6 [Mas] si hablo, mi dolor no cesa; y si dejo [de hablar], no se aparta de mí.

7 Pero ahora me ha fatigado; has tú asolado toda mi compañía.

8 [Tú] me has arrugado; el testigo es mi magrez, que se levanta contra mí para testificar en mi rostro.

9 Su furor me arrebató, y me ha sido contrario; crujió sus dientes contra mí; contra mí aguzó sus ojos mi enemigo.

10 Abrieron contra mí su boca; hirieron mis mejillas con afrenta; contra mí se juntaron todos.

11 Me ha entregado Dios al mentiroso, y en las manos de los impíos me hizo temblar.

12 Próspero estaba, y me desmenuzó; y me arrebató por la cerviz, y me despedazó, y me puso por blanco suyo.

13 Me cercaron sus flecheros, partió mis riñones, y no perdonó; mi hiel derramó por tierra.

14 Me quebrantó de quebranto sobre quebranto; corrió contra mí como [un] gigante.

15 Yo cosí saco sobre mi piel, y cargué mi cabeza de polvo.

16 Mi rostro está enlodado con lloro, y mis párpados entenebrecidos;

17 a pesar de no haber iniquidad en mis manos, y de haber sido limpia mi oración.

18 ¡Oh tierra! No cubras mi sangre, y no haya lugar [donde se esconda] mi clamor.

19 Por cierto aún ahora en los cielos está mi testigo, y mi testigo en las alturas. 20 Mis disputadores son mis amigos; mas a Dios destilarán mis ojos.

21 ¡Deseo que pudiese disputar el hombre con Dios, [como] puede con su prójimo!

22 Mas los años contados vendrán, y yo andaré el camino por donde no volveré.

CAPÍTULO 17

1 Mi aliento está corrompido, mis días son cortados, y me está aparejado el sepulcro.

2 [Ya no hay] conmigo sino escarnecedores, en cuyas amarguras se detienen mis ojos.

3 Pon ahora, dame fianzas contigo; ¿quién tocará ahora mi mano?

4 Porque a éstos has tú escondido su corazón de entendimiento; por tanto, no los ensalzarás.

5 El que denuncia lisonjas a [su] prójimo, los ojos de sus hijos desfallezcan.

6 El me ha puesto por parábola de pueblos, y delante [de ellos] he sido como tamboril.

7 Y mis ojos se oscurecieron de desabrimiento, y todos mis pensamientos [han sido] como sombra.

8 Los rectos se maravillarán de esto, y el inocente se despertará contra el hipócrita.

9 El justo retendrá su carrera, y el limpio de manos aumentará la fuerza.

10 Pero volved todos vosotros, y venid ahora, que no hallaré entre vosotros sabio.

11 Mis días se pasaron, y mis pensamientos fueron arrancados, los designios de mi corazón.

12 Me pusieron la noche por día, y la luz se acorta delante de las tinieblas.

13 Si yo espero, el sepulcro es mi casa; en las tinieblas hice mi cama.

14 A la huesa tengo dicho: Mi padre [eres] tú; a los gusanos: Mi madre y mi hermano.

15 ¿Dónde pues estará [ahora] mi esperanza? Y mi esperanza ¿quién la verá?

16 A los rincones de la huesa descenderán, y juntamente descansarán en el polvo.

CAPÍTULO 18

1 Y respondió Bildad suhita, y dijo:

2 ¿Cuándo pondréis fin a las palabras? Entended, y después hablemos.

3 ¿Por qué somos tenidos por bestias? ¿En vuestros ojos somos viles?

4 [Oh tú,] que despedazas tu alma con tu furor, ¿será dejada la tierra por tu causa, y serán traspasadas de su lugar las peñas?

5 Ciertamente la luz de los impíos será apagada, y no resplandecerá la centella de su fuego.

6 La luz se oscurecerá en su tienda, y su candil se apagará sobre él.

7 Los pasos de su potencia serán acortados, y su mismo consejo lo echará [a perder].

8 Porque red será echada en sus pies, y sobre red andará.

9 Lazo prenderá su calcañar; esforzará contra él los sedientos.

10 Su cuerda está escondida en la tierra, y su torzuelo sobre la senda.

11 De todas partes lo asombrarán temores, y con sus mismos pies lo ahuyentarán.

12 Su fuerza será hambrienta, y a su costilla estará aparejado quebrantamiento.

13 Comerán los ramos de su cuero, y el primogénito de la muerte tragará sus miembros.

14 Su confianza será arrancada de su tienda, y al rey de los espantos será conducido.

15 En su tienda morará como si no fuese suya; piedra de azufre será esparcida sobre su morada.

16 Abajo se secarán sus raíces, y arriba serán cortadas sus ramas.

17 Su memoria perecerá de la tierra, y no tendrá nombre por las calles.

18 De la luz será lanzado a las tinieblas, y echado fuera del mundo.

19 No tendrá hijo ni nieto en su pueblo, ni quien le suceda en sus moradas. 20 Sobre su día se espantarán los por venir, como ocupó el pavor a los que fueron antes.

21 Ciertamente tales [son] las moradas del impío, y éste [es] el lugar del que no conoció a Dios.

CAPÍTULO 19

1 Y respondió Job, y dijo:

2 ¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras?

3 Ya me habéis vituperado diez veces; ¿no os avergonzáis de descomediros delante de mí?

4 Sea así que realmente haya [yo] errado, conmigo se quedará mi yerro.

5 Mas si vosotros os engrandeciéreis contra mí, y redarguyeres mi oprobio contra mí,

6 sabed ahora que Dios me ha derribado, y me ha envuelto en su red.

7 He aquí yo clamaré agravio, y no seré oído; daré voces, y no [habrá] juicio.

8 Cercó de vallado mi camino, y no pasaré; y sobre mis veredas puso tinieblas.

9 Me quitó mi honra, y quitó la corona de mi cabeza.

10 Me arrancó por todos lados, y me sequé; y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado.

11 E hizo inflamar contra mí su furor, y me contó para sí entre sus enemigos.

12 Vinieron sus ejércitos a una, y trillaron sobre mí su camino, y asentaron campamento en derredor de mi tienda.

13 Hizo alejar de mí mis hermanos, y ciertamente mis conocidos se extrañaron de mí.

14 Mis parientes se detuvieron, y mis conocidos se olvidaron de mí.

15 Los moradores de mi casa y mis criadas me tuvieron por extraño; forastero fui [yo] en sus ojos.

16 Llamé a mi siervo, y no respondió; de mi propia boca le suplicaba.

17 Mi espíritu vino a ser extraño a mi mujer, [aunque] por los hijos de mis entrañas le rogaba.

18 Aun los muchachos me menospreciaron; levantándome, hablaban contra mí.

19 Todos mis íntimos amigos me aborrecieron; y los que yo amaba, se tornaron contra mí. 20 Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos; y he escapado con la piel de mis dientes.

21 Oh vosotros mis amigos, tened compasión de mí, tened compasión de mí; porque la mano de Dios me ha tocado.

22 ¿Por qué me perseguís como Dios, y no os saciáis de mis carnes?

23 ¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribieran en [un] libro!

24 ¡Que con cincel de hierro y con plomo fuesen en piedra esculpidas para siempre!

25 Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo;

26 y después desde esta mi piel rota, y desde mi propia carne tengo que ver a Dios.

27 Al cual yo tengo que ver por mí, y mis ojos lo han de ver, y no otro, [aunque] mis riñones se consuman dentro de mí.

28 Mas debierais decir: ¿Por qué lo perseguimos? Ya que la raíz del negocio en mí se halla.

29 Temed vosotros delante de la espada; porque [sobreviene] el furor de la espada a causa de las injusticias, para que sepáis que hay un juicio.

CAPÍTULO 20

1 Y respondió Zofar naamatita, y dijo:

2 Por cierto mis pensamientos me hacen responder, y por tanto me apresuro.

3 La reprensión de mi censura he oído, y me hace responder el espíritu de mi inteligencia.

4 ¿No sabes esto que fue siempre, desde el tiempo que fue puesto el hombre sobre la tierra,

5 que la alegría de los impíos [es] breve, y el gozo del hipócrita por un momento?

6 Si subiere su altura hasta el cielo, y su cabeza tocare en las nubes,

7 con su [mismo] estiércol perecerá para siempre; los que le hubieren visto, dirán: ¿Qué es de él?

8 Como sueño volará, y no será hallado; y se disipará como visión nocturna.

9 El ojo que le habrá visto, nunca más le vera; ni su lugar le echará más de ver.

10 Sus hijos pobres andarán rogando; y sus manos devolverán lo que él robó.

11 Sus huesos están llenos de [los pecados de] su juventud, y con él serán sepultados en el polvo.

12 Si el mal se endulzó en su boca, si lo ocultaba debajo de su lengua;

13 si le parecía bien, y no lo dejaba, sino que lo detenía entre su paladar;

14 su comida se mudará en sus entrañas, hiel de áspides [será] dentro de él.

15 Comió haciendas, mas las vomitará; de su vientre las sacará Dios.

16 Veneno de áspides chupará; lo matará lengua de víbora.

17 No verá los arroyos, las riberas de los ríos de miel y de manteca.

18 Restituirá el trabajo [ajeno] conforme a la hacienda que tomó; y no tragará, ni gozará.

19 Por cuanto quebrantó y desamparó a los pobres, robó casas, y no las edificó; 20 por tanto, no sentirá él sosiego en su vientre, ni escapará con su codicia.

21 No quedó nada que no comiese; por tanto su bien no será durable.

22 Cuando fuere lleno su bastimento, tendrá angustia; las manos todas de los malvados vendrán sobre él.

23 Cuando se pusiere a llenar su vientre, Dios enviará sobre él el furor de su ira, y [la] hará llover sobre él y sobre su comida.

24 Huirá de las armas de hierro, y el arco de acero le atravesará.

25 Desenvainará y sacará [saeta] de su aljaba, y relumbrante pasará por su hiel; sobre él vendrán terrores.

26 Todas tinieblas están guardadas para sus secretos; fuego no soplado lo devorará; su sucesor será quebrantado en su tienda.

27 Los cielos descubrirán su iniquidad, y la tierra se levantará contra él.

28 Los renuevos de su casa serán trasportados; serán derramados en el día de su furor.

29 Esta [es] la parte que Dios apareja al hombre impío, y la heredad que Dios le señala por su palabra.

CAPÍTULO 21

1 Y respondió Job, y dijo:

2 Oíd atentamente mi palabra, y sea esto [por] vuestros consuelos.

3 Soportadme, y yo hablaré; y después que hubiere hablado, escarneced.

4 ¿Por ventura hablo yo a algún hombre? Y si es así ¿por qué no se ha de angustiar mi espíritu?

5 Miradme, y espantaos, y poned la mano sobre la boca.

6 [Aun] yo [mismo], cuando me acuerdo, me asombro, y toma temblor mi carne.

7 ¿Por qué viven los impíos, y se envejecen, y aún crecen en riquezas?

8 Su simiente con ellos, compuesta delante de ellos; y sus renuevos delante de sus ojos.

9 Sus casas seguras de temor, ni [hay] azote de Dios sobre ellos.

10 Sus vacas conciben, no abortan; paren sus vacas, y no malogran su cría.

11 Salen sus chiquitos como [manada de] ovejas, y sus hijos andan saltando.

12 Al son de tamboril y cítara saltan, y se regocijan al son del órgano.

13 Gastan sus días en bien, y en un momento descienden a la sepultura.

14 Dicen pues a Dios: Apártate de nosotros, que no queremos el conocimiento de tus caminos.

15 ¿Quién [es] el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él?

16 He aquí que su bien no [está] en manos de ellos; el consejo de los impíos lejos esté de mí.

17 ¡Oh cuántas veces el candil de los impíos es apagado, y viene sobre ellos su contrición, y con su ira [Dios] les reparte dolores!

18 Serán como la paja delante del viento, y como el tamo que arrebata el torbellino.

19 Dios guardará para los hijos [de ellos] su violencia; y le dará su pago, para que conozca. 20 Verán sus ojos su quebranto, y beberá de la ira del Todopoderoso.

21 Porque ¿qué deleite tendrá el de su casa después de sí, siendo cortado el número de sus meses?

22 ¿Por ventura enseñará él a Dios sabiduría, juzgando él las alturas?

23 Este morirá en la fortaleza de su hermosura, todo quieto y pacífico.

24 Sus senos están llenas de leche, y sus huesos serán regados de tuétano.

25 Y este otro morirá en amargura de ánimo, y no habiendo comido jamás con gusto.

26 Igualmente yacerán ellos en el polvo, y gusanos los cubrirán.

27 He aquí, yo conozco vuestros pensamientos, y las imaginaciones que contra mí forjáis.

28 Porque decís: ¿Qué es de la casa del príncipe, y qué de la tienda de las moradas de los impíos?

29 ¿No habéis preguntado a los que pasan por los caminos, [por] cuyas señas no negaréis?

30 Que el malo es guardado del día de la contrición, del día de las iras son llevados.

31 ¿Quién le denunciará en su cara su camino? Y de lo que él hizo, ¿quién le dará el pago?

32 Porque él ya será llevado a los sepulcros, y en el montón permanecerá.

33 Los terrones del arroyo le serán [ya] dulces; y tras de él será llevado todo hombre, y antes de él [han ido] innumerables.

34 ¿Cómo, pues, me consoláis en vano, [dado] que vuestras respuestas quedan por mentira?

CAPÍTULO 22

1 Y respondió Elifaz temanita, y dijo:

2 ¿Por ventura traerá el hombre provecho a Dios? Porque para sí mismo es provechoso el sabio.

3 ¿Por ventura tiene su contentamiento el Omnipotente en que tú seas justificado, o [le viene algún] provecho de que tú hagas perfectos tus caminos?

4 ¿Por ventura te castigará acaso, o vendrá contigo a juicio porque te teme?

5 Por cierto tu malicia es grande, y tus maldades no tienen fin.

6 Porque sacaste prenda a tus hermanos sin causa, e hiciste desnudar las ropas de los desnudos.

7 No diste de beber agua al cansado, y detuviste el pan al hambriento.

8 Pero el hombre pudiente tuvo la tierra; y habitó en ella el honrado.

9 [A] las viudas enviaste vacías, y los brazos de los huérfanos fueron quebrados.

10 Por tanto hay lazos alrededor de ti, y te turba espanto repentino;

11 o tinieblas, para que no veas; y abundancia de agua te cubre.

12 ¿Por ventura Dios no está en la altura de los cielos? Mira la altura de las estrellas, cómo son altas.

13 ¿Y dirás tú: Qué sabe Dios? ¿Cómo juzgará por medio de la oscuridad?

14 Las nubes son su escondedero, y no ve; y por el cerco del cielo se pasea.

15 ¿Quieres tú guardar la senda antigua, que pisaron los varones perversos?

16 Los cuales fueron cortados antes de tiempo, cuyo fundamento fue como un río derramado.

17 Que decían a Dios: Apártate de nosotros, y ¿qué nos ha de hacer el Omnipotente?

18 El les había llenado sus casas de bienes. Por tanto el consejo de ellos lejos sea de mí.

19 Verán los justos y se gozarán; y el inocente los escarnecerá, diciendo: 20 ¿Por ventura fue cortada nuestra sustancia, habiendo consumido el fuego el resto de ellos?

21 Amístate ahora con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien.

22 Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón.

23 Si te volvieres al Omnipotente, serás edificado; alejarás de tu tienda la iniquidad;

24 y tendrás más oro que tierra, y como piedras de arroyos oro de Ofir.

25 Y el Todopoderoso será tu defensa, y tendrás plata a montones.

26 Porque entonces te deleitarás en el Omnipotente, y alzarás a Dios tu rostro.

27 Orarás a él, y él te oirá; y tú pagarás tus promesas.

28 Determinarás asimismo una cosa, y te será firme; y sobre tus caminos resplandecerá luz.

29 Cuando [los otros] fueren abatidos, dirás tú: Ensalzamiento habrá; y Dios salvará al humilde de ojos.

30 Un inocente escapará [de] una isla ([o de un reino]); y en la limpieza de tus manos será guardado.

CAPÍTULO 23

1 Y respondió Job, y dijo:

2 Hoy también hablaré con amargura; que es más grave mi llaga que mi gemido.

3 ¡Quién me diera el saber dónde hallar [a Dios]! Yo iría hasta su silla.

4 Ordenaría juicio delante de él, y llenaría mi boca de argumentos.

5 Yo sabría lo que él me respondería, y entendería lo que me dijese.

6 ¿Por ventura pleitearía conmigo con grandeza de fuerza? No; antes él la pondría en mí.

7 Allí el recto disputaría con él; y escaparía para siempre del que me condena.

8 He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré.

9 Si al norte él obrare, yo no lo veré; al mediodía se esconderá, y no lo veré.

10 Mas él conoció mi camino; me probó, y salí como oro.

11 Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me aparté.

12 Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.

13 Pero si él [se determina] en una cosa, ¿quién lo apartará? Su alma deseó, e hizo.

14 Por tanto él acabará lo que me es necesario; y muchas cosas como éstas [hay] en él.

15 Por lo cual yo me espantaré delante de su rostro; consideraré, y lo temeré.

16 Dios ha enternecido mi corazón, y el Omnipotente me ha espantado.

17 ¿Por qué no fui yo cortado delante de las tinieblas, y cubrió con oscuridad mi rostro?

CAPÍTULO 24

1 Puesto que no son ocultos los tiempos al Todopoderoso, ¿por qué los que le conocen no ven sus días?

2 Toman los términos, roban los ganados, y pacen [los campos ajenos].

3 Se llevan el asno de los huérfanos; prenden el buey de la viuda.

4 Hacen apartar del camino a los pobres; y todos los pobres de la tierra se esconden [de ellos].

5 He aquí, como asnos monteses en el desierto, salen a su obra madrugando para robar; el desierto es su mantenimiento [y de sus] hijos.

6 En el campo siegan su pasto, y los impíos vendimian la viña [ajena].

7 Al desnudo hacen dormir sin ropa, y que en el frío no [tenga] cobertura.

8 De la inundación de los montes fueron humedecidos, y abrazan las peñas sin tener en qué cubrirse.

9 Quitan el pecho a los huérfanos, y de sobre el pobre toman la prenda.

10 Al desnudo hacen andar sin vestido, y a los hambrientos quitan las gavillas.

11 De dentro de sus paredes exprimen el aceite, pisan los lagares, y mueren de sed.

12 De la ciudad claman los hombres, y las almas muertas dan voces, pero Dios no puso estorbo.

13 Ellos son entre los rebeldes a la luz, nunca conocieron sus caminos, ni estuvieron en sus veredas.

14 A la luz se levanta el matador, mata al pobre y al necesitado, y de noche es como ladrón.

15 El ojo del adúltero está aguardando la noche, diciendo: No me verá nadie; y esconde su rostro.

16 En las tinieblas minan las casas, que de día para sí señalaron; no conocen la luz.

17 Porque la mañana es a todos ellos como sombra de muerte; si son conocidos, terrores de sombra de muerte [los toman].

18 Son livianos sobre las aguas; su porción es maldita en la tierra; nunca vienen por el camino de las viñas.

19 La sequía y el calor arrebatan las aguas de la nieve; y el sepulcro a los pecadores. 20 El Misericordioso se olvidará de ellos; [de ellos] sentirán los gusanos dulzura; nunca más habrá de ellos memoria, y como un árbol será quebrantada la iniquidad.

21 A la mujer estéril que no concebía, afligió; y a la viuda nunca hizo bien.

22 Mas a los violentos adelantó con su poder; se levantó, y no fió a nadie en la vida.

23 [Si algunos] le dieron a crédito, y se afirmó [en ellos]; sus ojos [tuvo puestos] sobre los caminos de ellos.

24 Fueron ensalzados por un poco, y desaparecieron, y son abatidos como cada cual; serán encerrados, y cortados como cabezas de espigas.

25 Y si no [es así], ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?

CAPÍTULO 25

1 Y respondió Bildad suhita, y dijo:

2 El señorío y el temor están con [Dios]; El hace paz en sus alturas.

3 ¿Por ventura sus ejércitos tienen número? ¿Y sobre quién no está su luz?

4 ¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿Y cómo será limpio el que nace de mujer?

5 He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos.

6 ¿Cuánto menos el hombre [que es un] gusano, y el hijo de hombre, [también] gusano?

CAPÍTULO 26

1 Y respondió Job, y dijo:

2 ¿En qué ayudaste al que no tiene fuerza? ¿Has salvado con [tu] brazo al que no tiene fortaleza?

3 ¿En qué aconsejaste al que no tiene ciencia, y mostraste bien [tu] sabiduría?

4 ¿A quién has anunciado palabras, y de quién es el espíritu que de ti sale?

5 [Cosas] muertas son formadas debajo de las aguas, y de sus cavernas.

6 El sepulcro es descubierto delante de él, y el infierno no tiene cobertura.

7 Extiende el aquilón sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada.

8 Ata las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen debajo de ellas.

9 El aprieta la faz de su trono, y extiende sobre él su nube.

10 El cercó con término la superficie de las aguas, hasta que se acabe la luz y las tinieblas.

11 Las columnas del cielo tiemblan, y se espantan de su reprensión.

12 El rompe el mar con su potencia, y con su entendimiento hiere [la] hinchazón [suya].

13 Su espíritu adornó los cielos; su mano creó la serpiente huidora.

14 He aquí, éstas son partes de sus caminos; ¡y cuán poco [es] lo que hemos oído de él! Porque el estruendo de sus fortalezas, ¿quién lo entenderá?

CAPÍTULO 27

1 Y volvió Job a tomar su propósito, y dijo:

2 Vive el Dios que me quitó mi derecho, y el Omnipotente, que amargó mi alma,

3 que todo el tiempo que mi alma estuviere en mí, y [hubiere] hálito de Dios en mis narices,

4 mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño.

5 Nunca tal me acontezca que yo os justifique; hasta morir no quitaré de mí mi integridad.

6 Mi justicia tengo asida, y no la cederé; no me reprochará mi corazón en todos mis días.

7 Sea como el impío mi enemigo, y como el inicuo mi adversario.

8 Porque ¿cuál es la esperanza del hipócrita, [por mucho] que hubiere robado, cuando Dios arrebatare su alma?

9 ¿Por ventura oirá Dios su clamor cuando la tribulación viniere sobre él?

10 ¿Por ventura se deleitará en el Omnipotente? ¿Invocará a Dios en todo tiempo?

11 Yo os enseñaré [lo que hay] en la mano de Dios; no esconderé lo que [hay] acerca del Omnipotente.

12 He aquí que todos vosotros lo habéis visto, ¿por qué pues os desvanecéis con vanidad?

13 Esta [es] para con Dios la suerte del hombre impío, y la herencia que los violentos han de recibir del Omnipotente.

14 Si sus hijos fueren multiplicados, [serán] para el cuchillo; y sus pequeños no se saciarán de pan.

15 Los que de ellos quedaren, en muerte serán sepultados; y no llorarán sus viudas.

16 Si amontonare plata como polvo, y si preparare ropa como lodo;

17 la habrá preparado él, mas el justo se vestirá, y el inocente repartirá la plata.

18 Edificó su casa como la polilla, y como cabaña que el guarda hizo.

19 El rico dormirá, mas no será recogido; abrirá sus ojos, y no verá a nadie. 20 Asirán de él terrores como aguas; torbellino lo arrebatará de noche.

21 Lo tomará el solano, y partirá; y tempestad lo arrebatará del lugar suyo.

22 [Dios, pues,] descargará sobre él, y no perdonará. Hará él por huir de su mano.

23 Batirán sus manos sobre él, y desde su lugar le silbarán.

CAPÍTULO 28

1 Ciertamente la plata tiene su oculto [nacimiento], y el oro lugar [de donde] lo sacan.

2 El hierro es tomado del polvo, y de la piedra es fundido el metal.

3 A las tinieblas puso término; y a toda obra perfecta que él hizo, [puso] piedra de oscuridad y de sombra de muerte.

4 Sale el río junto al morador, y las aguas sin pie, más altas que el hombre, se fueron.

5 Tierra de la cual nace el pan, y debajo de ella estará como convertida en fuego.

6 Lugar que sus piedras [serán] zafiro, y tendrá polvos de oro.

7 Senda que nunca la conoció ave, ni ojo de buitre la vio;

8 nunca la pisaron animales fieros, ni león pasó por ella.

9 En el pedernal puso su mano, y trastornó los montes de raíz.

10 De los peñascos cortó ríos, y sus ojos vieron todo lo preciado.

11 Detuvo los ríos en su nacimiento, e hizo salir a luz lo escondido.

12 Mas ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Y dónde está el lugar de la prudencia?

13 El hombre nunca supo su valor, ni se halla en la tierra de los vivientes.

14 El abismo dice: No [está] en mí; y el mar dijo: Ni conmigo.

15 No se dará por oro, ni su precio será a peso de plata.

16 No puede ser apreciada con oro de Ofir, ni con ónice precioso, ni con zafiro.

17 El oro no se le igualará, ni el diamante; ni se cambiará por vaso de oro fino.

18 De coral ni de perlas no se hará mención; la sabiduría es mejor que [las] piedras preciosas.

19 No se igualará con ella esmeralda de Etiopía; no se podrá apreciar con oro fino. 20 ¿De dónde pues vendrá la sabiduría? ¿Y dónde esta el lugar de la inteligencia?

21 Porque encubierta está a los ojos de todo viviente, y a toda ave del cielo es oculta.

22 El infierno y la muerte dijeron: Su fama hemos oído con nuestros oídos.

23 Dios entiende el camino de ella, y él [solo] conoce su lugar.

24 Porque él mira hasta los fines de la tierra, y ve debajo de todo el cielo.

25 Haciendo peso al viento, y poniendo las aguas por medida;

26 cuando él hizo ley a la lluvia, y camino al relámpago de los truenos.

27 Entonces la vio él, y la tasó; la preparó y también la inquirió.

28 Y dijo al hombre: He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal la inteligencia.

CAPÍTULO 29

1 Y volvió Job a tomar su propósito, y dijo:

2 ¡Quién me volviese como en los meses pasados, como en los días cuando Dios me guardaba,

3 cuando hacía resplandecer su candela sobre mi cabeza, a la luz de la cual yo caminaba en la oscuridad;

4 como fue en los días de mi juventud, cuando Dios era familiar en mi tienda;

5 cuando aún el Omnipotente [estaba] conmigo, y mis hijos alrededor de mí;

6 cuando lavaba yo mis caminos con manteca, y la piedra me derramaba ríos de aceite!

7 Cuando salía a la puerta a juicio, y en la plaza hacía aparejar mi silla,

8 Los jóvenes me veían, y se escondían; y los viejos se levantaban, y estaban en pie.

9 Los príncipes detenían sus palabras; ponían la mano sobre su boca;

10 la voz de los principales se ocultaba, y su lengua se pegaba a su paladar;

Sagradas Escrituras Version Antigua · 第 74 / 160 段