos; yo te preguntaré, y explícame.

8 ¿Por ventura invalidarás tú también mi juicio? ¿Me condenarás a mí, para justificarte a ti?

9 ¿Tienes [tú] brazo como Dios? ¿Y tronarás tú con voz como él?

10 Atavíate ahora de majestad y de alteza; y vístete de honra y de hermosura.

11 Esparce furores de tu ira; y mira a todo soberbio, y abátelo.

12 Mira a todo soberbio, y próstralo, y quebranta a los impíos en su asiento.

13 Encúbrelos a todos en el polvo, venda sus rostros en la oscuridad;

14 y yo también te confesaré que podrá salvarte tu diestra.

15 He aquí ahora behemot, al cual yo hice contigo; hierba come como buey.

16 He aquí ahora que su fuerza está en sus lomos, y su fortaleza en el ombligo de su vientre.

17 Su cola mueve como un cedro, y los nervios de sus genitales son entretejidos.

18 Sus huesos [son] fuertes [como] acero, y sus miembros como barras de hierro.

19 El [es] la cabeza de los caminos de Dios; el que lo hizo, acercará de él su cuchillo. 20 Ciertamente los montes llevan renuevo para él; y toda bestia del campo retoza allá.

21 Se echará debajo de las sombras, en lo oculto de las cañas, y de los lugares húmedos.

22 Los [árboles] sombríos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo cercan.

23 He aquí que él tomará el río sin inmutarse; y se confía que el Jordán pasará por su boca.

24 [Su hacedor] lo tomará por sus ojos en tropezaderos, y horadará su nariz.

CAPÍTULO 41

1 ¿Sacarás tú al leviatán con el anzuelo, o con la cuerda que le echares en su lengua?

2 ¿Pondrás tú garfio en sus narices, y horadarás con espinas su quijada?

3 ¿Por ventura multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará él lisonjas?

4 ¿Por ventura hará concierto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo?

5 ¿Jugarás por ventura con él como con pájaro, y lo atarás para tus niñas?

6 ¿Por ventura harán banquete por causa de los compañeros? ¿Lo partirán entre los mercaderes?

7 ¿Cortarás tú con cuchillo su cuero, o con asta de pescadores su cabeza?

8 Pon tu mano sobre él; te acordarás de la batalla, y nunca más tornarás.

9 He aquí que tu esperanza [acerca de él] será burlada; porque aun a su sola vista se desmayarán.

10 Nadie [hay tan] osado que lo despierte; ¿quién pues podrá estar delante de mí?

11 ¿Quién me ha anticipado, para que yo restituya? Todo lo que [hay] debajo del cielo es mío.

12 Yo no callaré sus miembros, ni lo de [sus] fuerzas y la gracia de su disposición.

13 ¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿Quién se llegará a él con freno doble?

14 ¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Los órdenes de sus dientes espantan.

15 La gloria [de su vestido son] escudos fuertes, cerrados [entre sí] estrechamente.

16 El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos.

17 Pegado está el uno con el otro, están trabados entre sí, que no se pueden apartar.

18 Con sus estornudos encienden lumbre, y sus ojos [son] como los párpados del alba.

19 De su boca salen hachas de fuego, centellas de fuego proceden. 20 De sus narices sale humo como de [una] olla o caldero que hierve.

21 Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama.

22 En su cerviz mora la fortaleza, y delante de él es deshecho el trabajo.

23 Las partes de su carne están pegadas [entre sí]; está firme [su carne] en él, y no se mueve.

24 Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de abajo.

25 De su grandeza tienen temor los fuertes, y de sus desmayos se purgan.

26 Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará [contra él].

27 El hierro estima por pajas, y el acero por leño podrido.

28 Saeta no le hace huir; las piedras de honda se le tornan aristas.

29 Tiene toda arma por hojarascas, y del blandir de la pica se burla.

30 Por debajo [tiene] agudas conchas; imprime [su] agudez en el suelo.

31 Hace hervir como una olla el mar profundo, y lo vuelve como una olla de ungüento.

32 En pos de sí hace resplandecer la senda, que parece que el mar es cano.

33 No hay sobre la tierra su semejante, hecho para nada temer.

34 Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios.

CAPÍTULO 42

1 Y respondió Job al SEÑOR, y dijo:

2 Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.

3 ¿Quién es el que oscurece el consejo sin sabiduría? Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; cosas que me eran ocultas, y que no las sabía.

4 Oye ahora, y hablaré; te preguntaré, y tú me harás saber.

5 De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.

6 Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en el polvo y en la ceniza.

7 Y aconteció que después que habló el SEÑOR estas palabras a Job, el SEÑOR dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros, porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.

8 Ahora pues, tomaos siete becerros y siete carneros, y andad a mi siervo Job, y ofreced holocausto por vosotros, y mi siervo Job orará por vosotros; porque solamente por su respeto no os trataré afrentosamente, por cuanto no habéis hablado por mí con rectitud, como mi siervo Job.

9 Fueron pues Elifaz temanita, y Bildad suhita, y Zofar naamatita, e hicieron como el SEÑOR les dijo; y el SEÑOR tuvo respeto a Job.

10 Y tornó el SEÑOR la aflicción de Job, orando él por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.

11 Y vinieron a él todos sus hermanos, y todas sus hermanas, y todos los que antes le habían conocido, y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él, y le consolaron de todo aquel mal que el SEÑOR había traído sobre él. Y cada uno de ellos le dio una oveja, y una joya de oro.

12 Y el SEÑOR bendijo a la postrimería de Job más que a su principio; porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes, y mil asnas.

13 Y tuvo siete hijos y tres hijas.

14 Y llamó el nombre de la una, Jemima, y el nombre de la segunda, Cesia, y el nombre de la tercera, Keren-hapuc.

15 Y no se hallaron mujeres tan hermosas como las hijas de Job en toda la tierra; y les dio su padre herencia entre sus hermanos.

16 Y después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación.

17 Murió pues Job viejo, y lleno de días.

SALMOS

CAPÍTULO 1

1 Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni se sentó en silla de burladores;

2 antes en la ley del SEÑOR [es] su voluntad, y en su ley pensará de día y de noche.

3 Y será como el árbol plantado junto a arroyos de aguas, que da su fruto en su tiempo; y su hoja no cae, y todo lo que hace, prosperará.

4 No así los malos, sino como el tamo que arrebata el viento.

5 Por tanto no se levantarán los malos en el juicio; ni los pecadores en la congregación de los justos.

6 Porque el SEÑOR conoce el camino de los justos; y el camino de los malos se perderá.

CAPÍTULO 2

1 ¿Por qué se amotinan los gentiles, y los pueblos piensan vanidad?

2 Estarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el SEÑOR, y contra su ungido, [diciendo]:

3 Rompamos sus coyundas, y echemos de nosotros sus cuerdas.

4 El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos.

5 Entonces hablará a ellos con su furor, y con su ira los conturbará.

6 Y yo envestí mi rey sobre Sion, el monte de mi santidad.

7 [Yo] recitaré el decreto. El SEÑOR me ha dicho: Mi hijo [eres] tú; yo te engendré hoy.

8 Pídeme, y te daré por heredad los gentiles, y por posesión tuya los términos de la tierra.

9 Los quebrantarás con vara de hierro; como vaso de alfarero los desmenuzarás.

10 Y ahora, reyes, entended; admitid castigo, jueces de la tierra.

11 Servid al SEÑOR con temor; y alegraos con temblor.

12 Besad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis [en el] camino, cuando se encendiere [de aquí] a poco su furor. Bienaventurados todos los que en él confían.

CAPÍTULO 3

1 Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo. ¡[Oh] SEÑOR, cuánto se han multiplicado mis enemigos! Muchos se levantan contra mí.

2 Muchos dicen de mi alma: No hay para él salud en Dios. (Selah.)

3 Mas tú, el SEÑOR, [eres] escudo por mí; mi gloria, y el que ensalza mi cabeza.

4 Con mi voz clamé al SEÑOR, y [él] me respondió desde el monte de su santidad. (Selah.)

5 Yo me acosté, y dormí, y desperté; porque el SEÑOR me sustentaba.

6 No temeré de diez millares de gente, que pusieren cerco contra mí.

7 Levántate, SEÑOR; sálvame, Dios mío; porque [tú] heriste a todos mis enemigos [en la] quijada; los dientes de los malos quebraste.

8 Del SEÑOR [es] la salud: Sobre tu pueblo [será] tu bendición. (Selah.)

CAPÍTULO 4

1 Al Vencedor, en Neginot: Salmo de David. Respóndeme cuando llamo, oh Dios de mi justicia. Estando en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración.

2 Hijos de [los] hombres, ¿hasta cuándo [volveréis] mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah.)

3 Sabed pues, que el SEÑOR hizo apartar al pío para sí; el SEÑOR oirá cuando yo a él clamare.

4 Temblad, y no pequéis. Meditad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.)

5 Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en el SEÑOR.

6 Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh SEÑOR, la luz de tu rostro.

7 [Tú] diste alegría en mi corazón, al tiempo que el grano y el mosto de ellos se multiplicó.

8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, SEÑOR, me harás estar confiado.

CAPÍTULO 5

1 Al Vencedor: sobre Nehilot: Salmo de David. Escucha, oh SEÑOR, mis palabras. Considera la meditación mía.

2 Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré.

3 [Oh] SEÑOR, de mañana oirás mi voz; de mañana [me] presentaré a ti, y esperaré.

4 Porque tú no [eres un] Dios que ame la maldad: El malo no habitará junto a ti.

5 No estarán los locos [que se gobiernan por afecto o consejo de la carne] delante de tus ojos; aborreces a todos los que obran iniquidad.

6 Destruirás a los que hablan mentira. Al varón de sangre y de engaño abominará el SEÑOR.

7 Y yo en la multitud de tu misericordia entraré en tu Casa; adoraré hacía el santo Templo tuyo con tu temor.

8 Guíame, SEÑOR, en tu justicia a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino.

9 Porque no [hay] en su boca rectitud; sus entrañas [son] pravedades; sepulcro abierto [es] su garganta, con su lengua lisonjearán.

10 Desbaratados, oh Dios; caigan por sus [propios] consejos; por la multitud de sus rebeliones échalos, porque [se] rebelaron contra ti.

11 Y se alegrarán todos los que esperan en ti; para siempre jubilarán, y los cubrirás; y se alegrarán en ti los que aman tu nombre.

12 Porque tú, oh SEÑOR, bendecirás al justo; lo cercarás de benevolencia como con un escudo.

CAPÍTULO 6

1 Al Vencedor: en Neginot sobre Seminit: Salmo de David. SEÑOR, no me reprendas con tu furor, ni me castigues con tu ira.

2 Ten misericordia de mí, oh SEÑOR, porque yo [estoy] debilitado; sáname, oh SEÑOR, porque mis huesos están conturbados.

3 Mi alma asimismo está muy conturbada; y tú, SEÑOR, ¿hasta cuándo?

4 Vuelve, oh SEÑOR, libra mi alma; sálvame por tu misericordia.

5 Porque en la muerte no [hay] memoria de ti, ¿quién te loará en el sepulcro?

6 Heme consumido a fuerza de gemir; todas las noches inundo mi lecho, riego mi estrado con mis lágrimas.

7 Mis ojos están carcomidos de descontento; se han envejecido a causa de todos mis angustiadores.

8 Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque el SEÑOR ha oído la voz de mi lloro.

9 El SEÑOR ha oído mi ruego; el SEÑOR ha recibido mi oración.

10 Se avergonzarán, y se turbarán mucho todos mis enemigos; se volverán [y] serán avergonzados de repente.

CAPÍTULO 7

1 Sigaión de David, que cantó al SEÑOR sobre las palabras de Cus, hijo de Benjamín. SEÑOR Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame;

2 no sea que arrebaten mi alma, como león que despedaza, sin [que haya] quien libre.

3 SEÑOR Dios mío, si [yo] he hecho esto, si hay en mis manos iniquidad;

4 si di mal pago al pacífico conmigo, que escapé mi perseguidor sin pago.

5 Persiga el enemigo mi alma, y alcáncela; y pise en tierra mi vida, y mi honra ponga en el polvo. (Selah.)

6 Levántate, oh SEÑOR, con tu furor; álzate a causa de las iras de mis angustiadores, y despierta en favor mío el juicio [que] mandaste.

7 Y te rodeará ayuntamiento de pueblos; por causa pues de él vuélvete en alto.

8 El SEÑOR juzgará los pueblos; júzgame, oh SEÑOR, conforme a mi justicia y conforme a mi integridad.

9 Consuma ahora mal a los malos, y establece al justo; pues el Dios justo [es] el que prueba los corazones y los riñones.

10 Mi escudo [es] en Dios, el que salva a los rectos de corazón.

11 Dios [es] el que juzga al justo; y Dios está airado [contra los impíos] todos los días.

12 Si no se volviere, él afilará su espada; armado tiene ya su arco, y lo ha preparado.

13 Asimismo ha aparejado para él armas de muerte; ha labrado sus saetas para los que persiguen.

14 He aquí ha tenido parto de iniquidad; concibió [de su propio] trabajo, y dio a luz mentira.

15 Pozo ha cavado, y lo ha ahondado; y en la fosa [que] hizo caerá.

16 Su trabajo se tornará sobre su cabeza, y su agravio descenderá sobre su mollera.

17 Alabaré yo al SEÑOR conforme a su justicia, y cantaré al nombre del SEÑOR el Altísimo.

CAPÍTULO 8

1 Al Vencedor: sobre Gitit: Salmo de David. Oh DIOS, Señor nuestro, ¡Cuán grande [es] tu nombre en toda la tierra, que has puesto tu alabanza sobre los cielos!

2 De la boca de los chiquitos y de los que maman, fundaste la fortaleza a causa de tus enemigos, para hacer cesar al enemigo, y al que se venga.

3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que [tú] compusiste:

4 ¿Qué [es] el hombre, [para] que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, [para] que lo visites?

5 Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de hermosura.

6 Le hiciste señorear de las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies:

7 Ovejas, y bueyes, todo ello; y asimismo las bestias del campo,

8 las aves de los cielos, y los peces del mar; lo que pasa [por] los caminos del mar.

9 Oh DIOS, Señor nuestro, ¡Cuán grande [es] tu nombre en toda la tierra!

CAPÍTULO 9

1 Al Vencedor: sobre Mut-labén: Salmo de David. [Te] alabaré, oh SEÑOR, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas.

2 Me alegraré y me regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo;

3 por haber sido mis enemigos vueltos atrás; caerán y perecerán delante de ti.

4 Porque has hecho mi juicio y mi causa; te has sentado en silla juzgando justicia.

5 Reprendiste [los] gentiles, destruiste al malo, raíste el nombre de ellos para siempre y eternalmente.

6 Oh enemigo, acabados son para siempre los asolamientos; y las ciudades [que] derribaste, su memoria pereció con ellas.

7 Mas el SEÑOR permanecerá para siempre; ha dispuesto su trono para juicio.

8 Y él juzgará el mundo con justicia; juzgará los pueblos con rectitud.

9 Y será el SEÑOR refugio al humilde, refugio para el tiempo de angustia.

10 Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; por cuanto [tú], oh SEÑOR, no desamparaste a los que te buscaron.

11 Cantad al SEÑOR, el que habita en Sion. Noticiad en los pueblos sus obras.

12 Porque demandando la sangre se acordó de ellos; no se olvidó del clamor de los humildes.

13 Ten misericordia de mí, SEÑOR. Mira mi aflicción [que padezco] de los que me aborrecen, tú que me levantas de las puertas de la muerte;

14 para que cuente yo todas tus alabanzas en las puertas de la hija de Sion, y me goce en tu salud.

15 Se hundieron los gentiles en la fosa que hicieron; en la red que escondieron fue tomado su pie.

16 El SEÑOR fue conocido [en] el juicio que hizo; en la obra de sus manos fue enlazado el malo. (Meditación para siempre. Selah.)

17 Los malos volverán al sepulcro; todos los gentiles que se olvidan de Dios.

18 Porque no para siempre será olvidado el humilde; ni la esperanza de los pobres perecerá para siempre.

19 Levántate, oh SEÑOR; no se fortalezca el hombre; sean juzgadas los gentiles delante de ti. 20 Pon, oh SEÑOR, temor en ellos: conozcan los gentiles que son hombres. (Selah.)

CAPÍTULO 10

1 ¿Por qué estás lejos, [oh] SEÑOR, y te escondes en los tiempos de la angustia?

2 Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean tomados en los pensamientos que pensaron.

3 Por cuanto se alabó el malo del deseo de su alma, y diciendo bien al robador, blasfema del SEÑOR.

4 El malo, por la altivez de su rostro, no busca [a Dios]. No [está] Dios [en] todos sus pensamientos.

5 Sus caminos atormentan en todo tiempo; tus juicios son altura delante de él; echa bocanadas en orden a todos sus enemigos.

6 Dice en su corazón: No seré movido en ningún tiempo, porque no [me alcanzará] el mal.

7 Llena está su boca de maldición, y de engaños y fraude; debajo de su lengua, molestia y maldad.

8 Está en las guaridas de las aldeas; en los escondrijos mata al inocente; sus ojos están acechando al pobre.

9 Acecha de encubierto, como el león desde su cama; acecha para arrebatar al pobre; arrebata al pobre trayéndolo en su red.

10 Se encoge, se agacha, y caen en sus fuerzas muchos desdichados.

11 Dice en su corazón: Dios está olvidado, ha encubierto su rostro; nunca lo vio.

12 Levántate, oh SEÑOR Dios, alza tu mano, no te olvides de los humildes.

13 ¿Por qué irrita el malo a Dios? En su corazón ha dicho que no lo inquirirás.

14 [Tú] has visto; porque tú miras el trabajo, y el enojo, para dar [justicia] en tus manos; a ti se acoge el pobre, tú eres el amparo del huérfano.

15 Quebranta el brazo del inicuo; del malo buscarás su maldad, [y] no [la] hallarás.

16 El SEÑOR, Rey eterno y perpetuo; de su tierra fueron destruidos los gentiles.

17 El deseo de los humildes oíste, oh SEÑOR; tú dispones su corazón, y haces atento tu oído;

18 para juzgar al huérfano y al pobre; no volverá más a hacer violencia el hombre de la tierra.

CAPÍTULO 11

1 Al Vencedor: [Salmo] de David. En el SEÑOR he confiado. ¿Cómo decís a mi alma: Escapa al monte cual ave?

2 Porque he aquí, los malos entesaron el arco, apercibieron sus saetas sobre la cuerda para asaetear en oculto a los rectos de corazón.

3 Porque los fundamentos serán derribados. ¿El justo qué ha hecho?

4 El SEÑOR [está] en el templo de su santidad; la silla del SEÑOR [está] en el cielo; sus ojos ven, sus párpados prueban [a] los hijos de los hombres.

5 El SEÑOR prueba al justo; pero al malo y al que ama la rapiña, su alma aborrece.

6 Sobre los malos lloverá lazos; fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos.

7 Porque el justo SEÑOR amó las justicias, al recto mirará su rostro.

CAPÍTULO 12

1 Al Vencedor: sobre Seminit: Salmo de David. Salva, oh SEÑOR, porque se acabaron los misericordiosos; porque se han acabado los fieles de [entre] los hijos de los hombres.

2 Mentira habla cada uno con su prójimo [con] labios lisonjeros; con corazón doble hablan.

3 Tale el SEÑOR todos los labios lisonjeros; la lengua que habla grandezas,

4 que dijeron: Por nuestra lengua prevaleceremos; nuestros labios [están] con nosotros, ¿quién nos [es] señor?

5 Por la opresión de los pobres, por el gemido de los menesterosos, ahora me levantaré, dice el SEÑOR: [Yo] pondré en salvo al que [el impío] enlaza.

6 Las palabras del SEÑOR [son] palabras limpias, [como] plata refinada en horno de tierra, colada siete veces.

7 Tú, SEÑOR, los guardarás; guárdalos para siempre de esta generación.

8 Cercando andan los malos, entre tanto los más viles de los hijos de los hombres son exaltados.

CAPÍTULO 13

1 Al Vencedor: Salmo de David. ¿Hasta cuándo, SEÑOR? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?

2 ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con ansiedad en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?

3 Mira, óyeme, SEÑOR Dios mío: Alumbra mis ojos, para que no duerma en muerte;

4 para que no diga mi enemigo: Lo vencí; mis enemigos se alegrarán, si [yo] resbalare.

5 Mas yo en tu misericordia he confiado; se alegrará mi corazón en tu salud.

6 Cantaré al SEÑOR, Porque me ha hecho bien.

CAPÍTULO 14

1 Al Vencedor: [Salmo] de David. Dijo el loco en su corazón: No [hay] Dios. Se corrompieron, hicieron obras abominables; no [hay] quien haga bien.

2 El SEÑOR miró desde los cielos sobre los hijos de los hombres, por ver si había [algún] entendido, que buscara a Dios.

3 Todos declinaron, juntamente, se han corrompido; no [hay] quien haga bien, no [hay] ni siquiera uno.

4 Ciertamente conocieron [ésto] todos los que obran iniquidad, [que] devoran a mi pueblo como si pan comiesen; al SEÑOR no invocaron.

5 Allí temblaron de espanto; porque Dios [está] con la nación de los justos.

6 El consejo del pobre habéis escarnecido, por cuanto el SEÑOR [es] su esperanza.

7 ¡Quién diese de Sion la salud de Israel tornando el SEÑOR la cautividad de su pueblo! Se gozará Jacob, y se alegrará Israel.

CAPÍTULO 15

1 Salmo de David. El SEÑOR, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad?

2 El que anda en integridad, y obra justicia, y habla verdad en su corazón.

3 [El que] no revolvió con su lengua, ni hizo mal a su prójimo, ni levantó vergüenza contra su prójimo.

4 [Aquel] a cuyos ojos es menospreciado el vil; mas honra a los que temen al SEÑOR; juró en daño [suyo], y no mudó.

5 [Quien] su dinero no dio a usura, ni contra el inocente tomó cohecho. El que hace estas cosas, no resbalará para siempre.

CAPÍTULO 16

1 Mictam de David. Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.

2 Di al SEÑOR: Señor tú [eres] mi bien; no [tengo otro bien] fuera de ti.

3 A los santos que [están] en la tierra, y a los íntegros; toda mi afición en ellos.

4 Multiplicarán sus dolores [los que] se apresuraren tras otro [dios]; no ofreceré yo sus libaciones de sangre, ni en mis labios tomaré sus nombres.

5 El SEÑOR [es] la porción de mi parte y de mi copa; tú sustentarás mi suerte.

6 Las cuerdas me cayeron en [lugares] deleitosos, así mismo la heredad se hermoseó sobre mí.

7 Bendeciré al SEÑOR, que me aconseja; aun en las noches me enseña mis riñones.

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 76 / 160 段