11 cuando los oídos que me oían, me llamaban bienaventurado, y los ojos que me veían, me daban testimonio.

12 Porque libraba al pobre que gritaba, y al huérfano que carecía de ayudador.

13 La bendición del que se iba a perder venía sobre mí; y al corazón de la viuda daba alegría.

14 Me vestía de justicia, y ella me cubría como un manto; y mi diadema era juicio.

15 Yo era ojos al ciego, y pies al cojo.

16 A los menesterosos era padre; y de la causa que no entendía, me informaba con diligencia.

17 Y quebraba los colmillos del inicuo, y de sus dientes hacía soltar la presa.

18 Y decía [yo]: En mi nido moriré, y como arena multiplicaré días.

19 Mi raíz está abierta junto a las aguas, y en mis ramas permanecerá rocío. 20 Mi honra se renueva conmigo, y mi arco se renueva en mi mano.

21 Me oían, y esperaban; y callaban a mi consejo.

22 Tras mi palabra no replicaban, mas mi razón destilaba sobre ellos.

23 Me esperaban como a la lluvia, y abrían su boca [como a la lluvia] tardía.

24 [Si] me reía a ellos, no lo creían; y no abatían la luz de mi rostro.

25 Aprobaba el camino de ellos, y me sentaba en cabecera; y moraba como rey en el ejército, como el que consuela llorosos.

CAPÍTULO 30

1 Mas ahora los más mozos de días que yo, se ríen de mí; cuyos padres yo desdeñara ponerlos con los perros de mi ganado.

2 Porque ¿para qué yo habría menester la fuerza de sus manos, en los cuales pereció el tiempo?

3 Por causa de la pobreza y del hambre [andaban] solos; huían a la soledad, al lugar tenebroso, asolado y desierto.

4 Que cogían malvas entre los arbustos, y raíces de enebro para calentarse.

5 Eran echados de entre [los hombres], y [todos] les daban gritos como al ladrón.

6 Habitaban en las barrancas de los arroyos, en las cavernas de la tierra, y en las piedras.

7 Bramaban entre las matas, y se congregaban debajo de las espinas.

8 Hijos de viles, y hombres sin nombre, más bajos que la misma tierra.

9 Y ahora yo soy su canción, y soy hecho a ellos refrán.

10 Me abominan, se alejan de mí, y aun de mi rostro no detuvieron [su] saliva.

11 Porque [Dios] desató mi cuerda, y me afligió, [por eso] se desenfrenaron delante de mi rostro.

12 A la mano derecha se levantaron los jóvenes; empujaron mis pies, y pisaron sobre mí las sendas de su contrición.

13 Mi senda derribaron, se aprovecharon de mi quebrantamiento, contra los cuales no hubo ayudador.

14 Vinieron como por portillo ancho, se revolvieron por [mi] calamidad.

15 Se han revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi voluntad, y mi salud como nube que pasa.

16 Y ahora mi alma está derramada en mí; días de aflicción se apoderan de mí.

17 De noche taladra sobre mí mis huesos, y mis pulsos no reposan.

18 Con la grandeza de la fuerza [del dolor] mi vestidura es mudada; me ciñe como el cuello de mi ropa.

19 Me derribó en el lodo, y soy semejante al polvo, y a la ceniza. 20 Clamo a ti, y no me oyes; me presento, y no me atiendes.

21 Te has vuelto cruel para mí; con la fortaleza de tu mano me eres adversario.

22 Me levantaste, y me hiciste cabalgar sobre el viento, y derretiste en mí el ser.

23 Porque yo conozco que me conduces a la muerte; y a la casa determinada a todo viviente.

24 Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿clamarán por ventura [los sepultados] cuando él los quebrantare?

25 ¿Por ventura no lloré yo al afligido? Y mi alma ¿no se entristeció sobre el menesteroso?

26 Cuando esperaba el bien, entonces me vino el mal; y [cuando] esperaba la luz, vino la oscuridad.

27 Mis entrañas hierven, y no reposan; días de aflicción me han sobrecogido.

28 Denegrido anduve, y no por el sol; me he levantado en la congregación, y clamé.

29 He venido a ser hermano de los dragones, y compañero de los búhos.

30 Mi piel está denegrida sobre mí, y mis huesos se secaron con ardentía.

31 Y se ha tornado mi arpa en luto, y mi órgano en voz de lamentadores.

CAPÍTULO 31

1 Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?

2 Porque ¿qué galardón [me daría] de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente de las alturas?

3 ¿Por ventura no hay quebrantamiento para el impío, y extrañamiento para los que obran iniquidad?

4 ¿Por ventura no ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos?

5 Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño,

6 péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi perfección.

7 Si mis pasos se apartaron del camino, y si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se apegó a mis manos,

8 siembre yo, y otro coma, y mis verduras sean arrancadas.

9 Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo,

10 muela para otro mi mujer, y sobre ella otros se encorven.

11 Porque es maldad e iniquidad, comprobada.

12 Porque es fuego que devoraría hasta el sepulcro, y desarraigaría toda mi hacienda.

13 Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, cuando ellos pleitearan conmigo,

14 ¿qué haría [yo] cuando Dios se levantase? Y cuando él visitara, ¿qué le respondería yo?

15 ¿Por ventura el que en el vientre me hizo a mí, no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso un mismo [autor] en la matriz?

16 Si estorbé el contento de los pobres, e hice desfallecer los ojos de la viuda;

17 y si comí mi bocado solo, y no comió de él el huérfano;

18 (porque desde mi juventud creció conmigo [el huérfano] como con padre, y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda);

19 si he visto que pereciera alguno sin vestido, y al menesteroso sin cobertura; 20 si no me bendijeron sus lomos, y del vellón de mis ovejas se calentaron;

21 si alcé contra el huérfano mi mano, aunque viese que me ayudarían en la puerta;

22 mi espalda se caiga de mi hombro, y mi brazo sea quebrado de mi canilla.

23 Porque temí el castigo de Dios, contra cuya alteza yo no tendría poder.

24 Si puse en [el] oro mi esperanza, y dije al oro: Mi confianza eres tú;

25 si me alegré de que mi hacienda se multiplicase, y de que mi mano hallase mucho;

26 si he mirado al sol cuando resplandecía, y a la luna cuando iba hermosa,

27 y mi corazón se engañó en secreto, y mi boca besó mi mano,

28 esto también fuera maldad comprobada; porque habría negado al Dios soberano.

29 Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, y me regocijé cuando le halló el mal;

30 que ni aun entregué al pecado mi paladar, pidiendo maldición para su alma;

31 cuando mis domésticos decían: ¡Quién nos diese de su carne! Nunca nos hartaríamos.

32 El extranjero no tenía fuera la noche; mis puertas abría al caminante.

33 Si encubrí, como los hombres mis prevaricaciones, escondiendo en mi seno mi iniquidad;

34 si temí a la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta,

35 ¡quién me diera quien me oyese! He aquí mi señal es que el Omnipotente testificará por mí, aunque mi adversario me hiciera el proceso.

36 Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, y me lo ataría en lugar de coronas.

37 Yo le contaría el número de mis pasos, y como príncipe me llegaría a él.

38 Si mi tierra clamara contra mí, y llorarán todos sus surcos;

39 si comí su sustancia sin dinero, o afligí el alma de sus dueños;

40 en lugar de trigo me nazcan espinos, y abrojos en lugar de cebada. Se acaban las palabras de Job.

CAPÍTULO 32

1 Y cesaron estos tres varones de responder a Job, por cuanto él era justo en sus ojos.

2 Entonces Eliú hijo de Baraquel, buzita, de la familia de Ram, se enojó con furor contra Job; se enojó con furor, por cuanto [se] justificaba a sí mismo más que a Dios.

3 Se enojó asimismo con furor contra sus tres amigos, por cuanto no hallaban qué responder, habiendo condenado a Job.

4 Y Eliú había esperado a Job en la disputa, porque [todos] eran más viejos de días que él.

5 Pero viendo Eliú que no había respuesta en la boca de aquellos tres varones, su furor se encendió.

6 Y respondió Eliú hijo de Baraquel, buzita, y dijo: Yo [soy] menor de días y vosotros viejos; por tanto he tenido miedo, y he temido de declararos mi opinión.

7 Yo decía: Los días hablarán, y la muchedumbre de años declarará sabiduría.

8 Ciertamente espíritu hay en el hombre, e inspiración del Omnipotente los hace que entiendan.

9 No los grandes son los sabios, ni los viejos entienden el derecho.

10 Por tanto yo dije: Escuchadme; declararé yo también mi sabiduría.

11 He aquí yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, entre tanto que buscábais palabras.

12 Y aun os he considerado, y he aquí que no hay de vosotros quién redarguya a Job, y responda a sus razones.

13 Para que no digáis: Nosotros hemos hallado [sabiduría]; que conviene que Dios lo derribe, y no [el] hombre.

14 Ahora bien, Job no dirigió a mí sus palabras, ni yo le responderé con vuestras razones.

15 Se espantaron, no respondieron más; se les fueron las hablas.

16 Y yo esperé, porque no hablaban, antes pararon, y no respondieron más.

17 Por eso yo también responderé mi parte, también yo declararé mi opinión.

18 Porque lleno estoy de palabras, y el espíritu de mi corazón me constriñe.

19 De cierto mi corazón [está] como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos. 20 Hablaré pues y respiraré; abriré mis labios, y responderé.

21 No haré ahora acepción de personas, ni usaré con hombre de títulos lisonjeros.

22 Porque no sé hablar lisonjas; [de otra manera] en breve mi Hacedor me consuma.

CAPÍTULO 33

1 Por tanto, Job, oye ahora mis razones, y escucha todas mis palabras.

2 He aquí yo abriré ahora mi boca, y mi lengua hablará en mi garganta.

3 Mis razones [declararán] la rectitud de mi corazón, y mis labios proferirán pura sabiduría.

4 El espíritu de Dios me hizo, y la inspiración del Omnipotente me dio vida.

5 Si pudieres, respóndeme; dispón tus palabras, estás delante de mí.

6 Heme aquí a mí en lugar de Dios, conforme a tu dicho: De lodo soy yo también formado.

7 He aquí que mi terror no te espantará, ni mi mano se agravará sobre ti.

8 De cierto tú dijiste a oídos míos, y yo oí la voz de tus palabras [que decían]:

9 Yo soy limpio y sin rebelión; y soy inocente, y no [hay] maldad en mí.

10 He aquí que [Dios] buscó achaques contra mí, y me tiene por su enemigo;

11 puso mis pies en el cepo, y guardó todas mis sendas.

12 He aquí en esto no has hablado justamente; [yo] te responderé que mayor es Dios que el hombre.

13 ¿Por qué tomaste pleito contra él? Porque él no dirá todas sus palabras.

14 Sin embargo, en una o en dos [maneras] habla Dios al que no ve.

15 Por sueño de visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho;

16 entonces revela al oído de los hombres, y les señala su castigo;

17 para quitar al hombre de la [mala] obra, y apartar del varón la soberbia.

18 [Así] detendrá su alma de corrupción, y su vida de ser pasada a cuchillo.

19 También sobre su cama es castigado con dolor fuerte en todos sus huesos, 20 que le hace que su vida aborrezca el pan, y su alma la comida suave.

21 Su carne desfallece sin verse, y sus huesos, que antes no se veían, aparecen.

22 Y su alma se acercará al sepulcro, y su vida a los enterradores.

23 Si tuviera cerca de él [algún] elocuente anunciador muy escogido, que anuncie al hombre su justicia;

24 que le diga que [Dios] tuvo de él misericordia, que lo libró de descender al sepulcro, que halló redención;

25 se enternecerá su carne más que de niño, y volverá a los días de su juventud.

26 Orará a Dios, y le amará, y verá su faz con júbilo; y él dará al hombre el pago de su justicia.

27 El mira sobre los hombres; y el que dijere: Pequé, y pervertí lo recto, y no me ha aprovechado;

28 Dios redimirá su alma, que no pase al sepulcro, y su vida se verá en luz.

29 He aquí, todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre;

30 para apartar su alma del sepulcro, y para ilustrarlo con la luz de los vivientes.

31 Escucha, Job, y óyeme; calla, y yo hablaré.

32 Y si tuvieres palabras, respóndeme; habla, porque yo te quiero justificar.

33 Y si no, óyeme tú a mí; calla, y te enseñaré sabiduría.

CAPÍTULO 34

1 Además respondió Eliú, y dijo:

2 Oíd, sabios, mis palabras; y [vosotros], doctos, estadme atentos.

3 Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta para comer.

4 Escojamos para nosotros el juicio, conozcamos entre nosotros cuál [sea] lo bueno;

5 porque Job ha dicho: Yo [soy] justo, y Dios me ha quitado mi derecho.

6 En mi juicio fue mentiroso, mi saeta es gravosa sin [haber yo] prevaricado.

7 ¿Qué hombre [hay] como Job, que bebe el escarnio como agua?

8 Y va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres maliciosos.

9 Porque dijo: De nada servirá al hombre el conformar su voluntad con Dios.

10 Por tanto, varones de entendimiento, oídme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad.

11 Porque él pagará al hombre [según] su obra, y él le hará hallar conforme a su camino.

12 Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el derecho.

13 ¿Quién visitó por él la tierra? ¿Y quién puso en orden todo el mundo?

14 Si él pusiese sobre el [hombre] su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento,

15 toda carne perecería juntamente, y el hombre se tornaría en polvo.

16 Si pues [hay en ti] entendimiento, oye esto: Escucha la voz de mis palabras.

17 ¿Por ventura se enseñoreará el que aborrece el juicio? ¿Y condenarás tú al poderoso [siendo] justo?

18 ¿Por ventura se ha de decir al rey: Perverso; y a los príncipes: Impíos?

19 [Cuánto menos a aquél] que no hace acepción de personas de príncipes, ni el rico es de él más respetado que el pobre; porque todos son obras de sus manos. 20 En un momento mueren, y a media noche se alborotarán los pueblos, y pasarán, y sin mano será quitado el poderoso.

21 Porque sus ojos están [puestos] sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.

22 No [hay] tinieblas, ni sombra de muerte donde se encubran los que obran maldad.

23 No carga pues él al hombre más de lo justo, para que vaya con Dios a juicio.

24 El quebrantará a los fuertes sin pesquisa, y hará estar [a] otros en su lugar.

25 Por tanto él hará notorias las obras de ellos, cuando trastornará en noche, y serán quebrantados.

26 Como a malos los herirá en lugar donde sean vistos;

27 por cuanto así se apartaron de él, y no consideraron todos sus caminos;

28 haciendo venir delante de sí el clamor del pobre, y oyendo el clamor de los necesitados.

29 Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? Si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? [Esto] sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;

30 haciendo que reine el hombre hipócrita para escándalos del pueblo.

31 Porque de Dios es decir: Yo perdoné, no destruiré.

32 Enséñame tú lo que yo no veo; que si hice mal, no lo haré más.

33 ¿Por ventura acabará por ti su obra, que no quieras tú, o quieras, o yo? Di lo que sabes.

34 Los hombres de entendimiento dirán conmigo, y el hombre sabio me oirá:

35 Que Job no habla con sabiduría, y sus palabras no [son] con entendimiento.

36 Deseo yo que Job sea probado ampliamente, para que haya respuestas contra los hombres inicuos.

37 Porque a su pecado añadió impiedad; bate las manos entre nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras.

CAPÍTULO 35

1 Y procediendo Eliú en su razonamiento, dijo:

2 ¿Piensas ser conforme a derecho [esto que] dijiste: Más justo soy yo que Dios?

3 Porque dijiste: ¿Qué ventaja sacaras tú de ello? ¿O qué provecho tendré de mi pecado?

4 Yo te responderé razones, y a tus compañeros contigo.

5 Mira a los cielos, y ve, y considera que los cielos son más altos que tú.

6 Si pecares, ¿qué habrás hecho contra él? Y si tus rebeliones se multiplicaren, ¿qué le harás tú?

7 Si fueres justo, ¿qué le darás a él? ¿O qué recibirá de tu mano?

8 Al hombre como tú [dañará] tu impiedad, y al hijo del hombre [aprovechará] tu justicia.

9 A causa de la multitud de las violencias clamarán, y darán voces por la fuerza de los muchos.

10 Y ninguno dirá: ¿Dónde está Dios mi hacedor, que da canciones en la noche?

11 Que nos enseña más que [a] las bestias de la tierra, y nos hace sabios más que las aves del cielo.

12 Allí clamarán, y él no oirá, por la soberbia de los malos.

13 Ciertamente Dios no oirá la vanidad, ni la mirará el Omnipotente.

14 Aunque más digas, no lo mirará; [haz] juicio delante de él, y espera en él.

15 Mas ahora, porque en su ira no visita, ni [se] conoce con rigor,

16 por eso Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin sabiduría.

CAPÍTULO 36

1 Y Añadió Eliú, y dijo:

2 Espérame un poco, y te enseñaré; porque todavía hablo por Dios.

3 Tomaré mi sabiduría de lejos, y daré la justicia a mi hacedor.

4 Porque de cierto no son mentira mis palabras; [antes se trata] contigo con perfecta sabiduría.

5 He aquí que Dios [es] grande, y no aborrece; fuerte [es] en virtud de corazón.

6 No dará vida al impío, antes a los humildes dará su derecho.

7 No quitará sus ojos del justo; antes bien con los reyes los pondrá en silla para siempre, y serán ensalzados.

8 Y si estuvieren presos en grillos, y cautivos en las cuerdas de la bajeza,

9 él les anunciará la obra de ellos, y que sus rebeliones prevalecieron.

10 Y despierta el oído de ellos para castigo, y [les] dice que se conviertan de la iniquidad.

11 Si oyeren, y [le] sirvieren, acabarán sus días en bien, y sus años en deleites.

12 Mas si no oyeren, serán pasados a cuchillo, y perecerán sin sabiduría.

13 Pero los hipócritas de corazón lo irritarán más, y no clamarán cuando él los atare.

14 Fallecerá el alma de ellos en su juventud, y su vida entre los fornicarios.

15 Al pobre librará de su pobreza, y en la aflicción despertará su oído.

16 Asimismo te apartaría de la boca de la angustia a lugar espacioso, libre de todo apuro; y te asentará mesa llena de grosura.

17 Mas tú has llenado el juicio del impío, [contra] la justicia y el juicio [que lo] sustentan [todo].

18 Por lo cual de temer es que no te quite con golpe, el cual no puedas apartar de ti con gran rescate.

19 ¿Por ventura estimará él tus riquezas, ni del oro, ni de todas las fuerzas de la potencia? 20 No anheles la noche, en la cual él corta los pueblos de su lugar.

21 Guárdate, no mires a la iniquidad; teniéndola por mejor que la pobreza.

22 He aquí que Dios es excelso con su potencia; ¿qué enseñador semejante a él?

23 ¿Quién le ha prescrito su camino? ¿Y quién le dirá: Iniquidad has hecho?

24 Acuérdate de engrandecer su obra, la cual contemplan los hombres.

25 La cual vieron todos los hombres; y el hombre la ve de lejos.

26 He aquí, Dios [es] grande, y nosotros no [le] conocemos; ni se puede rastrear el número de sus años.

27 Porque él detiene las goteras de las aguas, [cuando] la lluvia se derrama de su vapor;

28 cuando gotean de las nubes, gotean sobre los hombres en abundancia.

29 ¿Si entenderá también los extendimientos de las nubes, y los bramidos de su tienda?

30 He aquí que sobre él sobre extiende su luz, y cubrió las raíces del mar.

31 Con ellas castiga a los pueblos, y da comida a la multitud.

32 Con las nubes encubre la luz, y les manda [que vayan] contra ella.

33 [La una] da nuevas de la otra; [la una] adquiere ira contra la que viene.

CAPÍTULO 37

1 A esto también se espanta mi corazón, y salta de su lugar.

2 Oíd atentamente su voz terrible, y la palabra que sale de su boca.

3 Debajo de todos los cielos lo enderezará, y su luz [se extenderá] hasta los fines de la tierra.

4 Tras de él bramará el sonido, tronará su valiente voz, y aunque sea oída su voz, no los detiene.

5 Tronará Dios maravillosamente con su voz; él hace grandes cosas, y nosotros no lo entendemos.

6 Porque a la nieve dice: Sé en la tierra; lluvia tras lluvia, y lluvia tras lluvia en su fortaleza.

7 Con la vehemencia [de la lluvia] encierra a todo hombre; para que todos los hombres conozcan su voz.

8 La bestia se entrará en su escondrijo, y habitará en sus moradas.

9 Del mediodía viene el torbellino, y de los vientos del norte el frío.

10 Por el soplo de Dios se da el hielo, y las anchas aguas son constreñidas.

11 Además de esto con la claridad fatiga las nubes, y las esparce con su luz.

12 Y ellas se revuelven en derredor por sus designios, para hacer sobre la faz del mundo, en la tierra, lo que él les mandó.

13 Unas veces por azote, otras por causa de su tierra, otras por misericordia las hará aparecer.

14 Escucha esto, Job: Repósate, y considera las maravillas de Dios.

15 ¿Supiste tú por ventura, cuando Dios las ponía en concierto, y hacía levantar la luz de su nube?

16 ¿Has conocido tú por ventura las diferencias de las nubes, las maravillas del Perfecto en sabiduría?

17 ¿Y eran calientes tus vestidos cuando [él] daba el reposo a la tierra del mediodía?

18 ¿Extendiste tú por ventura con él los cielos firmes como un espejo firme?

19 Muéstranos, qué le hemos de decir; [para que] no hablemos disparates. 20 ¿Por ventura cuando yo hablare le será contado? ¿Cuando alguno se anegare le será dicho?

21 También alguna vez no se ve la luz clara en los cielos, y pasa un viento y los limpia.

22 De la parte del norte vendrá la serenidad por el Dios terrible de alabanza.

23 El [es] Todopoderoso, al cual no alcanzamos; grande en potencia, y en juicio, y en multitud de justicia no aflige.

24 Por tanto los hombres lo temerán; todos los sabios de corazón no lo verán.

CAPÍTULO 38

1 Y respondió el SEÑOR a Job desde la oscuridad, y dijo:

2 ¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?

3 Ahora ciñe como varón tus lomos; yo te preguntaré, y hazme saber tú.

4 ¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra? Hazmelo saber, si tienes inteligencia.

5 ¿Quién ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?

6 ¿Sobre qué estan fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular,

7 cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?

8 ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando se derramaba por fuera como saliendo de madre;

9 cuando puse yo nubes por vestidura suya, y por su faja oscuridad?

10 Y determiné sobre él mi decreto, y le puse puertas y cerrojo,

11 y dije: Hasta aquí vendrás, y no pasarás adelante, y allí parará la hinchazón de tus ondas.

12 ¿Has mandado tú a la mañana en tus días? ¿Has mostrado al alba su lugar,

13 para que ocupe los fines de la tierra, y que sean sacudidos de ella los impíos?

14 Trasmudándose como lodo de sello, y parándose como vestidura;

15 mas la luz de los impíos es quitada de ellos, y el brazo enaltecido es quebrantado.

16 ¿Por ventura has entrado hasta lo profundo del mar, y has andado escudriñando el abismo?

17 ¿Por ventura te han sido descubiertas las puertas de la muerte o has visto las puertas de la sombra de muerte?

18 ¿Has considerado tú hasta las anchuras de la tierra? Declara si sabes todo esto.

19 ¿Por dónde va el camino a la habitación de la luz, y dónde está el lugar de las tinieblas? 20 ¿Si la tomarás tú en sus términos, y si entendieras las sendas de su casa?

21 ¿Si sabías [tú] cuando habías de nacer, y si el número de tus días había de ser grande?

22 ¿Has entrado tú en los tesoros de la nieve, y has visto los tesoros del granizo,

23 lo cual tengo [yo] reservado para el tiempo de la angustia, para el día de la guerra y de la batalla?

24 ¿Cuál sea el camino por donde se reparte la luz; por donde se esparce el viento solano sobre la tierra?

25 ¿Quién repartió conducto al turbión, y camino a los relámpagos y truenos,

26 haciendo llover sobre la tierra deshabitada, [sobre] el desierto, donde no [hay] hombre,

27 para saciar la [tierra] desierta e inculta, y para hacer producir [de] verdura renuevos?

28 ¿Por ventura la lluvia tiene padre? ¿O quién engendró las gotas del rocío?

29 ¿Del vientre de quién salió el hielo? Y la helada del cielo, ¿quién la engendró?

30 Las aguas se endurecen a manera de piedra, y se congela la faz del abismo.

31 ¿Detendrás tú por ventura las delicias de las Pléyades, o desatarás las ligaduras del Orión?

32 ¿Sacarás tú a su tiempo los signos de los cielos, o guiarás el Arcturo con sus hijos?

33 ¿Supiste tú las ordenanzas de los cielos? ¿Dispondrás tú de su potestad en la tierra?

34 ¿Alzarás tú a las nubes tu voz, para que te cubra muchedumbre de aguas?

35 ¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos: Henos aquí?

36 ¿Quién puso la sabiduría en el corazón? ¿O quién dio al entendimiento la inteligencia?

37 ¿Quién puso por cuenta los cielos con sabiduría? Y los odres de los cielos, ¿quién los hace parar,

38 cuando el polvo se ha endurecido con dureza, y los terrones se pegan unos a otros?

39 ¿Cazarás tú la presa para el león? ¿Y saciarás el hambre de los leoncillos,

40 cuando están echados en las cuevas, o se están en sus guaridas para acechar?

41 ¿Quién preparó al cuervo su alimento, cuando sus polluelos claman a Dios, [y andan] errantes sin comida?

CAPÍTULO 39

1 ¿Sabes tú el tiempo en que paren las cabras monteses? ¿O miraste tú las ciervas cuando están pariendo?

2 ¿Contaste tú los meses de su preñez, y sabes el tiempo cuando han de parir?

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 75 / 160 段